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Crimen sin Victima

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Delito o Crimen sin Victima

Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] En inglés: Victimless crime.

Comportamiento ilegal pero sin partícipes denunciantes y sin consenso entre las partes implicadas.

Crimen Sin Victima: una Introducción

Traducción de crimen sin victima en inglés: Victimless Crime.

Los crímenes sin víctimas son difíciles de definir y categorizar, pero indiscutiblemente representan considerable atención y recursos en la discusión legal y el procesamiento del sistema de justicia penal. Los crímenes comúnmente etiquetados como sin víctimas incluyen el uso de drogas, el juego, la prostitución, la pornografía, el adulterio y la sodomía. Se ofrece también un examen de crimen sin victima enfocado en sus aspectos internacionales. Estos comportamientos normalmente están legislados por uno o más motivos: daño a otros, ofensa a otros, daño a uno mismo o una violación de la moral.

Puntualización

Sin embargo, los críticos sugieren que la sociedad se beneficiaría de la despenalización o la legalización.

Autor: Williams

Régimen

Los delitos sin víctimas, también llamados delitos contra la moral pública, hacen referencia a todas aquellas conductas que implican siempre una transacción o intercambio voluntario, entre adultos, de bienes y servicios con una fuerte demanda y que están legalmente proscritos. Se pueden considerar ejemplos de delitos sin víctimas a la prostitución, el uso y tráfico de drogas, los juegos de azar o ciertas conductas sexuales. Estos comportamientos son punibles en numerosas legislaciones, lo que se sanciona son conductas que atentan contra la moral pública y constituyen un debate activo que busca la relación que pueda existir entre los delitos sin víctima y la libertad personal, el concepto de daño y el sistema de justicia penal. Las consecuencias observables derivadas de este tipo de delitos giran en torno al crimen organizado, el escaso efecto intimidante que producen y el rechazo y estigmatización de ciertos grupos minoritarios.

Edwin M. Schur ha sido el autor que más atención ha depositado al tema de delitos sin víctima desde una perspectiva criminológica. Dos de sus numerosos libros reflejan el estudio y la dedicación a este tema: Crimes Without Victims y Victimless Crimes: Two Sides of a Controversy.

En palabras de Schur (1965), los delitos sin víctima hacen referencia a “conductas que implican siempre una transacción o intercambio voluntario entre adultos de bienes y servicios con una fuerte demanda y legalmente proscritos (prostitución, salud pública, auxilio o inducción al suicidio)”. Estas conductas se han definido como ilegales, pero no hay ninguna víctima que pueda alegar haber sido dañada o perjudicada, o si hubiese acontecido daño alguno, es negado, ya que los participantes han actuado voluntariamente y han dado su consentimiento para realizar la actividad delictiva (Stitt, 1988).

También reciben el nombre de delitos contra la moral pública, engloban comportamientos que la sociedad juzga reprobables y de cuyo análisis participan tres disciplinas diferentes: la filosofía del derecho; la filosofía moral y la sociología de la desviación (Lamo de Espinosa, 1989).

En la actualidad, existe cierto desacuerdo sobre qué delitos forman parte de este tópico, cinco de los delitos sin víctima comúnmente identificados son: los juegos de azar; el uso y tráfico de drogas; la prostitución; la pornografía y la homosexualidad (Brown, Esbensen y Geis, 2010).

Este conjunto de comportamientos son considerados delictivos, y por tanto, incluidos en los respectivos Códigos Penales de cada país. Son vistos como comportamientos antisociales y peligrosos que deben ser sancionados, bien, mediante penas o mediante medidas de seguridad.

Según Lamo de Espinosa (1989,) existe tres características distintivas de los delitos sin víctima:

Inexistencia (o duda razonable de inexistencia) de víctima.
Son conductas contrarias a la moral pública
Implican una transacción (monetaria o no) ilegal y voluntaria entre adultos de bienes o servicios.
Un claro ejemplo de delito sin víctima que reúne estas tres características sería la prostitución. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Un/a profesional mantenido por la demanda de sus servicios por parte de otras personas “honestas”, lo que origina un mercado ilegal, todo ello sometido al control o represión policial. La prostitución es un acto voluntariamente decidido, siempre y cuando no haya una mafia u organización criminal de por medio (punto que se tratará más adelante), cuyo alto riesgo de contraer una enfermedad de transmisión sexual es aceptado por la persona involucrada haciéndose cargo de las consecuencias de sus actos.

A su vez, los delitos sin víctimas pueden ser clasificados en cuatro formas distintas:

  • Los crímenes consensuados, sin daño material, como el tráfico de drogas, nadie es perjudicado y por lo tanto, puede considerarse un delito sin víctima.
  • Los delitos en el que el daño causado es cargado abrumadoramente al autor, como por ejemplo, el suicidio y el uso de drogas. El autor de los hechos ha elegido voluntariamente sufrir los efectos que puedan causar estas acciones, no es considerada una “víctima” en el sentido propio de la palabra.
  • Los delitos en los que el coste (o costo, como se emplea mayoritariamente en América) corre a cargo de una sociedad o grupo de personas abstractos, sin un marco claro, ni una víctima directa. Por ejemplo, la conducción de un vehículo sin seguro.
  • Los delitos contra los que no son víctimas, entidades no humanas, como es el caso de los gobiernos. No son consideradas víctimas no porque no se produzca ningún daño, sino porque el destinatario de ese daño no ha sido considerado una verdadera víctima. Se trata de una aclarecer la definición de víctima, en lugar de una cuestión de los efectos del delito.

