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Geografía

A continuación se examinará el significado.

¿Cómo se define? Concepto de América

Véase la definición de América en el diccionario.

Características de América

También de interés para América:
▷ Geografía y América

Geografía y América

Nuestros recursos de Geografía muestran lo mejor de la revisión de la investigación de vanguardia de toda la disciplina y del campo afín de los estudios urbanos. Nuestros elementos y textos abarcan temas tan diversos como la ecología política, los peligros y las catástrofes, la regeneración urbana, América, el desarrollo local y regional y la ecología urbana. Periódicamente se añaden nuevos temas a medida que los autores responden a los acontecimientos y temas de actualidad de esta dinámica disciplina. Entre los recursos se incluyen:

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  • Espacios de política urbana
  • Alimentación y medio ambiente
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Historia de América Posterior

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1]

Esta sección incluye lo siguiente: 1. Influencia de la geografía en la historia. 2. Demarcaciones políticas. 3. Integración americana. 4. Socioeconomía. 5 (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Factores políticos. 6. Las dos Américas. 7. Etapas de la historia de América. 8. Época prehispánica. 9. Época hispánica o colonial. 10. Emancipación política. 11. Época nacional.

Influencia de la geografía en la historia

La geografía es algo decisivo en la historia de América Lo fue en el amanecer del siglo XVI, cuando lentamente se descubría y hacía el mapa del Nuevo Mundo; lo fue en el XVII y el XVIII, cuando las fronteras avanzaron y se fijaron; lo fue en el XIX, cuando nacieron las nacionalidades y EE. UU. corrió hasta el océano Pacífico; y (también) en el XX, cuando América se partió por Panamá, cuando los litigios fronterizos afloran amenazadoramente o cuando un peligro extraño pone interrogantes sobre la vida del continente.

A pesar de la continuidad terrestre que se observa en el continente americano, desde el océano Ártico al Antártico, es posible descubrir dos masas o lóbulos terrestres con características propias, unidos entre sí por la denominada Mesoamérica (A. Central). Tal dualidad hace que en algunos textos se hable de los «dos continentes» o del «doble continente americano». Del Polo Norte al Caribe se extiende el Subcontinente nórdico; del Caribe al Polo Sur se alarga el Subcontinente Sur. Son dos masas con especiales orografías, hidrografías, climas, floras y faunas.

Las tierras en tan dilatado mundo se reparten en esta proporción en kilómetros cuadrados: Canadá, 10.745.498; EE. UU., 7.827.982; Antillas, 226.500; América Central, 441.023; Brasil, 8.516.137; y el resto de Sudamérica cuenta con 10.484.000. Las cifras son descomunales al compararlas, p. ej., con la pequeña Europa, y lo ingente de su geografía repercute sin remedio en el desarrollo de la vida. El factor geográfico como determinante de la historia se hace más contundente al examinar sólo la zona hispanoamericana, donde, al no existir fundamentales diferencias de lengua, raza, religión, se hace preciso recurrir a la geografía para separarla. Lo dicho no se encamina a establecer un determinismo geográfico, falso por cuanto sería imponerle leyes a la historia. El resaltar lo telúrico en América, su imponente geografía, tiende a señalar la conexión -no relación de causalidad- que existe entre el hombre y el medio físico en que vive. Porque si el territorio constituye el soporte de un pueblo, éste, sin duda, tiene anclados en aquél sus raíces. No hay que olvidar que la historia política posee un aspecto geográfico que muchas veces pesa sobre el individuo.

