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Lecciones de Filosofía de Hegel

El papel como sostén de las Lecciones lo conservó la “Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio” a lo largo de toda la época de Berlín a pesar de la publicación de la “Líneas básicas de la Filosofía del Derecho” el año 1820. Se trata, en los cuatro casos, de textos propiamente creados por los editores mediante la refundición de apuntes de clase de distintos alumnos y años, absorbiendo además dentro del texto resultante algunas de las minutas que el propio Hegel había usado para dar sus lecciones. Como sea que los documentos que sirvieron de base para tales refundiciones se han perdido en buena parte, resulta hoy por hoy imposible diferenciar con precisión en las Lecciones y en los «añadidos», tal como fueron de hecho publicados, lo que es verdaderamente atribuible a Hegel y lo que aportaron otras manos y mentes. Cada vez que impartía una parte de su filosofía reelaboraba la materia en función de nuevas lecturas y acontecimientos, de modo que él nunca dio su sistema por definitivamente escrito, pero los discípulos llevaron a cabo un trabajo compilador que creaba una totalidad compacta y atemporal, enteramente acabada y definitiva.

Lo sabemos hoy, porque de publicación la documentación disponible sobre aquella actividad docente de Hegel en Berlín. Una obra que reclama un mayor estudio, especialmente de los documentos de su última época, si es que se quiere seguir hablando de Hegel, aunque sea mal. Y por lo que se refiere más directamente a la “Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio”, hay que decir con toda claridad que los «añadidos» constituyen un abuso de los discípulos mayor que el cometido con las Lecciones. Quisieron enriquecer el texto más que completarlo.

Querían que la “Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio” fuese el sistema acabado y el baluarte de la escuela que ellos mismos pretendían formar. Así lo prueba el hecho de que Hegel siempre hablara de “mi” “Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio” en singular, como ya hemos visto más arriba, descartando con esta expresión que se tratara de tres libros distintos. Y se impone igualmente la conclusión de que este único libro estuvo siempre sometido a un proceso de revisión que solo la muerte interrumpió. Para facilitarse esta tarea, pedía al editor que le suministrara varios ejemplares impresos en «papel de escribir», para seguir enmendando el libro, y con él a sí mismo.

Hoy piensan algunos incluso que, sobre las cuestiones más candentes de religión y política, Hegel se expresaba con más libertad en las clases que en los libros. Pero es bien claro que la publicación de las lecciones y los «añadidos» no podía hacerse como se hizo. Dejando esto bien sentado, hay que decir también que «añadidos» y «lecciones» tuvieron gran influencia, son textos más claros y didácticos que los libros escritos por Hegel, se leen con facilidad y no pueden ser enteramente falsos. De la historia que acabamos de exponer se debe no solo a que se trata de la última redacción del libro, sino porque fue ésta la versión que se publicó y conoció a lo largo de los siglos XIX y XX hasta nuestros días y es, por consiguiente, el texto que más influyó, positiva o negativamente, en la historia del pen­samiento posterior.

Otra razón para justificar nuestra opción es la necesidad de poner en las manos de nuestros estudiosos una traducción fiable de la “Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio”. Se reimprime todavía en México la «versión española de E. Ovejero y Maury revisada», la cual también apareció en La Habana el año 1968. Más rocambolesco es aún el caso de las traducciones de Antonio M. Fabié y de Antonio Zozaya que también se reimprimen y provocan grandes desorientaciones de los estudiantes. Los alumnos creen tener en las manos la “Ciencia de la Lógica” de Hegel porque así lo leen en el título del libro, pero en realidad tienen solamente la primera parte de la “Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio”. Y donde el fraude intelectual alcanza extremos insospechados es en la llamada “Filosofía del Espíritu” y que hemos visto reproducida en una edición argentina . Aparte de alterar la numeración de los parágrafos y de crear algunos por su cuenta, la traducción resulta altamente imaginativa y pintoresca.

Libros de Hegel

Según el modo de ver vulgarizado, la “Fenomenología del Espíritu” sería el fruto del tiempo de maduración que significó para Hegel su paso como docente novel por la Universidad de Jena . En cualquier caso, como escrito filosófico, la “Fenomenología del Espíritu” describe las distintas configuraciones o modos de ver y hacer por los que sucesivamente pasa la conciencia humana, individual y colectiva, hasta alcanzar aquel saber que merece la calificación de verdadero. Son categorías en el sentido más clásico de la palabra, mientras que para los conceptos en sentido corriente o vulgar, Hegel reserva el nombre de representaciones . La “Ciencia de la Lógica” sería entonces, según este modo simple de esquematizar, la obra representativa de la estancia de Hegel en Nuremberg y la más filosóficamente pura, si se puede hablar así, de todas las que escribió.

