Descripción de América
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América en Relación a Historia
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] (Nota: esto es una continuación del texto sobre américa que se haya en otra parte de esta plataforma online). 6. Las dos Américas. América, el contienente americano, es distinguible y, por tanto, definible. Existe física y culturalmente. Dos océanos le aíslan. Dentro de él se ha dado una vida histórico-cultural con personalidad distinta, fruto del encuentro y simbiosis de lo occidental con lo americano. Lo europeo, al contacto con lo americano, cambió, tomó nueva faz. La historia de ese continente y de ese contenido es la historia de América Como hay una historia de Europa o África o Asia. Ahora bien, dentro de Europa, como dentro de África o Asia, se da una tremenda diversidad en todos los órdenes de la vida, pero ello no invalida la existencia de una historia continental, amén de las historias nacionales. Como hay la historia de una familia y la historia de cada individuo de ella.
Decimos esto porque dentro del continente americano se distingue una América gala, otra anglosajona, otra lusitana y otra hispánica. Distinciones que pueden permitirnos, ¿por qué no?, afirmar que es factible redactar cuatro historias. Por supuesto, sin que ello quiera decir que haya cuatro historias de América Hay una sola historia de América Una América poliédrica, cuyos dos lados más importantes son el hispánico y el anglosajón.
Geográficamente el continente nos brinda en los mapas dos coloreadas masas terrestres unidas por lo que hoy se da en llamar Mesoamérica. Estos dos triángulos de tierra (22 y 18 millones de Kmz), con vértice apuntando al polo Sur, ofrecen patentes semejanzas morfológicas. Ambos cuentan con unos contrafuertes montañosos asomados al Pacífico, a cuyas espaldas se extienden llanuras llamadas en uno del Misisipí y en otro del Amazonas-Orinoco y del Plata.
Las dos poseen un escudo antiguo (canadiense y guayanés). La comparación geográfica podríamos prolongarla, pero con esto y el examen del mapa nos basta.Si, Pero: Pero tan interesante como son las notas comunes lo son las diferenciadoras. Mientras que el norte de América queda totalmente dentro del Hemisferio N, Sudamérica se sitúa en el Hemisferio S; en tanto que Norteamérica se acerca a Europa, Sudamérica se aleja. Norteamérica sufre el clima glacial del Ártico y se extiende por la zona templada, mientras que el lóbulo S está cruzado en una gran faja por la zona ecuatorial de clima cálido y húmedo.
Detalles
Por último, frente al Misisipí que corre de N a S, el Orinoco y el Amazonas se deslizan de Oeste a Este.
Lo más interesante en diferencias está en sus contenidos humano y cultural: el Ariel y el Calibán de J. E. Rodó. No hay, además, posibilidad de establecer paralelismo histórico entre ellos. Son dos historias internas completamente distintas. La convergencia, más que paralelismo, sí podemos establecerla, en cambio, entre la veintena de pueblos que forman a Hispanoamérica, semejantes entre sí por innegables formas culturales unificadoras. Y aún más: forzándonos un poco se nos haría factible defender una similitud entre la historia hispanoamericana a partir de la independencia y la de España. Cosa imposible, repetimos, entre Angloamérica e Hispanoamérica (incluimos al Brasil). Entre estos dos mundos sólo hay de común una geografía y un fondo suministrado por Europa. Porque estas dos América, frutos la hispana de la construcción y la sajona de la expansión, son el reflejo de sus respectivas metrópolis y el resultado de dos tipos de colonizaciones (véase en esta plataforma la información sobre colonización) realizadas sobre dos medios distintos. Dos colonizaciones distintas que equivale tanto como a dos concepciones de la vida. La América anglosajona del Norte es de formación calvinista y moderna. Inicia su vida en el siglo XVII, después de la Reforma. La América hispana, heredera de una concepción del mundo y de la sociedad muy diferente a la de la época moderna, surge al alborear ésta. Entre las dos América estaba el cisma religioso. Al entrar en la Edad Moderna España se empeñó en tareas de signo medieval, como las guerras religiosas europeas o la evangelización de América, perdiendo el paso con respecto a Occidente.Entre las Líneas En su afán por defender la ortodoxia y extenderse, permaneció dentro de moldes medievales y rechazó los brotes de modernidad. Hubo excepciones, claro.Si, Pero: Pero en general España confundió razón y fe.
