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Educación de la Juventud

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Educación de la Juventud

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Educación y Enseñanza de la Adolescencia y Juventud en Relación a Educación y Enseñanza

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] (Nota: esto es una continuación del texto sobre educación y enseñanza de la adolescencia y juventud que se haya en otra parte de esta plataforma online). e) Madurez intelectual. Tampoco es una tarea propiamente exclusiva de la a., aunque en esta edad las funciones intelectuales y la fantasía alcanzan su pleno desarrollo, de modo que el progreso sucesivo se realiza sobre todo en base a la adquisición de nuevos conocimientos, experiencias y hábitos. Uno de los méritos de la monumental obra de Piaget ha sido su estudio de las nuevas operaciones intelectuales que caracterizan la adolescencia La maduración intelectual en el adolescente desempeña un puesto relevante en el desarrollo de su personalidad. La posesión plena de la capacidad de abstraer permite la adquisición de un orden de valores amplio, el desarrollo de nuevos intereses y la comprensión de las complejas situaciones que plantea la vida adulta. Todo esto constituye la base de la propia visión del Universo. Las causas del déficit en el desarrollo intelectual suelen ser la carencia de instrucción en un sentido más amplio, las deficiencias de cultura y determinados conflictos afectivos falta de interés, desconfianza en sí mismo, etc que retraen al adolescente del progreso intelectual. Son éstos dos de los problemas capitales de la pedagogía de la edad juvenil. Los contenidos educativos han de ser auténticamente representativos de una cultura viva, y no meras nociones útiles para el ejercicio mental. Además han de presentarse de modo que respondan a las condiciones individuales de cada adolescente.
f) Madurez social. Buena parte de los autores están de acuerdo en señalar este aspecto como uno de los más propios del periodo juvenil. Desde el punto de vista social, la adolescencia es un salir del ámbito de la sociedad familiar para ingresar en otro más amplio de la sociedad, en el que hay que participar como un elemento activo, capaz de contribuir a su progreso. Todo esto se conoce como la emancipación de la a., de la que Ausubel ha dado una gráfica interpretación con su concepto de desatelización. El adolescente debe prepararse a ingresar en la sociedad adulta, resolver el problema de su futura profesión, asegurarse la independencia económica de la familia, y estar preparado a constituir 61 mismo un hogar. Son tareas que plantean por sí solas una vasta problemática educativa.
Los problemas en el terreno de la maduración social suelen provenir, por regla general, de dificultades en la emancipación familiar o de obstáculos para la incorporación en el grupo, sea del barrio, sea de la escuela. Las consecuencias suelen abarcar desde conflictos familiares, incluido el generacional, dificultades para hacer amigos, actitudes de reserva y desconfianza con los adultos, hasta comportamientos agresivos y antisociales (véase en esta plataforma: DELINCUENCIA JUVENIL). La acción educativa es muy similar a la que se señaló en los problemas emocionales; pero, además, se exige una actitud que permita una creciente cooperación del adolescente en las actividades sociales: familia, escuela, grupo.
g) Madurez personal. Esta tarea de desarrollo se formula también como formación del carácter, consolidación del yo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), o del símismo, despliegue de un fuerte sentidoobjetivo de la moralidad, de la independencia y responsabilidad individual. Tanto los representantes de la psicología y pedagogía alemana Stern, Buhler, Spranger, como buena parte de los anglosajones Ausubel, Jersild, Hurlock, etc colocan al yo o símismo en el centro de la problemática del periodo juvenil. Durante los años de la a., la persona debe comenzar a adquirir una conciencia cada vez más clara y realista de quién es, qué destino o misión le aguarda en la vida, cuáles son sus capacidades y los medios que se le ofrecen para realizar su propia y singular vocación. Necesita un mínimo de sentido de autocrítica; la adquisición de un orden de valores que se apoyen en su validez intrínseca no en la fidelidad a los padres o adultos, como sucede en los años de la infancia; necesita a la vez la suficiente autodisciplina para que esos valores de tipo religioso, moral, cultural, filosófico, vital, económico, etc. puedan regir su conducta de modo que actúe con autonomía frente a los adultos y con pleno sentido de responsabilidad personal. Buena parte de estas exigencias viene satisfecha por las peculiares características psicológicas de la adolescencia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), entre las que destaca el papel central del yo y su alto nivel de aspiraciones, o, como prefieren expresar los autores alemanes y franceses, el predominio de la intimidad.

