Este texto de la plataforma se ha clasificado en , ,

Política de Población

Política de Población

Política de Población en las Ciencias Sociales Latinoamericanas

El término «política de población», en su actual connotación, es relativamente nuevo. Tal vez por esta razón no se encuentra consignado sino en muy pocas enciclopedias: International Encyclopedia of the Social Sciences, 17 Vols., The MacMillan Company & The Free Press, 1968 (V. 12, pp. 381388), Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana, Madrid, Espasa Calpe, 1964 (T. XLV), Enciclopedia Británica, 1964 (V. 18, pp. 234235), Der Grosse Brockhaus, Sechzehnte VOlling Neubearbeitete Auflage in zwolf binden, Zweiter Band, F. A. Brockhaus Wiesbaden, 1953 (Band 2, pp. 78-79), Sowjetsystem und Demokratische Gesellschaft, Bine Vergleichende Enzyclopiidie, 1966 (Band 1, pp. 1101-1106).Entre las Líneas En el Diccionario Demográfico Multilingüe, publicado por las Naciones Unidas, el término «política de población (104M2) apenas si es mencionado, a propósito de las teorías de la población.

Se denomina comúnmente «política de población» al conjunto de medidas encauzadas a modificar el estado de una población de acuerdo con intereses sociales determinados. Dicha modificación se refiere tanto a los cambios en el volumen y en ritmo de crecimiento (o decrecimiento) de la población, como a la distribución y densidad de ésta dentro de un territorio dado, así como también a su composición cualitativa y cuantitativa referida a actividades específicas.Entre las Líneas En cuanto a los intereses sociales, éstos consisten en hacer cada vez más extensivas la participación de los grupos sociales mayoritarios en los beneficios del desarrollo económico y social. Tal participación se pondría de manifiesto en la medida en que estos grupos fueran teniendo acceso, de una manera sistemática, a las fuentes de empleo, a los programas de salud pública, al sistema educativo, etc.

Una política de población, en consecuencia, evalúa su eficiencia en función de los logros obtenidos en la ampliación de los beneficios sociales (lo cual constituye su fin) y no en la modificación misma del estado de la población (que constituye solamente un medio), lo cual no quiere decir, sin embargo, que no pueda darse el caso que el fin se encuentre en la modificación misma de algún aspecto de la población, en cuyo caso sería posible que la implantación de medidas para alcanzar este propósito constituyeran el medio. Asimismo, vemos que una política de población no puede formularse ni ponerse en práctica aisladamente, es decir, que siempre debe pensarse como parte integrante de una estrategia de desarrollo global en el que, además de la de población, estén contempladas y especificadas otras políticas de tipo económico, social, político, cultural, etc. No se puede hablar de beneficio social si, por ejemplo, a un crecimiento de la población determinado (mediante alguna política de población), corresponde un crecimiento menor en el proceso de creación de fuentes de empleo (debido a la inexistencia de una política económica); en otras palabras, no se puede hablar del cumplimiento cabal de los objetivos de toda política de población si ésta se sustrae a la participación conjunta enfatizada. Por lo demás, esto no hace sino expresar el hecho de que, si se considera que la población es el sujeto que realiza todas las actividades sociales, las modificaciones que llegue a sufrir vía una política de población se reflejarán necesariamente en todas las esferas de la sociedad.

