Psicopatía
Este elemento es una profundización de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] En inglés: Psychopathy.
Descripción
Concepto
El concepto de psicopatía no se definió de forma clara ni se estableció desde el principio de forma completamente unánime. De hecho no fue hasta el año 1991 cuando se estableció la descripción de la psicopatía más ampliamente aceptada de la mano de Robert Hare.
Una de las primeras concepciones que se utilizó en la esfera del diagnóstico clínico vino de la mano del psiquiatra Pinel (1809), que definió la psicopatía como “manía sin delirio”, configurándose como “acciones aparentemente normales, pero con extraños ataques de ira sin estar ligados a sentimientos de culpabilidad”. Por su parte, Pritchard (1835) atribuyó el término a un ambiente negativo, y designó al Psicópata como “moralmente insano” refiriéndose a personas cuyo poder de autocontrol está muy deteriorado, o incapaces de razonar sobre algún tema propuesto.
El término de Pritchard sirvió de referencia hasta que en el año 1888 Koch, un médico Alemán, decidiera sustituir el término de “moral insana” por el de “inferioridad psicopática”, o por lo que se conocería más adelante como “personalidad psicopática”, dado que el término de Pritchard había suscitado objeciones y opiniones adversas en el ámbito religioso.
Benjamin Karpman (1941) clasificó a los psicópatas en 2 tipos: primarios y secundarios. Los psicópatas primarios serían personas emocionalmente estables, superficiales, insensibles sentimentalmente y se esforzarían en aparentar una buena presencia física. Los psicópatas secundarios, sin embargo, serían personas que padecen un trastorno neurótico, emocionales o de ansiedad, y denotarían una notable irritabilidad y agresividad reactiva. Estos últimos también presentarían un historial de abuso infantil, aunque no de forma necesaria ni relevante. Un apunte importante de este autor es que ambos psicópatas se comportarían de forma similar, pero solo uno de ellos, el psicópata secundario, sería susceptible al tratamiento.
Cleckley (1941, 1976) designó una serie de rasgos significativos en la esfera de la psicopatía, algunos de los cuales compartidos con otros ya designados por Gray y Hutchinson (1964). Esta lista comprendería la descripción más significativa y compleja de aquella época, y se mantendrían hasta la descripción de Hare en 1991. Contiene los siguientes rasgos:
- Encanto externo y notable inteligencia.
- Ausencia de alucinaciones y de otras alteraciones del pensamiento irracional.
- Ausencia de nerviosismo o de reacciones neuróticas.
- Indigno de confianza.
- Mentiras e insinceridad.
- Falta de sentimientos de culpabilidad y vergüenza.
- Conducta antisocial sin aparente remordimiento.
- Razonamiento insuficiente y falta de capacidad para aprender de la experiencia.
- Egocentrismo patológico e incapacidad para amar.
- Gran pobreza de reacciones afectivas primordiales.
- Pérdida específica de intuición.
- Irresponsabilidad en las relaciones interpersonales corrientes.
- Comportamiento fantástico y poco recomendable por lo que respecta a la bebida, e incluso enajenado en algunas ocasiones.
- Amenazas de suicidio raramente cumplidas.
- Vida sexual impersonal, trivial y poco integrada.
- Incapacidad para seguir cualquier plan de vida.
Así mismo, entendía que el principal síntoma de la psicopatía era la deficiente respuesta afectiva hacia los demás (López, 2008).
En 1991, a partir del perfil clínico diseñado por Cleckley, Robert Hare propone una nueva clasificación basada en 20 ítems en su forma revisada (a partir de un primer listado con 22 realizada en 1980) y la llama Psychopathy Checklist-Revised (o Escala de Evaluación de la Psicopatía Revisada en español) convirtiéndose, a día de hoy, en la descripción de la psicopatía más ampliamente utilizada (Hare, 1991).
