Promoción de la Democracia

Este texto se ocupa de la promoción de la democracia. Se examina el auge de la promoción de la democracia y las diversas formas que puede adoptar. También se analiza la falta de éxito y los factores que han contribuido a ello, incluidas las limitaciones inherentes, el fracaso general de los donantes a la hora de darle prioridad y los medios de los gobiernos africanos para resistir la presión. Es demasiado pronto para descartar los esfuerzos de promoción de la democracia por considerarlos ineficaces. Los frutos de la ayuda a la democracia más tecnocrática o «política» hasta la fecha han sido efectivamente escasos. Sin embargo, en algunos casos, a largo plazo, esos esfuerzos pueden alentar y facilitar los esfuerzos de los actores locales para democratizar sus países. En ello pueden contribuir los cambios estructurales más lentos, incluidos los promovidos a través de la ayuda al desarrollo, que no sólo pueden facilitar la transición a la democracia en África, sino también mejorar sus probabilidades de supervivencia.

Construcción del Estado en África

El estudio de la política de construcción del Estado es complejo y en el estudio de la dinámica política en Somalia se confunde con la formación del Estado como proceso histórico de institucionalización de las relaciones de poder. De hecho, los esfuerzos de construcción del Estado en sí mismos, ya sean nacionales o con apoyo internacional, son fundamentales para configurar la forma de las instituciones gubernamentales. Identificar las sucesivas fases de construcción del Estado y su impacto en los marcos institucionales locales nos permite poner de relieve que los retos actuales pueden no ser en realidad ni nuevos ni particulares. Por el contrario, los esfuerzos de construcción del Estado se sitúan históricamente, cambian en parte con las preocupaciones globales y la dinámica local, y tienen consecuencias a corto y largo plazo.

Federalismo Cooperativo

El federalismo cooperativo es un modelo de relaciones intergubernamentales que reconoce las funciones superpuestas de los gobiernos nacionales y estatales. Este modelo puede contrastarse con el modelo de federalismo dual, que sostiene que los gobiernos nacional y estatales tienen funciones gubernamentales distintas y separadas. Aunque el término «federalismo cooperativo» se originó en la década de 1930, las raíces del federalismo cooperativo en Estados Unidos se remontan a la administración de Thomas Jefferson. Durante el siglo XIX, el gobierno nacional utilizó las concesiones de tierras para apoyar una variedad de programas gubernamentales estatales como la educación superior, los beneficios para veteranos y la infraestructura de transporte. Las Leyes de Tierras Pantanosas de 1849, 1850 y 1860 son un ejemplo destacado de esta estrategia. En virtud de las distintas versiones de esta ley, el Congreso cedió millones de acres de humedales federales a 15 estados interiores y costeros. Los acres fueron «reclamados» (es decir, drenados) por los estados y vendidos, y las ganancias se utilizaron para financiar el control de inundaciones. Esta estrategia se utilizó más tarde en la Ley Morrill de 1862, que otorgó concesiones de tierras a los estados para ayudar a financiar la creación de universidades estatales. El problema crucial que socava la aplicación del federalismo cooperativo se refiere al sistema de incentivos. Hasta qué punto el esfuerzo redistributivo que implica la equidad horizontal y vertical se lleva a cabo depende en gran medida del tipo impositivo que una sociedad está dispuesta a pagar. En una organización constitucional de varios niveles, la centralización implica la integración de los programas jurisdiccionales de políticas públicas y la agregación de los dos electorados. Supongamos dos jurisdicciones de igual tamaño y distribución de la renta. En el caso de los programas de seguro social, el núcleo de la distribución de la renta está sesgado a la derecha, de modo que el voto de la mayoría federal favorecerá un tipo impositivo federal más bajo que el de las jurisdicciones.

Virtudes Éticas en Aristóteles

Este texto se ocupa de las virtudes éticas en Aristóteles. La aparición de la ética de la virtud hizo que muchos escritores reexaminaran las demás obras de Kant. La Metafísica de la moral, La antropología desde el punto de vista pragmático y, en menor medida, La religión dentro de los límites de la sola razón, se han convertido en fuentes de inspiración para el papel de la virtud en la deontología. La virtud kantiana es en algunos aspectos similar a la virtud aristotélica. En la Metafísica de la Moral, Kant destaca la importancia de la educación, la habituación y el desarrollo gradual, ideas que han sido utilizadas por los deontólogos modernos para ilustrar la plausibilidad del sentido común de la teoría. Para los kantianos, el papel principal de la virtud y del desarrollo adecuado del carácter es que un carácter virtuoso le ayudará a uno a formular máximas adecuadas para la prueba. En otros aspectos, la virtud kantiana sigue siendo bastante diferente de otras concepciones de la virtud. Las diferencias se basan en al menos tres ideas: En primer lugar, la virtud kantiana es una lucha contra las emociones. Independientemente de que se piense que las emociones deben ser subyugadas o eliminadas, para Kant el valor moral proviene únicamente del deber de los motivos, unos motivos que luchan contra la inclinación. Esto es muy diferente de la imagen aristotélica de la armonía entre la razón y el deseo. En segundo lugar, para Kant no existe la debilidad de la voluntad, entendida en el sentido aristotélico de la distinción entre continencia e incontinencia. Kant se concentra en la fortaleza de la voluntad y no hacerlo es un autoengaño. Por último, los kantianos necesitan dar cuenta de la relación entre la virtud que se da en el mundo empírico y las observaciones de Kant sobre el valor moral en el mundo nouménico (observaciones que pueden interpretarse como una contradicción entre las ideas de la Obra Fundamental y las de otras obras). Los consecuencialistas han encontrado un papel para la virtud como una disposición que tiende a promover las buenas consecuencias. La virtud no es valiosa en sí misma, sino por las buenas consecuencias que tiende a provocar. Debemos cultivar disposiciones virtuosas porque tales disposiciones tenderán a maximizar la utilidad. Esto supone un alejamiento radical del relato aristotélico de la virtud por sí misma.

Política Universal Concreta

Este texto se ocupa de la política universal concreta. Aquí se revisa la cuestión del universalismo y las comunidades éticas concretas, y el problema del universal concreto. En su ensayo «El otro generalizado y el concreto», Benhabib distinguió entre dos perspectivas del universalismo en la ética y la filosofía política: una que ve al otro como un otro generalizado, y la segunda que ve a la persona humana como un «otro concreto» con necesidades, historias y trayectorias específicas. A lo largo de sus estudios, Benhabib se ha centrado desde entonces en cuestiones a un nivel más sociológico, que van desde la crisis de la pertenencia al Estado-nación y los problemas de la ciudadanía, hasta la cuestión del feminismo y la promesa de una política culta en medio de la tensión y el conflicto mundiales. En general, ha habido dos posturas dominantes en la política de la cultura: el «choque de civilizaciones» y el «multiculturalismo dominante», ambas sujetas a críticas relativas a la noción ampliada de cultura. La literatura pretende evaluar la contribución de la teoría crítica a los debates actuales sobre la idea de cultura y otros trabajos progresistas relacionados, así como implicar a los teóricos políticos mediante preguntas críticas inspiradas en la Escuela de Frankfurt. Se ha criticado la posición original de Rawls sobre la base de que sólo considera la posición del «otro generalizado» a expensas del «otro concreto». Cuando asumimos el punto de vista del otro generalizado «nos abstraemos de la individualidad y la identidad concreta del otro», mientras que cuando asumimos el punto de vista del otro concreto consideramos que cada individuo tiene «una historia, una identidad y una constitución afectiva-emocional concretas», sostiene Benhabib.

