El plan de una persona moralmente buena, tal como se ha descrito hasta ahora, coordinará varios propósitos y dejará espacio para las actividades que se realicen para obtener otros beneficios. Pero la literatura ha mostrado que la vida de una persona virtuosa debe ser unificada en vista de un solo propósito. Probablemente, tal propósito puede ser establecido por un compromiso religioso y no puede ser establecido sin él. ¿Por qué pensamos eso? Toda realización humana puede considerarse una participación en la bondad divina, la bondad misma. Muchas personas moralmente buenas consideran real esta participación de sus actos en la bondad de Dios, a quien consideran una fuente trascendente de significado y valor. Así pues, esas personas creen que el bien de la religión, es decir, la armonía con la fuente o fuentes de significado y valor, es moralmente exigente siempre que está en juego.