Sufete
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Del trabajo “La organización del sistema político fenicio (siglos XII antes de la era común al I E.C.)” (The Phoenician World: political organization), de Nelson Pierrotti:
“Ya desde los tiempos de Ugarit el monarca vio limitado su poder por los
representantes de las principales familias fenicias que controlaban el comercio y
que llegarían a intervenir en la administración de sus ciudades eligiendo a los
sufetes (menciones epigráficas concernientes a los sufetes se han hallado en Grecia, Chipre,
Sicilia, Cerdeña (de fines del siglo II a.C.), en España y el norte de África), que desempeñaban funciones civiles y militares por espacio de un año.
Aunque algunos permanecieron varios años en el cargo y otros solo unos meses.
Actuaron también en forma colegiada de modo similar a los magistrados griegos
del siglo V20. Los sufetes eran en definitiva magistrados municipales que se
pronunciaban en situaciones inciertas, decidían en diferencias legales, se
ocupaban de las relaciones internacionales (más detalles sobre relaciones internacionales y las tensiones geopolíticas en nuestra plataforma), participaban en decisiones de
carácter legislativo, en la administración de la justicia y en el gobierno directo de
la ciudad. Los sufetes también presidieron el “senado”, lo convocaron y
establecieron el orden del día de sus labores.
El término “sufete” o “sufeta” (del semita shufet, plural shufetim) deriva de
una raíz que tiene el sentido de judicatura o de gobierno.Entre las Líneas En los textos mitológicos
de Ugarit el título sufete (“tpt” en ugarítico) era sinónimo de soberano; y el
sustantivo “mtpt” designaba al “poder soberano”.Entre las Líneas En el vecino Israel, antes de la
instalación de la monarquía, el “sopet” (vocablo hebreo para juez derivado del
verbo “schafat” que significa “juzgar, vindicar, castigar, gobernar”) era la más alta
autoridad civil de las tribus23. Junto a ellos parece haber existido un Consejo de
ancianos subdividido en varios consejos locales.Entre las Líneas En los textos asirios aparece
también un término similar al hebreo “shapitum” que designaba también a los
jueces regionales. Por supuesto, sería demasiado aventurado concluir que los
jueces de todas las culturas del corredor sirio-palestinense tenían las mismas
prerrogativas, que respondían a un similar sistema político-social o que los guiaba
una misma filosofía de vida. Sin duda hubo diferencias.
No obstante, la existencia de la institución de los jueces está bien
atestiguada en la región siro-palestinense desde el I milenio a.C.; en Tiro está
probada desde el siglo VI antes de nuestra era y en Cartago a partir del siglo V.
Sobre el particular se cuenta con algunos documentos epigráficos hallados en
Chipre, Sicilia, Cerdeña, Cádiz y África del Norte.
A diferencia de la monarquía, el cargo de sufete no era hereditario y se
accedía a él por elección hecha con base a criterios de riqueza o de méritos
personales. A esto apunta Aristóteles en “La Política” al analizar la constitución de
los cartagineses:
“… los reyes (-jueces-) de Cartago no son siempre de la misma familia
ni se eligen indistintamente en todas las familias, los cartagineses los toman
de una familia que consideran superior a las demás (…) Se necesita
considerar no solo el mérito sino también la riqueza para la elección de los
magistrados”.
El magistrado epónimo permanecía en su puesto durante el año al que
denominaba lo que permitía elaborar anales (similares a los asirios) de tipo
“histórico” de los hechos de cada sufete, como los que se dice hubo en la ciudad
de Tiro.Entre las Líneas En las ciudades fenicias del Mediterráneo había archivos y colecciones
de documentos, testimonios explícitos de una tradición seudo historiográfica,
tratados geográficos, textos políticos y jurídicos y hasta manuales técnicos como
la “Agricultura” de Magón de Cartago, tan apreciada en Roma pese a venir de sus
enemigos púnicos.
Un testimonio indirecto de la situación privilegiada de los sufetes en la
organización política fenicia proviene de las cartas de Tell el-Amarna (Egipto, s.
XIV a.C.) En una de ellas se lee las súplicas del rey Rib-Addi de Gubla (Biblos) al
faraón Amenofis IV (Akhenatón) solicitando el envío de tropas a Palestina para
auxiliarlo de sus enemigos. Su situación era desesperada porque:
“… cuando las gentes de mi (casa) vieron que no había sido dado
dinero (alguno) (por los egipcios), me reprocharon (¿?) (así) como los
gobernadores, mis hermanos, y me despreciaron”28.