Pensamiento Fronterizo

Este texto explica en que consiste el pensamiento fronterizo y analiza el pensamiento de Mignolo sobre la descolonialidad y el pensamiento fronterizo. Walter D. Mignolo, en un capítulo de su obra «Historias locales/Diseños globales: Colonialidad, saberes subalternos y pensamiento fronterizo», explora las respuestas teóricas y las salidas del sistema mundial moderno. La primera parte examina el concepto de «colonialidad del poder» de Aníbal Quijano y la «transmodernidad» de Enrique Dussel como respuestas a los diseños globales de las historias y legados coloniales en América Latina. Su libro «Historias locales/Diseños globales: Colonialidad, saberes subalternos y pensamiento fronterizo» es un extenso argumento sobre la «colonialidad» del poder. En un mundo cada vez más pequeño en el que las dicotomías tajantes, como Oriente/Occidente y países en desarrollo/desarrollados, se desdibujan y cambian, este libro señala la inadecuación de las prácticas actuales en las ciencias sociales y los estudios de área. Explora la noción crucial de «diferencia colonial» en el estudio del mundo colonial moderno y rastrea la aparición de un cambio epistémico, que el libro denomina «pensamiento fronterizo». Además, el libro amplía los horizontes de los debates que ya están en marcha en los estudios poscoloniales de Asia y África al detenerse en la genealogía de los pensamientos de Sudamérica/Centroamérica, el Caribe y los latinos en Estados Unidos. Los jóvenes migrantes latinos experimentan la pertenencia a través de las fronteras también. Mientras los discursos nacionalistas antiinmigrantes se intensifican en todo el mundo, otro libro también titulado «Border Thinking» (Pensamiento Fronterizo) ofrece una visión crítica de cómo los jóvenes de la diáspora latina experimentan la pertenencia, dan sentido al racismo y anhelan el cambio.

Teoría Política en Habermas

La teoría del discurso de Habermas también tiene implicaciones para los modos de deliberación internacionales, y por tanto para el debate sobre un posible orden político cosmopolita. Para entender su posición en este debate, resulta útil esbozar una tipología de las principales teorías. El debate actual se mueve a lo largo de cuatro ejes principales: político o social, institucional o no institucional, democrático o no democrático, y transnacional o cosmopolita. Las teorías se basan en suposiciones de fondo sobre el alcance del cosmopolitismo: si es moral en la medida en que se ocupa de los individuos y de sus oportunidades vitales, social en la medida en que hace que las asociaciones y las instituciones sean centrales, o político en la medida en que se centra en las instituciones específicamente jurídicas y políticas, incluida la ciudadanía. La posición de Habermas en este debate es moderada. No es mínima en el sentido del derecho de gentes de Rawls, que niega la necesidad de cualquier orden jurídico o político internacional fuerte, y mucho menos democrático. Tampoco es una posición fuertemente democrática, como la versión del orden cosmopolita de David Held. Sin embargo, tanto Held como Habermas comparten un énfasis común en la aparición del derecho público internacional como elemento central de un orden político mundial justo.

En su ensayo «La idea de paz perpetua de Kant: A doscientos años de distancia histórica» (1996), Habermas se mostró optimista sobre las perspectivas de un orden político global como continuación de la forma de democracia basada en los derechos humanos típica de los Estados-nación. La democracia según el modelo del Estado-nación conecta tres ideas centrales: que la comunidad política propia es una comunidad delimitada; que posee la autoridad política última; y que esta autoridad permite la autonomía política, de modo que los miembros del demos pueden elegir libremente las condiciones de su propia asociación y legislar por sí mismos. Habermas sostiene que las instituciones políticas reguladoras a nivel mundial sólo podrían ser eficaces si adoptan rasgos de gobernanza sin gobierno, aunque los derechos humanos como estatus jurídicos deban ser constitucionalizados en el sistema internacional. Como en el caso del minimalismo de Allen Buchanan, este estándar de legitimidad menos exigente no incluye la capacidad de deliberar sobre los términos que rigen la autoridad política del propio sistema de negociación. Esta posición es transnacional, pero en última instancia no es democrática, principalmente porque restringe su democracia deliberativa excesivamente robusta al nivel del Estado-nación. Los criterios más sólidos de la democracia no se aplican fuera del Estado nación, donde la gobernanza sólo es indirectamente democrática y se deja en manos de las negociaciones y las redes políticas. Además, el compromiso con los derechos humanos como estatus legal empuja a Habermas en la dirección de la forma fundamentalmente legal de cosmopolitismo político de Held. Por el momento, la visión de Habermas sobre la política cosmopolita no es del todo estable. Pero está claro que piensa que un orden cosmopolita debe ser político (y no meramente jurídico); institucional (y no meramente organizado de manera informal o por redes políticas); transnacional (en la medida en que sería como la Unión Europea, un orden de órdenes políticos y jurídicos); y en cierto sentido democrático.

Bien Común

Bien Comun es un concepto que proviene del pensamiento político católico, desarrollado particularmente por la Escolástica, como elemento protagónico de su visión social, asentada en la solidaridad. En este texto se examinan temas como los siguientes: Concepto y aclaraciones terminológicas; la estructura del bien común; bien común y bien particular; la primacía del bien común y la dignidad de la persona humana.

Filosofía Política de Walter Benjamin

Walter Benjamin tomó como uno de los principales ‘objetivos metodológicos’ de su Proyecto Arcades «demostrar un materialismo histórico que ha aniquilado en sí mismo la idea de progreso», tomando como su «concepto fundador… no el progreso sino la actualización». Tenía razones tanto filosóficas como políticas para ello. Desde el punto de vista filosófico, Walter Benjamin consideraba que la idea convencional de progreso proyectaba hacia el futuro una concepción del tiempo «homogénea» y «vacía», personificada en el intento del historicismo de Ranke de representar el pasado «tal como fue realmente». Se trata de una concepción del tiempo basada en la continuidad temporal del pasado, el presente y el futuro, «en» la que los acontecimientos ocurren y se entienden como conectados causalmente. Es naturalista en la medida en que no reconoce ninguna distinción temporal-ontológica fundamental entre el tiempo pasado, el presente y el futuro; no tiene sentido del tiempo como la producción continua de la diferenciación temporal. El tiempo se diferencia únicamente por las diferencias entre los acontecimientos que se producen en él. En particular, no comprende que el tiempo histórico (el tiempo de la vida humana) se constituye a través de tales diferenciaciones inmanentes, mediante los modos existenciales de la memoria, la expectativa y la acción. En este sentido, existen afinidades entre la filosofía del tiempo de Benjamin y la de Heidegger. La consecuencia política del naturalismo temporal que subyace a la idea de «progreso» es el conformismo.

