Diccionarios Conceptuales
Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] Véase más información, incluida su historia, en Diccionarios Ideológicos. Véase también el Diccionario Ideológico de Casares, como uno de los mejores ejemplos. Y el Diccionario de uso del español (actual y de María Moliner). Ver también el Diccionario Ideológico de Vox.
Normas para Diccionarios Conceptuales y Sistemáticos
Muchos estudiantes, investigadores y usuarios de la segunda o tercera lengua actual de la humanidad agradecerían tener a su alcance una obra que concediera ordenadamente a nuestro léxico el valor semántico relacional que le corresponde. Tal organización podría cumplir los siguientes principios, o al menos la mayoría de ellos:
- Que esté dispuesta en una ordenación lógica, por significados colindantes, que huya del ilógico y extravagante sentido del orden alfabético.
- Que aparezca clasificada en tantos campos y subcampos como fueren necesarios para dar cabida a compartimentos o celdas capaces de albergar los términos de las últimas décadas. Tal vez, según cálculos frágiles, unos tres o cuatro mil.
- Que en estas colecciones de palabras vivan unas vecinas con otras, yazcan pegadas y seguidas en ordenamientos y tipificaciones que, como en las prietas hojas de un árbol, se desplacen ordenadas desde el tronco hacia las más distantes y recónditas ramas.
- Que una palabra o sintagma o expresión domine desde su significado más amplio o hiperónimo al grupo de palabras o hipónimos que contiene.
- Que cada uno de esos campos distinga con independencia y precisión sustantivos de adjetivos, y adjetivos de verbos, y verbos de adverbios, y conceda un apartado especial a los campos semánticos cerrados.
- Que cada voz ocupe un lugar, un espacio definido por las palabras que aparecen a su lado, por algunas breves explicaciones que encabecen el listado, y por otras que encabecen el listado del listado en su viaje desde el tronco hacia las ramitas, de tal manera que cada término reciba su valor por el lugar que ocupa en el gigantesco desarrollo.
- Que queden organizadas las ciudades, urbanizaciones, viviendas, habitaciones y armarios de tal manera que, una vez diseñados y creados, cada uno de los receptáculos permita invitar en sus dependencias a las palabras y expresiones nuevas o recién nacidas, a las resucitadas o a las que, desde otras lenguas, sean bien recibidas y encajadas.
Desde nuestro puesto de estudiosos y artífices, digámoslo con templanza y sosiego, consideramos necesario y urgente que nuestro patrimonio léxico quede fotografiado en un diccionario lógico de campos semánticos, en uno de esos manuales que ya sirvieron para el griego, para el chino y para el sánscrito, y que actualmente prestan un envidiable servicio como fiel instrumento de ayuda léxica a lenguas como el ruso, el francés o el inglés. Y que ese estudio, generoso y hospitalario para la actualización, perdure en largas y pacíficas décadas como elemento común tanto para los usuarios de lengua materna como para quienes han de usarlo como lengua secundaria o adquirida. “Este tipo de diccionario puede ser útil, aparte de su justificación científica, para conocer mejor nuestra lengua, para mejorar las técnicas de la comunicación, para aprender mejor el español como segunda lengua y para enriquecer el propio vocabulario” (Becerra Hiraldo 1996:5).
Entre las palabras que dedica el español a nombrar a una persona consideramos, por ejemplo, que pueden repartirse los espacios de significado con la presencia de cuatro subcampos o subcasillas que las ordenan de manera elocuente desde las más formales hasta las más distantes. Se distinguen en ellas, precedidas de “coloq.”, los usos coloquiales:
(1) persona en general
hombre, mujer, individuo, habitante, criatura, semejante, nacido, prójimo, alma, mortal, particular, persona, personilla, interfecto, miembro, alma viviente, hijo de vecino, ser humano, coloq. cristiano, figurilla, huesos, andoba o andóbal, bicho viviente.
sujeto, tío, tipo, elemento, alguien, cualquiera, coloq. menda, moya, nota, quídam, quisque, tronco, maromo.
fulano o desus. hulano, mengano, perengano, robiñano, citano, zutano, sursuncorda, perencejo, rita, otras hierbas.
aquél, éste, ése, quienquiera, cualquiera • un tal, uno de tantos, cada cual, el que más y el que menos
Campos semánticos colocados a continuación quedarían destinados a desarrollar conceptos, según usos, como niño, joven, hombre, mujer y anciano, e incluso personas en grupo. Los campos anteriores habrían de concentrarse en cuestiones como señas de identidad de la persona.Entre las Líneas En cálculo aproximado, las palabras que el DRAE (RAE 2003) incluye dedicadas a la designación del ser humano son unas mil doscientas; todas ellas deberían figurar con sentido en este amplio campo.
