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Civismo

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Civismo

Vivimos en una sociedad heterogénea y compleja donde resulta prácticamente imposible conseguir que todos actuemos de igual manera. Pero, por otra parte, es necesario que todo el mundo respete unos mínimos de comportamiento con los demás y con el entorno; unas pautas muy básicas que nos permitan convivir juntos y bien: esto es la esencia del civismo.

Las personas y las relaciones humanas no siempre son de ideales. La ciudad es el marco de interrelación social por excelencia donde se expresa el pluralismo de las sociedades y donde conviven también diferentes modelos culturales, diferentes valores y normas, y diferentes maneras de relacionarnos. La ciudad es, pues, un lugar de encuentro y de intercambio que, lejos de constituir solo un espacio de coexistencia, es también un territorio donde las personas y los grupos ven la necesidad de relacionarse.

En este marco, el conflicto es un fenómeno que forma parte intrínseca de estas interacciones. La sociedad es diversa por definición y está formada por individuos con diferentes intereses y maneras de actuar. Así, es normal que, en ocasiones, los comportamientos de personas o colectivos no coincidan y se produzcan desencuentros o divergencias puntuales que deben gestionar positivamente.

Es necesario que las personas se respeten unas a otras y hay que respetar las cosas comunes, para que todos las puedan disfrutar cuando las necesiten. El civismo es, por encima de todo, la cultura de la convivencia pacífica y solidaria, del compromiso con la ciudad y sus habitantes.

Definición de civismo

No existe una definición universal de civismo, aunque la mayoría comparte una misma filosofía básica.

El diccionario de la Real Academia Española de la lengua define el civismo como el comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia pública. Para Camps (2008), partiendo de la etimología del concepto –civismo deriva del latín civis, que significa ciudadano-,

El civismo constituye el conjunto de cualidades que permiten a los ciudadanos vivir en la ciudad, es decir, vivir en comunidad, respetando unas normas de convivencia pacífica, aceptando las reglas del juego de la democracia y los derechos fundamentales o los valores constitucionales.

En todo caso, para elegir un punto de partida, podemos emplear como definición de civismo la efectuada por los Estados Generales del Civismo, celebrados en la Sorbona de París en el año 1986:

El civismo es un valor civilizador moderno que se vive en el día a día de los pueblos; es la marca de una pertenencia a una misma comunidad, al servicio de una misma nación o de los mismos ideales.

En la misma, conviene destacar la idea de pertenencia a la comunidad. Al fin y al cabo –como ya se ha expuesto- el mote deriva etimológicamente del latín civis, que se aplicaba a aquella persona que tenía derecho a la ciudadanía romana. Asimismo, el concepto va más allá de la mera adscripción administrativa a una comunidad ya que implica el citado sentimiento de pertenencia con los deberes que se derivan.

En este sentido, debe distinguirse el civismo de:

Ciudadanía, que es una condición administrativa, con independencia de si la persona actúa con responsabilidad hacia la sociedad.
Civilidad (sociabilidad, urbanidad), que es el respeto entre las personas en sus relaciones privadas.
La principal diferencia se da respecto a la idea de ciudadanía, principalmente porque el civismo significa aceptar –además de los derechos que aquélla otorga- los deberes que exige una relación de respeto con la comunidad.

El civismo, pues, puede concebirse como la manifestación de un compromiso con el bien común.Entre las Líneas En esta definición podemos observar dos conceptos abiertos:

Manifestación de compromiso. No es otra cosa que el comportamiento que una persona tiene en sus relaciones con la comunidad. Ahora bien, el comportamiento es una expresión externa y no un sentimiento, no es una actitud. Un comportamiento respetuoso puede alcanzarse mediante la coerción, sin que la actitud de la persona se aquélla; es decir, que no actuaría de tal manera si no existiese la coerción.
La verdadera manifestación de compromiso se produce cuando nace del sentimiento y de la convicción de que las exigencias del civismo son un valor positivo que honra a quien las sigue, y aumenta los niveles de convivencia, solidaridad y calidad de vida en la comunidad.

Bien común. Reúne un conjunto de elementos de diferente categoría:
El medio físico compartido en que las personas desarrollan su vida y el espacio físico en el que establecen sus relaciones.
Las condiciones sociales que configuran la trama cohesionadora de la sociedad (seguridad, salud, educación, trabajo, etc.).
Las libertades básicas.
Es evidente que un compromiso con este conjunto de elementos va bastante más allá de la idea de buena educación o urbanidad. De esta manera, Cifuentes (2008) establece que la construcción del civismo es la construcción del concepto de ciudadano o ciudadana consciente de sus derechos y sus deberes, libre, crítico, responsable, participativo y solidario.

Las bases del civismo se configuran entorno al respeto y la amabilidad en las relaciones con los demás, el entorno y el espacio urbano, y las instituciones públicas (como representantes de la colectividad).

