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Significado de Represión

Significado de Represión

Véase también Represión Internacional.

Significado de Represión en las Ciencias Sociales Latinoamericanas

Definición

La acción y efecto de represar o represarse y de reprimir o reprimirse. Es uno de los fundamentos de la justicia y en especial del derecho penal, siendo en algunos sistemas penales la única base de la penología. Tiene también íntimo contacto con el derecho administrativo en lo referente a conservación del orden público (Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Bilbao, Madrid, Barcelona, Espasa Calpe, 1933, t. 40).

Reprimir: del latín reprimere; composición de re, preposición inseparable que denota reiteración o repetición y de primere, oprimir, contener, disimular, tratándose de objetos violentos (en la obra citada, t. 47).

El Diccionario de Sociología publicado por Henry Pratt Fairchild (México D (examine más sobre todos estos aspectos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). F., México, Fondo de Cultura Económica, 4a. ed. en español, 1966, p. 255) señala que represión es la «acción de contener, refrenar o moderar. El fin de la política criminal, del derecho penal y de sus diversas instituciones es la represión de la delincuencia o la lucha contra ella. Ese fin es aceptado’ genéricamente por las escuelas de pensamiento, cualquiera que sea su discrepancia en orden a la fundamentación de este.

Puntualización

Sin embargo, la idea de represión implica un matiz que la contrapone fundamentalmente a la de prevención, desde. el punto de vista de la política criminal. Sin perjuicio de aceptar el principio de que se previene reprimiendo, subsiste la diferencia que asocia la represión a la delincuencia ya existente y manifiesta, mientras que la prevención considera con preferencia el propósito de evitar y contener la criminalidad latente o potencial antes que se manifieste en sus efectos lesivos, de lucha contra ella en sus mismos orígenes procurando de modo más efectivo un mejoramiento general de la sociedad en este aspecto».Entre las Líneas En esta obra se consigna una acepción de represión social que consideramos de interés: «Eliminación o prevención, por obra del esfuerzo colectivo, de las formas de conducta consideradas divergentes.»

Además de los significados señalados precedentemente, el Diccionario de Derecho Usual, de Guillermo Cabanellas (8a. ed., t. III, Buenos Aires, Argentina, Ed. Heliasta, 1974, p. 555) define a la represión como «el modo especial y más o menos violento de contener el descontento o la rebeldía; de oponerse a las alteraciones del orden público, desde una protesta verbal o gritería hasta una rebelión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La autoridad, sin ceder en sus atribuciones, sin excederse de sus derechos, debe reprimirse al reprimir, porque donde acaba la justicia concluye la represión y empieza un delito gravísimo: la persecución por el poder público.»

De los conceptos expuestos se extrae que la idea de represión está siempre presente en el Derecho, en cualquiera de sus manifestaciones, en tanto el orden jurídico debe utilizar la represión para preservar y conservar el orden público.

Orden público: resulta muy dificultoso definirlo con exactitud porque su determinación depende del concepto de interés público.

El Estado es quien va a precisar el interés público conforme sus objetivos políticos, los que serán temporales por razones de gobierno, pero se referirán a aquellos temas en que esté comprometida la estructura y fines de su accionar (moral, buenas costumbres, religión, etc,).

Cabanellas (en la obra citada, p. 131) concluye que orden público es sinónimo de un deber, que se impone en general a los súbditos de no perturbar el buen orden de la cosa pública, y con un concepto político de interés se refiere a normalidad jurídica, al imperio de la ley, al reconocimiento de los derechos y garantías individuales en un régimen de sinceridad constitucional. «Difiere de esa idea el criterio de los regímenes y partidos despóticos agrega este autor que con funden el orden público con la tranquilidad pública producida por el temor de los súbditos, cuya discrepancia es delito, y cuya protesta se estima é:rimen capital. »

América Latina

No es posible hacer una conceptualización del uso generalizado del término porque su significado varía de acuerdo con el ámbito en el que se lo aplica. Consecuentemente, se pueden distinguir diferentes formas de represión: legal, psicológica, religiosa/moral, política; toda ellas con características propias perfectamente discernibles que se procederán a estudiar.

