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Acción Comunicativa

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La Acción Comunicativa

Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] Nota: Puede interesar también la información relativa al Interaccionismo Simbólico.

Conceptos básicos de la teoría de la acción comunicativa de Habermas

En su “Teoría de la Acción Comunicativa” (TCA), Jürgen Habermas propone una teoría de la “acción comunicativa” y la enmarca en un concepto de sociedad que denomina “mundo vital”. Tanto en su Teoría de la acción comunicativa como posteriormente en Entre hechos y normas, Habermas describe el “mundo de la vida” como la concepción básica de la sociedad, que sólo puede ser modificada o complementada por causa (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Además, Habermas sostiene que en el curso de la evolución social surgen sistemas de acción económica y política en los que la acción se coordina por las consecuencias de la acción interesada, en lugar del entendimiento consensuado. Este texto explora la idea de Habermas sobre tales “sistemas”, en parte basándose en su lectura de otros autores. También examina cómo Habermas integra los conceptos de mundo vital y de sistema en su modelo de intercambio entre sistema y mundo vital. Sostiene que el modelo crítico desarrollado por Habermas en Teoría de la Acción Comunicativa es más funcionalista que directamente normativo.

En opinión de Habermas, la filosofía debe entablar una relación de plena cooperación con las ciencias sociales y las disciplinas empíricas en general. Este paso se completa en La teoría de la acción comunicativa, a la que pasamos a continuación.

Para comprender las posiciones maduras de Habermas, debemos comenzar con su Teoría de la Acción Comunicativa, un estudio crítico en dos volúmenes de las teorías de la racionalidad que informaron las sociologías clásicas de Weber, Durkheim, Parsons y la teoría crítica neomarxista. En la Teoría de la Acción Comunicativa encontramos la concepción de Habermas sobre la tarea de la filosofía y su relación con las ciencias sociales, una concepción que todavía guía gran parte de su trabajo (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Aunque la Teoría de la Acción Comunicativa defiende el énfasis en la normatividad y las ambiciones universalistas que se encuentran en la tradición filosófica, lo hace dentro de un marco que incluye tipos particulares de investigación social empírica, con los que la filosofía debe interactuar. Los filósofos, es decir, deben cooperar con los científicos sociales si quieren comprender las reivindicaciones normativas dentro del contexto histórico actual, el contexto de una sociedad compleja y moderna que se caracteriza por los modos de integración social y sistémica (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Al reconocer ambos modos de integración, se evita el pesimismo asociado (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “associate” en derecho anglo-sajón, en inglés) a las teorías de la modernidad cuya concepción unilateral y principalmente instrumental de la racionalidad pasa por alto la dimensión cultural de la modernización.

A partir del materialismo histórico de Marx, las teorías macrosociológicas e históricas a gran escala han sido consideradas durante mucho tiempo como la base explicativa más adecuada para la ciencia social crítica. Sin embargo, dichas teorías presentan dos inconvenientes para el proyecto crítico. En primer lugar, la exhaustividad no garantiza el poder explicativo. De hecho, hay muchas teorías de este tipo a gran escala, cada una con sus propios fenómenos sociales distintivos y ejemplares que guían su intento de unificación. En segundo lugar, un examen detallado de las explicaciones críticas estándar, como la teoría de la ideología, muestra que dichas explicaciones suelen apelar a una variedad de teorías sociales diferentes. El empleo real de explicaciones críticas por parte de Habermas lo confirma. Su crítica de las sociedades modernas gira en torno a la explicación de la relación entre dos términos teóricos muy diferentes: una microteoría de la racionalidad basada en la coordinación comunicativa y una macroteoría de la integración sistémica de las sociedades modernas a través de mecanismos como el mercado. En concreto, esto significa que Habermas desarrolla una teoría social de dos niveles que incluye un análisis de la racionalidad comunicativa, el potencial racional incorporado al discurso cotidiano, por un lado; y una teoría de la sociedad moderna y la modernización, por otro. Sobre la base de esta teoría, Habermas espera poder evaluar las ganancias y pérdidas de la modernización y superar su versión unilateral de la racionalización.

Las teorías críticas integrales parten de dos supuestos problemáticos: que hay un modo preferido de explicación crítica y que hay un objetivo preferido de la crítica social, a saber, una sociedad socialista que cumpla la norma de la emancipación humana. Sólo con tal objetivo en el fondo tiene sentido el proceso de dos pasos de emplear el materialismo histórico para establecer una postura epistémica y normativamente independiente. La corrección o incorrección de tal modelo crítico no depende de su aceptación o rechazo por parte de sus destinatarios, sino de la adecuación de la teoría a las necesidades o mecanismos históricos objetivos (sobre los que el teórico crítico alega tener una visión superior). Un modo pluralista de investigación crítica sugiere una norma de corrección diferente: que la crítica debe ser verificada por quienes participan en la práctica y que esta exigencia de verificación práctica forma parte del propio proceso de investigación.

