Esfera Individual
Este elemento es una ampliación de las guías y los cursos de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] Nota: puede interesar la lectura de la lucha por el Derecho en la Esfera Individual.
La política, lo público y lo privado
Véase: la esfera pública.
Sin duda, uno de los dilemas centrales de la teoría de la esfera pública es que la evolución social y cultural sigue descifrando la distinción entre lo público y lo privado. Este es un desarrollo que es abundantemente visible en el medio moderno de los medios de comunicación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La postura tradicionalista es definir la política de una manera estrecha, centrándose en la arena política formal en los medios de comunicación convencionales.Entre las Líneas En el proceso que, por lo tanto, cierra los ojos, por así decirlo, a una gran parte de la realidad.
Los conceptos de público y privado abarcan un conjunto de nociones que se alinean fácilmente en conjuntos de polaridades. La idea de “público” en las tradiciones como el habermasiano se asocia implacablemente con la razón, la racionalidad, la objetividad, el argumento, el trabajo, el texto, la información, y el conocimiento. El privado resuena con lo personal, con la emoción, la intimidad, la subjetividad, la estética, el estilo, la imagen y el placer. (hay una gran literatura sobre estos temas que pertenecen a los medios de comunicación.) En el contexto mediático, el privado también está estrechamente relacionado con el consumo, el entretenimiento y la cultura popular.
En un nivel fundamental, lo que está en juego en el uso moderno de la perspectiva de la esfera pública es la cuestión de dónde reside la política y cómo se posiciona contra lo que se considera no político. Ha habido un aluvión (véase qué es, su definición, o concepto jurídico) de discusiones y debates en torno a esta cuestión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Dependiendo de las circunstancias, el aparentemente privado puede a menudo albergar la política, un punto que ha sido enérgicamente hecho no menos por los teóricos políticos feministas como Lister y Meehan. De manera similar, a menudo se afirma el carácter potencialmente político de la cultura popular, una visión que también ha entrado en algunos rincones de la ciencia política. Las posibilidades de que los temas se politizan son elementos clave de la sociedad abierta y democrática.Entre las Líneas En última instancia, se puede decir que la política tiene que ver con la toma de decisiones, pero dentro de la esfera pública, el Reino de lo “políticamente relevante” es más grande, siempre cambiante, y nunca puede ser completamente especificado.
Autor: Williams
Análisis de la Lucha por el Derecho en la Esfera Individual
Reproducción parcial del Capitulo III – La lucha por el derecho en la esfera individual del libro “La lucha por el derecho”, de Rudolf Von Ihering, por su interés jurídico-histórico:
El sentimiento del honor y el de la propiedad, pueden ser colocados por lo que toca a su estimación, en una misma línea. Es posible que el verdadero amor a la propiedad- porque no entendemos bajo esta expresión, el amor al lucro, el afán por el dinero y la fortuna, sino el noble sentimiento del propietario, del que hemos presentado como ejemplo al campesino, que defiende sus bienes, no tanto por su valor, como porque son suyos- pues bien: es posible que este sentimiento se debilite bajo las deletéreas influencias de causas y situaciones insanas, de lo cual la ciudad en que vivimos presenta la mejor prueba.¿ Qué hay de común entre mi propiedad y mi persona?, se preguntarán muchos. Mis bienes no son más que medios para atender a mi existencia, de procurarme el dinero, los placeres, y por lo mismo que no tengo deber moral de enriquecerme, no puede haber quien me exija o aconseje el intentar un juicio por una bagatela que no merece molestia alguna ni vale nada. El solo motivo que me puede decidir a recurrir judicialmente, no es otro que el que me guía en la adquisición o en el empleo de mi fortuna, mi bienestar; una cuestión sobre el derecho de propiedad, es una cuestión de interés, un negocio como otro cualquiera.