En América se dan marcadas diferencias entre un país tropical y uno de zona templada, como las hay entre un pueblo del Atlántico y otro del Pacífico. Asimismo, y ya dentro de un mismo pueblo, puede apreciarse que existen distingos entre habitantes de la costa y los de la montaña o interior.Entre las Líneas En cierto sentido se puede afirmar que el mar hace liberales en política, mientras que las tierras altas han originado conservadores.
Ejemplos: en Ecuador siempre ha luchado la liberal Guayaquil con la conservadora Quito; en Brasil, Pernambuco junto al mar y conectada con Europa, ha sido el núcleo de las rebeliones opuestas al centralismo del Sur; en Colombia, el centralismo bogotano ha aplastado al federalismo de Cartagena de Indias, etc. La geografía parece determinar las ideologías, a la par que afecta a la economía y encauza el crecimiento demográfico que genera un malsano localismo.
Es posible extraer innumerables notas del ser americano, determinadas por su asombrosa geografía: caprichosas demarcaciones políticas, pervivencia de litigios fronterizos, pocas vías de penetración, penosas comunicaciones, extensas zonas sin explotar, débil densidad de población. Basta con examinar el mapa para comprobar la afirmación sobre las pocas vías penetrativas (Misisipí, Magdalena, Amazonas y Río de la Plata), sobre las penosas comunicaciones y sobre las extensas zonas carentes de explotación.Si, Pero: Pero las dos primeras características exigen una explicación.

Demarcaciones políticas

A finales del siglo XV, España y Portugal, con menos de 10 millones de habitantes, se lanzaron a la tremenda aventura de organizar el Nuevo Mundo.

Inmensos imperios cedieron al peso de pequeñas huestes lanzadas directamente contra sus corazones.Entre las Líneas En menos de 50 años se debelaba una inmensa geografía. Con un mínimo de organizaciones políticas se comenzaba el gobierno de América En un primer instante nació la Audiencia de Santo Domingo (1512). Después surgió la gran demarcación del virreinato de la Nueva España (1535).Entre las Líneas En el Brasil se instauraban las capitanías (1534) y luego el gobierno general (1549). Sobre el Tahuantinsuyo peruano se superponía el segundo virreinato en 1542. Y así, con estas divisiones político-administrativas, se desenvuelve Hispanoamérica hasta el siglo XVIII, fecha en que las antiguas demarcaciones se multiplican o dividen apareciendo el virreinato de Nueva Granada (Venezuela, Colombia y Ecuador) en 1739, a costa del virreinato peruano, y el virreinato del Río de la Plata (Argentina, Uruguay, Paraguay y parte de Bolivia) en 1776 a costa del mismo virreinato peruano. El Brasil, mientras, se transformaba en un virreinato en 1763, fecha en que el Canadá pasaba de manos francesas a inglesas.
De propósito, o inconscientemente, los gobiernos europeos se sometían frecuentemente a los dictados de la geografía al ordenar tales demarcaciones gigantes. Ellas, a su vez, se vertebraban en audiencias, gobernaciones, alcaldías mayores o corregimientos y municipios. Subdivisiones éstas modificadas en el siglo XVIII con la creación de las intendencias y afirmación de las capitanías generales. Al originarse la emancipación política sobre los cuadros de las civilizaciones prehispánicas se habían superpuesto cinco virreinatos, mosaicados en subdivisiones, algunas de las cuales acusaban su personalidad y bregaban por el separatismo y autonomía. Las metrópolis se mostraron, por razones sabidas, incapaces de impedir que cada grupo regional, pequeño y débil, rompiera las frágiles ataduras que los ligaban a ellas. Así la América hispana se disgregó en 17 naciones independientes, sin los pueblos insulares, en un momento de crisis para las monarquías ibéricas. La entrada de Napoleón en España había resucitado las individualidades regionales, personificadas en las juntas provinciales.Entre las Líneas En Hispanoamérica, ante el mismo fenómeno -pérdida del rey por abdicación- nacieron particularismos basados en idiosincrasias y en las divisiones gubernamentales que hemos mencionado.

Era un hecho natural tal fraccionamiento político. Lo demandaba la geografía, factor diferencial, y las personalidades culturales, sociales y económicas adquiridas.Si, Pero: Pero este desmenuzamiento de las antiguas posesiones hispanas peca de absurdo en muchas ocasiones por estar hecho de espaldas a la geografía. De ahí la tensión o violencias observadas en las relaciones de bastantes repúblicas hispanoamericanas y de que se haya hablado de la necesidad de verificar un reajuste del mapa político americano. Cosa imposible, pues las fronteras políticas no sólo han dividido pueblos de igual estirpe e intereses comunes, sino que también han creado en el hombre hispanoamericano una especie de extravío de la conciencia que lo incapacita para aprehender y comprender a veces de manera directa y global los problemas de la comunidad americana.

