Transformaciones del Estado

Transformaciones del Estado Nota: Consulte también la información relativa a las dimensiones políticas de la globalización, el Estado-nación y la extinción del Estado. Se examina en la presente plataforma digital la premisa de la tesis del Estado competidor, que destaca una transición gradual, no dramática y pacífica de la forma de Estado del bienestar al … Leer más

Transformación del Estado

Las transformaciones del Estado difieren en sus causas y fuerzas motrices, en los elementos del Estado que se ven afectados y en el alcance e intensidad del cambio. Tres olas de pensamiento en ciencias sociales han marcado el debate sobre el Estado y sus transformaciones desde la Segunda Guerra Mundial. Durante la primera ola, las perspectivas intelectuales dominantes del período de auge de la posguerra -el pluralismo, el marxismo, la teoría de la modernización y el conductismo- dejaron de lado en gran medida al Estado desde el punto de vista analítico. En la segunda oleada, un campo histórico-institucionalista emergente retrató al Estado como elemento central de las diferentes respuestas de los países a los retos comunes, como el lento crecimiento y la crisis democrática. La perspectiva histórico-institucionalista fue contrarrestada, especialmente entre los académicos angloamericanos, por una visión neoliberal más crítica del Estado. En la tercera ola más reciente, la globalización y otros acontecimientos internacionales han alimentado la sensación de que los Estados son cada vez menos relevantes, una perspectiva defendida por los neoliberales. Los historiadores-institucionalistas han respondido de dos maneras: algunos estudiosos señalan la persistencia de las políticas e instituciones estatales establecidas, mientras que otros han hecho hincapié en las transformaciones del Estado, identificando nuevas funciones y misiones para los Estados. Se examina la premisa de la tesis del Estado competidor, que destaca una transición gradual, no dramática y pacífica de la forma de Estado del bienestar al «Estado competidor». Según esta tesis, las instituciones básicas del Estado de bienestar se mantienen, pero se recortan, reorganizan y «refuncionalizan» gradualmente para hacer que la sociedad se adapte a la competencia. El Estado competidor difiere del Estado de bienestar en el sentido de que promueve una «mayor mercantilización» mediante la liberalización de los movimientos transfronterizos, la recomposición del trabajo y la privatización de los servicios públicos.

Estado Federal

Un estado federal es una federación de varios estados para formar un estado global. A diferencia de una confederación de estados, un estado federal tiene un gobierno común. Al igual que Estados Unidos, India, Brasil o Austria, por ejemplo, la República Federal de Alemania también es un Estado federal. La federación es una unión de Estados que crea ante el orden internacional un solo sujeto de derecho internacional. las entidades federativas pierden su capacidad de acción en los asuntos internacionales. Existen las excepciones de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la de Suiza y la de la República Federal de Alemania.

En el primer caso las repúblicas que forman la unión conservan competencias internacionales, al extremo de que Bielorrusia y Ucrania son miembros separados de las Naciones Unidas. Esta situación de autonomía acentuada en las facultades internacionales ha hecho que Charles Rousseau defina a la URSS como una formación sui generis. Se explica esta situación peculiar desde el punto de vista político por las negociaciones entre las potencias vencedoras en la Segunda Guerra Mundial para reconocerle a la Unión Soviética, sobre el apoyo de la autonomía interna de las Repúblicas, tres votos en la Asamblea General donde la influencia numérica se inclinaba pesadamente a favor del bloque occidental.

Autoridad Democrática

Basándose en las ideas que Hobbes, Locke y Aristóteles sugieren y utilizando las herramientas de la ciencia social moderna para ayudar a desarrollar un nuevo y mejor tipo de teoría basada en el consentimiento. La teoría que algunos autores proponen distingue entre tres tipos de estructuras de poder que pueden existir en un territorio: el dominio, la autoridad política y la autoridad política moralmente legítima (la tercera es una especie de la segunda). El modelo de convención de la autoridad política puede desarrollarse de forma plausible y robusta, de manera que arroje luz sobre la estructura de las democracias modernas. Las democracias modernas son estados en los que el reconocimiento de que la autoridad política es creada y sostenida por el pueblo está explícitamente incorporado a la estructura del estado en forma de votación (para los cargos y las leyes), disposiciones constitucionales para ejercer el control sobre las instituciones políticas, procedimientos de enmienda constitucional, etc. Pero todavía hay muchas preguntas que podemos hacer sobre este modelo.