Tomando en cuenta lo anterior, decimos que una política de población puede ser formulada en atención al desarrollo mismo de la población, es decir, cuando en virtud de un determinado estado de la población se hace necesaria su adopción y su realización, con lo cual vendría a adquirir un carácter de política ex post; o bien puede ser concebida ex ante, es decir, como una medida de prevención que, en relación a la población, atendiera a eventualidades futuras más o menos previsibles.Si, Pero: Pero ya sea que se formule de una o de otra forma, una política de población es un asunto que, en primer lugar, concierne en particular a cada país, ya que es a partir de condiciones de población específicas que una política de población adquiere significado y cobra sentido, y que es claro que tales condiciones son diferentes según se trate de un país o de otro; en segundo lugar, una política de población, por lo general, es puesta en práctica por aquel grupo o grupos del sector público calificados jurídicamente para tomar decisiones al respecto. Es el gobierno, esto es, la parte dirigente del Estado, el que, a través de sus múltiples instituciones, plantea la consecución de los intereses sociales en general, y la de los intereses asociados a una política de población en particular. Esto no significa que, en colaboración con el gobierno, o actuando por cuenta propia, no existan organismos internacionales inmiscuidos directamente en prácticas que conducen a modificaciones en el estado de la población. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Como afirma armen Miró, demógrafa destacada: «… A fines de 1969 existían en la región (se refiere a América Latina) más de 1. 000 clínicas anticonceptivas, de las cuales el 72 por ciento operaba en servicios gubernamentales («Política de población: ¿Qué? ¿por qué? ¿Para qué? ¿cómo?», Conferencia Regional Latinoamericana de Población, 1970).Entre las Líneas En resumen, no puede hablarse de una política de población en abstracto, por cuanto que siempre se encuentra referida a una situación concreta y determinada, así como tampoco es posible llevarla a cabo si no es a través de conductos oficiales. Una política de población comprende medidas de índole diversa pero que, en su conjunto, conducen hacia la modificación «deseada» del estado de la población. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Así, por ejemplo, un programa de salud pública puede estar formando parte, junto con otras medidas (educación sobre prevención de enfermedades, mejoramiento de las condiciones de vivienda, de trabajo, etc.), de una política tendente a disminuir la acción de la mortalidad sobre la población. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Por otra parte, si tenemos en cuenta que las: componentes fundamentales de las cuales depende el cambio (en el más amplio sentido) de la población son la mortalidad, la fecundidad y la migración, y que éstas se encuentran en interrelación constante, puede asegurarse que cualquier influencia que produzca alguna modificación en dichas componentes tendrá que reflejarse, con mayor o menor rapidez, en el estado mismo de la población.

De aquí que el conjunto de medidas mencionado pueda ser reconocido como parte sustantiva de una política de población; al mismo tiempo, observamos que, en este caso, el programa de salud ha servido de medio para la consecución de un objetivo, que es el de la disminución de los niveles de mortalidad de la población.
Así como los programas de salud van dirigidos fundamentalmente a lograr el abatimiento de los niveles de mortalidad, otro tipo de medidas son implantadas con miras a influir sobre el estado de la fecundidad y la migración de una población. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Entre las Líneas En efecto, algunos países han experimentado reducciones relativamente importantes de las tasas generales de fecundidad, ya a través de la legalización del aborto (como en el Japón moderno), ya por una aceptación tácita de una determinada edad para contraer matrimonio (como sucede actualmente en China Popular), ya mediante la puesta en práctica de diversas medidas que, siendo adoptadas por organismos oficiales, llegan a modificar el estado de Ta población y a lograr objetivos sociales. Igualmente puede pensarse en políticas migratorias, como la de migración internacional que permitió la salida de grandes masas de población europea, a principios de este siglo, y su utilización como mano de obra en el proceso de industrialización naciente en Estados Unidos por aquella época. Asimismo, la movilización de población dentro de las fronteras de un país, es decir, la migración interna, puede impulsarse mediante políticas migratorias adecuadas que tengan como objetivo, por ejemplo, la satisfacción de programas amplios de desarrollo regional.

Para que una política de población no se convierta en solo un remedio pasajero, ésta deberá sustentarse sobre la base de un conocimiento previo de la génesis, estado actual y efectos posibles del desarrollo histórico de la población; es decir, que deberá elaborarse sobre la base del conocimiento de las causas que provocaron la situación que se está intentando modificar por medio de su acción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Ahora bien, el conocimiento de tales causas dependerá del grado de avance en que se encuentre la disciplina que atiende al estudio de la población, esto es la Demografía, quien deberá suministrar al analista el instrumental teórico metodológico para llevar a cabo tal tarea.

Las proyecciones de población (de la población total, de la población económicamente activa, de tasas de mortalidad, etc) juegan un importante papel en la constitución de la base teórica de las políticas de población, ya que a través de ellas es posible, con serias limitaciones, prever el curso que seguirá el desarrollo de la población, o algún aspecto particular de ella, de acuerdo con determinados supuestos hechos respecto de algunas otras variables demográficas.

Puntualización

Sin embargo, muchos autores coinciden en que la utilización de las proyecciones de población como parte del sustento teórico de alguna política de población, puede conducir a situaciones inesperadas que, inclusive, pueden llegar a empeorar lo que se intentaba mejorar. Esto significa que, idealmente, detrás de toda política de población deberá existir siempre una idea o, en el mejor de los casos, una teoría de la población que oriente inicialmente dicha política.