Pormenores
Los hombres ilustrados del siglo XVIII, los liberales del xix y los representantes de la generación del 98 intentaron europeizar a España, que era tanto como ponerse al mismo paso del resto de Occidente, pero fueron rechazados. Para los liberales de España el principal obstáculo era el pasado «teocrático», por lo cual se muestran anticlericales; para los liberales de América el obstáculo era lo español, por lo que reniegan de su pasado e importan leyes, instituciones, costumbres, etc., que no le va al cuerpo hispanoamericano y que sólo sirve para acentuar el desfase y señalar cuánto hay de traición a las auténticas esencias. Norteamérica atrae a muchos -Sarmiento por caso- sin percibir que Estados Unidos de Norteamérica es protestante, pragmática, donde los valores económicos se tienen en cuenta para establecer una jerarquía.Entre las Líneas En tanto que Hispanoamérica es católica, idealista, teocrática y humanista.
Las relaciones entre ambas vienen marcadas por estas diferencias.Entre las Líneas En el siglo XIX, la doctrina Monroe, el Destino manifiesto, el industrialismo, la diplomacia del dólar, etc., despiertan o expresan un interés económico por Hispanoamérica, en cuya carne física el vecino del Norte penetra por las armas, la política o el dinero, originando al Sur un sentimiento de recelo, temor y odio. Después de la I Guerra mundial (o global) se acentúa el interés económico y estratégico, crece la curiosidad intelectual y cerca ya de la 11 Guerra mundial, se practica la política de buena vecindad que suaviza muchas torpezas y malos tratos anteriores. Después de la II Guerra mundial (o global) crece el interés cultural por Hispanoamérica en forma de libros, estudios universitarios, bibliotecas, ‘ cursos de español, etc., pero también crece el interés estratégico porque la disyuntiva mundial, o lucha entre dos ideologías, hace que Estados Unidos tema la infección de la América hispánica por las doctrinas marxistas. Con todo, continúan las mutuas ignorancias y en la América hispana prosigue el recelo, el odio y la creencia de que sus males todos provienen de su vecino norteño.
Etapas de la historia de América
Cuatro grandes etapas podemos establecer en una historia de A.: la época prehispánica, la época hispánica o colonial, la emancipación política y la época nacional. Nuestras líneas se estructuran en esas cuatro grandes etapas, pero dentro de ellas discurre un proceso al cual es necesario fijarle unos hitos y dibujarlo en una panorámica general más amplia para un mejor entendimiento del lector, aunque nosotros aquí no sigamos tales acotaciones.
Época prehispánica
La prehistoria americana se extiende desde el Pleistoceno superior hasta hoy, porque en América, como en África actual, han continuado pueblos viviendo la misma vida prehistórica que vivían cuando el descubridor europeo desembarcó en las costas del continente.
Insistimos en denominar a este periodo prehispánico, y no precolombino, puesto que lo colombino sólo afectó a una reducida área del Caribe, abarcada por el descubridor entre 1492 y 1504. La historia del hombre prehispánico, proveniente de Asia a través de Behring aunque no haya que descartar contactos transpacíficos, ofrece cada día novedades. Ya se ha señalado el mérito de este amplio lapso, pero queremos resaltar que esta «historia del pueblo indígena» tiene un enorme valor en cuanto que los diversos grados culturales de las sociedades prehispánicas dotaron de especial fisonomía a la penetración y posterior colonización. El descubrimiento, la anexión, la colonización y el nacimiento de una nueva sociedad y, por ende, de una nueva cultura, vino determinado por la demografía, economía y nivel cultural de la sociedad prehispánica encontrada.Entre las Líneas En el momento del descubrimiento estos pueblos estaban representados por los «imperios» de México y Perú, pueblos semi-civilizados de zonas intermedias, pueblos cultivadores de la periferia y culturas marginales de recolectores-cazadores-pescadores. Aún no existe América Lo que existe carece de nombre. América será lo que existía en 1492 -materia- y lo que llega en esa fecha -forma-. El que arriba, modela y es remodelado, conquista y es conquistado.
Época hispánica o colonial
El periodo español o hispánico, llamado también colonial o virreinal, comprende los siglo XVI, XVII y XVIII. Es toda la etapa de la Edad Moderna. América, así, carece de Edad Media y salta de la Prehistoria a la Modernidad. Lo mismo podemos fijar etapas según siglos que según dinastías. Tradicionalmente se habla de descubrimiento, conquista y virreinato. Y, efectivamente, son tres aspectos del proceso colonizador con propios matices.
