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Razon de Estado

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Razón De Estado

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Razón De Estado: Introducción al Concepto Jurídico

De acuerdo con Eduardo Jorge Arnoletto:

El concepto se origina en Maquiavelo y fue desarrollado por los preceptistas italianos del siglo XVI y por la escuela alemana del siglo XIX. La doctrina de la razón de estado sostiene que el Estado tiene una tendencia orgánica, natural, a buscar el continuo incremento y consolidación de su propia potencia, fin para el cual tiende a usar todos los medios, incluso la violencia, trasgrediendo la moral y el derecho. La razón de Estado presenta un aspecto interno, que es lograr el dominio eminente del Estado sobre su población y territorio para eliminar la anarquía interna; y un aspecto externo, que es aumentar la propia potencia y disminuir la ajena, por todos los medios, que van desde la guerra hasta las alianzas ofensivas y defensivas.

Razón de Estado

Razón de Estado, teoría política, desarrollada en Italia entre los siglos XVI y XVII, cuyo objetivo es justificar la conservación y ampliación del poder de un gobernante sobre el Estado, independientemente de la legitimidad de sus métodos.

El término fue usado por vez primera por Francesco Guicciardini en su Discurso de Logrogno (1512), pero la doctrina recibió su plena formulación por parte de Nicolás Maquiavelo en El príncipe (1532). El concepto fue después adoptado y divulgado por otros autores. Fue Giovanni Botero, en De la razón de estado (1589), quien le confirió gran notoriedad.Entre las Líneas En dicha obra defendía que la validez de los métodos utilizados para mantener un Estado debía basarse en consideraciones realistas, sin tener en cuenta principios religiosos o morales. Se basaba en la idea de que el principal fin de un gobierno es la conservación del Estado. Según los teóricos de esta tendencia, tal objetivo legitima determinadas acciones éticamente reprobables y autoriza el empleo de la violencia y el engaño en todos los casos en los que tales medios garanticen la seguridad del Estado.

En el curso del debate que se desarrollo desde finales del siglo XVI, tras las inevitables críticas de carácter ético y religioso a las que tal teoría se exponía, se afirmó la idea de que la derogación de ciertas leyes morales y positivas puede ser aceptable con la condición de que se haga a favor del Estado y no de los intereses particulares del gobernante. Desde Italia esta reflexión se extendió a Francia y de allí a Alemania, donde fue asumida bajo el nombre de “doctrina del Estado potencia” y conoció su forma más definida en la política del canciller Otto von Bismarck. Las obras de Leopold von Ranke, Heinrich von Treitschke y Ernst Troeltsch teorizaron acerca de la necesidad de los estados, concebidos como portadores de una misión universal cultural y política, de ejercer el monopolio de la fuerza, indispensable para la realización de su autoafirmación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). (1)
A continuación se examinará el significado.

¿Cómo se define? Concepto y Caracteres de Razon de Estado

Definición y descripción de Razon de Estado ofrecido por el Diccionario Jurídico Mexicano (1994), de la Suprema Corte de Justicia de México: (escrito por Ulises Schmill Ordóñez) El concepto de la razón de Estado tiene relaciones con un conjunto muy importante de conceptos jurídicos y políticos (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Bajo este concepto quedan comprendidos todos aquellos postulados políticos que favorecen el incremento al poder del Estado, por todos los medios con total independencia de cualquier consideración de carácter moral o jurídica. Con ello, la independencia de la política, entendida como el ámbito de ejercicio del poder, queda asegurada, pues toda limitación de carácter normativo ha sido excluida.

Derecho Público y Razón de Estado

Intimamente relacionado con el concepto de la razón de Estado se encuentra el concepto de derecho público, en contraposición con el de derecho privado. Con la recepción del derecho romano, en el continente se favoreció enormemente la distinción entre jus publicum y jus privatum, pues poderosos intereses estaban en juego, en especial, los de la monarquía absoluta. Estos intereses políticos favorecieron y acogieron con beneplácito las distinciones teóricas sobre el dualismo entre un derecho público, que favorecía los intereses de clase gobernante, y el derecho privado ajeno a dichos intereses relacionados con el poder. Esta distinción recibió un marcado impulso con la célebre ragione di Stato de Maquiavelo, cuyo nombre encubre todo un complejo de postulados políticos favorables al príncipe y sus seguidores, frente a las normas jurídicas en vigor.Entre las Líneas En realidad, estos postulados políticos presentan un conjunto de finalidades a la actividad de los gobernantes que en muchas ocasiones están en directa contraposición con las normas vigentes y con los intereses de los súbditos y sus derechos subjetivos. Meinecke caracteriza de la siguiente manera a lo que denomina “la esencia de la razón de Estado”: “Razón de Estado es la máxima del obrar político, la ley motora del Estado.