Para el caso de América Latina, si bien no puede pensarse en una política de población que atienda a las solicitudes de su desarrollo global como región, ya que solo tiene pertinencia para cada uno de los países que la integran, de todos modos puede decirse que ha existido, por parte de la mayoría de los gobiernos de esos países, una actitud más o menos uniforme respecto a la dinámica de la población, si consideramos el período abarcado por los años 1930 1960, en el que la población no recibía todavía especial atención, tal vez debido a que su desarrollo se había venido dando de una manera «silenciosa», es decir, creciendo lentamente, como lo muestran las cifras disponibles en la actualidad; o en el que, cuando más, se había llegado a establecer, como algo comúnmente aceptado, la idea sintetizada en la frase «gobernar es poblar».

A partir de la primera mitad de la década de los sesenta, se observa un cambio radical en esta actitud que los gobiernos. tenían hasta entonces respecto de la población. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Entre las Líneas En 1964, por ejemplo, se crea la División de Estudios de Población, en Colombia; la Sociedad para el Bienestar Familiar es fundada en Brasil en el año 1965 y, en fecha más reciente (1974) ha sido creado en México el Consejo de Población, integrado incluso por ministros del régimen actual. Esto evidencia la preocupación que los organismos oficiales han concedido en los últimos años a la problemática planteada por la dinámica de la población y que consiste, para la mayoría de los países latinoamericanos, en el relativamente rápido crecimiento de la misma.

Lo anterior no significa, desde luego, que las condiciones que está teniendo lugar este desarrollo peculiar de la población. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). sean las mismas en todos, o en la mayoría, de los países latinoamericanos ni, como consecuencia, que las políticas de población. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). existentes en la región presenten demasiados rasgos comunes. Mientras que el gobierno mexicano ha anunciado que un aspecto importante de la política de población debe ser, para el país, la reducción de los niveles de fecundidad y, por ende, del crecimiento de la población, Argentina, por su parte, ha reiterado,
y han impulsado recientemente su política oficial respecto de la población y que consiste, al contrario de la mexicana, en una serie de medidas tendentes a impulsar el crecimiento de la población. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La dinámica de la población cubana, para poner otro ejemplo, entraña situaciones desconocidas en la mayoría de los demás países latinoamericanos, como la escasez de fuerza de trabajo en algunos sectores de la economía.Entre las Líneas En «fin la formulación de políticas de población en los distintos países latinoamericanos, se encuentra en etapas diferentes y presenta características de una amplia variedad.Entre las Líneas En algunos de ellos existen programas de planificación (véase más en esta plataforma general) familiar aproximadamente desde 1965 (Barbados, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Puerto Rico y Venezuela), aunque es necesario advertir que en cada país obedecen a fines a veces harto diferentes.Entre las Líneas En otros se utilizan comúnmente ciertos términos para designar sintéticamente a las políticas de población ahí existentes, como el de «paternidad responsable» en México, o como el más expresivo y directo de «control natal» que, si bien no designa rigurosamente una política de población, sí da cuenta de una situación real en la cual el estado de la población está siendo modificado a través del control de nacimientos.

Sirvan los ejemplos anteriores para ilustrar la diferenciación que existe, de país a país, entre las políticas de población que, de acuerdo con los criterios antes expresados, pueden considerarse propiamente tales (examine más sobre todos estos aspectos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Finalmente, es conveniente mencionar que, tanto los estudios sobre población que sirven de base a las políticas de población, y que son llevados a cabo por demógrafos, economistas, etc., así como la formulación y realización de las mismas, a cargo de las instituciones oficiales para ello designadas, dan lugar a pronunciamientos de tipo político y a que se expresen los términos de un debate, igualmente político que, por lo demás, proviene desde mediados del siglo XIX: malthusianismo versus marxismo. [1]

El estudio de la población supone el análisis sistemático de los datos derivados de los censos periódicos y otras fuentes. Esos análisis ayudan a los estadísticos a predecir los cambios en las pautas de crecimiento de la población. En los Estados y territorios de las Américas, un análisis preciso de las tendencias demográficas de los afroamericanos es fundamental para configurar las políticas públicas en esferas como el empleo y la educación, y para determinar la forma de asignar los recursos.

