Estado Liberal Gendarme
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Estado gendarme o liberal
La célebre Ley Chapilier, típicamente liberal, prohibía toda clase de asociación, creyendo proteger, en esa forma, la originaria condición libérrima de los hombres.Entre las Líneas En esta enciclopedia encontrará información sobre el liberalismo como teoría del Estado y sobre el neoliberalismo.
El Estado – Gendarme
El liberalismo profesa una exagerada creencia, muy rousseauniana, en la bondad natural del hombre. Recordemos, de paso, que el pensador ginebrino suponía un lejano y utópico (idealista, irreal; el término procede del libro “Utopía” de Sir Thomas More, que imagina una sociedad perfecta pero inalcanzable) pasado en el cual los hombres vivían en contacto con la naturaleza y con una libertad ilimitada.Si, Pero: Pero la sociedad ha corrompido al hombre y le ha limitado su libertad. Nos queda como recurso mágico, que en realidad no resuelve nada, el pretendido contrato social. Es el caso de que la libertad, pseudo – libertad de hacer lo que venga en gana se concibe como ausencia de trabas, cuando en rigor, la verdadera libertad, es una facultad de dirigirse hacia el bien por motivos racionales.
La organización política del Estado – gendarme reduce la función de gobierno a la sola y pobre tarea de vigilar el orden policial externo. La célebre Ley Chapilier, típicamente liberal, prohibía toda clase de asociación, creyendo proteger, en esa forma, la originaria condición libérrima de los hombres (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Al derribarse los sindicatos, las instituciones religiosas de beneficencia, las asociaciones económicas y culturales de la estructura social, sobrevino la competencia desenfrenada con el triunfo de los más poderosos. El Estado parecía un ancho solar por el que vagaban como fantasmas los individuos. La lucha de todos contra todos convirtió al hombre en lobo del hombre. Entregado a su propia debilidad, el individuo se mantuvo como ente fungible, aislado, hostil a toda forma de comunidad. Los campesinos fueron desposeídos de sus tierras; los obreros fueron explotados por el sistema del sudor, considerando su fuerza de trabajo como mercancía sujeta a la ley de oferta y demanda; los pequeños comerciantes y la clase media padecieron servidumbre. ¿Y el Estado? El Estado – gendarme vigilaba, con neutralidad de espectador, la enorme y atroz injusticia.
Una libertad imposible, carente de los medios necesarios para realizarse y protegerse, terminó por amargar la conciencia de los ingenuos que creyeron en las promesas de la demagogia liberal. Se confundió el individualismo con la liberación y el aislamiento con el triunfo sobre la opresión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La multitud miserable fue fácil presa de los audaces sin escrúpulos. La doctrina de la plena autonomía individual, aplicada a la vida social, condujo a la explotación del hombre por el hombre y a la pérdida de la auténtica libertad.
El Estado – gendarme del liberalismo contempla a la sociedad como un agregado de simples átomos que se yuxtaponen mecánicamente (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Al individuo se le concede todo, a la sociedad nada, como no sea el derecho puramente policíaco. Y esto, a pesar de que todos somos buenos por naturaleza sin necesidad de coacción, según reza el dogma de Juan Jacobo. Confundiendo la libertad psicológica con la moral, los liberales no advierten que el libre albedrío, libertad de especificación (hacer esto o aquello), libertad de contradicción, (obrar o no obrar), libertad de contrariedad (elección entre dos cosas contrarias), no significa, como simple hecho psíquico, que tengamos que hacer el mal cuando nos venga en gana. Libertad, en su sentido genuino, es libertad de pasiones. Lo demás es defecto del libre arbitrio o pura retórica de plazuela, de aquélla que señaló el poeta: Libertad, libertad, el necio hombre, cuanto delito cometió en tu nombre. La confusión de la libertad psicológica con la moral ha abierto la puerta a todos los crímenes y maldades.
La libertad moral de pensar y enseñar el bien y la verdad, las doctrinas probables y los actos indiferentes, está reñida con el libertinaje que incita al mal y a la mentira; que insulta, calumnia y delinque. Corresponde a la autoridad, en estricta justicia, combatir los vicios que cunden en daño de la misma sociedad.Si, Pero: Pero es menester sobrepasar el Estado liberal para reconocer esta positiva tarea de la autoridad. De ser consecuente con sus principios, el Estado liberal tendría que dejar en libertad a los enemigos de la sociedad entera y a los enemigos de la misma libertad.