Los que así raciocinan, nos parece que han perdido el verdadero sentimiento de la propiedad y que le han trocado su base natural. No son ni la riqueza. Ni el lujo, que no ofrecen ningún peligro, para el sentimiento del derecho en el pueblo, no son responsables de estas doctrinas, sino la inmoralidad de la codicia. El origen histórico y la justificación moral de la propiedad, es el trabajo, no solo el material de los brazos, sino el de la inteligencia y del talento; y no reconocemos solamente al obrero, sino también a su heredero, un derecho al producto del trabajo; es decir, que encontramos en el derecho de sucesión una consecuencia necesaria e imprescindible del principio de la propiedad. Así sostenemos que tan permitido debe serle al obrero el guardarse lo que ha ganado, como el de dejarlo a cualquiera en vida o para después de muerto. Esa constante relación con el trabajo, es la que hace mantenerse a la propiedad sin tacha; con ese origen que debe reflejar siempre, hace ver lo que en realidad es para el hombre, apareciendo clara y transparente hasta en sus profundidades; pero cuanto más se aleja de tal origen para perderse y adulterarse, por decirlo así, proviniendo de ganancias fáciles y sin esfuerzo alguno, más pierde su carácter y naturaleza propia, hasta convertirse en jugadas de bolsa y en un agiotaje fraudulento. Cuando las cosas han llegado a tal extremo, cuando la propiedad ha perdido su último resto de idea moral, es evidente que ya no puede hablarse del deber moral para defenderla; nada hay aquí del sentimiento de la propiedad, tal como existe en el hombre que ha de ganar el pan con el sudor de su frente.
Lo que hay de más grave en esto, es que esas doctrinas y los hábitos que engendran se extienden poco a poco, hasta un círculo donde no podrían desenvolverse espontáneamente y sin contacto (3). Se siente hasta en la cabaña del pobre la influencia que ejercen los millones ganados en las jugadas de bolsa, y hombres que en otras circunstancias soportarían alegremente el trabajo, no lo sufren, y sueñan bajo el peso que les enerva, en vivir en una atmósfera tan malsana. El comunismo no podrá crecer más que en esos puntos, en los que está completamente olvidada o parece bastardeada la ida de la propiedad, pero no se le encontrará donde se tenga idea de su verdadero origen. Se puede probar aquella influencia examinando lo que sucede entre los campesinos, en los que la manera que tienen las clases elevadas de mirar a la propiedad, trasciende e influye tanto.Entre las Líneas En el que vive de sus tierras y tiene alguna relación con el campesino, se desarrollará involuntariamente, aún cuando su carácter y posición no se lo impongan, algo del sentimiento de la propiedad y de la economía que distingue al hombre de los campos; un mismo individuo podrá llegar a ser económico cuando more entre los campesinos, y pródigo y gastizo, cuando more en una ciudad como Viena, si vive entre millonarios.
Cualquiera que sea la causa de esa atenuación de carácter por el que el amor a la comodidad lleva a rehuir la lucha por el derecho hasta tanto que el valor del objeto no sea de tal naturaleza que le aconseje la resistencia, debemos de caracterizarla tal como es.¿ Qué es lo que la filosofía práctica de la vida nos anuncia en eso sino la política de la cobardía? El cobarde que abandona el campo de batalla, salva lo que otros sacrifican, su vida, pero la salva al precio de su honor. La resistencia que los otros continúan haciendo, es lo que le coloca a él y a la sociedad al abrigo de las consecuencias que necesariamente vendrían si todos, pensando como él, como él obrasen. Lo mismo puede decirse del que abandona su derecho, por más que esto, como hecho aislado, quede sin consecuencias; pero si se erigen en reglas de conducta,¿ que sería del derecho? Cierto que aún en este caso la lucha del derecho contra la injusticia, no sufriría en su conjunto más que una defección aislada; pues los individuos no son, en efecto, los solamente llamados a tomar parte en esta lucha; cuando un Estado está organizado, la opinión pública participa grandemente, influyendo sobre los tribunales en todos los ataques hechos al derecho de una persona, a su vida o a su propiedad; y los individuos encuéntranse así desembarazados de la parte más pesada del trabajo.
