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Totalitarismo en Sociología Politica

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Totalitarismo en Sociología Politica

Este elemento es una expansión del contenido de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre el totalitarismo en sociología política y su repercusión internacional. Puede interesar el contenido de Características del Totalitarismo.

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Totalitarismo en Sociología Politica

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1]

Noción

Por totalitarismo se entiende una concepción del Estado que abarca a una serie de regímenes entre los que existen diferencias profundas, pero que nacen y se desarrollan bajo común aspiración de totalidad. Pese a esas diferencias resulta una denominación cómoda y suficientemente indicadora para referirse a un fenómeno político característico de algunos países del siglo XX, en el que se intentó dar respuesta a las específicas exigencias de una época cambiante, conflictual, dominada por los problemas de organización.

El vocablo totalitarismo está formado por el adjetivo «total», que a su vez remite a «todo». Mussolini, al proclamar el Estado como «la verdadera realidad del individuo», «todo en el Estado, nada fuera del Estado», sancionó la calificación de totalitaria para aquella organización política que estaba llamada a crear, programar y cumplir todo lo necesario a la vida histórica de los hombres a través de una organización omnipresente.Entre las Líneas En el fondo de la cuestión, buceando en sus connotaciones metafísicas, el totalitarismo hunde sus raíces en una visión cósmica de tipo monista (véase en esta plataforma: MONISMO) y, por tanto, racionalista (véase en esta plataforma: RACIONALISMO), y en general materialista (véase en esta plataforma: MATERIALISMO).

El totalitarismo nazi y fascista

Presupuestos sociohistóricos. Estos movimientos totalitarios se originan después de la 1 Guerra mundial (o global) recogiendo las frustraciones que deja tras sí la contienda y, por tanto, manifestándose de manera más clara en países vencidos. Los primeros núcleos de seguidores de Mussolini (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) o Hitler (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) estaban formados por grupos de excombatientes. Con el tiempo, sus programas sedujeron a los diferentes estratos de la población, pero sobre todo prendió en las clases medias. Pareció ofrecer la fórmula adecuada para resolver problemas sociales, políticos y económicos universalmente sentidos y que requerían atención rápida y eficaz, como eran los de un difuso escepticismo acerca de las fórmulas liberales, la anarquía creada por las luchas de partidos e ineficacia parlamentaria, la crisis económica manifestada en hechos como la inflación, la desorganización del mercado, el paro, etc.

Para todos estos fenómenos ofrecía solución la nueva idea. Sus líderes trataron sin consideración a las instituciones del sistema liberal y presentaron su fórmula como una creación revolucionaria, capaz de dar nueva faz al mundo y acabar con todas las demás revoluciones. Reaccionan, consecuentemente, contra el marxismo, oponiéndose a su interpretación de la historia y de la sociedad. Excluyen, con acierto, el concepto de «lucha de clases», pero considerando al Estado como el hecho espiritual englobante llamado a animar la historia. No será el producto de la concurrencia mecánica de opiniones, sino un organismo, un movimiento vivo. Idea política antes que económica o social, el totalitarismo ve en el Estado el factor destinado a fundir las clases en una sola realidad económico-moral. El nuevo Estado se presenta como «Estado ético», con todos los recursos para configurar al hombre del futuro. Tal realización se proclama como el «verdadero socialismo».

Presupuestos ideológicos

Las raíces del movimiento se hallan en gran parte en el romanticismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).Entre las Líneas En torno a determinadas consignas, como las de nación (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) o de raza (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), elevadas a mitos, se teje un aparato teórico destinado no tanto a convencer como a arrastrar mediante símbolos lo suficientemente globales y oscuros como para que en ellos pueda encontrarse representada toda una masa. Ante el escepticismo ambiente frente a las confesiones religiosas, la doctrina totalitaria asume el papel de casi una nueva religión, con sus dogmas, su culto y su ritual. La mitología así levantada se arroga una especie de función creadora y redentora, aunque en un contexto secular y pagano.

No puede decirse que la nueva ideología constituya una teoría original y coherente. Más bien es un sincretismo que funde principios y valores de varia procedencia en el crisol de un proyecto en el que tiene primado la acción. Cabe encontrar, sin embargo, una línea de pensamiento con la que se solidariza. Se trata de la que viene desde Maquiavelo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), entronizando la «razón de Estado» (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) como principio rector autónomo, «neutro», frente a instancias trascendentes de orden religioso o moral. Es la línea que, pasando por Hobbes (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y su máquina estatal, llega a Fichte (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y Hegel (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).Si, Pero: Pero estas fuentes de inspiración son dejadas atrás.

Informaciones

Los dos últimos autores, en concreto, hablan del Estado como concreción del fuero en cuyo dominio será posible la libertad. [rtbs name=”libertad”]

Sin embargo, la fuente romántica de que se alimentan esos filósofos es la mismaque invocará, aun prescindiendo de ellos, el nacionalsocialismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). La fuerza prevalece ahí sobre la forma. Nietzsche (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) hará el diagnóstico de una situación en la que han desaparecido los valores y formas consagradas. Borrados los órdenes establecidos, queda como tarea el orden a establecer, que será cosa de los inspirados y de los audaces.

El difuso historicismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) de la época y también la primacía de lo biológico, de moda desde Darwin, suministran supuestos apoyos apropiados para nuevos experimentos con el hombre y hasta para el racismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). El orden a establecer podrá ser discrecional: un orden de voluntad en el puesto del orden de la razón. La voluntad en el ejercicio ordenador se vinculará a la violencia, como sostuvo Lenin (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) o, como, siguiendo a Sorel (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), admitirá Mussolini. Nombres como los de Spengler (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) o Pareto (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) proporcionarán argumentos para creer en el oscuro poder del destino y para confiarse a la dirección inspirada de jefes carismáticos o minorías privilegiadas.

El totalitarismo marxista

Si definimos el totalitarismo como la asunción de la entera sociedad por el Estado, entonces el marxismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) puede definirse como totalitario. Aunque postula teóricamente lo contrario: la desaparición del Estado, la realidad es, sin embargo, que precisamente por ese postulado resulta totalitario. Negando por entero tanto a Dios como toda trascendencia del individuo sobre la sociedad, el marxismo implica igualmente una completa visión totalitaria de la política. [rtbs name=”introduccion-a-la-politica”]Más aún, siendo la estructura social y con ella la autoridad inseparables del vivir humano comunitario, la pretensión marxista de suprimir el Estado se revela irrealizable, de modo que su totalitarismo social desemboca necesariamente en un Estado totalitario.