Consentimiento en Filosofía Política

El consentimiento (popular, o de los gobernados) es, para algunos, incompatible con la actividad revolucionaria, pero puede ser coherente con la desobediencia civil. Alguien como Martin Luther King Jr., incluso cuando desobedeció abiertamente ciertas leyes, se concibió a sí mismo como comprometido con la sociedad política a la que desafiaba; de hecho, desafió algunas de esas leyes porque decía estar comprometido con su país. La estrategia del ciudadano leal pero desobediente consiste en expresar su compromiso con la autoridad de los legisladores incluso rechazando lo que considera que son las leyes inmorales concretas que han legislado.En general, la desobediencia civil demuestra que el consentimiento de la convención es un fenómeno complicado, cuya concesión no puede equipararse a la mera obediencia a la ley. Incluso si el consentimiento es responsable de la creación y el mantenimiento de la autoridad política, es importante señalar que dicho consentimiento puede no expresar la aprobación de una persona a su régimen. Para dar cabida a la noción de aprobación, necesitamos una idea más sustanciosa de consentimiento que exprese no sólo la aquiescencia de un régimen político, sino también su aprobación y apoyo explícitos. Un régimen que recibe el consentimiento de aprobación obtiene de sus súbditos no sólo la actividad que lo mantiene, sino también la actividad que transmite su respaldo y aprobación. Un régimen que cuenta con el consentimiento de la mayoría de sus ciudadanos hará algo más que sobrevivir: El considerable apoyo de sus súbditos lo hará vibrante y duradero, capaz de soportar ataques desde fuera y desde dentro. Más allá de un tipo de actitud hacia el Estado, el consentimiento de aprobación es una decisión de apoyarlo debido a la determinación de que es algo bueno que apoyar. Al dar esta forma de consentimiento, el sujeto transmite su respeto por el Estado, su lealtad a él, su identificación con él y su confianza en él. Es muy probable que un Estado no pueda recibir ese consentimiento de respaldo de sus súbditos a menos que sea razonablemente eficaz o justo.

Teoría de la Agencia en Filosofía Política

Aunque no hay un contrato literal entre el gobernante y los gobernados, las actividades de apoyo a la convención del pueblo establecen lo que puede llamarse una relación de «agencia» entre ellos y el gobernante. Esta relación, que según Locke prevalece entre el gobernante y el pueblo, es una relación en la que el gobernante actúa como agente del pueblo, contratado por éste para realizar ciertas tareas y capaz de ser despedido por él si considera que realiza esas tareas de forma incorrecta. Aunque esta relación no es literalmente contractual ni en su naturaleza ni en su origen, es lo suficientemente similar a las relaciones de agencia reales iniciadas por contratos como para que se pueda perdonar cualquier conversación metafórica sobre un «contrato social» entre gobernantes y gobernados. Para ver esta relación de agencia, consideremos la forma en que la revolución es posible y justificable en el modelo de convención. Al igual que la creación de un Estado requiere la resolución de ciertos problemas de coordinación potencialmente conflictivos, lo mismo ocurre con su cambio. El análisis de las razones que tiene una persona para aceptar o rechazar una convención de gobierno muestra la relación de agencia implícita entre el gobernante y el pueblo en el modelo de convención. En un sentido bastante literal, el gobernante es «contratado» en virtud de esta convención, y si el pueblo decide no mantener esa convención, entonces será «despedido» y se «contratará» a un nuevo gobernante mediante una nueva convención o convenio.