Ya dijimos que las antiguas divisiones político-administrativas (audiencias y gobernaciones) o militares (capitanías) fueron el solar donde se alzaron los actuales Estados soberanos de Hispanoamérica. La doctrina que al finalizar la emancipación trazó las fronteras hispanoamericanas fue la denominada “uti possidetis iuris” (según lo que poseáis). Sentaba esta doctrina, admitida por todos, la validez de los límites administrativos virreinales para la fundación de las nacionalidades emancipadas. El criterio doctrinal, particular en un principio, se generalizó luego y fue sancionado definitivamente por EE. UU. cuando en 1856 afirmó que consideraba «como principio establecido de Derecho público y Derecho internacional, que al independizarse una colonia europea en América, el nuevo Estado sucede en los límites territoriales de la colonia, tal como estaba en manos de la metrópoli».

De acuerdo un tanto con esta doctrina se estructuró Hispanoamérica, pero la obra, algo precipitada y sin orden, no siempre adaptó la forma política a la realidad geográfica. Se dislocaron los accidentes naturales, se trazó una cartografía arbitraria e inconsecuente, y se motivaron con ello discordias aún no desaparecidas (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fue un afán precipitado por erigir patrias, muchas patrias. Bolívar presintió las consecuencias de este fraccionamiento atolondrado. A veces intentó ponerle coto. Él mismo nos dice: «No cabe en justicia fundar nacionalidad alguna americana afuera de los términos y jurisdicciones de los antiguos virreinatos y capitanías generales. Chile y Guatemala, prosigue, han podido constituirse cada una en nación aparte, respectivamente, de los virreinatos del Perú y de la Nueva España, porque al emanciparse ya no dependían de la superioridad jerárquica de aquellos gobiernos virreinales.Entre las Líneas En este caso -razona- no están la presidencia de Quito, ni la de Charcas o Alto Perú. Aquélla dependía de Nueva Granada y ésta era parte integrante del virreinato del Río de la Plata. Para que una y otra presidencia, dentro del concierto pacífico de la justicia, puedan formar soberanía independiente, es preciso que obtengan, por consentimiento o reconocimiento, su emancipación legal. Tendrán, impone, que entenderse con la suprema autoridad que ha sucedido en el mando a su antiguo Gobierno Superior».Entre las Líneas En otra ocasión -proscrito en Jamaica, en 1815- Bolívar escribe: «Ya que (las repúblicas americanas) tienen un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debieran, por consiguiente, tener un mismo gobierno que confederase a los distintos Estados que hayan de formarse».

Bolívar, el Libertador, comprendía que las demarcaciones virreinales no eran exactas a veces porque se habían efectuado sin contar, o ignorando, la geografía y la unidad espiritual o cultural; admitía tales divisiones, pero concediéndoles el valor de separaciones internas dentro de una gran unidad. Quería que Hispanoamérica no se disgregase, sino que se mantuviese unificada en pocas demarcaciones. Ideal o concepción fracasada como tantas otras que lo llevaron a exclamar tristemente: «He arado en el mar». Las pocas patrias de Simón Bolívar se multiplicaron. Los kilómetros de fronteras crecieron y con ellos los litigios.

Integración americana

Aunque hablamos al principio de una integración de Hispanoamérica, esta empresa se hace casi imposible. Lo que en geografía figura como un continente, partido en pocas unidades políticas, está destinado a ser un archipiélago político. Hispanoamérica no cuenta, al parecer, con los elementos necesarios para su integración. El sustrato humano indígena es buen porcentaje; se ofrece como factor negativo para la unidad. La situación económica casi feudal en algunos países, el falso nacionalismo y el nepotismo de las dictaduras no ayudan a la integración. El elemento blanco no se presta para realizar la unidad por carecer de hombres propulsores para esto y por su manera especial de ver el continente. Modalidad o manera que le impide contemplarlo en conjunto. Tiene una visión de rompecabezas.

