Comunidad Cristiana
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Tradición Sinóptica en Relación a Historia de la Iglesia
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] (Nota: esto es una continuación del texto sobre tradición sinóptica que se haya en otra parte de esta plataforma online). 2) La comunidad cristiana primera. Otro de los elementos indispensables para la interpretación y solución de la cuestión sinóptica es la comunidad cristiana en la cual nacieron los evangelistas (véase en esta plataforma: IGLESIA I, 2).
(a) Comunidad jerárquica. El mismo día de Pentecostés San Pedro tuvo su primer discurso (Act 2,14). Entre los oyentes había «partos, medos, elamitas, los que habitan en Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto y Asia, Frigia y Panfilia, Egipto y las partes de Libia que están contra Cirene, y los forasteros romanos judíos y prosélitos, cretenses y árabes» (Act 2,9′-ll); se convirtieron y se bautizaron en aquel día unos tres mil (Act 2,41); así aparece Jerusalén como la cuna del cristianismo. De esta célula madre nacerán después las comunidades de Judea, Samaria y Galilea, Fenicia y Chipre, Antioquía, Asia Menor, Grecia y Roma. La iglesia de Jerusalén está reunida en torno a los Doce Testigos (Act 5,12-13); los Doce ocupan un lugar privilegiado en la enseñanza (Act 2,42), en la utilización de los bienes (Act 4,34-37), etc.; mentirles a ellos era mentir al Espíritu Santo (Act 5,3); los Apóstoles (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) son quienes reúnen a la comunidad cristiana para la elección de los siete diáconos (Act 6,2-4); dentro del grupo de los Doce, San Pedro habla en nombre de todos (Act 1,15; 2,14.37-38; 3,4.6.12; 4,8; 5,2-3.15. 29; etc.; V. PRIMADO DE SAN PEDRO). La Iglesia, estando jerarquizada, está al abrigo de influencias extrañas a Jesús. El hecho de que Pedro y Juan vayan a Samaria (Act 8,14) prueba que sólo ellos podían terminar la obra que Felipe, uno de los siete diáconos (Act 6,5), había empezado evangelizándoles y bautizándoles (Act 8,16). Bernabé va a Antioquía (Act 11,22), y más tarde van Judas, Silas, Bernabé y Pablo (Act 15,25 ss.). Ha habido conversiones al cristianismo y surgen comunidades cristianas en Judea, Galilea y Samaria (Act 9,31); Pedro las visita todas (Act 9,32) como en viaje de inspección pastoral; va de Jerusalén a Lydda (Act 9,32-35), y continúa hasta Joppe .(Act 9,38). Así la jerarquía dirige o controla la expansión del cristianismo. El caso, inaudito para entonces, de la introducción del centurión romano dentro del grupo judeocristiano se debe a Pedro (Act 10,1-48; cfr. 11,1-18). Cuando hay dudas, se recurre a los Apóstoles (Act 15,2), y éstos deciden autoritativamente (Act 15,7 ss.); el mismo San Pablo contrasta su Evangelios con el de los otros Apóstoles, en especial con San Pedro (Gal 1,18; 2,1-2). Las dificultades que pudiera tener una comunidad (1 Cor 1,10-12), las diferencias entre Pablo y Bernabé (Act 15,36-40; cfr. Gal 2,13), o incluso entre Pablo y Pedro (Gal 2,11-14), no afectan para nada la unidad de la tradición. Entre la iglesia madre de Jerusalén y las iglesias filiales, existen continuas relaciones (Act 11,27 ss.; 15,2; 18,22; 1 Cor 16,3; 2 Cor 8,14); en Cesarea con Pedro (Act 10,1-48; 1J-l5); en Antioquía con Bernabé (Act 11,22) y con Pedro (Gal 2,11); también con Pedro en Corinto (1 Cor 1,12); con Pablo ocurre lo mismo. Queda así asegurada la cabeza de cada Iglesia, y la continuidad de la tradición, aunque se haya producido para entonces la dispersión, y la Iglesia sea también, de hecho, universal y católica (véase en esta plataforma: t. JERARQUÍA ECLESIÁSTICA).