Si en el binomio sociedad-Estado (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), el totalitarismo fascista podríamos decir pretende suprimir la sociedad, absorbiéndola en el Estado, el totalitarismo marxista al pretender teóricamente suprimir el Estado (en la última fase comunista) realiza la misma operación de absorción. La etapa comunista, en la que se realizaría la superación de las clases, no adviene nunca, y mientras tanto impera una dictadura del proletariado, encarnado a su vez en un partido detentador omnímodo del poder. El totalitarismo que se manifiesta ya en Lenin (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y culmina en Stalin (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) no es accidental, sino consubstancial al comunismo. La impersonalización del sistema ocurrida en la URSS (véase en esta plataforma: UNIÓN SOVIÉTICA) con la muerte de Stalin puede corregir en algún aspecto la figura externa del régimen, como en lo que toca al «jefe carismático». Subsiste, sin embargo, la realidad totalitaria referida al Partido y los encargados de traducir en decisiones la línea de inspiración de que éste es sujeto. Lo que se dice de la URSS vale, en sustancia, de los demás regímenes comunistas.

Habiendo sido estudiados ya ampliamente el marxismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y el comunismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), no es necesario extendernos aquí más. Baste señalar que, coincidiendo en puntos sustanciales con los movimientos antes mencionados, existen entre ellos notables diferencias, que afectan tanto al supuesto material mitificado (para Mussolini es la nación; para Hitler, la raza; para el comunismo, el proletariado), como al tono mismo del movimiento (vitalista en el nazismo y el fascismo; racionalista en el comunismo).

Rasgos del totalitarismo

Precedentes del Estado totalitario se encuentran en el pasado. Cabe emparentarlo con las fórmulas políticas autoritarias: con los despotismos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y tiranías (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) antiguos a los absolutismos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y las dictaduras (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) modernos.Si, Pero: Pero no ha de confundirse con ellos. Los monarcas absolutos representan uno de los modos de ejercicio autoritario del poder, pero este poder,al menos teóricamente, debía responder ante un orden de cosas trascendente a lo político, orden testimoniado en las conciencias con última garantía en Dios. Las dictaduras mismas se apoyan en justificaciones más allá de ellas. Aunque asuman el máximo de poder, se entiende que lo hacen en situaciones de emergencia para salvar momentos conflictuales difíciles, pero encaminadas a dejar paso de nuevo a la legalidad y la libertad. [rtbs name=”libertad”] Lo propio del totalitarismo es la concepción del poder como instancia última y absoluta; y ello como sistema permanente.Entre las Líneas En el Estado se totalizan las pretensiones, los esfuerzos y los ideales de los súbditos, a los que compete creer en los que mandan, reconocer su superioridad y obedecerles.

El Estado se convierte en planificador y motor total. El establece los ideales válidos integradores de toda la vida, programa su realización y se hace responsable de conseguirla.Entre las Líneas En este sentido es «Estado total», concibiendo el orden comunitario en su seno como una empresa monopolística. Excluye la separación o distinción de poderes; elimina la oposición y eJ juego libre de opiniones; borra el sufragio universal (el derecho, de todos los ciudadanos mayores de edad, a votar, sea cual sea la definición de “mayor de edad”) de la democracia igualitaria. Instaura de nuevo un sentido rígidamente jerárquico, confiando la dirección de la historia a minorías seleccionadas con sentido elitista, en las que se presume encarnado el destino de la nación, de la raza o de la causa que resume el ideal perseguido. El lema de «cumplir órdenes» aparecerá como justificador de cualquier acto de poder, entendiendo que las órdenes emanadas desde arriba encarnan la dirección inequívoca llamada a hacer historia. El sistema se cierra en el «jefe», en el que toma concreción el espíritu colectivo y en el que los subordinados verán encarnada su propia realidad y destino. Ello conduce a dotar al jefe de infalibilidad e irrefragabilidad: «el jefe no se equivoca».

Esta caracterización general se ve en acción interviniendo para dar forma a todas las manifestaciones de la vida.Entre las Líneas En el plano de la cultura, un dogma ideológico, oficialmente sancionado, y con el aludido alcance religioso, es propuesto como forma última de la vida: el individuo no es nada fuera del Estado. La sociedad es concebida como masa pasiva. Los órdenes moral y jurídico son dictados con arreglo a las exigencias del ideal mítico a conseguir. La economía es sometida a una programación mediadora para la realización de ese mito. La programación se extiende al campo biológico y educacional. Procreación y educación son servicios al Estado, que el mismo Estado se encarga de cumplir o guiar. Por encima de todas estas comisiones, y como su promotor, está la política. [rtbs name=”introduccion-a-la-politica”]Se comprende que el moderno totalitarismo marxista y fascista se haya calificado como una nueva especie de teocracia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), más absoluta y divinizada que la de los antiguos imperios.

Desde la instancia política se urgirá la eficacia del funcionamiento total, lo que requiere un perfecto aparato de promoción y control.Entre las Líneas En efecto, eJ poder se rodea de una burocracia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) altamente desarrollada y eficaz, sobre todo fiel. Aspectos importantes de esa burocracia son los de promoción en la masa de respuestas favorables al sistema por medio del adoctrinamiento, la propaganda y represión de respuestas contrarias al mismo, a cargo del aparato policial. La idea de «servicio» tiene especial primacía entre las consignas oficiales. Por servicio se entiende sacrificio: sacrificio ante la nueva divinidad que es el Estado.Entre las Líneas En la lógica del sistema está el que, llegado el momento de ver peligrar el Estado, a todos se exija el martirio; ese momento de peligro es el de guerra: la guerra de un Estado totalitario es la «guerra total».
Se explica que una forma de comprender la naturaleza del Estado totalitario sea la de definirle por sus rasgos negativos respecto al cumplimiento de las aspiraciones normales de la vida humana.

Entre esos rasgos cabe señalar:

  • la mitificación de uno de los momentos de la existencia, tal vez importante, pero no absoluto; el sacrificio de los individuos a ese absoluto;
  • el desconocimiento del patrimonio moral de las personas y de los grupos;
  • la liquidación de la libertad;
  • la exclusión de una opinión pública responsable;
  • el desconocimiento de los derechos fundamentales de personas e instituciones;
  • la muerte de todo pluralismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y, con ello, la muerte de la propia sociedad.

