Movimientos de Resistencia
Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs]
Movimientos de Resistencia en el Derecho Social
Comprende los movimientos de resistencia a la opresión, a las políticas que afectan los derechos constitucionales de los trabajadores, medidas de gobierno o ejecución de normas cuya aplicación agravia patrimonial o moralmente a los trabajadores. [1]
Movimientos de Resistencia en la Sociología y la Antropología Política
(…) Una de las proposiciones teóricas sobre el poder que ha tenido mayor eco en las ciencias sociales fue desarrollada por el sociólogo alemán Max Weber, quien conceptualizó al poder como la probabilidad, cualquiera que fuera el fundamento de ella, que tiene un individuo o un grupo dentro de la relación social de imponer la propia voluntad, aun contra toda resistencia. La influencia y vigencia de Weber se debe, desde nuestra perspectiva, a que esbozó los elementos centrales para explicar la versatilidad del ejercicio de la política y lo político en la sociedad. Aportó para ello tres tópicos centrales: a) la identificación de lógicas o racionalidades diversas en la política; b) la legitimidad y reconocimiento de los otros, como inseparable del liderazgo (véase también carisma) y carisma políticos; y c) la lógica de burocratización y centralización, en lo político, constituido entre otras cosas por puestos políticos permanentes. (…)
(…) El concepto de resistencia se ha convertido en una clave para explicar cómo los powerless, o actores sociales que concentran un poder escaso, pueden en ocasiones influir en las decisiones de centros de toma de decisiones o actores que han llegado a concentrar poder.Entre las Líneas En ese recorrido, Norbert Elias y John Scotson presentaron, en 1964, un importante trabajo intitulado The Established and the Outsiders (Elias y Scotson, 1994), donde examinan los mecanismos de estigmatización y tabú en la monopolización del poder, y cuya contribución es mostrar cómo los mecanismos de dominación propios de los sectores hegemónicos son interiorizados por los sectores más vulnerables de la sociedad.
En antropología, los estudios culturales, los estudios subalternos y el poscolonialismo, entre otras, fueron las corrientes que recuperaron esas preocupaciones y diversos abordajes en torno a los usos de la cultura en cuanto parte de las relaciones de dominación y resistencia.Entre las Líneas En ellos, la fuente teórica común la constituían Antonio Gramsci (1981) y Raymond Williams (1997), para interpretar a la cultura como el resultado de procesos a través de los cuales se construyen formas de dominación, el consenso y, al mismo tiempo, como fuente para el disenso y la generación, potencial y real, de conflictos y disputas.
Una interesante perspectiva en el campo de la ciencia política son los trabajos de James Scott, quien analiza la resistencia campesina y señala que las formas de lucha o movilizaciones de masas no se perciben como opciones viables simplemente porque resultan demasiado peligrosas, dado el poder represivo de las clases hegemónicas y de los Estados que la respaldan. Postula que los powerless no aceptaron pasivamente la creciente diferenciación social vinculada a la comercialización (vender lo que se produce; véase la comercialización, por ejemplo, de productos) o/y, en muchos casos, marketing, o mercadotecnia (como actividades empresariales que tratan de anticiparse a los requerimientos de su cliente; producir lo que se vende) y al cambio tecnológico que acentuaban su pobreza e inseguridad, pues por esa vía comprenden relativamente cómo opera la dominación (Scott, 1985). De hecho, el autor establece que las pequeñas resistencias cotidianas son los disparadores de los posibles cuestionamientos sobre el poder.
Scott ha mostrado con gran lucidez la forma en que las estructuras de poder más férreas son incapaces de lograr una absoluta dominación sobre los sectores que concentran menos poder.Entre las Líneas En la sumisión de los sectores subalternos se esconde su resistencia; esto es, el poder de las formas sociales que se manifiesta en las relaciones de las reglas de etiqueta y cortesía exige muchas veces que sacrifiquemos la sinceridad para tener relaciones tranquilas con todos aquellos con quienes entramos en contacto. Los subordinados, ya por prudencia, ya por miedo, o por el hecho de buscar favores, le dan a su comportamiento una forma adecuada a las expectativas del poderoso. Scott apunta que, en la medida en que el ejercicio del poder sea más arbitrario, los subordinados desarrollarán prácticas sociales más estereotipadas y ritualistas.Entre las Líneas En ese sentido, sugiere que debemos estudiar los discursos ocultos, pues, de lo contrario, solo entenderíamos una parte del ejercicio del poder, pero nada sobre los mecanismos de resistencia (Scott, 2000).
