Jean-Paul Sartre
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Su Vida y su Obra
Jean-Paul Sartre (1905-1980), filósofo, dramaturgo, novelista y periodista político francés, uno de los principales representantes del existencialismo.
[1]El ser y la nada
En su primera obra filosófica, El ser y la nada (1943), Sartre concebía a los humanos como seres que crean su propio mundo al rebelarse contra la autoridad y aceptar la responsabilidad personal de sus acciones, sin el respaldo ni el auxilio de la sociedad, la moral tradicional o la fe religiosa. Al distinguir entre la existencia humana y el mundo no humano, mantenía que la existencia de los hombres se caracteriza por la nada, es decir, por la capacidad para negar y rebelarse. Su teoría del psicoanálisis (véase sobre el enfoque de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, el psicoanálisis en la filosofía, el modelo de psicoanálisis, la teoría del psicoanálisis, la psicología y la terapia psicoanalítica) existencial afirmaba la ineludible responsabilidad de todos los individuos al adoptar sus propias decisiones y hacía del reconocimiento de una absoluta libertad de elección la condición necesaria de la auténtica existencia humana. Las obras de teatro y novelas de Sartre expresan su creencia de que la libertad y la aceptación de la responsabilidad personal son los valores principales de la vida y que los individuos deben confiar en su poder creativo más que en la autoridad social o religiosa.
Crítica de la razón dialéctica
En su última obra filosófica, Crítica de la razón dialéctica (1960), Sartre trasladó el énfasis puesto en la libertad existencialista y la subjetividad por el determinismo social marxista. Afirmaba que la influencia de la sociEdad Moderna sobre el individuo es tan grande que produce la serialización, lo que él interpreta como pérdida de identidad y que es equiparable a la enajenación marxista. El poder individual y la libertad solo pueden recobrarse a través de la acción revolucionaria colectiva.
Jean-Paul Sartre: Pensamiento y obra
Las obras filosóficas de Sartre conjugan la fenomenología del filósofo alemán Edmund Husserl, la metafísica de los filósofos alemanes Georg Wilhelm Friedrich Hegel y Martin Heidegger, y la teoría social de Karl Marx en una visión única llamada existencialismo. Este enfoque, que relaciona la teoría filosófica con la vida, la literatura, la psicología y la acción política suscitó un amplio interés popular que hizo del existencialismo un movimiento mundial.
Vida
Nacido en París el 21 de junio de 1905, estudió en la Escuela Normal Superior de su ciudad natal, en la Universidad de Friburgo (Suiza) y en el Instituto Francés de Berlín (Alemania). Fue profesor de Filosofía en varios liceos desde 1929 hasta el comienzo de la II Guerra Mundial, momento en que se incorporó al Ejército. Desde 1940 hasta 1941 fue prisionero de los alemanes; después de su puesta en libertad, dio clases en Neuilly (Francia) y más tarde en París, y colaboró con la Resistencia francesa.
Pormenores
Las autoridades alemanas, desconocedoras de sus actividades clandestinas, permitieron la representación de su obra de teatro antiautoritaria Las moscas (1943) y la publicación de su trabajo filosófico más célebre El ser y la nada (1943).
Abandonó la actividad docente en 1945 y fundó, con Simone de Beauvoir entre otros, la revista política y literaria Les Temps Modernes, de la que fue editor jefe. Se le consideró un socialista independiente después de 1947, crítico tanto con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) como con Estados Unidos en los años de la Guerra fría.Entre las Líneas En la mayoría de sus escritos de la década de 1950 están presentes cuestiones políticas, incluidas sus denuncias sobre la actitud represora y violenta del Ejército francés en Argelia. A pesar de su llamamiento a la actividad política desde ópticas marxistas, Sartre no se afilió al Partido Comunista Francés, y así conservó la libertad para criticar abiertamente las intervenciones militares soviéticas en Hungría (1956) y en Checoslovaquia (1968). Rechazó el Premio Nobel de Literatura que le fue concedido en 1964, y explicó que si lo aceptaba comprometería su integridad como escritor. Falleció el 15 de abril de 1980 en París.