Todos estos rasgos se resumen en uno solo: el sacrificio de toda razón a la «razón de Estado» (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), donde la razón se pone al servicio de una fuerza o instancia irracional, que por dictado se privilegia y se constituye en absoluta. Bajo esta razón política monopolística se produce la uniformidad social de los hombres, tratados dirigísticamente como masa, y aunados bajo la forma de colectivismo.Entre las Líneas En el colectivismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) la vida queda absorbida por la organización. Individuos y grupos han de pasar por el Estado para llegar a su propia realidad. La sociedad podrá llegar a reflejar aquella especie de estructura que se ve actuada en el reino animal, entre las hormigas o las termitas.

Otras manifestaciones

Junto a los totalitarismo radicales y consecuentes existen manifestaciones atenuadas. Entre estas últimas se hallan las genéricamente denominadas dictaduras (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Aunque, como hemos dicho, el fenómeno dictadura de suyo no es identificable en el totalitario, hoy tiende a serlo, en parte como defecto de lenguaje, empleándose indiscriminadamente el calificado de «dictador». Por otra parte, tendencias totalitarias se pueden advertir en regímenes democráticos, en los que la presión burocrática, las técnicas y controles dirigistas pueden hallarse en manos de grupos que mediante ellos pueden manipular más o menos expresamente al cuerpo social, como señalaba Tocqueville (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).

No escapan a las mismas tendencias algunas ideologías románticas que buscan desencadenar movimientos liberadores de servidumbres inmediatas, pero colaborando a crear masas ciegas de acción que obstruyen las opciones racionales. El fenómeno totalitario, a este nivel de tendencias más o menos claras, resulta especialmente confuso. Denuncia más bien los antagonismos polémicos que reinan en la discusión política de nuestra época y traducen el universal miedo a un fantasma, presuntamente desaparecido, pero cuyo maleficio aún se deja sentir por doquier. Ello explica que cualquier postura política sea tildada por su antagónica como totalitaria.
[rbts name=”sociologia”]

“La sociedad abierta y sus enemigos”, de Karl Popper

Uno de los libros sobre filosofía política más importantes del siglo XX, “La sociedad abierta y sus enemigos” es una defensa intransigente de la democracia liberal y un poderoso ataque a los orígenes intelectuales del totalitarismo. Sensación inmediata cuando se publicó por primera vez, este logro de Karl Popper ha alcanzado un estatus con legado tanto en la izquierda como en la derecha política.

Según la editorial:

“Escrito en el exilio político en Nueva Zelanda durante la Segunda Guerra Mundial y publicado en dos volúmenes en 1945, La sociedad abierta y sus enemigos fue aclamado por Bertrand Russell como una “vigorosa y profunda defensa de la democracia”. Este legendario ataque a las filosofías de Platón, Hegel y Marx profetizó el colapso del comunismo en Europa del Este y expuso los defectos fatales de los sistemas políticos de ingeniería social. Sigue siendo muy legible, erudito y lúcido, y una lectura tan esencial hoy como en el momento de su publicación en 1945.”

El grito de guerra de posguerra del filósofo de origen austriaco a favor de la democracia liberal occidental tuvo una enorme influencia en la década de 1960.

“Si queremos que nuestra civilización sobreviva”, escribe Karl Popper al comienzo de esta apasionada defensa de la libertad y la razón, “debemos romper con el hábito de la deferencia hacia los grandes hombres”.

La sociedad abierta y sus enemigos, concebido en la década de 1930 y terminado en la de 1940, se convertiría en un texto clave de la década de 1960, y su autor en una profunda, y a veces estremecedora, influencia para una nueva generación de estudiantes universitarios. Así, un libro inspirado en la invasión nazi de Austria en 1938, pero escrito en realidad en la solitaria tranquilidad de la Isla Sur de Nueva Zelanda, se convirtió en un grito de guerra, en nombre de la democracia liberal occidental, para la renovación de la tradición europea en la posguerra.

Antes de la inevitable reacción en contra, Popper, un intelectual emigrado decidido a abordar “las dificultades a las que se enfrenta nuestra civilización”, se convirtió en piedra de toque de la opinión progresista. Su feroz crítica de Platón, Hegel y Marx se entendió como un asalto al pensamiento totalitario, y se puso muy de moda, incluso cuando fue denunciado por académicos y rivales disidentes. Al mismo tiempo, La sociedad abierta y sus enemigos (publicada en dos volúmenes: El embrujo de Platón y La alta marea de la profecía: Hegel, Marx y las secuelas) fue el producto del propio viaje intelectual del filósofo.

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De joven, Popper había adoptado el marxismo, una decisión que influiría seriamente en muchas de sus ideas posteriores. Durante unos meses de 1919 incluso se había considerado comunista, sintiéndose muy a gusto con las ortodoxias del conflicto de clases y los principios centrales de la economía y la historia marxistas. Aunque pronto se desilusionó, este coqueteo juvenil con la ideología marxista le llevaría a distanciarse de quienes creían en la revolución violenta. Finalmente, durante la larga desilusión de los años veinte, llegó a darse cuenta de que el sacrificio de vidas humanas debe ser el último recurso, y que el pensamiento y la conducta radicales deben ejercerse con una cautela y prudencia ejemplares.

Popper no sólo se sintió consternado por el fracaso de los partidos democráticos a la hora de impedir que el fascismo se apoderara de la política austriaca en las décadas de 1920 y 1930, sino que sufrió directamente las consecuencias de este fracaso histórico. La anexión de Austria por los nazis, con el Anschluss de 1938, obligó al joven filósofo a un exilio permanente. A partir de entonces, se dedicaría a atacar durante toda su vida el pensamiento totalitario en general y el marxismo en particular.

Sus intereses filosóficos también se referían a la ciencia y a la incertidumbre del conocimiento. Algunas de sus enseñanzas, de hecho, acabarían desempeñando un papel importante en el desarrollo intelectual de Thomas Kuhn (nº 21 de esta serie). Popper cuestionó la idea de que existieran leyes inexorables de la historia humana, pues creía que la historia estaba influida por el crecimiento del conocimiento, que siempre es impredecible.

Popper había expresado por primera vez sus argumentos sobre la ciencia en La lógica del descubrimiento científico (1934), argumentando que la ciencia procede a través de conjeturas audaces y competitivas sometidas a pruebas rigurosas. En una ocasión afirmó que “junto a la música y el arte, la ciencia es el mayor, más bello y más esclarecedor logro del espíritu humano”.