Puntualización

Sin embargo, sin una acción educativa formal no es posible llegar a la meta deseada.
En este terreno, la educación moral y religiosa es capital. La comprensión del verdadero significado de la vida, del destino trascendental del hombre, de su papel en el mundo como criatura de Dios; el conocimiento y ejercicio de las normas de conducta que permiten realizar el propio destino humano y sobrenatural; todo ello es la mayor fuerza formadora de una personalidad madura libre y responsable de sus actos, capaz de participar de un modo constructivo y original en la propia sociedad y cultura. Ciertamente no es una tarea fácil, ni es posible completarla en los breves años de la a., pero es una labor básica de la educación. Podríamos resumirla en tres principios: claridad de fines y valores, dominio de sí mismo y aceptación plena de las consecuencias de la propia conducta (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
3. El adolescente como sujeto educativo. Los numerosos estudios psicológicos y sociológicos sobre la a., realizados en las últimas tres décadas, han proporcionado un material abundante y útil para el desarrollo de una pedagogía científica del periodo juvenil.
a) Las actitudes del educador. Para contribuir eficazmente a la realización de las tareas de desarrollo, el punto de apoyo fundamental para el educador es la tendencia del adolescente a la exaltación de su yo, del cual, el afán de libertad e independencia, el interés por los valores más abstractos y espirituales, el sentido de la responsabilidad y del honor constituyen otras tantas manifestaciones. El educador no desempeña únicamente una tarea negativa o correctora, pero tampoco es ni podría serlo el árbitro absoluto de la formación del adolescente. Su misión orientadora, de ayuda, debe promover una auténtica colaboración entre dos personas, de las cuales una, que ha alcanzado ya la madurez y posee un rico bagaje de conocimientos y experiencias, se pone al servicio de otra que está para llegar a la madurez.Entre las Líneas En la adolescencia la educación es auténtica relación interpersonal, donde el «otro» tiene también algo que decir. Cualquier ayuda que se preste al adolescente debe apoyarse en tres actitudes fundamentales: respeto, aceptación y comprensión.
La comprensión implica un esfuerzo por ponerse en el punto de vista del educando, ver las cosas como él las ve. Sólo así se captará el modo de ser propio, la auténtica naturaleza de los problemas del joven. Esto es particularmente necesario en la a., puesto que son los años en que se delimitan mejor las diferencias individuales. El recurso a los recuerdos personales de la propia adolescencia es de poca ayuda para el educador, tanto porque las circunstancias han variado mucho de una a otra generación, como por los vicios y deformaciones de la memoria. Aceptación quiere decir considerar a cada adolescente como es, y no como el educador piensa que debería ser, con sus aspiraciones y afanes, con sus preocupaciones y ansiedades, con sus debilidades y virtudes.Si, Pero: Pero aceptar no es aprobar ni conceder el visto bueno a los modos de manifestarse del adolescente; no es ésa la manera de ayudarle, y, en muchas ocasiones, ni siquiera lo que desea el mismo muchacho. La aceptación supone saber enfocar las cosas como hechos, antes que atribuirles cualquier juicio de valor. Así es más fácil superar la característica reserva del adolescente, su temor a descubrir un mundo interior, del que él mismo ignora no ha tenido ocasión de aprenderlo su real alcance y valor.
El respeto, profundo y desinteresado, hacia la libertad del adolescente ha de ser la tercera y principal actitud del educador. El movimiento hacia la autonomía e independencia necesita ser encauzado, pero nunca coartado. Y cada individuo tiene derecho, poseyendo las condiciones para hacerlo, a decidir su propio destino. Incluso los consejos deben ofrecérsele de tal modo que su aceptación no implique en ningún momento una disminución de la responsabilidad personal.
b) La disciplina durante la adolescencia. Una inteligencia superficial de estos principios podría llevar a la conclusión de que la disciplina debe desterrarse de la educación del adolescente. Cuando esto sucede y el educador comete este error, quizá porque en el fondo le interese bien poco la buena formación del adolescente o al menos no tiene el interés suficiente para arrostrar las dificultades los efectos se hacen notar. El joven no está en condiciones de desarrollar su sentido de responsabilidad, ni de respetar los derechos de los demás; aparte de que carece del suficiente marco de referencia para comprender cuál es el tipo de comportamiento que le va a exigir la sociedad.