Convenio Rector en la Autoridad Política

¿Cómo inventa o crea el pueblo la autoridad política? ¿Y cómo implica el consentimiento? Los Estados reales no parecen haber sido creados mediante promesas explícitas entre los ciudadanos, y las promesas ficticias en contratos hipotéticos no confieren autoridad. Así que necesitamos una forma de entender el proceso de invención de la sociedad política que sea a la vez históricamente plausible y que genere autoridad para que este enfoque de la autoridad política tenga éxito. El truco para desarrollar tal explicación es, como se ha señalado por algún autor contemporáneo, buscar una actividad de consentimiento que no sea explícita, prometedora o abiertamente dirigida a algún gobernante, sino más bien implícita, no prometedora y dirigida a desarrollar lo que llamamos una «convención de gobierno», es decir, una convención que defina no sólo los cargos gubernamentales y los titulares de los mismos, sino también la naturaleza de la autoridad que tienen los que ocupan los cargos. Esta actividad consensuada puede adoptar diversas formas, por lo que para buscarla debemos comprender, a un nivel básico y abstracto, su forma de creación de convenciones. También tratamos, en este texto, de aclarar lo que implica la actividad consentidora de un sujeto, que da lugar a una convención de gobierno; entonces, como mostramos, podemos utilizar este modelo para entender la dinámica de las historias reales de creación de Estados.

Importancia del Estado

Desde la época de Aristóteles hasta nuestros días, los filósofos han detallado los tipos de problemas sociales que podrían ser resueltos por una autoridad política que pudiera exigir obediencia. Una autoridad política legisla para resolver los problemas de coordinación y del dilema del prisionero en la comunidad (a través de las reglas de la propiedad, el contrato o el matrimonio, o de las reglas del derecho penal); adjudica los conflictos, hace cumplir la resolución de estos conflictos y hace cumplir la ley en general. En resumen, la mayoría de los filósofos entienden que la autoridad política es una autoridad que exige obediencia para garantizar el orden.
Todos los problemas de la teoría de los juegos y los problemas creados por el comportamiento antisocial son problemas de orden, que requieren una institución que permita a las personas lograr la coordinación, obtener la seguridad necesaria para que la cooperación sea racional, y proporcionar sanciones que fomenten el comportamiento cooperativo en situaciones en las que, de otro modo, sería irracional o, como mínimo, inoportuno. Aunque asegurar el orden en estos diversos sentidos no es, sin duda, la única tarea del Estado (y, de hecho, el objetivo de algunos textos de esta plataforma es reflexionar sobre otros propósitos del Estado), no obstante se suele asumir que esta tarea es necesaria para que podamos llamar a cualquier sistema de poder y autoridad un auténtico Estado.

Justicia Distributiva en el Ámbito Político

Este texto se ocupa de la justicia distributiva en el ámbito político. Los Estados se justifican en la medida en que son creados por convención por las personas de un territorio para cumplir ciertas funciones consideradas extremadamente importantes por razones morales y de interés propio. Este proceso de creación implica la invención de un tipo especial de autoridad y un considerable poder coercitivo que luego se invierte en esas personas que se dice que «componen» el Estado. Con este poder y esta autoridad, estos gobernantes desempeñan las funciones para las que se creó el Estado. Nuestro análisis también nos ha permitido distinguir entre lo que se llama propiamente «estados» y (meros) «sistemas de dominio». Las personas que son ciudadanos de estados desempeñan un papel en el mantenimiento (y tienen la suficiente libertad para emprender acciones colectivas para cambiar) la convención de liderazgo de su sociedad; los que están sujetos a sistemas de dominio son dominados mediante el uso de la tecnología que les deja relativamente impotentes para cambiar la forma de ese dominio mientras exista esa ventaja tecnológica. Pero, como hemos señalado, quizá todos los Estados tengan algunos elementos de dominio en su interior. No obstante, esta no es una respuesta plenamente satisfactoria para los anarquistas. Hay aspectos de la justicia en el que los desacuerdos son más graves y que ha sido la parte más dominante de la teoría política desde finales de los años sesenta: es decir, la justicia distributiva, que implica las reglas de propiedad e intercambio de bienes, el derecho de sucesiones, los impuestos (especialmente si se proponen con fines de redistribución de la riqueza) y las regulaciones sobre las instituciones que crean o utilizan la riqueza. Revisamos cuatro formas diferentes de definir la justicia distributiva: el utilitarismo, el contractualismo rawlsiano, el libertarismo y el igualitarismo. En vista de estos desacuerdos, no hay manera de que los ciudadanos de cualquier régimen de la tierra puedan estar unánimemente de acuerdo en que un régimen tiene un gran éxito en la realización de la justicia, ya que los partidarios de cualquiera de estos puntos de vista se opondrán a los Estados que no respalden su punto de vista favorito.

