▷ Sabiduría semanal que puedes leer en pocos minutos. Añade nuestra revista gratuita a tu bandeja de entrada. Lee gratis nuestras revistas de Derecho empresarial, Emprender, Carreras, Liderazgo, Dinero, Startups, Políticas, Ecología, Ciencias sociales, Humanidades, Marketing digital, Ensayos, y Sectores e industrias.

Votante

▷ Lee Gratis Nuestras Revistas

Votante

Este elemento es una profundización de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs]

Este elemento se divide en las siguientes secciones y subsecciones:

Delitos contra la libre determinación del votante en Derecho Electoral

[rtbs name=”derecho-electoral”]

Votante y Democracia

La revista “Libros de Economía y Empresa” publicó una reseña de los siguientes libros en conjunto, y que se reproduce más abajo:

  • The Myth of Democratic Failure: Why Political Institutions are Efficient
  • An Economic Theory of Democracy
  • The Logic of Collective Action. Public Goods and the Theory of Groups
  • The Myth of the Rational Voter: Why Democracies Choose Bad Policies
  • The Wisdom of the Crowds: Why the Many are Smarter than the few and how Collective Wisdom Shapes Business, Economies, Societies and Nations

“Desde la publicación del libro de Anthony Downs, An Economic Theory of Democracy (1957), una de las preocupaciones principales de los estudiosos de esa rama de la economía generalmente conocida como public choice han sido las deficiencias de la democracia.[rtbs name=”democracia”] Las primeras discusiones sobre este tema estuvieron centradas en una cuestión que podríamos calificar de preliminar. Me refiero a la cuestión de la “paradoja del voto”. La pregunta que había detrás de esta supuesta “paradoja” era: ¿por qué vota la gente, dado que la influencia individual de cada votante en el resultado de unas elecciones es insignificante y en cambio el coste (o costo, como se emplea mayoritariamente en América) de votar es positivo? Participar en unas elecciones se convierte en algo extremadamente difícil de entender si nos obstinamos en pensar que los votantes son estrictamente egoístas. La idea del “interés individual” tiene que expandirse de alguna manera si queremos entender un hecho tan simple como ese.Entre las Líneas En cualquier caso, yo no quisiera extenderme aquí en el tema de la paradoja del voto. La verdadera discusión en torno a las deficiencias de la democracia se estructura en torno a algo que Gordon Tullock ha denominado la “ignorancia racional” de los votantes, fenómeno que tiene una lógica muy simple: es irracional para el individuo que participa en unas elecciones democráticas invertir tiempo, dinero y recursos en adquirir información con el fin de mejorar la calidad de su voto. Los costes (o costos, como se emplea mayoritariamente en América) son demasiado grandes en comparación con los beneficios. Por tanto, aunque el individuo decida participar en las elecciones, el suyo será un voto mal informado y fácilmente manipulable.

A partir de esta idea se desarrolla toda una serie de argumentos acerca de cómo las democracias están expuestas a los peligros de los grupos de presión y de los “buscadores de rentas”. Las bases teóricas de estos argumentos fueron magistralmente expuestas en los años sesenta por Mancur Olson en The Logic of Collective Action (1965). Según Olson, la clave para la formación de grupos de presión está en las asimetrías que a veces se dan entre la distribución de los costes (o costos, como se emplea mayoritariamente en América) y la distribución de los beneficios de la información: cuando los beneficios relacionados con una determinada política están muy concentrados en un grupo relativamente reducido de personas y los costes (o costos, como se emplea mayoritariamente en América) muy dispersos, es razonable esperar que el grupo de beneficiarios se informe a conciencia, mientras los perjudicados se echan a dormir. Por ejemplo, los agricultores que se benefician de los subsidios agrícolas de la Unión Europea tienen un incentivo muy claro para informarse sobre todo lo relacionado con tales subsidios, así como para organizarse en sentido defensivo cuando se cuestiona la continuidad de éstos.

