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Historia del Nacionalismo

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Historia del Nacionalismo

Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] Véase Características del Nacionalismo.

Nacionalismo y nación

Es interesante, sobre el particular, el siguiente extracto de un influyente escritor sobre el nacionalismo, Anthony Smith:

Quiero exponer brevemente tres argumentos que, en conjunto, sugieren tanto una defensa cualificada del orden plural de las naciones como la improbabilidad de una pronta superación de las naciones y el nacionalismo. Estos argumentos son: que el nacionalismo es políticamente necesario; que la identidad nacional es socialmente funcional; y que la nación está históricamente arraigada.

… [Las] naciones y los nacionalismos siguen siendo necesidades políticas porque solo ellos pueden fundamentar el orden interestatal en los principios de la soberanía popular y en la voluntad del pueblo, sea cual sea su definición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Sólo el nacionalismo puede asegurar el asentimiento de los gobernados a las unidades territoriales a las que han sido asignados, a través de un sentido de identificación colectiva con las comunidades culturales históricas en sus “patrias”. Mientras cualquier orden mundial (o global) se base en un equilibrio de Estados en competencia, el principio de la nacionalidad será el único punto de legitimación y foco de movilización popular ampliamente aceptado.

… La identidad nacional, en contraposición a otros tipos de identidad colectiva, es preeminentemente funcional para la modernidad, siendo adecuada a las necesidades de una amplia variedad de grupos sociales e individuos en la época moderna … [Al ensayar los ritos de fraternidad en una comunidad política en su patria a intervalos periódicos, la nación comulga y se adora a sí misma, haciendo que sus ciudadanos sientan la fuerza y el calor de su identificación colectiva e induciendo en ellos una mayor autoconciencia y reflexividad social. …

Otros Elementos

Además, el sentido de la identidad nacional es a menudo lo suficientemente poderoso como para engendrar en muchos, si no en la mayoría, de los ciudadanos un espíritu de sacrificio en nombre de la nación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Esto es especialmente cierto en las crisis y en los tiempos de guerra. … Tal auto-sacrificio a esta escala es inimaginable para cualquier otro tipo de identidad cultural colectiva y comunidad en nuestra época, excepto quizás para unas pocas comunidades religiosas, y es el poder singular de la nación para provocar el sacrificio masivo lo que la ha convertido tan a menudo en objeto de demagogos sin escrúpulos.

… No se trata simplemente de la integración de la nación tal y como se conoce hoy en día, sino que su destino también debe su significado y dirección a las sucesivas interpretaciones del pasado étnico. Es esta vinculación de la etnohistoria con el destino nacional lo que funciona más poderosamente para mantener y preservar un mundo de naciones. La nación moderna se ha convertido en lo que las comunidades etnorreligiosas fueron en el pasado: comunidades de historia y destino que confieren a los mortales un sentido de inmortalidad a través del juicio de la posteridad, en lugar de a través del juicio divino en una vida posterior.

(Anthony Smith, Nations and Nationalism in a Global Era, Cambridge: Polity, 1995, pp. 153-9)