Antes del español no hay mapas. América no existe ni tiene dimensiones. Con el español, el portugués, el anglosajón y el galo, América se expresa en mapas, se convierte en una unidad y realidad. Antes del descubrimiento, el indio americano no tiene conciencia de continentalidad; su horizonte geográfico es limitado, como lo era el horizonte cultural. El descubrimiento, y la posterior obra colonizadora,. le dota de conciencia geográfica con dimensiones continentales. El descubrimiento da vida a la Historia universal y al Derecho internacional, y facilita a la Iglesia católica la apertura de uno de sus grandiosos capítulos.
Dramáticamente, algunos autores han hablado de «invasión», al tratar de la conquista. No hubo tal «invasión», como no hubo tal «conquista». Y por eso desde el mismo siglo Xvi un autor como Las Casas, y el mismo Estado, ordenó la supresión de esa palabra en los textos. Se proponía en su lugar la de «población» y la de «pacificación», para expresar el proceso de sometimiento y anexión que el europeo hizo del indígena a base de alianzas muchas veces. Grupos reducidos, que no corresponden a los de una invasión o conquista, se infiltran, se establecen, fundan núcleos de aclimatación, colonización y proyección. Mientras unos quedan en los núcleos fundados -se han convertido en pobladores-, otros siguen la infiltración. Porque la penetración es como una frontera movible. Desde la metrópoli el proceso se ve, y organiza, como una emigración y no como una invasión.
El descubrimiento y la conquista siguen -también la prehistoria- en tanto se organizan y explotan las nuevas tierras que, jurídicamente, se consideran provincias y reinos, en paridad con la metrópoli. Las posesiones americanas hispanas no fueron colonias de explotación, no fueron factorías. No se practicaba en ellas el apartheid. España y Portugal enviaban súbditos seleccionados -no colonias de penados- que fundaron familias, hogares y ciudades y llevaron las mismas leyes de la metrópoli. Crearon una nueva cultura (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fueron a América porque la habían descubierto, pero también en virtud de una donación papal que condicionaba la ocupación a la evangelización. Evangelizar entonces era culturizar.
El proceso descubridor iniciado en 1492 se prolonga en la penetración, que también es descubrimiento, y va acabando en distintas fechas, ya que sólo lo damos por concluido cuando se funda una ciudad clave o se establece un órgano superior de gobierno. Dentro de él cabe distinguir una etapa antillana, de experimentación y aclimatación, toma de conocimientos y primera organización político-administrativa, e iniciales proyecciones sobre el continente, que termina al mismo tiempo que se funda Panamá; se da la primera vuelta al mundo y Cortés inicia la penetración continental. Las Antillas quedan atrás y se acelera el proceso. de expansión sobre el continente y más allá del Pacífico. Cada lugar tiene una etapa tope en esta marcha, pero la historia que resta del siglo XVI es hija de la conquista. Buscando fechas con valor general se citan las de 1542, año de las Leyes Nuevas y del establecimiento del virreinato peruano, o 1550, último de la conquista en sus líneas maestras, o 1573, fecha de las nuevas ordenanzas del descubrimiento, o 1580, en que se funda Buenos Aires. Con esta diversidad de hitos, lo que se patentiza es que la conquista sigue como un río o varios dentro del periodo próximo.Entre las Líneas En el Brasil, la auténtica expansión -penetración- va a desarrollarse a partir de 1580. El descubridor, el conquistador y el poblador han sido los personajes hasta el momento; ellos han descubierto, han anexionado, han ocupado, han fundado, en tanto que el indio los veía llegar.
Bajo las ideas de la Contrarreforma (véase en esta plataforma: ), principia una época de consolidación, organización y explotación, a base de instalar todo un sistema político-administrativo. La ciudad es célula de esta organización.Entre las Líneas En ella se alzan los centros de gobierno y de cultura, se aposentan los funcionarios y los gobernantes, que llegan a desplazar a los conquistadores. Arriba también el chapetón. El conquistador contempla la llegada de todos éstos. Hay lucha entre los conquistadores y el poder real, porque aquéllos estiman que se dictan leyes lesivas, porque se le recortan sus privilegios o porque son sustituidos. El absolutismo sigue imperando; la corona establece un rígido monopolio de acuerdo con el mercantilismo imperante. La tónica sigue siendo la bélica, acompañada siempre de la tarea religiosa expresada en la presencia de casi la totalidad de las órdenes. Las clases sociales comienzan a definirse y el mestizaje se intensifica. Hay ya atisbos de criollismo.