La relación entre los procesos de dominación y exclusión social ha sido analizada por Jean Comaroff (1985), en la rama tshidi de los pueblos tswana, en los límites entre Sudáfrica y Botswana. Comaroff concluye, en términos de relaciones de poder, que los rituales no siempre tienen un trasfondo conservador, sino que pueden expresar simbólicamente la comprensión que tienen de sí mismos los grupos subordinados y la insatisfacción con el sistema de normas vigente. Sostiene que es fundamental analizar el contenido de estas prácticas de resistencia popular, para ver qué tipo de efecto tienen en las relaciones de poder, porque dichas prácticas ritualizadas no siempre plantean una amenaza inmediata a la estabilidad de las formas existentes de dominación social y política, pero sí socavan y subvierten, de a poco, su lógica.
En este tenor, Roger Keesing (1992) estudió los mecanismos de resistencia desarrollados por los kwaio en las islas Salomón. El autor establece que la parodia le permitió a este grupo étnico construir un discurso contrahegemónico utilizando una semiología de la dominación europea. Los kwaio lucharon contra la cosmología del poder cristiano aceptando sus categorías pero invirtiendo su significación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Estos estudios sobre religión y poder apoyan los resultados de los análisis clásicos de Peter Worsley (1980) sobre el culto al cargo en la Melanesia, donde se planteaba que los movimientos milenaristas eran, objetivamente, político–religiosos, porque estimulaban a que los participantes entraran en conflicto con las autoridades institucionalizadas. De hecho, como sostiene el propio Worsley, éstos se transformaron en movimientos nacionalistas secularizados en los países coloniales y en organizaciones políticas basadas en las clases en otros lugares, porque en esencia se trataba de movimientos de pobres y marginados.Entre las Líneas En consecuencia, se han desarrollado grupos comunitarios que practican una política de protesta sustentándose en una ideología del igualitarismo, vinculada a los primeros cultos cargo.
La resistencia es un tema muy prometedor que nos puede ayudar a entender la vitalidad de movimientos contemporáneos en el mundo, pues es un proceso asociado (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “associate” en derecho anglo-sajón, en inglés) a subculturas subalternas, que comparten códigos colectivos que poseen el potencial de transformar radicalmente las estructuras, las categorías y la lógica de la dominación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Ahora bien, como ha señalado William Roseberry (1994), la resistencia no puede ser explicada al margen de la dominación, porque incluso las formas y los lenguajes de la resistencia deben adoptar los códigos de la dominación para poder ser escuchados. De hecho, las estructuras de dominación limitan los modos en que los subalternos pueden resistir a su condición.
Habitualmente, los procesos de resistencia se orientan a la defensa de los espacios autonómicos en el contexto de sistemas opresivos. Por ende, la resistencia en ocasiones logra influir en los procesos dominicales, pero también las estrategias de los sectores subalternos resultan configuradas por las estructuras de los estratos dominantes para instrumentar su hegemonía. Uno de los trabajos más ilustrativos sobre esa temática es el de Orin Starn (1992) acerca de las rondas campesinas en Perú. Starn explica que las rondas surgieron de las patrullas de vigilancia campesinas para mitigar las deficiencias del sistema judicial oficial. El contexto de crisis recurrentes y la vinculación de los asaltantes con la policía llevaron a los campesinos a organizarse para tomar la justicia en sus propias manos. Cabe mencionar que, si bien las rondas eran estructuras locales, su organización había sido condicionada por diversos actores de la sociedad como la Iglesia y los terratenientes.