Nacionalismo en el Siglo XIX

Durante las décadas de 1830 y 1840 fueron las ideas del nacionalismo las que tuvieron un impacto mayor y más perturbador. Es habitual definir el nacionalismo como la demanda de un estado en respuesta a la voluntad soberana de un determinado pueblo, pero muchos nacionalistas de la primera mitad del siglo XIX no llegaron, ni mucho menos, a abrazar este principio radical. Algunos sí que intentaron liberar a su nación del yugo extranjero. Los más persistentes en este sentido fueron los polacos, que pretendían la independencia de la Rusia zarista, del imperio de los Habsburgo y del reino de Prusia, que en el siglo XVIII se habían repartido entre los tres el estado disfuncional de Polonia.Si, Pero: Pero casi todos los demás nacionalistas de este tipo solo pretendían una mayor autonomía dentro de una estructura política más grande, o simplemente el reconocimiento oficial de su lengua y su cultura.Entre las Líneas En la monarquía de los Habsburgo grupos nacionales distintivos, como los checos y los húngaros, entrarían dentro de esta categoría; ninguno de ellos hizo activamente campaña por la disolución de la propia monarquía.Entre las Líneas En Finlandia, el movimiento de los fenómanos, capitaneado por Johan Vilhelm Snelmann (1806-1881), profesor universitario y filósofo que defendía el uso en las escuelas del finés, en vez del sueco (aunque él hablaba solo esta última lengua), no llegó nunca a plantear ninguna exigencia de independencia de Rusia. Un segundo tipo de nacionalismo pretendía la unificación de una sola nación dividida en varios estados independientes distintos —particularmente italianos y alemanes—, y en este caso la exigencia desde el primer momento fue la de una soberanía completa. Naturalmente, estas categorías no eran enteramente diferentes unas de otras. Unificar Italia significaba librarse del yugo austríaco en el norte de la península; y unificar Alemania significaba llegar a un acuerdo con Dinamarca y en particular con la monarquía de los Habsburgo, cada una de las cuales poseía parte de la Confederación Germánica, pero la mayoría de cuyo territorio y de cuyos habitantes estaba fuera de ella.

Aviso

No obstante, conviene no interpretar retrospectivamente las posteriores demandas de independencia e incluirlas en el nacionalismo incipiente de las décadas de 1830 y 1840. De hecho, antes de mediados de siglo el nacionalismo era para muchos tanto un medio de conseguir un fin como un fin en sí mismo, un medio de llevar a cabo una reforma política y constitucional de corte liberal frente al ordenamiento conservador impuesto por la Santa Alianza y el régimen policial de la Confederación Germánica bajo la férula del príncipe de Metternich.

Estados Unidos de Europa

Tampoco sería prudente atribuir a las décadas de 1830 y 1840 la ulterior agresividad y el egoísmo del nacionalismo europeo. Giuseppe Mazzini, el nacionalista europeo más famoso de su tiempo, creía en unos Estados Unidos de Europa, compuestos por pueblos libres e independientes en una asociación voluntaria de unos con otros. La desunión de las insurrecciones urbanas de 1831 en el norte de Italia y su fácil supresión a manos de los austríacos lo convencieron de que los carbonarios, a los que él mismo pertenecía, tenían que ser sustituidos por un movimiento verdaderamente nacional, dedicado sobre todo a organizar la expulsión de los austríacos de la península. Durante su estancia clandestina en Marsella fundó una asociación llamada la Joven Italia, posiblemente a imitación del movimiento literario de la Joven Alemania, fundado poco antes. Pese a sus rasgos conspirativos, la Joven Italia tenía un programa claro: la unificación de Italia sobre una base democrática y republicana. La organización elaboraba también listas de miembros, cobraba suscripciones y utilizaba un servicio de correos para mantener en contacto unos con otros a los integrantes del movimiento dispersos por las distintas ciudades del país. Muy pronto los miembros de la Joven Italia podían contarse por miles, inspirados por las infatigables campañas de Mazzini, su incesante producción de opúsculos, y el hecho de que, al parecer, era «el ser más hermoso, varón o hembra», que, según decían, habían visto las personas que lo conocían. Metternich proclamó que todo aquel que perteneciera a la organización sería condenado a la pena de muerte. [rtbs name=”muerte”] [rtbs name=”pena-de-muerte”] [rtbs name=”pena-capital”] A comienzos de 1833, Garlos Alberto, el rey de Piamonte-Cerdeña, mandó ejecutar públicamente a doce oficiales del ejército implicados en un complot que pretendía llevar a cabo una insurrección militar bajo la influencia de Mazzini. Este mismo fue condenado a muerte in absentia y la sentencia fue leída públicamente delante del domicilio de su familia en Génova. Metternich consiguió que lo expulsaran de Francia, pero Mazzini siguió dirigiendo la Joven Italia desde Suiza. El líder nacionalista centró entonces sus numerosas conspiraciones en el Piamonte: en una de ellas, como tantas otras delatada a las autoridades del reino, participó un joven oficial de la armada, Giuseppe Garibaldi, que se había unido a la Joven Italia tras conocer a un miembro de la organización en una expedición comercial al mar Negro. Condenado igualmente a muerte in absentia, Garibaldi huyó a Sudamérica, donde participó en la guerra de los Farrapos de Brasil, antes de luchar en la guerra civil uruguaya.