Esta clasificación revisada fue publicada originariamente en 1991 y más tarde se volvió a revisar en 2003, obteniéndose así la versión final. Contiene una serie de subconjuntos relacionados entre sí, pero notablemente diferenciados, llamados “Factores”. Así pues, el factor 1 se refiere al ámbito interpersonal-afectivo, dividiéndose en dos facetas: interpersonal y afectiva; el factor 2 se refiere al estilo de vida antisocial, el cual puede dividirse a su vez en estilo de vida impulsivo-irresponsable, y comportamiento antisocial (Hare,2003).
Lejos de la clasificación propuesta por Hare, se distinguirían dos tipos de psicópatas:
- Los psicópatas primarios, que cumplen con todas las características y criterios propuestos por Cleckley.
- Los psicópatas secundarios, que incumplen con alguno de los criterios (como por ejemplo la presencia de remordimientos o el establecimiento de vínculos afectivos).
Evolución
[…]La Escala de la Evaluación de la Psicopatía en Versión Cribado (PCL: SV, Hart et al., 1995) se utiliza en contextos donde los sujetos no necesariamente han delinquido. Cuenta con 12 ítems y el modo de evaluación es similar al PCL-R (r=.8)
Existe otro cuestionario establecido para la población juvenil con edades comprendidas entre los 14 y los 21 años llamada PCL:YV. Esta versión se basa prácticamente en todos sus ítems en el PCL-R, salvo por la diferencia que hay que considerar en la información del paciente. También consiste en una evaluación en escala likert de 3 niveles, pero, al contrario que el PCL-R, su diagnóstico no se basa en la puntuación directa de sus ítems o factores, si no que es más flexible y está más motivada y condicionada al caso del menor (Sánchez, 2015)
Aunque la escala de Hare presente similitudes con respecto a la de Cleckley, también presentan diferencias; además, la escala de Cleckley se consideró como la más relevante y más solida durante más años. Una de las diferencias más importantes es la carrera delictiva del psicópata, considerada como una regla en el caso de Hare, pero una excepción en el caso de Cleckley, ya que no era del todo relevante en la evaluación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Otro de los puntos característicos entre ambos es que Hare, durante el desarrollo psicométrico, eliminó los rasgos de ajuste positivo e incluyó criterios como la criminalidad o la carrera delictiva, además de la nula presencia de ansiedad o emocionalidad negativa en sus escalas.
Patrick, Flowes y Kruger (2009) propusieron un modelo basado en la interacción de 3 fenotipos: desinhibición (control de impulsos), audacia (refiriéndose a la dominancia social, resiliencia y osadía) y maldad (obtención de recursos mediante la violencia). A este modelo se le llama “Modelo triárquico de la psicopatía” y tiene el objetivo de unificar todas las conceptualizaciones realizadas a lo largo de la historia para la psicopatía dado que permiten explicar los factores etiológicos promulgados por científicos anteriores. Estos fenotipos se ajustarían a las distintas variables ambientales que pudieran condicionar las características y rasgos de la psicopatía, y se ajustarían a su vez a la imagen del psicópata que hubiera dado cada autor. Así por ejemplo la audacia se ajustaría al modelo de Cleckley.
Diferencias entre psicopatía y otros trastornos de la personalidad
Aunque la psicopatía se considere según el DSM-IV por un trastorno antisocial de la personalidad, hay muchos autores que han establecido diferencias entre la psicopatía y el TAP. Estos autores expresan con frecuencia se suele confundir la psicopatía con el TAP dado que, en primer lugar, el DSM-IV incluye el concepto de psicopatía en el de TAP, y en segundo lugar, porque los componentes de la psicopatía son francamente más difíciles de medir que los del TAP, haciendo de este último una herramienta más útil para diagnosticar un trastorno aparentemente equivalente, y por último, las herramientas diagnosticas no son las mismas, ya que la psicopatía se suele medir mediante el PCL-R de Hare. (Widiger, 2006 y Robins, 1966).
El Trastorno Antisocial de la Personalidad se caracteriza por “un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás, que comienza en la infancia o el principio de la adolescencia y continúa en la edad adulta” (APA, 2002). Por lo general, y en cuanto a la concepción social de ambos términos, cuando nos referimos a la conducta como daño social, sería más adecuado utilizar el término TAP, sin embargo el término de psicopatía haría referencia a las características psicopatológicas del individuo. (Luengo y Carrillo, 1995).