(b) Comunidad bilingüe. Aunque la comunidad madre de la fe cristiana es Jerusalén, y no es ninguna comunidad helenística, sin embargo, el mensaje cristiano que originalmente fue predicado por Jesús y sus discípulos en arameo, nos ha llegado en griego. La iglesia de Jerusalén tenía entre sus miembros a judíos helenistas, ya desde el día de Pentecostés (Act 2,9-11). Estos helenistas constituían una parte bastante notable de los primeros cristianos jerosolimitanos, pues se ve las dificultades que causaron sus viudas en relación con el trato que recibían las de los hebreos (Act 6,1-7); ello dio ocasión a la elección de los siete diáconos helenistas. La importancia que en esta comunidad tenían los helenistas se puede comprobar por la actividad de S. Esteban (Act 6,8-7,60) que provocó la lapidación (Act 7,58) y la persecución contra la iglesia de Jerusalén y su dispersión (Act 8,1). La lengua de los Evangelios es del mismo grupo que el griego popular de la época (véase en esta plataforma: GRECIA XIII); además, un índice de hasta qué punto pudo el helenismo penetrar en el judaísmo, lo tenemos en Filón (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y en Flavio Josefo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Resumiendo, ya desde su origen, la comunidad de Jerusalén aparece por lo menos como bilingüe. Esto explica por qué en la tradición sinóptica hay diferencias que sólo se explican a partir del arameo, como expresión de un pensamiento semítico traducido a la lengua griega.
(c) Comunidad litúrgica.
Informaciones
Los dos actos principales de los primeros cristianos fueron la Eucaristía (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y el Bautismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). La celebración del sacrificio eucarístico, que era llamada «fracción del pan» (Act 2,42; 1 Cor 10,16), constituía un acontecimiento importantísimo en la vida de los cristianos (1 Cor 11,23-25). El Bautismo constituía una gran fiesta litúrgica (Act 2,41; 8,36-39; 9,18; 10,4748; 19,5; 22,16); mediante las aguas bautismales se consagraba el catecúmeno (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) a Cristo (Rom 6,3; Gal 3,27; 1 Cor 6,11; 10,2), y después se cantaban himnos bautismales invocando «el nombre del Señor Jesús» (Eph 5,14; 1 Tim 3,16; 1 Pet 1,3-5; 2,22-25; 3,18-22; 5,5-9). Había también oraciones (Act 2,42), presididas por los Apóstoles (cfr. Act 4,24-30); aclamaciones (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) litúrgicas como maranatha (1 Cor 16,22; Apoc 22,20); imposición de las manos (Act 8,17; 6,6; 13,2-3).Entre las Líneas En los Sinópticos aparecen secciones que parecen reflejar en su formulación un contexto cultual, como, p. ej., la multiplicación de los panes (Mt 14,13-21): el hecho de que las palabras sean casi iguales a las de la Eucaristía (Mt 26, 26-27 y paral.) prueba ya que se trata de un texto con cierto carácter litúrgico. Además el evangelista Mc habla de los panes y luego repite lo de los peces; Lc dice al mismo tiempo panes y peces y luego repite lo de los peces; o sea Lc dice al mismo tiempo panes y peces sin distinguir, como hace Me, dos tiempos, dando la impresión de que Jesús dio los panes y los peces a la vez. Mi, después de mencionar panes y peces, sólo dice de los panes que fueron entregados callando lo de los peces. Este detalle de Mt parece indicar que la expresión es cúlticolitúrgica, y que ya los peces no pertenecían al ágape (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) cristiano de la tarde.
