Diplomática
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Diplomática
[rtbs name=”diplomacia”]Exposición que realiza la enciclopedia Rialp sobre diplomática:Etimológicamente considerada y en su sentido más amplio Diplomática es la ciencia de los diplomas. Por su parte, la voz diploma, del griego diploin, doblar, servía para designar el díptico formado por dos tablas de bronce en las que, en época romana, se grababan determinados textos. Dos eran los textos más frecuentemente escritos en los diplomas: los permisos de circulación para viajar por la posta pública y las licencias otorgadas a los soldados que habían cumplido el servicio militar. Estos últimos se denominaban diplomas militares. Se pensó que la palabra diploma había tenido en la antigüedad la significación genérica de privilegio imperial, pero los testimonios aducidos en pro de esta hipótesis no parecen servirle de base firme.Más Detalles
Con la desaparición del Imperio romano no se olvidó en la Edad Media el término: los documentos carolinos estudiados por M. T. Sickel y otros que cita H (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Bresslau, mencionan el término diploma. Juan de Salisbury y Pedro Blosio, entre otros, conservan profundos recuerdos de esta significación hablando de los diplomas como de pases o franquicias para viajar en ciertas condiciones de privilegio.Si, Pero: Pero la Edad Media olvidó el significado documental y cancilleresco del término. Serán los humanistas del Renacimiento quienes pongan de nuevo en uso la palabra diploma. Y lo harán sin el sentido restrictivo que tuvo en la antigüedad y más aún, en la Edad Media. [rtbs name=”historia-medieval”] Lo aplicarán a los documentos más solemnes o más antiguos y a los emanados de los soberanos.
Secuencia
Posteriormente, el término se emplea por juristas e historiadores. Será J. Mabillón (v. Paleografía) el que lo consagre y así lo encontramos en los tratadistas de los s. XVII y xvitt para significar los monumentos documentales de la Edad Media, si bien a fines del s. XIX A. Giry (Manuel…, 7) declaraba que su acepción no había sido determinada con exactitud: para unos significaba todo documento de la Edad Media, mientras que otros restringían su significación a los más antiguos, más solemnes o solo a los procedentes de las cancillerías reales. Los que así entendieron la cuestión estaban en evidente maridaje con los humanistas. Sobre esta duplicidad de criterios, Giry distinguía entre el término diploma considerado genéricamente y considerado de modo particular.Entre las Líneas En el 0primer aspecto se tendería a reemplazarlo por el de fuente o documento diplomático y en el segundo quedaría reservado a determinados documentos de los soberanos, escritos en forma más solemne. Es, en resumen, la distinción que hizo César Paoli al afirmar que la palabra documento puede tener un significado general y otro particular, según que se considere bajo el aspecto histórico y administrativo o bajo el aspecto diplomático. Sea cual sea el criterio que se adopte, Diplomática será la ciencia de los diplomas o de los documentos, admitiendo que el nombre de Diplomática no es ni el más feliz ni el más adecuado en relación con lo que se quiere significar.
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Esta definición nos obliga a reflexionar sobre la naturaleza del documento. ¿Qué entendemos, pues, por documento? Los tratadistas medievales distinguieron entre documentum e instrumentum. Documentum designaba los testimonios meramente históricos, es decir, aquellos que sin afectar a una forma legal, oficial, reproducían un hecho que daba fe sobre su realidad: serían, en definitiva, las fuentes narrativas. Instrumentum designaba el testimonio estrictamente jurídico, o sea, el testimonio escrito, legalmente válido, destinado a servir de prueba o de garantía a un hecho. Esta segunda acepción es la que desde el Renacimiento viene designándose con el nombre de documento diplomático. «En su acepción genérica, dice Floriano Cumbreño, por extensión y con un carácter meramente trópico, se entiende por documento toda supervivencia espiritual o material de la actividad humana capaz de representar un hecho». (Curso…, 220).Entre las Líneas En sentido estrictamente diplomático, el término documento tiene un significado más preciso. Para Sickel el documento es el testimonio escrito de un hecho de naturaleza jurídica redactado con arreglo a formas determinadas, que tienen por fin darle fuerza probatoria. Para Bernheim, los documentos son piezas escritas que sirven de testimonio histórico y que en su redacción y contenido responden a ciertas formas regularizadas, por lo que merecen credibilidad. Paoli lo caracteriza como un escrito que tiene a un tiempo carácter histórico y jurídico y forma conveniente. Teniendo en cuenta estos criterios y aprovechando lo útil que en tales afirmaciones hay, Floriano define el documento diplomático como la «supervivencia escrita que perpetúa hechos de naturaleza estrictamente jurídica y que formulada o redactada sin intencionalidad histórica, sirve no obstante a la Historia como fuente DIPLOMÁTICA primordial y directa» (ib., 222), definición a la que habríamos de añadir el hecho de que el documento diplomático viene redactado con arreglo a un formulario preestablecido.