La razón de Estado dice al político lo que tiene que hacer, a fin de mantener al Estado sano y robusto. Y como el Estado es un organismo, cuya fuerza no se mantiene plenamente más que si le es posible desenvolverse y crecer, la razón de Estado indica también los camino y las metas de este crecimiento” (página. 3). Si se tiene una concepción holista de las formaciones sociales, considerándolas como entidades subsistentes por sí mismas y que tienen una vida y desarrollo propios, entonces los postulados políticos de la razón de Estado. consisten en todas aquellas máximas que tienen por finalidad el incremento del poder estatal y que recomiendan como medios adecuados para conseguir esa finalidad, todos los conducentes, entre los que se incluyen, naturalmente y con predilección, los violentos. Tanto la especificación de los medios como el señalamiento de las finalidades de la razón de Estado se hacen con la muy clara conciencia de la independencia de los mismos de toda norma jurídica o moral. Podría decirse que la doctrina de la razón de Estado es una doctrina moral cuya finalidad central o valor fundamental lo constituye el incremento del. poder del Estado. “Entre cratos y ethos, entre el obrar movido por el afán de poder y el obrar llevado por la responsabilidad ética, existe, en las alturas de la vida política, un puente, a saber, la razón de Estado, la consideración de lo que es oportuno, útil, provechoso, de lo que el Estado tiene que hacer para alcanzar en cada circunstancia el optimum de su existencia (Meinecke, página 7).

Concepción Individualista

Si, por el contrario, se afirma una concepción individualista de las formaciones sociales, como la sostenida, por ejemplo, por Max Weber o por Hans Kelsen, entonces la razón de Estado es solamente un postulado político que favorece los intereses de los individuos que transitoriamente ejercen, en una determinada circunscripción territorial, el poder coactivo, el uso de la violencia física, dentro de los límites impuestos por el orden jurídico o incluso fuera de esos límites. Dentro de esta concepción individualista, no hay lugar para ningún ser supraindividual colectivo y toda afirmación de tal ente tiene que ser disuelta en afirmaciones sobre conductas de sujetos individuales. El concepto de la razón de Estado ha recibido un apoyo decidido por los autores partidarios de la distinción ya mencionada entre jus publicum y jus privatum, así como también por la tesis que sostiene la dualidad del derecho y el Estado. Si el Estado es distinto del derecho, entonces tiene razones para actuar, en ocasiones, fuera de los límites fijados por las normas jurídicas. Se afirma que el Estado es el poder tras el derecho o en contra del derecho y, por lo tanto, algo distinto de él. La doctrina de la razón de Estado tiene un aspecto interno y un aspecto externo. Este último aspecto se manifiesta en la forma de una política de poder internacional.

Razón de Estado

Exposición que realiza la enciclopedia Rialp sobre razón de estado:Fue Guicciardini, en sus Discursos sobre la Constitución de Florencia (1526 ó 1527), quien por vez primera utiliza la expresión «razón de Estado», recogida después por Giovanni della Casa; esta expresión se introduce en el ámbito de la ciencia política en 1589, con el libro de Giovanni Botero La razón de Estado. Como señala De los Ríos, la idea misma apunta «un momento culminante en la racionalización del arte político, el cual se reduce a lo que podría llamarse calculatoria histórica o cálculo de posibilidades de las realidades inmediatas, orientadas a determinar qué será lo más provechoso para el Estado» (Fernando de los Ríos, Religión y Estado en la España del siglo XVI, México 1957).