Legismo

Legismo, escuela de filosofía china relacionada con el arte de gobernar de un modo práctico y según un principio de amoralidad eficiente. Su mayor representante fue Han Fei, discípulo de Xun-zi, a menudo comparado con Nicolás Maquiavelo. Fajia o Escuela de las leyes es sinónimo de legalismo o legismo. El legalismo, al igual que el confucianismo y el taoísmo, surgió durante el periodo de los Estados Guerreros (475-221 a.C.). Las tres filosofías, inicialmente sociales, intentaron buscar soluciones para acabar con el caos político y la inestabilidad social. Mientras que el confucianismo enfatizaba el principio fundamental de las relaciones humanas para un gobierno centralizado y un orden social, el taoísmo ofrecía un pasaje lejos del compromiso político al abrazar la armonía natural. El legalismo, por otro lado, enfatizaba la importancia de un fuerte control gubernamental y el uso de la fuerza para mantener el orden social. Han Feizi (ca. 233 a.C.), originalmente un erudito confuciano en formación, fue una figura clave en el desarrollo de la escuela legalista de filosofía política. Al igual que otros legalistas, abogaba por el poder absoluto de los gobernantes chinos para promover la fuerza y la riqueza del Estado. Según el pensamiento legalista, un gobernante no tenía ninguna obligación hacia el bienestar de sus súbditos; su principal responsabilidad era utilizar duros castigos para hacer cumplir estrictamente sus leyes.

Pensamiento Político Ilustrado

Este texto se ocupa del pensamiento político ilustrado, también llamado pensamiento ilustrado, o política ilustrada, incluyendo la cuestión del contrato social. y a Voltaire, dentro del contexto del pensamiento político y económico de la ilustración. Desde fines de los años 90 se han renovado las críticas, algunas nuevas y otras que suponen variaciones sobre temas más antiguos. Los conservadores deploran el utopismo o reformismo demasiado confiado de la Ilustración, los comunitaristas su individualismo, los multiculturalistas su universalismo, las feministas su patriarcalismo, los foucaultianos y los teóricos críticos su legado de tecnologías de control y manipulación social, los teóricos poscoloniales su respaldo al eurocentrismo y al imperialismo, y los posmodernos su ferviente abrazo al fundacionalismo. Sin embargo, para los verdaderos estudiosos del período, parece que el propio concepto de «la Ilustración», y especialmente la noción de un «proyecto de la Ilustración» unitario, a menudo han sido construidos por los críticos y tienen poca relación con lo que se encuentra en los textos del período. Ciertamente, las teorías morales y políticas de la Ilustración son mucho más complejas y diversas de lo que implican las críticas, y figuras clave como Montesquieu, Rousseau y Hume apenas encajan en estereotipos como el «racionalismo» o la despreocupación por la historia y el contexto. No obstante, cada época reescribe la historia desde su propia perspectiva, incluida la historia del pensamiento político, y nuevas cuestiones han provocado y seguirán provocando nuevas investigaciones sobre lo que sin duda seguirá siendo denominado por muchos, aunque a veces de forma oscura, como la Ilustración. Una característica notable de la filosofía política anglófona reciente ha sido el relativo declive de la estatura concedida a Locke, por dos razones no relacionadas, y que se explican en el texto.
Se han explorado en artículos facetas más específicas del amplio pensamiento político de Hume, incluyendo su constitucionalismo, su crítica al contractualismo, su explicación del equilibrio de poder en relación con la política exterior británica, y su versión de una doctrina de «derecho prescriptivo» -una idea más a menudo asociada con Burke- como base de la legitimidad del régimen.

Historia del Pensamiento Político

Historia del Pensamiento Político En inglés: History of Political Thought. Véase también sobre el pensamiento político en el siglo XX y, en general, acerca de la teoría política histórica. Nota: «Cambridge Texts in the History of Political Thought» está firmemente establecida, según la editorial, como la principal serie de textos de teoría política para estudiantes. … Leer más

Historia de la Teoría Política

Su Vida y su Obra Locke criticó en sus dos Tratados sobre el gobierno civil (1690) la teoría del derecho divino de los reyes y la naturaleza del Estado tal y como fue concebido por el filósofo y teórico político inglés Thomas Hobbes. Afirmaba que la soberanía no reside en el Estado sino en la […]

Petición

Solicitud expresa del quejoso donde manifiesta las pretensiones que reclama al prestador o institución con motivo de su insatisfacción con el servicio. «Petición» es el adjetivo que se utiliza para describir la acción por la que una persona hace que se reconozca ante los tribunales su derecho de propiedad sobre un bien inmueble, invocando la escritura de adquisición o la situación jurídica que confiere el derecho inmobiliario que se impugna: derecho de (propiedad, pero también usufructo, o nuda propiedad). La acción para obtener el reconocimiento de un derecho de propiedad sobre un objeto mueble es una acción reivindicatoria. Debido a la regla «En el caso de los bienes muebles, la posesión equivale al título», de algunos países europeos, como Francia, nunca ha habido una acción posesoria con respecto a los bienes muebles.

Desigualdad de Ingresos

La desigualdad de ingresos es la forma en que los ingresos se distribuyen de forma desigual en una población. Cuanto menos equitativa sea la distribución, mayor será la desigualdad de ingresos. La desigualdad de ingresos suele ir acompañada de la desigualdad de riqueza, que es la distribución desigual de la misma. Las poblaciones pueden dividirse de diferentes maneras para mostrar diferentes niveles y formas de desigualdad de ingresos. En otras palabras, la desigualdad de ingresos (o disparidad de ingresos) es el grado en que los ingresos totales se distribuyen de forma desigual entre una población. En muchos casos de desigualdad económica, la riqueza fluye de forma desproporcionada hacia un pequeño número de individuos ya acomodados económicamente. A nivel mundial, hay varias propuestas para generar ingresos (como la tasa Tobin sobre las transacciones financieras o un impuesto mundial (o global) sobre el uso de los recursos) que podrían utilizarse para las transferencias directas de ingresos, así como para otras formas de ayuda al desarrollo para reducir la pobreza y la desigualdad. Debido a la continua inestabilidad mundial (o global) y a la degradación del medio ambiente vinculada a las desigualdades de ingresos y otros recursos, estos esfuerzos políticos seguirán siendo fundamentales no sólo por razones éticas, sino también por el bien de la seguridad nacional y la supervivencia mundial.

Procedimiento Legislativo

Ofrece una visión detallada del proceso legislativo. Se explica el proceso legislativo y también incluye un análisis sobre cómo se pueden usar los documentos del historial legislativo para ayudar en la interpretación legal.

Desigualdad de Recursos Económicos en la Población

Este texto se ocupa de la desigualdad de recursos económicos en la población mundial. El equilibrio de poder no se entiende aquí en un sentido realista, como equilibrio de poder interestatal, sino como rapports deforce, una constelación suelta de intereses políticos y económicos entrelazados que no está unificada ni es homogénea pero que, hasta ahora, tiene suficiente impulso para desviar las alternativas. No es necesario suponer que se trata de una estrategia o diseño consciente, al menos en sus resultados globales, sino que es más bien el resultado de muchos y diversos actos de interés propio y de evitación de riesgos por parte de los actores privilegiados. Supongamos que muchos de los privilegiados aborrecen la pobreza, pero culpan a los pobres y confían en el crecimiento económico como remedio y, sin embargo, si estas creencias fracasan pueden seguir deseando el privilegio, o temer perderlo, más de lo que aborrecen la pobreza. Entonces, los encantos del poder, los adornos del privilegio, el culto a la celebridad, la lógica de la economía neoclásica, todo ello contribuye a mantener el equilibrio general de poder. Y así, los hiperricos del mundo y la mayoría de los pobres se entrelazan en una cita conjunta, espejos el uno del otro, pero a bastante distancia. Hay muchas causas de la desigualdad económica: la clase, el género, las decisiones del mercado laboral, la educación, la capacidad y el talento, y la suerte son algunas de ellas.