Por otro lado, utilizando el diagnóstico clínico del DSM-IV frente al diagnóstico utilizando la escala PCL-R, la población reclusa presentaría un mayor diagnóstico de TAP con respecto al de psicopatía, concretamente, entre un 50% y 70% de TAP, frente a un 15% y 25% de psicopatía (Hare, 2003; Moltó, Poy y Torrubia, 2000; Stalenheim y Von Knorring, 1996).
Puntualización
Sin embargo, a pesar de que se trata de valoraciones y diagnósticos no equivalentes, si que presentan una clara asimetría, ya que mientras que la mayoría de los sujetos diagnosticados como TAP no poseen criterios suficientes para ser diagnosticados como psicópatas, estos sí que presentan criterios para ser diagnosticados como TAP, y se debe a que el TAP está asociado (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “associate” en derecho anglo-sajón, en inglés) con las facetas estilo de vida y antisocial, y no con las facetas interpersonal-afectiva (Felthous, 2007; Ogloff, 2006; Hare, 1996; Warren, 2006), características a tener en cuenta ya que la clasificación en el DSM-V de la psicopatía y el TAP entra dentro del mismo cuadro diagnóstico
También comparte similitudes en sus rasgos con el trastorno límite de la personalidad (TLP), el cual se define como “una alteración persistente en la capacidad de manejar (gestionar) emociones, tolerar la soledad, mantener relaciones estables y confiadas y controlar los impulsos autodestructivos”. Padecen una inestabilidad tanto en las relaciones personales, como en la autoimagen y la afectividad, con una impulsividad muy fuerte, lo que le lleva con frecuencia a una conducta suicida. Estas personas se sienten vacías e inadaptadas en muchos ámbitos (sobre todo el social y el laboral). Estos rasgos les lleva frecuentemente a consumir sustancias tóxicas, frecuentar ambientes marginales y a tener reacciones de ira aversivas muy violentas.
Otro de los trastornos el cual comparte características es el trastorno narcisista de la personalidad, aunque este no esté asociado (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “associate” en derecho anglo-sajón, en inglés) a implicaciones jurídicas. Este trastorno se caracteriza por la necesidad de admiración y una carencia de empatía. Estas personas no aceptan las críticas o los fracasos, dado que para ellos manchan su magnificencia y sus logros. Se comportan de manera arrogante con los demás y tienden a utilizar a las personas de su alrededor para su propio beneficio, sin importarles las consecuencias de sus actos.(Soria y Sáiz, 200)
Las características que crean confusión diagnóstica entre el TAP, el TPL, el trastorno narcisista y la psicopatía se encuentran las reacciones de ira y la habilidad para la manipulación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Lo que diferencia al trastorno psicopático con el resto de trastornos es la afectividad, dado que carecen de ella, y por otro lado los ataques de ira, que son breves y sin razón aparente, seguidos de un descenso en la excitación fisiológica, lo que aparentemente no deja secuelas inminentes en el sujeto. […]
Modelos del tratamiento
Estos modelos para el tratamiento de la psicopatía sirven de base para los programas de tratamiento que se están llevando a cabo en la actualidad, dado que han supuesto un paso adelante muy importante para la estandarización de los avances y modelos posteriores.
Modelo RNR
Este modelo fue desarrollado en la década de los 80, y formalizado y estandarizado en 1990. (Andrews y Bonta, 2006)
Se basa en 3 principios:
- Principio del riesgo: El comportamiento criminal se puede predecir ajustándose a su nivel de riesgo. Los tratamientos e intervenciones más intensas deben estar dirigidas solamente a aquellos delincuentes que presenten mayor riesgo delictivo, y, caso contrario, las más leves a los delincuentes con menor riesgo. Esto se traduce en evaluaciones más fiables. [1]
- Principio de Necesidad: Donde señala la importancia de las necesidades criminógenas (las hay de dos tipos, dinámicas y estáticas) en el diseño y administración del tratamiento. Las necesidades criminógenas dinámicas son factores de riesgo que pueden ser modificados para adaptarse a cambios en la reincidencia del sujeto (Bonta, 2001).