Indicaciones

En cambio, los perjudicados por esos subsidios –el público en general– tiende a inhibirse y a “dejar hacer”. La actividad de los grupos de presión se suele describir con el término “búsqueda de rentas”, ya que, por lo general, dichos grupos lo único que buscan es que la renta se redistribuya en favor de sus miembros. La mera búsqueda de rentas no añade ningún valor al producto nacional –aunque las estadísticas oficiales permanezcan ciegas ante el fenómeno–, pero sí consume recursos. Por eso se dice que la búsqueda de rentas es una fuente de ineficiencia o despilfarro. La teoría del public choice se ha dedicado desde sus comienzos, entre otras cosas, a “desenmascarar” este tipo de situaciones, presentándolas como “fallos de la democracia” y apuntando soluciones de diversa índole.

Todas estas ideas sobre los fallos de la democracia se vieron cuestionadas por algunas publicaciones de los años noventa, cuyo ejemplo más notable tal vez sea el libro de Donald Wittman, The Myth of Democratic Failure. Why Political Institutions are Efficient (1995).Entre las Líneas En una línea similar se encuentra el libro de James Surowiecki, The Wisdom of Crowds (2005). Éste no es un libro de teoría política, pero sí da una visión muy acertada de las ideas fundamentales que hay detrás de toda esta reevaluación de las “virtudes” de la democracia.[rtbs name=”democracia”] Sin embargo, el punto de vista más tradicional sobre los fallos del sistema democrático ha sido de nuevo reivindicado en un libro de reciente publicación, de Bryan Caplan, que lleva por título, The Myth of the Rational Voter. Why Democracies Choose Bad Policies (2007). A continuación intentaré describir las tesis principales de estos libros.

El libro de Wittman es básicamente un alegato a favor de la eficiencia del sistema democrático, en el sentido técnico de la economía del bienestar tradicional; es decir, en el sentido de que identifica “eficiencia” con “maximización de la riqueza agregada”. Wittman sostiene que los “mercados políticos” –una metáfora que hace referencia a toda clase de decisiones políticas en un sistema democrático– son tan eficientes como los “mercados económicos”. Esto, para Wittman, quiere decir que no es verdad, al menos en términos generales, que las burocracias tiendan a expandirse desmesuradamente, que los grupos de presión sean un peligro considerable en la vida de los países democráticos o que los mecanismos de representación política sean tan imperfectos como a menudo se dice.

La argumentación de Wittman comienza poniendo en tela de juicio la idea de que los votantes están mal informados. Él sostiene que los votantes suelen estar mucho mejor informados de lo que parece.Entre las Líneas En muchas ocasiones, los individuos tienen un interés directo en conocer lo que van a hacer los políticos, porque ello afecta a sus intereses personales, aunque no haya elecciones de por medio.

Otros Elementos

Además, Wittman cree que, para votar racionalmente, a menudo basta con muy poca información: los votantes simplemente confían en la reputación de los candidatos o de los partidos en liza; y esta confianza suele ser, por lo general, bastante “racional”. Pero, sobre todo, Wittman argumenta que, aunque los votantes cometan errores por falta de información, estos errores se compensan unos con otros, y al final acaban imponiéndose las opiniones o los criterios de la gente mejor informada y más libre de prejuicios.Entre las Líneas En esencia, la idea es que la agregación de las preferencias, a través de unas elecciones democráticas, tiende a eliminar cualquier sesgo que pueda haber en cada voto individual.