Puntualización
Sin embargo, esto no es bastante: la policía y el ministerio público velan todavía para que el derecho no sea jamás sacrificado, cuando se trata de lesiones abandonadas a la acción individual, pues no todos siguen la política del cobarde, y este mismo lucha cuando el valor del objeto merece la pena.Si, Pero: Pero supongamos que un estado de cosas tal, en que el individuo no tiene la protección que le dispensan la policía y una buena administración de justicia; fijémonos en los tiempos primitivos, donde, como en Roma, la persecución del ladrón y del bandolero quedaba exclusivamente entregada al agraviado.¿ Quién no ve adonde podría conducir ese cobarde abandono del derecho? ¿No sería esto alentar a ladrones y bandoleros? Esto, por otra parte, tiene perfecta aplicación a la vida de las naciones. Ningún pueblo puede, en caso alguno, abandonar la defensa de su derecho; recordemos el ejemplo de la legua cuadrada que suponíamos arrebatada por un pueblo a otro, y podrá presumirse qué consecuencias traería para la vida de los pueblos el tomar como norma de vida la teoría por la que la defensa del derecho pende del valor del objeto causa del litigio. Una máxima que es inadmisible, que causa la ruina del derecho donde se le aplica, no se legitima aún cuando llegue a practicarse, gracias a ciertas y excepcionales circunstancias. Más adelante tendremos ocasión de demostrar cual perjudicial es aún en un caso relativamente favorable.
Rechazamos, pues, esa moral que jamás ha hecho que pueblo ni individuo alguno tengan el sentimiento del derecho, y que solo el signo y el producto del sentimiento legal paralizado y enfermo, resultado del grosero materialismo dominando al derecho; materialismo que, sin embargo, ha tenido en esto su razón de ser. Aprovecharse del derecho, servirse de él y hacerlo valer, no son, cuando se trata de una injusticia objetiva, más que verdaderas cuestiones de intereses, y el derecho no es más que un interés protegido por la ley.Si, Pero: Pero ante la arbitrariedad que ataca, que no respeta el derecho, estas consideraciones pierden todo su valor, porque en este caso, el que obra arbitrariamente no puede atacar ni lesionar mi derecho, sin atacar al propio tiempo mi personalidad. Que mi derecho tenga por objeto tal o cual cosa, importa poco; si el azar pone en mis manos una cosa, yo podría justamente ser despojado de ella sin haber lesión de derecho en mi personalidad; pero si no es el azar, si es mi voluntad la que establece ese lazo entre la cosa y yo, si la tengo gracias al trabajo que me ha costado o que le ha costado a otro, el cual me la dio, la cuestión varía de aspecto.Entre las Líneas En apropiándome la cosa, le imprimo el sello de mi personalidad; cualquiera ataque dirigido a ella, me hiere a mí, porque mi propiedad soy yo, como que la propiedad no es más que la periferia de la personalidad extendida a una cosa.
Esta conexión del derecho con la persona, confiere a todos los derechos de cualquier naturaleza que sean, ese valor inconmensurable que hemos llamado ideal, en oposición al valor puramente real que tienen desde el punto de vista del interés, y es esa relación íntima la que hace nacer en la defensa del derecho esta abnegación y esa energía que más arriba hemos tratado de pintar. Esta concepción ideal no está reservada a las naturalezas privilegiadas; es posible para todos, para el hombre más grosero, como para el más ilustrado; para el rico, como para el pobre; para los pueblos salvajes, como para los más civilizados; y esto es lo que principalmente nos demuestra que tal punto de vista ideal, tiene su origen en la naturaleza íntima del derecho; y lo que, por otra parte, no hace, en realidad, más que probar el buen estado del sentimiento legal. El derecho que parece, por un lado, rebajar al hombre a la región del egoísmo y del interés, lo eleva por otro a una altura ideal, donde olvida todas sus sutilezas y cálculos y esa medida del interés que acostumbraba aplicar por todo, y lo olvida para sacrificarse pura y simplemente a una idea.
El derecho, que es por un lado la prosa, se trueca por la idea en poesía, porque la lucha por el derecho es, en verdad, la poesía del carácter.