En el siglo XVII este mestizaje crece, se afirma más lo criollo; se da en menor escala la actividad externa, pero crece la religiosa. Es el siglo de los santos, de las grandes conquistas espirituales, de los grandes virreyes. El barroco (el estilo que prevaleció en las artes visuales, en Europa en el siglo XVII, fuertemente asociado (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “associate” en derecho anglo-sajón, en inglés) a la Iglesia católica; tendía a enfatizar lo dramático, lo emocional y lo ricamente ornamentado) se impone. Y también se imponen los extranjeros (referido a las personas, los migrantes, personas que se desplazan fuera de su lugar de residencia habitual, ya sea dentro de un país o a través de una frontera internacional, de forma temporal o permanente, y por diversas razones) que no sólo discuten la donación papal, sino que se asientan en lugares claves del Imperio.
Pormenores
Los holandeses fijan su ocupación en Brasil. La decadencia que brindan los últimos Austrias, la impotencia naval y militar de la corona, se acusa en los campos europeos y trasciende al terreno americano.
Con la nueva dinastía, la de Borbón, se inicia una época reformadora y expansiva. Se intenta apuntalar el Imperio español y hacer frente a los embates de potencias europeas en Europa y América América pesa en Europa más que nunca, y las guerras intercontinentales no son sino un reflejo de esa pugna.Entre las Líneas En el campo filosófico también cuenta América, que ve discutida su personalidad y que permite a los autores americanos afirmar su originalidad cultural y defender al continente despreciado. Las colonizaciones extranjeras se han extendido ampliamente y entrado en fricción. El equilibrio no se puede mantener mucho tiempo y al final se impone Inglaterra, que desaloja a Francia del lóbulo norte continental. A su vez Inglaterra será desalojada por sus colonos de las Trece colonias, en tanto que España hace lo imposible por mantener aisladas y fortalecidas sus posesiones. La coyuntura internacional lo exige y se realiza gracias a contar con un rey como Carlos III (1759-88).Entre las Líneas En 1763 una paz cambia la faz colonial de América y permite a Carlos III dar vida a su ingente obra: adquisición de Luisiana, intendencias, cierta libertad de comercio, reformas militares, defensa de las fronteras norteñas neo-hispanas, expulsión de los jesuitas, expansión por las Californias, creación del virreinato del Río de la Plata, ocupación de la Banda Oriental, sofocación de rebeliones, comercio libre, reconquista de Florida, ayuda a los colonos norteamericanos, etc.Entre las Líneas En Brasil las reformas pombalinas se aprecian de 1750 a 1777 siendo el América 1763 el designado para establecer el virreinato y la capitalidad en Río de Janeiro.
La Revolución francesa, el afloramiento de la burguesía, la invasión napoleónica, el cambio de mentalidad, en una palabra, marcan nuevos rumbos al continente americano. El mestizo, el criollo, el «gachupín» y el «godo», que es visto llegar por los otros, han sido los autores del desarrollo y expansión del imperio.
Emancipación política
Españoles y americanos se. rán los actores de la próxima etapa: la de la ruptura con el Viejo Mundo y la emancipación política. Una etapa intermedia entre la hispánica y la nacional y que lo mismo se puede iniciar en 1763 (Paz de París), que en 1778 (final de la lucha bélica pro independencia de Estados Unidos), que en 1783 (Tratado de Versalles). Aunque todas las guerras intercoloniales habidas en el subcontinente Norte, y la misma lucha de los colonos norteamericanos en favor de su independencia, forman parte de una gran etapa que sólo acaba con la emancipación política de Hispanoamérica. Se puede fijar como fecha para comenzar esa etapa intermedia la de 1783; no sólo porque fue entonces cuando se firmó el tratado que dio vida internacional a los Estados Unidos de Norteamérica, sino porque entonces, y al conjuro de tal suceso, el conde de Aranda presentó a Carlos III una Representación o Memoria, en la cual le aconsejaba desprenderse del continente conservando sólo las Antillas y vaticinaba la futura expansión y hegemonía de Estados Unidos; curiosamente nacía Bolívar en ese año. El periodo comienza a cerrarse en 1821 (Carabobo), 1822 (Plan de Iguala), 1824 (Ayacucho), 1825 (creación de Bolivia), etc. Definitivamente, en 1826, con el Congreso de Panamá (véase para más detalles).