Además de la clasificación anterior, Newman (1975) confeccionó una lista de los diferentes tipos de delitos sin víctima, desglosándolos en varias categorías:

  • Delitos contra la protección de la salud: uso de drogas, delitos contra el tráfico, el suicidio, la eutanasia…
  • Delitos contra la juventud: consumo de alcohol y tabaco, erotismo, uso de tarjetas de crédito, restricciones de ropa en las escuelas…
  • Delitos contra la declaración de Derechos Humanos: Leyes RICO, Ley patriota de 2001…
  • Delitos contra la libertad sexual: prostitución, sodomía, exhibicionismo, aborto…
  • En función de la perspectiva, pueden considerarse delitos, o no: pornografía, normas de tráfico, edad de consentimiento sexual, salario mínimo, licencias profesionales…

La lista expuesta por Newman tiene un claro supuesto, los delitos sin víctima, no dañan a otra persona, no le quita sus libertades ni le prohíben encontrar la felicidad.

Consecuencias de los delitos sin víctima

Uno de los mayores problemas que se ha asociado (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “associate” en derecho anglo-sajón, en inglés) a los delitos sin víctima ha sido la vinculación de estos con el crimen organizado. A menudo, los delitos sin víctima proporcionan una fuente de ingresos, bienes y servicios, como por ejemplo los relacionados con el juego de azar, la prostitución y el tráfico de drogas, delitos para los que existe una demanda considerable. El crimen organizado es capaz de ofrecer estos productos tan deseados como prohibidos, creando un mercado lucrativo, logrando financiar al propio grupo dentro del mercado de los negocios (Kenney y Finckenauer, 1995).

La gama de actividades que puede realizar un determinado grupo de crimen organizado puede ser muy extensa, abarcando uno o más mercados y expandiéndose por un número más o menos limitado de países. Su repertorio de actividades incluyen el delito profesional y el económico, abarcan la provisión de bienes y servicios ilegales ya sea la producción y el tráfico de drogas, armas, niños, órganos, inmigrantes ilegales, materiales nucleares, el juego, la usura, la falsificación, el asesinato a sueldo o la prostitución. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). También se dedican a ayudar a empresas legítimas en materias ilegales, como la vulneración de las normativas medioambientales o laborales; o la utilización de redes legales para actividades ilícitas, como por ejemplo, la gestión de empresas de transporte para el tráfico de drogas o las inversiones inmobiliarias para el blanqueo de dinero (Nestares, s.f.)

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Otra de las consecuencias de este tipo de delitos es el escaso efecto intimidante que casusa la pena en el individuo que comete el delito. Se han realizado varias investigaciones sobre el aborto, el alcoholismo, las drogas y la prostitución, y en general, se puede afirmar que las penas previstas para estos delitos poseen un escaso valor intimidante; una prueba de ello es la elevada cifra negra que arrojan dichas infracciones (Rico, 1979).

La reacciones ante la amenaza de una pena son diferentes según los valores sociales y morales que intervengan a la hora de impedir la comisión del delito. Otro de los resultados arrojados por estas investigaciones es que la pena no ejerce casi ningún efecto disuasivo, incluso cuando se aumenta considerablemente su gravedad, el porcentaje de reincidencia es más del 90% (Rico, 1979)

Sin embargo, la existencia de barreras que, sin constituir una amenaza penal propiamente dicha, ejercen efectos intimidantes. Por ejemplo, un mayor nivel de religiosidad está asociado (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “associate” en derecho anglo-sajón, en inglés) a una condena más severa y punitiva (Koster y Heike, 2009).

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Por otro lado, el efecto intimidante también depende del grado de motivación que tenga el individuo para delinquir, el cuál varía según el tipo de delito. Un posible caso podría ser un toxicómano que necesita muy a menudo robar para procurarse el dinero suficiente para la adquisición de su dosis diaria de droga.

Por último, otra de las consecuencias que se derivan de la acción de los llamados delitos sin víctima es el rechazo y estigmatización de ciertos grupos minoritarios. Los movimientos sociales definen la moral dominante en un lugar determinado, el tema central es saber quién impone su ética a quién, quién margina a quién y qué grupo pasa a representar la imagen idealizada de la sociedad (Gusfield, 1963).

En este proceso se alza la figura denominada por Becker (1963) del “empresario de la moral”, personas, normalmente de clase media, que movidos por un sentimiento de indignación o repugnancia frente a ciertas conductas consideradas inmorales, se lanzan a cruzadas de purificación contra aquellos grupos que perciben como portadores del mal.

