Benedictinos
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Benedictinos (Orden de San Benito) en Relación a Historia de la Iglesia
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] HISTORIA. 1. Nombre genérico con el que se designa a los miembros de numerosas corporaciones monásticas que a lo largo de los siglos adoptaron como norma de vida la regla atribuida tradicionalmente a S. Benito de Nursia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), abad de Montecasino (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
1. La Orden de San Benito (Ordo Sancti Benedicti: O. S. B.). El autor de la Regla de S. Benito no pretendió en modo alguno fundar una Orden religiosa. Su intención era reglamentar un solo monasterio. Y aunque previó que otros cenobios adoptarían su código de vida monástica, no estableció entre ellos lazo alguno de unión o federación. No es, pues, de extrañar que los benedictinos no hayan formado nunca una familia monástica perfectamente homogénea, unificada y centralizada. La Orden de S. Benito es muy diferente de todas las otras. De hecho, se trata más bien de una expresión cómoda que de una auténtica realidad.Entre las Líneas En el pasado, significaba que el monje, el monasterio o la unión de monasterios que ostentaba este tíulo seguía la Regla benedictina. Sólo modernamente tiene cierta efectividad gracias a la agrupación de diversas congregaciones de monasterios en una «confederación fraterna».
León XIII logró lo que no se había podido alcanzar en el pasado, pese a diferentes intentos. Un paso firme hacia cierta unión lo constituyó la inauguración, en Roma, del nuevo Colegio de San Anselmo (4 en. 1888), que abrió sus puertas a todos los estudiantes b., sin discriminación alguna.Entre las Líneas En 1893, por voluntad del Papa, se reunieron en Roma los abades benedictinos del mundo entero. El 12 de julio del mismo año, el breve Summum semper creaba la «Confederación de las congregaciones benedictinas», bajo la presidencia de un abad primado.
Uniones o federaciones de monasterios autónomos (su¡ iuris), de carácter regional, nacional o internacional, bajo la autoridad común de un capítulo general y de un abad presidente (o general), las diversas congregaciones benedictinas, al confederarse entre sí, no renuncian en modo alguno a su independencia, estructuras, tradiciones, actividades, derechos y privilegios. Ninguna es superior a las otras. El único lazo que las une es el abad primado, que las preside, pero no las gobierna con jurisdicción propiamente dicha, salvo en casos especiales. Otro lazo secundario es e¡ mencionado Colegio de San Anselmo, sostenido por el conjunto de monasterios de la Confederación, que le proporcionan fondos, profesores y alumnos.
Otros Elementos
Además, todos los abades y superiores mayores confederados se reúnen en Roma cada seis años, bajo la presidencia del primado, para tratar de cosas de interés común; pero no forman un capítulo general. La Confederación se rige actualmente por la Lex propia confederationis congregationum monasticarum Ordinis Sancti Benedicti, promulgada por Pío XII (breve Pacas vinculum, 21 mar. 1952).Entre las Líneas En ella están integradas todas las familias monásticas que reconocen como base de su constitución la Regla de S. Benito, a excepción de los cistercienses (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
2. La expansión de la Regla benedictina. La historia del monacato benedictino es tan extraordinaria como su constitución. Su admirable propagación en la Alta Edad Media no fue tanto el fruto natural de una familia que crece y se multiplica como de la adopción de la Santa Regla por monasterios cada vez más numerosos. Los monjes antiguos, salvo los discípulos de S. Pacomio (véase, acerca de esta última palabra, en la presente web de referencia), no tenían el sentido de pertenecer a determinada corporación religiosa, como lo tienen los monjes de la actualidad. Eran simplemente monjes de tal o cual monasterio; era lo más común que no concedieran ninguna importancia a la regla o conjunto de reglas de diversos autores en que se inspiraban los abades en el cotidiano gobierno de cuerpos y almas.Entre las Líneas En el fondo, fue la indiscutible calidad del código benedictino lo que hizo que prevaleciera hasta alcanzar una hegemonía impresionante en la Iglesia de Occidente (véase en esta plataforma: REGLAS MONÁSTICAS).