A partir de aquí, Wittman construye un argumento para justificar su tesis de que los “mercados políticos” producen resultados eficientes o “maximizadores de la riqueza”. Esta parte del análisis de Wittman es quizá la menos satisfactoria.Entre las Líneas En lugar de demostrar que los procedimientos democráticos realmente generan resultados eficientes, Wittman se limita a discutir las analogías entre los mercados políticos y los económicos; todo esto con el fin de mostrar que las razones que habitualmente se apuntan para justificar los “fallos de la democracia” son idénticas a las que se aducen cuando se habla de “fallos del mercado”.Entre las Líneas En otras palabras, para Wittman, los mercados políticos no son más ni menos “imperfectos” que los económicos. Esto, ciertamente, no prueba que los mercados políticos sean eficientes, pero Wittman parece pensar que no hay por qué ir más lejos. Según él, existe un amplio consenso entre los economistas en el sentido de que las economías de mercado funcionan bastante bien: a veces pueden parecer ineficientes, sobre todo cuando se evalúan a partir de algún ideal inalcanzable, pero el coste (o costo, como se emplea mayoritariamente en América) de corregir las deficiencias es a menudo tan grande que no vale la pena tomar ninguna medida. Wittman sostiene que este argumento también es válido en relación con los fallos de la democracia.[rtbs name=”democracia”] Naturalmente, alguien que no esté dispuesto a relativizar de ese modo la cuestión de los fallos del mercado encontrará insatisfactoria la tesis de Wittman.

Pasando ahora al libro de Surowiecki, lo primero que hay que decir es que, fiel a su título, constituye un canto a la sabiduría de las multitudes. El libro es básicamente una obra de divulgación escrita por un periodista, pero contiene una enorme cantidad de ejemplos ilustrativos de esa sabiduría. Uno de los más ilustrativos es el de cómo un grupo numeroso de personas logra adivinar el peso de un buey: los errores al alza se compensan con los errores a la baja, y al final la estimación media resulta asombrosamente cercana al peso real del animal.

Según Surowiecki, la inteligencia colectiva se manifiesta sobre todo en tres clases de problemas: 1) problemas “cognitivos”, tales como adivinar el peso de un buey, predecir qué caballo va a ganar una determinada carrera o cómo van a evolucionar en el futuro los tipos de interés, las cotizaciones bursátiles, la tasa de inflación o la tasa de crecimiento de la economía; 2) problemas de coordinación, como podría ser la organización espontánea del tránsito de peatones en una calle, y 3) problemas de cooperación, en referencia a todas esas situaciones en las que la gente coopera, a pesar de que el interés personal parece aconsejar lo contrario. Ejemplo típico de esta clase de problemas serían los vínculos de confianza entre las personas, esenciales para el buen funcionamiento de cualquier sociedad civilizada. Surowiecki, además de ilustrar sus tesis con numerosos ejemplos, sostiene que la inteligencia colectiva suele florecer cuando se dan tres condiciones: a) amplia diversidad de criterios; b) independencia de criterios entre unos individuos y otros, y c) “una cierta descentralización”.

A partir de estos elementos, Surowiecki llega a una conclusión un tanto escéptica acerca del papel de los expertos, incluso en las decisiones más complicadas. Aunque, por supuesto, reconoce el valor de la formación especializada, él subraya las dificultades que conlleva una confianza excesiva en el juicio de los expertos. Las razones que da son, primera, que muchas veces no se puede saber si los llamados expertos realmente lo son, y segunda, que los expertos también cometen errores, con el agravante de que muchas veces no son conscientes de ellos ni están dispuestos a admitir que se han equivocado.

Paso ahora a comentar el libro de Bryan Caplan. El título de este libro tal vez pueda sugerir que estamos ante una obra crítica con los presupuestos metodológicos de la economía neoclásica.Si, Pero: Pero eso no es verdad. [rtbs name=”verdad”] El libro contiene un capítulo, titulado “irracionalidad racional”, donde defiende la tesis de que los votantes son “irracionales” por pura conveniencia; se nos dice que los votantes “eligen sus creencias” basándose en sus sentimientos más que en sus intereses; si no fueran tan ignorantes, muchos individuos abandonarían sus creencias, pero salir de la ignorancia suele tener un coste (o costo, como se emplea mayoritariamente en América) bastante alto. Tal vez se podría discutir si todo esto de la “irracionalidad racional” no es más que un juego de palabras, pero el asunto no tendría demasiado interés. El análisis de Caplan seguiría siendo válido si, en lugar de hablar de votantes “irracionales”, hablásemos de votantes “racionalmente ignorantes”.Entre las Líneas En cualquier caso, lo esencial de su argumento es la idea de que los votantes no solo tienen creencias erróneas, sino que estas creencias suelen ser persistentes, ya que no existe ningún mecanismo automático de corrección de errores en cuestiones de ideología política. [rtbs name=”ideologias-politicas”] Además, el “milagro de la agregación” no funciona aquí: los errores de unos votantes no se neutralizan con los de otros. Lo cual quiere decir que las creencias de un electorado pueden mostrar sesgos sistemáticos de manera permanente.

