Fama
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Fama en Relación a Cultura
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1]
Definición y fundamento
El hombre tiene en la teología católica un lugar destacado y de excepción. Sólo pequeñas corrientes de la literatura cristiana, con resabios de las viejas herejías gnósticas, cátaras y maniqueas (véase en esta plataforma: DUALismo) acusan un concepto pesimista del hombre. Dentro de las diversas teologías cristianas, la concepción católica es más optimista que la protestante. La teología luterana admite una corrupción de la naturaleza humana como consecuencia del pecado original. Para la doctrina católica, por el contrario, el hombre no está corrompido sino herido y el reconocer esta herida le abre a la lucha por la libertad (véase en esta plataforma: HOMBRE). La dignidad humana está fundada, en su origen, por la creación y se agranda en el bautismo por la participación de la vida divina. Creación y elevación bautismal dan al hombre una excelencia sin igual en el ámbito de los seres intramundanos. Esa dignidad debe ser reconocida y su excelencia promulgada. De aquí que el honor y la f. no sean más que consecuencias de la dignidad de la persona.
El honor lo define S. Tomás como testificación y reconocimiento de la excelencia de una persona, y la f. es la estima de la excelencia de alguien exteriormente manifestada y que por ello merece admiración y elogio (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). F. y honor son términos correlativos y reflejan la dignidad del hombre. Sólo a partir de esa dignidad radical de la persona humana se puede hablar de f., como también de pecado de difamación o de calumnia cuando el hombre, por sus propios defectos, verdaderos o falsos, aminora o pierde esa dignidad. El origen de la dignidad de la persona -participación de Dios por pura graciahace que el honor humano sea el reflejo del honor y dignidad de Dios, y esto impide el absolutizar la dignidad del hombre sin caer en el pecado de soberbia o de vanidad que es «gloria vana» (Mt 6,1 ss.) (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). F. y humildad no están en oposición en la ascética cristiana. La humildad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) es el reconocimiento de esa dignidad y la aceptación de la dependencia participada de la inmensidad de Dios. Esa dignidad participada, reconocida y proclamada es la f. del hombre.
El honor humano y el desprecio de la cruz.Si, Pero: Pero el honor y la f., como valores cristianos de la persona, tienen sus riesgos… Véase también:
- Riesgo Legal
- Riesgo País
- Aversión al Riesgo
- Riesgo Subjetivo
- Riesgo Percibido
- Riesgo Objetivo
- Riesgo Funcional
- Riesgo Comparativo
- Conductas de Riesgo
- Caracteres del Riesgo
- Riesgo Moral
La soberbia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), el más grave pecado del espíritu, nace y se nutre del mismo humus que el honor. Aquí aparece la paradoja cristiana de la cruz: el deber del cristiano de velar por conservar su honor y su f., y la alabanza y gloria perdida por Cristo y por el Evangelio: «Bienaventurados seréis cuando os injurien y persigan y digan todo mal contra vosotros, mintiendo por causa mía. Alegraos y regocijaos porque es grande vuestra recompensa en el cielo» (Mt 5,11-12). Y los consejos de S. Pedro: «Si se os ultraja por el nombre de Cristo, dichosos sois porque reposa sobre vosotros el espíritu de la gloria, que es el Espíritu de Dios. Que ninguno de vosotros sufra por asesino, o por ladrón, o por injerencia en asuntos ajenos; mas si sufre como cristiano, que no se avergüence, sino que glorifique a Dios por este título» (I Pet 4,14-15).
La clave de esta paradoja está en que el honor y la f. sólo tienen un valor relativo. Son el reflejo de la dignidad de Dios en el hombre y el candelero que eleva y extiende la luz del Reino: «Para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre celestial» (Mt 5,16); pero Dios puede saltar por encima de todos esos valores relativos para centrarlos en el carácter absoluto de la Cruz: «pues yo nunca entre vosotros me precié de saber otra cosa que a Jesucristo y a éste crucificado» (1 Cor 2,2); «En cuanto a mí, jamás me glorié sino en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo» (Gal 6,14).
Estas expresiones paulinas son reflejo de la actitud de Cristo que «teniendo la naturaleza de Dios… se anonadó a sí mismo… y se humilló haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de Cruz. Por esto Dios le exaltó y le dio un nombre que está sobre cualquier otro, para que al nombre de Jesús doble la rodilla cuanto hay en los cielos, en la tierra y en los infiernos, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre» (Philp 2,5-11). Aquí la gloria humana participada se ha absorbido en la gloria absoluta de Dios; por eso el deshonor se ha convertido en honor.