Los primeros pasos de esta expansión son más bien oscuros. Parece fuera de duda que el papa S. Gregorio Magno (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) conoció e hizo practicar la Regla de S. Benito en su monasterio romano de Clivus Scauri (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fuentes literarias testifican que también era utilizada, junto con otros códigos monásticos, en Italia y la Galia (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fue introducida en la Inglaterra del siglo VII, y tiene razón Mabillon al llamar a S. Wilfrido, S. Benito Wiscop y S. Beda el Venerable dimidiati benedictina. Los monjes anglosajones, acaudillados por hombres como S. Wilibrordo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y S. Bonifacio (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), llevaron consigo la Santa Regla al emprender la evangelización de los países germánicos, donde fundaron numerosos monasterios.Entre las Líneas En España, por el contrario, donde existía un poderoso e inconfundible monacato autóctono, no parece que fuera aceptada de un modo general hasta el s.X, gracias a los cluniacenses.
S. Benito de Aniano (m. 821) contribuyó como nadie a su triunfo definitivo. Encargado de la restauración y reorganización monástica en el Imperio carolingio por Luis el Piadoso, se convenció de que la multiplicidad de reglas y observancias era la causa principal de la confusión y los abusos, y optó por la Regla benedictina, que impuso a todos los monasterios en el Concilio de Aquisgrán de 817. Desde entonces, la Santa Regla dominó en casi toda la Europa central y occidental. Por desgracia, Benito de Aniano promovió al mismo tiempo la tendencia ritualista, nacida de la influencia del monacato urbano sobre los monasterios regulares. Este exceso de oraciones, ceremonias y solemnidades marcó todo el monacato medieval y fue, a fin de cuentas, causa de decadencia. Los monjes se pasaban la vida en el coro. La sabia proporción entre oración, lectura y trabajo establecida por la Regla quedaba comprometida, rota.
3. Los grandes movimientos de reforma en la Edad Media. Siempre hay desfallecimientos y decadencia, y siempre hay necesidad de reforma; pero ésta era a todas luces urgente a lo largo del «siglo de hierro». Uno de los primeros reformadores benedictinos del siglo X fue S. Gerardo, abad de Brogne; otro, heredero de su espíritu, Juan de Gorze; ambos actuaron en Lotaringia.Si, Pero: Pero la antorcha abandonada por S. Benito de Aniano al morir fue recogida sobre todo por la abadía borgoñona de Cluny (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), fundada en 910.
Cluny no sólo es un gran nombre de la historia benedictina, sino también de la historia eclesiástica y aun de la cultura. Su obra es polifacética y de gran importancia. Bajo la sucesiva dirección de los abades S. Odón (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), S. Máyolo, S. Odilón (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y S. Hugo fue, sobre todo, a lo largo de los s.X y XI, el más poderoso centro de reforma, no sólo del monacato benedictino, sino de la Iglesia latina en general. Los cluniacenses acabaron por invadir no sólo los monasterios, sino también los consejos de los reyes y prelados, las sedes episcopales y aun la misma cátedra de Pedro (Gregorio VII, Urbano II). Y desde estos puestos prosiguieron animosos su lucha contra la simonía y el nicolaísmo, contra la intromisión abusiva del poder secular en la Iglesia y la incontinencia de los clérigos, en favor del primado, de la disciplina y de la liturgia de Roma. Bajo la Regla de S. Benito, Cluny fue formando, en el mundo monástico, lo que se llamó el Ordo Cluniacensis, vasto imperio que se extiende por toda Europa, no sólo a base de fundaciones, sino normalmente a base de suprimir la autonomía de monasterios preexistentes, sujetándolos directamente a la jurisdicción de la casa central o de una de sus grandes sucursales, llamadas piadosamente «hijas de Cluny»: Lewes, la CharitésurLoire, SanntMartindesChamps, Souvigny y Sauxillanges. No fue ésta la única innovación introducida por los cluniacenses que contribuyó a desfigurar el monacato benedictino, pues se suprimió el trabajo manual, se sobrecargó el oficio divino con rezos supererogatorios y excesiva pompa y boato, se introdujo un insoportable ritualismo en casi todos los pormenores de la vida cotidiana, y se avanzó un gran trecho en la progresiva clericalización del monaquismo.