Podría llegarse a la conexión, acudiendo a la conquista, a la fuerza, pero eso es imposible. Sin ir más lejos, tenemos el caso del Caribe, cuya minúscula desintegración y consiguiente debilidad es un elemento de seguridad para EE. UU., que jamás toleraría la intromisión violenta de cualquier país americano. Precisamente el imperialismo norteamericano ha sido un vehículo de invertebración. La pulverización política y sórdida animadversión o fricciones reinantes entre varias naciones de América sólo tendrá solución mediante el maridaje espiritual de los pueblos que la integran.Entre las Líneas En la época virreinal está el auténtico antecedente histórico de la unidad hispanoamericana. Unidad que hoy se obtendría limando asperezas nacionales, estableciendo buenas. comunicaciones, superando el régimen semifeudal económico, desarrollando las industrias y repudiando el imperialismo, aunque siempre se haya de tener en cuenta el meridiano de Washington para la unidad.

La idea de una integración hispanoamericana ha tenido sus defensores desde el mismo momento en que el continente se disgregó. Hemos citado los sueños de Bolívar; intentos que pensó consolidar en el Congreso de Panamá de 1826. Posteriormente ha habido más de un apóstol y apologista de la nación: Lucas Alamán, José Enrique Rodó, Rubén Darío, Bernardo de Monteagudo, Pedro Félix Vicuña, Gabriela Mistral y otros más. Sus voces no se han oído. No se oyó la de Bolívar en el mismo momento de la emancipación política; menos se escucharán éstas cuando los nacionalismos, diferencias y rencores han creado vallas psicológicas y materiales (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Falló la Confederación Centroamericana; se desintegró la Gran Colombia (1830); de las provincias del Plata se desmembraron Uruguay y Paraguay; México perdió casi la mitad a manos norteamericanas; las Antillas se deshicieron a finales del xix; y el separatismo e interés extraño originó Panamá al comenzar el siglo Xx. Es fácil ver cómo a partir de la independencia en lugar de marcharse hacia la aglutinación se ha ido hacia la desintegración. Por eso los procesos en ambas América han sido inversos: en el N de aglutinación (Estados Unidos de Norteamérica); en el S, de disgregación (Estados Desunidos de Hispanoamérica).Si, Pero: Pero esto es fácil de comprender si tenemos en cuenta que las 13 colonias se unen para formar una nación, en tanto que los virreinatos, reinos y provincias -grandes unidades político-administrativas- se desintegran para lo mismo.

El buen sentido y determinadas alarmas o peligros han motivado más de una vez reuniones o Congresos hispanoamericanos (nada tienen que ver con las Conferencias panamericanas) encaminados a presentar un frente unido. Estos congresos se realizaron en el siglo Xix y fueron cuatro: Panamá, 1826; Lima, 1848; Santiago de Chile, 1856, y Lima, 1864. Tales reuniones fueron circunstanciales, utópicas y fragmentarias. Obedecieron no a una política de unión, sino a ciertos hechos externos que han amenazado la seguridad e independencia americanas. Sus acuerdos han quedado en el aire, como algo ideal, ante la imposibilidad de los gobiernos para realizarlos y para transformar estos Congresos en una política de largo alcance (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fruto de este mismo fallo fue su parcialidad o limitada presencia de miembros integrantes.

Imposible ya lograr las grandes unidades políticas, se impone el poner de acuerdo, al menos, las estructuras geográficas con las políticas y fundar una unidad económica.

