Lecciones de Filosofía de Hegel
Lecciones sobre filosofía de la historia universal, Lecciones sobre estética, Lecciones sobre filosofía de la religión y Lecciones sobre historia de la filosofía
Las Lecciones y los «añadidos» de los discípulos
Resulta claro el papel de la “Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio” como sostén y cañamazo de las lecciones. Este papel lo conservó la “Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio” a lo largo de toda la época de Berlín a pesar de la publicación de la “Líneas básicas de la Filosofía del Derecho” el año 1820. La “Líneas básicas de la Filosofía del Derecho” apela continuamente para su comprensión a la “Ciencia de la Lógica”, y de ésta los alumnos de Berlín no tenían otra versión que la presente en la “Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio”. (…) Habiéndose generalmente atribuido la mayor importancia a las clases de Hegel en Berlín, porque en ellas se producía la explanación en vivo de lo que la “Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio” (y la FDD) condensaban excesivamente, decidieron los discípulos, después de la muerte del maestro en 1831, la publicación de las Lecciones hegelianas y, además, la colocación, dentro de la nueva edición de la “Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio” y la “Líneas básicas de la Filosofía del Derecho” que ellos prepararon, de una serie de añadidos o apéndices (Zusiitze) que debían transmitir a la posteridad la completud del sistema en todo su esplendor.
Resultó así que en la edición de las obras de Hegel que apareció inmediatamente después de su muerte, conocida precisamente como «edición de los discípulos», se encuentran cuatro obras de Hegel que éste nunca escribió. Son las conocidas como
Lecciones sobre filosofía de la historia universal (en adelante HIS).
Lecciones sobre estética.
Lecciones sobre filosofía de la religión (en adelante REL).
Lecciones sobre historia de la filosofía (en adelante FIL).
Se trata, en los cuatro casos, de textos propiamente creados por los editores mediante la refundición de apuntes de clase de distintos alumnos y años, absorbiendo además dentro del texto resultante algunas de las minutas que el propio Hegel había usado para dar sus lecciones. Como sea que los documentos que sirvieron de base para tales refundiciones se han perdido en buena parte, resulta hoy por hoy imposible diferenciar con precisión en las Lecciones y en los «añadidos», tal como fueron de hecho publicados, lo que es verdaderamente atribuible a Hegel y lo que aportaron otras manos y mentes. Hay cosas que pueden deberse, claro es, a la defectuosa audición o mala transcripción del alumno, pero hay otras que pueden ser fruto de una interpretación personal de los editores. Hay noticias de que en algunos casos se impuso al redactor un criterio que no era el suyo.Si, Pero: Pero esto no es todavía lo más grave. El vicio principal de las “Lecciones” y los «añadidos» tal como las editaron los discípulos, reside en la unificación artificiosa e interpretativa de documentos pertenecientes a cursos pronunciados en diferentes tiempos. Hoy sabemos que Hegel no se repetía. Cada vez que impartía una parte de su filosofía reelaboraba la materia en función de nuevas lecturas y acontecimientos, de modo que él nunca dio su sistema por definitivamente escrito, pero los discípulos llevaron a cabo un trabajo compilador que creaba una totalidad compacta y atemporal, enteramente acabada y definitiva. Lo sabemos hoy, porque (fue motivo) de publicación la documentación disponible sobre aquella actividad docente de Hegel en Berlín. De esa documentación resulta inmediatamente claro que el pensamiento de Hegel jamás fue esa construcción acabada, sino que siempre fue sencillamente una obra en proceso. Una obra que reclama un mayor estudio, especialmente de los documentos de su última época, si es que se quiere seguir hablando de Hegel, aunque sea mal. Y por lo que se refiere más directamente a la “Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio”, hay que decir con toda claridad que los «añadidos» constituyen un abuso de los discípulos mayor que el cometido con las Lecciones. Quisieron enriquecer el texto más que completarlo. Se construyó así lo que se llamó a veces “Gran enciclopedia”, la cual debe ser considerada obra semiapócrifa.
Con esta operación, los discípulos buscaban convertir un manual en un tratado. Querían que la “Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio” fuese el sistema acabado y el baluarte de la escuela que ellos mismos pretendían formar. Limaron expresiones de los manuscritos que podían ser vistas como demasiado radicales, tanto en lo religioso como en lo político, etc. Pero, en definitiva, lo que hoy nos queda de todo ese barullo es que el libro escrito de verdad por Hegel no quiso ser jamás otra cosa que una exposición compendiada y a grandes rasgos del sistema: un plano o boceto que se rehacía continuamente, más que una construcción hecha y derecha. Así lo prueba el hecho de que Hegel siempre hablara de “mi” “Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio” en singular, como ya hemos visto más arriba, descartando con esta expresión que se tratara de tres (o dos) libros distintos. Y se impone igualmente la conclusión de que este único libro estuvo siempre sometido a un proceso de revisión que solo la muerte interrumpió. Hegel corregía el libro no solo cuando preparaba una nueva edición, sino semestre a semestre y día a día, al hilo de sus clases. Para facilitarse esta tarea, pedía al editor que le suministrara varios ejemplares impresos en «papel de escribir», para seguir enmendando el libro, y con él a sí mismo. De ahí se desprende, por tanto, que un estudio cabal de la filosofía hegeliana no se puede dispensar, a la larga, de la comparación de las tres ediciones.