Aunque la actitud de Habermas hacia estos diferentes modos de teoría crítica es algo ambivalente, ha dado buenas razones para aceptar el enfoque práctico y pluralista (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Al igual que en el análisis de los modos de indagación vinculados a distintos intereses constitutivos del conocimiento, Habermas acepta que las distintas teorías y métodos tienen cada uno “una legitimidad relativa”. De hecho, al igual que Dewey, llega a sostener que la lógica de la explicación social es pluralista y elude el “aparato de las teorías generales”. En ausencia de tales teorías generales, el enfoque más fructífero del conocimiento científico-social es poner en relación todos los diversos métodos y teorías: “Mientras que las ciencias naturales y las culturales o hermenéuticas son capaces de vivir en una coexistencia mutuamente indiferente, aunque más hostil que pacífica, las ciencias sociales deben soportar la tensión de los enfoques divergentes bajo un mismo techo”, señala. En la Teoría de la Acción Comunicativa, Habermas plantea la teoría social crítica de forma igualmente pluralista, pero unificadora (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Al discutir los diversos relatos sobre la modernización de la sociedad, por ejemplo, sostiene que las principales teorías existentes tienen su propia “legitimidad particular” como líneas de investigación empírica desarrolladas, y que la Teoría Crítica asume la tarea de unificar críticamente las diversas teorías y sus heterogéneos métodos y presupuestos. “La teoría social crítica no se relaciona -escribe en Teoría de la Acción Comunicativa- con las líneas de investigación establecidas como un competidor; partiendo de su concepto del surgimiento de las sociedades modernas, intenta explicar las limitaciones específicas y los derechos relativos de esos enfoques”.

Para lograr estos fines teóricos y metodológicos, Habermas comienza esta tarea con una discusión de las teorías de la racionalidad y ofrece su propia definición distintiva de la racionalidad, que es epistémica, práctica e intersubjetiva. Para Habermas, la racionalidad no consiste tanto en la posesión de un conocimiento particular, sino en “cómo los sujetos que hablan y actúan adquieren y utilizan el conocimiento”. Cualquier relato de este tipo es “pragmático” porque comparte una serie de rasgos distintivos con otros puntos de vista que ven a los intérpretes como agentes competentes y conocedores. Lo más importante es que un enfoque pragmático desarrolla un relato del conocimiento práctico en “actitud performativa”, es decir, desde el punto de vista de un orador competente. Una teoría de la racionalidad intenta así reconstruir el conocimiento práctico necesario para ser un actor social con conocimientos entre otros actores sociales con conocimientos. Como ya se ha mencionado, la reconstrucción de Habermas intenta articular estructuras invariables de comunicación, por lo que se califica como una “pragmática formal”.

¿Cuál es la “actitud performativa” que debe reconstruirse en tal teoría? Desde el punto de vista científico-social, el lenguaje es un medio de coordinación de la acción, aunque no el único. La forma fundamental de coordinación a través del lenguaje, según Habermas, requiere que los hablantes adopten una postura práctica orientada a “alcanzar el entendimiento”, lo que considera el “telos inherente” del discurso. Cuando los actores se dirigen los unos a los otros con este tipo de actitud práctica, participan en lo que Habermas denomina “acción comunicativa”, que distingue de las formas estratégicas de acción social. Dado que esta distinción desempeña un papel fundamental en la Teoría de la Acción Comunicativa, merece cierta atención.

En la acción estratégica, los actores no están tan interesados en el entendimiento mutuo como en lograr los objetivos individuales que cada uno aporta a la situación. El actor A, por ejemplo, apelará así a los deseos y temores de B para motivar el comportamiento por parte de B que se requiere para el éxito de A. Como razones que motivan la cooperación de B, los deseos y temores de B sólo están relacionados de forma contingente con los objetivos de A. En otras palabras, B coopera con A no porque B encuentre el proyecto de A intrínsecamente interesante o digno, sino por lo que B obtiene del trato: evitar alguna amenaza que A pueda hacer u obtener algo que A haya prometido (que puede ser de interés inherente para B, pero que para A es sólo un medio para motivar a B).

En la acción comunicativa, o lo que Habermas llegó a llamar más tarde “acción comunicativa fuerte” en “Algunas aclaraciones adicionales del concepto de racionalidad comunicativa”, los hablantes coordinan su acción y la búsqueda de objetivos individuales (o conjuntos) sobre la base de un entendimiento compartido de que los objetivos son inherentemente razonables o meritorios. Mientras que la acción estratégica tiene éxito en la medida en que los actores logran sus objetivos individuales, la acción comunicativa tiene éxito en la medida en que los actores acuerdan libremente que su objetivo (o sus objetivos) es razonable, que merece un comportamiento cooperativo. La acción comunicativa es, por tanto, una forma inherentemente consensuada de coordinación social en la que los actores “movilizan el potencial de racionalidad” dado con el lenguaje ordinario y su telos de acuerdo racionalmente motivado.