Estos planteamientos han atraído a los antropólogos que pretenden explicar los patrones culturales de la subordinación y la dominación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Incluso las exigencias teatrales que por lo general se imponen en las situaciones de dominación producen un discurso social que corresponde mucho a la apariencia que el grupo dominante quiere dar, por ello, esta vertiente de análisis ha significado un importante desarrollo conceptual para la antropología política en el ámbito de estudio de lo político, desde el punto de vista de la vida cotidiana.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Aviso
No obstante, como plantea Sherry Ortner (1995), se debe mantener una alerta epistemológica permanente, pues sus principales limitaciones yacen en las tendencias a idealizar y homogeneizar a los grupos subalternos. Éstos no son entidades homogéneas, sino que muestran una gran diversidad interna e incluso presentan importantes rupturas. Al igual que en otros grupos sociales, en su interior, algunos sectores dominan a otros. Por consecuencia, los subalternos no se manifiestan como un grupo unitario en términos identitarios ni mucho menos con una conciencia o ideología uniforme. (…)
Florencia Mallon reinterpreta y adecua el marco analítico de la resistencia y hegemonía como parte constituyente de los procesos de diferenciación étnica, la construcción de la nación y los proyectos de hegemonía y contrahegemonía en los que se entrelazan la resistencia y la lucha, lo material y lo simbólico, lo cultural y lo político. Muestra cómo las comunidades pueden llegar a construir proyectos autonómicos frente al Estado y reproducir visiones alternativas con base en las culturas locales (Mallon, 1995).Entre las Líneas En esta senda de trabajo existen hoy día diversos esfuerzos por explicar la resistencia, la subordinación y la hegemonía, como inmersas en lógicas culturales que no son ajenas al proceso de formación de Estado; al contrario, son parte constitutiva y constituyente de él. Son relevantes los trabajos reunidos en dos compilaciones, por José Eduardo Zárate (1999) y Salvador Maldonado (2001), en los cuales se describen prácticas, normas y la construcción de discursos e ideas en torno a la transformación del Estado mexicano. Asimismo muestran diferentes contextos regionales en los que se desarrollan prácticas y situaciones que ponen en entredicho la tesis de la relativa homogeneidad de la reforma del Estado y los procesos políticos contemporáneos, cuyos resultados dependen de los cauces que se sigan ya en las instituciones formales, ya en el espacio local. Empero, el trabajo que brinda las aportaciones sustantivas en estos tópicos es el de los ensayos reunidos por Joseph y Nugent (1994), los que a pesar de su diversidad geográfica conservan una unidad teórica: el diálogo entre los postulados de la resistencia de Scott, las ideas gramscianas de hegemonía y la tesis de la formación del Estado como regulación moral de Corrigan y Sayer. (…)
📬Si este tipo de historias es justo lo que buscas, y quieres recibir actualizaciones y mucho contenido que no creemos encuentres en otro lugar, suscríbete a este substack. Es gratis, y puedes cancelar tu suscripción cuando quieras: Qué piensas de este contenido? Estamos muy interesados en conocer tu opinión sobre este texto, para mejorar nuestras publicaciones. Por favor, comparte tus sugerencias en los comentarios. Revisaremos cada uno, y los tendremos en cuenta para ofrecer una mejor experiencia.Fuente: Pablo Castro Domingo y Luis Rodríguez Castillo, Antropología de los procesos políticos y del poder.
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Notas y Referencias
- Eduardo Giorlandini y Rodolfo Capon Filas, Diccionario de derecho social: derecho del trabajo y la seguridad social: relaciones colectivas profesionales, voz “Movimientos de Resistencia”, (autor de la voz: E. G.), Rubinzal-Culzoni Editores, Argentina, 1991
Véase También
Bibliografía
Scott, James. 1985. Weapons of the Weak: everyday Forms of Peasant Resistance, Yale University Press, New Haven.
Scott, James. 2000.
Informaciones
Los dominados y el arte de la resistencia. Discursos cultos, Era, México.
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