Otras obras
Otros textos de Sartre son las novelas La náusea (1938) y la serie narrativa inacabada Los caminos de la libertad, que comprenden La edad de la razón (1945), El aplazamiento (1945) y La muerte en el alma (1949); una biografía del controvertido escritor francés Jean Genet, San Genet, comediante y mártir (1952); las obras teatrales A puerta cerrada (1944), La puta respetuosa (1946) y Los secuestradores de Altona (1959); su autobiografía, Las palabras (1964); y una biografía del autor francés Gustave Flaubert, El idiota de la familia (3 vols., 1971-1972) entre otros muchos títulos.
Jean-paul Sartre en Relación a Filosofía
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] Pensamiento. Las primeras obras de Sartre se encuadran explícitamente en el marco de la filosofía fenomenológica de Husserl (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general); pretenden ser aplicaciones de la fenomenología (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) a diferentes esferas de la psicología. A este primer periodo de pensamiento pertenecen L’imagination (1935), Esquisse d’une théorie des émotions (1939) y L’imaginaire (1940). Su obra más importante, L’étre el le néant, aparece en 1943; no es ya un estudio parcial, como habían sido las anteriores obras, sino que aspira a configurar un sistema ontológico (es expresivo a este respecto el subtítulo de esta obra: Ensayo de una ontología fenomenológica). Tras la II Guerra mundial, Sartre se centra en problemas políticos o sociales, si bien esta preocupación por la política pretende ser una aproximación de la filosofía al mundo efectivo y concreto de la praxis, y particularmente al pensamiento marxista, aunque siempre desde una posición crítica y antidogmática; de ello se ocupa en su última obra de pensamiento, Critique de la raison dialectique (1960).
Las obras de Sartre anteriores a El ser y la nada pertenecen, pues, a la llamada psicología fenomenológica, expresión no exenta de ambigüedades. Una primera caracterización de estas obras puede ser la enérgica crítica que hacen al empirismo y naturalismo usuales en la psicología (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) experimentalista. La psicología, que se proclama a sí misma orgullosamente como científica, no es más que una heteróclita colección de hechos, y «si su única meta consiste en acumular conocimientos fragmentarios, nada hay que objetar; sólo que no vemos el interés de esta labor de coleccionista» (Esbozo de una teoría de las emociones, Intr.). Frente a la psicología empírica se hace necesaria una psicología eidética: eidética no en el sentido de que deje fuera de su consideración los hechos, sino justamente como la única manera de comprenderlos.Si, Pero: Pero hay que señalar, en el método fenomenológico que Sartre asume, que hace una «reducción», una puesta entre paréntesis del mundo, pues trata, en definitiva, de fundar la psicología en una filosofía del cogito: lo constitutivo del hombre sería ser una conciencia. Ello da cuenta del carácter peculiar de los actos específicamente humanos.
Detalles
Los actos humanos están recorridos y como vitalizados por una intención significativa, por una formación de sentido, por una «intencionalidad» (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) en el sentido husserliano.Entre las Líneas En Lo imaginario Sartre lleva a cabo un intento de ejercer esta psicología intencional en la esfera de la vida imaginativa (véase en esta plataforma: IMAGINACIÓN I, 4). La terminología es a veces ambigua o equívoca, fruto de su fenomenismo antiesencialista, de su modo de entender la inconmensurabilidad entre la esencia de las cosas y sus hechos, con su frecuente confusión de esencia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) con ser (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general); este equívoco está en la base de la antropología sartriana y le lleva a que aparezca ya aquí, en las páginas finales, un adelanto de sus complejas ideas de carácter antropológico-ontológico, más explicitadas en El ser y la nada.