Para apoyar su concepción de la acción comunicativa, Habermas debe especificar el mecanismo que hace posible el acuerdo racionalmente motivado. Para ello, defiende un relato particular del significado de los enunciados como basado en las “condiciones de aceptabilidad”, por analogía con el relato de las condiciones de verdad del significado de las oraciones. Pero en lugar de vincular el significado con la semántica representacional, Habermas adopta un enfoque pragmático, analizando las condiciones del éxito ilocucionario del acto de habla. Según el principio central de su teoría pragmática del significado, “entendemos un acto de habla cuando conocemos el tipo de razones que un hablante podría aportar para convencer a un oyente de que tiene derecho, en las circunstancias dadas, a reclamar la validez de su enunciado; en pocas palabras, cuando sabemos qué lo hace aceptable”. Con este principio, Habermas vincula el significado de los actos de habla a la práctica de dar razones: los actos de habla implican intrínsecamente afirmaciones que necesitan razones, afirmaciones que están abiertas tanto a la crítica como a la justificación. En nuestro discurso cotidiano (y en gran parte de nuestra acción), los hablantes se comprometen tácitamente a explicarse y justificarse, si es necesario. Por lo tanto, para comprender lo que uno hace al realizar un acto de habla, debe tener algún sentido de la respuesta apropiada que justificaría su acto de habla, si se le desafía a hacerlo. Un acto de habla logra alcanzar la comprensión cuando el oyente adopta “una posición afirmativa” hacia la afirmación hecha por el hablante, como escribe en Teoría de la Acción Comunicativa (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Al hacerlo, el oyente presume que las afirmaciones del acto de habla podrían estar respaldadas por buenas razones (aunque no las haya pedido). Cuando la oferta realizada por el hablante no es aceptada, hablante y oyente pueden cambiar de nivel reflexivo, pasando del habla ordinaria al “discurso”, es decir, a los procesos de argumentación y diálogo en los que las afirmaciones implícitas en el acto de habla se ponen a prueba para justificarlas racionalmente como verdaderas, correctas o auténticas (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Así pues, la racionalidad de la acción comunicativa está ligada a la racionalidad del discurso.

¿Cuáles son estas afirmaciones susceptibles de crítica y justificación? En oposición a la fijación positivista en los modos de afirmación de hechos del discurso, Habermas no limita las afirmaciones intersubjetivamente válidas, o justificables, a la categoría de verdad empírica, sino que reconoce un espectro de “afirmaciones de validez” que también incluye, como mínimo, las afirmaciones de rectitud moral, bondad ética o autenticidad, sinceridad personal y valor estético, según sostiene en Teoría de la Acción Comunicativa (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Aunque Habermas no considera que tales afirmaciones representen un mundo independiente de la mente a la manera de las afirmaciones de verdad empíricas, pueden ser tanto criticadas públicamente como injustificables como defendidas con argumentos públicamente convincentes. En esta medida, la validez implica una noción de corrección análoga a la idea de verdad. En este contexto, la frase “pretensión de validez”, como traducción del término alemán Geltungsanspruch, no tiene el estrecho sentido lógico (formas de argumentación que preservan la verdad), sino que connota una idea social más rica: que una pretensión (afirmación) merece la aceptación del destinatario porque está justificada o es verdadera en algún sentido, que puede variar según el ámbito de validez y el contexto dialógico.

Al vincular el significado con la aceptabilidad de los actos de habla, Habermas traslada el análisis más allá de un enfoque estrecho de la semántica de la verdad de la representación a la inteligibilidad social de la interacción. La complejidad de la interacción social le permite entonces encontrar tres afirmaciones de validez básicas que están potencialmente en juego en cualquier acto de habla utilizado con fines cooperativos (es decir, en una acción comunicativa fuerte). Su argumento se basa en tres “relaciones de mundo” que están potencialmente implicadas en los actos comunicativos fuertes en los que un hablante pretende decir algo a alguien sobre algo, afirma en Teoría de la Acción Comunicativa. Por ejemplo, un acto de habla constativo (de afirmación de hechos):

  • expresa un mundo interior (una intención de comunicar una creencia);
  • establece una relación comunicativa con un oyente (y, por tanto, se relaciona con un mundo social, concretamente uno en el que ambas personas comparten una información, y saben que lo hacen); y
  • intenta representar el mundo exterior.

