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Ladinización

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Ladinización

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Ladinización en las Ciencias Sociales Latinoamericanas

La palabra ladinización, así como su término de referencia básico, ladino, han sido generalmente ignorados por los diccionarios enciclopédicos especializados en Ciencias Sociales, No aparecen, por ejemplo, en la Encyclopedia of the Social Sciences, publicada bajo la dirección de E. R. A. Seligman (1933); tampoco en el Dictionary of Social Science, de J. T. Zadrozky (1959), ni en la International Encyclopedia of the Social Sciences, compilada por D. L. Sills (1968).Entre las Líneas En obras de consulta más generales (Encyclopedia Britannica, Larousse du xxe Siecle, Diccionario Enciclopédico UTEHA, Endclopedia Espasa Calpe), se atribuyen tres significados distintos e inconexos a la palabra ladino:

l. Idioma castellano (“latino”) arcaico, hablado aún por los judíos sefarditas de la Europa Central y el Medio Oriente; 2. Miembro de un grupo étnico distintivo que habita en el Tirol oriental y en ciertas regiones del norte de Italia; 3.Entre las Líneas En la América española, aquellas personas de origen indígena o africano que a) hablan bien el idioma castellano, b) han adoptado las costumbres de los españoles, y e) aparecen, ante los ojos de aquellos a quienes tan bien han sabido imitar, como dotados de gran sagacidad y astucia.

El presente texto únicamente se refiere al tercer significado, e intenta comentar algunos aspectos importantes del proceso social relacionado con el uso del término. Para precisar más el significado que nos interesa, hay que añadir que, a partir del siglo XIX, cuando los nuevos gobiernos independientes abolen las distinciones de castas, se empieza a usar el término ladino para denominar no solo a los indígenas y africanos castellanizados, sino también a los descendientes de indios y europeos; así, tiene el mismo sentido que las palabras mestizo, cholo y caboclo (Wagley y Harris, 1955). Más aún, en las regiones de Guatemala y Chiapas de más intenso contacto interétnico, se ha venido a llamar ladinos a todos aquéllos que hablan español, incluidos los europeos y sus descendientes (Mosk, 1954; Pitt Rivers, 1967).Entre las Líneas En tiempos modernos, pues, la distinción entre ladinos e indios, más que de orden genético o “racial”, es de orden cultural.

Comunidades comparadas y comunidades abiertas. Dentro de la literatura antropológica y sociológica sobre América Latina, quizás el punto de partida teórico para el estudio del proceso de ladinización se encuentra en el libro seminal Heritage of Conquest (1952), donde Sol Tax compila las ponencias y liderazgo (véase también carisma) y autoridad están obligados a. financiar las festividades en honor de los santos de la comunidad1 tiene como función el evitar la excesiva acumulación individual de riqueza y proporcionar una manera de adquirir prestigio y a la vez de reconocer el valor supremo de lo comunitario. La adhesión personal de los miembros de la comunidad a las normas colectivas se manifiesta externamente en una fidelidad a los usos culturales del grupo: se preserva, así, un estilo secular de vida al que se ha denominado cultura indígena.

La ruptura del equilibrio corporativo y el comienzo del proceso de ladinización tienen como condición necesaria la destrucción de la propiedad comunal. Condición necesaria, pero no suficiente: la invasión de tierras aldeanas por hacendados españoles y criollos, que culminó en muchos países en la promulgación de decretos oficiales de desamortización, no siempre afectó la continuidad estructural de las corporaciones, Si los hacendados estaban interesados primariamente en la renta de la tierra y no en producir competitivamente para el recercado, los campesinos seguían residiendo en sus comunidades y trabajando las mismas tierras; solo que ahora, en vez de pagar tributo a un soberano indígena o a un gobierno colonial, pagaban renta (en especie, frecuentemente) al hacendado.

Este, por lo demás, dejaba en paz a los campesinos (Wolf, 1956, Beals, 1967).Si, Pero: Pero esta situación no era la única y, hacia finales del siglo XIX, era ya la menos frecuente. El factor clave en el proceso de cambio estructural de las corporaciones, la orientación de los recursos hacia la producción mercantil estuvo presente desde el comienzo de la Colonia, y cobró mayor importancia a medida que crecía la demanda europea por cultivos comerciales americanos: cacao, azúcar, vainilla, maderas y frutos tropicales, etc. La mano de obra nativa, además, nutría las minas y la producción de manufacturas, orientadas desde sus inicios hacia el mercado. Así surgieron las comunidades abiertas, “centrífugas”, donde las actividades no son absorbidas y coordinadas en un equilibrio comunitario, sino que trascienden las fronteras locales y se dispersan en un ámbito heterogéneo y competitivo. La tierra y el trabajo humano se convierten en mercancías: legal e Legalmente, se venden y se compran, dentro y fuera de la comunidad. La población de origen prehispánico que habita estas entidades abiertas carece de un núcleo estable, de una estructura social que refuerce y sancione valores tradicionales. Más importantes que las alianzas locales y los símbolos de comunicación internos, las alianzas con grupos y agencias externos, las relaciones más convenientes para una participación exitosa en el mercado como productor, vendedor o simple peón, imponen nuevos criterios de prestigio y nuevos sistemas de comunicación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La población autóctona se ladiniza, por simple necesidad de supervivencia. Si persisten rasgos culturales “tradicionales”, éstos deben de ser interpretados en función de un nuevo marco semántico de referencia. Así, por ejemplo, la persistencia de un sistema de cargos relacionado con la organización de fiestas religiosas en una comunidad abierta no significa solidaridad comunitaria y adhesión al patrimonio cultural tradicional, sino, probablemente, utilización de un idioma social generalizado para fines individuales, no comunitarios (Cámara, 1952; Candan, 1967; Buechler y Buechler, 1971).