Recoge el segundo ejemplo verbos y locuciones verbales que designan una acción realizada con los brazos.Entre las Líneas En un estudio minucioso y profundo de todos ellos aparecen unos mil. Necesitamos agruparlos por significados afines, acudir, necesariamente, a la subjetividad, que es lo que sucede en la mayoría de los diccionarios. De esta manera elegimos una serie de hiperónimos capaces de recoger la plenitud de las posibilidades: bracear, tocar, coger, soltar, desplazar, pegar, golpear, sacudir, romper, machacar, moler, levantar, mover, manipular. Decenas de verbos y locuciones comparten estos significados que hemos destacado como cabezas de listados. Tendremos que organizar el repertorio con la lógica de los significados. Desarrollemos uno de ellos a modo de ejemplo, el hiperónimo pegar:
(2) pegar
sacudir, atizar, largar, zumbar, arrimar, asentar, asestar, dar, batir, propinar, encajar, fajar, plantar, plantificar, administrar, vapulear, apalear, paporrear • dar una paliza, dar para el pelo, dar para peras, dar un meneo, dar un pan como unas nueces, dar una felpa, arrear estopa, arrear candela, medir el lomo, medir las costillas, medir las espaldas, menear el cofre, menear el hato, menear el tarro, poner la mano encima, asentar el guante, asentar la mano, cargar de leña, cascar las liendres, hacer batería, hinchar los morros, romper los morros, menear el bálago, sacudir el bálago, moler a golpes, moler a palos, hartar de palos, sacudir el polvo, sobar el morro, tocar la pámpana, zurrar la pámpana, tocar el cuadro, tocar la ropa, tocar la solfa, romper los huesos, tener la mano larga, coloq. dar caña, dar julepe, poner como un Cristo, dar más palos que a una estera, romper la crisma, dar un sopapo, doblar a palos, medir las costillas, tocar la pámpana, tocar la solfa, zurrar la badana, armar candela, dar la del pulpo, dar para castañas, hacer daño, hacer pupa, Arg. dar una pateadura, dar una salsa, Cuba meter la muñeca, Méx. poner como camote, dar en toda la madre (vulg.), Chile dar la torta, hacer sonar, sacar la contumelia, sacar la cresta, Perú sacar la mugre, Ur. dar como en bolsa • pegar en la cara: abofetear, romper la cara, partir la cara, partir la boca, romper las narices, dar un moquete, poner los cinco dedos en la cara, tomar el molde de la cara, poner los cinco dedos en la cara, coloq. partir los morros, aplaudir el belfo, aplaudir la cara, cruzar la cara, quitar la cara de en medio, dar un tortazo, dar una leche, quitar los mocos, vulg. dar un hostión, dar un hostiazo, inflar a hostias • pegar en la cabeza: dar un coscorrón, dar un capón, dar un capirotazo, dar un bodoque, abrir la cabeza, romper la cabeza • pegar en las nalgas: dar en el culo, zumbar la pandereta, zurrar la badana, poner el culo como un pandero
La entrada distingue, a su vez, entre golpes generales y los destinados a una parte del cuerpo, señala como tales los vulgarismos, y añade al mismo tiempo los usos particulares de algunas zonas del amplio dominio lingüístico del español: México, Uruguay…
El tercer ejemplo gana en complejidad porque la condición de músico está entendida de manera extensa. El lexicólogo debe protegerse con férrea voluntad en un sondeo por el campo semántico en su integridad, incluyendo a quienes bailan o son únicamente aficionados. Las palabras subrayadas orientan para el listado horizontal, las puestas en cursiva contribuyen a orientar y encajar los significados:
(3) músico
compositor, profesor, maestro, arreglista, contrapuntista, virtuoso • director de orquesta • fig. cisne.
intérprete, concertista, instrumentista, solista, ejecutante, tocador, jazzman, tuno, murguista.
violinista, violonchelista o violoncelista, primer violín, bajo, contrabajo, encargado de los solos: concertino.
trompetista o trompeta • saxofonista • flautista, clarinetista, fagotista, oboe, dulzainero • corneta, añafilero • gaitero.
teclista, pianista, organista, clavicembalista, acordeonista.
guitarrista, bajo, contrabajonista • arpista, citarista.
percusionista, platillero, tamborilero, timbalero, cimbalero, xilofonista • batería, Am. baterista, coloq (examine más sobre todos estos aspectos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Batero.
cantante, solista, cantor, cantaor, cantautor, tonadillero, folclórico, coplero • milonguero, tanguero, payador • roquero.