La introducción a El ser y la nada intenta esclarecer el paso de la fenomenología a la ontología. Para Sartre la palabra «fenómeno» no remite a ningún ser que se ocultara tras él, a ningún «noumeno» kantiano o «cosa en sí»: «El fenómeno es absolutamente indicativo de sí mismo» (o. c., Intr., I).Si, Pero: Pero también dice que «el fenómeno de ser exige la transfenomenalidad del ser» (o. c., Intr., II); lo cual no significa para Sartre que esto nos envíe a un ser más allá de los fenómenos. El ser del fenómeno (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) sería coextensivo al fenómeno, pero escaparía a la condición fenoménica de este último.Entre las Líneas En su actitud fenomenológica, Sartre trata de rechazar, pues, todo idealismo que reduce el ser al conocimiento que de él se tiene, tal como se expresa, p. ej., en el célebre «esse est percipi» de Berkeley (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), aunque con una concepción peculiar del ser, evanescente y ambigua. Si se quiere llegar a una fundamentación del conocimiento, hay que abandonar la idea de la primacía del conocer. Lo primario de la conciencia, según S., no es el ser reflexiva, sino el ser posicional. La conciencia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) es siempre conciencia de algo. Ahora bien, es esencial a esa conciencia cognoscente el ser de alguna manera «consciente» de sí misma como «siendo ese conocimiento». Esta perpetua presencia a sí no debe confundirse con la reflexión. Se trata más bien de un cogito prerreflexivo, que es la condición del cogito cartesiano (véase en esta plataforma: DESCARTES I, 3). «Toda existencia consciente existe como conciencia de existir» (o. c., Intr., III).Entre las Líneas En sus complicados análisis de la conciencia hay diversos equívocos, y entre ellos parece se confunde incluso la conciencia moral con la conciencia psicológica o consciencia, como luego se verá.
Pero hay que establecer cómo se pone en relación la conciencia con «lo otro que ella». El ser que no es conciencia es llamado por Sartre el ser-en-sí, opaco, macizo, idéntico consigo mismo. Esta opacidad no alude a nuestra posición ante él; es una opacidad intrínseca; en el en-sí no hay un dentro que se oponga a un fuera. El ser-en-sí es el ser que es lo que es; y para Sartre éste no es, como suele pensarse, un enunciado analítico, sino sintético, regional: hay otro ser, en efecto, el ser de la conciencia, que no es lo que es, y que es lo que no es. Así, pues, en el ser-en-sí no cabe relación alguna con lo otro, no hay «alteridad». Por otra parte, de este ser no cabe hablar en términos de posibilidad o necesidad; de él sólo puede decirse simplemente que es; y a eso lo llama contingencia del ser-en-sí.Si, Pero: Pero tras esta descripción del ser que hace Sartre en dos regiones ontológicas fundamentales, el ser-para-sí y el ser-en-sí, queda aún el problema de la vinculación entre ambos. Para Sartre es esa relación la situación real: «Lo concreto es el hombre en el mundo» (o. c., Primera parte 1,1). Según él, hay que elucidar la relación hombremundo como un «concreto», y no a partir de los dos constituyentes como si éstos fueran de alguna manera previos. Para comprender esta relación del en-sí y el para-sí, hay que dejar de pensar a esto último como una especie de sustancia, como una res cogitans. La conciencia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) la concibe ahora como una constitutiva negatividad, como una nada. Ahora bien, si el único modo de ser posible para la nada reside justamente en no ser, resulta para Sartre que el para-sí no puede ser más que la superficie y como la orilla de lo en-sí.Si, Pero: Pero por otra parte, habla de la nada, no ya como la superficie del ser, sino más bien como algo que está en el seno mismo del ser. Hay así, en la articulación de estas dos maneras de pensar la nada, una notable ambigüedad.Entre las Líneas En la segunda manera de pensar la nada la considera ante una perspectiva dinámica: como capacidad de nihilización. Nihilizar sería para Sartre segregar en torno a sí una nada; y es esto lo que llama libertad.