Otros Elementos
Por otro lado tenemos las necesidades criminógenas estáticas, que son aspectos inamovibles marcados por el sujeto, como por ejemplo la encarcelación y el historial delictivo, y que focalizan la intervención en dichas necesidades sin necesidad de modificaciones en su estado posterior. [2] [3]
- Principio de Responsividad: Donde se explica cómo debe ser el tratamiento, dado que existen ciertas características individuales (cognitivo-conductuales y de personalidad) que influyen sobre diversos tratamientos. Una solución es maximizar la capacidad que posee el infractor para así aprender de una intervención de rehabilitación mediante un tratamiento cognitivo-conductual, además de la adaptación de la intervención mediante el aprendizaje, motivación y habilidades.
A su vez, este principio se divide en dos:
- Responsividad general: Usa métodos cognitivos de aprendizaje social (las cuales son las más eficaces sin importar el tipo de infractor)
- Responsividad específica: Esta responsividad utiliza aspectos característicos del infractor para potenciar sus habilidades cognitivo-conductuales en distintas áreas, como la educación, la personalidad, la motivación, etc.
Modelo de tratamiento de los dos componentes
Este modelo, propuesto por Wong, Gordon, Gu, Lewis y Olver (2012), surge de la evaluación de los factores de la psicopatía (Factor 1 y Factor 2). Está demostrado que hay una asociación directa entre la puntuación en la escala PCL-R y la violencia, pero no hay asociación entre la puntuación en cada uno de los factores de forma separada y la violencia (Hemphill, Hare y Wong, 1998).
La investigación ha concluido que, por lo general, el tratamiento que se dirige a cambiar los rasgos nucleares de la personalidad del Factor 1, con probabilidad, no producirá una disminución significativa de la violencia, mientras que el tratamiento dirigido a cambiar los rasgos del Factor 2, es decir, comportamientos crónicamente antisociales, sí que es probable que disminuya dicha actividad delictiva (Wong y Coid, 2010).
Wong et al. proponen que el tratamiento puede ser conceptualizado si se relacionan cuestiones de responsividad y comportamientos que interfieren directamente con el Factor 1, con las características de los principios de riesgo y necesidad con el Factor 2. Esto es, reduciendo puntuaciones en el Factor 2, se reducería la psicopatía, ya que supone una representación estática del comportamiento antisocial. Las características del Factor 1 supondrían el Componente interpersonal, y las del Factor 2 supondrían el componente criminógeno.
Modelo de la terapia dialéctica conductual adaptada para el tratamiento de delincuentes psicópatas
Este modelo surge a partir de una adaptación del propio modelo de la terapia dialéctica conductual, pero adaptado a las condiciones particulares la psicopatía, proviniente de los investigadores Michele Galietta y Barry Rosenfeld (2012). Nace también de la crítica hacia otros sistemas para el tratamiento de delincuentes en el ámbito penitenciario que se centraban solo en el cambio de pensamientos y conductas, alejándose de la regulación de las emociones y el control de impulsos.
Requiere de una serie de estadios o etapas que han de seguirse para un correcto tratamiento.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
El primer estadio es el del pre-tratamiento, en el que es importante que el paciente se comprometa con el propio tratamiento y tenga metas de mejorar.
A continuación, en el inicio del tratamiento se ha de realizar un análisis de la cadena de conductas que ha realizado el psicópata en el pasado, recogiendo toda la información posible de la historia de violencia del sujeto (En la TDC tradicional se recoge todo el historial autolesivo y de intención de suicidio).
Seguidamente se establecen los objetivos principales del tratamiento a partir del historial delictivo en sesiones individuales, y se apuntan en un diario toda clase de comportamientos antisociales y alejados de dichos prefijados anteriormente. La idea principal es la de colaborar con el terapeuta para modificar dichas conductas de la agenda, de manera que se puedan añadir o quitar aquellos comportamientos que beneficien la meta de la terapia y que establezcan el cambio positivo del paciente.