Conciencia Política

Este texto se ocupa de la Conciencia Política, como el resultado del procesamiento de información de segundo orden (o sea, que resume y sintetiza información de primer orden) para armar una visión de conjunto de la situación global. La conciencia política, según lo entienden algunos autores, consiste más bien en ser consciente del contexto en el que existen los individuos y las organizaciones, así como en ser consciente de los posibles acontecimientos e influencias que pueden tener un impacto futuro, a menudo de forma inesperada. La política es un concepto que ha estado desde antiguo con el ser humano. El filósofo griego Aristóteles (384-322 a.C.) afirmó que forma parte de la naturaleza del hombre vivir en comunidad (polis); es un «ser político». A partir de ahí, la política puede describirse como una acción específica de individuos o grupos (partidos) que tiene que ver de muchas formas con la convivencia de las personas en una comunidad. El objetivo primordial de la política debe ser que esta convivencia sea pacífica y que no haya ley de la selva. Por ello, la política debe desarrollar (y adaptar constantemente) reglas de convivencia que todos deben cumplir (constitución, leyes). La política tiene que ocuparse de los diferentes intereses de las personas de una comunidad, debe dejarlos claros, pero al mismo tiempo también debe garantizar que la aplicación de los intereses no sea violenta y no ponga en peligro la paz interna de la comunidad.

Legislación

Legislación es el conjunto de textos legales vigentes en un lugar y tiempo determinados. También puede definirse como el conjunto de normas positivas que regulan la vida jurídica. En una democracia, la mayoría respectiva del parlamento puede convertir sus programas e ideas en realidad aprobando las leyes correspondientes. En el pasado, la palabra «legislación» era el nombre dado a la facultad otorgada a ciertas autoridades para dictar normas vinculantes. En la actualidad, se refiere en general al conjunto de leyes y reglamentos vigentes en un Estado determinado. Por ejemplo, hablamos de la legislación francesa. Del mismo modo, en un sentido menos general, la palabra «legislación» puede utilizarse para restringir su alcance a un tema específico. En este sentido se podría decir «remitirse a la legislación sobre el divorcio». La legislación incluye la Constitución, las normas establecidas por el Parlamento (sus dos Cámaras), las normas administrativas como los decretos, las órdenes y, en cierta medida, las circulares.

Ecología Política

La ecología política es un campo dentro de los estudios socio-ambientales con un enfoque central en las relaciones de poder en la gobernanza ambiental, así como la coproducción de la naturaleza y la sociedad dentro de una economía política más amplia. La ecología política se centra en las relaciones de poder así como en la coproducción de la naturaleza y la sociedad. Las inspiraciones teóricas se toman de diferentes fuentes como la economía política, el postestructuralismo y los estudios campesinos. Las contribuciones a este campo tienden a cuestionar la condición de los actores poderosos (por ejemplo, los gobiernos, las empresas, las organizaciones de conservación) y lo que se da por sentado en los principales discursos. El lugar y el papel de la «ecología» dentro de la ecología política sigue siendo un debate en curso. Algunas contribuciones de la ecología política se relacionan activamente con las ciencias naturales, mientras que otras partes de esta literatura permanecen dentro de debates teóricos más basados en las ciencias sociales en los que la «ecología» se refiere al medio ambiente de manera más amplia.

Historia de la Desconfianza Política

Este texto se ocupa de la historia de la desconfianza de la población hacia los políticos y la consecuencias de la desconfianza política en los años 70. Este texto también analiza los esfuerzos del gobierno para aumentar la lealtad del público. A principios de la década de 1970 se produjo una renovada hostilidad pública hacia el gobierno y las grandes empresas. Mucha gente criticaba el imperialismo y la violencia del gobierno. Los juristas simpatizaban más con los activistas. La influencia de las empresas en el gobierno federal, aunque siempre presente, se hizo más descarada. Los políticos de los dos principales partidos aceptaron contribuciones ilegales de las grandes empresas y cooperaron con los grupos de presión de la industria. El año 1975 supuso la consolidación del sistema. El gobierno combinó la agresión militar con investigaciones muy publicitadas destinadas a demostrar que «el sistema se criticaba y corregía a sí mismo». Las investigaciones demostraron que la CIA había conspirado en complots para asesinar a jefes de estado en otros países, por ejemplo. Pero después de que los culpables individuales fueran señalados y castigados, el sistema permaneció intacto. Ninguna de las tácticas del gobierno restableció la confianza de los ciudadanos. El desempleo aumentaba y la gente se preocupaba por la inflación. El aumento de la participación democrática de la década de 1960 condujo a una desconfianza general en la autoridad, especialmente en la autoridad del presidente.

Apertura Política en los Años 70

Este texta se ocupa principalmente de la necesidad de apertura democrática y política en los años 70 en América. Un informe publicado por la Comisión Trilateral, un grupo de líderes políticos de Estados Unidos, Europa Occidental y Japón, evaluó el estado de ánimo del público. El informe recomendaba poner límites a la democracia y hacer crecer una economía multinacional a través del capitalismo. Aun así, la fe pública seguía siendo baja y los ciudadanos continuaban desafiando el poder corporativo. Durante las celebraciones del bicentenario del país en 1976, los manifestantes celebraron un «Bicentenario del Pueblo» y arrojaron al puerto de Boston paquetes etiquetados con nombres de corporaciones petroleras.

Políticas Neoliberales

Este texto se ocupa de las políticas neoliberales. El neoliberalismo puede entenderse aquí como un conjunto de mitos incrustados en el entorno institucional que tiende a anclar las orientaciones de los actores políticos. Es precisamente este recentramiento el que marca el auge de la política neoliberal. La cara política del neoliberalismo es una nueva «política» centrada en el mercado, es decir, luchas por la autoridad política que comparten un centro ideológico concreto o, en otras palabras, están respaldadas por un «sentido común» incuestionable. En el nivel de las élites3, la política neoliberal está limitada por ciertas nociones sobre las responsabilidades del Estado (liberar las fuerzas del mercado siempre que sea posible) y el lugar de la autoridad estatal (limitar el alcance de la toma de decisiones políticas). También tienden a orientarse hacia ciertos grupos de interés (empresas, finanzas y profesionales de cuello blanco) en detrimento de otros (sindicatos, especialmente).

Ideología Verde

El término «verde» se utilizó por primera vez en relación con la política orientada al medio ambiente cuando se empleó para describir los movimientos de conservación y preservación que habían surgido a finales del siglo XIX en Estados Unidos. Sin embargo, el término se hizo más prominente a partir de la década de 1970, primero por su uso por parte de organizaciones ecologistas como Greenpeace, creada en 1971, pero sobre todo por la tendencia de muchos partidos ecologistas emergentes a denominarse «partidos verdes». El término se adoptó de forma más amplia, utilizándose para referirse, entre otras cosas, a la filosofía verde, la política verde y la ideología verde (a veces llamada «ecologismo», «ecología política» o «verdeísmo»). La ideología verde se basa en la creencia de que la naturaleza es un todo interconectado, que abarca a los seres humanos y no humanos, así como al mundo inanimado. La ideología verde se ha inspirado en otras ideologías, sobre todo en el socialismo, el anarquismo y el feminismo, reconociendo así que la relación entre el hombre y la naturaleza tiene una importante dimensión social. Cada uno de estos enfoques del medio ambiente ofrece un modelo diferente de la sociedad ecológicamente viable del futuro. Este texto identifica varios compromisos clave de la ideología verde: la reestructuración ecológica, la democratización radical, el derecho ecológico y la no violencia como principio de acción. También se examina si estos principios centrales limitan efectivamente las posibles desconfiguraciones de otros principios adyacentes. ¿Es la ideología verde una ideología «delgada» que está abierta a la cooptación por parte de rivales más desarrollados, o se sitúa en un territorio conceptual más distintivo, poniendo límites firmes a tales apropiaciones ideológicas? Además, se evalúa algunos de los desafíos que han surgido en los últimos años por parte del «ecologismo escéptico» y el «posecologismo», cuyos defensores afirman simpatizar con los objetivos generales del movimiento ecologista.