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Mazzini y Nacionalismo

Por medio de la correspondencia, que a partir de 1837 mantendría desde Londres, Mazzini creó distintos movimientos nacionales bajo la égida de la Joven Italia: la Joven Austria, la Joven Bohemia, la Joven Ucrania, el Joven Tirol; incluso durante un breve período surgió la Joven Argentina. La Joven Polonia desempeñó un papel significativo en la insurrección de 1830. La organización más duradera e importante de este estilo fue la Joven Irlanda, término utilizado en tono despectivo por la prensa inglesa para referirse a un movimiento fundado en 1840 por Daniel O’Gonnell (1775-1847); esta organización no tenía nada que ver con Mazzini, que no pensaba que Irlanda tuviera que ser independiente; renunciaba a la violencia y a la insurrección, y su objetivo no era la creación de una nueva nación, sino el rechazo de la Ley de Unión [Union Act] aprobada por Inglaterra en 1800.Si, Pero: Pero a través de las organizaciones que sí que fundó, Mazzini logró cambiar los términos y las tácticas del nacionalismo. Los nacionalistas habían aprendido a coordinar sus esfuerzos dentro de cada país en particular, y además en su discurso había ahora una buena dosis de realismo, lo que hizo que todos, salvo los polacos, reconocieran que era harto improbable que las insurrecciones triunfaran por sí solas, y que la formación de sociedades secretas no conducía a ninguna parte: los nacionalistas necesitaban un programa y una organización formal, provista de un aparato de propaganda con el fin de conseguir apoyo democrático.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Oposición del Imperio de los Habsburgo

Bajo el liderazgo (véase también carisma) de Metternich, el imperio de los Habsburgo seguía siendo el principal obstáculo en la senda de los movimientos nacionalistas de Italia, Bohemia, Alemania, Hungría y —-junto con Rusia y Prusia— de Polonia. Austria se había puesto a la cabeza de los estados europeos para derrocar a Napoleón; durante treinta años, de 1815 a 1845, el dominio austríaco de Europa fue incuestionable. Tras la abolición (nota: el abolicionismo es una doctrina contra la norma o costumbre que atenta a principios morales o humanos; véase también movimiento abolicionista y la abolición de la esclavitud en el derecho internacional) llevada a cabo por Napoleón I de órganos legislativos tradicionales tales como los Estamentos [Landstande] de corte feudal, pocas salidas le quedaban al descontento popular. El emperador Francisco I se negó a introducir cualquier tipo de arreglo constitucional en sus dominios del norte de Italia. «Mi imperio —comentó — se parece a una casa destartalada. Si quiere uno demoler un trocito, nunca se sabe cuánto de ella se vendrá abajo».Entre las Líneas En la Italia central, Gregorio XVI, elegido papa en 1831, gobernaba los Estados Pontificios a través de una milicia de «centuriones» que sofocaban cualquier crítica de la corrupción y la ineficacia de su administración. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Tan caótica era la situación en sus dominios que el gobierno papal no fue ni siquiera capaz de preparar unos presupuestos del Estado durante los últimos diez años de su pontificado.Entre las Líneas En Piamonte-Cerdeña, durante toda la década de 1830 y la primera mitad o más de la de 1840, el miedo a las conspiraciones y a la revolución obligó a Garlos Alberto a permanecer al lado de los austríacos en el norte de Italia.Si, Pero: Pero el rey de Piamonte era más pesimista a largo plazo. «La gran crisis —decía en una carta en 1834— solo puede aplazarse más o menos, pero indudablemente llegará».

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Fuente: la lucha por el poder (todos los títulos son nuestros)

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