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Dolor en Psicologia

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Dolor en Psicologia

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Dolor en Psicologia en Relación a Filosofía

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] Dolor y sufrimiento. Resulta difícil, si no imposible, dar una definición satisfactoria del dolor La Fisiología habla de sensaciones desagradables producidas por estímulos de carácter perjudicial. No siempre es así, y por eso dolor y sufrimiento constituyen dos temas de inseparable consideración. Las referencias al dolor se encuentran ya en los primeros testimonios escritos de la humanidad, y es curioso que en dichas menciones el dolor se presente, casi exclusivamente, como un fenómeno humano tan indeseable como unido al hecho de la vida misma. Cuando la Medicina se convierte en profesión dentro de las culturas clásicas del Oriente Medio y de los países mediterráneos, el dolor tiende a interpretarse como un accidente, signo más o menos habitual de la enfermedad como alteración física. Con el rápido desarrollo de las ciencias de la Naturaleza en el siglo XIX, la Fisiología primero y la Psicología después, no dudan en incluir el d., con terminal intención secularizadora, dentro de lo sensorial, como una determinada sensación física desagradable, ya de la piel, ya de los órganos internos, que produce fuerte disgusto. Incluso la palabra sufrimiento, empleada de ordinario en su acepción sinónima de d., a pesar de su evidente raigambre sentimental, llega a ser definida como «dolor interno».
El dolor es el signo más frecuente y molesto de enfermedad. Si a ello se agrega que su experiencia, fuera de situaciones patológicas precisas, puede registrarse en cualquier edad y circunstancia personal, una primera nota parece caracterizarle: su universalidad.
El análisis de las experiencias dolorosas es trascendental para la Antropología. ¿Qué tiene de común el sentimiento de la ausencia de un ser querido con la sensación provocada por una herida, para que ambos hechos se designen con la palabra d.? ¿Por qué se habla de sufrimiento de un órgano? Lo mismo como sensación que como sentimiento, el dolor se registra siempre como una forma de malestar, y si nos referimos a él sin mayores precisiones es porque contamos con que cualquiera tiene o ha tenido alguna noticia experimental del mismo. Obsérvese, en relación con este hecho, otro no menos significativo: si el dolor no se traduce fisiognómicamente, cualquier intento de expresión verbal resulta incapaz para provocar una adecuada sintonía afectiva en quien no lo sufre. Esta precariedad del lenguaje revela la exquisita condición subjetiva y sentimental del dolor Más allá de su correlato somático, evidente en los casos en que la sensación es físicamente provocada, la intensidad e interpretación del dolor y el sentimiento dependen en alto grado de la personalidad del propio paciente (Bodechtel).
La fisiología del dolor es, sin duda, mejor conocida que la de las emociones y demás procesos afectivos. Los primeros trabajos son de Johannes Müller (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), Frey y Rosenbach en el siglo pasado. Los procedimientos electrofisiológicos de exploración han permitido últimamente notables progresos. Se distinguen cuatro fases en la elaboración del proceso (véase en esta plataforma: fig.): 1) Recepción y transmisión de los impulsos algógenos dentro del sistema de la neurona sensitiva. 2) Elaboración en la médula espinal y el bulbo raquídeo. 3) Percepción primaria en el tronco cerebral (subcortical). 4) Percepción y valoración consciente en la corteza cerebral.
Actualmente se discute la existencia de órganos específicamente receptores del dolor (Goldscheider). Parece ser que el efecto algógeno de muy variados estímulos depende de su capacidad para provocar determinados fenómenos eléctricos en las membranas celulares de la zona estimulada (Mead, Fleckenstein y Rosenthal). Dicho efecto es transmitido a través de los nervios de la sensibilidad, formados por tres clases de fibras: A, B y C. Las A y B tienen una envoltura de mielina (véase en esta plataforma: SENSIBILIDAD; NERVIOSO, SISTEMA); las C son amielínicas. La conducción en las fibras A se verifica a la velocidad de 40 m/seg.; en las B, es unas tres veces menor; en las fibras C, la transmisión no pasa de 21- m/seg. Por eso puede distinguirse un dolor inicial y un dolor tardío; y, a la vez, un dolor agudo y superficial y un dolor pando, hondo, lo mismo que ocurre desde el punto de vista psicológico, según se aprecia en las expresiones verbales de los pacientes.Entre las Líneas En todo caso, las sensaciones dolorosas llegan a la médula por las raíces posteriores, donde se separan, junto con las térmicas, de las demás, dando lugar en este nivel a fenómenos reflejos y de irradiación en territorios vecinos a los del estímulo.
Por fibras ascendentes alcanzan el bulbo raquídeo y el tronco cerebral hasta el tálamo (véase en esta plataforma: CEREBRO), estación terminal de los transmisores sensoriales. (Actualmente se admite la conducción dolorosa a través del sistema nervioso vegetativo y de fibras no sensitivas).Entre las Líneas En este nivel, el fenómeno, inicialmente físico-químico, se convierte en experiencia dolorosa, distinguiéndose, según Head, el dolor profundo y primario (protopático) del más fino y discriminatorio (epicrítico), gracias a la participación de la corteza cerebral a través de vías que comunican ambos órganos en las dos direcciones.