Dentro de la concepción política del Estado – gendarme, el propietario puede usar y abusar de su propiedad aun con menoscabo del bien común. El absentismo puede estar a la orden del día. Los monopolios y la usura podrán prosperar a costa de la felicidad de los pobres. El inmoderado lujo de unos cuantos florecerá sobre el pauperismo general.
¿Y el Estado? El Estado – gendarme se declarará abstencionista, no intervencionista, en aras del estulto “laissez faire, laissez passer”. Mientras tanto el pez grande seguirá comiéndose, dentro de la más estricta legalidad, al pez chico. Para no rebajar los precios, en virtud de la demasiada oferta y la poca demanda, se arrojarán al mar el ganado, los cereales y el café. No importa que haya muchedumbres indigentes; los productores tienen el intocable derecho de hacer lo que les dé la gana. El carácter social y moral del mundo económico se ignora o se finge ignorar.
La irrestricta libertad de contradicción, admitida por el Estado – gendarme, lesiona a la justicia distributiva. La falta de colaboración social, consecuencia de un individualismo exagerado, trunca el fin del Estado y menoscaba la función política de la autoridad.Entre las Líneas En medio de la absurda uniformidad postulada por la escuela liberal, hoy definitivamente anacrónica, surgió un día la revolución social. La libertad de contratación operará, desde entonces, sobre la previa base de que las partes sean iguales en fuerza y libres de cualquier coacción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La justicia distributiva exigirá una igualdad proporcional (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). A situaciones diversas o desiguales corresponderán tratos proporcionalmente diversos o desiguales. La proporción entre el débil y el fuerte, en los cambios privados y en los beneficios a cargas de la vida social, se instaura a partir del ocaso del Estado – gendarme.Entre las Líneas En el Estado social de Derecho, a diferencia del Estado liberal de Derecho, el Estado colabora en la creación de las condiciones favorables para elevar el nivel de existencia de los más humildes, con objeto de que todos gocen de un mínimo de instrucción, de educación y de recursos económicos. Sólo así se vive una vida plenamente humana. Y para eso, precisamente, existe el Estado: gestor del bien público temporal y no siempre gendarme.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Decir que el Estado es gestor del bien público temporal implica aceptar su intervención positiva en el ámbito económico.Si, Pero: Pero ¿hasta dónde es legítimo y deseable que el Estado intervenga? ¿Cómo evitar un intervencionismo desenfrenado? ¿Cuál es el justo límite de la intervención estatal?.
Autor: Héctor Berducido, A
Estado Gendarme en Argentina y el Mundo
Nota: Puede interesar la definición que ofrece sobre el Estado Gendarme el Diccionario Social y Jurídico, la información sobre el Estado Gendarme en la Enciclopedia del Derecho argentino, el examen con otra entrada parecida, la del Estado Militar en Argentina, con su importancia histórica, o contrastar, en parte, sus diferencias con el Estado Moderno en el mundo. Finalmente, cabe añadir que el estado gendarme no se corresponde con el clásico equilibrio de poderes legislativo, ejecutivo y judicial, que corresponde a un Estado de Derecho (véase, en este caso, en Argentina).
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[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Véase También
Estado intervencionista
Estado demoliberal
Neoliberalismo
Estado de bienestar
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¿será realmente la competencia un puro dechado de virtudes? ¿Podemos concebir las
leyes económicas del mismo modo que concebimos la existencia de leyes físicas? ¿Es posible
reducir la complejidad del hombre integral a la simplicidad del homo economicus?
La historia y la razón nos demuestran que la competencia irrestricta elimina a una buena
porción de empresas pequeñas y medianas y desemboca en la constitución de monopolios que
dictan, a su antojo, los precios y los salarios. Y como las funciones del Estado gendarme se
reducen a velar por la libertad y a respetar los contratos estipulados, Laissez Faire, Laissez
passer, se consuman los más escandalosos abusos y atropellos nimbados de dignidad liberal.
Las crisis provocadas por el liberalismo económico han sido cada vez más graves y más
violentas. El nacionalsocialismo económico, autárquico, o imperialista, es el lógico corolario del
liberalismo.
El orden económico no hay que olvidarlo, es un orden humano, creado por el hombre y para el
hombre. Las leyes económicas tienen una naturaleza muy diversa a la de las leyes físicas.
Trátese de leyes hipotéticas. Su validez está subordinada a determinadas condiciones que el
hombre puede plantear, sin estar compelido a ello. El homo economicus, mera abstracción, no
agota la actividad vital del hombre ni refleja sus ideales y sus pasiones.