tenor, contratenor, soprano, mezzo-soprano, barítono, contralto • bajo, contrabajo • tiple, vicetiple • barítono, tenor • voz que va delante en la fuga: guía.
en la iglesia: que dirigen: maestro de capilla, chantre o capiscol, sochantre, que toca un instrumento de viento: menestril o ministril, voces religiosas: versiculario, antifonero
• seise.
grupo de músicos: orquesta filarmónica, orquesta sinfónica, orquesta de cámara • coral, coro, orfeón, escolanía, estudiantina, agrupación • dúo, dueto, trío o terceto, cuarteto, quinteto, sexteto o sextillo, septeto o septimino, octeto, noneto
• conjunto o conjunto musical, banda, comparsa, charanga, fanfarria, murga • tuna, ronda, rondalla, orquestina, parranda, coloq. chinchín • Méx. mariachis.
que se interesa por la música: melómano, musicógrafo, musicólogo, musicómano.
bailarín, o desus. bailista, danzarín, danzante, danzador, zapateador, bailarina, saltatriz, corista, en India bayadera, en Oriente, mujer que danza en público: almea, en la mitología coribante, en el teatro histrionisa, en las discotecas gogó, Arg. y Ur. milonguero, tanguero • en las parodias saltarín, matachín, moharracho, Salamanca zangarrón •que organiza o guía en algunas danzas: alcalde, guión, bastonero • desus., poeta que escribía letra para los bailes: bailinista • pareja, partenaire • en grupo: coro, cuadrilla, agrupación • coreógrafo • figurante.
en el cante flamenco: cantaor, bailaor, tocaor • que recibe la
guitarra: baján o bajando (jerga gitana) • colectivo: cuadro flamenco, peña flamenca.
Las divisiones han de someterse, necesariamente, a la subjetividad del autor. No existen compartimentos mágicos porque el léxico crece de manera desbaratada ajustado a las necesidades. El lexicógrafo, en este caso, necesita cierta dosis de humanismo, de taxónomo del mundo, de sociólogo, de observador de la realidad visible y de la invisible, de la concreta y de la abstracta para proporcionar al usuario una mirada lógica del mundo.
Las palabras son unidades teñidas de magia. Trabajar con ellas llega a turbar, a emocionar, a sobrecoger. La reflexión sobre la manera de abarcarlas se instala en el pensamiento como cualquier otra testarudez. Permitimos que el caudal léxico y sus tintes paseen por el entendimiento tan incondicionalmente inofensivo, lo acariciamos en la memoria de voces y conceptos, y luego generamos deleitosos barridos en ambiciosa búsqueda. Esa habilidad mental, privilegio de unos cuantos lexicólogos, es extensible a otros ámbitos de la labor investigadora responsable y útil.
DICCIONARIOS CONCEPTUALES EN OTRAS LENGUAS
El léxico del inglés, francés, portugués y ruso ha sido recogido en repertorios, en clasificaciones de palabras ordenadas por significados que aún no existen, al menos de manera completa, para los hablantes de español. La lengua inglesa dispone del Thesaurus de Roget, una clasificación tan útil e interesante que ocupa un lugar en los hogares anglófonos con la misma extensión y uso que el Petit Larousse preside las consultas léxicas de los usuarios francófonos, o el DRAE los desacuerdos lingüísticos de los hispanófonos. No exigen los ingleses el diccionario semasiológico con el que tantos usuarios se muestran interesados. Ese onomasiológico o de significantes, el Roget, donde las palabras ocupan un lugar sin las tradicionales explicaciones que las visten de sentido, sirve como diccionario tan útil para buscar significantes como significados. Y tanta extensión y uso ha llegado a alcanzar que los hablantes de francés, interesados por un instrumento de parecido servicio y provecho, adaptaron la estructura y lo versionaron. Y aquella clasificación fue publicada por la prestigiosa editorial Larousse.
La lengua portuguesa cuenta con la clasificación de Carlos Spitzer llamada Diccionario Analógico. Tesoro de vocablos y frases de la lengua portuguesa, obra ciertamente inspirada en la de Roget. Y la lengua eslava más extendida, por poner un ejemplo más, ha desarrollado el Diccionario temático de la lengua rusa (Saijova et al. 2000), instrumento que estos últimos años se extiende con fuerza en aquel ámbito, y entusiasma y alimenta de términos a sus usuarios, aunque, una vez más, y al igual que en los anteriores, no utiliza el complejo orden alfabético, sino el lógico, el impuesto por los significados.