Alcance de la Justa Autoridad Política

Los marxistas también critican a los que hacen hincapié en la justicia distributiva, pero por razones muy diferentes a las de los comunitaristas. Karl Marx (1818-1883) argumentó que cualquier distribución de recursos en una sociedad está inevitablemente generada por la forma de organización económica de esa sociedad. En nuestra época esa forma de organización es el capitalismo, y Marx argumenta que el capitalismo opera para generar grandes desigualdades de riqueza (y bienestar) debido a la forma en que los mercados y las empresas capitalistas operan para favorecer a los propietarios y perjudicar a los trabajadores. En «El Capital», Marx incluso propone una teoría económica basada en la «teoría del valor del trabajo» (popular en el siglo XIX pero ahora ampliamente rechazada por los economistas) para tratar de mostrar cómo la explotación del trabajador en este sistema es inevitable. Por otro lado, y en relación a la teoría feminista, si las preferencias de las personas son creadas en parte por un sistema injusto de dominación, entonces una teoría de la justicia distributiva que simplemente satisface esas preferencias sin evaluarlas o tratar de corregir las fuerzas opresivas que las generan también es moralmente insatisfactoria.

Igualitarismo Político

Este texto se ocupa del igualitarismo político. Hay dos respuestas destacadas en las teorías igualitarias modernas: igualdad de bienestar e igualdad de recursos. El igualitarismo del bienestar es popular entre aquellos que se sienten atraídos por la visión del utilitarismo de que el bienestar humano es, en última instancia, la característica moralmente más importante de una comunidad a la que el Estado debe prestar atención, pero que quieren trazar un camino para que el Estado persiga el bienestar no de una manera «agregada», sino de una manera más sensible a las particularidades de los individuos. Sin embargo, esta forma de formular una visión igualitaria plantea algunos problemas graves. Muchos igualitaristas hayan seguido a Ronald Dworkin en la defensa del «igualitarismo de los recursos», que haría que el Estado igualara los recursos (tal vez definidos según algo parecido a los bienes primarios de Rawls), no el bienestar. Pero Dworkin argumenta que es interesantemente difícil distribuir los recursos «equitativamente» de una manera que sea genuinamente justa. No es tan sencillo como dar la misma cantidad de recursos a cada persona y utilizar el Estado para supervisar las transferencias para garantizar que sigan siendo las mismas. En cambio, lo que Dworkin quiere defender es una forma de distribuir los recursos que, aunque no dé lugar a que todo el mundo tenga exactamente la misma cantidad, deje a cada persona satisfecha con su suerte y sea capaz de asumir la responsabilidad de cómo satisfacer sus gustos y asegurar su bienestar. Para aclarar su concepción de la igualdad, Dworkin propone un experimento mental similar al enfoque contractualista para definir la justicia.

