José Ortega y Gasset
Este elemento es un complemento de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs]
Vida de José Ortega y Gasset
La vida y la obra de don José Ortega y Gasset, nacido en Madrid en 1883 y fallecido en la misma ciudad el 18 de octubre de 1955, no pueden ser entendidas, tanto en sus años de presencia como en los de ausencia de la patria, sin tener en cuenta las circunstancias españolas de la primera mitad de siglo. Como él mismo dijo: «Lo que yo hubiera de ser tenía que serlo en España, en la circunstancia española» (VI, 348). doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Madrid el año 1904, se traslada después a Alemania –«huyendo del achabacanamiento de mi patria, como un escolar medieval»–, afincándose al cabo espiritualmente en Marburgo, donde oye a Cohen y a Natorp. El idealismo lógico, sedicente neokantiano, será el nivel histórico desde el que y contra el que va a ir haciéndose y definiéndose la filosofía de Ortega. Vuelto a España, gana en 1910 la cátedra de Metafísica de la Universidad de Madrid, que ejercerá ininterrumpidamente hasta su salida de España en 1936, junto con una plural actividad pública.
Actividad de José Ortega y Gasset
Como movilizador de la vida cultural española, hace crítica literaria y de arte, promueve las traducciones y, sobre todo, funda el año 1923 la Revista de Occidente, de gran importancia como editorial y como publicación periódica.Entre las Líneas En ella da a conocer el pensamiento alemán contemporáneo y ofrece tribuna a lo más novedoso del pensamiento y la literatura hispana de la época.
Como escritor, se muestra modelo insuperable de la exposición de ideas dentro de los géneros del ensayo y el artículo corto («El Espectador», 1923-24). Dotado de una imaginación muy plástica, en lugar de dirigirla hacia la ficción, la puso íntegra al servicio de las ideas, vistiéndolas de espléndidas metáforas. De la metáfora dirá que constituye «una forma de pensamiento científico» (II, 387) y que «representa, en lógica, la caña de pescar o el fusil» (II, 391). Claridad, agudeza, garbo, creación de neovocablos y, a la vez, repristinación de castizos decires, son, con el uso constante de la metáfora, los rasgos más sobresalientes de su prosa. El corte de la frase es conciso y eufónico, y la selección de los detalles le revela un maestro en la combinación de lo grave con lo festivo. Usa de las palabras más por lo que sugieren que por lo que definen, lo cual le hace bordear a veces peligrosamente la retórica.
Predispuesto por tradición familiar a interesarse por lo público (su padre, José Ortega Munilla (v.), académico, fue durante muchos años director del Imparcial, uno de los diarios más influyentes de la época), heredero del ideal europeizador de la llamada generación del 98 –aunque ligeramente más joven que sus más conspicuos representantes y de la «Institución Libre de Enseñanza», que se remontaba al krausismo, Ortega desempeña también un papel de primer orden como orientador de la sociedad española y, más adelante, incluso de la sociedad occidental. Durante la Primera Guerra Mundial pone en pie la «Liga de educación política» (discurso «Vieja y nueva política», 1914), de escasa eficacia inmediata. El año 1921 da su visión del «problema de España» en un libro cuyo título es también su más conciso resumen: España invertebrada. Partiendo de que «la acción recíproca entre masa y minoría selecta… es el hecho básico de toda sociedad y el agente de su evolución» (III, 103), diagnostica el morbo hispano como «carencia de minorías egregias e imperio imperturbado de las masas» (III, 128). Y propone como remedio a esta decadencia secular «el reconocimiento de que la misión de las masas no es otra que seguir a los mejores» (III, 126), exhortando a éstos a un «apetito de todas las virtudes».
En La rebelión de las masas, aplicando los mismos principios, pronostica a todo el mundo occidental una crisis social incipiente que por entonces (1926) apenas nadie advertía. Caracteriza certeramente al hombre-masa por la «libre expansión de sus deseos vitales», su «radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia», la decisión de «no apelar de sí mismo a ninguna instancia superior», el juzgarse perfecto, el empleo de la acción directa, el desinterés por la ciencia pura, &c.
Pormenores
Los hechos ocurridos en torno a la Segunda Guerra Mundial (en parte todavía perdurantes) vinieron a confirmar la previsión de Ortega, haciendo de su libro uno de los más leídos y traducidos al terminar la contienda.