En los estados democráticos, el cumplimiento de la normativa legal se muestra como una condición inexcusable del civismo.Entre las Líneas En cualquier caso, en el mundo occidental el civismo supera al simple acatamiento de las normas y comprende un conjunto de deberes sociales que no son obligados. Parte de estos deberes son acuerdos, que pueden modificarse a lo largo del tiempo pero que conforman un elemento de cohesión social en una etapa temporal dada.

Por eso, el civismo se correlaciona con la visión que los ciudadanos tienen de su ciudad. Si esta es unificadora, el nivel de civismo será superior. Si, en cambio, hay procesos de disgregación social, el civismo será escaso.Entre las Líneas En este sentido, el civismo puede considerarse una especie de termómetro del nivel de cohesión social y de sentimiento de pertenencia; y –al mismo tiempo- también puede ser una herramienta para fomentarlos.

La principal amenaza al civismo es el individualismo asociado (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “associate” en derecho anglo-sajón, en inglés) al progreso material. Cuando se exacerba este valor se pierden de vista tanto el interés por la colectividad como la preocupación por el futuro –características esenciales de un espíritu cívico-, y primando el beneficio inmediato.

Formulación del civismo

A pesar de la concepción de civismo como un espíritu de la gente, es necesario que –a la hora de fomentarlo- las administraciones necesiten concretar su contenido. Por este motivo, el civismo puede traducirse en un conjunto de pautas básicas de comportamiento social que deben observar el conjunto de los ciudadanos. Como se ha expuesto anteriormente, dichas pautas pueden respetarse como consecuencia del miedo al castigo por incumplirlas, o por convicción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Aunque, por parte de las administraciones, el propósito debe estar motivado por la segunda opción –logro de buenas actitudes-, no puede desestimarse la primera –exigencia de buenos comportamientos-.

A la hora de fijar unas pautas mínimas puede surgir la crítica de que no se puede imponer nada que vulnere la diversidad. Es cierto que la diversidad   –y cualquier forma de pluralidad- es un bien esencial de cualquier comunidad, pero igualmente cierto es que la diversidad únicamente es viable en el seno de una comunidad si existen unos principios básicos comunes, que acepta todo el mundo. Sin dichos principios básicos comunes no existe una comunidad real, sino más bien una agregación de pequeñas comunidades que viven juntas, pero no comparten unos vínculos verdaderos. El civismo también debe ayudar a superar esa fragmentación social.

La formulación del civismo debe realizarse a diferentes niveles:

  • Aquel que manifiestan las personas con su comportamiento en las relaciones cuotidianas habituales.
  • Aquel que manifiestan las personas cuando quedan diluidas en un colectivo más amplio, como público de un evento cultural o deportivo, como participantes en una manifestación o concentración, etc.
  • Aquel que manifiestan las entidades de la sociedad civil, que pueden considerarse como vehículos de expresión del civismo.

Los elementos claves para una sociedad con espíritu cívico son:

  • La familia, que transmite los valores del civismo con su estilo de vida.
  • La escuela, que enseña a interactuar con otras personas.
  • Los medios de comunicación, que exaltan o estigmatizan determinados comportamientos sociales.
  • Las asociaciones y las entidades sociales, que ofrecen medios para que la gente aprenda a convivir, a cooperar y a aprender el sentido del bien común.

Valores Cívicos

Un civismo que pretende sostenerse más en las actitudes que en los comportamientos debe centrarse necesariamente en un conjunto de valores ampliamente compartidos.

Compartidos socialmente porque la gran mayoría de los ciudadanos se sienten identificados y consideran que forman parte de la ciudad ideal que desearían tener; y compartidos políticamente porque las instituciones locales, además de nutrirse, trabajan para consolidarlos.

El catálogo de posibles valores es extenso pero la mayoría están entrelazados. Deben escogerse aquellos que –además de ser los más adecuados para cada momento- sean sobre los que la acción pública ponga el acento. Deben ser valores perdurables, pero que estén en sintonía con las características más relevantes de cada etapa.

En el momento actual, podemos destacar las siguientes circunstancias:

  • Crisis económica.
    Detalles

    Las enormes incertidumbres que genera puede causar un retraimiento de la gente, con un elevado nivel de recelo y desconfianza hacia los demás.

  • Decepción con el mundo político, provocada simultáneamente por la sensación de que los intereses políticos se alejan de los intereses de la gente y, especialmente, por la constatación de la dificultad que tienen las instituciones públicas para dar respuesta a las necesidades de la ciudadanía, en un marco plagado de políticas de austeridad que implican sacrificios sociales inequitativos.