La necesidad de una clasificación léxica de este tipo ya la sintieron los hablantes de chino por la dificultad de ordenar las palabras para su búsqueda con una escritura (su redacción) sin alfabeto. También lo desarrolló el sánscrito con el Amara Kosha, de Amara Simha, el más antiguo diccionario estructurado conocido en el mundo para una lengua que se tiene por perfecta. Para aquella primera gran lengua del mundo occidental que fue el griego, el gramático y retórico Julio Pólux, nacido en Nauratis, Egipto, hacia el año 135 de nuestra era, y que vivió unos cincuenta y siete años, concibió una clasificación de las palabras que llamó Onomasticón. Nuevo intento por organizar un vocabulario de la lengua ajeno a las exigencias del orden alfabético, y ajustado a la lógica de las palabras. El gramático Pólux clasificó por series análogas, y encontró que la división en diez partes se ajustaba a la visión de los conceptos y cosas que era necesario denominar en el mundo de la lengua vehicular de entonces. Aquellos apartados y subapartados han sobrevivido incompletos. Especialmente interesante es el desarrollo de la terminología dedicada a la música y al teatro. La necesidad de este tipo de información lingüística puede llegar a ser tan útil como esas otras dos obras fundamentales para la descripción de una lengua que son el diccionario de significados y la gramática.
Y tras la antigüedad, la idea cayó en el olvido en el mundo occidental, como tantos otros asuntos relacionados con el conocimiento científico, durante muchos siglos, hasta que nació en Londres, en 1779, Peter Mark Roget. Educado en la exigente sociedad inglesa, no fue, durante la mayor parte de su vida, sino un lingüista aficionado. Hizo de la medicina su única profesión, y a ella dedicó su vida. Una vez retirado, a la madura edad de 61 años, recuperó un pequeño trabajo de juventud, una clasificación de palabras por conceptos que había realizado con veintitantos años por mero placer estético, tal vez como quien se entretiene completando un crucigrama. Había dejado aquellos apuntes guardados en cualquier cajón y, abandonada su vida profesional, les quitó el polvo y dedicó su tiempo y deseo a organizar y ensanchar aquella base léxica, hasta conseguir, once años después, una amplísima clasificación de palabras que publicó en 1852 con un título espectacular: Tesoro de las palabras y las frases de la lengua inglesa clasificadas para facilitar la expresión de las ideas, y como ayuda en la composición literaria. Su libro, en efecto, es una colección de palabras sin explicación alguna. Sus significados son deducidos por los hablantes ingleses en función de sus conocimientos básicos, a los que añaden los de las palabras vecinas para dar el verdadero valor a la elegida. Está dividido en seis partes, cuatro menos que el de Julio Pólux.Si, Pero: Pero esto no parece lo más importante. Peter Mark Roget murió a los 90 años. Se fue sin imaginarse que su Thesaurus se editaría más de sesenta veces, que se extendería, acompañando a la propagación de la lengua inglesa, por todo el mundo; que se actualizaría en más de cincuenta ocasiones con nuevas palabras; que se venderían más de treinta millones de ejemplares; y que sería un compañero indispensable en muchas generaciones de escritores y demás usuarios anglófonos. Hoy, reconocido como un clásico y difundido en baratísimas ediciones de bolsillo, ocupa un lugar el las estanterías de todas las bibliotecas y en la mayoría de los hogares de habla inglesa como uno de los diccionarios de referencia más importantes de aquella lengua y, por tanto, del mundo. La clasificación de palabras de Peter Mark Roget ha superado con incuestionable éxito el test del tiempo, y se ha mostrado capaz de absorber los nuevos conceptos, el vocabulario técnico y las expresiones coloquiales con la estructura que él ideó. Actualizado y difundido por sucesivos editores, hoy es indispensable en el moderno uso de la lengua vehicular de la humanidad.Entre las Líneas En cualquier librería de cualquier país, no solo de dominios anglófonos, que tenga un mínimo espacio dedicado a los estudiantes ingleses, allí está el Tesoro de las palabras y frases del inglés a disposición del interesado y el estudiante. El libro, como hemos dicho, ha sido traducido al francés, o mejor dicho, versionado, conservando sus estructuras. Y aprovechando aquellas y añadiendo otras nuevas, el profesor Tom McArthur, publicó en 1981 un moderno Longman Lexicon of Contemporary English que había de actualizar el ya cansado Roget. El conservadurismo inglés lo evitó.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Fuente: Rafael del Moral. Actas del XXXV Simposio Internacional de la Sociedad Española de Lingüística, editadas por Milka Villayandre Llamazares, León, Universidad de León, Dpto. de Filología Hispánica y Clásica, 2006.
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Bibliografía
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