En la crisis política que precedió al advenimiento de la República (1931) se manifestó –como otros muchos intelectuales– partidario de la abolición (nota: el abolicionismo es una doctrina contra la norma o costumbre que atenta a principios morales o humanos; véase también movimiento abolicionista y la abolición de la esclavitud en el derecho internacional) del régimen imperante («Delenda est monarchia!»). Creador de la «Asociación para la protección de [621] la República», diputado, pronto le defraudó el rumbo demagógico que tomaba el nuevo régimen y se desligó de la política («¡No es eso, no es eso!». Rectificación de la República). Fueron aquellos los años de máxima vigencia pública de Ortega.Entre las Líneas En las famosas conferencias En torno a Galileo (1933), que hicieron de la filosofía, por un momento, un espectáculo de moda, enuncia su teoría de las generaciones.
Exiliado al comienzo de la guerra civil, Ortega queda en lo sucesivo fuera de la escena pública española y se convierte, por fuerza de las circunstancias bélicas subsiguientes, en un cosmopolita errante malgrè lui. Su tono como escritor se vuelve más grave, su estilo más austero y ágil y su pensamiento más abstracto y sistemático, ciñéndose cada vez más a la filosofía.
También de interés para José Ortega y Gasset:- Filosofía y cine
- Metafísica
- Filosofía del siglo XIX
- Ética
- Epistemología
- Filosofía y música
- Fenomenología
- Filosofía del lenguaje
- Filosofía del Derecho
- Filosofía de la Religión
- Teísmo
- Filosofía social y política
- Estética
- Filosofía de la ciencia
- Filosofía antigua
- Filosofía del siglo XVIII
- Cognición incorporada
- Filosofía del siglo XX
- Filosofía antigua y religión
- Manual de ética de la virtud
- Neoplatonismo
- Filosofía y Religión de la Edad Moderna
- Filosofía y Religión del Siglo XIX
- Filosofía medieval de la religión
- Ética global
- Hermenéutica
- Bioética
- José Ortega y Gasset
- Ética de la virtud
- Filosofía del deporte
- Filosofía contemporánea de la religión
- Filosofía del bienestar
- Ética de la alimentación
- Filosofía de la Medicina
- Cognición epistémica
- Libre albedrío
- Filosofía de la información
- Filosofía de la biodiversidad
- Filosofía de la mente social
- Filosofía de las ciencias sociales
- Filosofía contemporánea de la física
- Filosofía de la imaginación
- Filosofía del siglo XVI
Ya en las Meditaciones del Quijote, en 1914, había apuntado las ideas con las que iba a ir construyendo, ladrillo a ladrillo, al azar siempre de las circunstancias, su nunca rematado sistema filosófico. Allí aparecía incidentalmente la famosa frase «yo soy yo y mi circunstancia» (I, 322), elevada por él del plano biológico al ontológico, de la que diría años más adelante, al echar una ojeada retrospectiva en el prólogo a sus Obras, que condensaba «en último volumen» su pensamiento filosófico (VI, 347).Entre las Líneas En conexión con ella había esbozado también allí el germen de lo que sería el perspectivismo. La perspectiva es un componente necesario de la realidad, y entre las perspectivas no hay ninguna privilegiada. La verdad absoluta –inasequible al hombre– habría de ser la integración jerárquica de la totalidad de las perspectivas. Por tanto, la realidad (entendiendo por tal lo que últimamente se opone a mi vivencia) ya no puede ser entendida dentro de la disyunción tradicional de sujeto y objeto, yo y no yo. La realidad lo es sin mí, pero es ella lo que es. Frente al idealismo (yo sin cosas) y al realismo (cosas sin yo, yo entre las cosas), Ortega propondrá como solución radical al problema del conocimiento: «yo con las cosas». Así la vida (en el sentido biográfico, esto es: consciente y responsable), pasa a ser la «realidad radical».
Estas ideas –que funcionan en la obra de nuestro filósofo como los motivos musicales en una sinfonía– son acrecentadas y enriquecidas el año 1923, en El tema de nuestro tiempo, con el «raciovitalismo». Aquí toma la vida no tanto por el lado ontológico, cuanto por el axiológico. Frente al racionalismo o «beatería de la cultura», que domina desde hace siglos la cultura, debe reconocerse a la vida como un valor «autónomo» (Goethe, Nietzsche), pero sin incurrir por ello en un vitalismo irracionalista (Rousseau) o primitivismo. «No menos que la justicia, que la belleza o que la virtud, la vida vale por sí misma.» De donde una ética de la ilusión frente a la usual del deber. Lo mejor no se lo ha de hacer por imposición heterónoma, sino por deseo íntimo (como el deporte) en fuerza del imperativo vital que nos impulsa a «ser [mejor] lo que se es».