Desigualdad en el Mundo

Desigualdad en el Mundo Desigualdad en el Mundo Los datos sobre la desigualdad humana contemporánea son dramáticos y ampliamente conocidos: «Consideremos los porcentajes de ingresos relativos del 20% más rico y del 20% más pobre de la población mundial. Entre 1960 y 1991, la proporción del 20% más rico pasó del 70% de la renta … Leer más

Políticas contra la Desigualdad en el Mundo

La desigualdad global es un tema diferente, ya que mide no sólo la condición de la mayoría del mundo, sino la brecha, y la creciente brecha, entre ellos y la minoría próspera. En la medida en que la desigualdad global traza un mapa de las privaciones relativas, pone en tela de juicio la legitimidad del orden mundial (o global) de un modo que no lo hacen las meras estadísticas de pobreza, acompañadas de declaraciones políticas benévolas. Se atribuye el aumento de la desigualdad de ingresos a un incremento de la desigualdad de ingresos y destaca como principales explicaciones el progreso técnico basado en la cualificación (que reduce la demanda de mano de obra no cualificada), el impacto de la liberalización del comercio, las políticas del FMI que generan recesiones (que afectan negativamente a la distribución de los ingresos), la desregulación financiera y la ampliación del sector financiero (que da lugar a un desplazamiento hacia los ingresos no laborales) y la erosión de las instituciones laborales (mayor flexibilidad salarial, menor regulación, erosión del salario mínimo, dilución del poder sindical y mayor movilidad laboral). Dejando de lado los cambios técnicos, la mayoría de estas tendencias son expresiones o resultados de las políticas neoliberales. El potencial y los efectos del cambio técnico pueden canalizarse mediante intervenciones de política industrial, como en la mayoría de los países de reciente industrialización, pero las presiones políticas neoclásicas delimitan esta opción. La liberalización y la desregulación, en general, apuestan por los fuertes, privilegian a los privilegiados, ayudan a los ganadores, exponen a los perdedores y provocan una «carrera hacia el fondo». Aunque se trata de una representación a grandes rasgos, es plausible considerar las políticas neoliberales como la dinámica central del aumento de la desigualdad nacional y mundial (o global) desde la década de 1980.

Pensamiento Político

Este texto se ocupa de varios aspectos del pensamiento político, incluido su vertiente teórica. Por ejemplo, ¿qué paradigmas interpretativos rigurosos son los más útiles para avanzar en nuestra comprensión de la naturaleza y el potencial del pensamiento político? Reconstruye las prácticas de pensamiento existentes, pero desde una perspectiva necesariamente relativa; y en su modo crítico nos ofrece herramientas para apreciar no lo que debería ser, sino lo que puede ser, en el ámbito de la práctica política. Algunas ideologías son utopías, pero entonces son consciente y deliberadamente utópicas. Otras son conjuntos concretos de soluciones, algunas de las cuales son atractivas, sagaces o prudentes, y otras pueden ser chocantes y despiadadas en su conceptualización y desviarse de cualquier límite aceptado de decencia. Muchas ideologías son aproximaciones más modestas y menos precisas de lo que aspiran los filósofos políticos. Las ideologías políticas son, en efecto, más propensas que las filosofías políticas a abstraerse de las limitaciones lógicas que de las contextuales. Su estudio nos dice menos que el estudio de las filosofías políticas cuando se trata de las complejidades que implica poner a prueba el pensamiento político hasta sus límites. Pero nos dice mucho más sobre los campos de pensamiento político disponibles para una sociedad, e ilumina ese pensamiento mediante la exploración de las limitaciones y opciones que hacen de cada ideología una configuración distinta moldeada por el tiempo, el espacio y la cultura.

Ideología Liberal

Ideología Liberal Ideología Liberal en la Teoría Política ¿Filosofía Liberal o Ideología Liberal? El paralelo a los recelos filosóficos sobre las ideologías, y su estudio, es un intento continuo de los estudiosos de la ideología de reducir la filosofía política occidental, especialmente en las últimas décadas, a la única dimensión ideológica del liberalismo. Los analistas … Leer más

Características de la Filosofía Política

Este texto se ocupa de las características de la filosofía política. Una de ellas es la abstracción de su generalidad. Rawls ha sostenido que la abstracción es una forma de continuar el debate público cuando se han roto los entendimientos compartidos de las generalidades menores. Cuanto más profundo sea el conflicto, ha argumentado, mayor será el nivel de abstracción necesario para obtener una visión clara de las raíces del conflicto. La abstracción puede ser conceptualmente más difícil de comprender, pero también es un útil dispositivo de modelización que ofrece simplificación, expone los problemas de forma descarnada y concisa y es susceptible de la universalización a la que aspiran tantos filósofos. Este tipo de enfoques constructivistas se corresponden con las teorías políticas, especialmente la teoría del contrato social, en la que el Estado es un edificio artificial y, por tanto, la moralidad, la legitimidad o la autoridad pueden someterse a experimentos de pensamiento. Por el contrario, filósofos sociales como Marx y Engels han criticado la filosofía abstracta. Contrastando su enfoque con el de la filosofía alemana, escribieron que no parten de lo que los hombres dicen, imaginan, conciben, «ni de los hombres tal como son narrados, pensados, imaginados, concebidos… Partimos de los hombres reales, activos, y sobre la base de sus procesos vitales reales demostramos el desarrollo de los reflejos y ecos ideológicos de este proceso vital.»

Ideología Política

Las ideologías pueden considerarse como un conjunto de recursos de los que se nutre una sociedad, un banco de ideas que se ha acumulado a lo largo del tiempo y que puede cobrarse en casi cualquier permutación, sujeto únicamente a las restricciones de la lógica (lo universal) y de lo culturalmente permisible (lo local, incluso cuando aparece bajo una apariencia universalista). Por supuesto, pueden añadirse y construirse nuevos activos, y algunos de los billetes y monedas más antiguos pueden ser retirados de la circulación. La continuidad no es ininterrumpida, y conjuntos de ideas totalmente diferentes pueden extraerse del mismo fondo y enfrentarse con inmensa hostilidad. Pero todo esto es el tejido mismo de la política, al igual que la filosofía política contribuye a suministrar el tejido mismo de los valores cualitativos y las justificaciones que una sociedad puede necesitar para su salud moral. Solemos encontrarnos con ideologías más o menos diferenciadas y preestructuradas, como el liberalismo, el conservadurismo, el socialismo, el feminismo o el fascismo. Esto se debe a que ciertos movimientos políticos o sistemas de creencias han generado un enorme apoyo de grupos sociales significativos que se han suscrito a una de las «grandes» familias ideológicas dominantes. Proporcionan a sus seguidores una identidad social y política y funcionan como uno de los principales factores para la realización de los objetivos políticos. Según Edmund Burke, un partido político es un grupo de hombres unidos para promover el bien común de acuerdo con un principio que comparten. Ese principio, o conjunto de principios, es la ideología política.