¿Cómo se opera este prodigio? No es ni por el saber, ni por la educación; es por el simple sentimiento del dolor. El dolor, que es el grito de angustia, de socorro de la naturaleza amenazada, verdad ésta aplicable, como hemos notado, no solo al organismo físico, sino además al ser moral. La patología del sentimiento legal es para el legista y para el filósofo del derecho, o debiera ser, porque sería inexacto afirmar que esto es así, lo que la patología del cuerpo humano es para los médicos, y revela indudablemente el secreto de todo derecho. El dolor que el hombre experimenta cuando es lastimado, es la declaración espontánea, instintiva, violentamente arrancada de lo que el derecho es para él, en su personalidad, primeramente, y como individuo de clase, luego; la verdadera naturaleza y la importancia real del derecho se revelan más completamente en semejante momento y bajo la forma de afección moral, que durante un siglo de pacífica posesión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Los que no han tenido ocasión de medir experimentalmente este dolor, no saben lo que es el derecho, por más que tengan en su cabeza todo el Corpus juris; porque no es la razón, sino el sentimiento quien puede resolver esta cuestión; el lenguaje, además ha determinado bien el origen primitivo y psicológico de todo derecho, llamándolo el sentimiento legal. Conciencia del derecho, persuasión legal, son otras tantas abstracciones de la ciencia que el pueblo no comprende. La fuerza del derecho descansa como la del amor, en el sentimiento, y la razón no halla cabida cuando aquél impera. Así como hay momentos en que el amor no se conoce, y en un instante dado se revela enteramente. Lo mismo sucede en el sentimiento del derecho; en tanto que no ha sido lesionado, no se le conoce ordinariamente y no se sabe de lo que es capaz; pero la injusticia le hace manifestarse, poniendo la verdad en claro, y sus fuerzas en todo su apogeo. Ya hemos dicho en que consiste esta verdad; el derecho es la condición de la existencia moral de la persona, y el mantenerle es defender la existencia moral misma. No solamente el dolor, sino que también en muchos casos la violencia o tenacidad con la cual el sentimiento del derecho rechaza una lesión, es la piedra de toque de su salud; por eso el grado del dolor que expresa la persona lesionada, es el indicio del valor en que tiene el objeto de la lesión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Sentir el dolor y permanecer indiferente, soportarlo con paciencia sin defenderse, constituye una negación del sentimiento del derecho, que las circunstancias pueden excusar en casos dados, pero que en general no dejarían de traer graves consecuencias para el sentimiento del mismo. La acción es, en efecto, de la misma naturaleza del sentimiento legal, que no puede existir más que a condición de obrar; si no obra se desvanece, se extingue poco a poco hasta llegar a quedar de hecho anulada por completo la facultad sensible. La irritabilidad y la acción, es decir, la facultad de sentir el dolor causado por una lesión en nuestro derecho, y el valor, junto con la resolución de rechazar el ataque, son el doble criterio bajo el que se puede reconocer si el sentimiento del derecho está sano.
Preciso nos es renunciar a desenvolver aquí con más extensión este tema tan interesante e instructivo de la patología del sentimiento legal; pero séannos permitidas aún algunas reflexiones.
Sabido es que acción tan diferente ejerce una misma lesión sobre personas pertenecientes a distinta clases; ya hemos tratado de explicar este fenómeno, y la conclusión que de esto sacamos es que el sentimiento de derecho no es igualmente lesionado por todos los ataques: se debilita o crece según que los individuos y los pueblos vean en la lesión que se hace a su derecho, un atentado más o menos grave a la condición de su existencia moral.
Quien continúe estudiando la cuestión desde este punto de vista, será largamente recompensado por sus esfuerzos (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma en línea de ciencias sociales y humanidades). Bien desearíamos añadir a los ejemplos del honor y de la propiedad, un título que recomendamos especialmente: el del matrimonio;¡ qué reflexiones no podrían hacerse sobre la manera diferente como los individuos, los pueblos y las legislaciones consideran el adulterio!