El movimiento de la Templanza que surgió a finales de 1800 y principios de 1900 fue liderado por protestantes de raza blanca, quienes consideraban el alcohol un pecado y perseguían a católicos, inmigrantes y pobres que lo consumían (Kenney y Finkenauer, 1995). Recientemente, algunas leyes sobre drogas han sido criticadas como racistas, ya que las penas afectan de manera desproporcionada a la población afroamericana, las tasas de encarcelamiento han aumentado espectacularmente en comparación con el consumo y tráfico de drogas de la población de raza blanca (Bobo y Thompson, 2006). Otro de los casos más llamativos es el de las personas sin hogar, quienes, tienden a ser detenidas por actos que realmente implican el mantenimiento de su supervivencia, al carecer de una vivienda propia (Fischer, 1988).

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La persecución y penalización de estas conductas es el resultado de un doble proceso: por un lado, el surgimiento espontáneo de un sentido de indignación moral con base en la clase media que pronto es estructurado; y por otro lado, los intereses organizacionales y profesionales de ciertos grupos que encuentran en el discurso moral un modo de representar como universales o generales sus intereses particulares (Lamo de Espinosa, 1989).

Llegado a este punto y dados estos casos concretos, se puede llegar a creer que las leyes solo se aplican a los más débiles, y que los delitos sin víctima son utilizados como sustitutos de otras cuestiones políticas relacionadas con la clase y la raza.

Fuente: Echevarría Ballesteros

Recursos

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Véase También

  • Crimen consensual
  • Drogas
  • Juego
  • Daño
  • Ley
  • Moralidad
  • Pornografía
  • Prostitución
  • Ofensas de orden público
  • Vicio

Descriminalización
Delito
Interaccionismo
Liberalismo
Negación
Moralidad
Tolerancia
Víctima
Victimología

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6 comentarios en «Crimen sin Victima»

  1. En todos los casos, el denominador común de estas actividades prohibidas es la búsqueda de placer. Muchas de ellas hacen referencia a las necesidades primarias de las personas, que se ven potenciadas por la prohibición impuesta por el estado y la sociedad. Las actividades ilícitas no logran desaparecer por completo, sino que son relegadas al rincón oscuro del tráfico ilícito, como el crimen organizado.

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  2. La cuestión más grave es pretender controlar la vida de los ciudadanos, imponer pautas de conducta y legitimarlas en función del bienestar de esos mismos ciudadanos. Stuart Mill (1970) reaccionó contra lo que el consideraba una idea absurda y contradictoria sobre una moralidad impuesta por la fuerza del Estado. Este autor afirma que se debe aceptar una sociedad plural en la que pueden y deben darse diversidad de criterios tanto de lo bueno como de lo malo. Hay que lograr el desarrollo del individuo, el desarrollo de una variedad de personalidades y caracteres, y también el fomento de autogobierno frente a la práctica de la delegación.

    Sus principios se posicionan en el marco del más clásico liberalismo, su postulado principal es que grupos sociales distintos pueden aceptar morales distintas, y que eso, mientras no dañe a los demás, no sólo no es antiético, sino que constituye la misma esencia de la ética.

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  3. También merece la pena mencionar, que a lo largo de los años, las políticas y el enjuiciamiento de los delitos sin víctima han cambiado significativamente. Como se ha observado a lo largo de todo este trabajo, durante décadas se han llevado a cabo numerosos debates en torno a los delitos sin víctima y la moralidad a la que van unidos. La mayoría de estos delitos se han ido despenalizando poco a poco, el adulterio y la fornicación se han eliminado de los estatutos del estado. El aborto, aunque sigue siendo un tema de gran controversia, es legal bajo ciertas condiciones; el juego, una vez permitido en el estado de Nevada, se consideró legal en casi todas las jurisdicciones.

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  4. Parece poco probable que los debates relacionados con actos como la homosexualidad, la prostitución, el consumo de drogas, el juego y la pornografía se resolverán en un plazo corto de tiempo. Todavía hay definiciones que no están claramente aceptadas, como por ejemplo, saber lo que significa “daño”; “delincuente” o “víctima” en relación a los delitos sin víctima. Como ya se ha mencionado con anterioridad, la cuestión del daño es un punto importante de discusión, ya que no está claro si debe delimitarse a las acciones de los individuos involucrados, o si el potencial daño a los demás o a la sociedad debe ser un factor, y en qué grado considerarlo. Lo que si parece estar claro es que la política parece tener consecuencias tanto positivas como negativas, tanto para los ciudadanos como para el sistema de justicia criminal.

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  5. Creo que merece la pena mencionar, que a lo largo de los años, las políticas y el enjuiciamiento de los delitos sin víctima han cambiado significativamente. Como se ha observado a lo largo de todo este trabajo, durante décadas se han llevado a cabo numerosos debates en torno a los delitos sin víctima y la moralidad a la que van unidos. La mayoría de estos delitos se han ido despenalizando poco a poco, el adulterio y la fornicación se han eliminado de los estatutos del estado. El aborto, aunque sigue siendo un tema de gran controversia, es legal bajo ciertas condiciones; el juego, una vez permitido en el estado de Nevada, se consideró legal en casi todas las jurisdicciones.

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