(d) Comunidad catequística. La existencia de la catequesis puede verse en Act 2,42: «perseveraban en oír la enseñanza (la didajé) de los Apóstoles». Lc en el prólogo de su Evangelios (1,4) dice a Teófilo que le escribe «para que conozca la indudable certeza de las palabras en las que ha sido catequizado (enseñado)», lo cual quiere decir que la catequesis tenía como objeto el contenido del Evangelios de Lc, es decir, los hechos y los dichos, la muerte y la resurrección del Señor. Ahora bien, al narrar el E., la catequesis puede influir en su redacción. Así, mientras históricamente parece que los discípulos trataban a Jesús sólo de rabbi (Mc 4,38; Le 8,24), en el mismo pasaje, en un texto catequístico de Mt (8,25; cfr. Mt 17,4.15) le tratan de Kyrios. No es fácil precisar los casos en que algo de esto pueda ocurrir; también hay que tener en cuenta el afán de fidelidad a la tradición, a lo recibido, que no favorece estos cambios (cfr. lo dicho antes sobre la tradición).
Puntualización
Sin embargo, puede comprobarse cómo, en algún caso, parte del vocabulario usado por los evangelistas se debe a la primera catequesis cristiana. Las palabras de Jesús a veces han sido sistematizadas con objeto de constituir una didajé, es decir, un conjunto de la enseñanza de Cristo para la catequesis cristiana; tal es el caso del Sermón de la Montaña (Mt cap. 5-7; cfr. 7,28). Con frecuencia se comprueba en el Evangelios cómo la intención de los evangelistas no es sólo transmitir un hecho, sino también interpretarlo y expresar su contenido, lo cual indica un interés catequético.
De aquí proviene también el interés parenético, exhortativo (véase en esta plataforma: PARÉNESIS), que asimismo ha influido en el estilo y redacción. Así, p. ej., a veces, en la catequesis lo importante no es el marco cronológico de una frase del Señor, sino precisamente saber lo que Él dijo; éste es el caso de secciones aisladas del E., que se relacionaban también con problemas actuales de los cristianos como, p. ej., sobre el ayuno (Mt 9,14-17), sobre las purificaciones (Mt 15,1-20), el divorcio (Mt 19,1-12). El interés catequístico influirá muchas veces en la ordenación y presentación del material que ofrece la tradición; así, p. ej., la tempestad calmada es en Mc 4,35-41 narrada subrayando su carácter de milagro; en Mt 8,23-27 se acentúa que es una lección a los discípulos, un paradigma (un conjunto de principios, doctrinas y teorías relacionadas que ayudan a estructurar el proceso de investigación intelectual) catequístico de lo que puede acontecer durante el seguimiento; para aclarar este sentido Mt introduce en el contexto inmediato anterior dos perícopas sobre el seguimiento (Mt .8, 19-22).
(e) Comunidad misionera.Entre las Líneas En su primera predicación misional San Pedro dice: «Jesús de Nazareth, varón probado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por Él en medio de vosotros» (Act 2,22); es decir, en la presentación del mensaje cristiano se hace recurso a la narración de «milagros, prodigios y señales».Entre las Líneas En otro lugar, también San Pedro dice de Jesús cómo «lo ungió Dios con el Espíritu Santo y con poder, y cómo pasó haciendo bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él» (Act 10,38); es otra frase de la primera predicación en la cual se resume la actividad salvífica de Jesús. Estas frases tienen un sentido teológico, porque anuncian la salvación que Dios hace en Jesús, y al mismo tiempo un sentido apologético (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), porque intiman la aceptación del mensaje en virtud de los signos que se han hecho «en medio de vosotros». Este procedimiento misional ya está atestiguado en el Evangelios (Le 7,18-23; 10,13-15; 11,20), en la misma predicación de Jesús. Las dos frases que antes hemos citado de la predicación kerigmática de Pedro, son un resumen de la actividad taumatúrgica de Jesús, el cual hizo otros muchos signos (lo 20,30). El Evangelios recoge algunos de ellos, que vienen a ser como uno o dos ejemplos de cada clase: curaciones de personas con discapacidad visual (Mt 9,27-31; Mc 8,22-26), de paralíticos (Mt 8,5-13; 9,1-8; 12,9-14), de los leprosos (Mt 8,1-4; Le 17-11-19), de sordomudos (Mc 7,31-37), de varias clases de enfermedades; fiebre (Mt 8,14-15), flujo de sangre (Mt 9,20-22), hidropesía (Lc 14,1-6); resurrecciones de muertos (Mt 9,23-26; Lc 7,11-17); curaciones en forma de exorcismo: el epiléptico (Mt 17,14-21), varios posesos (Mi 9,32-34; Lc 11,14-15), la mujer encorvada (Le 13,10-17) (véase en esta plataforma: MILAGRO). La selección de estos ejemplos no está hecha en orden a destacar lo maravilloso, o a facilitar meros datos biográficos, sino a dar testimonio de su fe en Jesús Señor y Salvador, como se ve, p. ej., en la tempestad calmada (Mt 8,23-27), o en el andar sobre las aguas (Mt 14,24-33).