En principio, la voluntad de los discípulos de publicar «lo que Hegel había dicho en clase» estaba plenamente justificada, dado que el propio Hegel había repetido en todas las ediciones de la “Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio” y en la “Líneas básicas de la Filosofía del Derecho” que esos libros debían completarse con las explicaciones del profesor. Después de la muerte del maestro, además, resultaba claro que la mayor parte de su actividad filosófica en Berlín se había ejercido en las clases. Hoy piensan algunos incluso que, sobre las cuestiones más candentes de religión y política, Hegel se expresaba con más libertad en las clases que en los libros.Si, Pero: Pero es bien claro que la publicación de las lecciones y los «añadidos» no podía hacerse como se hizo. Dejando esto bien sentado, hay que decir también que «añadidos» y «lecciones» tuvieron gran influencia, son textos más claros y didácticos que los libros escritos por Hegel, se leen con facilidad y no pueden ser enteramente falsos. Por ello su lectura no puede considerarse superflua: pueden ofrecer buenas pistas de interpretación, aunque ésta no pueda argumentarse desde el «añadido», sino que debe confirmarse en los textos ciertamente auténticos.
De la historia que acabamos de exponer (el presentar la tercera edición, sin los añadidos, claro, al español) se debe no solo a que se trata de la última redacción del libro, sino porque fue ésta la versión que se publicó y conoció a lo largo de los siglos XIX y XX hasta nuestros días y es, por consiguiente, el texto que más influyó, positiva o negativamente, en la historia del pensamiento posterior. Otra razón para justificar nuestra opción es la necesidad de poner en las manos de nuestros estudiosos una traducción fiable de la “Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio”. Se reimprime todavía en México (editorial Porrúa, 1971 y 1980 por lo menos) la «versión española de E. Ovejero y Maury revisada» (Madrid, Suárez, 1917-18), la cual también apareció en La Habana el año 1968. Se trata de un texto en buena medida ilegible y que induce a error desde el § l. Es claro, por otra parte, que la traducción de Ovejero y Maury no se hizo desde el alemán, sino desde la italiana de Croce, venerable pero superada también en Italia.Entre las Líneas En ambas faltan los tres prólogos, y en distintos lugares se aprecian errores que proceden de una mala intelección del italiano. Más rocambolesco es aún el caso de las traducciones de Antonio M. Fabié (Madrid, Durán, 1872) y de Antonio Zozaya (Madrid, Sociedad General Española de Librería, 1892-1893) que también se reimprimen y provocan grandes desorientaciones de los estudiantes.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Detalles
Los alumnos creen tener en las manos la “Ciencia de la Lógica” de Hegel porque así lo leen en el título del libro, pero en realidad tienen solamente la primera parte de la “Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio”. Para mayor confusión, en alguna de estas reimpresiones se encuentra reproducido el fragmento titulado “Del concepto en general” tomado del comienzo del tercer libro de la “Ciencia de la Lógica”, el cual se imprime allí sin ninguna explicación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Y donde el fraude intelectual alcanza extremos insospechados es en la llamada “Filosofía del Espíritu” (trad. de E (examine más sobre todos estos aspectos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Barrioberro y Herrán, Madrid, Jorro, 1907) y que hemos visto reproducida en una edición argentina (Buenos Aires, Claridad, 1942). Aparte de alterar la numeración de los parágrafos y de crear algunos por su cuenta, la traducción resulta altamente imaginativa y pintoresca. Ignoramos su fuente.
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Traducciones al francés:
Encyclopédie des sciences philosophiques. Trad. por E. Vera, París, 1867-1869. Realizada sobre W1 e incluyendo, por tanto, los Añadidos.
Encyclopédie des sciences philosophiques. Trad. por J. Gíbelin, París, Vrín, 1952. Realizada sobre NP.
Encyclopédie des sciences philosophiques. Trad. por M. de Gandillac, París, Gallimard, 1970. Realízada tambíén sobre NP.
Encyclopédie des sciences philosophiques. Trad. por B. Bourgeoís. París, Vrin, 1986 y 1988. Han aparecido solamente los volúmenes I (La Science de la Logique) y III (Philosophíe de !’Esprit). Además del texto de ENC C, incluye la traducción de ENC A; compara el texto de ENC C con ENC B y traduce también los Añadidos.