Pero fue como promotor de la idea de “la sociedad abierta” y defensor de los sistemas democráticos como se hizo más conocido. La sociedad abierta y sus enemigos, publicado finalmente en 1945, ha sido descrito como uno de los libros más influyentes del siglo XX. Además de popularizar la sociedad abierta, argumentaba que el comunismo y el fascismo estaban filosóficamente vinculados, y demostraba las sutiles interconexiones de la política y la cultura: “La afirmación de que el programa político de Platón es puramente totalitario, y las objeciones a esta afirmación”, escribe Popper, “nos han llevado a examinar el papel desempeñado, dentro de este programa, por ideas morales como la Justicia, la Sabiduría, la Verdad y la Belleza.” En respuesta, Bertrand Russell, un importante defensor, declaró que la obra de Popper era “una vigorosa y profunda defensa de la democracia, oportuna, interesante y muy bien escrita”.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

En retrospectiva, es la fuerza retórica y la claridad de la escritura de Popper lo que resulta a la vez singular e impresionante, y también nunca menos que intensamente legible: “¿Quién puede dudar de que Platón revela aquí lo seriamente que le impresionó el credo de la sociedad abierta, y lo mucho que tuvo que luchar para entrar en razón y darse cuenta de dónde se encontraba, es decir, en el campo de sus enemigos?”.

En su introducción a una segunda edición, Popper admite hasta qué punto su obra se vio influida por la Segunda Guerra Mundial: “El hecho de que la mayor parte del libro se escribiera durante los años graves, cuando el resultado de la guerra era incierto, puede ayudar a explicar por qué algunas de sus críticas [son] más emotivas y duras en tono de lo que yo desearía. Pero no era el momento de andarse con rodeos”.

Popper afirmó que nunca había hecho ninguna referencia explícita a la guerra. No obstante, su libro “era un intento de comprender aquellos acontecimientos y sus antecedentes, así como algunas de las cuestiones que probablemente surgirían una vez ganada la guerra”.

En el espíritu de la guerra fría, y del clima político en el que se leía por primera vez La sociedad abierta y sus enemigos, Popper no dudó en declarar que el marxismo era “un problema importante” y sólo “uno de los muchos errores que hemos cometido en la perenne y peligrosa lucha por construir un mundo mejor y más libre”. En consecuencia, Popper no dudó en identificar “la oscuridad de la actual situación mundial”, afirmando que ésta era su justificación para su “severo tratamiento de Marx”.

Desde la perspectiva de 2016, gran parte de la polémica de Popper parece casi tan remota como la teología medieval. La contingencia y el zeitgeist siempre tendrán un papel importante en la elaboración de estos clásicos de no ficción. La conclusión de Popper sigue siendo a la vez radical y profundamente conservadora:

“Nuestros mayores problemas surgen de algo que es tan admirable y sensato como peligroso: de nuestra impaciencia por mejorar la suerte de nuestros semejantes. Estos problemas son los subproductos de la que quizá sea la mayor de todas las revoluciones morales y espirituales de la historia, un movimiento que comenzó hace tres siglos. Es el anhelo de incontables hombres desconocidos de liberarse a sí mismos y a sus mentes de la tutela de la autoridad y los prejuicios. Es su intento de construir una sociedad abierta… Es su renuencia a sentarse y dejar toda la responsabilidad de gobernar el mundo a la autoridad humana o sobrehumana … Esta revolución ha creado poderes de una destructividad atroz; pero aún pueden ser conquistados.

Este libro esboza algunas de las dificultades a las que se enfrenta nuestra civilización – una civilización que quizá podría describirse como aspirante a lo humano y lo razonable, a la igualdad y la libertad; una civilización que aún está en su infancia, por así decirlo, y que sigue creciendo a pesar de haber sido traicionada tan a menudo por tantos de los líderes intelectuales de la humanidad.

Rastreando las raíces de una tradición autoritaria representada por Platón, Marx y Hegel, Popper sostiene que el espíritu de indagación libre y crítica que rige la investigación científica debería aplicarse también a la política. En un nuevo prólogo, George Soros, que fue alumno de Popper, describe la “revelación” que supuso leer el libro por primera vez y cómo contribuyó a inspirar su filantrópica Open Society Foundations.

Como escribió Popper, de hecho, una orientación científica de la política “podría conducir a la feliz situación de que los políticos empiecen a buscar sus propios errores en lugar de intentar explicarlos y demostrar que siempre han tenido razón. Esto -y no la planificación utópica o la profecía histórica- significaría la introducción del método científico en la política, ya que todo el secreto del método científico es la disposición a aprender de los errores.”

El Autor

Gran parte de lo que Karl Popper aportó a la filosofía de la ciencia ha pasado ya al pensamiento dominante, a la moneda de cambio de esa ontología nebulosa y tramposa conocida como “sentido común”. En el caso de filósofos como Popper, su obra es, en cierto sentido, demasiado reciente para poder evaluarla con el nivel de retrospectiva que podríamos aplicar a pensadores más lejanos, como David Hume, y sin embargo merece la pena intentar desentrañarla.

Nacido en 1902, en Viena, el joven Popper demostró una amplia gama de intereses (la música era una pasión dominante) y una mente inquieta: se introdujo en el hervidero intelectual de la cultura austriaca, asistiendo a conferencias de Einstein, investigando las teorías psicoterapéuticas de Freud y Adler, y haciéndose marxista. A los 17 años decidió que esta última ideología era insostenible, en gran parte como consecuencia de un incidente ocurrido durante su breve estancia en el partido comunista austriaco, en el que ocho amigos de Popper fueron tiroteados por la policía en un motín instigado por el partido en 1919. Cuando Popper, con cierta naturalidad, se quejó a los dirigentes del partido por ello, le dijeron que la pérdida de vidas era inevitable en el camino hacia la revolución: Popper no estaba de acuerdo, y esto desencadenó su compromiso de por vida con la moderación política, la tolerancia y el liberalismo.

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La búsqueda de la verdad era, según Popper, la motivación más fuerte para el descubrimiento científico. Su papel consistía en determinar cómo podemos atribuir la verdad a las afirmaciones hechas por la ciencia, la religión y la política. Sin embargo, no llegó a ser miembro del Círculo de Viena, ese grupo de intelectuales que, siguiendo la obra de Wittgenstein (el Tractatus marca-una versión de ese filósofo) pretendía la unificación de las ciencias y el rechazo total de la metafísica.