Es falso que el interés general sea un puro resultante de la suma de intereses particulares
aislados. Además de que no siempre resulta factible sumar estos intereses a menudo
contrapuestos, el bien común presenta una diversa estructura cualitativa. El trabajo no puede
ser considerado, sin desnaturalizarlo, como una mercadería más, sujeta a la ley de la oferta y la
demanda. En la base del liberalismo está un materialismo obtuso que confunde al hombre con
una creatura mecánica, a la felicidad con la acumulación de riquezas, al orden económico con
el orden físico químico. El neo liberalismo admite que la no intervención del Estado, laissez
faire, laissez passer, no es garantía para que la libre competencia funcione equitativamente.
Corresponde al Estado establecer una legislación adecuada para mantener el libre juego de las
fuerzas económicas. Hay que superar el desorden y la miseria, sin caer en colectivismo. Hay
que centrar la actividad económica en torno de las necesidades individuales. Hay que
aprovechar las ventajas que surgen de la desigualdad de las condiciones humanas, a fin de
incrementar el dinamismo productivo. Para ello es menester que el Estado suministre el marco
legal dentro del cual funcione el mercado libre.
Es preciso, sin embargo, tener especial cuidado
en no interferir en el libre juego de los precios. La intervención estatal, en materia económica,
debe limitarse a reactivar los miembros inactivos del organismo económico y a neutralizar los
desequilibrios más agudos. Junto a la libertad tiene cabida también aunque en grado mínimo,
la justicia social. El neo liberalismo, individualista al fin, conserva el espíritu capitalista. Como
su antecesor, el liberalismo, anda en pos de los grandes beneficios monetarios obtenidos por
virtud de la libre competencia.
La organización política del Estado – gendarme reduce la función de gobierno a la sola y pobre
tarea de vigilar el orden policial externo. Al derribarse los sindicatos, las
instituciones religiosas de beneficencia, las asociaciones económicas y culturales de la estructura
social, sobrevino la competencia desenfrenada con el triunfo de los más poderosos. El Estado
parecía un ancho solar por el que vagaban como fantasmas los individuos. La lucha de todos
contra todos convirtió al hombre en lobo del hombre. Entregado a su propia debilidad, el individuo
se mantuvo como ente fungible, aislado, hostil a toda forma de comunidad. Los campesinos fueron
desposeídos de sus tierras; los obreros fueron explotados por el sistema del sudor, considerando
su fuerza de trabajo como mercancía sujeta a la ley de oferta y demanda; los pequeños
comerciantes y la clase media padecieron servidumbre. ¿Y el Estado? El Estado – gendarme
vigilaba, con neutralidad de espectador, la enorme y atroz injusticia.
El Estado – gendarme del liberalismo contempla a la sociedad como un agregado de simples
átomos que se yuxtaponen mecánicamente. Al individuo se le concede todo, a la sociedad nada,
como no sea el derecho puramente policíaco.
Libertad, en su sentido genuino, es libertad de pasiones. Lo demás es defecto del libre arbitrio o
pura retórica de plazuela, de aquélla que señaló el poeta: Libertad, libertad, el necio hombre,
cuanto delito cometió en tu nombre. La confusión de la libertad psicológica con la moral ha abierto
la puerta a todos los crímenes y maldades.
Dentro de la concepción política del Estado – gendarme, el propietario puede usar y abusar de su
propiedad aun con menoscabo del bien común. El absentismo puede estar a la orden del día. Los
monopolios y la usura podrán prosperar a costa de la felicidad de los pobres. El inmoderado lujo de
unos cuantos florecerá sobre el pauperismo general.
Y el Estado? El Estado – gendarme se declarará abstencionista, no intervencionista, en aras del
estulto “laissez faire, laissez passer”. Mientras tanto el pez grande seguirá comiéndose, dentro de
la más estricta legalidad, al pez chico.
La irrestricta libertad de contradicción, admitida por el Estado – gendarme, lesiona a la justicia
distributiva. La falta de colaboración social, consecuencia de un individualismo exagerado, trunca
el fin del Estado y menoscaba la función política de la autoridad.
La libertad de contratación operará, desde entonces, sobre la previa base de que las partes sean
iguales en fuerza y libres de cualquier coacción. La justicia distributiva exigirá una igualdad
proporcional. A situaciones diversas o desiguales corresponderán tratos proporcionalmente
diversos o desiguales. La proporción entre el débil y el fuerte, en los cambios privados y en los
beneficios a cargas de la vida social, se instaura a partir del ocaso del Estado – gendarme.
Buscando información sobre lo de más abajo he encontrado este artículo sobre el estado liberal gendarme, muy interesante para ello:
Estado intervencionista
Estado demoliberal
Neoliberalismo, qué es
Estado de bienestar