El aspecto teológico de los milagros aparece más claro cuando después de hacer una relación de milagros (Mt 8,1-16; judíos, paganos y creyentes), se concluye con una cita del A. T. (Mt 8,17 cita a Is 53,4), que sirve de interpretación de la figura de Jesús (como salvador de todos los hombres).Entre las Líneas En otros textos aparece mejor el sentido de controversia que adquiría el hecho misional, al contrastar con la negativa de los oyentes a aceptar el mensaje.Entre las Líneas En la sinagoga de Tesalónica, San Pablo «discutió con ellos (con los judíos) sobre las Escrituras, explicándoselas y probando cómo era preciso que el Mesías padeciese y resucitase de entre los muertos, y que este Mesías es Jesús, a quien yo os anuncio» (Act 17,2-3); era costumbre de San Pablo el entrar a predicar a Jesús en las sinagogas los sábados, y los judíos discutían con él sobre las Escrituras (Act 17,2; cfr. Act 13,5.14.42.44; 14,1; 16,13; 17,10.17; 18,4-19; 19-8; 28,17.23); estas discusiones debieron estar muy generalizadas, pues ya S. Esteban las tuvo en la sinagoga llamada de los libertos (Act 6,9); discusión llena de referencias a la Sagrada Escritura. Estas polémicas han dejado rastro en los Evangelios al conservar discusiones de los judíos con Jesús (Mt 22, 15-46) y al ver cómo su muerte estuvo ocasionada por estas disputas (Mc 2,1-3,6); en las discusiones se utiliza el argumento de Escritura (Mt 7,29; Mc 1,22; Mi 22,1416). Utilizando la Sagrada Escritura, los cristianos expresan su fe con vocabulario bíblico del A. T. Así, p. ej., la Cruz es la «madera» maldecida por la ley (Dt 21,23; Act 5,30; 10,39; 13,29; Gal 3,13; 1 Pet 2,24); Jesús es el Siervo de Yahwéh anunciado por Is (Act 3,13.26; 4,27.30; v. SIERVO DE DIOS); el Santo, el justo (Act 3,14; 7,52; 22,14); el Jefe o Príncipe o Guía que conduce a la vida (Act 3,15; 5,31). Lo mismo ocurre en los E., como, p. ej., la muerte de Judas, que recuerda a la de Ajitofel (2 Sam 17,23; cfr. Ps 55), se expresa a la luz de las profecías de jeremías 32,6 y de Zacarías 11,12-13 (Mt 27,9-10; cfr. Act 1,16.20).
En el trato misional con los paganos, se tenía buen cuidado de que no confundiesen a Jesús con una divinidad del Olimpo, y por eso, aunque se predicaba el «Hijo de Dios», se les hacía ver el monoteísmo (Act 14,15 ss.; 17,24 ss.). Para no inducirles a error, Lc 9,24 omite la transfiguración (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) de Mc 9,2 y Mt 17,2; para no herirles, el tratamiento que los gentiles reciben en Lc es más benigno que en Mt y Mc y procede ya de un universalismo (la creencia de que es posible descubrir ciertos valores y principios que son aplicables a todas las personas y a todas las sociedades, independientemente de las diferencias históricas, culturales y otras) poseído.Entre las Líneas En el trato con los judíos se citaba más el cumplimiento de los vaticinios proféticos (Mt 1,23 con Is 7,14; 4,14 con Is 8,23-9,1; Mt 12,17 con Is 42,1-4; Mt 13,14 con Is 6,9-10; etc.).