Por otro lado, las sesiones en grupo podrian consistir en habilidades que van dirigidas al reconocimiento, la solución de problemas o el uso de la toma de conciencia respecto de la generación de las emociones.
Por último, el equipo de consulta es un mecanismo a través del cual los terapeutas son retroalimentados sobre sus acciones en términos de consistencia con el modelo de TDC, como por ejemplo el hecho de que impulse su capacidad de compasión hacia los pacientes con los que se trabaja.
Modelo de la terapia de esquemas aplicado al tratamiento de los psicópatas
La terapia de esquemas es una de las más novedosas en el tratamiento de la psicopatía. David Bernstein (2012) procedente de la Universidad de Maastrich, ideó un sistema que funcionaba incluso para los casos más graves. Este sistema está en desarrollo actualmente en Holanda (Países Bajos) con resultados mayoritariamente satisfactorios, en hospitales de máxima seguridad llamadas TBS, las cuales son destino de tratamiento obligatorio por parte de las prisiones cuyos reos tienen una pena de prisión de más de 4 años y una puntuación alta en PCL-R.
Esta terapia fue inicialmente desarrollada por Jeffrey E. Young y utilizada contra pacientes con trastornos de personalidad del Eje I, los cuales han fracasado en otras terapias menos intrusivas.
Una de las características fundamentales de este tratamiento es que se centra en los aspectos emocionales del paciente, y no en aquellos considerados “inmodificables”, y una de las técnicas más importantes que se realizan en ella es la llamada “Reparentización limitada” en la que el terapeuta posee un rol parental, con aspecto compasivo, en el que intenta conseguir vencer el desapego emocional y hacerlos más vulnerables emocionalmente. Después de esta reparentización, se le enseña al paciente a expresar sus emociones mediante la técnica del lenguaje de modos. Estos modos son estados emocionales que se activan ante determinados estresores, y que son importantes de cara a su comportamiento violento (estados violentos). Estos estados poseen una vulnerabilidad que será la fuente para tratarlos, y que supondría el objetivo primordial de este tratamiento, ya que cambiaría la personalidad del paciente en base a sus fuertes emociones de carácter violento. (Young, 2003).
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Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Notas
- Una de las principales evaluaciones de riesgo para establecer la prioridad de esta necesidad en el tratamiento es la puntuación dada por el cuestionario PCL-R. Una puntuación de 30 o más implica riesgo moderado-alto.
- La Escala de Riesgo de Violencia (VRS) (Wong y Gordon, 2001 y 2004c) es la mayormente utilizada para medir los factores dinámicos.
- Finalmente hay una serie de requisitos impuestos por Wong y Hare (2005) que conducen a la eficacia del tratamiento, como por ejemplo, que el tratamiento ha de ser comprehensivo, que el cambio en el tratamiento debe de medir el cambio en los factores criminógenos identificados, y que el tratamiento que se dirige adecuadamente a los factores criminógenos conducirá necesariamente a la reducción del riesgo
Véase También
- Autocontrol
- Carreras Delictivas
- Comportamiento antisocial
- Patología
- Programas de Intervención Penitenciarios
- Psicología
- Teoría de la Personalidad
- Trastorno de personalidad antisocial
- Valoración del riesgo
Bibliografía
- American Psychiatric Association (2002). DSM-IV-TR. Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos Mentales. Texto Revisado. Barcelona: Masson.
- De Lasala, F. (2013) El tratamiento penitenciario de los delincuentes psicópatas. 19-50.
- Estevez, C. (2015). Tratamiento de Víctimas de delitos violentos, de género y sexuales. Tema 2. Universidad Miguel Hernández de Elche.
- López, M. J., Núñez, M. C. (2008). Psicopatía versus trastorno antisocial de la personalidad. Universidad de Sevilla (examine más sobre estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Revista española de investigación en criminología.
- Rosselló, J., Revert, X. (2010). El psicópata: una mente amoral tras la máscara de la cordura. Departament de Psicología. Universitat de les Illes Balears. 5-6.
- San Millán, B. (2014). Psicópatas de cuello blanco, el lado educado de la personalidad antisocial
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