Una Conclusión

En definitiva, como hace notar Ausubel, se llega a obtener al final de la adolescencia «un individuo inmaduro, falto de confianza en sí mismo, desorientado, que posee escasa tolerancia a la frustración, poca capacidad de autocrítica, y es incapaz de aspirar a fines y cometidos realistas».
La disciplina en la adolescencia ha de ser, sin embargo, mucho menos autoritaria que durante la infancia. Debe apoyarse, sobre todo, en razones objetivas, y usar como instrumento de aplicación el diálogo, el razonamiento, así como ha de procurar dejar siempre la puerta abierta para una posible apelación o recurso por parte del sujeto.

Una Conclusión

En definitiva, se trata de sustituir la disciplina impuesta desde fuera en la infancia, por la autodisciplina que caracteriza la conducta de un adulto maduro.
4.

Detalles

Los agentes educativos en la adolescencia. La adolescencia es quizá la época de la vida en la que se entrecruzan el mayor número de influencias educativas. Junto a la familia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), que desempeña un papel predominante en la formación de los niños, pasan a ocupar un lugar destacado la escuela y la universidad, los grupos de adolescentes, organizados o no como asociaciones juveniles, la parroquia, el barrio y la misma comunidad nacional (véase en esta plataforma: GRUPOS SOCIALES). La misión e influencia de cada uno de estos agentes educativos es muy diversa. Espontáneo u organizado en asociaciones, el grupo de adolescentes constituye uno de los agentes educativos más importantes durante la a., especialmente para el desarrollo de los hábitos de la vida social. Según muchos autores, como Ausubel, Blos, Goodenough, Sherif, etc, la influencia educativa del grupo se apoya en la necesidad básica por parte del joven de adecuarse a sus normas.Entre las Líneas En cualquier caso, el espíritu de.cooperación mutua, las reglas que regulan la conducta competitiva, el juego entre los propios derechos y los ajenos, el respeto de determinadas normas convencionales, útiles para la vida social, son aspectos que se aprenden y ejercitan en la vida de los coetáneos.

Pormenores

Las asociaciones juveniles suelen añadir, además, alguna finalidad educativa más explícita: formación del carácter, dominio del arte de hablar, desarrollo del gusto e interés musical, mejoramiento de la formación y práctica religiosa, etc.
a) La familia.Entre las Líneas En el periodo juvenil, la familia pierde paulatinamente su influencia como entidad formadora, sin llegar nunca a dejarla del todo. La razón no es sólo de tipo técnico: la insuficiencia del medio familiar para proporcionar.una instrucción adecuada al nivel cultural moderno; sino también el hecho de que el adolescente adquiere nuevas necesidades de afecto, de experiencia, de prestigio, etc. que se satisfacen fuera del refugio del hogar. La misma sociedad exige la conquista de su autonbmía. La actitud de los padres frente a estos sucesos no es siempre lo suficientemente comprensiva. Una de las causas principales de conflictos en el seno familiar es, en efecto, la resistencia de los padres a aceptar el crecimiento de los hijos. Cuesta comprender que la misión de la familia es formar personas que sepan abrirse paso a sí mismas, y que el logro de ese objetivo ha de ser su mayor orgullo.
Por otro lado, los errores en la educación durante la infancia el niño sobreprotegido, indisciplinado, sobrevalorado, etc. estallan con mayor violencia en el periodo juvenil. De todos modos, es demasiado fácil y cómodo acusar a los padres del fracaso de la educación de los hijos. Ningún educador es tan perfecto que no cometa nunca errores. Lo importante es saber rectificar, no darse nunca por vencido, no considerar un fracaso como irreparable. La influencia del ambiente familiar sobre el desarrollo de la personalidad juvenil, se ha puesto de manifiesto en numerosos trabajos sobre los trastornos de conducta.