Al margen de las acciones políticas necesarias para corregir e invertir estos elementos perjudiciales para la sociedad, la respuesta debe sostenerse en unos valores sólidos y compartidos; la interiorización de los cuales contribuya a la convivencia y la autoestima local. Dichos valores pueden ser los siguientes:

  • Consiste en la asunción –por parte de ciudadanos, empresas y entidades sociales- de que el buen funcionamiento de la ciudad no es responsabilidad exclusiva de las administraciones públicas, sino que todo el mundo tiene su rol. La corresponsabilidad se manifiesta en aspectos como el mantenimiento del mobiliario urbano, la limpieza de las calles, la circulación y aparcamiento de vehículos, el pago de los impuestos, etc.
  • Es la renuncia a imponer los criterios propios al resto de conciudadanos y, por tanto, la aceptación de que pueden existir diferentes visiones igualmente legítimas. La tolerancia se manifiesta en aspectos como las prácticas religiosas, las celebraciones culturales, las formas de vestir, las orientaciones sexuales, etc.
  • Es un componente del sentimiento de pertenencia a una comunidad, debido a que expresa la convicción de que –además de recibir los beneficios de la inclusión social- se está dispuesto a contribuir para que los demás también los reciban. Se constituye como un elemento básico y necesario para la cohesión social. La solidaridad se manifiesta en aspectos como la respuesta a las campañas de apoyo a personas damnificadas, la participación en proyectos de interés colectivo, la colaboración con la policía en la lucha contra la delincuencia, etc.
  • El buen funcionamiento de la comunidad requiere una implicación general, especialmente en determinados aspectos. Dicha implicación no puede ser contractual, a la espera de una remuneración económica, más bien al contrario, ya que en multitud de ocasiones resulta imprescindible la generosidad de la actividad voluntaria así como la aportación económica de terceros (solidaridad). La voluntariedad –muy vinculada a la solidaridad- se manifiesta en aspectos como la atención a personas mayores o discapacitadas, la implicación en entidades y asociaciones cívicas, la colaboración en la organización de actos culturales y/o deportivos, etc.

El civismo en la Doctrina

Son diversas las perspectivas, por parte de los diferentes autores, de entender civismo.

Bilbeny (2007) forma parte de los partidarios de la tesis que defiende la ciudadanía cosmopolita basada en la concepción igualitaria de todos los ciudadanos del mundo, en un estatus de igualdad de derechos y libertades para todos, insistiendo en un orden económico y social justo en el ámbito internacional. Los cambios producidos con motivo de la globalización, la pluralidad moral y religiosa, y las desigualdades, han ocasionado que el civismo democrático haya experimentado un nuevo giro que determina la noción de civismo en la actualidad hacia la idea de cosmopolitismo. Esta tesis subraya la importancia de los deberes cívicos porque considera que los derechos ya están garantizados mediante las leyes de los Estados democráticos; los deberes cívicos son imprescindibles para mejorar la democracia, sometiéndola a examen constantemente. Es necesaria, por tanto, una sociedad civil comprometida y solidaria.

Por su parte, López (2009) coincide con otros autores en que el incivismo puede deberse a factores como la juventud de nuestra democracia, el individualismo y las carencias educativas. Reduce a dos las formas que el individuo dispone de obedecer las normas. La primera es su interiorización por parte de los ciudadanos, haciéndolas suyas y llevándolas a la práctica; y la segunda es cuando se aplican medidas coercitivas que obligan a cumplirlas. Destaca que el hecho de tener una democracia relativamente joven que proviene de un régimen dictatorial puede haber influido en el hecho de cumplir normas que no se consideran legítimas. Los factores psicológicos que pueden llevar a la no interiorización de las normas pueden venir generados por diversas razones como la no aceptación de la autoridad del Estado y la rebelión contra sus normas de diversas formas –algo habitual entre los jóvenes- o por factores coyunturales como el anonimato proporcionado por el fenómeno grupal, y dejarse llevar por los mismos, o los efectos del consumo de alcohol y/u otras sustancias.

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López (2009), cita a Camps, V. y Cifuentes, L. como autores que identifican el civismo como una de las problemáticas de las democracias actuales. Ambos coinciden en el paso del autoritarismo a un perjudicial “dejar hacer” en las escuelas. Comparten que hay una excesiva relajación por parte del conjunto de la sociedad, incluidas las instituciones, y que algunas de las soluciones pasan por la coacción.

El mismo autor comenta en su artículo que, hace aproximadamente una década, comenzaron a surgir teorías que ligan el desarrollo de los países con el grado de confianza que hay entre sus ciudadanos. No se sabe bien qué fue primero, si el progreso o la cooperación entre vecinos, lo cierto es que –según estas teorías- las sociedades aventajadas económicamente suelen ser también las más cívicas. Los estudios de estas teorías que relacionan de alguna manera el civismo con el desarrollo, estudian factores como el nivel de confianza que hay entre los vecinos de una ciudad, el nivel de las demandas judiciales que se interponen unos a otros, la capacidad asociativa o las prácticas de comportamientos ciudadanos que contribuyen al beneficio colectivo, desde los más elementales –como cuidar instalaciones de uso público-, hasta pagar los impuestos imprescindibles para la correcta marcha de la sociedad y la prestación de los servicios públicos.