Puntualización
Sin embargo, para los fieles -bautizados y crucificados en Cristo- el honor y la f. son camino y luz que ayudan a llevar a Dios: «Portaos dignamente en medio de los paganos para que en lo mismo que os denigran como malhechores, observando vuestras obras buenas, glorifiquen a Dios» (I Pet 2,12). Y el grito imperativo de S. Pablo: «Sois luz en el Señor» (Eph 5,8), eco de las palabras de Cristo: «vosotros sois la luz del mundo… que vuestra luz brille delante de los hombres» (Mt 5,14-16). De aquí la responsabilidad de guardar y defender la buena f. y trabajar por lograr un prestigio profesional.Entre las Líneas En efecto, el laico cristiano, obligado a la santificación personal y al apostolado, debe tener un gran prestigio en su profesión: la profesión es lugar de encuentro personal con Dios y el prestigio la luz que indica el camino a los que con él conviven pero andan en tinieblas. Por eso el prestigio profesional es expresión de la laboriosidad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y una nueva virtud en el haber de las virtudes laicales.
Obligación de conservar y defender la fama. El cristiano tiene obligación de adquirir y conservar su prestigio, huyendo en todo caso de la ambición (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), que es la búsqueda ansiosa de los honores inmerecidos. La ambición tiene como fundamento la soberbia y vanidad personal y, con frecuencia, va acompañada de injusticia por alcanzar, con perjuicio de otro, los honores que no le son debidos. Cuando la reputación personal es necesaria para cumplir los deberes de estado, y cuando de su disminución se siguen males para sí o para la familia o para la sociedad civil o religiosa, hay obligación de defenderla incluso por vías legales. Así no es extraño que los Apóstoles aconsejen velar por el honor: «estad siempre dispuestos a defenderos frente a cualquiera que os exija razón de vuestra esperanza, mas con dulzura y respeto, en posesión de una buena conciencia para que se avergüencen por su misma calumnia los que difaman vuestro buen comportamiento en Cristo» (I Pet 3,15-16). El mismo Jesús se defendió del injusto trato del siervo del sumo sacerdote: «Si hablé mal, demuéstralo; y si bien, ¿por qué me pegas?» (lo 18,23) y defendió su fama frente a las acusaciones de los fariseos: «Yo no soy endemoniado, sino que honro a mi padre; pero vosotros me deshonráis a mí. Mas yo no busco mi gloria; hay quien la busca y juzga» (lo 8,49-50). La defensa de la f. se ha de hacer siempre con caridad, conforme al espíritu del Evangelio.Entre las Líneas En todo caso, aun en la defensa legal de la propia f. conviene evitar un celo excesivo del honor propio, porque fácilmente a los motivos justos se juntan otros menos nobles. Incluso en asuntos que no tienen importancia para el buen nombre o el honor, el cristiano ha de saber callarse, poniendo el propio honor en las manos de Dios y soportando serenamente las ofensas, imitando el ejemplo de Aquel que «era maldecido y no maldecía» (1 Pet 2,23).
La sociedad y el Estado tienen obligación de velar y defender la buena f. de las personas e instituciones. El honor y la f. son condiciones de la paz social. Una sociedad en la que cundiere el menosprecio de la persona o de las instituciones estaría seriamente amenazada, ya que la convivencia social se haría imposible.
V. t.: HONOR; CALUMNIA II; DIFAMACIÓN; INJURIA. [rbts name=”cultura”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
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Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre fama en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
E. W. ZIMMERMANN, Willezur Ehre, «Zeitschr. für Aszese und Mystik» 3 (1928) 332-345; I (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). FARRAHER, Detractio et ius in tamam, «Periodica de re moraai, canonica et liturgica» 41 (1952) 6-35; H. REINER, Die Ehre. Kritische Lichtung einer abendlándischen Lebens-und Littlichkeitsform, Francfort 1956; A. ÉTIENNE, Les londements du droit á 1’honneur et á la réputation, «Rev. Dioc. Namur» (1957), 251-260; A. LANZA, P. PALAZZINI, Principios de teología moral, II, Madrid 1958, 297 ss.; G. MAY, Die Kirchliche Ehre als Voraussetzung der Teilnahme am dem eucharistischen Mahle, Leipzig 1960; A. VAN KOL, Theologia moralis, I, Friburgo Br. 1968; 1 MAUSBACH, G. ERMECKE, Teología Moral Católica, Pamplona 1971.
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