Significado de Matrimonio Condicionado en el Derecho Canónico
Este término recibe un tratamiento integrado en esta entrada de la Enciclopedia Jurídico aún cuando se pueda encontrar regulado este tema por la normativa nacional.
CAMPUZANO TOMé, H.: La pensión por desequilibrio económico en los casos de separación y divorcio (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Bosch, 1986.
DíEZ DEL CORRAL: La nueva regulación del matrimonio en el C.C. Madrid, 1983.
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LETE DEL RíO: Algunas consideraciones sobre la igualdad conyugal, R.G.L.J. 1976.
OGáYAR: Separación de hecho de los cónyuges. Efectos que produce, R.G.L.J. 1972.
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VÁZQUEZ BOTE, E.: Los alimentos al ex cónyuge en el divorcio vincular, R.C.D.I. 1978.
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Matrimonio Condicionado
Matrimonio Condicionado en el Derecho Canónico Matrimonial El vigente Código de Derecho Canónico de 1983 ha modificado notablemente la regulación del matrimonio condicionado introducida por el Código de 1917.
En síntesis, los cambios han sido los siguientes:
1º el vigente c. 1.102,1 prohíbe bajo pena de nulidad la celebración del matrimonio sometido a condición de futuro (única condición en sentido propio por vincular la eficacia del matrimonio a la ocurrencia de un hecho futuro e incierto), a diferencia del viejo c. 1.092, 3º que establecía que una condición de futuro apuesta y no revocada, siempre que fuese lícita, suspendía el matrimonio (condición suspensiva).
2º se ha derogado (en el caso de una norma, cuando se suprime una parte; si se elimina en su totalidad es una ley abrogada; véase abrogación o abrogatio) lo dispuesto por el viejo c. 1.092, 1º, a saber, que se tendría por no puesta cualquier condición necesaria, imposible o torpe siempre que no fuese contraria a la sustancia del matrimonio (en cuyo caso, se interpretaba que equivalía a una simulación y, por ende, determinaba la nulidad del matrimonio).
3º también ha desaparecido el precepto del c. 1.092, 2º que sancionaba con la nulidad del matrimonio aquél al que se apone una condición contraria a la esencia del matrimonio.
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La vigente disciplina de la condición matrimonial se completa con el c. 1.102, 2 en vigor, que ha mantenido el anterior 1.092, 4º, aunque con diverso tenor: se admite la condición (impropia) de presente y de pasado, a la que se anuda la eficacia del matrimonio; es claro que tal condición, por consistir en que acontezca o haya acontecido un hecho presente (al tiempo de consentir en las nupcias) o pasado (respecto del mismo instante), no da lugar a un periodo de pendencia o interinidad en el despliegue de efectos de la voluntad matrimonial: según se verifique o se haya verificado históricamente o no el hecho constitutivo de la condición apuesta por el o los contrayentes, el matrimonio será válido o nulo; luego no puede, en estos casos, hablarse de condición suspensiva toda vez que, como ya hemos indicado, no se trata sino impropiamente de una condición (REINA ha escrito que carece de naturaleza condicional y la denomina reserva de hecho pasado o presente).
Otros Detalles
En el orden psicológico, se comprende el comportamiento del nubente que apone una condición de presente o de pasado a su consentimiento por razón de un estado de duda acerca de algún hecho (objetivamente existente o inexistente pero subjetivamente desconocido en cuanto a su realidad) al que vincula su declaración de voluntad; incluso se ha apuntado que la certeza del hecho por verificarse, con carácter general, no es nunca objetiva: depende del sujeto condicionante y no del evento mismo (GONZáLEZ DEL VALLE), por lo que la incertidumbre es tanto como imposibilidad actual no superable de conocer (VILLA).Entre las Líneas En todo caso, la aposición de una condición requiere necesariamente un propio acto positivo de voluntad —que se incluye dentro del propio consentimiento matrimonial— cuyo objetivo no es modificar el contenido de lo conyugal, sino someter su eficacia perfectiva del vínculo a la verificación del evento (matrimonio sub condicione) (VILADRICH); no basta, por tanto, un deseo, aun vehemente, de que exista aquel hecho (p. ej. una cualidad del otro contrayente, especialmente querida) como tampoco una duda cualquiera —incluso cuando sea totalmente razonable— si ni ésta ni aquél tienen por consecuencia que el sujeto realice el acto positivo de voluntad mediante el cual condiciona su consentimiento para contraer; dice BERNáRDEZ que este acto positivo de voluntad puede ser actual o virtual, sin que sea suficiente la voluntariedad habitual interpretativa o presunta, lo que, en modo alguno, excluye que sea implícito o tácito si la positiva voluntad de aponerla (la condición), aunque no sea formulado expresamente, se puede inferir con certeza moral de hechos o comportamientos ciertos del sujeto (VILADRICH) (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). BONNET, siguiendo a FALZEA, lo expone así: en el matrimonio condicionado, coexisten dos planos de intereses —uno interno y otro externo— y en la valoración del sujeto que apone la condición, el plano interno de intereses (la donación de sí, en reciprocidad perfecta con el otro contrayente) solamente es querido si el externo (el hecho presente o pasado) se verifica.