Pormenores

Las actuales divisiones políticas se apoyan muchas veces en el convencionalismo. Esto explica los roces habidos y la existencia, aún, de zonas de fricción. Casi todos los Estados americanos han discutido entre sí por las fronteras; Haití y la República Dominicana; México y Estados Unidos; Honduras y Nicaragua; Ecuador y Perú con el Oriente amazónico; Venezuela y la Guayana inglesa; Bolivia no deja de aspirar a contar con una salida al mar; tampoco Argentina olvida englobar bajo su pabellón a las islas Malvinas ocupadas por los ingleses; ni los guatemaltecos reincorporar Belice o la Honduras británica. Otros casos pueden darse como definitivamente zanjados. Estas diferencias se extienden fuera del marco continental con el caso de la Antártida.

Socioeconomía

La población de Hispanoamérica se suele dividir étnicamente en ocho zonas. Una indo-mestiza, con predominio de indios, representada por Guatemala, Ecuador, Perú y Bolivia. Los indios son un 40 o 60% del total de la población; el resto son mestizos y blancos. Hay otra segunda zona indo-mestiza, pero con predominio del mestizo. Es el caso de México, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Panamá. Los mestizos en estos países representan un 60% de la población, siendo el resto blancos, indios y negros. La tercera zona, la blanca, la representan Costa Rica, Argentina y Uruguay, donde casi la totalidad de la población es de origen europeo. Chile y Paraguay son países hispano-mestizos, ya que su población está compuesta de mestizos y blancos.Entre las Líneas En Chile predomina el grupo blanco y en Paraguay el mestizo. Una quinta zona es la negro-mulata que abarca Haití, Jamaica, Antillas británicas, Antillas holandesas, Antillas francesas y Honduras británica o Belice; el 40 ó 90% de su población es negra, el resto mulata (mejor utilizar el término “interracial”) y blanca. La zona hispano-mulata, con predominio mulato, se limita a la República Dominicana, donde la mayoría de la población es mulata, mientras que la zona hispano-mulata con predominio blanco es la de Cuba y Puerto Rico, donde casi un 70% de la población es blanca, y el resto mulata (mejor utilizar el término “interracial”) y negra (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Finalmente, la zona octava es la híbrida del Brasil, Colombia y Venezuela, cuyas poblaciones están compuestas de elementos muy variados.

En conjunto, la evolución demográfica de todos estos grupos brinda una etapa de estancamiento y ligera depresión hasta 1750, un lento ascenso a partir de entonces y hasta 1825, seguido de una fuerte expansión a partir del momento de la emancipación política hispanoamericana y, ya con el siglo Xx, la explosión demográfica es sorprendente. Particularmente cada grupo ofrece una evolución distinta. La población indígena disminuye hasta 1825; a partir de entonces aumenta y alcanza en 1950 unos 14,3 millones, es decir, el 8,8% de la población total. El grupo blanco, que era apenas unos 4,3 millones en 1825, alcanzó en 125 años (1950) la cifra de 72 millones, un crecimiento muy superior al del grupo negro, ya que mientras los blancos, desde 1825, han crecido 13 veces, los negros sólo lo han hecho tres veces.Entre las Líneas En 1950 la población negra era casi la misma que la indígena: un 8,8% del total, es decir, unos 13,7 millones. El grupo que más ha aumentado es el mestizo, por lo que con razón se dice que América es un continente mestizo. Por esto y por su expresión cultural.Entre las Líneas En el siglo XVIII los mestizos serían unos 670.000, que en 1825 habían crecido hasta 6,2 millones y que en 1950 se calculaban eran ya 61,6 millones, es decir, un 38% de la población total.

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Sin llegar a la valoración de la América anglosajona, en la América hispánica el pigmento tiene su importancia cuando llega el momento de situar a un individuo en una clase social. Las clases sociales en Hispanoamérica son abiertas; los individuos entran y salen continuamente en ellas. Por eso no se debe hablar de castas, ya que en este caso -la India- el individuo no puede salir de ella jamás. Hay, sin embargo, ciertos factores que relegan a los individuos a estratos inferiores y que les hace difícil el ascenso en la escala social. El principal, ya lo indicamos, es el color. Con ello queremos señalar la existencia de cierta discriminación racial que implica discriminación económica y cultural. El pigmento negro restringe bastante la subida a escalas sociales superiores, aunque legalmente no haya impedimento para que un hombre de origen negro pueda aspirar a cualquier situación política, social y económica. Es decir, que el factor color influye en el mejoramiento social; pero no es el único; también pesan, y mucho, la cultura y la riqueza. La raza, pues, puede ser modificada por ciertos factores sociales.