(f) Comunidad viva. La aceptación de la fe (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) es de suyo independiente de las consecuencias que puede tener; sin embargo, una vez aceptada, condiciona todas las circunstancias y acontecimientos de la vida. Precisamente porque la profesión de fe cristiana no era una mera proclamación de enunciados teóricos, ni tampoco un mero recuerdo y memoria de un Jesús histórico meramente humano, sino la persuasión de la presencia del Kyrios, de Jesús Señor y Salvador en medio de los cristianos, por eso había que urgir el vivir según lo recibido. Así nacieron problemas de orden práctico, como, p. ej., el creado por la comunidad de bienes (Act 6,1-6); o de orden teológico, como el valor de la Ley Mosaica con ocasión de la conversión del pagano Cornelio (Act cap. 10-11).Entre las Líneas En el Evangelios se encuentran soluciones de problemas vitales de los primeros cristianos: sobre la validez de la Ley (Mt 5,17-48); sobre las purificaciones externas (Mt 15,1-20); sobre el ayuno (Mt 9,14-17; 11,16-18); sobre el sábado (Mt 12,1-7,8,14); sobre el divorcio (Mt 19, 1-12; Mc 10,1-12); sobre la actitud cristiana ante el poder estatal (Mc 12,13-17; Mt 22,15-22; Lc 20,20-26); sobre la existencia de los pecadores dentro de la comunidad cristiana (Mt 13,24-30.47-52; Lc 19,1-10; 7,36-50). Las palabras de Jesús son las que deciden la cuestión. Por eso, lo esencial en muchos casos no era saber dónde y cuándo dijo tal cosa Jesús, sino saber qué había dicho en relación a aquel problema concreto.
De esta manera, los dichos y los hechos de Jesús se perpetuaban en la tradición, pero perdiendo a veces algo de su marco histórico y cronológico. Esto permite que un mismo tema pueda ser aplicado a situaciones diversas, como, p. ej., la parábola de la oveja perdida, que en Lc 15,3-7 (cfr. Lc 15,8-24) es una respuesta a las murmuraciones farisaicas de que Jesús comía con los pecadores, mientras que en Mt 18,12-14 es aplicada en un ambiente comunitario al cuidado de los pequeñuelos, es decir, a los débiles de la comunidad. Este desdoblamiento de las palabras y pensamientos de Jesús, no es una infidelidad histórica, pues el reflexionar sobre unos dichos o unos hechos, deduciendo su múltiple contenido, es otra manera de afirmarlos. Tanto el kerigma como la catequesis se adaptaba a las circunstancias y a los oyentes, según fuesen hebreos o paganos, infieles, catecúmenos o cristianos, según fuese instrucción doctrinal o exhortación cristiana. Lo inteligentemente -divinamente asistida- que fue llevada a cabo esta adaptación, se puede apreciar en el discurso de San Pedro (Act 2,22 ss.), la oración de los fieles de Jerusalén (Act 4,24-30); el discurso del diácono Esteban (Act 7,2-53); las palabras del diácono Felipe (Act 8,30-33); el discurso de San Pedro en Antioquía de Pisidia (Act 13,16-41) para los judíos; el discurso de San Pedro por la conversión de Cornelio (Act 10,34-43); los discursos de San Pablo en Listra (Act 14, 15 ss.) y en el Areópago (Act 17,21-31) para los gentiles; el discurso en Mileto (Act 20,18-35) para los cristianos.
3) Documentación literaria. Cualquiera que sea la interpretación que se dé al hecho sinóptico, es necesario recurrir a fuentes presinópticas escritas. La tradición oral asegura el origen del material sinóptico; la comunidad primitiva asegura su conservación y transmisión.Si, Pero: Pero no basta: si la tradición oral o la catequesis cristiana estuviera estereotipada y fija, no se explicarían bien las diferencias sinópticas; si fuese más bien genérica, no se explicarían las convergencias, frecuentemente hasta literales.