Esta estructura triádica sugiere que muchos actos de habla, incluidos los no consonantes, implican un conjunto de afirmaciones de validez tácitas: la afirmación de que el acto de habla es sincero (no engañoso), es socialmente apropiado o correcto y es factualmente verdadero (o más ampliamente: representacionalmente adecuado) (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). A la inversa, los actos de habla pueden ser criticados por fallar en una o más de estas puntuaciones (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Así pues, los actos de habla plenamente exitosos, en la medida en que implican estas tres relaciones con el mundo, deben satisfacer las exigencias relacionadas con estas tres afirmaciones básicas de validez (sinceridad, corrección y verdad) para ser aceptables.

Podemos pensar que la acción comunicativa fuerte en el sentido anterior define el extremo de un espectro de posibilidades comunicativas. En ese extremo, la cooperación social es profundamente consensuada y razonable: los actores están sinceramente de acuerdo en que sus modos de cooperación pueden justificarse como buenos, correctos y libres de errores empíricos. Sin embargo, dadas las dificultades para mantener un consenso tan profundo, tiene sentido, sobre todo en las sociedades complejas y pluralistas, relajar estas exigencias comunicativas para determinados tipos de situaciones, permitiendo formas más débiles de acción comunicativa (en las que no están en juego los tres tipos de pretensiones de validez) o de acción estratégica (en las que los actores entienden que todos están orientados hacia el éxito individual).

Habermas distingue el “sistema” como aquellas situaciones predefinidas, o modos de coordinación, en los que las exigencias de la acción comunicativa se relajan de este modo, dentro de unos límites legalmente especificados. Los principales ejemplos de coordinación sistémica son los mercados y las burocracias. En estos contextos estructurados sistémicamente, los medios no lingüísticos asumen la coordinación de las acciones, que procede sobre la base del dinero y el poder institucional: estos medios hablan, por así decirlo, aliviando a los actores de las exigencias de una acción fuertemente comunicativa. El término “mundo de la vida”, por el contrario, se refiere a los ámbitos de acción en los que predominan los modos consensuados de coordinación de las acciones. De hecho, la distinción entre mundo vital y sistema se entiende mejor como una distinción analítica que identifica diferentes aspectos de la interacción social y la cooperación. “El mundo de la vida” se refiere entonces a los recursos de fondo, los contextos y las dimensiones de la acción social que permiten a los actores cooperar sobre la base del entendimiento mutuo: los sistemas culturales de significado compartidos, los órdenes institucionales que estabilizan los patrones de acción y las estructuras de personalidad adquiridas en la familia, la iglesia, el barrio y la escuela, según sugiere en su libro Teoría de la Acción Comunicativa.

La distinción sistema-mundo de la vida de Habermas ha sido criticada desde varias perspectivas (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Algunos han argumentado que la distinción simplifica en exceso la dinámica interpenetrante de las instituciones sociales. Otros han atacado la distinción por considerarla encubiertamente ideológica, al ocultar formas de dominación patriarcal y económica. El intento de Habermas de aclarar el carácter analítico de la distinción sólo responde parcialmente a estas críticas.

La Teoría de la Acción Comunicativa también se ha encontrado con un clima bastante pesado como teoría del significado. En la filosofía analítica del lenguaje, uno de los requisitos estándar es dar cuenta de la composicionalidad del lenguaje, el hecho de que un conjunto finito de palabras puede utilizarse para formar un número indefinido de oraciones. Desde esa perspectiva, la teoría de Habermas se queda corta. Pero quizá sea mejor evaluar la teoría del significado de Habermas desde una perspectiva diferente. El requisito de la composicionalidad es importante si se quiere explicar la competencia gramatical. Pero desde el principio Habermas expresó un mayor interés en explicar la competencia comunicativa, más que la gramatical: la capacidad de los hablantes de utilizar oraciones gramaticalmente bien formadas en contextos sociales (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Aunque Habermas suele presentar su pragmática como un desarrollo más de las teorías analíticas del significado, su análisis se centra principalmente en la aceptabilidad de los actos de habla en función del contexto: las condiciones de aceptabilidad en función de los rasgos formales que distinguen las distintas situaciones de habla. Esto sugiere que su teoría del significado implica un tipo de proyecto bastante diferente: articular la “base de validez” del orden social.