Libertarismo de Nozick

Este texto se ocupa del libertarismo de Roberto Nozick. La preocupación última de Nozick es la forma en que las concepciones de estado final y de patrón interfieren con la libertad. En cierto sentido, está de acuerdo con la importancia y la prioridad del primer principio de justicia de Rawls, pero, en opinión de Nozick, ese primer principio, que exige la misma libertad para todos, tiene implicaciones para el tipo de concepción de la justicia que puede respaldar una sociedad amante de la libertad. Debe ser una que permita a las personas la máxima (e igual) libertad para hacer con su propiedad lo que decidan hacer, sin estar sujetos a la interferencia del Estado. De ahí que Nozick esté a favor de un principio histórico de justicia, es decir, uno que atribuya a alguien un derecho de propiedad sobre un objeto en función de la historia de la adquisición de ese objeto por parte de esa persona, y no en función de si su posesión se ajusta a algún tipo de patrón. Ha habido muchas críticas a los puntos de vista libertarios en general y a la versión del libertarismo de Nozick en particular, algunas de ellas apasionadas. La crítica más obvia y popular ha sido a la noción libertaria de los derechos: ¿Por qué deberíamos pensar que la moral exige que concedamos a las personas unos derechos tan absolutos? ¿Cómo se puede pensar que los derechos se imponen de forma tan decisiva a todas las consideraciones sobre el bienestar de los demás en la comunidad? ¿Nozick realmente nos haría resistirnos a los derechos «absolutos» incluso si su respeto provocara un desastre para la comunidad en general? Además, ¿qué pasaría si la economía floreciera mejor si el Estado interfiriera en la economía de mercado (y, por tanto, en la actividad de transferencia de los individuos a través de contratos, etc.), por ejemplo, a través de la legislación antimonopolio?

Utilitarismo en la Filosofía Política

La teoría del utilitarismo fue esbozada por el filósofo inglés Jeremy Bentham (1748-1832), que pretendía proporcionar una teoría política para que el Parlamento británico y otros gobiernos la utilizaran en la construcción de una legislación sólida y racional. Bentham estaba descontento con (lo que él consideraba) el carácter sin rumbo y «no científico» del proceso legislativo de su época y criticaba la idea de que una legislación significativa y genuinamente reformadora pudiera basarse en la idea tradicional (y en su opinión oscura) de los «derechos». (En una ocasión comentó: «Los derechos naturales son un simple disparate: los derechos naturales e imprescriptibles, un disparate retórico, un disparate sobre zancos»). El principio de utilidad de Bentham, ya sea en su forma clásica o media, ha sido persistentemente atractivo para generaciones de políticos, legisladores y teóricos desde que lo promulgó. No sólo es sencillo y aparentemente «científico» en el sentido de que se le puede dar una formulación matemática (complaciendo así a los científicos sociales que desean tener fundamentos claros y rigurosos para la formulación de políticas), sino que también se ocupa centralmente de lo que muchos consideran el núcleo de la moralidad, a saber, el bienestar humano. También ha sido muy atractivo para los defensores del Estado del bienestar moderno, a quienes les gusta la idea de un gobierno activo en la ingeniería de las instituciones sociales utilizando un principio de razonamiento riguroso que se ocupa de lo que (al menos se puede decir) más importa en cuestiones de justicia, es decir, el bienestar humano. Sin embargo, el principio de utilidad ha sido fuertemente atacado, de modo que a lo largo de los años los defensores de ese principio han sentido la necesidad de modificarlo o redefinirlo para hacerlo plausible.

Teoría de la Justicia de John Rawls

Este texto se ocupa de «La Teoría de la Justicia» de John Rawls, una obra fundamental en la filosofía jurídica y en la filosofía política. En 1971 John Rawls publicó su obra «Una teoría de la justicia», y la filosofía política no ha vuelto a ser la misma desde entonces.
Rawls no sólo sentó las bases para una reconsideración a gran escala de la naturaleza de la justicia distributiva por parte de los filósofos críticos con el utilitarismo (véase más), sino que también dio nueva vida a la disciplina de la filosofía política, que estaba en gran medida moribunda en el mundo angloamericano en la primera mitad del siglo XX. Influido por la agitación política de los años 60, la visión de Rawls del Estado justo tiene un espíritu profundamente igualitario que muchos han encontrado convincente. Rawls argumenta que las partes se encuentran en una situación de incertidumbre porque no pueden estimar la probabilidad de que sean ricos o pobres, con talento o sin él, etc. Por lo tanto, dice Rawls, tienen que elegir como si pudieran acabar siendo los miembros menos favorecidos de su sociedad, de modo que querrían aquella concepción de la justicia que les diera el mejor trato en ese escenario. Aquí se desarrolla su argumento, en especial en relación a la justicia distributiva.