El problema de las relaciones interétnicas, Es innecesario subrayar la importancia que tuvo el enfoque funcionalista arriba descrito; a pesar de las críticas que se le han hecho, no ha sido reemplazado aún por otro paradigma (modelo, patrón o marco conceptual, o teoría que sirve de modelo a seguir para resolver alguna situación determinada) global que permita acumular sistemáticamente observaciones empíricas y conceptos teóricos. Una ventaja de este esquema y por ella ha sido adoptado incluso por intelectuales marxistas o cuasimarxistas es que no cae en la ahistoricidad que es tan frecuente en las tipologías; al ser señalada (por Wolf, Pozas y Aguirre Beltrán) la situación de economía de mercado como variable generadora de cambio estructural, los fenómenos pueden ser explicados diacrónicamente: como proceso constitutivo de la modernización y urbanización capitalista de los países latinoamericanos. Volverse ladino (mestizo, cholo) significa producir plusvalía para las clases dominantes: en el campo y en la ciudad, en la mina y en la plantación, en el peonaje y en la gran industria (Stavenhagen, 1968). Significa, también, mediante la movilidad social individual que acompaña a este tipo de expansión de las fuerzas productivas, adquirir la posibilidad de convertirse en apropiador de plusvalía y detentador de poder político. Aguirre Beltrán (1967) define como “proceso dominical” aquél en que una cultura domina a otra, económica, política e ideológicamente. Al ladinizarse, el indio abdica de su cultura para participar activamente en el mundo nacional dominante; solo se aferra a los modos indígenas el marginado (González Casanova, 1965).

Sin embargo, la interpretación histórica del esquema descrito resulta evolucionista unilineal y deja sin explicar un buen número de fenómenos. Ningún autor niega que la persistencia de la llamada “cultura indígena” tiene que ser explicada dentro de un sistema de dominio colonial y neocolonial (y no como algo aislado e “incontaminado”); pero todavía resta explicar la no ladinización de grupos indígenas que ‘SÍ participan, postcolonialmente, en economías de mercado. Varios estudiosos (Marroquín, 1957; el mismo Aguirre Beltrán, 1967; Siverts, 1969; Gunder Frank, 1971) han mostrado que ciertos mecanismos de extracción de plusvalía y no simplemente de extracción de renta parecen requerir que el trabajo explotado conserve la etiqueta de “indígena”. PittRivers (1967) ha hecho notar que los indios, al incorporarse al mundo nacional” pueden ladinizarse o no: hay diferentes cauces de acción posibles. Uno de ellos es que el mismo individuo pueda ser clasificado como ladino o como indígena, según la situación en que se encuentre y no hay que olvidar que comunidades corporadas y abiertas están en interacción constante; ejemplos de esto los proporcionan Juan Pérez Jolote (Pozas, 1952) y Antonio, el Mayordomo Rey de Zinacantán (1965), quienes ocupan cargos político religiosos en sus pueblos y a la vez pueden ser maestros de escuela y promotores gubernamentales.Entre las Líneas En otras palabras, el contexto social donde surgen las relaciones interétnicas dista de ser homogéneo y reductible a situaciones “típicas”; faltan todavía muchos estudios empíricos que arrojen luz sobre las distintas variables intermedias que conectan el fenómeno de la expansión y consolidación capitalista por un lado y el uso de las categorías étnicas por otro.Entre las Líneas En situaciones urbanas complejas, la distinción entre indios y ladinos pierde importancia ante otro tipo de categorizaciones de clase y afiliación política, por ejemplo (Roberts, 1973); incluso en situaciones menos complejas, el contenido semántico de las categorías étnicas presenta una enorme variedad de matices; muchas veces no se encuentra consenso en un grupo sobre quiénes son indios y quiénes ladinos (Pitt Rivers, 1965, 1967). La categoría india, desde siempre, ha estado dividida en decenas de subcategorías, dependiendo de la posición de los actores que la emplean (Tax, 1941); la homogeneidad de valores y puntos de vista de las corporaciones llamadas indígenas ha sido frecuentemente cuestionada (Lewis, 1951; Buechler y Buechler, 1971). La conceptualización de los fenómenos por parte de la gente no es una consecuencia mecánica de fuerzas económicas ciegas; la realidad social, constituida por la interacción entre seres humanos y por las expectativas de conducta que encauzan esta interacción, existe solo a través de las percepciones de los actores que participan en ella. Un investigador debe descubrir estas percepciones, no suponerlas; y, entonces, relacionarlas con los factores económicos que las condicionan.Entre las Líneas En el campo de las relaciones interétnicas, la realidad social está aun por ser investigada en América Latina.[rtbs name=”latinoamerica”] [rtbs name=”historia-latinoamericana”] [1]

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Notas y Referencias

  1. Guillermo de la Peña (autor original), adaptado y corregido (por Lawi) de los términos latinoamericanos que debían formar parte del Diccionario de Ciencias Sociales en español de la UNESCO, publicado en 1975 bajo la dirección de Salustiano del Campo y al amparo del Instituto de Estudios Políticos. Es el resultado de la postura crítica y disidente del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) frente al diccionario de la UNESCO y su respuesta con la obra colectiva “Términos latinoamericanos para el Diccionario de Ciencias Sociales”, publicada en 1976.

Véase También

Bibliografía

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BUECHLER, Hans y BUECHLER Judith Maria (1971), The Bolivian Aymara, New York, Holt 1 Rinehart and Winston, Inc,
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TAX, Sol (1941). World View and Social Relations in Guatemala, “American Antropopologist”, XLIII, 2742,
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