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En posesión del concepto de documento, hemos de volver ahora sobre lo anterior: que la Diplomática es la ciencia de los documentos.Si, Pero: Pero el documento puede ser considerado bajo cuatro aspectos fundamentales: filológico, paleográfico, jurídico e histórico. Ante tal realidad, cabe la pregunta: de todos ellos, ¿cuál o cuáles interesan a la Diplomática? Interesan todos.Si, Pero: Pero es evidente que son los dos últimos, el histórico y el jurídico, los que constituyen la razón de ser del documento, escrito en un lenguaje determinado (aspecto filológico) y expresado a su vez éste (aspecto paleográfico) con unos signos gráficos concretos. Esto nos lleva a la caracterización de la Diplomática como ciencia histórica y como disciplina jurídica. Sin negar a la Diplomática su condición jurídica, no puede preterirse en modo alguno su carácter eminentemente histórico. El documento es formalmente algo jurídico; de aquí el principio elemental admitido en Diplomática: puede un documento resultar falso desde el punto de vista histórico y ser verdadero diplomáticamente considerado. Pero, además, virtualmente el documento es algo histórico, aunque su finalidad sea eminentemente jurídica.Entre las Líneas En un documento puede considerarse como eminentemente jurídica la parte dispositiva y esencialmente histórica el protocolo final.
Puntualización
Sin embargo, los documentos, igual que las demás fuentes históricas, necesitan ser sometidos a un examen crítico. Y es entonces cuando entra en juego el papel de la Diplomática en el concierto de las ciencias históricas, en lugar paralelo a la Paleografía (véase esta voz en la plataforma digital), considerada como auxiliar (secundario, subordinado)
de la crítica histórica. Sobre el documento, el diplomatista ejerce una crítica, recurriendo para ello a una serie de particularidades quevienen dadas en el mismo documento: caracteres externos, materia escritoria, formulario diplomático, lenguaje de su redacción, datos cronológicos, onomástica, toponimia, medios de validación, etc. De modo que el fin de la Diplomática está constituido por el estudio del documento en toda su integridad.
Metodología diplomática
Para llevar a cabo su estudio, el diplomatista ha de poseer conocimientos de muy diversas materias: ha de estar familiarizado con la historia del Derecho, con los usos cancillerescos, con la historia de la Administración; pero, sobre todo, ha de poseer sólidos conocimientos paleográficos, a los que habrán de unirse otros no menos importantes: Cronología, Sigilografía, etc.Entre las Líneas En posesión de estos instrumentos, el diplomatista ha de resolver un complejo de problemas que Giry polariza en estos cuatro quehaceres: determinación de la autenticidad (véase qué es, su concepto; y también su definición como “authentication” en el contexto anglosajón, en inglés) de los diplomas, su procedencia, su cronología, y fijación de su texto.
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El primer problema a que se refiere Giry es lo que Alain de Boüard llama autenticidad (véase qué es, su concepto; y también su definición como “authentication” en el contexto anglosajón, en inglés) diplomática; si el diploma es auténtico o resulta ser falso; si es en realidad lo que pretende ser o si, por el contrario, es una ficción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Auténtico es el documento que ha sido redactado por la persona que lo intitula y en la fecha en que se expresa, independientemente de que refleje hechos históricamente verdaderos o falsos, ya que son cosas bien distintas la autenticidad (véase qué es, su concepto; y también su definición como “authentication” en el contexto anglosajón, en inglés) diplomática y la autenticidad (véase qué es, su concepto; y también su definición como “authentication” en el contexto anglosajón, en inglés) histórica. Lo contrario de la autenticidad (véase qué es, su concepto; y también su definición como “authentication” en el contexto anglosajón, en inglés) diplomática es la falsedad o falsificación diplomática, distinta también de la falsedad histórica, según el principio de que la crítica histórica considera el contenido, o sea, la veracidad o no veracidad del testimonio consignado en el documento, mientras que la crítica diplomática estudia la forma y el valor jurídico del testimonio consignado en él. Un documento es falso históricamente cuando su contenido no está conforme con la verdad. [rtbs name=”verdad”] Puede un documento ser históricamente falso y diplomáticamente verdadero.