La libertad es quizá el tema central de la antropología sartriana. La libertad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) no la entiende como una cualidad que se atribuye a la «esencia» del hombre, esencia que se daría como algo previo o ya dado. Frente a esta concepción «esencialista» del hombre, Sartre propone su tesis «existencialista». La relación entre la esencia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y la existencia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) es distinta en el hombre y en las cosas. La formulación usual de esta idea en Sartre es que en el hombre la existencia precede a la esencia. Esta posibilidad de hacerse a sí mismo, la libertad, no es una propiedad del hombre, según Sartre es su raíz. Son comprensibles las críticas que se han hecho a esta concepción de la libertad, que parece ignorar por una parte el innegable peso del pasado, del cuerpo, de las cosas en el comportamiento humano, y, por otra parte, la presencia de unas «constantes», de unos elementos esenciales en todos los hombres. Por la conexión sartriana de la libertad con la nada, la conciencia de ser libre se da primariamente en la experiencia de la angustia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
En el vértigo de la angustia el hombre se capta a sí mismo como el propio autor de sus actos; como algo sin apoyo, o bien, teniendo por base justamente «nada». Es así la libertad, según S., una pura indeterminación. Hay, pues, en Sartre una afirmación tajante de la libertad humana y al mismo tiempo, al «fundamentarla» de una manera negativa, con exclusión total de Dios creador del hombre,una afirmación de que esa libertad «es un absurdo en cuanto que está más allá de todas las razones» (o. c., 545). Tratar de salir de esa angustia y de ese absurdo es para él una forma «inauténtica» de vivir, es lo que llama «mala fe», lo que no deja de ser paradójico. ¿Qué pensar de estas complejas teorías sartrianas?; sirve de respuesta su propia conclusión: es un absurdo (véase en esta plataforma: LIBERTAD I, 4).Entre las Líneas En ningún momento se refiere Sartre al ser para-sí como un ser «eminente». La plenitud del ser para Sartre no se da en el para-sí, sino en el en-sí, en el mundo de las meras cosas, y explícitamente llega a calificar de «prejuicio muy difundido entre los filósofos» el atribuir a la conciencia la más alta dignidad del ser. Tal vez sea en esta inflexión de la meditación de Sartre donde toquemos más palpablemente su pesimismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
S. dedica extensos análisis en El ser y la nada a una modalidad esencial del ser humano: el ser-para-otro. Sartre enfrenta esta experiencia del prójimo, de una interioridad que no es la mía, intentando superar el «escollo» del solipsismo (sólo yo mismo). Para S., el primer momento de la relación con el prójimo está determinado por una pasividad: por la mirada del otro me siento como petrificado, cosificado.Entre las Líneas En cierto modo, la mirada me convierte en un en-sí. Ahora bien, si es cierto que la mirada del prójimo me objetiva, también lo es que así se me revela mi propia interioridad como no revelable, y de esta forma puedo captar la incaptable, la no-revelada subjetividad del prójimo.Entre las Líneas En todos los aspectos fundamentales de la realidad humana, Sartre ve siempre una condena al fracaso, una imposibilidad de plenitud. El hombre es «una pasión inútil». Y este pesimismo antropológico es correlativo de un pesimismo metafísico. Las conclusiones de El ser y la nada insisten en la imposibilidad de una totalidad indisoluble del en-sí y el para-sí.Entre las Líneas En el existencialismo de S., diferente en esto del de Heidegger o laspers, no se ve ninguna posibilidad de trascendencia. El mismo Heidegger le ha acusado de nihilismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
La última etapa del pensamiento de Sartre está caracterizada por una aproximación al marxismo, que no acaba de estar clara. Llega a decir que considera al marxismo como «la filosofía insuperable de nuestros tiempos» (Crítica de la razón dialéctica, 11).Entre las Líneas En la obra citada trata de establecer los límites de legitimidad de la razón dialéctica, como único medio de fundar una antropología filosófica, esto es, que comprenda al hombre en su totalidad. Lo que posibilita la unión de existencialismo y marxismo es, según S., que ambos se fundarían en la inconmensurabilidad del ser y el saber. De la misma manera que, según Kierkegaard (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), el saber de Hegel no «supera» la angustia concreta, asimismo, según Marx (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), el conocimiento de la alienación no es por sí mismo una superación de ésta. De manera que lo esencial del marxismo no residiría en un sistema metafísico tan discutible como el materialismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), tal como pretende configurarlo Engels (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) en el Anti-Duhring. El marxismo sería ante todo una filosofía de la praxis, y, por consiguiente, una filosofía de la historia. Y la Crítica de la razón dialéctica pretende ser una aportación a esa filosofía de la praxis.