Puntualización
Sin embargo, hay que reconocer que, gracias a los cluniacenses, se restauró la disciplina y, lo que es más, la espiritualidad auténticamente monástica de orientación contemplativa.
A lo largo de los siglo X y XI, donde no logró introducirse la jurisdicción de Cluny, penetró su espíritu y su observancia. Se puede decir que, salvo excepción, los monasterios benedictinos quedaron marcados generalmente por su influencia. Centros reformadores inspirados y apoyados en Cluny fueron: SaintBenoitsurLoire, Marmoutier, Lérins (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), siglo Víctor de Marsella, etc. Particular mención merece Guillermo de Dijon o de Fruttuaria, creador de la reforma homónima que se extendió hasta Alemania y Polonia. Otros movimientos de restauración benedictina fueron: el de S. Dunstán (m. 988) y sus discípulos S. Etelwoldo y S. Oswaldo, en Inglaterra; el de Einsiedeln, en el centro de Europa; el de La Cava, en Italia; el de Ricardo de SaintVanne, en Lotaringia.Entre las Líneas En los países germánicos, las ideas cluniacenses hallaron un ferviente propagador en S. Guillermo, abad de Hirsau, quien, en la segunda mitad del siglo Xi, formó una congregación similar, que llegó a contar con más de 100 monasterios; éstos, sin embargo, conservaron su autonomía (véase qué es, su concepto; y también su definición como “autonomy” en el contexto anglosajón, en inglés), a diferencia de las reformados por Cluny.Entre las Líneas En tierras hispánicas, los ideales, la observancia y aun la jurisdicción de Cluny contribuyeron grandemente al auge benedictino en los condados catalanes, en Aragón, en Castilla y en León, a lo largo del siglo XI; fue entonces cuando vivieron Oliva de Rlpoll (véase en esta plataforma: RIPOLL, MONASTERIO DE SANTA MARÍA DE), S. Domingo de Silos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), S. García de Arlanza, S. Íñigo de Oña, S. Sisebuto de Cardeña, siglo Veremundo de Irache, S. Alvito, S (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fagildo, S. Aldelelmo (el popular S. Lesmes); y la abadía leonesa de Sahagún, henchida de espíritu cluniacense, empezó a extender su influencia en otros monasterios hasta formar la Religio S (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Facundi.
Todos estos movimientos y . realizaciones presentan características idénticas o muy parecidas. A su lado surgieron y se desarrollaron tendencias muy diversas, aunque amparándose bajo la misma Regla de S. Benito. Este monacato disidente tenía una aspiración común: volver a la autenticidad (véase qué es, su concepto; y también su definición como “authentication” en el contexto anglosajón, en inglés) primitiva. Y hacía hincapié en la simplicidad de vida, la verdadera pobreza, la austeridad, la clausura y la contemplación. Algunas de estas realizaciones, además, presentan una fuerte inclinación hacia la vida eremítica. Tal es el caso de los camaldulenses (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), que reconocen por padre y fundador a S. Romualdo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), y la congregación de Fonte Avellana, ilustrada por San Pedro Damián (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), entusiasta propagandista de los nuevos ideales. S. Juan Gualberto (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) (m. 1073), en cambio, permanece enteramente fiel al cenobitismo en su fundación de Vallombrosa y de la congregación homónima; su único empeño era establecer una observancia según el «recto sentido de la Regla». A este monacato nuevo y renovador pertenecen también las congregaciones francesas de Grandmont, SauveMajeure, Fontevrauld (en la que, por devoción a la Virgen, los monjes estaban al puro servicio de las monjas y a las órdenes de las abadesas), Savigny, Tiron, Caudouin y SaintSulpice, así como las italianas de Pulsano y Monte Vergine. Casi todas ellas tienen orígenes eremíticos y rechazan el hábito negro tradicional para adoptar el color blanco o gris. Todas surgieron a lo largo del siglo Xi o principios del XII.