Naturaleza del dolor.Si, Pero: Pero la Fisiología no ha resuelto el problema de la naturaleza (origen y finalidad) del dolor Las primeras interpretaciones se inspiran en las ideas evolucionistas del pasado siglo, según las cuales el dolor sería un residuo de arcaicos mecanismos de defensa, cuya rudimentaria reminiscencia actual sería debida a un error biológico. R. Leriche, bien conocido por sus trabajos sobre la cirugía del d., lo considera como un «siniestro regalo» que empequeñece al hombre. El d., inicialmente protopático, debiera evolucionar con la humanidad, en la dirección de la sensibilidad discriminativa, hasta el estado del hombre perfecto, caracterizado idealmente por una existencia basada en puros actos de conocimiento.Si, Pero: Pero tan incomprensible como inverificable sería la vida humana definida en los dos extremos de una estructura referencial exclusivamente dolorosa o exclusivamente noética; sino que una y otra forma de contacto con la realidad se han dado siempre, y en todo hombre, de manera simultánea, sin que frente al d., como frente a cualquier sentimiento sensorial, hambre o sed, p. ej., pueda darse nada que no sea una determinada actitud personal más o menos variable, desde la protesta o la aceptación pasiva a su integración trascendental, pasando por el más común y habitual expediente de su anulación terapéutica (véase en esta plataforma: SENTIMIENTOS).
Por otra parte, el dolor tampoco tiene primordialmente, ni siempre, un papel defensivo. Unas veces invita al conveniente reposo del cuerpo o del órgano enfermo, pero sin que sea regular la proporción entre la gravedad del peligro y la sensación dolorosa. Enfermedades vitalmente graves, como la leucemia, pueden llevar a la muerte sin d., mientras otras, como la neuralgia del trigémino, sólo consisten en dolor órganos vitales de primer orden, como el cerebro, pueden ser manipulados quirúrgicamente sin acusar d., en tanto otros de inferior rango apenas toleran el más leve estímulo doloroso. Otras veces, el dolor más que una manifestación patológica es la expresión de un proceso fisiológico importante: así los dolor del parto, los que acompañan a las erupciones dentarias, los de crecimiento y los de recuperación funcional de ciertos miembros sometidos a tratamiento de reposo.
Estas paradojas fisiológicas y experimentales sólo pueden ser superadas si se aplican al dolor las categorías hermenéuticas de la vida afectiva (véase en esta plataforma: AFECTIVIDAD) y de los sentimientos.
El dolor y el sufrimiento son siempre la expresión de una situación frente a su opuesto afectivo, el placer, el dolor individualiza y personaliza (López lbor). La finalidad del dolor no es una relación pura de la economía biológica, sino que está más allá (Pradines). Kant ya había dicho que el dolor es el aguijón de la acción y la base del sentimiento real de la vida. Más positivas son todavía las significaciones que para el desarrollo espiritual del hombre encuentran en el dolor J (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fichte, E. Jiinger y A. Schopenhauer. Acaso en este sentido, la doctrina definitiva sobre el dolor y el indescifrable misterio del sufrimiento haya de buscarse, como proponía F. Enríquez de Salamanca, en los textos de la Revelación cristiana: en el libro de Job, en los pasajes evangélicos de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y en las cartas paulinas a los Romanos, Corintios y Hebreos, donde se muestra a la vez como una vía de conocimiento y con posibilidades de redención.
Pero el dolor y el sufrimiento, como todo lo humano, están sometidos al vaivén de la historia. Su estimación y las actitudes que provocan están perfectamente condicionadas por factores socio-culturales. La pleamar de la actual civilización ha disminuido de modo considerable el umbral del sufrimiento. La opinión pública parece depender de las posibilidades inmediatas de una especie de arcadia técnica capaz de suprimir todo dolor y sufrimiento. Desde el descubrimiento de la jeringuilla de Pravaz y, sobre todo, a partir de los progresos de la Psicofarmacología (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), el legítimo anhelo de salud se ha trasmutado en un ansia desmedida de placer: no sólo se huye del d., sino que las gentes tienden a evadirse de los propios condicionamientos reales. Intereses económicos inconfesables mantienen el tráfico de productos naturales y sintéticos cuya acción degradante (véase en esta plataforma: ALUCINACIONES) física y moralmente está fuera de toda duda. [rbts name=”filosofia”]

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Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre dolor en psicologia en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Véase También

Bibliografía

GION CONDRAU, Angustia y culpa, Madrid 1968; F. ENRÍQUEZ DE SALAMANCA, Tratado de Patología médica, Madrid 1950; P. LERSCH, La estructura de la personalidad, I, Barcelona 1958; J. J. LÓPEZ IBOR, Lecciones de Psicología médica, I, Madrid 1957; ÍD, Las neurosis como enfermedades del ánimo, Madrid 1966.

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