Aunque hay pruebas de que los negros vivían en América del Sur antes de que Cristóbal Colón llegara al Caribe en 1492, el primer registro de negros en lo que hoy son los Estados Unidos data de 1619, cuando un grupo de sirvientes africanos y europeos contratados desembarcó en Jamestown (Virginia) con un pequeño número de colonos británicos. Los historiadores difieren en cuanto al número exacto, pero entre catorce y veinte sirvientes africanos con contrato de servidumbre formaron parte de este primer asentamiento. La práctica de esclavizar a los africanos comenzó en poco tiempo y pronto se extendió por todas las colonias. En 1630, había sesenta africanos esclavizados en las colonias americanas; para 1660, el número había aumentado a 2.920, casi cincuenta veces más.

Para 1680, las colonias estaban creciendo y prosperando. La próspera sociedad agraria necesitaba trabajadores fuertes para cultivar los fértiles campos. Y así nació el comercio de carne humana conocido como la "trata de esclavos". En los setenta años siguientes a la llegada de los primeros africanos a las colonias, la población negra esclavizada en las colonias americanas había aumentado a 16.729 personas. Para 1740, la población de esclavos había llegado a 150.000; el número había aumentado a 575.000 para 1780. Aunque existía una población negra libre en los primeros tiempos de América, ésta crecía a un ritmo más lento que la población de esclavos; en 1780, sólo había un negro libre por cada nueve esclavos.

Menos del 8 por ciento de los afroamericanos vivían en el noreste o el medio oeste cuando se firmó la Proclamación de la Emancipación en 1863. Después de la Guerra Civil (1861-1865), el porcentaje de negros que vivían en el Noreste disminuyó ligeramente, mientras que el porcentaje en el Medio Oeste aumentó.

El primer censo oficial americano, realizado en 1790, registró 757.000 negros. En esa época, los descendientes de africanos constituían el 19,3 por ciento de la población de la nación, de los cuales el 9 por ciento, o 59.527, no estaban esclavizados. Para 1790, Pennsylvania, Massachusetts, Connecticut, Rhode Island, Nueva York, Nueva Jersey y el Territorio del Noroeste habían promulgado leyes que preveían la emancipación gradual de los esclavos. Para 1860, había casi cuatro millones de personas de ascendencia africana en los Estados Unidos, más del 90% de ellas en el Sur. La población libre, la mayoría de la cual vivía en el Norte, ascendía a menos de medio millón.

La disminución y el eventual cese de la trata de esclavos, junto con el aumento de la migración europea, dieron lugar a cambios demográficos. En 1900, había 8,8 millones de afroamericanos en los Estados Unidos, que representaban el 11,6% de la población total. Entre 1910 y 1930, el porcentaje de afroamericanos en la población de los Estados Unidos disminuyó, alcanzando un punto bajo en 1930, cuando los afroamericanos representaban sólo el 9,7% del total.

Desde 1930, la población afroamericana ha crecido a un ritmo más rápido que el promedio nacional. El porcentaje de negros que viven en el Sur siguió disminuyendo hasta 1970. En ese momento, alrededor del 39 por ciento de los afroamericanos eran norteños, el 53 por ciento eran sureños, y la mayoría de los demás vivían en el Oeste.

Treinta años después, la distribución regional de los afroamericanos había cambiado. Según el censo del año 2000, la población total de los Estados Unidos ascendía a aproximadamente 281,4 millones de personas, de las cuales el 19% vivía en el sur y el 22% en el oeste. Las cifras correspondientes a la población afroamericana en 2000 indican un patrón de asentamiento diferente del de la población total: El 17,6 por ciento vivía en el noreste, el 18,75 por ciento en el medio oeste, el 54,8 por ciento en el sur y el 8,85 por ciento en el oeste.

Los datos del censo de 2000 indicaron una fuerte tendencia de crecimiento de la población afroamericana. Según el censo de 1990, la población afroamericana constituía el 12,1 por ciento de la población estadounidense, frente al 11,7 por ciento en 1980. En 1997, la población afroamericana de los Estados Unidos había aumentado a 32,3 millones, es decir, el 12% de la población residente total de la nación. Para el año 2000, la población afroamericana había aumentado a 34,7 millones, o el 12,3 por ciento de la población total.

El crecimiento de la población afroamericana desde el censo de 1980 se debe en gran medida a las altas tasas de natalidad y al aumento de la inmigración de países con poblaciones negras. El aumento del número de nacimientos con respecto a las muertes desde 1980 se debió principalmente a dos factores: un mayor porcentaje de afroamericanos en edad de procrear y una reducción de la mortalidad infantil.