Durante la época hispánica se observó la presencia de dos grandes sectores sociales; gradualmente se fue formando un grupo medio integrado por comerciantes, profesiones liberales e industriales. La estructura virreinal se mantuvo casi hasta el presente en muchos países. Por un lado, una pequeña clase superior de terratenientes y, por otro, una numerosa clase inferior. Esta simple estructura cambió en los siglo XVII y XVIII, a medida que nacía la población mestiza, ocupante de una situación intermedia.Si, Pero: Pero el grupo mestizo se hizo tan complejo y extendió tanto, que pasó a ocupar todos los niveles de la escala social. A raíz de la independencia política, el desarrollo económico interno y la industrialización, surgió un grupo que no ocupaba ni el vértice social ni la base. Eran los propietarios de pequeños negocios, los empleados de bancos y comercios, los funcionarios inferiores estatales. Solían éstos ser descendientes de familias de clase superior que no habían podido retener o mantenerse en su status, o eran inmigrantes recientes o mestizos. Esto señaló el comienzo de una clase media, apéndice de la superior, que en el siglo XIX aún no tuvo conciencia de grupo, es decir, de tener intereses y valores comunes.

El siglo XIX fue como una etapa de transición entre la estructura virreinal en dos clases y la moderna de muchas. El desarrollo hacia una estructura social moderna progresó más rápidamente en algunos países que en otros, en las ciudades que en el campo, en ciertas regiones más que en otras (Brasil, p. ej.). Este desarrollo dependió de dos factores: el advenimiento de las industrias y el arribo de Europa de inmigrantes agricultores independientes, cuyos miembros se convirtieron en una clase media rural o clase media comercial urbana. A finales del xix era posible ya observar en muchos países la existencia de una o dos clases medias. Dentro de este grupo hoy es posible distinguir una clase superior y otra clase media inferior, dependiendo mucho esta distinción de la ocupación o profesión. Advirtamos, no obstante, que hay países en los cuales apenas existe la clase media. Asimismo conviene advertir que el término clase media (véase más amplios detalles) no ha recibido aún una interpretación satisfactoria, ni en todas partes se entiende lo mismo, ni la integran los mismos individuos, ya que intervienen criterios objetivos y subjetivos.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Importa mucho resaltar que las clases medias tienen una decisiva importancia política en Hispanoamérica, y dentro de ella destacan el elemento universitario y el militar. Mientras que en otras partes las clases medias son conservadoras, en Hispanoamérica se muestran revolucionarias y voceras del nacionalismo y antinorteamericanismo.
Finalmente, el grupo inferior se divide en dos subgrupos: clase inferior superior y clase inferior inferior. El primero lo forman los trabajadores urbanos con destreza vocacional; el segundo lo representan los trabajadores agrícolas y algunos trabajadores urbanos analfabetos y con menos habilidad. La industrialización y la educación originan una disminución de la clase inferior inferior y un consiguiente aumento de la clase inferior superior.

En los últimos tiempos la evolución social ha sido vertiginosa. Los fenómenos sociales y económicos que hay que citar como representantes de tales cambios son: la urbanización, el desarrollo de una clase media al conjuro de la educación e industrialización, el incremento del mestizaje y el desarrollo de una clase dominante. El aumento del mestizaje es un fenómeno vinculado a la urbanización y al alejamiento físico y psíquico de las culturas indígenas.