Pormenores
Por el contrario, un documento es diplomáticamente falso cuando quiere parecer lo que no es, aunque contenga la verdad histórica. La falsificación puede recaer sobre documentos originales o sobre copias, si bien existe un número mayor de falsificaciones en documentos que han llegado a nosotros en copias. Para determinar la autenticidad (véase qué es, su concepto; y también su definición como “authentication” en el contexto anglosajón, en inglés) de un documento, la Diplomática tiene que servirse de otras disciplinas, que se convierten en auxiliares suyas. Y ha de atender a tres puntos esenciales: perseguir la historia del documento cuya autenticidad (véase qué es, su concepto; y también su definición como “authentication” en el contexto anglosajón, en inglés) es sospechosa, poner en claro la personalidad del autor y estudiar la falsificación.
El segundo quehacer señalado por Giry al diplomatista es el que se refiere a la procedencia de los diplomas. Para solventar esta cuestión el diplomatista ha de examinar los caracteres del diploma, especialmente los referentes al uso de determinadas fórmulas, del sistema cronológico y sobre todo ha de dedicar especial atención a la toponimia. Para determinar la fecha del diploma ha de estar en conocimiento de los diversos usos cronológicos y aplicar las respectivas formas a cada caso concreto.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
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Finalmente, la fijación del texto es, con el problema de la autenticidad, la cuestión más delicada que debe plantearse el diplomatista ante un documento. La fijación del texto entra de lleno en los problemas de la crítica textual, que el diplomatista debe conocer.
Fuentes diplomáticas
Entendemos por fuentes diplomáticas todo documento sobre el que puede tener realidad la aplicación de los principios científicos de la Diplomática Las diversas formas en que las fuentes diplomáticas han llegado a nosotros se llama tradición documental. Desde el punto de vista de su tradición y conservación todo documento (sea cual sea el término con el que se le designe) puede ser incluido en alguno de estos tres apartados: minuta, original y copia.Si, Pero: Pero las minutas participan, por su propia naturaleza, del carácter de originales. De modo que original y copia son los polos de la tradición documental.
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Un documento es original si ha sido confeccionado por voluntad de su autor o autores y si se ha conservado en la misma materia escritoria y en la misma forma en que fue emitido por ellos. Se llama ingenuidad documental el grado de relación de un documento con su original. Copia es el documento que presenta un hecho tal y como resulta de otro documento. Tienen las copias por misión reproducir originales existentes o sustituir los perdidos. Las copias son mucho más numerosas que los originales. Son fuentes diplomáticas de incalculable valor los llamados registros y cartularios, libros en los que se nos han transmitido infinidad de copias. Las contenidas en los registros se hicieron para que sirviesen de testimonio oficial del hecho documentado, mientras que las contenidas en los cartularios se conservaron como títulos jurídicos o como constancia histórica. El registro se confecciona por voluntad del autor del documento, mientras que el cartulario se compone para utilidad del destinatario. Importantísima es la colección de registros de la Cancillería Pontificia, que empezaron a formarse ya en el s. iv y cuya serie completa, con mayor o menor regularidad, se conserva desde el pontificado de Inocencio III (11981216). No se conservan los registros de la cancillería castellana, que debieron perderse en la guerra de las Comunidades.
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Los de la cancillería aragonesa, de incalculable valor histórico-diplomático, se conservan en el archivo de la Corona de Aragón, en Barcelona. Los cartularios, según Bresslau, empezaron a formarse en el s. ix. Pueden dividirse en tres grupos: eclesiásticos, corporativos y privados. Los más importantes son los primeros, en los que se recogieron los documentos de establecimientos monásticos y catedralicios.
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Bibliografía
a. Giry, Manuel de Diplo
matique, París 1925; a (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Bouard, Manuel de Diplomatique Française et Pontificale, París 1929; g. Tessier, Diplomatique Royale Française, París 1962 c. Paoli, Diplomática, Florencia 1942; n (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Barone, in Torno Alla Falsificazione Dei Documenta e Alla Critica di Essi, Nápoles, 1912; h (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Bresslau, Handbuch Der Urkundenlehre Für Deutschland Und Italien, Leipzig 1915; j. Ficker, Beiträge Zur Urkundenlehre, Innsbruck 1877-1878; m. t. Sickel, Acta Regum et Imperatorum Karolinorum, Viena 1867-1868; e. Sarrablo, Nociones de Diplomática, Madrid 1941; a. Floriano Cumbreño, Curso General de Paleografía y Diplomática Españolas, Oviedo 1946.
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