La población afroamericana también ha crecido como resultado de la inmigración legal e ilegal. Aunque se ha dado más publicidad a las corrientes de inmigrantes asiáticos e hispanos a los Estados Unidos, la inmigración de negros también ha aumentado. El Caribe, principalmente Haití y Jamaica, es una fuente de inmigrantes negros que entran en los Estados Unidos para encontrar trabajo. El puente del Mariel de 1980 también trajo algunos negros de Cuba. Además, las duras condiciones políticas y económicas de África han dado a muchos africanos el incentivo de inmigrar a los Estados Unidos. Las cifras de la población afroamericana también se han visto incrementadas por los estudiantes africanos que se quedan más allá de sus visados de estudiante y empiezan a trabajar en los Estados Unidos. Las estimaciones de la magnitud y los efectos de algunas de estas fuentes de nuevo crecimiento demográfico son especulativas, pero según la Oficina del Censo de los Estados Unidos, la inmigración legal en 1996 procedente de varios países del Caribe (con excepción de Jamaica, Haití, la República Dominicana, Trinidad y Tabago, y Cuba y las naciones africanas) ascendió a aproximadamente 170.000 personas.

Según el suplemento del censo de 2002, los afroamericanos constituían el 13% de la población de los Estados Unidos.

Ese porcentaje representa treinta y seis millones de personas. En 2004, la población negra se estimaba en 39,2 millones, es decir, el 13,4%. En 2004, los porcentajes de negros que vivían en regiones específicas seguían siendo similares a las cifras de 2002, que muestran que la mayoría de los afroamericanos (55%) vivían en el Sur. Las cifras de la Oficina del Censo de los Estados Unidos (2003) muestran que 37,1 millones de afroamericanos viven en los Estados Unidos (12,9% de la población total). En el momento del Censo de 2000, el 54,8% de los afroamericanos vivía en el Sur, el 17,6% en el Noreste y el 18,7% en el Medio Oeste. Sólo el 8,9 por ciento vivía en el Oeste. En comparación, el 69 por ciento (194,8 millones) de la población de los Estados Unidos era de raza blanca no hispana en 2002. De ese número, el 33 por ciento vivía en el sur, el 27 por ciento en el medio oeste, el 21 por ciento en el noreste y el 19 por ciento en el oeste.

Nueva York (3,5 millones), Florida (2,9 millones) y Texas (2,7 millones) fueron los estados con mayor población negra en 2002. Los estadounidenses negros se concentran principalmente en las ciudades. En 2002, más de la mitad (52 %) de todos los negros vivían en una ciudad central dentro de un área metropolitana, en comparación con el 21 % de los blancos no hispanos. Aproximadamente el 57% de los blancos estadounidenses vivían fuera de una ciudad central, pero dentro de un área metropolitana, en comparación con el 36% de los negros.

Una parte significativa de la población negra está representada por los jóvenes. En 2002, el 33 por ciento de todos los negros tenían menos de dieciocho años, en comparación con el 23 por ciento de los blancos. Además, una mayor proporción de varones negros que de varones blancos era menor de dieciocho años (35% en comparación con el 24%). Por el contrario, el 7% de los varones negros y el 12% de los blancos tenían sesenta y cinco años o más. Sólo el 8% de todos los afroamericanos tenían sesenta y cinco años o más, en comparación con el 14% de los blancos. Un mayor porcentaje de mujeres negras (30%) eran menores de dieciocho años, en comparación con el 21% de las mujeres blancas. La población femenina negra también tenía un porcentaje menor de mujeres de sesenta y cinco años o más, el 9%, en comparación con el 22% de las mujeres blancas.

En las elecciones generales de 2008, se estima que votaron 131,1 millones de afroamericanos. Eso fue 5,4 millones más que los que votaron en las elecciones de 2004. Aunque la mayoría de los votantes negros (55%) tenían entre dieciocho y veinticuatro años de edad, la tasa de participación de todos los votantes afroamericanos fue del 49%. Esto se tradujo en un aumento de aproximadamente el 5% desde las elecciones de 2004.