La etapa de la emancipación política hispanoamericana (1783-1826), que hemos querido individualizar y distinguir, aunque realmente forma parte del periodo nacional y es prolongación de la etapa virreinal, hay que verla a la luz de los sucesos peninsulares, y no sólo ha sido testigo del reconocimiento internacional de la independencia norteamericana, sino que ha contemplado el desarrollo de la Revolución francesa, la independencia de Haití, la crisis política española a raíz de la invasión napoleónica, la similar crisis lusitana y la proclamación del primer Imperio brasileño y de la doctrina Monroe.
La emancipación quebrantó la idea monárquica, rompió la interrelación, dio vida al nacionalismo, que divide y aísla. La guerra trajo la indisciplina militar y la anarquía. La separación. Todavía la proximidad geográfica favorece la antigua unión, y así vemos cómo San Martín, Bolívar, La Mar, Urdaneta Flores y Santa Cruz pudieron gobernar fuera de donde nacieron; Ramón Castilla, presidente del Perú, luchó contra San Martín en el bando realista, contra los realistas en Ayacucho (su hermano estaba con los realistas), contra la Confederación Peruano-boliviana desde el lado chileno, y contra Bolivia desde el Perú. Este acercamiento duró poco. Todavía una serie de diplomáticos como el aventurero García del Río, el mexicano Santa María, el peruano Eugenio Cortés, el colombiano Heres y el hondureño José Cecilio del Valle desempeñaron puestos como peruanos, grancolombianos, mexicanos, peruano y mexicano respectivamente. Chile consideró como español a Mora, nombró embajador al guatemalteco Irisarri, y designó rector al venezolano Andrés Bello. Todos eran hombres de Hispanoamérica, de la gran patria; pero con el nacionalismo cada unidad regional acentuó su aislamiento.
Por otro lado, roto el poder político legítimo, sin proporcionar un sustituto también legítimo, se ocasionó un vacío. Se practicó entonces un contrabando ideológico para establecer una nueva concepción política reñida con la tradición. Hasta aquí ha sido una época sin fronteras. Desde aquí será un periodo con fronteras.
11. Época nacional. El periodo republicano o nacional es una agonía entre lo que se es y lo que los grupos dirigentes querían que fueran los pueblos. Prosiguió el centralismo, el autoritarismo, la aristocracia. Se exageró el nacionalismo, que llegó a tomar formas antiforáneas. El nacionalismo americano, fruto muchas veces de los continuos fracasos, puso entre sus objetivos el cambio de la estructura socioeconómica, la renovación del pensamiento, la solución al problema de la tierra, etc. La época republicana se caracterizó también por la lucha entre liberales y conservadores; los primeros negaron el pasado, creyendo que así cogían más fácil el tren de la modernidad. No se daban cuenta que si deseamos comprender la América de cada momento -comprender es amar- se hace preciso tener presente el pasado. Porque el pasado hace posible el presente. Hay que asumir el pasado, interpretarlo, escoger lo mejor de él, y de este modo, comprender y hacer mejor el presente. Al negarse el pasado se eliminaron las propias esencias y de ahí el fracaso de los liberales que se empeñaron en repudiar ese pasado y en vestir a Hispanoamérica con un ropaje que no le iba.
Otra nota de la etapa republicana es la falta de identificación psicológica con su respectiva nación de grandes masas de población indígena. Están integradas, pero no asimiladas o incorporadas. Carecen del sentimiento de nación. Igualmente el auge del militarismo, el papel preponderante de los ejércitos en la política nacional, fenómenos propios después de una etapa bélica. Los ejércitos en Hispanoamérica no existen en función de un enemigo externo, sino como. cobertura de un régimen o presidencia. El ejército, en lugar de ser el defensor de la nación, muchas veces se convierte en su ocupante. También la falta de auténticos partidos políticos; el compadraje, la lealtad al jefe o amo, más que la eficacia y experiencia política o técnica. Esto ocasiona el peculado, la irregularidad, la inestabilidad, la falta de una política continuada, el nepotismo.