La importancia de esta concepción de alcanzar la comprensión y del acuerdo racionalmente motivado también puede verse al contrastar este relato con otras concepciones de la comprensión y la interpretación, como la hermenéutica de Gadamer. Dada la concepción de Habermas sobre los actos de habla y su relación con las pretensiones de validez, no es de extrañar que sostenga, en Teoría de la Acción Comunicativa, que “las acciones comunicativas siempre requieren interpretaciones que sean racionales en su planteamiento”, es decir, que se realicen en la actitud performativa de un intérprete. En general, Habermas está de acuerdo con la hermenéutica en que todo el dominio de las ciencias sociales es accesible sólo a través de la interpretación, precisamente porque los procesos para llegar a la comprensión que ya están en marcha en las ciencias sociales los han constituido previamente. Pero saca una conclusión distinta (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Aunque los científicos sociales no son actores, deben emplear sus propios conocimientos preteóricos para obtener un acceso interpretativo a través de la experiencia comunicativa. Como “participante virtual”, el científico social debe tomar una posición sobre las afirmaciones hechas por aquellos a los que observa: sólo tiene acceso a través de la experiencia comunicativa “bajo la presuposición de que juzga el acuerdo y el desacuerdo, las afirmaciones de validez y las razones potenciales con las que se enfrenta”. No existe entonces ninguna disyuntiva entre la actitud del crítico y la del intérprete como participantes reflexivos. Los científicos sociales pueden retener los juicios, pero sólo a costa de empobrecer su interpretación y poner fuera de juego su conocimiento preteórico y práctico que tienen en común con otros que son capaces de llegar a la comprensión (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Así, diversas formas de racionalidad se vuelven esenciales para las ciencias sociales, debido a la naturaleza del dominio social.

Al oponerse a la línea de argumentación de Habermas, varios autores han argumentado que no es una condición necesaria que los intérpretes adopten una posición para comprender las razones, aunque tengamos que confiar en nuestra propia competencia para juzgar la validez y la solidez de las razones e identificarlas como tales. No obstante, Habermas utiliza esta concepción en su teoría social de la modernidad para mostrar las formas en que la cultura moderna ha liberado a la racionalidad comunicativa de sus anteriores limitaciones culturales e ideológicas. En las sociedades modernas, las normas sociales ya no se presumen válidas, sino que se someten a una reflexión crítica, como por ejemplo cuando se critica la vida ética de una determinada cultura desde el punto de vista de la justicia. En un sentido coherente con el imperativo de la Ilustración de utilizar la propia razón, el “mundo vital” cotidiano de la experiencia social se ha racionalizado, especialmente en forma de discursos que institucionalizan la acción comunicativa reflexiva, como en las instituciones científicas y democráticas.

La racionalización del mundo de la vida en la modernidad occidental ha ido de la mano del crecimiento de los mecanismos sistémicos de coordinación ya mencionados, en los que se relajan las exigencias de consenso plenamente comunicativo. Si las grandes y complejas sociedades modernas ya no pueden integrarse únicamente sobre la base de valores y normas culturales compartidos, deben surgir nuevos mecanismos no intencionales de coordinación, que toman la forma de medios no lingüísticos de dinero y poder. Por ejemplo, los mercados coordinan la producción y la distribución colectiva de bienes de forma no intencionada, aunque se basen en instituciones culturales y políticas como las empresas y los estados. La modernización puede llegar a ser patológica, como cuando el dinero y el poder “colonizan el mundo de la vida” y desplazan las formas comunicativas de solidaridad e inhiben la reproducción del mundo de la vida (por ejemplo, cuando las universidades se rigen por estrategias de mercado). La “juridificación” es otra de esas formas patológicas, cuando la ley llega a invadir cada vez más ámbitos de la vida social, convirtiendo a los ciudadanos en clientes de las burocracias con lo que Foucault podría llamar efectos “normalizadores”. Este aspecto de la Teoría de la Acción Comunicativa tiene menos impacto en la obra actual de Habermas, que vuelve al tema de la mejora de la práctica democrática como medio de contrarrestar la juridificación y la colonización. Se supone que las instituciones democráticas, si se diseñan adecuadamente y se ejecutan con solidez, garantizan que la ley no adopte esta forma patológica, sino que esté sujeta a la deliberación de los ciudadanos, que son así autores de las leyes a las que están sujetos.

Después de la Teoría de la Acción Comunicativa, pues, Habermas empieza a ver el derecho no como parte del problema, sino como parte de la solución, una vez que ofrece un relato teórico-discursivo más completo del derecho y la democracia. No obstante, la teoría de la modernidad aún permanece en su uso continuado de la teoría de sistemas y su comprensión de la integración no intencional (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Al insistir en la soberanía popular como resultado de la generación de “poder comunicativo” en la esfera pública, Habermas intenta salvar la sustancia de la democracia radical. La dificultad no resuelta es que en una sociedad compleja, como afirma Habermas, “la opinión pública no gobierna”, sino que señala el poder administrativo en determinadas direcciones; o, como él dice, no “dirige”, sino que “contrarresta” la complejidad institucional. Es decir, los ciudadanos no controlan los procesos sociales, sino que ejercen su influencia a través de determinados mecanismos institucionalizados y canales (véase qué es, su definición, o concepto, y su significado como “canals” en el contexto anglosajón, en inglés) de comunicación. Por mucho éxito que tenga la democracia en la creación de legitimidad, no puede obtener el control total de las sociedades complejas a gran escala, ni siquiera de las condiciones necesarias para su propia realización. En este sentido, el énfasis de Habermas en el efecto limitador de la complejidad sobre la democracia y su rechazo a una forma de sociación plenamente democrática continúan el argumento básico de la necesidad de la integración de los sistemas, incluso con sus costes. Puede que la democracia radical ya no sea el único medio para la transformación social, aunque está claro que sigue siendo “el proyecto inacabado de la modernidad”: la realización y la transformación de la democracia siguen siendo un objetivo genuino incluso para las sociedades complejas y en proceso de globalización.