(a) Existencia de documentos. El prólogo de Lc (l,l) habla de «muchos» que han emprendido la tarea de componer una narración de los acontecimientos que han tenido cumplimiento entre nosotros…». Cualquiera que sea la traducción de polloí («varios» o «muchos»), indica la existencia de algunas relaciones evangélicas presinópticas.
El material evangélico actual puede dividirse en «unidades literarias aisladas de las demás» (perícopas), es decir, con una unidad interna en sí misma, y una unión puramente formal con la unidad que la precede y la sigue. Las fórmulas de transición que generalmente señalan los límites de cada unidad son de varios géneros: -Cronológicas: «entonces» (Mt), «y en seguida» (Mc), «y sucedió» (Lc); en realidad, estas fórmulas no tienen siempre valor temporal, como tampoco «en aquel tiempo», «en aquellos días». Así, p. ej., el caso de Mt 3,1 inmediatamente después de la Infancia de Jesús; lo mismo ocurre con la conjunción «y» que a veces no realiza sino una conjunción artificial (cfr. Mt 1,40-45 comparado con Mt 3,2). -Topográficas: «en la montaña» (Mt 5,1), «a la orilla del mar» (Mt 13,1), «en una barca» (Mt 13,2), «saliendo» (Mt 13,1; 14,14; 15,21; 24,1), «partiendo de allí» (Mt 4,21; 9,9.27: 11,1; 12,9.15; 13,53; 14,13; 15,21.29; 19,15); el carácter genérico de las indicaciones hace suponer que a veces son medios literarios para pasar a otra unidad; mientras no haya conflicto con datos de otro evangelista, hay que retener esos datos, pero siempre teniendo en cuenta cuál es la intención de cada autor; así, p. ej., en Mt 5,1 (en conflicto aparente con Le 6,17) la montaña es más un dato teológico que topográfico, a pesar de su realidad histórica. -Explicativas: «habiendo Jesús terminado estas palabras» (Mt 7,28; cf. Mt 11,1; 13,53; 19,1; 26,1), «habiendo oído que Juan había sido entregado» (Mt 4,12; cf. Mt 14,13), «se admiraban las multitudes de su doctrina» (Mt 7,28; 22,33); estas y otras frases semejantes son reflexiones que hace el evangelista al empezar a terminar una sección; pueden tener diverso sentido en un sitio y en otro; p. ej.: «viendo a las multitudes» en Mt 5,1; 8,19 y 9,36 sirve para introducir una doctrina; en Mt 9,23 y 14,14 introduce milagros; en Mt 5,1 intenta una instrucción a los discípulos, y en Mt 8,18 es para buscar la soledad.
Todas estas fórmulas de transición permiten más o menos delimitar las diversas unidades de que se compone el Evangelios escrito. Su carácter genérico o vago, y a veces artificial, hace suponer que su autoridad sea con frecuencia la de servir de lazo de unión para empalmar las unidades que existieron independientemente, antes de su inserción en los Evangelios escritos. Al exegeta, pues, le será legítimo un estudio aislado e independiente de cada perícopa, y después una investigación para determinar los motivos que el autor inspirado ha tenido para insertar esa unidad en un determinado contexto y no en otro. Puede también hacer un estudio general de todas las perícopas que pertenezcan al mismo género literario. Asimismo ha de saber enmarcar cada perícopa en la finalidad de los demás textos del mismo autor, y en la fidelidad histórica, sin olvidar el Evangelios en su conjunto, así como la revelación e inspiración bíblica en general (véase en esta plataforma: INTERPRETACIóN i1).