Durante su estancia en Nueva Zelanda, Popper escribió su principal tratado político, La sociedad abierta y sus enemigos, una obra en dos volúmenes en la que tanto Platón como Marx son criticados. Criticó los análisis historicistas, en los que la sociedad procede según leyes políticas fijas y predecibles, y afirmó que tales análisis constituían la base del totalitarismo tanto antiguo como moderno. La epistemología está directamente vinculada a la política en la obra de Popper: la certeza constituye la base del pensamiento totalitario y, sin embargo, es una certeza que carece de fundamento si se considera científicamente.

Popper murió en 1994, habiendo influido en el curso de la filosofía de la ciencia a lo largo del siglo XX. Sigue siendo uno de los comentaristas más significativos dentro de la disciplina, y los efectos de su obra se siguen sintiendo hoy tanto dentro como fuera de la filosofía de la ciencia, conectando como lo hacen la epistemología, la política y el método científico.

Revisor de hechos: Mix

Recursos

Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre totalitarismo en sociología politica en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Véase También

Sociología política internacional
ESTADO I; COMUNISMO I; DICTADURA; FASCISMO; NACIONALSOCIALISMO I; PODER

Bibliografía

C. I (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). FRIEDRICH, Z. K. BRZEZINSKI, TOtalltarian dictatorship and autocracy, Cambridge-Harvard 1956; H. ARENDT, The origins of totalitarianism, Nueva York 1951; C. J (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). FRIEDRICH, Totalitarianism, Cambridge-Harvard 1954; J (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). FIIALKOWSKI, La trama ideológica del totalitarismo, Madrid 1966; J. L. TALMON, The origins of totalitarian democracy, Londres 1952; V. CHALUPA, Rise and development of a totalitarian state, Leiden 1950; A. STEGNER, Die Uberwindung des Kollektivismus, Gotinga 1953; G. R. YURRE, Totalitarismo y egolatría, Madrid 1962.

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7 comentarios en «Totalitarismo en Sociología Politica»

  1. Sir Karl Raimund Popper (28 de julio de 1902 – 17 de septiembre de 1994) fue un filósofo y profesor austriaco-británico.

    Escrito en el exilio político durante la Segunda Guerra Mundial y publicado por primera vez en dos volúmenes en 1945, La sociedad abierta y sus enemigos de Karl Popper es uno de los libros más influyentes de todos los tiempos. Aclamado por Bertrand Russell como una “vigorosa y profunda defensa de la democracia”, su ahora legendario ataque a las filosofías de Platón, Hegel y Marx expuso los peligros inherentes a los sistemas políticos de planificación centralizada y, a través de ediciones clandestinas, se convirtió en una inspiración para los amantes de la libertad que vivían bajo el comunismo en Europa del Este.

    El estilo altamente accesible de Popper, sus eruditas y lúcidas explicaciones del pensamiento de los grandes filósofos y el reciente resurgimiento de los regímenes totalitarios en todo el mundo son sólo tres de las razones de la perdurable popularidad de La sociedad abierta y sus enemigos y por las que exige ser leído hoy y en los años venideros.

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    • El prefacio de este libro hablaba de la relación de Popper con Hayek, hasta el punto de que como acababa de terminar “Camino de servidumbre” no estaba seguro de poder animarme a leer otra defensa del realismo capitalista. Este libro acabó siendo mucho menos tal defensa de lo que fue el libro de Hayek – pero dicho esto, lo que me pareció inquietante de este libro me recuerda lo que me pareció más inquietante del de Hayek – es decir, el rechazo total de todo aquel que pudiera estar en desacuerdo con el autor. Cuando un escritor dice que Platón, Aristóteles, Hegel, Wittgenstein, Bergson, Whitehead y Freud eran todos tontos o (en el caso de Hegel) traidores a la filosofía misma, entonces, bueno, eso me va a causar cierta angustia. Puede que incluso tengan razón, pero eso significa que muchísimas otras personas habrán tenido que estar equivocadas y erróneas durante mucho tiempo. No digo que Popper esté equivocado porque sus opiniones sean controvertidas, pero descartar a tantos “grandes” de la filosofía en un solo libro debería darle motivos para detenerse. Aquí la carga de la prueba recae en gran medida sobre Popper.

      Y ésta es una de las cosas que me parecieron tan sorprendentes de este libro. Es decir, la sociedad “abierta” que propone se basa en una especie de meritocracia, que a su vez se basa en una especie de pragmatismo, y que se basa en una especie de versión extrema del dualismo/agnosticismo kantiano que podría llamarse propiamente duda radical. Pero para ser un escéptico radical, Popper parece, como diría T S Eliot, seguro de ciertas certezas. Me quedé un tanto boquiabierto cuando dejó de lado a Aristóteles en un solo capítulo – mira, sé que Popper tenía otros peces que freír, pero desde luego no tenía peces “más grandes” que freír – estamos hablando de Aristóteles, no del tío Jack de alguien…

      Supongo que otra cosa es similar a Hayek en este libro. Con Hayek si usted cree que incluso la más pequeña, la más leve cantidad de intervención estatal puede ser necesaria en una economía ocasionalmente, entonces él lo ve a usted como un nazi o un comunista – casi no importa cuál, ya que él ve a los dos como idénticos. En este libro es si usted piensa que la historia retrata algún patrón en absoluto que pueda darnos pistas sobre el futuro desarrollo de la sociedad, entonces usted es un tonto peligroso convencido del error más terrible de la historia de la filosofía.

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    • Este libro comienza con una refutación de Platón. Un amigo me regaló hace años un libro que tenía intención de leer, pero nunca llegué a hacerlo. Se titulaba algo así como Por qué Sócrates se lo buscó – tendría que ir a buscarlo, pero creo que mi título es incluso mejor que el original, así que encontrarlo no ayudaría con mi punto aquí de todos modos. Por lo que recuerdo de mi conversación con mi amigo sobre el libro, argumenta más o menos lo que Popper argumenta aquí, excepto que el libro atribuye a Sócrates todas las cosas malas que Popper atribuye aquí a Platón. Principalmente, que Sócrates fue asesinado porque se puso del lado de los tiranos y luego, una vez restablecida la democracia, recibió lo que se merecía. Realmente no sé lo suficiente sobre la política de este periodo de la historia griega como para hacer una contribución informada a este debate. Pero lo que dice Popper no es (y no lo era en la época en que lo escribió) incontrovertible. Otros en la época y desde entonces han saltado en defensa de Platón, y esos otros tienen cualificaciones para hacerlo. Popper desestima gran parte de estas críticas como que estos expertos o bien malinterpretan intencionadamente su crítica a Platón o bien que están esencialmente obligados religiosamente a atacar a Popper para sostener su fe en el inmortal Platón. Como he dicho, no estoy cualificado para entrar en esta discusión, pero sospecho que difícilmente es tan blanco o negro como Popper lo hace ver.