Asimismo la subordinación económica, por las ataduras de los empréstitos y la explotación de las compañías o trusts extranjeros (referido a las personas, los migrantes, personas que se desplazan fuera de su lugar de residencia habitual, ya sea dentro de un país o a través de una frontera internacional, de forma temporal o permanente, y por diversas razones) a los que se han hecho concesiones por los mismos gobiernos sedientos de lograr un apoyo o reconocimiento. Las consiguientes intervenciones extranjeras; intervenciones armadas y fiscales. Todas son notas de la etapa republicana, a la cual tipifican también los problemas limítrofes y la ruptura de relaciones con la Iglesia a causa del regio patronato; el neocolonialismo capitalista, la inadecuación, la inautenticidad, la vida postiza, la inestabilidad constitucional, las «revoluciones», los golpes de Estado… La inestabilidad y «revoluciones» obedecen a múltiples factores, uno de ellos la condición del presidente, dueño de la suma de poderes, pero falto de herederos. El presidente carece casi siempre de la seguridad y fuerza que da un partido. Gobierna y manda. Pocas veces tiene el respaldo institucional, salvo el del ejército, que puede enfrentársele. Contra las decisiones del presidente o frente a la incertidumbre de un sucesor -en México el partido oficial se encarga de designarlo puede darse la revuelta, el golpe de Estado, la «revolución». La violencia ha sido por ello un medio natural para alcanzar el poder- Luego se recurre a unas elecciones porque se cree sinceramente que el poder necesita de una base moral.
El periodo nacional o republicano se escalona en las etapas de inestabilidad y consolidación (1826-70), expansión y positivismo (1870-1918) y crisis liberal y nuevas revoluciones (1918-60). La fecha de 1918 puede ser sustituida por la de 1910, tomando como referencia la Revolución mexicana -en lugar del final de la primera Guerra europea- y así la etapa queda acotada por la Revolución mexicana y la Revolución cubana, dos fenómenos americanos.
Sabemos que siempre tras una etapa bélica se acentúa el papel de los caudillos y de los militares. Eso es lo que ocurre acabada la lucha emancipadora. De 1826 a 1870 priva el caudillaje (Francia, Rosas, Flores, Páez, Santa Ana), la anarquía, la lucha por la estabilidad. A los naturales problemas de la organización política se unen los derivados de la formación territorial expresada en una lucha por la integración (A. Central, Gran Colombia, Confederación peruano boliviana, nacimiento de Uruguay). Muchas veces los conflictos interamericanos que se dan obedecen a diferencias limítrofes o apetencias de expansión (primera Guerra del Pacífico, Guerra triple, Guerra de Texas). Estados Unidos, siguiendo la doctrina del Destino manifiesto, quiere redondear sus fronteras y llegar al Pacífico. El problema de la esclavitud le va frenando en esta expansión; problema que hace crisis en 1860 y degenera en guerra. Una guerra que le impide airear la doctrina Monroe cuando se da el intervencionismo europeo en la Mosquitia, en México con el imperio de Maximiliano, en Santo Domingo con la vuelta de España o en el Pacífico con la guerra de España, Perú y Chile.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
No faltarán las revoluciones, las dictaduras (Bolivia y Ecuador), el nacimiento de nuevos partidos (radicalismo) que desean llevar más lejos los programas del liberalismo.Entre las Líneas En Antillas se lucha entre el anexionismo y el separatismo. Prima el romanticismo.
Hacia 1870, el positivismo, el modernismo, la inmigración y el progreso material que esto ocasiona, dan vida a una nueva etapa. Orden y progreso es el lema del Brasil, que ha pasado de imperio a república, y que expresa bien a las claras el aire de la época. Época de civilismo, oligarquías, maquinismo, industrialismo, ascenso de la clase media, imperialismo… El Destino manifiesto es una segunda fase y, del brazo de ‘otras doctrinas, se asoma ahora como ingrediente de la guerra hispano-yanqui, de la creación de Panamá, del intervencionismo económico, de la ocupación de Nicaragua, Haití y Santo Domingo. Estados Unidos se convierte en la anfitriona del panamericanismo (véase en esta plataforma: ) con el natural recelo de Hispanoamérica.