(b) Colección de documentos: Las unidades literarias se habrían ido agrupando unas con otras. A veces de forma un tanto provisional, como, p. ej., el milagro de la hemorroísa y el de la hija de Jairo (Mt 9,18-26), y otras veces, las más frecuentes, en grupos de verdaderas colecciones que giran alrededor de un tema. Así, p; ej., el Sermón de la Montaña (Mt 5-7) parece una colección de Lógia (dichos) del Señor para responder a las necesidades de la comunidad cristiana en orden a la enseñanza de los catecúmenos y recién bautizados; el Discurso de Misión (Mt 10) sugiere una colección de frases del Señor referentes a la misión; y el capítulo de las parábolas (Mi 13), una agrupación de varias de las que pronunció el Señor. Hay también una serie de perícopas que tienen como tema común Juan Bautista y además hay entre ellas una comunidad de estilo, el estilo profético; son las referentes a la predicación del precursor, bautismo de Jesús, elogio del Bautista, controversia entre las dos comunidades (la de Jesús y la del Bautista), la austeridad requerida para entrar en el Reino, y la narración de la muerte del Bautista. Los elementos de esta colección parece que actualmente están dispersos en otras colecciones, como la trilogía de la predicación de Juan, bautismo de Jesús y tentaciones en el desierto. Los milagros de Jesús también han sido a veces agrupados en una colección, que abarca en Mt los capítulos 8 y 9; dentro de esta colección hay otra pequeña que es llamada «jornada de Cafarnaún» que corresponde a Me 1,21-38. Otra serie de milagros están unidos «en torno al lago de Genesareth» (Me 4,35-5,43). Las controversias también han sido agrupadas; cinco de ellas, las galilaicas, han debido ser utilizadas por Me 2,1-3,6; otras, las jerosolimitanas, por Me 11,27-33 y 12,23-37.Entre las Líneas En las primeras se describía a Jesús como maestro injustamente perseguido por quienes no aceptaban su doctrina; en las segundas más bien se describía a Jesús como un maestro que «tapaba la boca» a sus enemigos. Las maldiciones contra los escribas y fariseos están agrupadas en Mt 23, lo mismo que las palabras referentes a los tiempos escatológicos están en Mt 24-25.
Los centros de coordinación de estas colecciones, son diversos: unas veces es un tema (p. ej., doctrina, milagros, misión, parábolas, escatología, vocación, oración, etcétera); otras veces es una persona (p. ej., el Bautista, los escribas y fariseos); otras, un lugar geográfico (Galilea, el lago de Genesareth, Jerusalén), o un acontecimiento extraordinario (p. ej., la Pasión, la Resurrección). Normalmente, el punto de interés es el catequístico, buscando para ello las «palabras del Señor».
Debido a los cambios o matizaciones que cada unidad haya podido sufrir al ser introducida en una colección, el exegeta tiene que caer en la cuenta de que no todos los datos son cronológicos o temporales, sino muchas veces literarios. Así, p. ej., el dato temporal por el que parece que un día Jesús dijo una parábola después de otra (Mt 13,1.53) es meramente literario, es decir, redaccional; en estos casos ocurre que parábolas del Señor que fueron pronunciadas en diversas circunstancias, son reunidas en una «narración continua», etc. Por eso, el hecho de que una frase aparezca detrás de otra, no significa por sí mismo que cronológicamente aquélla precedió a ésta; la conexión que puede haber sido creada literariamente, mediante «palabras de unión» o «por atracción de ideas», p. ej., el Padrenuestro, posiblemente ha sido narrado por Mt junto al Sermón de la Montaña, atraído por la palabra «perdonar» (Mt 14-15). Al ser introducida una unidad en otro contexto, ésta puede producir diversos efectos: -aparentes contradicciones (por ejemplo, Mt 10,5 y 10,12); -cambios de temática o de destino (p. ej., Mt 5,15, Me 4,21 y Le 8,16)-; comentarios (p. ej., Mt 13,24-30 y 13,38-42). Es difícil determinar con precisión qué colecciones han preexistido a los Evangelios actuales, y cuáles son obra de los evangelistas.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Puntualización
Sin embargo, hay razones para suponer que algunas de ellas son anteriores.