      En parte, supongo que Popper tiene razón en lo que respecta a Platón: difícilmente se puede decir que Platón fuera un gran admirador de la democracia o que su visión de una república ideal suene particularmente divertida o igualitaria. Y creo que Popper también tiene razón al decir que Platón creía que el problema del mundo es que se encuentra en un estado de decadencia casi constante y que, como filósofo, ve la tendencia histórica del mundo en una dirección, y es en la dirección opuesta a una mayor perfección. Para frenar este descenso inevitable, necesitamos tener al mando a personas que comprendan la perfección de la que nos estamos alejando y, por tanto, personas más capaces de detener ese descenso – y esas personas son los filósofos. Para Popper la idea más importante aquí es la noción de que la historia tiene una dirección que es independiente de la actividad humana individual, y que los humanos pueden entender y responder a esa historia como una fuerza motriz. Esta es una idea que Popper rechaza por completo, y ve a Platón como un temprano y aún influyente defensor de este historicismo. Este libro se publicó originalmente en dos volúmenes y todo el primer volumen estaba dedicado a Platón – Popper definitivamente se toma en serio la influencia de Platón.

      Iba a decir que esto es similar a su crítica de Hegel, excepto que en realidad no lo es. A él realmente, realmente le disgusta Hegel. De hecho, su odio hacia Hegel es un poco patológico. Ve la filosofía de Hegel como algo peor que meros juegos de palabras, sino literalmente como una cantinela, algo que dice una y otra vez. De hecho, le cuesta creer que la gente haya podido dejarse engañar por Hegel, y admite que le cuesta tomarse en serio las ideas de Hegel. Considera a Hegel deshonesto y a su método, al que se refiere con zigzags y otros términos despectivos, como una especie de broma filosófica. Acabando de terminar una introducción a Hegel, y habiendo leído en el pasado bastantes libros de Hegel, tengo que decir que me resultó difícil conciliar eso con lo que Popper dice aquí.

      Lo que está claro, sin embargo, es que el historicismo de Hegel es, en cierto sentido, lo opuesto al de Platón, en el sentido de que donde Platón veía el mundo como en un proceso casi constante de decadencia, Hegel lo ve como en constante progreso.

      Está definitivamente claro que Hegel ve el desarrollo como algo central en la forma en que progresa la historia y que el desarrollo es central en su comprensión del mundo y en su filosofía. Así pues, aunque Popper haya simplificado aquí la filosofía de Hegel (hasta el punto de hacerla irreconocible) ha atacado su filosofía en un punto que sigue siendo importante: si puede decirse o no que la historia tiene una dirección y si podemos o no comprender esa dirección. En aras de la brevedad de esta reseña (que, al ver lo larga que es esta maldita cosa, debería arrancarle una sonrisa) voy a incluir aquí también a Marx (ya que Popper es notablemente amable con Marx en muchos aspectos de este libro, pero que considera que el principal problema de Marx es su aceptación del historicismo y, por tanto, su aceptación de que la historia tiene una dirección y una que, inevitablemente, conducirá al socialismo). Que Hegel consideraba Prusia como el pináculo de la civilización humana es algo que se dice a menudo, pero puede que no sea tan cierto como podría parecer – sin embargo, creo que hay pocas dudas de que Marx predijo que las leyes inherentes del desarrollo capitalista eran tales que el socialismo era básicamente inevitable y urgente sobre la base de su comprensión del materialismo histórico.

      Popper deja claro que es difícil estar en desacuerdo con el análisis de Marx de las primeras etapas de la sociedad capitalista. Definitivamente, la gente no vivía en el paraíso. La esperanza de vida, la situación de los niños en las fábricas y las condiciones de vida de la mayoría de los trabajadores eran tan horrendas como las pinta Marx. Sin embargo, Popper afirma que al final de la vida de Marx, en lugar de que estas condiciones empeoraran, como Marx había predicho, en realidad habían mejorado mucho para la mayoría de los trabajadores. En gran parte, Popper atribuye esto al poder de los cambios legislativos, y a que éstos fueron impuestos a la sociedad por los sindicatos y otros organismos que trabajaban por las reformas. Tales reformas, según Popper, hicieron cada vez menos necesaria la necesidad motriz del tipo de revolución social anticipada por Marx.

      Esto es interesante, ya que presenta lo que salvó al capitalismo fue precisamente lo que el amigo de Popper, Hayek, proponía que había que eliminar para que el capitalismo fuera más dinámico y competitivo. Lo que es particularmente interesante en relación con esto es que casi todas las redes de seguridad que Popper alaba como humanizadoras del capitalismo han desaparecido o están en proceso de ser eliminadas, al mismo tiempo que la desigualdad ha aumentado a niveles no vistos desde la década de 1920. Pero Marx sí predijo el empobrecimiento total de la clase obrera – y es difícil discutir que esto se haya cumplido – bueno, siempre que se limite la mirada a los países capitalistas desarrollados y se atenga a los promedios. Las condiciones de trabajo en las fábricas de los países en desarrollo, como dejan demasiado claro libros como “No Logo”, hacen resucitar al Manchester victoriano. Los sindicatos han perdido prácticamente todo su poder en las naciones desarrolladas y estamos viendo cómo la austeridad y la desaparición de las redes de seguridad social hacen que la vida de demasiada gente sea precaria y no muy diferente de lo que Marx dijo que sería. Creo que a Popper le costaría dejar de lado las predicciones de Marx como meros síntomas de una fase temprana y degenerada del desarrollo capitalista, como hace en este libro.

