Pereza
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Pereza en Relación a Ética
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] Noción. Se entiende por pereza la negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados, que procede de la repugnancia ante el esfuerzo que el cumplimiento del deber lleva consigo, y se caracteriza por eJ miedo y la huida de dicho esfuerzo.
Perezoso no es sólo el que deja pasar el tiempo sin hacer nada, el ocioso; sino también el que realiza muchas cosas, pero rehúsa llevar a cabo su obligación concreta: escoge sus ocupaciones según el capricho del momento, las realiza sin energía, y la mínima dificultad es suficiente para hacerle cambiar de trabajo. El perezoso es amigo de las «primeras piedras», pero su incapacidad para un trabajo continuo, metódico y profundo, le impide poner las últimas, acabar con perfección lo que ha comenzado.
La Sagrada Escritura hace una viva descripción del perezoso: pasa el día entre dormir, sestear y descansar (cfr. Prv 6,10), quiere y no quiere cumplir su obligación (ib. 13,4) porque todo le parecen dificultades (ib. 15,19), y así inventa excusas increíbles: «Fuera hay un león, y si salgo seré muerto» (ib. 20,13). Por eso, perderá todos sus bienes (ib. 20,4) y su campo -su trabajo y su propia almaquedará «lleno de ortigas, cubierto de espinas y arruinada la cerca» (ib. 24,31). Le llega a comparar con «la boñiga del buey, que todos los que la tocan, sacuden las manos» (Eccli 22,2).
Acedía o pereza espiritual. Es la pereza que hace referencia a las obligaciones del hombre con Dios. Acedia etimológicamente significa descuido, negligencia, tedio; y en este sentido fue usada por los clásicos griegos y latinos, para significar el descorazonamiento y el cansancio producidos por las dificultades que no se logran vencer. Los Padres de la Iglesia trataron a menudo del tema, por ser frecuente entre monjes y anacoretas; S. Juan Crisóstomo la llama «terrible demonio del mediodía, torpor, modorra y aburrimiento» (Obras, Tratados Ascéticos, ed. BAC, Madrid 1958, 62).
Tomás sintetiza la doctrina anterior, y define la acedia como «la tristeza y la abominación o tedio del bien espiritual y divino» (De Malo, qll a2 c); es una flojedad que conduce al abandono en la vida espiritual, por las dificultades que lleva consigo. La tristeza que produce comporta un claro desorden: porque es un desorden entristecerse de lo que es bueno, y los bienes espirituales en cuanto divinos son los más altos que hay.
La acedia es un pecado contra la caridad. El efecto de la caridad es alegrarse de las cosas de Dios, mientras que el de la acedia es entristecerse de los bienes divinos; por eso es un pecado mortal ex genere suo. Para que de hecho se consume perfectamente el pecado, y, por tanto, sea mortal, no basta sentir una cierta repugnancia por lo espiritual, que no pasaría de ser un pecado leve; es necesario que el entendimiento apruebe esta repugnancia, y deteste los bienes divinos, por las molestias que infligen a la carne.Entre las Líneas En este caso, además de pecado grave, se enumera entre los capitales (véase en esta plataforma: PECADO IV, 4), ya que es punto de arranque del que proceden muchas acciones pecaminosas. S. Tomás (Sum. Th. 2-2 q35 a4 ad2), siguiendo a S. Gregorio Magno, enumera así los principales pecados que se derivan de la acedia:a) Desesperación: es ley de vida que el hombre huya de aquello que le entristece, y el que huye de los bienes espirituales pierde la esperanza (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) de alcanzar su último fin.
b) Pusilanimidad: ante las dificultades que se vislumbran en una empresa, el ánimo se apoca, y no se buscan los medios oportunos -que siempre requieren esfuerzo- para salir de esa situación.
c) Indolencia ante el deber: por cuanto no se está dispuesto a abandonar la postura cómoda y la línea de mínimo esfuerzo.
d) Espíritu crítico: contra los bienes espirituales y las personas que nos empujan hacia ellos; es la malicia y el enfado propios de quien, no queriendo cambiar su mala conducta, se refugia en decir que son los otros los equivocados.
e) Rienda suelta a la imaginación: el perezoso, al no ser capaz de realizaciones concretas, deja que su imaginación construya castillos en el aire, en los que él es protagonista de grandes hazañas; además de ser una pérdida de tiempo, esas falaces imaginaciones con frecuencia acaban siendo ocasión de pecado.
S. Gregorio Magno pone en guardia contra el peligro de la pereza espiritual: «Al perezoso se le ha de hacer saber que muchas veces, cuando no queremos hacer oportunamente las cosas que podemos, poco después, cuando queremos, ya no podemos; porque la desidia del alma, cuando no se sacude con oportuno ardor, aumenta furtivamente con el sopor, el cual hace decaer totalmente el deseo de bien (.). Se dice que la pereza hace venir el sueño porque cuando se deja de querer obrar bien, poco a poco se pierde además el cuidado de pensar bien. Por lo que acertadamente se añade: Y el alma negligente padecerá hambre; porque el alma, cuando no aspira con ardor a lo más alto, se derrama perezosa por los bajos deseos; y por lo mismo que se dispensa de someterse a disciplina, se derrama en deseos de placeres» Obras, Regla Pastoral, ed. BAC, Madrid 1958, 174-175).
En pocas palabras el Señor pinta un cuadro de la acedia en la parábola de los talentos (Mt 25,14-30): el mal siervo quiere disculpar su pereza -no haber hecho fructificar los dones recibidos-, acusando a su Señor de excesiva severidad, pero de nada valen sus excusas, y ha de oír el juicio que merece su acción: «Arrojadle a las tinieblas exteriores, allí será el llanto y crujir de dientes». Esta enseñanza estaba muy clara en los primeros cristianos, a los que exhortaba S. Pablo: «No seáis flojos en cumplir vuestro deber. Sed fervosorosos de espíritu, acordándoos que al Señor es a quien servís» (Rom 12,11).
Por eso, se puede decir que la acedia es el primer obstáculo para alcanzar la santidad, porque hace abandonar la lucha ascética (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), rechaza todo tipo de ayuda y se dispersa en la búsqueda del placer sensible: es el principio de la tibieza (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Además «el hombre triste se porta mal en todo momento. Y lo primero en que se porta mal es en que contrista al Espíritu Santo, que le fue dado alegre al hombre.Entre las Líneas En segundo lugar, comete una iniquidad, por no dirigir súplicas a Dios ni alabarle; y, en efecto, jamás la súplica del hombre triste tiene virtud para subir al altar de Dios» (Pastor de Hermas, Mandamientos, X,3,2, en Padres Apostólicos, ed. BAC, Madrid 1950, 994-995). [rbts name=”etica”]
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Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre pereza en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Ediciones Rialp, 1991, Madrid, España
Véase También
Bibliografía
1. CASIANO, Instituciones, ed. Rialp, Madrid 1959; S. TOMÁS, Sum. Th. 2-2 q35; fD, De Malo qll; S. ALFONSO Ma DE LIGORIo, Theología Moralis, 11, Roma 1907, 766-767; M. PRÜMMER, Manuale Theologíae Moralis, Barcelona 1946, 296-298; C. GANCHO, Pereza, en Ene. Bibl. V,1027; G. BARDY, Acédie, en DSAM 1,166-169; E. VANSTEENBERGUE, Paresse, en DTC XI,20232030; I. COLOSIO, Come nasce 1’accidia, «Riv. di Ascetica e Mistica» 2 (1957) 266-287; 3 (1958) 528-546.
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