Las diferencias interhispanoamericanas apenas se dejan ya sentir, salvo la guerra del Pacífico. El proceso político acusa el nacimiento del Dominio del Canadá y de dos nuevos Estados hispánicos: Cuba y Panamá. El porfirismo, que tuvo muchos seguidores en Hispanoamérica, es sepultado por la Revolución mexicana, cuyo desarrollo se confunde ya con el de la I Guerra mundial (o global) =que saca a Estados Unidos de su aislacionismo y le convierte en gran potencia mundial- y de la Revolución rusa. El proletariado (la clase obrera industrial; el término pasó a ser de uso general después de que se popularizara en los escritos de Karl Marx) es ya personaje de la historia. Un proletariado (la clase obrera industrial; el término pasó a ser de uso general después de que se popularizara en los escritos de Karl Marx) que se van a disputar dos ideologías o sistemas económicos. Las clases medias, que se están haciendo oír fuertemente desde finales del siglo Xix, y el proletariado, que también se ha dejado sentir, son los personajes claves de la etapa 1918-60. Las oligarquías, que lentamente son suplantadas, han detentado el monopolio de la vida política que discurre bajo la capa de una aparente democracia. El dominio de la oligarquía, como la omnipotencia del presidente o el duro mandato de un militar, son iguales de nefastos.
De 1930 a 1960 proliferan una serie de dictaduras militares de orden, benevolencia con las inversiones, colaboración con EE. UU. que las tolera y de gobierno en beneficio de las clases económicamente poderosas. El fascismo italiano, el salazarismo portugués, el continuismo de Roosevelt, el nacionalismo alemán, son ejemplos para algunos de estos regímenes que, con la derrota del totalitarismo y triunfo de las democracias en la II Guerra mundial, tienden a desaparecer, pero que tras el «bogotazo» (1948) (véase en esta plataforma la información sobre la OEA) y con la guerra fría y amenaza comunista, vuelven a robustecerse.
La reforma universitaria de Córdoba (Argentina) marca unos objetivos (1918) que nuevos partidos políticos harán suyos: el Apra, el sinarquismo, el justicialismo… El movimiento democrático se opone a las nuevas doctrinas y, especialmente, al marxismo-comunismo que amenaza realizar la revolución que Hispanoamérica demanda. Se ha tomado conciencia clara ya por las clases dirigentes de los problemas sociales y económicos que afectan al continente: crisis del liberalismo, enormes masas de población que viven marginadas, la necesidad de intensificar el desarrollo educativo, urgencia de efectuar la reforma agraria, conveniencia de multiplicar las vías de comunicación y alzar industrias, interés de lograr la independencia económica y mental… La Revolución mexicana ha marcado una pauta, también la rusa. Las revoluciones, o intentos de revolución a veces, en Guatemala, Bolivia y Cuba son ecos de esos otros fenómenos. Estados Unidos, cuya revolución fue modelo revolucionario, no es ya inspiradora de revoluciones. Con todo, se empeña en dirigir la revolución en Hispanoamérica y contener así el marxismo.Si, Pero: Pero para muchos hispanoamericanos, Norteamérica es la cabeza de un movimiento mundial (o global) antirrevolucionario, que actúa en defensa de intereses creados. Norteamérica apoya a los ricos frente a los pobres y como éstos son más que aquéllos, sólo se logra fomentar la desigualdad y la injusticia.Entre las Líneas En Estados Unidos se ve la causa de todos los males de Hispanoamérica. Ni la política de buena vecindad, ni la anulación del Corolario Roosevelt, ni la Alianza para el Progreso (véase en esta plataforma: ) logran debilitar una imagen negativa que, de cuando en cuando, cobra fuerza, cuando Estados Unidos presiona en reuniones internacionales, se impone en la OEA, compra mandatarios con empréstitos, organiza revoluciones en América Central, pertrecha exiliados para invadir Cuba, envía agentes de la CIA a Bolivia, desembarca «marines» en la República Dominicana, etc.
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Visualización Jerárquica de América
A continuación se examinará el significado.
¿Cómo se define? Concepto de América
Véase la definición de América en el diccionario.
Características de América
También de interés para Descripción de América:Geografía y Descripción de América
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Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre américa en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
DESCUBRIMIENTOS GEOGRÁFICOS; HISPANOAMÉRICA; IBEROAMÉRICA; LATINOAMÉRICA; AMÉRICA CENTRAL; INDIAS, GOBIERNO DE; INDIAS, INSTITUCIONES DE; INDIAS, LEYES DE; DERECHO INDIANO; INDIGENISMO; CASTRISMO; IUSTICIALISMO; MESTIZOS; MULATOS; NEGROS; CRIOLLOS.
Bibliografía
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