Maquiavelo

De esta forma, y frente a otros términos, «la expresión se origina en la vida diaria para transformarse más tarde en concepto teóricamente elaborado » (M. García Pelayo, Del mito y de la razón en la historia del pensamiento político, Madrid 1968, 246 ss.).Entre las Líneas En efecto, aunque no acuñara la expresión, su sustancia fue desvelada por Maquiavelo (véase esta voz en la plataforma digital), merced a su actitud, de naturaleza pagana como dice Meinecke y de despreocupación por el conflicto entre las normas éticas y el obrar político. A través de los conceptos de virtú y fortuna descubre Maquiavelo la esencia de la razón de Estado. La virtú, en un principio concepto naturalista y dinámico, no se queda, sin embargo, en el ámbito de las fuerzas naturales irreguladas, sino que, en consonancia con el pensamiento renacentista, se convertirá en virtú ordinata, en fuerza política y virtud ciudadana dirigida racionalmente y de acuerdo con ciertos fines. La virtú ordinata del Estado vendrá a atribuir naturalmente un gran valor a la religión y a la moral, pero en tanto que elementos importantes en el mantenimiento de la dominación política. Religión y moral se convirtieron así, de valores con rango propio, en simples medios para los fines de un Estado vitalizado por la virtú. La fortuna, por el contrario, es concebida por el florentino como las fuerzas ciegas de la naturaleza, como el destino al que ha de oponer la virtú. La fortuna domina solo la mitad de nuestras acciones, mientras que la otra mitad o poco menos queda a nuestro arbitrio. Allí donde los hombres tienen poca virtú, la fortuna muestra toda su fuerza. Y es precisamente en esta lucha de fortuna y virtú donde apreciamos el origen del maquiavelismo, doctrina que la posteridad sintetizará en la afirmación de la licitud, dentro del obrar político, del empleo de medios incluso inmorales cuando se trate deadquirir o mantener el poder para el Estado (cfr. F. Meinecke, La idea de la razón de Estado en la Edad Moderna, con interesante estudio preliminar de L. Díez del Corral, Madrid 1959).

Botero

Botero intentó suavizar el maquiavelismo que desde el comienzo tiene la expresión ragione di Stato, diciendo que ésta consiste en el conocimiento de los medios adecuados para fundar, mantener y aumentar un Estado. Si se pregunta qué empresa es mayor, si la de aumentar o la de conservar un Estado, habrá que responder que esta última. Los Estados se adquieren, en efecto, por la fuerza, pero se conservan por sabiduría, y la fuerza pueden utilizarla muchos, pero la sabiduría pocos.Entre las Líneas En esa conveniencia de los medios para conservar y engrandecer su señorío incluye Botero no solo la conveniencia política, sino también la moral (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Botero eludió el problema que se planteaba tan agudamente en su época de armonizar los intereses estatales con los deberes frente a la Iglesia, limitándose a advertir a los príncipes que no debían seguir ninguna razón de Estado que contradijera las leyes divinas.La afirmación de Botero según la cual la política tiene por misión expresa conservar los señoríos, de modo que gobernar es, ante todo, conservar el gobierno, hizo fortuna. Como ha señalado Murillo analizando la recepción del término razón de Estado en España, la expresión «aumento y conservación de la monarquía» se repetirá insistentemente por los escritores españoles, que se sitúan a la vez dentro de la línea más ortodoxa (F. Murillo, Saavedra Fajardo y la política del Barroco, Madrid 1957).

Cristianismo

Es característico, en efecto, de la tratadística política española el intento de adaptación del pensamiento político italiano esbozado hasta aquí a la horma católica, buscando su «cristianización».Entre las Líneas En la obra de Pedro de Rivadeneyra (1595) se plantea ya la diferencia entre la falsa razón de Estado, «la de Maquiavelo y de los políticos», y la «verdadera, cierta y segura razón de Estado»: la enseñada por Dios, y que reside «en los medios que Él, con su paternal providencia, descubre a los príncipes y les da fuerzas para usar bien de ellos, como Señor de todos los Estados».Entre las Líneas En él, como en otros libros de la época (los de Juan de Salazar, P. Márquez, etc.), la defensa de la religión se hace también desde un punto de vista político, relacionándola con el tema de la razón de Estado; usan así ampliamente del argumento de que la religión cristiana es el mejor motor del buen vivir social y, por tanto, el mejor medio de que puede servirse un príncipe para gobernar adecuadamente su señorío. «Se defiende la religión cristiana de los ataques de Maquiavelo y sus secuaces, pero utilizando, paradójicamente, un camino maquiavélico: el de su superior eficacia como medio político» (F. Murillo, o. c.).

Extinción y Supervivencia

La literatura sobre este tema se extingue a fines del s. xvii, tanto en Italia, como en España y Alemania. Con todo, la razón de Estado ha continuado siendo una realidad, sobre todo en el terreno de las relaciones internacionales (más detalles sobre relaciones internacionales y las tensiones geopolíticas en nuestra plataforma). Al igual que el maquiavelismo en su conjunto se ha erigido, como expresión de una verdad científica, en la filosofía de acción de ciertos Estados.

En el Derecho Canónico

Nota: véase más sobre derecho canónico aquí.

Los abogados canónicos también ayudaron a desarrollar la concepción moderna de la razón de estado. El término ratio status era, por supuesto, de origen romano, al igual que muchos de los conceptos legales y políticos de los canonistas. A menudo se apeló al estatus de la iglesia y a la “razón de la utilidad de la iglesia”, tanto para limitar al papa cuando fue concebido para actuar en contra de los intereses de la iglesia como para extender su poder en casos de “necesidad”, cuando los requerimientos de la iglesia así lo exigían.

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Una Conclusión

Por lo tanto, el Papa podía conceder dispensas de la ley eclesiástica (aunque no de los artículos de la fe) cuando la “necesidad” lo requería, pero nunca podía actuar en contra del estatus de la iglesia. Los gobernantes seculares también podían actuar por necesidad, especialmente en guerras justas en las que la razón de la cuestión (ratio rei) hacía necesario luchar por la defensa de la patria.Entre las Líneas En tales casos, los canonistas también reconocieron que la iglesia tenía que contribuir con impuestos a la defensa común.