Cifuentes (2009) hace referencia a la Teoría de las ventanas rotas de Kelling y Wilson, para considerar el entorno degradado como un factor del incivismo. Los entornos degradados muestran signos de la falta de persecución de los actos vandálicos en esos espacios públicos, y –por tanto- fomentan el incivismo y la degradación del espacio público creando entornos que pueden llegar a favorecer la comisión de pequeños delitos.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Para Cifuentes, la sociedad tiene una serie de rasgos o características que condicionan de forma evidente todas sus estructuras –jurídicas, políticas, etc.- y todos los sistemas de pensamiento –religioso, filosófico, científico- que se producen en su seno.Entre las Líneas En pleno siglo XXI, ya no se puede seguir hablando de derechos y libertades individuales sin tener en cuenta el contexto en el que éstos se desarrollan. Por este motivo, tampoco se puede hablar de civismo sin conocer el contexto social, político y económico en el que viven las personas, así como los intereses en juego en todo el sistema social y económico en el que vivimos.

El civismo designa un modo de comportamiento basado en actitudes de respeto y tolerancia activa hacia el ejercicio de los derechos y libertades de todos, con independencia de costumbres, moral o religión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). El civismo tiene sentido en el marco del cumplimiento de las leyes en un Estado democrático y de derecho.

Camps y Giner (2005) describen un civismo que nace del compromiso ciudadano de buscar una convivencia pacífica que respete las libertades de los ciudadanos. La condición de ciudadano demócrata es la mínima exigida, junto a la exigencia de voluntad y esfuerzo para ser cívicos.

Para estos autores, el civismo nace del compromiso individual y colectivo para comportarse cívicamente, en relación a unas normas morales de convivencia que posibiliten la misma.

Por su parte, Curbet (2008) define el incivismo como un conjunto de actos y conductas incriminables que lo que hacen es acentuar la sensibilidad del ciudadano hacia la delincuencia. Por tanto, según este autor, el incivismo ayudaría a generar sensación de inseguridad, al producir unos efectos perceptibles de forma evidente al ciudadano que transgredirían el compromiso cívico defendido por Camps y Giner.

En la línea del incivismo como variable generadora de inseguridad, para Sabaté (2005), el análisis del riesgo percibido en los barrios y ciudades se basa en dos elementos: El espacio –su morfología urbana, la estructura física, el mobiliario urbano, la disponibilidad de equipamientos, la accesibilidad, la segregación (concepto: separación forzada de razas o separación de fincas) espacial, la ubicación central o periférica, etc.- y la población –el tipo de personas que lo habitan, la afluencia de personas de otros territorios, las relaciones sociales que se establecen, etc-.

Ambos elementos convergen, finalmente, en una sola variable, el uso social del territorio, dado que la limitación del espacio público como los diferentes usos que del mismo realizan los ciudadanos resultan factores clave, tanto en la conflictividad urbana como en la generación de percepción de inseguridad.

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Por tanto, uno de los principales factores determinantes del riesgo percibido en un territorio es su uso social, de manera que los espacios que se perciben como más seguros son aquellos que facilitan su apropiación colectiva, los que resultan próximos y amigables, los que favorecen las relaciones comunitarias, los que se asocian a usos y actividades tranquilas; mientras que –por el contrario- los lugares que se perciben como inseguros son los más lejanos, grandes y desconocidos, los periféricos, aunque también aquellos lugares de centralidad degradados y los que se asocian con personas desconocidas y usos o actividades estimadas como peligrosas.

Fuente: Raúl Caballero

Civismo en la Enciclopedia Jurídica Omeba

Véase:

Recursos

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Véase También

Gestión del espacio público, convivencia, percepción subjetiva de seguridad, conflicto

Bibliografía

Bilbeny, N. (2007). La Identidad Cosmopolita: los límites del patriotismo en la era global (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Barcelona: Kairos.

Camps, V., Giner, S. (2005). Manual de Civisme (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Barcelona: Columna. Col·lecció idees.

Camps, V. (2008) Manual de Civismo (6º Ed.) (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Barcelona: Ariel.

Cifuentes, L. M. (2009). El Civismo: Una Construcción Ético-Política. Revista Avances en supervisión educativa. Número Abril de 2009.

Curbet, J. (2008). Seguretat Urbana (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Barcelona: UOC.

Curbet, J. (2009). El rey desnudo: La gobernabilidad de la seguridad ciudadana (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Barcelona: UOC.

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