      De todos modos, y quizá paradójicamente, el fracaso de casi todas y cada una de las refutaciones de Popper sobre por qué el marxismo ya no es relevante en realidad contribuye en cierta medida a apoyar su tesis más amplia, es decir, que el historicismo es defectuoso porque los patrones que uno cree ser capaz de discernir se derriten ante sus ojos a medida que pasa la historia y pueden volver a convertirse con la misma rapidez en sus opuestos, aunque, no mencionemos los zigzags de Hegel…

      Esta sería, supongo, la respuesta de Popper a nuestra situación actual: que Marx fue muy específico al afirmar que el desarrollo del capitalismo conduciría inevitablemente al desarrollo de un proletariado que desarrollaría sus propios objetivos revolucionarios y que éstos serían más pronunciados en los países capitalistas más desarrollados y conducirían a una revolución socialista. Que el desarrollo de las tecnologías de la comunicación (en tiempos de Marx, la imprenta y el ferrocarril) disolvería las distinciones nacionales y facilitaría así una lucha de clases y una revolución social internacionales que acabarían con el capitalismo. Es difícil no darse cuenta de que esas predicciones no se han cumplido. Parece que Marx subestimó el sentimiento nacionalista de la gente (irónicamente, algo que Castells discute ampliamente en su fascinante capítulo del volumen tres de El auge de la sociedad red en relación con el colapso de la Unión Soviética). Marx también subestimó el poder de los medios de comunicación capitalistas y la debilidad de cualquier forma contraria de medios de comunicación -sus predicciones sobre la prensa obrera tampoco llegaron a cumplirse. Popper diría que el fracaso de tantas predicciones de Marx demuestra la esterilidad del método historicista y la inutilidad de hacer tales predicciones en primer lugar.

      Su sociedad abierta no se basa en estas ideas, sino más bien en una forma extrema de pragmatismo. En lugar de intentar derrocar el orden existente, nos convendría mucho más introducir mejoras graduales en la sociedad. Deberíamos considerar que las instituciones jurídicas y sociales han sido construidas para protegernos a todos, y si no lo han sido, entonces modificarlas para que lo sean es la forma más probable de que podamos desarrollar esas protecciones. Los problemas a los que nos enfrentamos no pueden resolverse de una vez y para siempre, sino que deben abordarse de forma muy parecida a como abordamos los problemas dentro de la ciencia. Es decir, proporcionar una hipótesis y ponerla a prueba, tratando siempre no sólo de encontrar una validación para esa hipótesis, sino también intentando falsificarla. Sólo mediante el análisis crítico más riguroso basado en la duda radical podemos tener alguna esperanza de trascender nuestra limitada comprensión. En la medida en que Marx era un pragmático, Popper cree que iba por buen camino, pero Popper considera que es su historicismo lo que al final defraudó a Marx. Y que esto tuvo al final consecuencias trágicas en toda Europa del Este.

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      • Creo que hay problemas con esta aplicación de una visión estrecha de una especie de método científico kantiano a los procesos sociales. Como hemos visto, cambiar la sociedad poco a poco parecía la solución obvia tras la segunda guerra mundial, pero a partir de la década de 1980 el cambio ha sido decididamente hacia un mundo más perro, donde los beneficios del desarrollo económico se han ido apoderando cada vez más de menos manos y donde la democracia parece estar siendo atacada por todas partes. Mientras que Popper podía señalar las fuerzas que fomentaban el progreso social y una distribución más equitativa de la riqueza social en la década de 1940, tales fuerzas son mucho más difíciles de discernir hoy en día.

        Parecería ridículo hablar hoy de la inevitabilidad de una revolución socialista, algo que ciertamente no habría parecido así cuando se escribió este libro. De todos modos, esto parece un problema del bebé y el agua de la bañera. Aunque dudo que alguna vez seamos capaces de predecir con exactitud el futuro, no creo, como Popper hace claramente aquí, que podamos permitirnos ignorar el papel que desempeñan el pasado y el presente en la preparación del camino para el futuro. No creo que esto sea puro caos, sino que se pueden ver patrones y que éstos proporcionan la única esperanza de responder a las exigencias de nuestra época. Popper tiene aquí una sección sobre su versión de esto, pero creo que en parte está haciendo una apuesta en ambos sentidos.

        Tal vez la historia actúe más como el daimonion de Sócrates, una voz que a veces oía, pero que sólo hablaba para advertirle de lo que no debía hacer, en lugar de aconsejarle sobre lo que debía hacer. En un mundo de desigualdades flagrantes y crecientes, de sentimiento nacionalista en alza en algunas de las naciones más “desarrolladas”, de movimientos populistas a los que, en el mejor de los casos, no les interesa la verdad, de colapso ecológico potencial y de corporaciones globales que vigilan y comercializan e interfieren en nuestro gobierno de formas que harían sonrojar a la Stasi, un daimonion tan premonitorio sería, en efecto, una bendición.

    • Una de las lecturas de Hegel más alucinantemente malas con las que me he topado nunca. No sólo es deliberadamente poco caritativa, es simplemente imbécil, y me cuesta entender cómo alguien puede tener una lectura tan lamentablemente incorrecta de Hegel. Sinceramente, se lee como un niño de 12 años que leyera la página de Hegel en Wikipedia y luego tratara de forzar a Hegel a una serie preconcebida de posiciones para las que no existe ningún apoyo textual.

      Sólo por poner un ejemplo, Popper escribe en realidad: ‘La intención de Hegel es operar libremente con todas las contradicciones. ‘Todas las cosas son contradictorias en sí mismas’, insiste para defender una posición que significa el fin no sólo de toda ciencia, sino de toda argumentación racional. Y la razón por la que desea admitir las contradicciones es que quiere acabar con la argumentación racional y, con ella, con el progreso científico e intelectual’.

      Así es, así entiende Popper la contradicción hegeliana: es una estratagema intencionada de Hegel para destruir la ciencia, el argumento racional y el progreso intelectual. Cualquiera que tome en serio a Popper es el tipo de persona que nunca ha leído a los pensadores que odia y menosprecia.

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    • La cuestión principal que impulsa esta obra maestra de la filosofía política en dos volúmenes es la siguiente: ¿Cuáles son los orígenes intelectuales del totalitarismo y cómo podemos combatirlos con mejores principios?

      Esto lleva a Popper hasta la antigua Grecia, donde expone el sólido (léase: indiscutible) argumento de que el origen intelectual del totalitarismo comienza con Platón (el tema del primer volumen). Aunque Popper admiraba muchos aspectos de la obra de Platón, reconocía en su filosofía política la primera y más influyente defensa intelectual del gobierno totalitario.