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Sistema, mundo vital y la “teoría de la comunicación de la sociedad” de Habermas

El interés de Habermas por lo político le condujo posteriormente a una serie de estudios filosóficos y análisis crítico-sociales que acabaron apareciendo en inglés en su obra “Hacia una sociedad racional” (1970) y “Teoría y práctica” (1973). Mientras que este último consiste principalmente en reflexiones sobre la historia de la filosofía, el primero representa un intento de aplicar su emergente teoría de la racionalidad al análisis crítico de la sociedad contemporánea, en particular del movimiento de protesta estudiantil y de su objetivo institucional, las estructuras autoritarias y tecnocráticas que dominaban la educación superior y la política.

En “La comunicación y la evolución de la sociedad” (1979), Habermas comienza a desarrollar una concepción distintiva de la reconstrucción racional, que modela el desarrollo de la sociedad como un proceso de aprendizaje. En estas obras, Habermas comienza a incorporar los resultados de la psicología del desarrollo, que alinea las etapas del desarrollo con los cambios en el tipo de razones que el individuo que madura considera aceptables. De forma análoga, las sociedades se desarrollan a través de cambios similares en la base racional de la legitimidad a nivel colectivo. En este punto de su teorización, la apropiación de las ciencias sociales por parte de Habermas se ha vuelto metodológica y teóricamente pluralista: desde su punto de vista, una teoría social crítica no se distingue por respaldar alguna teoría o método particular, sino por unir la investigación normativa y la empírica.

En su “Teoría de la Acción Comunicativa”, Jürgen Habermas habla de una “teoría social reconstructiva que emplea una doble perspectiva”: la del “sistema” y la del “mundo de la vida”. La teoría propuesta por Habermas “debe explicar cómo la autocomprensión normativa reconstruida de los órdenes jurídicos modernos conecta con la realidad social de las sociedades altamente complejas” (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Al desarrollar la “teoría de la comunicación de la sociedad” en la que debe situarse su “teoría del discurso del derecho”, Habermas se aparta de su anterior concepción de la relación entre sistema y mundo de la vida. Este texto explora los conceptos de Habermas de sistema y mundo de la vida, así como su teoría de la comunicación de la sociedad. Considera su “modelo de la circulación del poder político”, que presenta la idea de “sociedad civil” como una elaboración de la “esfera privada” del mundo de la vida. También analiza la referencia de Habermas a los tres “componentes estructurales” (cultura, sociedad y personalidad) y argumenta que su noción de “sistema” y “mundo vital” es similar a la teoría de sistemas “autopoiéticos” post-Parsons de Niklas Luhmann. Por último, es importante señalar que buena parte de la literatura rechaza el concepto de mundo vital como esfera social separada.

La teoría de la acción comunicativa de Habermas se basa en la idea de que el orden social depende, en última instancia, de la capacidad de los actores para reconocer la validez intersubjetiva de las distintas pretensiones de las que depende la cooperación social (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Al concebir la cooperación en relación con las pretensiones de validez, Habermas destaca su carácter racional y cognitivo: reconocer la validez de dichas pretensiones es suponer que se pueden dar buenas razones para justificarlas frente a las críticas. Por tanto, la Teoría de la Acción Comunicativa apunta y depende de un relato de dicha justificación, es decir, de una teoría de la argumentación o del discurso, que Habermas denomina “forma reflexiva” de la acción comunicativa.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Sobre el tema de la religión, Habermas ha adoptado una posición matizada que sigue desarrollándose. En su Teoría de la Acción Comunicativa, trató la religión principalmente desde una perspectiva sociológica, como un modo arcaico de integración social. Desde entonces, sin embargo, ha explorado el papel de la religión en la política, por un lado, y las relaciones entre los modos de discurso religiosos y filosóficos, por otro.