(c) Otros documentos. La tradición eclesiástica habla de un original arameo escrito por el apóstol Mateo, que es sustancialmente equivalente al actual Evangelios de S. Mateo. Ese texto sería el principal documento utilizado por los tres actuales Sinópticos, bien sea directa, bien sea indirectamente. Decimos el principal, por tener su origen en un apóstol, por ser el primero ya estructurado, y por ser el más extenso. Además del Evangelios arameo de Mt, los autores modernos suelen admitir, a partir del hecho sinóptico, la existencia de «otros documentos presinópticos» que han sido utilizados como fuentes por los tres evangelistas, sobre todo por Mt y Le. La razón es que el Mt arameo y su traducción griega no son suficientes para explicar toda la tradición sinóptica, especialmente cuando se trata de doble tradición simple. Lo que ya es difícil, quizá imposible, es la determinación del número y cualidades de esos documentos presinópticos. Mientras la crítica literaria no llegue a un conocimiento general sobre este particular, preferimos retener la existencia de una pluralidad indeterminada de documentos, sin apreciar ni su número ni su extensión.
4. Unidad e historicidad de los Evangelios. Con esta larga exposición hemos querido documentar una conclusión fundamental: las coincidencias literarias de los Evangelios sinópticos entre sí, lo mismo que las diferencias que se observan en el orden de los relatos y en otros aspectos de las respectivas redacciones (y lo mismo cabe decir de los tres sinópticos en comparación con el de S. Juan, v.), tienen su fundamento coherente en la misma índole de los E.: éstos han sido escritos -bajo la inspiración del Espíritu Santo- por sus hagiógrafos respectivos sobre la amplia y firme base de la tradición apostólica. Los estudios críticos histórico-literarios vienen así a ser una ayuda racional en apoyo de lo que la fe enseña sobre la unidad y la verdad histórica de los Evangelios.Entre las Líneas En las cuatro narraciones se nos transmite una misma verdad, concordemente enseñada por todos, ya que, como dice S. Ireneo, el Señor «nos dio su Evangelio bajo cuatro formas, pero sostenido por un solo Espíritu» (Adversus haereses, 3,11,8). Y esa verdad corresponde fielmente a lo realmente acontecido: «La santa madre Iglesia -dice el Conc. Vaticano II-, firme y constantemente, ha mantenido y mantiene que los cuatro Evangelios, cuya historicidad afirma sin vacilar, transmiten fielmente lo que Jesús, Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente para la salvación humana, hasta el día en que fue elevado al cielo (cfr. Act 1,1-2). Los Apóstoles ciertamente después de la Ascensión del Señor predicaron a sus oyentes lo que El había dicho y hecho, con aquella más plena inteligencia de que ellos gozaban, instruidos por los acontecimientos gloriosos de Cristo y enseñados por la luz del Espíritu de la verdad.
Detalles
Los autores sagrados escribieron los cuatro Evangelios seleccionando algunas cosas de entre las muchas que ya se transmitían de palabra o por escrito, sintetizando otras, o explicándolas atendiendo a la condición de la Iglesia, y conservando el estilo propio de la proclamación: de esa forma nos comunicaron cosas verdaderas y genuinas acerca de Jesús. Escribieron, pues, sacando las cosas de su memoria o del testimonio de quienes `desde el principio habían sido testigos oculares y ministros de la palabra’, para que conozcamos `la verdad’ de las palabras acerca de las cuales hemos sido enseñados (cfr. Le 1,24)» (Const. Dei Verbum, 19).
V. t.: ÁGRAFA Y LOGUIA DE JESÚS; CATEQUESIS I; CRISTIANOS, PRIMEROS; TRADICIÓN (Teología); etc. [rbts name=”historia-de-la-iglesia”]
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre tradición sinóptica en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
En castellano: J. SCHEIFLER, Así nacieron los Evangelios, Bilbao 1964 (abundante bibl.); D. YUBERo GALINDO, La formación de los Evangelios, Madrid 1966; VARIOS, Evangelios, ed. Casa de la Biblia, Madrid 1968; A. GEORGE, Conocer a Jesucristo, 2 ed. Barcelona 1969; J. CAGA, De los Evangelios al Jesús histórico, Madrid 1971; B. C. BUTLER, El problema sinóptico, en VARIOS, Verbum Dei, 111, 2 ed. Barcelona 1960, n° 610 ss.; J. A. UBIETA, El kerigma apostólico y los Evangelios, «Estudios Bíblicos» I8 (1959) 21-61.
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