Desarrollo
Comoquiera que en el supuesto de condición impropia de pasado o presente, legalmente admitido, no hay eficacia suspensiva del consentimiento por motivo de aquélla, durante el periodo de incertidumbre subjetiva, la revocación del consentimiento que puede un contrayente de hecho pretender, debe reputarse tan ineficaz e irrelevante objetivamente como el intento de revocar un consentimiento prestado en forma simple y pura. Si, a pesar de todo, el sujeto tuviere la intención positiva de reservarse, durante dicho estadio, la posibilidad de revocar, en tal caso no estaríamos propiamente ante el consentimiento condicional permitido en el núm. 1 del c. 1.102 sino propiamente ante una reserva de disolubilidad subsumible en el núm. 2 del c. 1.101 (simulación parcial por exclusión de la indisolubilidad que invalida el matrimonio; VILADRICH). Tampoco es eficaz la revocación de la condición apuesta (en el bien entendido de que estamos tratando de la condición de presente o de pasado) porque no hay pendencia propia de la condición suspensiva; luego el consentimiento es eficaz o ineficaz de acuerdo con la condición impropia, y correlativamente, el matrimonio válido o nulo; únicamente tendría sentido la revocación de la condición por quien la apuso cuando es de futuro y durante el tiempo que quedan suspendidos los efectos del consentimiento, mas hemos de reiterar que el vigente Código Internacional de Comercio sanciona con la nulidad del matrimonio la aposición de tal condición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Entre las Líneas En otros términos, puede concluirse que, ante la condición impropia de presente o de pasado, su revocación equivaldría a la prestación del consentimiento, ociosa reiteración si el matrimonio es válido por verificarse el hecho objeto de aquella condición, o verdadero nuevo consentimiento si el matrimonio es inválido por no verificarse (conclusión, por cierto, coincidente con el régimen de convalidación —que no lo es, en rigor— del matrimonio cuando la nulidad de éste trae causa de defecto de consentimiento; cc. 1.159,1 y 1.162,2 Código Internacional de Comercio).
Más sobre esta cuestión
Han merecido singular tratamiento en la literatura y en la jurisprudencia las condiciones potestativas, esto es, dependientes de la voluntad humana, y en particular las de tracto sucesivo (v. gr. la apuesta por quien contrae con matador de toros consistente en que no vuelva a torear).Entre las Líneas En primer lugar, debe ser aclarado que bien pudieran interpretarse como resolutorias (BERTOLà, DOSSETTI, GRAZIANI), por lo que viciarían de nulidad el consentimiento por contrarias a la indisolubilidad; tal cosa acontece en cualquier supuesto de condición de futuro con sentido resolutorio (y no solamente cuando sea potestativa de tracto sucesivo).Entre las Líneas En segundo lugar, se plantea el problema de la pendencia indefinida, que concluye con la muerte de aquel a quien incumbe el cumplimiento de la condición (potestativo), instante en el que simultáneamente se extingue la suspensión de efectos —y, por lo mismo, comenzarían éstos— y se disuelve el matrimonio (c. 1.141 Código Internacional de Comercio), por todo lo cual resulta ser tal condición un absurdo.Entre las Líneas En tercer lugar, su carácter futuro hace que esté prohibida por el Código vigente aunque la admitía el anterior; precisamente al amparo de esa disciplina reconocedora de la condición de futuro se procuró a la potestativa de tracto sucesivo una clave de inteligencia para su racionalidad: se entendió que dicha condición, así apuesta, se cifraba en que el otro contrayente —a cuyo cumplimiento de la condición se vinculaba la validez del matrimonio— prestase una promesa seria de cumplir, por lo que todo se revestía de un significado de condición de presente (TIRAPU); de ello se sigue que este planteamiento puede mantenerse con el Código en vigor (que prohíbe la condición de futuro) sin que alcancemos a comprender por qué se ha apuntado por algún autor que con el nuevo régimen legal de la condición urja, como novedad, el análisis y estricto respeto a la verdadera voluntad del contrayente, sin que exista una previa presunción a favor de su naturaleza de condiciones de presente; en verdad, tal análisis enderezado a desentrañar la voluntad del contrayente siempre ha sido de rigor, incluso bajo el imperio del Código Internacional de Comercio de 1917, y, la reforma codicial no ha modificado sustancialmente el enfoque expuesto; es indiferente, para este entendimiento de la condición potestativa de tracto sucesivo como promesa presente, el cambio legislativo toda vez que la dificultad la presentaba entonces el peculiar sentido y contenido futuros de la condición en cuestión, ante una aceptación legal general de las condiciones de futuro, por ser contrarias a la esencia del matrimonio (TIRAPU), y la presenta, hoy, la prohibición general de las condiciones de futuro. Digamos, en definitiva, con LóPEZ—ALARCóN, que con esta interpretación, la condición de futuro queda sujeta al tratamiento jurídico de las condiciones de presente y la validez del matrimonio está subordinada a la comprobación de la sinceridad de la promesa.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Detalles
Por último, debe ser recordado que, aun con reiterados pronunciamientos favorables de la Rota Romana, esta consideración de la condición potestativa de tracto sucesivo como condición de presente consistente en la promesa seria no ha contado con apoyo unánime en la doctrina científica, siendo muchos y muy autorizados quienes sostienen que el sujeto que apone dicha condición pretende un resultado práctico —el cumplimiento— y no un mero compromiso de cumplir sin consecuencia alguna de no cumplirse (FERRABOSCHI, GRAZIANI, GIACCHI, BONNET).
Más
El Código establece un requisito adicional para la licitud de la condición de presente o de pasado: la licencia escrita del Ordinario del lugar (c. 1.102, 3); de no concurrir, la condición es igualmente válida —aunque ilícita— y el matrimonio se celebra bajo condición válidamente; sin embargo y como subraya BONNET, es improbable que se aplique comúnmente esta disposición por la reticencia de los contrayentes a manifestar a la autoridad los precisos términos en que prestan su consentimiento condicionado; convenimos con el mismo autor cuán razonable es la exigencia legal y conveniente que el obispo compruebe debidamente si se desea aponer alguna condición.
Para dar cumplida explicación del cambio acontecido en el Derecho canónico en materia de condición matrimonial, no debemos omitir un comentario acerca de las razones que han motivado el tránsito de la legítima aposición de una condición de futuro a su prohibición invalidante; nos hallamos ante una extraordinaria paradoja, de acuerdo con la calificación de VILADRICH, porque si la exclusiva relevancia e integridad del consentimiento como causa eficiente del matrimonio fue lo que propició la solución legal de 1917 —en contra de la opinión de destacados jurisconsultos y entre ellos, Gasparri— y excluyó otra, como la del Código civil español de tener por no puesta la condición (art. 45, párrafo 2º) por entrañar una purificación del consentimiento por mandato del legislador y no por voluntad del contrayente (en contra del principio expresado hoy por el c. 1.057 Código Internacional de Comercio de que el matrimonio lo produce el consentimiento de los contrayentes, que ninguna autoridad humana puede suplir), es lo cierto que el régimen prohibitivo actual se funda en la tutela más celosa posible del consentimiento toda vez que la condición de futuro representa vincular la eficacia de aquél a un hecho extrínseco e incierto —objeto de la condición misma— e implica la revocabilidad del mismo consentimiento válido durante la suspensión de sus efectos (en manifiesto distanciamiento, cuando menos cronológico, entre el matrimonio in fieri —la voluntad de contraer— y el matrimonio in facto esse —el vínculo, compendio del estado conyugal— según el citado VILADRICH), todo ello con grave dificultad para compadecerse con el sentido del matrimonio (LLAMAZARES, TIRAPU). Los óbices al matrimonio celebrado bajo condición de futuro son compartidos por la práctica totalidad de la doctrina (MOSTAZA, BERNáRDEZ, LLAMAZARES, BONNET, DEL GIUDICE, DOSSETTI, GIACCHI, etc.); los resume FORNéS manifestando considerar el consentimiento condicionado como un consentimiento que no es matrimonial, que no es el adecuado para hacer nacer la relación jurídica matrimonial. Independientemente de que la condición —o mejor, el evento— se verifique o no, este tipo de consentimiento es descalificado y el matrimonio es nulo.
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