En los ensayos del espectador, al conjunto de una exquisita elaboración literaria y de su fina sensibilidad para todos los valores, puso en marcha esa «razón vital», espumando en lo real los aspectos apolíneos y mostrándose goloso aristócrata del espíritu. Hasta a la misma muerte la incorporó al cuadro como un matiz conveniente para el acorde total; representa el fámulo que desaloja de obras conclusas el taller del escultor.
Para el homenaje a Cassirer (1935) compone otro pequeño libro que hace hito en la trayectoria de su pensamiento: Historia como sistema. «El hombre no tiene naturaleza, sino historia» (VI, 41), la cual es «el sistema de las experiencias humanas que forman una cadena inexorable y única» (VI, 43). Para entenderla se necesita una razón adecuada: «la razón histórica», a la que debe ceder la antorcha olímpica de ahora en adelante la razón fisicomatemática, vigente desde el advenimiento de la «nueva ciencia» en el siglo XVII.
Los escritos de los años siguientes manifiestan su creciente interés por los temas sociales e históricos, que las crisis políticas y bélica hacían ingratamente actuales. Desde 1945, regresado de la Argentina, Ortega vive administrativamente en Lisboa, cordialmente en Madrid y espiritualmente en Alemania, donde el estudiante de antaño es acogido ahora como maestro. Durante estos años pronuncia conferencias de gran resonancia, prologa libros ajenos (Brehier, Yebes), pero no publica ya ninguno propio de importancia. De los dos de que en 1940 se decía «parturiento» (V, 379), Aurora de la razón histórica y El hombre y la gente, únicamente el segundo apareció póstumo. «Los hechos sociales constitutivos –se dice en él– son usos» (VII, 76), caracterizados por ser impersonales (lo que «se» dice, hace, valora), irracionales para cada individuo y por ejercer presión, no obstante, sobre él. De ahí que al individuo oponga Ortega la «gente».
Más Información
Los otros dos libros póstumos de mayor interés filosófico (La idea de principio en Leibniz, Origen y epílogo de la filosofía) revelan la visión orteguiana –organización y valoración– de la historia de la filosofía, pero ya no añaden nada sustancial a la suya propia.
Por haberse dirigido siempre Ortega, fuese cualquiera el tema, a lo «principal» y fundamentalmente por no haber respetado las usuales diferencias de los géneros literarios según los temas, se ha pretendido reducir a unidad su proteica actividad definiéndole enterizamente como filósofo, aunque para ello fuese necesario cambiar el concepto mismo del profesor en la medida en que no se le acomodase.Entre las Líneas En verdad, su figura fue plural y el intento de unificarla la violenta y, en definitiva, la empobrece.
El deseo –ampliamente conseguido– de crear un público amplio interesado por la filosofía, además del estrictamente académico, la avidez por los temas nuevos, la presión íntima del escritor que a veces desbordaba en él al frío intelectual y cierto incompromiso con las cuestiones vidriosas (baste decir que eludió cuidadosamente tomar posición ante opciones básicas como la existencia de Dios personal, inmortalidad del alma, ley natural, etc.) determinaron que no llegase a presentar nunca su sistema relativamente rematado.Si, Pero: Pero su método y estilo mental inspiran actualmente a numerosos intelectuales en el mundo intelectual español e hispanoamericano.
En todo caso, prescindiendo de la categorización que le corresponda y tomando en su cruda realidad plural, Ortega y Gasset representa (no obstante cierta desmesura en las afirmaciones y escasa sensibilidad, para los aspectos no «apolíneos» de la existencia) la aportación más valiosa de la España de (mediados del siglo XX) a la cultura universal.
Fuente: Krausismo, Enciclopedia de la Cultura Española, Editora Nacional, tomo 4, páginas 620-621.