Características de la Democracia Deliberativa

Este texto se ocupa de la democracia deliberativa y sus características, además de su relación con los partidos políticos, y su ausencia en la literatura sobre este tema. Además, reflexiona sobre el desarrollo del campo de la democracia deliberativa mediante el análisis de las características clave que recogen una serie de cuestiones resueltas en la teoría normativa, la clarificación conceptual y los resultados empíricos asociados.

Autoridad Democrática

Basándose en las ideas que Hobbes, Locke y Aristóteles sugieren y utilizando las herramientas de la ciencia social moderna para ayudar a desarrollar un nuevo y mejor tipo de teoría basada en el consentimiento. La teoría que algunos autores proponen distingue entre tres tipos de estructuras de poder que pueden existir en un territorio: el dominio, la autoridad política y la autoridad política moralmente legítima (la tercera es una especie de la segunda). El modelo de convención de la autoridad política puede desarrollarse de forma plausible y robusta, de manera que arroje luz sobre la estructura de las democracias modernas. Las democracias modernas son estados en los que el reconocimiento de que la autoridad política es creada y sostenida por el pueblo está explícitamente incorporado a la estructura del estado en forma de votación (para los cargos y las leyes), disposiciones constitucionales para ejercer el control sobre las instituciones políticas, procedimientos de enmienda constitucional, etc. Pero todavía hay muchas preguntas que podemos hacer sobre este modelo.

Consentimiento en Filosofía Política

El consentimiento (popular, o de los gobernados) es, para algunos, incompatible con la actividad revolucionaria, pero puede ser coherente con la desobediencia civil. Alguien como Martin Luther King Jr., incluso cuando desobedeció abiertamente ciertas leyes, se concibió a sí mismo como comprometido con la sociedad política a la que desafiaba; de hecho, desafió algunas de esas leyes porque decía estar comprometido con su país. La estrategia del ciudadano leal pero desobediente consiste en expresar su compromiso con la autoridad de los legisladores incluso rechazando lo que considera que son las leyes inmorales concretas que han legislado.En general, la desobediencia civil demuestra que el consentimiento de la convención es un fenómeno complicado, cuya concesión no puede equipararse a la mera obediencia a la ley. Incluso si el consentimiento es responsable de la creación y el mantenimiento de la autoridad política, es importante señalar que dicho consentimiento puede no expresar la aprobación de una persona a su régimen. Para dar cabida a la noción de aprobación, necesitamos una idea más sustanciosa de consentimiento que exprese no sólo la aquiescencia de un régimen político, sino también su aprobación y apoyo explícitos. Un régimen que recibe el consentimiento de aprobación obtiene de sus súbditos no sólo la actividad que lo mantiene, sino también la actividad que transmite su respaldo y aprobación. Un régimen que cuenta con el consentimiento de la mayoría de sus ciudadanos hará algo más que sobrevivir: El considerable apoyo de sus súbditos lo hará vibrante y duradero, capaz de soportar ataques desde fuera y desde dentro. Más allá de un tipo de actitud hacia el Estado, el consentimiento de aprobación es una decisión de apoyarlo debido a la determinación de que es algo bueno que apoyar. Al dar esta forma de consentimiento, el sujeto transmite su respeto por el Estado, su lealtad a él, su identificación con él y su confianza en él. Es muy probable que un Estado no pueda recibir ese consentimiento de respaldo de sus súbditos a menos que sea razonablemente eficaz o justo.

Teoría de la Agencia en Filosofía Política

Aunque no hay un contrato literal entre el gobernante y los gobernados, las actividades de apoyo a la convención del pueblo establecen lo que puede llamarse una relación de «agencia» entre ellos y el gobernante. Esta relación, que según Locke prevalece entre el gobernante y el pueblo, es una relación en la que el gobernante actúa como agente del pueblo, contratado por éste para realizar ciertas tareas y capaz de ser despedido por él si considera que realiza esas tareas de forma incorrecta. Aunque esta relación no es literalmente contractual ni en su naturaleza ni en su origen, es lo suficientemente similar a las relaciones de agencia reales iniciadas por contratos como para que se pueda perdonar cualquier conversación metafórica sobre un «contrato social» entre gobernantes y gobernados. Para ver esta relación de agencia, consideremos la forma en que la revolución es posible y justificable en el modelo de convención. Al igual que la creación de un Estado requiere la resolución de ciertos problemas de coordinación potencialmente conflictivos, lo mismo ocurre con su cambio. El análisis de las razones que tiene una persona para aceptar o rechazar una convención de gobierno muestra la relación de agencia implícita entre el gobernante y el pueblo en el modelo de convención. En un sentido bastante literal, el gobernante es «contratado» en virtud de esta convención, y si el pueblo decide no mantener esa convención, entonces será «despedido» y se «contratará» a un nuevo gobernante mediante una nueva convención o convenio.

Convenio Rector en la Autoridad Política

¿Cómo inventa o crea el pueblo la autoridad política? ¿Y cómo implica el consentimiento? Los Estados reales no parecen haber sido creados mediante promesas explícitas entre los ciudadanos, y las promesas ficticias en contratos hipotéticos no confieren autoridad. Así que necesitamos una forma de entender el proceso de invención de la sociedad política que sea a la vez históricamente plausible y que genere autoridad para que este enfoque de la autoridad política tenga éxito. El truco para desarrollar tal explicación es, como se ha señalado por algún autor contemporáneo, buscar una actividad de consentimiento que no sea explícita, prometedora o abiertamente dirigida a algún gobernante, sino más bien implícita, no prometedora y dirigida a desarrollar lo que llamamos una «convención de gobierno», es decir, una convención que defina no sólo los cargos gubernamentales y los titulares de los mismos, sino también la naturaleza de la autoridad que tienen los que ocupan los cargos. Esta actividad consensuada puede adoptar diversas formas, por lo que para buscarla debemos comprender, a un nivel básico y abstracto, su forma de creación de convenciones. También tratamos, en este texto, de aclarar lo que implica la actividad consentidora de un sujeto, que da lugar a una convención de gobierno; entonces, como mostramos, podemos utilizar este modelo para entender la dinámica de las historias reales de creación de Estados.

Importancia del Estado

Desde la época de Aristóteles hasta nuestros días, los filósofos han detallado los tipos de problemas sociales que podrían ser resueltos por una autoridad política que pudiera exigir obediencia. Una autoridad política legisla para resolver los problemas de coordinación y del dilema del prisionero en la comunidad (a través de las reglas de la propiedad, el contrato o el matrimonio, o de las reglas del derecho penal); adjudica los conflictos, hace cumplir la resolución de estos conflictos y hace cumplir la ley en general. En resumen, la mayoría de los filósofos entienden que la autoridad política es una autoridad que exige obediencia para garantizar el orden.
Todos los problemas de la teoría de los juegos y los problemas creados por el comportamiento antisocial son problemas de orden, que requieren una institución que permita a las personas lograr la coordinación, obtener la seguridad necesaria para que la cooperación sea racional, y proporcionar sanciones que fomenten el comportamiento cooperativo en situaciones en las que, de otro modo, sería irracional o, como mínimo, inoportuno. Aunque asegurar el orden en estos diversos sentidos no es, sin duda, la única tarea del Estado (y, de hecho, el objetivo de algunos textos de esta plataforma es reflexionar sobre otros propósitos del Estado), no obstante se suele asumir que esta tarea es necesaria para que podamos llamar a cualquier sistema de poder y autoridad un auténtico Estado.