La vida que llevaban estos benedictinos disidentes era como una condenación de las riquezas y poderío del monacato dominado por Cluny, una crítica de la complicación y suntuosidad de su liturgia, de su organización feudal, de su implicación en los negocios temporales, de las mitigaciones que había introducido en la observancia regular. Algunos llegaron a tomar la pluma para atacarlo. S. Bernardo de Claraval (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) fue indiscutiblemente el más primoroso polemista en esta lucha entre hermanos. Miembro y representante autorizado de la más importante de las reformas que pretendían volver a la pureza primigenia de la Regla, Citeaux (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), se enfrentó con el abad de Cluny, Pedro el Venerable, hombre de admirable sinceridad y moderación, que tuvo que defender como pudo las posiciones tradicionales. Pero, de hecho, Cluny, cumplida su misión, se había dormido sobre sus laureles. El porvenir pertenecía a los cistercienses (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). La reforma tímida y penosamente iniciada por S. Roberto de Molesmes (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) a fines del siglo XI alcanzó un éxito inaudito, gracias en buena parte al genio de S. Bernardo, pero a fin de cuentas porque su ideal correspondía a las aspiraciones religiosas de aquellos tiempos. Consecuentes con sus principios, los primeros cistercienses buscaron de hecho la autenticidad (véase qué es, su concepto; y también su definición como “authentication” en el contexto anglosajón, en inglés) en todo, y su vida se distinguía por su fidelidad a las normas del monacato primitivo y a la Regla de S. Benito. Los cistercienses acabaron por desbancar. a los cluniacenses, dando el golpe de gracia a su hegemonía.
4. La decadencia de los siglo XIII y XIV. El siglo XII fue el siglo de oro de los cistercienses. No sólo florecieron en todos los órdenes y se multiplicaron por todas partes, sino que recibieron en su corporación a muchos monjes, abades y aun monasterios enteros que se pasaban del monacato benedictino, y de «la penumbra de Cluny» a «la pureza del Cister». Con el levante de la estrella del Cister contrasta el ocaso de la de Cluny y de los benedictinos de hábito negro en general.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Puntualización
Sin embargo, el siglo Xii puede presentar todavía una larga lista de benedictinos ilustres: santos, grandes abades, historiadores, artistas, autores espirituales, obispos y cardenales, como Suger de SaintDenis, Guillermo de Malmesbury, Orderico Vital, Pedro de Celle, Ruperto de Deutz y tantos otros. Los siglo XIII y XIV constituyen la época más lamentable de la larga historia benedictina. Son muchas las causas de esta decadencia. La sociedad había cambiado profundamente, mientras los benedictinos permanecían inmóviles, aferrados al concepto del monje como un hombre a sueldo que reza por los demás; un hombre que se ha asegurado una renta y piensa merecerla salmodiando sin cesar. El sistema feudal prevalece en los claustros: el abad es un gran señor temporal; los cargos conventuales se convierten en derechos, pensiones y prebendas. Dignidad honorífica y lucrativa, el abadiato es codiciado por príncipes, nobles y alto clero para sus hechuras o segundones; y en momentos críticos para la economía o la observancia regular de los monasterios, éstos se hallan en manos de abades ineptos, ignorantes, pródigos o totalmente indignos.
A partir de mediados del siglo Xiii, las abadías no suelen ser, a los ojos de lá Curia romana y de los príncipes, sino una fuente de importantes ingresos. Una tras otra van cayendo en manos de la nobleza, que las considera como parte del patrimonio familiar, y se pueblan de gran número de niños, idiotas, bastardos, contrahechos y otros tipos de monje sin ninguna vocación. Luego, so pretexto de pasarse a una Orden de observancia más estrecha, las invaden numerosos religiosos mendicantes, particularmente franciscanos, atraídos realmente, en su mayor parte, por las dignidades. lucrativas, las plazas cómodas y tranquilas.Entre las Líneas En tales cicunstancias, no es extraño que los monasterios se empobrezcan, colaborando a su ruina las exigencias de los señores feudales, las tasas eclesiásticas, las guerras, las epidemias, los incendios, las grandes sequías. Y, como consecuencia de esta pobreza, se introduce el peculio entre los monjes, se abandona la vida común y disminuye el personal en todas partes. Los escándalos no son muy numerosos, pero más raro todavía es el fervor. Domina la languidez, la rutina, y sólo de cuando en cuando descubrimos oasis de vida algo más vigorosa. [rbts name=”historia-de-la-iglesia”]
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre benedictinos (orden de san benito) en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
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