▷ Lo último (en 2026)
▷ Si te gustó este texto o correo, considera compartirlo con tus amigos. Si te lo reenviaron por correo, considera suscribirte a nuestras publicaciones por email de Derecho empresarialEmprenderDineroMarketing digital y SEO, Ensayos, PolíticasEcologíaCarrerasLiderazgoInversiones y startups, Ciencias socialesDerecho globalHumanidades, Startups, y Sectores económicos, para recibir ediciones futuras.

Caplan analiza los cuatro errores –o sesgos– más característicos, según él, del electorado típico de una democracia moderna en cuestiones de política económica: en primer lugar, estaría el sesgo “anti-mercado” (anti-market bias), que él describe como “una tendencia a subestimar los beneficios económicos del mecanismo del mercado”. Una muestra de esta tendencia es esa idea tan popular de que los beneficios de las empresas son “demasiado altos” y el gobierno puede gravar a los perceptores de beneficios sin costes (o costos, como se emplea mayoritariamente en América) para la economía.Entre las Líneas En segundo lugar estaría el sesgo en contra los extranjeros (referido a las personas, los migrantes, personas que se desplazan fuera de su lugar de residencia habitual, ya sea dentro de un país o a través de una frontera internacional, de forma temporal o permanente, y por diversas razones) (anti-foreign bias), definido como “una tendencia a subestimar los beneficios económicos de la interacción con los extranjeros”. La popularidad, casi universal, de los argumentos proteccionistas es, para Caplan, la mejor muestra de esta tendencia.Entre las Líneas En tercer lugar tenemos lo que él llama make-work bias, es decir, el sesgo a favor de cualquier medida tendente a crear nuevos puestos de trabajo o mantener los existentes, aunque se trate de puestos redundantes.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Detalles

Por último, estaría el sesgo del pesimismo (pesimistic bias), definido como “una tendencia a sobreestimar la gravedad de los problemas económicos y a subestimar la trayectoria pasada, presente y futura de la economía”.

Caplan intenta comprobar hasta qué punto son reales estos sesgos y para ello utiliza una base de datos –el Survey of Americans and Economists on the Economy– que suministra información sobre las opiniones de los economistas y del público en general en temas de economía. De estos datos se desprende que: 1) el grado de conconsenso entre los economistas, al menos entre los economistas americanos, en cuestiones de política económica es mucho mayor de lo que habitualmente se cree, y 2) existen diferencias considerables entre las opiniones de los economistas y las opiniones del público en general. Esto último vendría a confirmar, de acuerdo con Caplan, la existencia de los sesgos antes mencionados.

En esta parte de su análisis, Caplan acepta la opinión de los expertos como criterio supremo de verdad. [rtbs name=”verdad”] Pero no renuncia a preguntarse si no es posible que las opiniones sesgadas sean las de los expertos. Aunque en seguida le quita importancia al problema aduciendo que, cuando existe un consenso sólido entre los expertos en una materia, lo normal es creer en ellos. Quizás eso sea lo normal, pero alguien que se tome en serio los argumentos de Surowiecki sobre la “sabiduría de las multitudes” podría sentirse escéptico ante la “sabiduría de los expertos”. Yo no voy a discutir aquí esta cuestión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Si, Pero: Pero no me gustaría dejar de señalar que la idea de que la verdad se puede reducir a un consenso, aunque sea un consenso de expertos, encierra serias dificultades filosóficas en las que yo no quisiera entrar. Aclarar esto exigiría una discusión detallada que seguramente nos alejaría de la cuestión que estamos debatiendo.