Represión legal: se realiza a través de las normas represivas que conforman un «sistema reparador» para asegurar la conservación del orden público o volverlo a su estado normal, una vez perturbado.

La legislación represiva es instrumentada por los gobiernos y consiste generalmente en leyes penales, antisubversivas, decretos de ilegalización de huelgas, edictos policiales que marcan los límites del orden, etc. Cuando este ordenamiento represivo bloquea la participación popular, en sentido amplio, estos gobiernos se convierten en opresores.

En la historia de Latinoamérica puede encontrarse, fácilmente, un proficuo espectro de estas «conversiones».
En Chile, por ejemplo, «las más famosas (represiones) después de las cumplidas contra los indígenas fueron las que afectaron a los obreros salitreros 61 quique en 1908, la del año 1916 en Puerto Natales, la de 1921 en la provincia de Tarapacá contra los mineros, y la de 1936 en Ranquil provincia de Malleca) contra grupos campesinos [… J En la historia de América Latina, no hay ningún episodio equivalente al levantamiento militar, y la consiguiente represión, cumplidos en Chile a partir del 11 de septiembre de 1973» (Carlos Rama, Chile, mil días entre la revolución y el fascismo, Ed. Planeta, S. A., Barcelona, España, 1974).

Argentina nos brinda también algunos ejemplos.Entre las Líneas En Buenos Aires, en 1919, fueron violentamente reprimidos los obreros de la fábrica Vasena, acontecimiento que los historiadores dieron en llamar «La Semana Trágica».Entre las Líneas En 1922 se realizó, en el ámbito rural (provincia de Santa Cruz), la primera huelga revolucionaria, que fue ferozmente reprimida por tropas del ejército.

En México, en las postrimerías de la década del sesenta, se pudo observar una execrable manifestación de violencia producto de «un sistema represivo de cuya implacabilidad muy poco se sabía hasta la brutal masacre de la Plaza de Tlatelolco en 1968 que lo puso en evidencia ante propios y extraños» Uan F. Marsal, La sombra del poder, en prensa).

Estos ejemplos muestran cómo la carga latente de violencia que encierra la represión suele manifestarse brutal y despiadadamente, excediendo como es obvio, su imagen legal.

Con respecto al sistema legal, su variante represiva disminuirá, si aumenta la preventiva esto dicho en territorio del derecho. Pero, la variante preventiva, necesaria para que no exista represión violenta, es nada menos que el cambio del orden social imperante.

Represión psicológica: gracias al aporte del psicoanálisis, su significado es sumamente claro. Para la corriente psicoanalítica, represión, significa «la operación por medio de la cual el sujeto intenta rechazar o mantener en el inconsciente representaciones (pensamientos, imágenes, recuerdos) ligados a una pulsión [.,]. La represión se produce en aquellos casos en que la satisfacción de una pulsión (susceptible de provocar por sí misma placer) ofrecería el peligro de provocar displacer en virtud de otras exigencias». U. La planche y J. B. Pontalis, Diccionario de Psicoanálisis Ed. Labor, Barcelona, España, 1971). Esto se clarifica a través de lo que Marcuse denomina «represión excedente» y que define como «controles adicionales que salen de las instituciones específicas de dominación» (incluyendo desde controles hasta dominación)… «En la historia de la civilización la represión básica y la represión excedente han estado inextricablemente entrelazadas» (H. Marcuse, Eros y Civilización, Ed. Seix Barral, Barcelona, España, 1971). Es decir que aquellas «exigencias» no son otras que las que impone la realidad social y sus representaciones (políticas, religiosas y jurídicas).

Debe entenderse que el objetivo no es hacer un análisis exhaustivo de toda la carga de represión excedente que provocan las instituciones concretas, sino que se intenta aclarar el significado de los distintos tipos de represión considerados en la clasificación original.