Autor: Black

Razón de Estado en Relación a Política

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] Fue Guicciardini, en sus Discursos sobre la Constitución de Florencia (1526 ó 1527), quien por vez primera utiliza la expresión «razón de Estado», recogida después por Giovanni della Casa; esta expresión se introduce en el ámbito de la ciencia política en 1589, con el libro de Giovanni Botero La razón de Estado. Como señala De los Ríos, la idea misma apunta «un momento culminante en la racionalización del arte político, el cual se reduce a lo que podría llamarse calculatoria histórica o cálculo de posibilidades de las realidades inmediatas, orientadas a determinar qué será lo más provechoso para el Estado» (Fernando de los Ríos, Religión y Estado en la España del siglo XVI, México 1957).
De esta forma, y frente a otros términos, «la expresión se origina en la vida diaria para transformarse más tarde en concepto teóricamente elaborado » (M. García Pelayo, Del mito y de la razón en la historia del pensamiento político, Madrid 1968, 246 ss.).Entre las Líneas En efecto, aunque no acuñara la expresión, su sustancia fue desvelada por Maquiavelo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), merced a su actitud, de naturaleza pagana como dice Meinecke y de despreocupación por el conflicto entre las normas éticas y el obrar político. A través de los conceptos de virtú y fortuna descubre Maquiavelo la esencia de la razón de Estado. La virtú, en un principio concepto naturalista y dinámico, no se queda, sin embargo, en el ámbito de las fuerzas naturales irreguladas, sino que, en consonancia con el pensamiento renacentista, se convertirá en virtú ordinata, en fuerza política y virtud ciudadana dirigida racionalmente y de acuerdo con ciertos fines. La virtú ordinata del Estado vendrá a atribuir naturalmente un gran valor a la religión y a la moral, pero en tanto que elementos importantes en el mantenimiento de la dominación política. Religión y moral se convirtieron así, de valores con rango propio, en simples medios para los fines de un Estado vitalizado por la virtú. La fortuna, por el contrario, es concebida por el florentino como las fuerzas ciegas de la naturaleza, como el destino al que ha de oponer la virtú. La fortuna domina sólo la mitad de nuestras acciones, mientras que la otra mitad o poco menos queda a nuestro arbitrio. Allí donde los hombres tienen poca virtú, la fortuna muestra toda su fuerza. Y es precisamente en esta lucha de fortuna y virtú donde apreciamos el origen del maquiavelismo, doctrina que la posteridad sintetizará en la afirmación de la licitud, dentro del obrar político, del empleo de medios incluso inmorales cuando se trate deadquirir o mantener el poder para el Estado (cfr. F. Meinecke, La idea de la razón de Estado en la Edad Moderna, con interesante estudio preliminar de L. Díez del Corral, Madrid 1959).
Botero intentó suavizar el maquiavelismo que desde el comienzo tiene la expresión ragione di Stato, diciendo que ésta consiste en el conocimiento de los medios adecuados para fundar, mantener y aumentar un Estado. Si se pregunta qué empresa es mayor, si la de aumentar o la de conservar un Estado, habrá que responder que esta última. Los Estados se adquieren, en efecto, por la fuerza, pero se conservan por sabiduría, y la fuerza pueden utilizarla muchos, pero la sabiduría pocos.Entre las Líneas En esa conveniencia de los medios para conservar y engrandecer su señorío incluye Botero no sólo la conveniencia política, sino también la moral (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Botero eludió el problema que se planteaba tan agudamente en su época de armonizar los intereses estatales con los deberes frente a la Iglesia, limitándose a advertir a los príncipes que no debían seguir ninguna razón de E. que contradijera las leyes divinas.
La afirmación de Botero según la cual la política tiene por misión expresa conservar los señoríos, de modo que gobernar es, ante todo, conservar el gobierno, hizo fortuna. Como ha señalado Murillo analizando la recepción del término razón de E. en España, la expresión «aumento y conservación de la monarquía» se repetirá insistentemente por los escritores españoles, que se sitúan a la vez dentro de la línea más ortodoxa (F. Murillo, Saavedra Fajardo y la política del Barroco, Madrid 1957).
Es característico, en efecto, de la tratadística política española el intento de adaptación del pensamiento político italiano esbozado hasta aquí a la horma católica, buscando su «cristianización».Entre las Líneas En la obra de Pedro de Rivadeneyra (1595) se plantea ya la diferencia entre la falsa razón de E., «la de Maquiavelo y de los políticos», y la «verdadera, cierta y segura razón de Estado»: la enseñada por Dios, y que reside «en los medios que Él, con su paternal providencia, descubre a los príncipes y les da fuerzas para usar bien de ellos, como Señor de todos los Estados».Entre las Líneas En él, como en otros libros de la época (los de Juan de Salazar, P. Márquez, etc.), la defensa de la religión se hace también desde un punto de vista político, relacionándola con el tema de la razón de E.; usan así ampliamente del argumento de que la religión cristiana es el mejor motor del buen vivir social y, por tanto, el mejor medio de que puede servirse un príncipe para gobernar adecuadamente su señorío. «Se defiende la religión cristiana de los ataques de Maquiavelo y sus secuaces, pero utilizando, paradójicamente, un camino maquiavélico: el de su superior eficacia como medio político» (F. Murillo, o. c.).
La literatura sobre este tema se extingue a fines del siglo Xvii, tanto en Italia, como en España y Alemania. Con todo, la razón de E. ha continuado siendo una realidad, sobre todo en el terreno de las relaciones internacionales. Al igual que el maquiavelismo en su conjunto se ha erigido, como expresión de una verdad científica, en la filosofía de acción de ciertos Estados.
V. t.: MAQUIAVELO Y MAQUIAVELISMO. [rbts name=”politica”]

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Recursos

Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre razón de estado en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Ediciones Rialp, 1991, Madrid, España

Véase También

Bibliografía

La citada en el texto.

Recursos

[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]

Notas y Referencias

  1. Información sobre Razón de Estado en la Enciclopedia Online Encarta

Véase También

Maquiavelo y Maquiavelismo.

Bibliografía

Kelsen, Hans, Teoría general del Estado; traducción de Luis Legaz y Lacambra, Barcelona, Labor, 1934 Meinecke, Friedrich, La idea de la razón de Estado en la Edad Moderna; traducción de Felipe González Vicén, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1959; Morgenthau, Hans, Politics among Nations, New York, Aifred A. Knpf, 1978; Schwarzenberger, Georg, Power Politics, Londres, Stevens and Sons Limited, 1964.

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1 comentario en «Razon de Estado»

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