En los meses anteriores a las elecciones presidenciales de 2008, y durante un período posterior al juramento del primer presidente afroamericano, Barack Obama, los políticos y los periodistas debatieron las predicciones de que, para 2050, se produciría un cambio en la población, de modo que la población blanca se convertiría en una minoría, mientras que las antiguas poblaciones minoritarias (compuestas por hispanos, afroamericanos, asiático-americanos y los de ascendencia mixta) se convertirían en la mayoría. Si bien se prevé que los hispanos tendrán la mayor representación, la estimación prevista para la población afroamericana en 2050 (salvo variables inesperadas) es de 65,7 millones.

Desde 1790 hasta 1900, aproximadamente el 90 por ciento de la población afroamericana vivía principalmente en zonas rurales del Sur. La abolición de la esclavitud de los negros después de la Guerra Civil tuvo poco impacto en el carácter rural del sur de la población afroamericana. Los africanos recién liberados eran en su mayoría analfabetos con conocimientos agrarios. La aparcería se convirtió en una forma de vida para muchos que aceptaron trabajar por salarios muy bajos a cambio de un refugio y una porción de la cosecha. La aparcería no era muy diferente de la esclavitud de los afroamericanos sin educación, de la que se aprovechaban fácilmente los terratenientes deshonestos. Una vez finalizado el período de reconstrucción, algunos dirigentes afroamericanos instaron a los negros a emigrar del Sur, sobre todo porque los antiguos confederados seguían teniendo el control en la época posterior a la guerra civil.

Los pueblos cherokee, choctaw, chickasaw, creek y seminola, a menudo llamados las Cinco Naciones Civilizadas, fueron expulsados de sus tierras en el sur hacia lo que hoy se conoce como Oklahoma, cuando los antiguos confederados y los supremacistas blancos recuperaron el control de la mayoría de los estados del sur y los gobiernos locales después de la Reconstrucción. Entre 1830 y 1840, esta zona se llamó Territorio Indio. Estos grupos de nativos americanos trajeron a sus esclavos con ellos mientras establecían una forma de vida agrícola. Algunos negros fugitivos se hicieron amigos de los nativos americanos, y otros eran propiedad personal. En algunos casos, los nativos americanos y los afroamericanos se casaban entre sí y tenían familias. Después de la Guerra Civil, en la que participaron tanto afroamericanos como nativos americanos, la mayoría de las naciones nativas americanas liberaron a sus negros esclavizados.

Los libertos y aproximadamente diez mil colonos afroamericanos emigraron al oeste, a Kansas y Oklahoma, estableciendo entre veinticinco y veintisiete pueblos y asentamientos en los territorios indios y de Oklahoma. Hoy en día, no hay rastros de la mayoría de esas comunidades, aunque algunos pueblos y asentamientos clave sobreviven en Oklahoma, Kansas y el Sur.

Según los datos de la Oficina del Censo, no ha habido un aumento sustancial del número de afroamericanos en los Estados Unidos desde 2004. Se estima que en ese momento vivían en los Estados Unidos 39,2 millones de negros, es decir, el 13,4% de la población. En julio de 2008, el número total de afroamericanos había alcanzado los 41,1 millones, lo que situaba el porcentaje en aproximadamente el 13,5%. Si bien no están claros los factores que contribuyeron a este mínimo aumento de la población entre los afroamericanos, la nación es y sigue siendo más diversa de lo que era décadas atrás.

En 2008, el 30,5% de la población negra era menor de dieciocho años y el 8% era mayor de sesenta y cinco años. Los afroamericanos constituyen el grupo minoritario más grande entre los veteranos militares, aproximadamente 2,3 millones en 2008.

Las proyecciones de población de la Oficina del Censo indican un aumento en el número total de afroamericanos, de 41,1 millones (13,5%) en 2008 a 65,7 millones (15%) en 2050. Sin embargo, estas estimaciones predicen un aumento de menos del 2% en cuarenta años. Es importante notar, sin embargo, que se trata de proyecciones que tienen en cuenta personas de una sola raza.

En 2008, había dieciocho estados en los que la población total de afroamericanos superaba el millón de personas. Nueva York tenía el mayor número de afroamericanos, con más de tres millones, aunque los afroamericanos constituían sólo el 17% de la población total del estado. California, Florida, Georgia y Texas también tuvieron un alto número de residentes afroamericanos en 2008. Sin embargo, los estados del sur siguen teniendo los porcentajes más altos de afroamericanos, con Mississippi (37,2%), Louisiana (32%) y Georgia (30%) encabezando la lista.