Valoración crítica. La primera incongruencia del análisis sartriano está precisamente en la disolución del ser en la «totalidad de sus apariencias» (L’étre et le néant, 23). La segunda es la pretensión que inmediatamente manifiesta Sartre de fundar, partiendo de la anulación, la dualidad de percipiens y de percipi, de llegar -como dice él ingenuamente- en plein étre. Así se llega a un concepto de «conciencia» cuya existencia implica la esencia, y ésta -para S.- se identifica con el ser. Por eso leemos que la conciencia en su actuarse pone por sí misma necesariamente el ser del otro (o. c., 23). Proceder enteramente gratuito respecto de las premisas de que deriva, dado que el mero fenómeno es pura apariencia, sucesión caleidoscópica de manifestaciones irrelativas e irreales. Apenas surge una relación, ya está reivindicando una estructura, y toda estructura tiene como fundamento algo positivo. Esto positivo tendrá mas o menos consistencia, será objeto de las vicisitudes del devenir, pero no puede dejar de ser positivo. La negación no puede ser el inicio de nada, porque el «no» no es y nada dice si está al principio. Sólo cuando se sitúa en segundo lugar -y así piensan Kierkegaard, Heidegger y el mismo Hegel- puede la negación significar y revelar el ser del ente.
Una segunda incomprensión, no menos grave que la anterior y de derivación hegeliana también, es la determinación del ser como pour soi=conciencia y en-soi= =mundo exterior. Es verdad que están referidos, según se ha visto, por la definición (gratuita) de la conciencia como relación al ser del mundo; pero luego tal relación se determina -o mejor se vuelve rígida por ambas partesen forma de negaciones progresivas.Entre las Líneas En efecto, dedica la primera parte al «problema de la nada», mostrando en su misma estructura la ingenuidad de un método que se complace en fundar el ser sobre el no ser y de explicar el ser por el no ser. El equívoco continuo, del que sin darse cuenta es víctima S., está en entender el límite como no ser puro y de interpretar dicho no-ser como la respuesta decisiva a la cuestión del ser (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) del ente (cfr. o. c., 40). Según esto, a la identificación de ser y fenómeno, enteramente gratuita, más aún imposible, ha hecho seguir Sartre una identificación no menos gratuita de ser finito y ser en general. [rbts name=”filosofia”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre jean-paul sartre en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
C. FARRO, La existencia. como exclusión del Absoluto en Sartre, en Historia de la Filosofía, II, Madrid 1965, 593-609 y 667-668 (bibl.); R. IOLIVET, Essai sur le probléme de la mort selon Heidegger et Sartre, París 1950; íD, I. P. Sartre devant un philosophe chrétien, París 1964; ÍD, Sartre ou la théologie de l’absurde, París 1965; íD, Las doctrinas existencialistas, 4 ed. Madrid 1970; K. HARTMANN, Grundzüge der Ontologie Sartres in ihrem Verhültnis zu Hegels Logik, Berlín 1963; R. MARÍN IBÁÑEZ, Libertad y compromiso en Sartre, Valencia 1959; I. QUILES, Sartre: el existencialismo del absurdo, 2 ed. Madrid 1952; DEMPSEY, The psychologie of Sartre, Oxford 1950; R. TROISFONTAINES, El existencialismo de I. P. Sartre, Alcoy 1949; V. FATONE, El existencialismo y la libertad creadora, Buenos Aires 1948.
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Notas y Referencias
- Basado en la información sobre jean-paul sartre de la Enciclopedia Encarta
Véase También
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