Choque de Civilizaciones
Este elemento es una expansión del contenido de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] La tesis del choque de civilizaciones sugiere que el orden mundial (o global) del siglo XXI se caracterizará por una tensión y un conflicto crecientes, pero que este conflicto será de carácter cultural, más que ideológico, político o económico. Según Huntington (1996), el ascenso de la cultura como factor clave de la política mundial (o global) se ha producido a medida que la ideología ha perdido importancia en el mundo de la posguerra fría y la globalización ha debilitado la capacidad del Estado para generar un sentimiento de pertenencia cívica.
Choque Inevitable
Las civilizaciones chocan inevitablemente porque se basan en valores y significados incongruentes, y es especialmente probable que se produzcan tensiones entre China y Estados Unidos y entre el Islam y Occidente.
No obstante, la tesis puede subestimar tanto la naturaleza compleja y fluida de las civilizaciones como su capacidad de coexistencia pacífica.
Datos verificados por: Brooks
Programa de la Civilización de la Modernidad
El programa cultural y político de la modernidad, tal y como cristalizó primero en Europa Occidental a partir de alrededor del siglo XVII, estaba arraigado en las premisas de la civilización europea y de la experiencia histórica europea, y llevaba estas huellas, pero al mismo tiempo se presentaba y se percibía como de validez y alcance universales.
La innovación radical de este programa cultural, tal y como se desarrolló en Europa, radicó, en primer lugar, en la “naturalización” del hombre, la sociedad y la naturaleza; en segundo lugar, en la promulgación de la autonomía y la supremacía potencial de la razón en la exploración e incluso la configuración del mundo; y en tercer lugar, en el énfasis en la autonomía del hombre, de su razón y/o voluntad.
En relación con estas orientaciones se produjeron transformaciones de gran alcance en el simbolismo y la estructura de los centros políticos modernos, en comparación con sus predecesores en Europa o con los centros de otras civilizaciones. [rtbs name=”civilizacion-occidental”] [rtbs name=”renacimiento-de-la-civilizacion-occidental”] El quid de esta transformación fue, en primer lugar, la carismatización de los centros políticos como portadores de la visión trascendental del programa cultural de la modernidad; en segundo lugar, el desarrollo de continuas tendencias a la permeabilización de las periferias por parte de los centros y del impacto de las periferias en los centros, de la concomitante difuminación de las distinciones entre centro y periferia; y en tercer lugar, la incorporación de temas de protesta como componentes básicos y legítimos de las premisas de estos centros. Estos temas se convirtieron en componentes centrales del proyecto de emancipación, un proyecto que pretendía combinar la igualdad y la libertad, la justicia y la autonomía (véase qué es, su concepto; y también su definición como “autonomy” en el contexto anglosajón, en inglés), la solidaridad y la identidad del discurso y la práctica política modernos. El programa también implicaba un modo distintivo de construcción de los límites de las identidades colectivas. Dichas identidades no se tomaron como preordenadas por alguna autoridad trascendental, sino que se construyeron y problematizaron continuamente, convirtiéndose también en focos de lucha política por parte de los movimientos nacionales y étnicos.
La civilización de la modernidad, tal y como se desarrolló en Occidente, estuvo desde sus inicios acosada por contradicciones internas, dando lugar a un discurso crítico que se centró en las tensiones y contradicciones entre sus premisas, y entre estas premisas y el desarrollo institucional. Las tensiones más importantes de este programa fueron, en primer lugar, las existentes entre las concepciones totalizadoras y las más pluralistas de sus principales componentes -la propia concepción de la razón y su lugar en la vida humana y la sociedad, y de la construcción de la naturaleza, de la sociedad humana y de su historia-; en segundo lugar, entre la reflexividad y la construcción activa de la naturaleza y la sociedad; en tercer lugar, las existentes entre las diferentes evaluaciones de las principales dimensiones de la experiencia humana; y en cuarto lugar, entre el control y la autonomía.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Estas tensiones, contradicciones y antinomias básicas, inherentes al programa cultural de la modernidad, se jugaron y elaboraron continuamente en los principales escenarios institucionales.
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