Véase También
Bibliografía
Charles Cascales, L’humanisme d’Ortega y Gasset; J. Ferrater Mora, Ortega y Gasset. Etapas de una filosofía; Gonzalo Fernández de la Mora, Ortega y el 98; P. Garagorri, Ortega. Una reforma de la filosofía; Julián Marías, La escuela de Madrid; Idem, Ortega y Gasset, vol. I, Circunstancia y vocación; S. Ramírez, La filosofía de Ortega y Gasset.
.
José Ortega y Gasset Pensamiento (Historia)
Al margen de sus escritos de crítica social e histórica, muy influyentes en su tiempo, y de su actividad de animación cultural de la España del primer tercio del siglo XX, ciertas ideas ocuparon un lugar central en el pensamiento de Ortega y Gasset. Entre ellas, el concepto de perspectiva y su peculiar noción de razón, que consideraba unida a la vida, poseen una importancia especial.
Ortega expuso el concepto de “perspectiva” en su ensayo Verdad y perspectiva, que apareció publicado en 1916 en el primer volumen del Espectador. Se trata de un concepto que tiene resonancias en la obra de los filósofos alemanes Gottfried Wilhelm Leibniz, Friedrich Nietzsche y Gustav Teichmüller, pero que en la obra de Ortega poseyó un tono original. Pensaba que la realidad se ofrece a los individuos en una gran variedad de perspectivas singulares. Cada una de ellas es una forma de realidad y, al mismo tiempo, forma una posibilidad de conocimiento de lo real. Es decir, una perspectiva supone siempre la combinación de un nivel ontológico y epistemológico y la realidad equivaldría a la suma de las perspectivas posibles en que se presenta y según las que puede analizarse.Entre las Líneas En alguna medida, la perspectiva es semejante a un “punto de vista” o a la comprensión parcial de algo. Debe notarse que la perspectiva elimina la posibilidad de acceso inmediato a una realidad inmutable, lo que se encuentra muy unido al concepto de “circunstancia”, que Ortega hizo famoso en su expresión: “Yo soy yo y mi circunstancia”. De hecho, Ortega mantuvo los principios esenciales de su perspectivismo en etapas posteriores de su pensamiento.
Desde finales de la década de 1920 desarrolló un concepto de razón que se encuentra unida a una nueva consideración de la vida: el “raciovitalismo”. Esta combinación supuso una de las más notables aportaciones de su pensamiento y se convirtió en uno de los rasgos esenciales de éste. Para Ortega, la vida es la verdadera realidad radical, de la que surge cualquier problema que pueda ser relevante y cualquier sistema filosófico posible. Para cada ser humano, la vida toma una forma concreta y determinada, que se construye a sí misma de acuerdo con diferentes circunstancias (o perspectivas que la vida toma para cada uno). De hecho, la vida es una realidad radical y última; más aún: ella tiene en sí misma su propia finalidad, y no hay realidad alguna que pueda trascenderla. Por ello, la vida de cada ser humano es, para él, su propia finalidad y debe entregarse a su elucidación si desea salvarse a sí mismo.
Junto a esta afirmación de la vida y a la necesidad de elucidar o responder a los problemas que la vida plantea, expuso la necesidad de un nuevo tipo de razón, que se aleja de la razón abstracta y meramente teórica, siempre separada y “abstraída” de las circunstancias vitales, que ha sido común en la tradición de la filosofía occidental. Denominaba “razón vital” a este nuevo tipo de razón y “raciovitalismo” al modo de pensar que se apoyaba en su nuevo concepto de razón. La razón vital es una razón que se sustenta constantemente en la vida de la que ha surgido. Es decir, la vida, como realidad dinámica, que siempre está en proceso de elaboración, es una incesante fuente de problemas y cuestiones relevantes y obliga siempre, a quien la vive, a “saber a qué atenerse”, a orientarse continuamente en sus decisiones. Pues bien, esta orientación exige una razón que acompañe a la vida y que encuentre en ella su fundamento. Es decir, una “razón vital”.
Consideraciones Jurídicas y/o Políticas
[rtbs name=”politicas”]Su Vida y su Obra
José Ortega y Gasset (1883-1955), filósofo y ensayista español. Famoso por su crítica humanista de la civilización contemporánea, fue uno de los pensadores más significativos e influyentes del siglo XX.
Pensamiento
Al margen de sus escritos de crítica social e histórica, muy influyentes en su tiempo, y de su actividad de animación cultural de la España del primer tercio del siglo XX, ciertas ideas ocuparon un lugar central en el pensamiento de Ortega y Gasset. Entre ellas, el concepto de perspectiva y su peculiar noción de razón, que consideraba unida a la vida, poseen una importancia especial.