La segunda condición del sentimiento legal, es decir, la fuerza de acción, es una pura cuestión de carácter. La actitud de un hombre o de un pueblo, en presencia de un atentado cometido contra su derecho es la piedra de toque más segura para juzgarle. Si entendemos por carácter la personalidad plena y entera, no hay, ciertamente, mejor ocasión de poner esta noble cualidad de manifiesto que en presencia de quien arbitrariamente lesiona todo a la vez: el derecho y la persona. Las formas bajo las que se produce la reacción causada por un atentado al sentimiento del derecho y al de la personalidad, que se traducen bajo la influencia del dolor, en vías de hecho, apasionadas y salvajes o que se manifiestan por una resistencia grande y tenaz, no pueden, en modo alguno, servir para determinar la fuerza del sentimiento legal; sería, pues, uno de los más groseros errores suponer en una nación salvaje y en un hombre del pueblo un sentimiento más ardiente que el de un hombre civilizado, porque aquéllos usasen el primero de los medios y éste el segundo. Las formas son casi siempre debidas a la educación y al temperamento, máxime cuando una resistencia firme y tenaz no cede en importancia a una reacción violenta y apasionada. Sería deplorable que fuese de otro modo, pues equivaldría a decir que el sentimiento del derecho se extingue en los individuos y en los pueblos en proporción y medida del progreso que alcanzan en su desenvolvimiento intelectual. Una mirada a la historia y a lo que en la vida sucede bastan para convencernos de lo contrario. No es tampoco la antítesis de la pobreza y de la riqueza la que puede darnos una solución, pues por muy diferente que sea la medida económica, según la que el rico y el pobre juzgan un mismo objeto, cuando se trata de un ataque a la propiedad, como hemos anotado ya, no tiene aplicación alguna, porque no se trata en este caso del valor material del objeto, sino del valor ideal del derecho, y, por consecuencia, de la energía del sentimiento legal relativamente a la propiedad; no es la cantidad más o menos grande de riqueza quien decide, sino la fuerza del sentimiento legal. La mejor prueba que puede aducirse es que el pueblo inglés nos ofrece. Su riqueza no ha alterado nunca su sentimiento del derecho, y, por el contrario, en el continente tenemos constantemente ocasión de juzgar y persuadirnos de la energía con la cual ese sentimiento se manifiesta en las más simples cuestiones de propiedad. Conocida de todos es esa figura del viajero inglés, que para no ser víctima de la rapiña de las fondas y hoteles, cocheros, etc.,opone una resistencia tal, que se diría que allí se tratara de defender el derecho de la vieja Inglaterra; detiénese en sus viajes si es preciso, y llega a gastar diez veces más del valor del objeto, antes de ceder. El pueblo se ríe de él, sin comprenderle…¡ y cuánto más valiera que le comprendiese! En aquella pequeña cantidad de dinero defiende aquél a Inglaterra, y prueba que no es hombre que abandona a su patria. No es nuestro ánimo ofender ni causar el menor tormento a nadie, pero es la cuestión tan importante, que nos vemos forzados a establecer un paralelo.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Supongamos a un austríaco gozando de la misma posición social y colocado en las mismas circunstancias que un inglés; ¿cómo obraría en semejante ocasión? Si hubiésemos de contestar con lo que por experiencia podemos decir, no llegarán al diez por ciento los que imitan al inglés, porque recuerdan los disgustos anexos a la disputa, temen los resultados de una mala interpretación, lo que no detiene al inglés; en una palabra aquéllos pagan.Si, Pero: Pero en el dinero que niega el inglés y el austríaco paga, hay algo característico de Inglaterra y de Austria: hay la historia secular de su respectivo desenvolvimiento político y de su vida social. Este pensamiento nos ofrece una transición fácil; pero séanos permitido antes determinar esta primera parte, repetir el principio que al comenzar sentábamos.
La defensa del derecho es un acto de la conservación personal, y, por consiguiente, un deber del que llega a ser lesionado, para consigo mismo.
Los Ricos en la Primera Década del Siglo XXI en Estados Unidos
Elizabeth Warren está recibiendo, desde mediados del 2019, al menos, muchos ataques en los medios. Algunos de estos ataques reflejan, sin duda, errores de campaña.Si, Pero: Pero en buena parte son una especie de reacción gut a las críticas de la candidata respecto a la excesiva influencia de las grandes fortunas en la política, un argumento que, de hecho, se ve confirmado por esta reacción.
Es cierto que al comienzo de su trayectoria política Warren, como casi todos los demás, realizó campañas para recaudar fondos de donantes ricos. ¿Y? Las acusaciones de incongruencia son muy a menudo una treta cycleística, una forma de no abordar el fondo de lo que dice un candidato. Al fin y al cabo, los políticos deberían cambiar de opinión cuando hay una buena razón para hacerlo. La pregunta debería ser si Warren hizo bien al anunciar el pasado febrero que dejaría de recaudar fondos de millonarios. Más en general, ¿tiene razón cuando dice que los ricos tienen demasiada influencia política?
Y la respuesta a la segunda pregunta es con toda certeza que sí. Lo primero que hay que saber de los muy ricos es que, desde el punto de vista político, son diferentes de usted y de mí. No se dejen engañar por el puñado de prominentes multimillonarios progresistas o progresistoides; los estudios sobre la política de los ultrarricos muestran que son muy conservadores, que están obsesionados con las rebajas de impuestos, que se oponen a la regulación medioambiental y financiera, y que tienen muchas ganas de recortar los programas sociales
Lo segundo que necesitan saber es que los ricos consiguen a menudo lo que quieren, incluso cuando la mayor parte de la ciudadanía quiere lo contrario. Por ejemplo, una gran mayoría de votantes —incluida una mayoría de quienes se declaran republicanos— cree que las grandes empresas pagan demasiado poco en impuestos.Si, Pero: Pero la política interior que ha definido al Gobierno de Trump ha sido una enorme rebaja de impuestos a las grandes empresas.