Justicia Distributiva en el Ámbito Político

Este texto se ocupa de la justicia distributiva en el ámbito político. Los Estados se justifican en la medida en que son creados por convención por las personas de un territorio para cumplir ciertas funciones consideradas extremadamente importantes por razones morales y de interés propio. Este proceso de creación implica la invención de un tipo especial de autoridad y un considerable poder coercitivo que luego se invierte en esas personas que se dice que «componen» el Estado. Con este poder y esta autoridad, estos gobernantes desempeñan las funciones para las que se creó el Estado. Nuestro análisis también nos ha permitido distinguir entre lo que se llama propiamente «estados» y (meros) «sistemas de dominio». Las personas que son ciudadanos de estados desempeñan un papel en el mantenimiento (y tienen la suficiente libertad para emprender acciones colectivas para cambiar) la convención de liderazgo de su sociedad; los que están sujetos a sistemas de dominio son dominados mediante el uso de la tecnología que les deja relativamente impotentes para cambiar la forma de ese dominio mientras exista esa ventaja tecnológica. Pero, como hemos señalado, quizá todos los Estados tengan algunos elementos de dominio en su interior. No obstante, esta no es una respuesta plenamente satisfactoria para los anarquistas. Hay aspectos de la justicia en el que los desacuerdos son más graves y que ha sido la parte más dominante de la teoría política desde finales de los años sesenta: es decir, la justicia distributiva, que implica las reglas de propiedad e intercambio de bienes, el derecho de sucesiones, los impuestos (especialmente si se proponen con fines de redistribución de la riqueza) y las regulaciones sobre las instituciones que crean o utilizan la riqueza. Revisamos cuatro formas diferentes de definir la justicia distributiva: el utilitarismo, el contractualismo rawlsiano, el libertarismo y el igualitarismo. En vista de estos desacuerdos, no hay manera de que los ciudadanos de cualquier régimen de la tierra puedan estar unánimemente de acuerdo en que un régimen tiene un gran éxito en la realización de la justicia, ya que los partidarios de cualquiera de estos puntos de vista se opondrán a los Estados que no respalden su punto de vista favorito.

Alcance de la Justa Autoridad Política

Los marxistas también critican a los que hacen hincapié en la justicia distributiva, pero por razones muy diferentes a las de los comunitaristas. Karl Marx (1818-1883) argumentó que cualquier distribución de recursos en una sociedad está inevitablemente generada por la forma de organización económica de esa sociedad. En nuestra época esa forma de organización es el capitalismo, y Marx argumenta que el capitalismo opera para generar grandes desigualdades de riqueza (y bienestar) debido a la forma en que los mercados y las empresas capitalistas operan para favorecer a los propietarios y perjudicar a los trabajadores. En «El Capital», Marx incluso propone una teoría económica basada en la «teoría del valor del trabajo» (popular en el siglo XIX pero ahora ampliamente rechazada por los economistas) para tratar de mostrar cómo la explotación del trabajador en este sistema es inevitable. Por otro lado, y en relación a la teoría feminista, si las preferencias de las personas son creadas en parte por un sistema injusto de dominación, entonces una teoría de la justicia distributiva que simplemente satisface esas preferencias sin evaluarlas o tratar de corregir las fuerzas opresivas que las generan también es moralmente insatisfactoria.

Igualitarismo Político

Este texto se ocupa del igualitarismo político. Hay dos respuestas destacadas en las teorías igualitarias modernas: igualdad de bienestar e igualdad de recursos. El igualitarismo del bienestar es popular entre aquellos que se sienten atraídos por la visión del utilitarismo de que el bienestar humano es, en última instancia, la característica moralmente más importante de una comunidad a la que el Estado debe prestar atención, pero que quieren trazar un camino para que el Estado persiga el bienestar no de una manera «agregada», sino de una manera más sensible a las particularidades de los individuos. Sin embargo, esta forma de formular una visión igualitaria plantea algunos problemas graves. Muchos igualitaristas hayan seguido a Ronald Dworkin en la defensa del «igualitarismo de los recursos», que haría que el Estado igualara los recursos (tal vez definidos según algo parecido a los bienes primarios de Rawls), no el bienestar. Pero Dworkin argumenta que es interesantemente difícil distribuir los recursos «equitativamente» de una manera que sea genuinamente justa. No es tan sencillo como dar la misma cantidad de recursos a cada persona y utilizar el Estado para supervisar las transferencias para garantizar que sigan siendo las mismas. En cambio, lo que Dworkin quiere defender es una forma de distribuir los recursos que, aunque no dé lugar a que todo el mundo tenga exactamente la misma cantidad, deje a cada persona satisfecha con su suerte y sea capaz de asumir la responsabilidad de cómo satisfacer sus gustos y asegurar su bienestar. Para aclarar su concepción de la igualdad, Dworkin propone un experimento mental similar al enfoque contractualista para definir la justicia.

Libertarismo de Nozick

Este texto se ocupa del libertarismo de Roberto Nozick. La preocupación última de Nozick es la forma en que las concepciones de estado final y de patrón interfieren con la libertad. En cierto sentido, está de acuerdo con la importancia y la prioridad del primer principio de justicia de Rawls, pero, en opinión de Nozick, ese primer principio, que exige la misma libertad para todos, tiene implicaciones para el tipo de concepción de la justicia que puede respaldar una sociedad amante de la libertad. Debe ser una que permita a las personas la máxima (e igual) libertad para hacer con su propiedad lo que decidan hacer, sin estar sujetos a la interferencia del Estado. De ahí que Nozick esté a favor de un principio histórico de justicia, es decir, uno que atribuya a alguien un derecho de propiedad sobre un objeto en función de la historia de la adquisición de ese objeto por parte de esa persona, y no en función de si su posesión se ajusta a algún tipo de patrón. Ha habido muchas críticas a los puntos de vista libertarios en general y a la versión del libertarismo de Nozick en particular, algunas de ellas apasionadas. La crítica más obvia y popular ha sido a la noción libertaria de los derechos: ¿Por qué deberíamos pensar que la moral exige que concedamos a las personas unos derechos tan absolutos? ¿Cómo se puede pensar que los derechos se imponen de forma tan decisiva a todas las consideraciones sobre el bienestar de los demás en la comunidad? ¿Nozick realmente nos haría resistirnos a los derechos «absolutos» incluso si su respeto provocara un desastre para la comunidad en general? Además, ¿qué pasaría si la economía floreciera mejor si el Estado interfiriera en la economía de mercado (y, por tanto, en la actividad de transferencia de los individuos a través de contratos, etc.), por ejemplo, a través de la legislación antimonopolio?