      No es que esto fuera, en retrospectiva, particularmente difícil de ver (una vez superado nuestro encaprichamiento con el genio de Platón). Una lectura rápida de La República de Platón revelará sus planes para una sociedad basada en castas con reproducción humana controlada por el Estado (es decir, eugenesia), movilidad social limitada o nula entre las clases, prevención de la mezcla de sangre entre razas, educación centralizada y censurada, y mentir intencionadamente a la población para mantener el control y la armonía social. (El vínculo entre la reproducción humana controlada por el Estado y el totalitarismo es difícil de negar incluso para los mayores apologistas de Platón).

      Platón es bastante claro en su deseo de erradicar toda forma de individualismo. Como escribió Platón: “En la forma más elevada del Estado existe la propiedad común de las esposas, de los hijos y de todos los bienes muebles. Y se ha hecho todo lo posible para erradicar de nuestra vida en todas partes y de todas las formas todo lo que es privado e individual.”

      En contraste con la filosofía igualitaria de pensadores superiores como Pericles, Demócrito y otros, la idea de justicia de Platón es cualquier acción que beneficie al Estado colectivamente, sin tener en cuenta a sus miembros individuales.

      Esta idea de pedir a los miembros individuales de una sociedad que hagan grandes sacrificios por algún ideal utópico eventual no terminó con Platón. De hecho, Karl Marx llevaría estas ideas -transmitidas principalmente a través de Aristóteles y Hegel- a sus niveles más peligrosos, como se describe en el segundo volumen de La sociedad abierta.

      Lo que encontrará en el segundo volumen es la mejor y más exhaustiva crítica del marxismo disponible. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con Platón, Popper da más crédito a Marx por sus intenciones humanitarias. Debemos recordar que cuando Marx criticaba el capitalismo, las condiciones de trabajo eran horrendas, por no decir otra cosa (incluido el rampante trabajo infantil y las jornadas laborales de 15 horas). Con este telón de fondo de capitalismo desenfrenado, podemos ver cómo Marx pensaría (y esperaría) que sólo sería cuestión de tiempo que los trabajadores se rebelaran.

      Donde Marx se equivocó fue en su enfoque historicista (es decir, el descubrimiento de “leyes” históricas que pueden utilizarse para predecir el futuro). Marx pensaba que el capitalismo se destruiría a sí mismo porque conduciría inevitablemente a una mayor concentración de la riqueza, a niveles crecientes de miseria entre los trabajadores y a una tensión de clase cada vez mayor que nunca podría mitigarse mediante una reforma política.

      Excepto que la reforma política es exactamente lo que ocurrió; Marx no anticipó la redistribución de la riqueza, en la que el Estado redistribuye los beneficios capitalistas a través de los impuestos, proporcionando, entre otras cosas, subsidios para el seguro médico, la educación, la seguridad social y el bienestar. El Estado también ha asumido un papel activo en la regulación de los capitalistas limitando las horas de trabajo y estableciendo niveles mínimos de salario, por ejemplo.

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      • Que los marxistas no vean estos desarrollos como una falsificación del marxismo habla del poder de la profecía histórica; independientemente de lo que ocurra, siempre se puede hacer que encaje en la narrativa marxista (es decir, el camino hacia el socialismo no es lineal). Irónicamente, esto hace que el marxismo no sea científico (porque no es falsable), a pesar de que a menudo se afirma que el marxismo es una teoría científica.

        Los peligros del marxismo son los mismos que con el platonismo; pide a la gente que haga grandes sacrificios por un ideal lejano o una visión utópica e ignora los tipos de reformas que pueden mejorar la vida de la gente a corto plazo (y desprecia la concepción de la justicia como la resolución no violenta de prioridades en conflicto).

        Pero tenga cuidado de no deducir de esto que Popper era un conservador. Popper utilizó el concepto de la paradoja de la libertad para demostrar que la libertad ilimitada -incluida la libertad económica- se destruye a sí misma. Del mismo modo que el Estado restringe la libertad de los demás para cometer actos de violencia física, Popper recomienda la intervención del Estado para impedir que los económicamente fuertes dominen a los económicamente débiles. Por eso es mejor pensar en Popper como un progresista (que utiliza el Estado para combatir la injusticia económica), más que como un marxista (que piensa que la revolución social hará innecesario el Estado) o un conservador/libertario (que aboga por la libertad económica ilimitada y, por tanto, por la explotación económica).

        A veces se piensa en La sociedad abierta sólo como una crítica de Platón y Marx (y una crítica eficaz, por cierto), pero es algo mucho más profundo incluso que eso. Popper expone su propia filosofía política innovadora que sustituye la pregunta “¿Quién debe gobernar?” por la mejor pregunta “¿Cómo podemos organizar de tal manera las instituciones políticas que se pueda impedir que los gobernantes malos o incompetentes hagan demasiado daño?”.

        Este cambio de énfasis se fundamenta en el hecho histórico de que la mayoría de los líderes a lo largo de la historia han exhibido una inteligencia y una moralidad por debajo de la media, lo que indica que la humanidad es en general bastante mala a la hora de seleccionar líderes capaces y que merezcan la pena. Aunque debemos esperar lo mejor de nuestros líderes políticos, también debemos prepararnos para lo peor. La democracia, en este sentido, no tiene tanto que ver con el gobierno autoritario de la mayoría como con la defensa perpetua contra la tiranía.

        Por eso es mucho más importante centrarse en las instituciones y en el establecimiento de sistemas eficaces de rendición de cuentas que en la selección de un líder concreto, sobre todo si ese líder está decidido a debilitar esas mismas instituciones democráticas.

        Además, la aplicación de la política debería “adoptar el método de buscar, y luchar contra, los mayores y más urgentes males de la sociedad, en lugar de buscar, y luchar por, su mayor bien último”.

        El “ingeniero social fragmentario”, utilizando el término de Popper, realizará, al igual que el científico, experimentos y medirá los resultados con la vista puesta en la reducción del sufrimiento, el daño y la injusticia innecesarios, sin preocuparse por la consecución final de la perfección (resolver los problemas sólo introduce otros nuevos). Dado que las cosas no siempre salen como imaginamos -y a menudo generan consecuencias imprevistas-, siempre es necesario probar y revisar nuestras ideas. Esto no prohíbe una política audaz o progresista, sólo sugiere que debemos mantener cierta humildad con respecto a nuestra capacidad para profetizar el futuro.

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