O por tomar un asunto que le interesa mucho a Warren: la mayoría de los estadounidenses, y entre ellos un gran número de republicanos, está a favor de endurecer la regulación de los grandes bancos, y sin embargo, incluso antes de que Donald Trump asumiera el cargo, las normativas relativamente suaves que entraron en vigor a raíz de la crisis financiera de 2008 estuvieron sometidas a un ataque político constante.
¿Por qué ejerce un número tan reducido de ricos tanta influencia en lo que se supone que es una democracia? Las aportaciones de fondos a la campaña electoral son solo una parte del relato. Igualmente importante, si no más, es la red de fundaciones, grupos de presión y demás que modelan el discurso público y que están financiados por milmillonarios. Y está también la puerta giratoria; es deprimentemente normal que ex altos cargos de ambos partidos pasen a colaborar con grandes bancos, multinacionales o consultoras, y la perspectiva de ese empleo no puede sino influir en la política cuando aún ocupan su cargo público.
Y, por último, pero no menos importante, la información política de los medios de comunicación parece reflejar con demasiada frecuencia los puntos de vista de los ricos. Fijémonos, por ejemplo, en la cuestión de las políticas para combatir el desempleo. El paro en EE UU está ahora en un mínimo histórico —solo el 3,5%— y ese bajo desempleo se está consiguiendo sin ninguna señal de inflación galopante, lo que nos dice que podríamos haber conseguido esta clase de resultados todo el tiempo. ¿Recuerdan cuando algunos como Jamie Dimon, consejero delegado de JP Morgan Chase, nos decían que el desempleo elevado era inevitable debido al “desfase de aptitudes”? Estaban equivocados.
Pero se ha tardado mucho tiempo en llegar hasta aquí, porque el desempleo ha descendido muy lentamente tras el máximo alcanzado después de la crisis. La tasa media de desempleo en la pasada década fue del 6,3%, lo que se traduce en millones de años-persona de paro gratuito.
¿Por qué no nos recuperamos más deprisa? La razón más importante fue la austeridad presupuestaria, supuestamente para reducir el déficit, que supuso un lastre constante para la economía desde 2010. ¿Y quién estaba obsesionado con los déficits presupuestarios? Los votantes en general, no; pero los estudios indican que, incluso cuando el desempleo estaba por encima del 8%, los ricos consideraban que los déficits presupuestarios eran un problema mayor que la falta de puestos de trabajo.
Y los medios se hacían eco de estas prioridades, tratándolas como si fueran la única posición razonable, y no las preferencias de un pequeño grupo de votantes. Como señaló por aquel entonces Ezra Klein, de Vox Media, en lo referente a déficits presupuestarios parecía que no eran aplicables “las normas habituales de neutralidad informativa”; a menudo los periodistas defendían opiniones políticas que eran, en el mejor de los casos, controvertidas, que la ciudadanía en general no compartía, y que, como sabemos ahora, eran esencialmente erróneas.
Pero eran las opiniones políticas de los ricos. Y en lo que respecta al tratamiento de opiniones políticas divergentes, a menudo los medios de comunicación conceden a algunos estadounidenses un trato más igual que a otros. Lo que me devuelve a la campaña electoral de 2020. A lo mejor no están de acuerdo con las thoughts progresistas que nos llegan de Elizabeth Warren o Bernie Sanders, lo cual está bien.Si, Pero: Pero los medios de comunicación le deben a la ciudadanía un debate serio sobre estas thoughts, no un rechazo forjado por una combinación del reflexivo “sesgo centrista” y la suposición consciente o inconsciente de que cualquier política que disguste a los ricos debe de ser irresponsable.
Autor: Black
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Y cuando los candidatos hablan de excesiva influencia de los ricos, ese tema merece también una discusión seria, no los golpes bajos que hemos visto últimamente. Sé que este tipo de debate molesta a muchos periodistas. Y esa es precisamente la razón por la que necesitamos tenerlo.