Revisor de hechos: Mix

Teoría de la Acción Comunicativa

La teoría de la acción comunicativa comprende una concepción del conocimiento, de la racionalidad, una teoría del lenguaje, de la sociedad, entre otros aspectos. La presentaremos sintéticamente a través de un conjunto de enunciados:

El conocimiento humano es falible

Desde sus orígenes la filosofía ha tratado de encontrar conocimientos indudables, por ser evidentes por sí mismos o bien porque resisten cualquier duda o cuestionamiento. Descartes, y luego Husserl, pensaron que sobre estos conocimientos absolutos era posible refundar todo el edificio del conocimiento humano. Su existencia y accesibilidad constituyen el supuesto central del pensamiento metafísico. Habermas piensa que la filosofía contemporánea ha fracasado en este intento; y, como veremos, adscribe al llamado pensamiento postmetafísico (1983). (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Habermas ha hecho suyo el principio popperiano de que todo conocimiento humano es falible y que ningún supuesto conocimiento, si pretende ser racional, puede ser substraído al examen racional y crítico. Más aún, piensa que el proyecto metafísico es propio del paradigma (modelo, patrón o marco conceptual, o teoría que sirve de modelo a seguir para resolver alguna situación determinada) dual sujeto-objeto, superado por su teoría de la acción comunicativa. Su postura no significa renunciar a hacer filosofía, como lo proponen las posturas escépticas contemporáneas, sino que concibe la filosofía como la búsqueda
de conocimientos universales, pero falibles y refutables. (…)

La racionalidad es una disposición de los sujetos

Uno de los temas de la reflexión contemporánea, no solo de la filosofía, sino también de la teoría sociológica y epistemológica, es el problema de las formas de racionalidad. Habermas no comparte la concepción de la racionalidad que diferencia dos tipos de racionalidades opuestas e incompatibles. Es decir, se distancia de la teoría de las racionalidades de Weber, Horkheimer, Heidegger y otros influyentes teóricos contemporáneos.

Ellos aseveran que existe, de una parte, una racionalidad substantiva, objetiva o pensar, que se ocupa de reflexionar sobre los fines o el ser; y de otra, una racionalidad llamada formal, instrumental o racionalidad científico-tecnológica. Esta última se ocupa de la elección de los medios más eficientes; se la describe como una capacidad de cálculo; se orienta hacia la transformación y dominio del mundo o solo piensa los entes y no el ser. Para Weber, Horkheimer y Heidegger, pensadores de la tradición netszchiana, el desarrollo de este último tipo de racionalidad es característico de la modernidad y nos ha conducido a un callejón sin salida en el cual se ha perdido el sentido, la libertad y autonomía en la existencia humana y el arraigo en el ser. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Habermas otorga gran importancia a esta última forma de racionalidad a la que denomina teleológica, es decir, orientada a la realización de fines, pero no comparte el pesimismo de esos autores. Piensa que el problema no reside en el desarrollo inevitable y las consecuencias negativas de la racionalidad teleológica, sino que su predominio impide desarrollar la complejidad del proyecto de la modernidad. (…)

La teoría de la acción comunicativa se basa en una teoría de los actos de habla

Trataremos ahora de explicar de modo muy esquemático la teoría de los actos de habla del autor, puesto que ella es una parte fundamental de su teoría de la acción comunicativa (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). A partir de las investigaciones de teoría del lenguaje de Searle y Austin, Habermas ha desarollado una teoría sobre los actos de habla (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Austin distingue entre locuciones, ilocuciones y perlocuciones.

Las locuciones son oraciones enunciativas, por ejemplo, “ahora es jueves” o “esta novela es excelente”.

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Las ilocuciones son locuciones con un plus, que explicitan el modo en que se usa la locución. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Por ejemplo, “tengo dudas de la opinión de que esta novela es excelente”. La interacción comunicativa está basada o se realiza a través de ilocuciones, las cuales hacen posibles acuerdos o desacuerdos racionales.

Las perlocuciones, en cambio, son ilocuciones usadas de modo estratégico: se dice algo no porque se crea en aquello, o porque se le considere verdadero o correcto, eso es totalmente secundario; se dice algo porque se lo considera eficaz para producir ciertos efectos en el o los receptores. Por ejemplo, se dice, explícitamente, en una imagen publicitaria, que un producto industrial es “puro jugo de limón” y se muestra la imagen de un jugoso limón (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Aquí no se busca comunicar una información, pues bien podría suceder que el referido producto no tuviera nada de jugo de limón, sino que el objetivo de la emisión de dicho enunciado es fomentar el consumo de dicho producto. (…)

Autor: Jorge Vergara Estevez, Venezuela

Competencia comunicativa en derecho

La Competencia comunicativa en derecho se enseña en algunas universidades, como ocurre en México, por ejemplo.