Liberalismo en Filosofía Política

Podemos distinguir dos tipos destacados de liberalismo en función de cómo conciben la libertad: El primero la concibe de la forma inicialmente sugerida por Locke, el segundo de la forma inicialmente sugerida por Rousseau. La razón es la herramienta con la que gobierna el Estado liberal. Cualesquiera que sean las opiniones religiosas, morales o metafísicas de las personas, se espera que traten entre sí en el ámbito político mediante argumentos racionales y actitudes razonables, y los argumentos legitimadores dirigidos a los individuos para procurar su consentimiento deben basarse en la razón.

Derecho de Secesión

Este texto se ocupa del derecho de secesión, especialmente en un marco político. Un peligro inherente a cualquier sociedad política con más de un grupo englobado, cada uno de los cuales ocupa una porción de territorio (más o menos) distinta en esa sociedad, es que uno de estos grupos intente separarse de la entidad mayor. La cuestión de la secesión generó una guerra civil en Estados Unidos en el siglo XIX y en nuestros días amenaza con desgarrar -o ya lo ha hecho- muchas sociedades multiculturales, como Canadá, la antigua Yugoslavia y Etiopía. ¿Cuándo está justificada la secesión? ¿Cuándo debe el grupo mayor luchar por mantener al grupo secesionista dentro de su sistema de gobierno, y cuándo debe estar preparado para dejar que el grupo secesionista se vaya? Puede parecer que la respuesta que alguien da a esta pregunta depende de si considera que la pertenencia a su Estado está basada en el consentimiento. Después de todo, si la pertenencia de cada individuo está en función de su consentimiento (dado tácita o expresamente) y es algo a lo que puede renunciar a voluntad, ¿por qué no puede un grupo de individuos salir del Estado, llevándose consigo el territorio en el que viven, renunciando colectivamente a su consentimiento al Estado y estableciendo consensuadamente una nueva política?

Gobernados

¿Por qué funciona un sistema político si la gente que gobierna el Estado es, en última instancia, la que le da poder y lo autoriza? Si las personas necesitan un Estado porque se inclinan a ser injustas, codiciosas, propensas a la violencia cuando se pelean con sus semejantes, y parciales en su propio caso, entonces ¿cómo puede sobrevivir cualquier Estado si esas mismas personas son las que, mediante convención, crean y mantienen los Estados que las gobiernan? Algunos autores han llamado a esto la paradoja de ser gobernado. Los radicales socialistas de principios del siglo XX tenían razón cuando se referían a los votos como «piedras de papel». Nuestros «representantes» elegidos no nos representan en ningún sentido literal, como si estuviéramos gobernando «a través de ellos». Esto no tiene sentido. Ellos gobiernan y nosotros no. Pero como podemos privarles fácilmente del poder -destituirles, si se quiere- a ciertos intervalos regulares, tienen (al menos teóricamente) el incentivo de gobernar de una manera que responda a nuestros intereses. Al igual que cualquier otro empleado, si quieren mantener su puesto de trabajo deben trabajar para satisfacer a su empleador.

Consentimiento de los Gobernados

Una renovada demanda de consentimiento explícito podía provocar una agitación radical; incluso si los gobernantes que instituían tales reformas estaban igualmente deseosos de forjar nuevos hábitos de deferencia y crear una nueva cultura de obediencia política por defecto. En su libro «Sobre el contrato social», Rousseau atacó la forma británica del llamado gobierno «representativo» como un fraude y una farsa. En el mismo libro, Rousseau imaginó reuniones anuales de la ciudadanía en las que el pueblo en asamblea sometería a votación dos simples preguntas: «¿Le parece bien al soberano conservar la forma actual de gobierno?» y «¿Le parece bien al pueblo dejar la administración en manos de los actuales responsables? «. A medida que surgían las naciones, sus gobernantes necesitaban algo más que la capacidad de castigar a la gente para mantener sus países unidos. Necesitaban que sus ciudadanos sintieran lealtad hacia la nación, y también necesitaban que la gente aceptara su gobierno como legítimo. En Europa, algunos filósofos y reyes reivindicaron la idea del «derecho divino», afirmando que, al igual que Dios había dado a los sacerdotes y predicadores autoridad sobre las iglesias, otorgaba a los reyes y otros miembros de la realeza -así como a sus descendientes- el control sobre las naciones. No es de extrañar que los descendientes de la realeza se adhirieran a esta idea. Si la gente creía que los gobernantes eran designados por Dios, sería menos probable que se rebelaran y más probable que obedecieran.