Más Información

Las investigaciones de Symmonds y Baldwin han subrayado la beneficiosa influencia de un ambiente familiar armónico.

Puntualización

Sin embargo, también se ha constatado p. ej., las encuestas de Remmers y Weltman la decreciente correspondencia entre los valores de los padres y los de los hijos, a favor de una mayor influencia de círculos sociales más amplios.
Los padres, además de las actitudes señaladas en el apartado 3, necesitan serenidad; la disposición humilde a comprender y aceptar que, pese a todo, no podrán dejar de equivocarse alguna vez; y la tenacidad necesaria para no desistir nunca de su tarea educadora. Eso exige una nobleza de ánimo no común, que les lleve a renunciar a sí mismos, como renunciar a la idea que se habían forjado de lo que debían ser sus hijos, cuando éstos han tomado una decisión con rectitud, libertad y responsabilidad.
b) Las instituciones académicas. El problema es espinoso y actualmente objeto de amplias discusiones y polémicas en casi todos los países. Hay un acuerdo general en que las estructuras educativas y académicas son inadecuadas a la realidad presente del mundo juvenil. Se tacha a la escuela y a la universidad de una orientación excesivamente intelectualista y deficitaria en otros terrenos como la formación moral, física, artística, etc.; de una instrucción más nocionística que auténticamente cultural y vital. De una desvinculación de los problemas habituales del adolescente, que se refleja en una escasa contribución a la realización de las tareas de desarrollo de la adolescencia De una falta de concordancia entre los fines que persiguen las instituciones educativas y las exigencias y realidades sociales; de la escasa medida en que se tiene en cuenta la estructuración cognoscitiva y emocional del adolescente, al que no se le considera suficientemente como un individuo único, singular y propio, etc. Independientemente de la exactitud de esas críticas, que, por otro lado, varían de un país a otro, la escuela y la universidad contribuyen a la maduración del a., facilitando su emancipación del ámbito familiar, y proporcionando la oportunidad de trato con personas adultas diversas de los padres, y, sobre todo, como agente transmisor de una cultura que es patrimonio de todos.
Los problemas típicos del adolescente en la escuela y primeros años de universidad son: el abandono de los estudios, las inadaptaciones, que pueden manifestarse como escaso rendimiento o perturbaciones en el trato con los profesores o con los compañeros, y la indisciplina. Los momentos críticos de abandono de los estudios son el final del periodo de escolaridad obligatoria, y el paso de grado medio a la enseñanza superior. Pero, además, influyen otras causas de tipo socioeconómico y personal. Su estudio y remedios exigen un planteamiento amplio, dentro del marco cultural y económico del país.

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Las inadaptaciones son, como se ha señalado más arriba, de muy diversa índole. Las causas suelen atribuirse a los defectos del sistema educativo ya indicados, así como al bagaje de una educación inadecuada que puede haberse acumulado en los años de infancia. Pero, en el fondo, casi todos los autores suelen señalar un punto: la necesidad de una educación más individualizada, que llegue a cada alumno. Por lo que se refiere a la indisciplina, suele ser el mayor problema de los profesores. Sería largo reseñar sus causas, pero hay que saber que la indisciplina no es un problema del alumno. Cuando se presenta es que hay algo que va mal en la relación profesoralumnos, en los métodos pedagógicos y disciplinarios, en el mismo programa académico. Por supuesto, hay casos que son competencia del consejero o del psicoterapeuta, pero es lo excepcional.
V. t: INFANCIA; DELINCUENCIA JUVENIL; DISCIPLINA; FAMILIA III; LIBERTAD VII. [rbts name=”ensenanza”]

Recursos

Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre educación y enseñanza de la adolescencia y juventud en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Véase También

Bibliografía

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