Moralidad del Desarrollo Económico
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Moral del Desarrollo Económico en Relación a Economía de Finales del Siglo XX
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] (Nota: esto es una continuación del texto sobre moral del desarrollo económico que se haya en otra parte de esta plataforma online). Exigencias para el desarrollo. Como ya se ha dicho, el desarrollo de los pueblos no depende exclusivamente de la ayuda que puedan recibir del exterior; es preciso también un esfuerzo propio y toda una política coordinada, que naturalmente también plantea problemas morales. Una cuestión es la del tipo de estructuración económicosocial mejor para lograr el desarrollo e. y humano con suficiente eficacia y rapidez, respetando los valores superiores intangibles. Se trata de la oposición libertad-planificación (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Las posibles soluciones podríamos reducirlas a tres: a) desarrollo con total libertad, es decir, llevado exclusivamente por la iniciativa privada y con abstención del Estado, cuya intervención siempre supone algún grado de coacción; b) total planificación, de tal forma que el único sujeto que tome iniciativas decisivas sea el ente público; y c) una solución intermedia, con diversos grados de matización, en la que se combine cierta intervención estatal con la espontaneidad y libertad de los sujetos económicos.
Dada la complejidad que supone un proceso de desarrollo y la urgencia que existe, nadie defiende hoy que la mejor fórmula sea la solución liberal. La total centralización, en cuanto que suprime en el individuo la esfera de las libertades que pueden considerarse esenciales, tampoco es aceptable. El problema radica en una adecuada dosificación de la actuación estatal y de la libertad individual, y que podría ir desde un socialismo de tipo personalista hasta un cierto neocapitalismo con un grado mayor o menor de intervención estatal. Las opciones pueden ser varias y en cada caso habrá que ponderar las circunstancias concretas y salvar siempre las exigencias de la justicia en todos sus aspectos, compaginándola con la eficacia y el respeto que se debe a la dignidad de la persona humana.
Otro problema importante es el de la acumulación del capital y la titularidad de su propiedad. Para el desarrollo e. hay que realizar inversiones -creación de nueva capacidad productiva-, pero para poder invertir en un país subdesarrollado es preciso ahorrar, es decir, no consumir excesivamente: liberar factores productivos que se dediquen a producir nuevos factores productivos. Es evidente que al resultar insuficiente el ahorro (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) voluntario, por ser escasa la renta nacional, habrá que echar mano de algún tipo de ahorro forzoso, y aquí se plantea la cuestión moral de quién tiene que ahorrar y cómo se le compensa del sacrificio realizado. Si no se prevé nada y se invierte más de lo que se ahorra, se producirá un proceso de inflación que provocará un ahorro forzoso en aquellos sectores cuyos ingresos son poco flexibles, y ese ahorro forzoso no encontrará ninguna compensación directa y proporcionada, ya que la propiedad de la nueva riqueza creada no va a esos ahorradores, sino a los empresarioscapitalistas, ya que todo el proceso jurídico está montado sobre el aspecto puramente monetario y no sobre el real.
El Estado podrá provocar un ahorro forzoso a través de los impuestos que pueden seleccionarse y diversificarse con criterios de justicia; siempre será mejor solución que la anterior, aunque nos parece que sólo podrá tener un carácter complementario. Los salarios exiguos pagados por las empresas engendran un ahorro forzoso en sus obreros y unos beneficios que pueden servir de base a una autofinanciación de las mismas. Es claro y evidente el juicio moral que merece este procedimiento. Más aceptable es el sistema de salarios diferidos en los que, debido a exigencias del bien común que pide un ahorro forzoso, no se entrega en mano a los trabajadores todo aquello a lo que tienen derecho, pero se les reconoce un título de propiedad sobre lo no percibido en metálico y que servirá para financiar nuevas inversiones. El planificador ha de ver todas las posibles fuentes de ahorro (interno y externo, voluntario, institucionalizado y forzoso) con que cuenta la economía y atemperar los programas de inversión a esas posibilidades.
El desarrollo de un pueblo tiene que venir dado siempre en función del hombre: «el orden social y su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al bien de la persona y no al contrarió, ya que el orden real debe someterse al orden personal y no al contrario» (Gaudium et spes, 26). Esta consideración nos lleva a una doble afirmación. Por una parte, el hombre ha de contribuir al desarrollo y evolución de su país, en la medida que su capacidad y situación lo permitan.
Por otra parte, ya que el hombre es el fin del desarrollo, se deberá atender suficientemente a lo que pudiéramos llamar inversiones en el hombre, es decir, al gasto necesario para el enriquecimiento de las personas en todos sus aspectos (educación, formación profesional, etc.), con la seguridad de que a la larga este tipo de inversiones son las más rentables desde una perspectiva de productividad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). El proceso de desarrollo comporta necesariamente una serie de movimientos migratorios tanto de carácter ocupacional (trasvase del sector primario a los sectores secundario y terciario), como local o geográfico. Esto plantea problemas humanos, y, por tanto, morales, tanto desde el punto de vista de capacitación técnica de la población como desde el de la adaptación a un nuevo medio geográfico y ambiental de una población desarraigada, además de la cuestión de la vivienda, tan básica para el bienestar humano. Son cuestiones que no pueden pasarse por alto en la planificación del desarrollo sin crear graves problemas humanos.
Una parte notable de la doctrina aquí expuesta está contenida, más o menos explícitamente, en el Magisterio de la Iglesia de estos últimos años, especialmente en las encíclicas Mater et Magistra y Pacem in terris de Juan XXIII, en la enc. Populorum progressio de Paulo VI y en la Const. Gaudium et spes del Conc. Vaticano II. La enc. Mater et Magistra ha tratado sobre todo el desarrollo e. de la agricultura. El Conc. Vaticano II y Paulo VI han abordado de forma sistemática el tratamiento genérico del desarrollo e. y p. con sus implicaciones morales.
V. t.: DOCTRINA SOCIAL CRISTIANA; RIQUEZA. [rbts name=”economía”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre moral del desarrollo económico en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Ediciones Rialp, 1991, Madrid, España
Véase También
Bibliografía
G. M. METER y R. BALDWIN, Desarrollo económico, Madrid 1962; V. MARRAMA, Política económica de los países subdesarrollados, Madrid 1961; M (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). FUNEs ROBERT, Marxismo y comercio internacional. Teoría del subdesarrollo económico, Madrid 1962; G. MYRDAL, Solidaridad o desintegración, México 1956; INST. SOCIAL LEEN XIII, Comentarios a la «Mater et Magistra», Madrid 1962; C. ABAITUA y OTROS, Exigencias cristianas en el desarrollo económico-social, Madrid 1962; VARIOS, Comentarios civiles a la encíclica «Pacem in terris», Madrid 1963; 1. M. SOLOZÁBAL, Salarios y beneficios. Autofinanciación. Ahorro, en «Anales de Moral Social y Económica» 4, Madrid 1963, 111128; VARIOS, Estudios sobre la Constitución «Gaudium et spes», Bilbao 1967; VARIOS, La Iglesia en diálogo con nuestro mundo, Bilbao 1967; J. M. SOLOZÁBAL, La Iglesia católica y el desarrollo de los pueblos, en Enciclopzdia del Mundo Católico, Madrid 1968. 1185-1216: OKUN y RICHARDSON, Estudios sobre desarrollo económico, Bilbao 1964; M. CAPELO, El desarrollo económico, en Comentarios a la Constitución «Gaudium et spes», Madrid 1968, 477-516.
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1 comentario en «Moralidad del Desarrollo Económico»