Ortega expuso el concepto de “perspectiva” en su ensayo Verdad y perspectiva, que apareció publicado en 1916 en el primer volumen del Espectador. Se trata de un concepto que tiene resonancias en la obra de los filósofos alemanes Gottfried Wilhelm Leibniz, Friedrich Nietzsche y Gustav Teichmüller, pero que en la obra de Ortega poseyó un tono original. Pensaba que la realidad se ofrece a los individuos en una gran variedad de perspectivas singulares. Cada una de ellas es una forma de realidad y, al mismo tiempo, forma una posibilidad de conocimiento de lo real. Es decir, una perspectiva supone siempre la combinación de un nivel ontológico y epistemológico y la realidad equivaldría a la suma de las perspectivas posibles en que se presenta y según las que puede analizarse.Entre las Líneas En alguna medida, la perspectiva es semejante a un “punto de vista” o a la comprensión parcial de algo. Debe notarse que la perspectiva elimina la posibilidad de acceso inmediato a una realidad inmutable, lo que se encuentra muy unido al concepto de “circunstancia”, que Ortega hizo famoso en su expresión: “Yo soy yo y mi circunstancia”. De hecho, Ortega mantuvo los principios esenciales de su perspectivismo en etapas posteriores de su pensamiento.
Desde finales de la década de 1920 desarrolló un concepto de razón que se encuentra unida a una nueva consideración de la vida: el “raciovitalismo”. Esta combinación supuso una de las más notables aportaciones de su pensamiento y se convirtió en uno de los rasgos esenciales de éste. Para Ortega, la vida es la verdadera realidad radical, de la que surge cualquier problema que pueda ser relevante y cualquier sistema filosófico posible. Para cada ser humano, la vida toma una forma concreta y determinada, que se construye a sí misma de acuerdo con diferentes circunstancias (o perspectivas que la vida toma para cada uno). De hecho, la vida es una realidad radical y última; más aún: ella tiene en sí misma su propia finalidad, y no hay realidad alguna que pueda trascenderla. Por ello, la vida de cada ser humano es, para él, su propia finalidad y debe entregarse a su elucidación si desea salvarse a sí mismo.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Junto a esta afirmación de la vida y a la necesidad de elucidar o responder a los problemas que la vida plantea, expuso la necesidad de un nuevo tipo de razón, que se aleja de la razón abstracta y meramente teórica, siempre separada y “abstraída” de las circunstancias vitales, que ha sido común en la tradición de la filosofía occidental. Denominaba “razón vital” a este nuevo tipo de razón y “raciovitalismo” al modo de pensar que se apoyaba en su nuevo concepto de razón. La razón vital es una razón que se sustenta constantemente en la vida de la que ha surgido. Es decir, la vida, como realidad dinámica, que siempre está en proceso de elaboración, es una incesante fuente de problemas y cuestiones relevantes y obliga siempre, a quien la vive, a “saber a qué atenerse”, a orientarse continuamente en sus decisiones. Pues bien, esta orientación exige una razón que acompañe a la vida y que encuentre en ella su fundamento. Es decir, una “razón vital”.
Vida y Obra
Nació el 9 de mayo de 1883 en Madrid. Cursó estudios superiores en la universidad de su ciudad natal desde 1898 hasta 1904, año este último en el que se doctoró en Filosofía y Letras con una tesis titulada Los terrores del año mil. Crítica de una leyenda.
Secuencia
Posteriormente, desde 1904 hasta 1908, completó su formación en las universidades alemanas de Leipzig, Berlín y Marburgo. Tras regresar a España, obtuvo la cátedra de Metafísica en la Universidad Central de Madrid
, en la cual impartió su magisterio desde 1910 hasta 1936.Entre las Líneas En 1914 publicó Meditaciones del Quijote, donde plasmó los grandes trazos de su primer pensamiento filosófico (en el que fue muy clara la influencia de Immanuel Kant) y sus reflexiones sobre el hecho artístico (ampliadas en 1925 con la publicación de La deshumanización del arte).