Entre 2006 y 2007, la población del estado de Georgia experimentó un crecimiento sustancial de 83.000 afroamericanos. Otros estados también experimentaron grandes aumentos en su población afroamericana, entre ellos Texas, Florida y Carolina del Norte. En 2007, el condado de Cook en Illinois, que incluye Chicago, tuvo la mayor población negra de todos los condados de los Estados Unidos, 1,4 millones. El condado de Orleans, en Luisiana, que abarca Nueva Orleans, tuvo el mayor aumento del número de residentes negros en el país entre 2007 y 2008. La parroquia de San Bernardo de Luisiana registró un aumento del 97% de su población negra en el mismo período. Gran parte de este aumento se debió al regreso de la población negra a la zona después del huracán Katrina, aunque es estadísticamente imposible determinar cuántos regresaban y cuántos eran nuevos residentes (Oficina del Censo de los Estados Unidos, estimación de mediados de 2007).

La población afroamericana total de Misisipí era de más de un millón de personas en 2008. El estado de Misisipí también tenía el mayor porcentaje de afroamericanos, con aproximadamente un 37,2%. En 2007, Misisipí también tuvo la tasa más alta de propiedad de vivienda entre los afroamericanos, con un 59%, que fue superior a la tasa nacional de propiedad de vivienda del 46%.

Los estados del norte tienen las poblaciones afroamericanas más pequeñas. Vermont tuvo la menor población negra en 2008, con aproximadamente 5.378 residentes afroamericanos, lo que representaba menos del 1 por ciento de la población total del estado. Montana tuvo el porcentaje más bajo de afroamericanos, con un 0,7 por ciento, o 6.504 residentes negros entre una población total de 967.440 en 2008. Otros estados con bajos números de residentes afroamericanos fueron Wyoming (6.884), Dakota del Norte (6.956) y Dakota del Sur (9.185).

Recursos

Notas y Referencias

  1. Abelardo Hernández Millán (autor original), adaptado y corregido (por Lawi) de los términos latinoamericanos que debían formar parte del Diccionario de Ciencias Sociales en español de la UNESCO, publicado en 1975 bajo la dirección de Salustiano del Campo y al amparo del Instituto de Estudios Políticos. Es el resultado de la postura crítica y disidente del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) frente al diccionario de la UNESCO y su respuesta con la obra colectiva “Términos latinoamericanos para el Diccionario de Ciencias Sociales”, publicada en 1976.

Véase También

Bibliografía

La invasión rusa de Ucrania

La invasión rusa de Ucrania ha transformado bruscamente el mundo. Millones de personas ya han huido. Un nuevo Telón de Acero se está imponiendo. Una guerra económica se profundiza, mientras el conflicto militar se intensifica, las víctimas civiles aumentan y las pruebas de horribles crímenes de guerra se acumulan. Nuestro trabajo en ayudar a descifrar un panorama que cambia rápidamente, sobre todo cuando se trata de una creciente crisis de refugiados y el riesgo de una escalada impensable.

En el contexto de la Guerra de Ucrania, puede interesar a los lectores la consulta de la Enciclopedia de Rusia y nuestro contenido sobre la historia de Ucrania, que proporciona un análisis exhaustivo del pueblo, la política, la economía, la religión, la seguridad nacional, las relaciones internacionales y los sistemas y cuestiones sociales de Rusia y Ucrania. Estos recursos están diseñados para complementar el estudio de la política comparada, la historia mundial, la geografía, la literatura, las artes y la cultura y las culturas del mundo. Los artículos abarcan desde los primeros inicios de la nación rusa hasta la Rusia actual, pasando por el ascenso y la caída de la Unión Soviética y la anexión de Crimea.

Respecto a la Revolución rusa, se examinan los antecedentes y el progreso de la Revolución. Empezando por los movimientos radicales de mediados del siglo XIX, la Enciclopedia abarca el desarrollo del movimiento revolucionario creado por la intelectualidad; la condición de los campesinos, la de la clase obrera y la del ejército; el papel de la policía secreta zarista; los "agentes provocadores"; la propia clandestinidad de los revolucionarios. Se dedica una sección importante a la aparición de movimientos de liberación entre las minorías nacionales de las zonas fronterizas. La Enciclopedia también considera la formación de las instituciones soviéticas y la aparición de la cultura revolucionaria mucho antes de 1917, así como la política y estrategia de seguridad rusa, y sus relaciones con la OTAN y occidente.

Entradas relacionadas por sus etiquetas


Políticas Públicas


Deja un comentario