Represión religiosa: en la fundamentación de su crítica irreligiosa Marx expresa: «La religión es el opio del pueblo. La superación de la religión como felicidad ilusoria del pueblo es la exigencia de su verdadera felicidad. La exigencia de superar las ilusiones sobre su situación, es la exigencia de superar una situación que necesita ilusiones. » (K. Marx, Crítica de la filosofía del derecho de Hegel, Ed. Nuevas, Buenos Aires, Argentina, 1965).
El temor al castigo divino, la promesa tan aclamada como ilusoria de una felicidad celestial completa y verdadera, la exigencia tanto más terrible y grotesca cuanto mayor es el desamparo y la angustia del creyente de tener esperanza en la solución divina de las necesidades terrenas, son una escasa muestra de los poderosos argumentos que esgrime la religión para ayudar al mantenimiento del statu quo y a la reproducción del sistema.

Precisamente el «padre adscripto» de la sociología, Augusto Comte, considera en sus Cursos de Filosofía Positiva que «todo gobierno supone la religión para conservarse».

Es evidente la necesidad de todo gobierno de conservarse; es visible también el fin que persigue la utilización de la represión como inherente al poder y la importancia del supuesto de religiosidad que subsume su ejercicio.
Obviando los análisis de los científicos sociales clásicos, se remarca la permanente integración de la tríada religión, poder, represión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Como última fase en la concepción universal (occidental) de la represión religiosa resulta esclarecedor citar a un pensador clásico de derecha: «… Hay solo dos posibles [represiones] religiosa y política] cuando falta la primera no hay más que esclavos y tiranía[…] cuando la primera era completa lo fue también la libertad [… J cuando la religiosa no existe, todos los despotismos son pocos. » (D. Cortes, en Obras Completas, Discurso sobre la dictadura (1849)1 Biblioteca de Autores Cristianos, Ed. Católica S. A., Madrid, España, 1946).

En el contexto latinoamericano, es interesante considerar una visión antropológica de la citada tríada (religión, poder, represión) analizando la consolidación de la civilización andina, más específicamente la cultura chavín (1500 A. C.).

El desarrollo de las fuerzas productivas y el objetivo inherente de mayor productividad en la agricultura necesitó de especialistas (mediadores técnicos) dedicados al estudio de la meteorología y de las técnicas de regadío apropiadas. Estos especialistas aumentaron progresivamente su prestigio social y su poder; sus conocimientos fueron considerados como dones sobrenaturales; estaban ligados a los dioses, eran sus sacerdotes.

Este rol, distinto de aquellos que conformaban la comunidad de. productores agrarios directos, debía subsistir permanentemente a fin de consolidar el nuevo modo de producción excedente; por esa razón dicho rol entró en el campo de lo sagrado, apoyado por la feroz conformación arquitectónica de los ídolos que mandaron construir.
Tal como lo expresa un antropólogo peruano «la alternativa de poder negarse a entregar una parte de la producción, que debió poseer la comunidad campesina en los comienzos de este proceso (surgimiento de un nuevo modo de ‘producción), debió ser clausurada para eliminar el grave peligro que ello significaba para los habitantes de los templos (sacerdotes). Para eso fue indispensable crear un régimen de obligaciones imprescriptibles, sancionadas por los dioses, en tanto que ellos eran en ‘última instancia’ quienes debían ser retribuidos por los campesinos, por los servicios que a través de los sacerdotes ellos ofrecían.. » (L. G. Lumbreras, Los orígenes de la civilización en el Perú, Ed. Milla Batres, Lima, Perú, 1974).

Por último, se debe destacar que la represión religiosa se ejerce a través de un marco institucional: la Iglesia, que articulada con el Estado lo apoya en la dirección e intensidad de la coerción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Entre las Líneas En síntesis, la Iglesia es una institución «del orden»; así también la define O (examine más sobre todos estos aspectos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fals Borda cuando dice: «Al resucitar el concepto del siglo XVI sobre la tiranía absoluta como única justificación de la revolución, el señor cardenal Primado confirmó en la Iglesia Católica colombiana su papel de soporte central del statu quo.Entre las Líneas En efecto, según él, la Iglesia debería rehuir el debate social y refugiarse en la ‘verdad eterna’. » (. «Il Tempo», mayo 12 de 1965.) «La ‘verdad’ es aquí una expresión encubierta que implica la defensa del orden vigente […]

Así, la paz burguesa es bendecida por la mano sacra del orden existente, y la Iglesia se recluye, con toda su potencialidad creadora, a los conventos, casas parroquiales, campanarios y palacios, para esperar la llegada del ‘tirano absoluto’ y resucitar entonces a’ la acción social. » (O (examine más sobre todos estos aspectos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fals Borda, Subversión y Cambio Social, Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, Colombia, 1968).

En todo el análisis precedente no fueron considera dos los intentos de secularización producidos en la Iglesia en la década del sesenta, que cuestionaban y cuestionan la función represora de la religión y que proponen una «práctica religiosa militante» (ver Tercermundismo).

Represión política y moral: la «moral» es una cuestión asociada a su propia institucionalidad. Cuando la crítica a las instituciones a partir del individuo y sus cualidades reflexivas, se acalló en aras del «orden postrevolucionario» europeo del siglo XIX, la citada cuestión moral y su marco de instituciones políticas concretas fueron restauradas con jerarquía de indiscutibles en el pensamiento de los ideólogos posteriores a la revolución. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).
Hegel subrayó, en su Filosofía del Estado y en sus Cursos sobre Filosofía de la Religión, la cualidad de razonabilidad de los marcos. institucionales; ya que la razón se realizaba en ellos cada vez más, en forma absoluta, enmarcada vez más verdaderos: «El Estado, ese. divino terrestre. » Además, para Hegel, los patrones morales eran orgánicos, hereditarios, acumulativos, tradicionales, perfectos, entonces eran indiscutibles.
El marxismo en su análisis del trabajo enajenado, y de las instituciones políticas que desde la superestructura reproducen las relaciones de producción que lo provocan, rompió con la concepción conservadora y, por supuesto, con la institucionalidad burguesa en su conjunto, en donde se realizaba la moral de los explotadores.

La existencia del proletariado (la clase obrera industrial; el término pasó a ser de uso general después de que se popularizara en los escritos de Karl Marx) es el testimonio fehaciente de que la «verdad moral» no se ha realizado en las instituciones políticas, si así hubiera sucedido el trabajo alienado hubiera desaparecido.

En (los años 80-90) se restauró la cuestión moral otra vez como justificadora de la política burguesa en su versión de Estado Benefactor. Ejemplo de ello es la conceptualización del estado moral como fundamento del equilibrio funcional de la sociedad.

En el marco latinoamericano la existencia de la problemática caracterizada por la explotación, la dependencia, la marginalidad, el analfabetismo, la coacción ideológica y la alienación provocada por los medios de comunicación masiva, el subempleo y el desempleo, la subalimentación y la «planificación de la familia» (léase «control de la natalidad»), todos ellos con una finalidad de control político son un nuevo testimonio de la irrealidad de la moral como cuestión universal.[1]

Recursos

Notas y Referencias

  1. Nidia Fontán y Carlos Catuogno (autores originales), adaptado y corregido (por Lawi) de los términos latinoamericanos que debían formar parte del Diccionario de Ciencias Sociales en español de la UNESCO, publicado en 1975 bajo la dirección de Salustiano del Campo y al amparo del Instituto de Estudios Políticos. Es el resultado de la postura crítica y disidente del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) frente al diccionario de la UNESCO y su respuesta con la obra colectiva “Términos latinoamericanos para el Diccionario de Ciencias Sociales”, publicada en 1976.

Véase También

Bibliografía

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