Utilitarismo en la Filosofía Política

La teoría del utilitarismo fue esbozada por el filósofo inglés Jeremy Bentham (1748-1832), que pretendía proporcionar una teoría política para que el Parlamento británico y otros gobiernos la utilizaran en la construcción de una legislación sólida y racional. Bentham estaba descontento con (lo que él consideraba) el carácter sin rumbo y «no científico» del proceso legislativo de su época y criticaba la idea de que una legislación significativa y genuinamente reformadora pudiera basarse en la idea tradicional (y en su opinión oscura) de los «derechos». (En una ocasión comentó: «Los derechos naturales son un simple disparate: los derechos naturales e imprescriptibles, un disparate retórico, un disparate sobre zancos»). El principio de utilidad de Bentham, ya sea en su forma clásica o media, ha sido persistentemente atractivo para generaciones de políticos, legisladores y teóricos desde que lo promulgó. No sólo es sencillo y aparentemente «científico» en el sentido de que se le puede dar una formulación matemática (complaciendo así a los científicos sociales que desean tener fundamentos claros y rigurosos para la formulación de políticas), sino que también se ocupa centralmente de lo que muchos consideran el núcleo de la moralidad, a saber, el bienestar humano. También ha sido muy atractivo para los defensores del Estado del bienestar moderno, a quienes les gusta la idea de un gobierno activo en la ingeniería de las instituciones sociales utilizando un principio de razonamiento riguroso que se ocupa de lo que (al menos se puede decir) más importa en cuestiones de justicia, es decir, el bienestar humano. Sin embargo, el principio de utilidad ha sido fuertemente atacado, de modo que a lo largo de los años los defensores de ese principio han sentido la necesidad de modificarlo o redefinirlo para hacerlo plausible.

Teoría de la Justicia de John Rawls

Este texto se ocupa de «La Teoría de la Justicia» de John Rawls, una obra fundamental en la filosofía jurídica y en la filosofía política. En 1971 John Rawls publicó su obra «Una teoría de la justicia», y la filosofía política no ha vuelto a ser la misma desde entonces.
Rawls no sólo sentó las bases para una reconsideración a gran escala de la naturaleza de la justicia distributiva por parte de los filósofos críticos con el utilitarismo (véase más), sino que también dio nueva vida a la disciplina de la filosofía política, que estaba en gran medida moribunda en el mundo angloamericano en la primera mitad del siglo XX. Influido por la agitación política de los años 60, la visión de Rawls del Estado justo tiene un espíritu profundamente igualitario que muchos han encontrado convincente. Rawls argumenta que las partes se encuentran en una situación de incertidumbre porque no pueden estimar la probabilidad de que sean ricos o pobres, con talento o sin él, etc. Por lo tanto, dice Rawls, tienen que elegir como si pudieran acabar siendo los miembros menos favorecidos de su sociedad, de modo que querrían aquella concepción de la justicia que les diera el mejor trato en ese escenario. Aquí se desarrolla su argumento, en especial en relación a la justicia distributiva.

Filosofía Política de Hobbes

El argumento de Hobbes recibió su desarrollo más completo en su clásico «Leviatán» (1651). Las líneas generales de su punto de vista son bastante sencillas: Imaginemos, dice Hobbes, un mundo en el que las personas viven sin ser gobernadas y, de hecho, sin estar siquiera en sociedad unas con otras. Tal «estado de naturaleza», según Hobbes, sería un estado de guerra, en el que las personas entrarían inevitablemente en conflicto y se harían la guerra unas a otras, de modo que sus vidas serían «solitarias, pobres, desagradables, brutales y cortas». Para preservar sus vidas y lograr una existencia cómoda, Hobbes dice que los seres humanos han creado y mantenido (y fueron racionales para crear y mantener) sociedades políticas para asegurar la paz y las condiciones para el comercio. Sin embargo, sostiene, la única forma viable de sociedad política que puede alcanzar estos fines es la gobernada por un soberano absoluto en el poder sobre el pueblo. Los detalles del experimento de pensamiento de Hobbes son filosóficamente importantes: Podemos, dice, pensar en las personas en el estado de naturaleza como si estuvieran «incluso ahora brotando de la tierra, y de repente, como los hongos, llegan a la plena madurez, sin ningún tipo de compromiso entre sí». El hecho de que Hobbes creyera posible tal experimento mental y revelador de la naturaleza última de los seres humanos muestra que no está de acuerdo con un filósofo como Aristóteles, que insistiría en que despojar a las personas de sus conexiones sociales equivale a despojarlas de gran parte de su humanidad.

Teorías del Contrato Social

Teorías del Contrato Social Primeras Teorías del Contrato Social «Para entender bien el poder político y derivarlo de su origen, debemos considerar en qué estado se encuentran naturalmente todos los hombres, es decir, un estado de perfecta libertad para ordenar sus acciones y disponer de sus posesiones y personas como les parezca, dentro de los … Leer más

Filosofía Política de Locke

Filosofía Política de Locke El Argumento del Contrato Social de Locke Quizás muchos de nosotros respiraremos aliviados al ver que el argumento del contrato social de alienación de Hobbes fracasa (véase una larga explicación sobre ello) y parece derrumbarse en una variación de la visión de la agencia, a pesar de sus intentos de argumentar … Leer más

Indivíduo en la Sociedad

Indivíduo en la Sociedad Liberalismo, comunitarismo y teoría postliberal La justicia es un tema complicado, y la equidad distributiva es sólo uno de sus aspectos. Los teóricos políticos que han reflexionado sobre la naturaleza de la justicia han propuesto una variedad de características que tendría un estado justo además de la justicia distributiva, algunas de … Leer más

Teoría Postliberal

Dado que la teoría post-liberal querría promover tanto el ideal de igualdad como el ideal de una «relación justa» entre los miembros de la sociedad, esa teoría reúne el pensamiento igualitario característico de la izquierda con el pensamiento comunitario característico de la derecha (aunque lo que los posliberales consideran las características de una comunidad ideal tiende a ser diferente de las características reconocidas por muchos conservadores, en la medida en que los posliberales se centran en la igualdad de trato y en la dignidad, más que en los «valores tradicionales» de los conservadores, sobre todo porque algunos de estos valores les parecen a los posliberales valores que en realidad promueven estructuras sociales sexistas, racistas o clasistas). En cualquier caso, parece que uno de los aspectos más interesantes del pensamiento postliberal es la forma en que intenta (deliberadamente) destruir la vieja dicotomía entre la derecha y la izquierda.

Rol de la Mujer en el Posneoliberalismo

Fray Cherubino de Siena, que compiló las Reglas del Matrimonio entre 1450 y 1481, aconseja a los maridos: «Cuando veas que tu mujer comete una ofensa, no te abalances sobre ella con insultos y golpes violentos…. Repréndela bruscamente, amedréntala y atemorízala. Y si aún así no funciona… toma un palo y golpéala fuertemente, pues es mejor castigar el cuerpo y corregir el alma que dañar el alma y perdonar el cuerpo…. Entonces golpéala de inmediato, no con rabia, sino por caridad y preocupación por su alma, para que la paliza redunde en tu mérito y en su bien». Unos siglos más tarde, en sus famosos «Comentarios sobre la ley de Inglaterra», William Blackstone declaró que el primitivo derecho consuetudinario permitía golpear a la esposa siempre que el marido no sobrepasara los límites razonables del «debido gobierno y corrección»: «Porque, como [el marido] debe responder de su mal comportamiento, la ley consideró razonable confiarle este poder de castigo, con la misma moderación con que se permite a un hombre corregir a sus aprendices o hijos». Obsérvese que Blackstone justifica esta práctica asumiendo que las mujeres pierden su identidad separada una vez que se casan, lo que significa que sus maridos son responsables de sus actos. En el caso Rhodes, de 1868, de Estados Unidos, también se permite. Pero lo pecular de la decisión en este caso (luego se anuló) es que muestra la forma en que estaba animada por la doctrina liberal, y no por opiniones más antiguas y aristotélicas sobre la subordinación natural del hombre a la mujer. Tales puntos de vista desempeñaron ciertamente un papel en la sociedad liberal: la doctrina discute hasta qué punto tales puntos de vista fueron importantes en el desarrollo del derecho de familia.