A comienzos de la década de 1920 sus escritos adoptaron una óptica menos subjetivista y estuvieron más orientados a analizar los comportamientos sociales de las “masas”, que para él conformaban la base de la sociedad característica de la edad contemporánea. Se iniciaba así la denominada “etapa perspectivista” de su pensamiento, en la cual se enmarcaron obras tales como España invertebrada (1921), El tema de nuestro tiempo (1923) y su título más destacado y de mayor trascendencia, La rebelión de las masas (1930).Entre las Líneas En este último ensayo criticaba la influencia destructiva de la mentalidad general y, por lo tanto, del individuo mediocre (al que definió como “hombre-masa”), que de no ser dirigido por una minoría intelectual y moralmente superior alentaría el ascenso del autoritarismo. Hacia finales de la década de 1920 comenzó la llamada “etapa raciovitalista” de su filosofía, en la que abordó una nueva profundización que reflejan, entre otras obras, Kant (1724-1924): Reflexiones de centenario (1929), En torno a Galileo (1933), Ideas y creencias (1940) e Historia como sistema (1941).
Ortega y Gasset publicó también numerosos comentarios y artículos en periódicos a los que se sintió muy ligado: El Imparcial (creado en 1867 por su abuelo, Eduardo Gasset y Artime) y El Sol. Fue, asimismo, fundador de las revistas España (publicada desde 1915 hasta 1924) y Revista de Occidente (de carácter mensual; su primer título apareció en julio de 1923 y el último en junio de 1936), que sirvieron para difundir las tendencias filosóficas y culturales del primer cuarto del siglo XX, principalmente las de procedencia alemana y las obras de españoles (como los hermanos Manuel y Antonio Machado, o jóvenes poetas que formarían la generación del 27). Sus comentarios en periódicos y revistas fueron recopilados en El Espectador (8 vols., 1916-1934).
📬Si este tipo de historias es justo lo que buscas, y quieres recibir actualizaciones y mucho contenido que no creemos encuentres en otro lugar, suscríbete a este substack. Es gratis, y puedes cancelar tu suscripción cuando quieras: Qué piensas de este contenido? Estamos muy interesados en conocer tu opinión sobre este texto, para mejorar nuestras publicaciones. Por favor, comparte tus sugerencias en los comentarios. Revisaremos cada uno, y los tendremos en cuenta para ofrecer una mejor experiencia.Opuesto a la dictadura del general Miguel Primo de Rivera (1923-1930), sus artículos, conferencias y ensayos (de carácter filosófico, pero también político) contribuyeron al notable renacimiento intelectual que conoció España durante las primeras décadas del siglo XX. Las consecuencias políticas de toda esta situación llegaron en 1931, con la caída del rey Alfonso XIII, de la propia institución monárquica y la proclamación de la II República. Ortega intervino en estos hechos de la historia española de manera propiciatoria. Creó un grupo político, Agrupación al Servicio de la República, en el que también militaron Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala (con los cuales firmó el denominado Manifiesto de los Intelectuales, favorable al advenimiento del régimen republicano) y por cuyas listas fue elegido diputado a las Cortes Constituyentes en 1931. Descontento con la orientación de la Constitución emanada de aquéllas en diciembre de ese mismo año, abandonó su escaño.
Tras el estallido de la Guerra Civil en 1936, Ortega abandonó España. Residió en Francia, Países Bajos, Argentina y Portugal, y no regresó a su país hasta 1945. Durante la última etapa de su vida fundó el Instituto de Humanidades (1948) en Madrid y escribió sus afamados estudios sobre pintores españoles, en especial Papeles sobre Velázquez y Goya (1950) y Velázquez (1955). José Ortega y Gasset falleció el 18 de octubre de 1955 en Madrid. Tras su muerte vieron la luz, con carácter póstumo, algunos destacados trabajos como Meditaciones sobre Europa (1957), El hombre y la gente (1957) y Qué es filosofía (1958).Entre las Líneas En 1978 se constituyó la Fundación Ortega y Gasset para la difusión de su pensamiento y de su obra.
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Notas y Referencias
- Basado en la información sobre josé ortega y gasset de la Enciclopedia Encarta
Véase También
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Notas y Referencias
- Información sobre josé ortega y gasset pensamiento de la Enciclopedia Encarta
Véase También
Otra Información en relación a José Ortega y Gasset Pensamiento
▷ Esperamos que haya sido de utilidad. Si conoces a alguien que pueda estar interesado en este tema, por favor comparte con él/ella este contenido. Es la mejor forma de ayudar al Proyecto Lawi.