Actores Internacionales

El Estado ha sido considerado durante mucho tiempo como el actor más importante en la escena mundial, la «unidad» básica de la política global. Su predominio se deriva de su jurisdicción soberana. Como los Estados ejercen un poder indiscutible dentro de sus fronteras, operan, o deberían operar, como entidades independientes y autónomas en los asuntos mundiales. Sin embargo, el Estado está amenazado, quizás como nunca antes. En particular, la globalización, en sus formas económicas y políticas, ha conducido a un proceso de retroceso del Estado, llegando a conformar lo que algunos llaman el Estado post-soberano. Otros, sin embargo, sostienen que las condiciones de flujo y transformación subrayan que la necesidad del orden, la estabilidad y la dirección que (posiblemente) sólo el Estado puede proporcionar es mayor que nunca. ¿Están los Estados en declive, o están en un proceso de renacimiento?

Teoría del Estado

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Estado Unitario

Algunas descripciones que se han llevado a cabo en relación al Estado unitario han sido las siguientes: Llamado también simple, es aquel que se encuentra organizado de acuerdo con un sistema de centralización, en el que los poderes del Estado (legislativo, ejecutivo y judicial) son […]

Estado Moderno

El siglo XV marcó el fin del viejo orden feudal en Europa y el ascenso de las monarquías autoritarias, que centralizaron el poder y perfilaron las bases del Estado-nación (Estado en el que la población tiene una identidad nacional compartida, basada normalmente en la misma lengua, religión, tradiciones, e historia) a partir de profundas reformas políticas, administrativas y militares. Esclarecer los conflictos civiles-eclesiásticos en la sociEdad Moderna ha sido difícil, como indican las controversias existentes entre los expertos con respecto a una serie de temas diversos.

Teoría Centrada en el Estado

Teoría Centrada en el Estado en Sociología Teorías de desarrollo que sostienen que las políticas gubernamentales apropiadas no interfieren con el desarrollo económico, sino que más bien pueden desempeñar un papel clave en su consecución.

Revisor: Lawrence

Derecho Parlamentario

Según el Diccionario Jurídico Espasa, Derecho Parlamentario significa o hacen referencia al conjunto de normas que determinan la organización y funcionamiento de las Cámaras parlamentarias. Estas normas pueden contenerse en prácticas observadas consuetudinariamente por el Parlamento o […]

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Introducción: Estado (poder Público) Concepto de Estado (poder Público) en el ámbito del objeto de esta plataforma online: Concepto cuya expresión concreta es el gobierno de una Nación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Cuerpo político de una Nación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Concepto de la más amplia expresión de la Administración Pública […]

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Confederación: Introducción al Concepto Jurídico De acuerdo con Eduardo Jorge Arnoletto: En su significado genérico, es un sinónimo aproximado de asociación (como en Confederación General del Trabajo). En su significado específico, designa un tipo de asociación entre estados, más estrecha […]