Hegel se había trasladado entonces a Bamberg, donde por un breve tiempo dirigió un periódico local y, a continuación, se instaló en Nuremberg. Una vez incorporado a esta Universidad, Hegel se encontró ante la necesidad de dotar a sus alumnos de un manual que les sirviera de hilo conductor de las clases. La estancia de Hegel en Heidelberg duró dos años escasos, porque en seguida aceptó trasladarse a la Universidad de Berlín, donde pronto había de alcanzar la cumbre de su fama . Esta última, según los tópicos más divulgados, vendría a revelar precisamente el carácter conservador en última instancia, e incluso reaccionario, de la gran construcción teórica que conocemos como filosofía hegeliana, la cual frecuentemente se identifica como «la última gran síntesis de Occidente». Es más, se ve condenado al fracaso por causa precisamente de su desmedida pretensión de darlo todo por racional y de haber pretendido desvelar esa racionalidad objetiva de todo el universo con su propia razón humana. Sin embargo, como suele suceder con esta clase de síntesis, es poco exacta. Si pues los planes de publicación de una «Enciclopedia» filosófica hay que remontados hasta la época de Jena, como se dice en el primero de estos informes, es útil tomar como punto de partida del proyecto la siempre citada carta de Hegel a Schelling, fechada aún en Frankfurt el 2 de noviembre de 1800. « Ahora, mientras aún me ocupo de ello, me pregunto cómo encontrar la vuelta para intervenir en la vida de los humanos». El amigo Schelling le abrió inmediatamente este camino de vuelta a «la vida de los humanos», facilitándole la incorporación a la Universidad de Jena, donde debió aún ocuparse de perfeccionar su sistema filosófico. Para incorporarse a la Universidad debe entonces habilitarse como profesor. Presenta, por tanto, el escrito de habilitación, dedicado a las órbitas de los planetas en dependencia excesiva de la filosofía de la naturaleza de su amigo Schelling, y presenta también entonces un elenco de doce tesis en latín que tienen interés como lejano embrión de la “Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio”. Con formulaciones enérgicamente paradójicas y desde la tesis primera de este elenco, Hegel polemiza con la tradición racionalista y con el formalismo en el que aquélla había venido a caer. La «materia del postulado de la razón» que aparece en la tesis 8 no puede ser otra cosa, en lenguaje hegeliano, que el contenido absoluto.

«La materia del postulado de la razón que expone la filosofía crítica destruye a esta misma filosofía y es principio de spinozismo.» Véanse en la “Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio” los§§ 54 y 55. Y, como sea que el kantismo abriga ese contenido en su seno, la filosofía crítica como filosofía de los límites insalvables contiene el germen de su autodestrucción, mal que le pese. Ha sido, pues, el mismo Kant quien ha puesto la bomba de relojería en el kantismo. «La idea es síntesis de infinito y finito, y toda la filosofía consiste en ideas.» También hay que evocar aquí el Primer programa de sistema del idealismo alemán, documento enigmático y sugerente como pocos para entender los orígenes de la filosofía idealista. Y la idea, por su parte, se define aún allí como síntesis de finito e infinito, con una fórmula demasiado dependiente tal vez del lenguaje kantiano y fichteano, un modo de hablar que se abandonará más tarde como inadecuado para expresar el fondo lógico-conceptual del espíritu como totalidad concreta y viva de individuos vivos. En cualquier caso, puede ya sostenerse desde estas tesis que la idea, en tanto complejidad o síntesis, incluye contradicción, y que la verdad de cada cosa particular reside en su inserción en el todo. De momento, sin embargo, a su llegada a Jena, Hegel no parece disponer de ningún desarrollo satisfactorio de ese núcleo de su filosofía.[rtbs name=”filosofia”]Por una parte, según los anuncios de sus primeras clases hasta el verano de 1805, el profesor novel se propone explicar el conjunto del sistema.

Parece, por tanto, que desde 1803 a 1805, Hegel se propone ofrecer en clase una visión a grandes rasgos del conjunto de su filosofía, al mismo tiempo que anuncia la inminente publicación de un compendio con el mismo contenido que el curso oral. La totalidad no le cabía en un solo libro y, al anunciar las lecciones del invierno de 1805-06, cambia significativamente su propósito. Quiere ahora, en efecto, publicar un volumen que deberá comprender no ya todo el sistema, sino solamente su primera parte. Sin embargo, esta “phaenomenologia praemissa” cobra también un mayor volumen cuando de hecho se redacta. Lo que primeramente se había concebido como un mero preliminar, se convierte a su vez en un libro independiente, hasta el punto de que, en el momento de ser publicada, la “Fenomenología del Espíritu” suplanta a la lógica y metafísica en la denominación de «primera parte del sistema». El propósito, sin embargo, de que la “Fenomenología del Espíritu” no llevara el título de «Primera parte del sistema» nos consta por una nota añadida el año 1831 al prefacio de la primera edición de la “Ciencia de la Lógica” Resulta así, por tanto, que, desde finales de 1805 en Jena, y desde luego más tarde en Nuremberg mientras escribe la “Ciencia de la Lógica”, el proyecto de publicar una visión compendiada del sistema ha cedido el paso a la redacción y publicación del sistema “in extenso”.

Neohegelianismo

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