Problemas importantes afectan a la sociedad hispanoamericana. Algo grave, que hay que señalar aisladamente, es la brecha entre ricos y pobres.Si, Pero: Pero no sólo se trata de una riqueza material, sino de una riqueza espiritual. Hay que lograr que cada vez haya menos ricos materiales y más ricos culturales. Aparte de esto, en Hispanoamérica se observa una excesiva dispersión de la población que origina una ausencia de contacto social en gran parte del pueblo; carencia de intervención religiosa; deficiente salubridad e higiene; erupciones de bandolerismo; alcoholismo; degradante desarrollo del juego; rutina en los procesos de trabajo; atolondrada devastación de zonas boscosas; falta de urbanización como elemento de coordinación en la vida socio-económica; analfabetismo; ausencia de conocimientos prácticos; insuficiente asistencia social; literatura pornográfica y presencia corruptora de cines y otros medios; caos y confusión en pesos y medidas; falta de formación política; sistemas rudimentarios de crédito; absurdas divisiones administrativas; corrupción administrativa; crisis de la familia; superstición e ignorancia; deficiencia de habitación; prostitución; criminalidad y delincuencia juvenil. Económicamente, los principales problemas que laceran a esta sociedad son la falta de capitales y de industrias, el monocultivo, el latifundismo, carencia de mano de obra especializada, escasez de utillaje apropiado, orografía agreste y vegetación exuberante, falta de carbón, arcaísmo en los métodos de explotación agrícola, pobreza de comunicaciones y la mísera situación del campesinado sujeto por ello a condiciones precarias de alimentación, vestido y abrigo.

Junto a este panorama poco satisfactorio, pueden mencionarse realizaciones dignas de encomio, intentos de reforma social y agraria, campañas de alfabetización, fomento industrial, ayuda al campesinado, promoción obrera, mayor movilidad social ascendente, atención religiosa, preocupación social de la Iglesia, etc. Se apunta la posibilidad de una explotación más racional de los inmensos recursos de Iberoamérica y se tiene la esperanza de una distribución más justa de la riqueza, tarea a la que ya han dedicado sus esfuerzos algunos gobernantes.

Factores políticos

Puesto que en Hispanoamérica se habla de política intensamente, como si el pueblo estuviese educado en ella, conviene aclarar el problema de la «falta de educación política» que hemos apuntado. Se suele escribir que en Hispanoamérica las constituciones son democráticas y los gobiernos antidemocráticos, que sus sistemas políticos son caricaturas de los europeos- o del norteamericano, que las libertades constitucionales son formalistas, que sólo existen dos poderes organizados (la Iglesia y el Ejército), que los partidos políticos son meras partidas o montoneras personalistas y que en cuanto a los clásicos tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) realmente lo que existe es infantería, caballería y artillería… Estas afirmaciones son ciertas, a medias. El retraso político de Hispanoamérica se debe no sólo a la marginación de grandes masas de la vida política por falta de educación, ya que son analfabetas, sino a la función preponderante del Presidente, a los procesos electorales defectuosos, al papel político de los ejércitos, a la intervención de las oligarquías o a la mediatización económica extranjera. [rbts name=”historia”]

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Recursos

Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre américa en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Traducción de América

Inglés: America
Francés: Amérique
Alemán: Amerika
Italiano: America
Portugués: América
Polaco: Ameryka

Tesauro de América

Geografía > América

Véase También

Bibliografía

P. ARMILLA, Programa de Historia de América. Periodo Indígena, México 1963; América BALLESTEROS BERETTA, Historia de América y de los pueblos. americanos, Barcelona, 1936; P. CHAUNu, L’Amérique et les Amériques, París 1964; H. D. DISSELHOFF, S. LINNE, Las grandes civilizaciones de la América antigua, Barcelona 1967; F. ESTEYE BARBA, Cultura virreinal, Barcelona 1965; CH. C. GRIFFIN, El periodo nacional en la historia del Nuevo Mundo, México 1962; C. H. HARING, El imperio hispánico en América, Buenos Aires 1958; H. HERRING, A History of Latin America from the beginnings to the present, Nueva York 1962; J. LAMBERT, América Latina.[rtbs name=”latinoamerica”] [rtbs name=”historia-latinoamericana”] Estructuras sociales e instituciones políticas, Barcelona 1964; F. MORALES PADRÓN, Historia general de América, 2 t., Madrid 1962; S. ZAVALA, América y el mundo colonial, México 1967.

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