El análisis de Caplan es básicamente correcto en lo que tiene de reivindicación de los fallos de la democracia, los cuales tienen mucho que ver con la ignorancia o, si se prefiere, la irracionalidad de los votantes.Si, Pero: Pero él no se queda ahí. También quiere proponer soluciones y aventura la tesis de que los problemas de la democracia se pueden corregir con “más mercado”; es decir, restringiendo el ámbito de las decisiones colectivas (democráticas) y extendiendo el ámbito de las decisiones privadas (de mercado).

📬Si este tipo de historias es justo lo que buscas, y quieres recibir actualizaciones y mucho contenido que no creemos encuentres en otro lugar, suscríbete a este substack. Es gratis, y puedes cancelar tu suscripción cuando quieras:

Qué piensas de este contenido? Estamos muy interesados en conocer tu opinión sobre este texto, para mejorar nuestras publicaciones. Por favor, comparte tus sugerencias en los comentarios. Revisaremos cada uno, y los tendremos en cuenta para ofrecer una mejor experiencia.

Este punto de vista parece bastante razonable, ya que la mayoría de los fallos del sistema democrático, al menos de la clase de fallos analizados por la teoría del public choice, tiene que ver con la irresponsabilidad típica de las decisiones colectivas: individuos que se inhiben ante determinados problemas, grupos organizados con el fin de explotar o manipular a otros grupos, etc. Las decisiones privadas suelen ser más responsables, en la medida en que uno no puede trasladar a los demás los costes (o costos, como se emplea mayoritariamente en América) de sus decisiones y no tiene más remedio que asumir las consecuencias de sus propios actos. Por tanto, cuando se busca una solución a los problemas de decisión colectiva, automáticamente se piensa en las decisiones privadas. Y esto, lógicamente, lleva a proponer soluciones inspiradas en la teoría de la libre competencia.Entre las Líneas En este sentido, el argumento de Caplan parece coherente. A pesar de todo, habría que señalar que la elección entre “democracia” y “mercado” no siempre tiene sentido. Nuestra capacidad de elección sobre las instituciones, incluidas las instituciones democráticas, es siempre bastante limitada. Y, cuando podemos elegir nuestras instituciones, no siempre queremos, aun siendo perfectamente “racionales”, elegir en términos de eficiencia económica. Aquí de nuevo nos enfrentamos a cuestiones filosóficas “de gran calado”, que, inevitablemente, tienen que quedarse en el aire.”

▷ Esperamos que haya sido de utilidad. Si conoces a alguien que pueda estar interesado en este tema, por favor comparte con él/ella este contenido. Es la mejor forma de ayudar al Proyecto Lawi.
▷ Lee Gratis Nuestras Publicaciones
,Si este contenido te interesa, considera recibir gratis nuestras publicaciones por email de Derecho empresarial, Emprender, Dinero, Políticas, Ecología, Carreras, Liderazgo, Ciencias sociales, Derecho global, Marketing digital y SEO, Inversiones y startups, Ensayos, Humanidades, y Sectores económicos, en Substack.

Contenidos Relacionados:

Los de arriba son los elementos relacionados con este contenido de la presente plataforma digital de ciencias sociales.

Foro de la Comunidad: ¿Estás satisfecho con tu experiencia? Por favor, sugiere ideas para ampliar o mejorar el contenido, o cómo ha sido tu experiencia:

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

▷ Recibe gratis nuestras revistas de Derecho empresarial, Emprender, Carreras, Dinero, Políticas, Ecología, Liderazgo, Marketing digital, Startups, Ensayos, Ciencias sociales, Derecho global, Humanidades, y Sectores económicos, en Substack. Cancela cuando quieras.

Este elemento se divide en las siguientes secciones y subsecciones:

Index

Descubre más desde Plataforma de Derecho y Ciencias Sociales

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo