Monaquismo en Occidente
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Monaquismo en Occidente en Relación a Religión Cristiana
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] En el siglo IV, el monaquismo estaba ya bien arraigado en Occidente (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Florecían tanto el anacoretismo como el cenobitismo. S. Martín de Tours (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) fue el primero de los héroes del monaquismo latino; su vida, escrita por Sulpicio Severo, tuvo un éxito similar al de la Vida de S. Antonio, de S. Atanasio. S. Jerónimo fue el primero de sus doctores y propagandistas; sus Vidas de santos monjes, sus apologías y sus cartas están llenas de un celo monástico a veces un poco excesivo. Propugnador entusiasta del cenobitismo fue S. Agustín (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), quien, desde su misma conversión, quiso vivir como cenobita y cuyos discípulos llenaron de monasterios el África romana.
Del monasterio-eremitorio insular de Leríns (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), cerca de Cannes, fundado por S. Honorato (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) en 410, salieron una serie de santos obispos; entre ellos sobresale S. Cesáreo de Arlés (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), autor de una Regla para monjes y otra para monjas. Bien formado en la ruda escuela del monaquismo de Palestina y Egipto, Casiano (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) fundó en Marsella un monasterio de hombres y otro de mujeres, y escribió sus inmortales Colaciones o conferencias de los Padres del yermo.
Irlanda constituyó uno de los más importantes focos de irradiación monástica de la historia (véase en esta plataforma: MONJES IRLANDESES). Casi desde el tiempo de S. Patricio (m. ca. 460; v.), la Iglesia irlandesa estuvo enteramente dominada por el monaquismo Los monjes eran casi los únicos que ejercían el ministerio pastoral, y los abades, la jurisdicción eclesiástica. El monaquismo celta, que floreció con gran pujanza hasta mediados del siglo VIII, se distingue por su rigorismo, por su extremismo ascético, por su amor a las letras y a las artes, por el gran número de sus santos, por cierta tendencia al eremitismo (pese a sus inmensos monasterios) y por sus ansias de viajar combinadas con un indudable celo misionero. S. Columba (m. 579; v.) mereció el título de apóstol de Escocia.Si, Pero: Pero el más célebre de los monjes itinerantes irlandeses fue el ardiente S. Columbano (m. 615; v.), viajero impertérrito, apóstol, profeta, autor de una Regla rigurosísima y fundador de varios monasterios en el continente europeo.
De, los primeros monjes españoles casi no sabemos nada. Su existencia no es atestiguada sino por un documento del 380; pero este mismo documento prueba que en la península había monjes y monasterios desde hacía mucho tiempo. Poco debió de subsistir de este monaquismo primitivo después de las invasiones de los bárbaros. Restablecida una relativa tranquilidad, afincaron en España monjes africanos que huían de los vándalos.Si, Pero: Pero sólo después de la conversión de los visigodos empezó realmente el extraordinario florecimiento del monaquismo español autóctono que caracteriza nuestra alta Edad Media. Sus comienzos están vinculados a S. Martín de Dumio (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y lo dominan las grandes figuras de S. Isidoro de Sevilla (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y S (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fructuoso de Braga (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Alimentados por la doctrina y ejemplos de los Padres del yermo y por la espiritualidad de Casiano y S. Gregorio Magno (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), los monjes visigodos amaron la renuncia y la soledad, practicaron un rudo ascetismo, se dedicaron a la oración; pero también cultivaron las letras y las artes y, en calidad de abades u obispos, intervinieron en los asuntos de la Iglesia y del Estado en los Concilio de Toledo.
Italia produjo al verdadero padre del monacato occidental: S. Benito de Nursia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), cuya Regla acabó por imponerse casi en todas partes. Hacia el siglo Xi los monjes de Occidente se confunden con los benedictinos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Desde entonces los cenobios se organizan en órdenes monásticas: los que siguen la Regla de S. Benito (benedictinos, camaldulenses, cistercienses; v. voces respectivas), los cartujos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), los jerónimos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), etc.
Al margen del monaquismo y más o menos influidas por él, aparecieron en el siglo XIII las órdenes mendicantes y, a partir del siglo Xvi, otras corporaciones religiosas, dedicadas preferentemente al apostolado. Ni estas nuevas tendencias, ni los golpes sucesivos que le asestaron la Reforma protestante, la Ilustración, la Revolución francesa y la consiguiente secularización, han impedido que el monaquismo sea todavía hoy relativamente próspero. [rbts name=”religion-cristiana”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre monaquismo en occidente en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Ediciones Rialp, 1991, Madrid, España
Véase También
Bibliografía
monaquismo HEIMBUCHER, Die Orden und Kongregationen der katholischen Kirche, 3 vol. 3 ed. Paderborn 1933-1934; P. DESEILLE, L’Evangile au désert, París 1965; K. HEUSSI, Der Ursprung des Mónchtums, Tubinga 1936; P. COUSIN, Précis d’histoire monastique, París 1963 (útil, pero con muchos errores); S. SCHIWIETZ, Das morgenlündische Mónchtum, 3 vol. Maguneia-Máhling 1904-39; A. VSóBus, History of Asceticism in the Syrian Orient, 2 vol. publicados, Lovaina 1958-60; 1. PÉREZ DE URBEL, Los monjes españoles en la Edad Media, 2 vol. Madrid 1933-34; J. ORLANDIS, Estudios sobre las instituciones monásticas medievales, Pamplona 1971. Para una visión de conjunto, v. A. EHRHARD, W. NEUSS, Historia de la Iglesia, II, Madrid 1962, 162-169; 319-329; B. LLORCA, R. GARCÍA VILLOSLADA, F. J. MONTALBÁN, Historia de la Iglesia ‘Católica, I, 4 ed. Madrid 1964, 586-606; 11, 3 ed. Madrid 1963, 253-282; 636-661.
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