Recursos

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Véase También

  • Racionalidad comunicativa
  • Debate Foucault-Habermas
  • Racionalidad
  • Poder
  • Wilhelm von Humboldt
  • Calidad democrática
  • Democracia representativa
  • Jurados ciudadanos
  • Función Deliberativa
  • Democracia Directa
  • Historia de la Democracia
  • Democracia en América
  • Democracia Sindical
  • Democracia Proletaria
  • Democracia Industrial
  • Democracia Comunitaria
  • Estado de Democracia Nacional
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Teoría de la Acción Comunicativa, Jürgen Habermas, acción comunicativa, mundo de la vida, sociedad, Entre Hechos y Normas, Talcott Parsons, evolución social, acción económica

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Bibliografía

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7 comentarios en «Acción Comunicativa»

  1. Si la perlocución consigue su objetivo, se considera exitosa y el
    problema de la validez de lo dicho es secundario o irrelevante. Algunos
    enunciados de los discursos políticos son buenos ejemplos de perlocuciones.
    Dice Maquiavelo en El Príncipe que el político debe decir lo que
    considere conveniente para sus fines y procurar aparecer de la manera
    que se considere adecuada. Por supuesto, para que una perlocución consiga
    plenamente su objetivo debe aparecer como ilocución, es decir el o
    los receptores deben creer que el emisor trata de comunicarse con ellos y
    no de inducir su conducta.

    Responder
    • Un buen ejemplo, es el cuento de Pedrito y el lobo. Los aldeanos
      corren a sus casas porque piensan que Pedrito está trasmitiendo una información,
      y efectivamente el lobo viene, pero el niño solo quiere usar
      esa ilocución para hacerlos correr y atemorizarlos. Las perlocuciones
      son acciones teleológicas, en las cuales el agente emisor usan ilocuciones
      como medios para producir ciertas reacciones de los receptores. Para
      Habermas hay una clara distinción entre ilocuciones y perlocuciones,
      cuestión que ha sido objetada por algunos autores.

      Responder
  2. Para Habermas las referidas teorías de la racionalidad son insuficientes
    y cuestionables porque dejan afuera la función básica y originaria
    de la racionalidad: la comunicación. Dicho de otra manera: no han incluido
    la racionalidad comunicativa. Habermas no entiende la expresión
    “comunicación” en sentido psicológico o en de la teoría de los medios de
    comunicación, sino como comunicación interpersonal donde se examinan
    pretensiones de validez de los actos de habla de los interlocutores.
    Escribe: “por ‘racionalidad’ entendemos ante todo la disposición de los
    sujetos capaces de lenguaje y acción para adquirir y utilizar conocimiento
    falible” (Habermas 1985).

    Responder
    • El concepto de conocimiento de Habermas es muy amplio e incluye
      el conocimiento descriptivo/explicativo o relativo a los medios más
      eficaces; el discurso moral donde se determina la rectitud de las acciones
      respecto a las normas morales; el explicativo que busca hacer comprensible
      un tema o problema; el de la crítica estética (lo artístico, o lo relacionado con el arte o la belleza) que evalúa la adecuación
      a estándares de valor y el que examina la veracidad de enunciados
      de emisiones y manifestaciones expresivas.

      El conocimiento en sus diversas formas siempre está “comunicativamente
      mediado”, es decir, la racionalidad de una interacción depende
      de la medida en que los partícipes de ella, dan razón de sus actos. Es decir,
      en la interacción comunicativa debemos ser capaces de dar cuenta de
      nuestros actos y planteamientos, y reconociendo que nuestro conocimiento
      es falible y refutable, debemos aceptar que nuestros enunciados
      pudieran ser cuestionados, modificados, complementados o mejorados
      por los de nuestros interlocutores.

      Responder
      • Esto implica tomar en consideración al otro, reconocerlo y respetarlo,
        reconocer nuestra igualdad con los demás como sujetos de habla en la
        interacción comunicativa. Asimismo, significa renunciar a usar recursos
        extradiscursivos para imponer nuestras opiniones y planteamientos, y
        aceptar que en la interacción comunicativa la única coerción permitida es la del mejor argumento. Ustedes podrían decir y con razón que la esta descripción de una interacción comunicativa supone una ética del discurso.
        Esta observación es correcta. Habermas piensa que estos aspectos
        éticos de igualdad y libertad discursiva no provienen de afuera, de una
        concepción externa que se habría asumido, sino que son supuestos contenidos
        en la interacción discursiva; son supuestos del discurso.Entre las Líneas En este
        sentido, la teoría de acción comunicativa no pretende traer una nueva
        verdad, un nuevo modelo al cual la realidad tendría que adecuarse, sino
        que se basa en un conjunto de experiencias tematizadas por algunas teorías
        del lenguaje.

      • Estas permiten explicitar que la comunicación es su función originaria
        y base de cualquier otra, y que ésta posee supuestos que sino fueran
        en cierta medida respetados, la vida social no sería posible. Por ejemplo,
        en nuestras conversaciones cotidianas y en las interacciones sobre temas
        intelectuales, con frecuencia, se establece un diálogo en el cual cada uno
        de los partícipes formula enunciados que son examinados y modificados
        durante la interacción. De este modo, al término del diálogo puede surgir
        un acuerdo nuevo, práctico o intelectual, distinto y mejor de las posturas
        iniciales de cada uno de los partícipes.

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