Supremacía Parlamentaria

La doctrina de la supremacía parlamentaria se denomina a menudo soberanía parlamentaria. La soberanía puede definirse para los propósitos presentes como la posesión de poder legal ilimitado dentro de una comunidad, aunque el término se usa a veces simplemente para significar la autoridad legal más alta, por ejemplo el jefe de estado. La soberanía también significa la independencia de un estado en el derecho internacional. Estos significados no están necesariamente relacionados. Un estado puede ser un estado soberano internacionalmente pero sin un único soberano interno. No hay ninguna razón lógica por la que deba haber un único soberano dentro de un Estado con poderes ilimitados, aunque la justificación hobbesiana del Estado, la de mantener el orden, apunta a la ventaja práctica de una autoridad final dentro de cualquier comunidad. Algunas teorías de la ley explican un sistema legal como una jerarquía trazable a un único principio último o ‘grundnorm’ (según la obra de Kelsen de 1961). Por ejemplo, en el caso de los EE.UU., «la Constitución de 1788 debe ser obedecida» podría ser considerada como la 2grundnorm». Por lo tanto, una revolución produce un cambio en la grundnorm. Algunos enfoques consideran que la validez de la grundnorm se basa en una actitud social de obediencia a un hipotético primer principio. En el caso del Reino Unido, la ausencia de un evento de nacimiento constitucional definitivo hace que esto sea especulativo. La grundnorm podría ser, por ejemplo, que ‘la voluntad de los revolucionarios de 1688 será obedecida’ o podría estar basada en la ley común (el derecho común). En algunos estados, ideas como la transmisión por parte de una deidad o la supuesta voluntad del pueblo pretenden distinguir entre las grundnorms válidas y las inválidas.

Estado Dual

El Dr. Fraenkel, que ejerció la abogacía en la Alemania anterior a Hitler, encuentra que el régimen nazi consiste, de hecho, en dos estados distintos: uno «normativo», el otro «prerrogativa». En el primero, la burocracia administrativa y judicial opera de acuerdo con normas; en el segundo, el Partido, y más particularmente la Gestapo, opera libre de cualquier restricción legal definitiva. La segunda, por supuesto, posee un poder completo para reemplazar arbitrariamente a la primera en cualquiera o en todos los puntos. También se examina el estado dual en Rusia y Japón. Se examinan e identifican dos elementos fundamentales -desarrollo y distribución- que sentaron las bases de la estabilidad política de los países que sufrieron la destrucción de la guerra.

Teorías del Estado

Enrique Ahrens En la Enciclopedia Jurídica Ahrens se hace mención al Concepto y Origen del Estado del siguiente modo: Recibe el Derecho en diversas formas, y singularmente en las costumbres y leyes, una posición y desenvolvimiento social. Como fin permanente de la vida, necesita además de […]

Relación del Derecho Constitucional con la Teoría del Estado

Relación del Derecho Constitucional con la Teoría del Estado Nota: véase también Teoría del Derecho Constitucional y la Teoría constitucional del estado social de derecho. Teoría del Estado y Derecho Constitucional: el caso de la Constitución de Weimar La nueva legitimidad Desde el momento en que comenzaron las deliberaciones constitucionales, a más tardar, el campo … Leer más

Estado Liberal Gendarme

Estado gendarme o liberal La célebre Ley Chapilier, típicamente liberal, prohibía toda clase de asociación, creyendo proteger, en esa forma, la originaria condición libérrima de los hombres. En esta enciclopedia encontrará información sobre el liberalismo como teoría del Estado y sobre el […]

Historia de la División de Poderes

Historia de la División de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial Antecedentes históricos Algunos pensadores de la Antigüedad se preocuparon ya de la división del poder y en sus escritos hicieron alusiones más o menos concretas al asunto. Tal fue el caso de Aristóteles, Cicerón y […]

Harold Laski

Harold Laski es de los pocos teóricos del Estado en el mundo anglo-sajón que, desde John Stuart Mill, merece ser recordado. Sus teorías se desenvuelven en el tránsito del pensamiento liberal a la acción de tipo socialista. Fue miembro de la renombrada Fabian Society aunque renunció a su […]

Concepto de Estado de Derecho

Visión estándar de la concepción jurídica del Estado La visión prevalente sobre el Estado de Derecho estima que, a lo sumo, el Estado habría comenzado a configurarse, embrionariamente, una vez pasada la época medieval, por lo que difícilmente podría hablarse de una «teoría racional del […]