Si nuestra percepción no es incorrecta, el hecho de que el monarca fenicio
llamara “mis hermanos” a los gobernadores de su ciudad (posiblemente los
sufetes) que lo habían expulsado de ella, esto sería testimonio del poder de
aquellos “gobernadores” y de la coexistencia de estructuras políticas cruzadas.
Por otra parte, que la forma común de gobierno en las colonias fenicias del
Mediterráneo occidental fuera el sufetato y no la monarquía absoluta, no deja de
ser un buen indicador de los cambios que estaban aconteciendo en las
estructuras económicas y sociales. Esto armoniza evidentemente con el hecho de
que aquellas colonias estuvieran directamente relacionadas con las actividades
en expansión de la oligarquía mercantil, que ejercía el control político en la
metrópolis. Y aun si fuera histórica la famosa leyenda de la reina tiria Elisa – Dido
(siglo IX) que atribuye a Cartago un inicial sistema monárquico, esto no haría más
que confirmar notablemente que se estaban produciendo cambios en el seno de
la organización política fenicia.
En cuanto a los sufetes del Mediterráneo oriental los extractos que se
conservan de los “Anales de Tiro”, si fueron transcriptos con fidelidad por Flavio
Josefo (siglo I) enumeran a los sufetes y el plazo (véase más en esta plataforma general) de tiempo que gobernaron la
ciudad en el siglo VI a.C.:
“(…) reinando sobre los tirios Itobalo, Nabucodonosor sitió Tiro
durante trece años. Después de aquel reinó Baal durante diez años.
Después de éste se nombraron jueces, quienes se encargaron del gobierno:
Ecnibal, hijo de Balzac, dos meses; Celbes hijo de Abda, diez meses; Abaro,
sumo pontífice, tres meses; Mitgono y Gerastrato, hijos de Abdalemo,
jueces por seis años; después de los cuales Balator por un año estuvo al
frente de Tiro con poder real. Una vez muerto éste, los de Tiro enviaron
mensajeros a Merbal, que esta en Babilonia, para invitarlo a venir; éste reinó
cuatro años. Muerto éste, hicieron llamar a su hermano Irma, quien reinó
durante veinte años. Por esta época Ciro era rey de Persia”
Los tres primeros ocuparon su cargo solo por unos meses, otros dos
ejercieron el poder simultáneamente por seis años (al modo atribuido a Cartago),
otro por un año, uno más por cuatro y finalmente uno que “reinó” por veinte años
(¿reelegido sucesivamente?) durante el periodo persa (siglos VI y V a.C.) A
diferencia de Tiro, los autores clásicos en general indican que solo hubo dos
magistrados al frente de Cartago (siglo III a.C.) Las fuentes (entre ellas Cornelio
Nepote)(la leyenda indica que Elisa-Dido huyendo de Tiro fundó Cartago en el norte de África,
en el siglo IX a.C., convirtiéndose en su reina. De acuerdo a los investigadores Dido es
un nombre de etimología incierta, pero Elisa sí es fenicio. La leyenda completa se halla
en la “Eneida” de Virgilio. 32 Josefo, F. “Contra Apión”. Buenos Aires. Ec. Acerbo Cultural. 1961, pp. 28-29), mucho más ricas en datos con relación a Cartago que al Mediterráneo
oriental, dicen que Cartago estuvo gobernada por una magistratura de tipo
republicano integrada por dos funcionarios epónimos. Este sistema de gobierno
recuerda al espartano en el que dos “reyes” o magistrados supremos cumplían
funciones judiciales y religiosas, y en caso de guerra uno de ellos comandaba los
ejércitos. Haciendo la crítica de los pro y contra de las instituciones políticas de su
tiempo dice Aristóteles:
“… los cartagineses tienen gran número de instituciones buenas; y lo
que prueba la sabiduría de esta constitución es que ha conservado siempre
la misma forma; sin que nunca (…) haya conocido sedición ni tirano”.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
La institución de los sufetes tuvo en el “capitán cartaginés” Aníbal (quien
puso en jaque a Roma durante las llamadas “guerras púnicas”) a su más conocido
representante34. Fue electo como “juez” en el año 196 a.C. en medio del
descontento de la asamblea popular con la oligarquía de la ciudad, lo que lo llevó
a enfrentarse con los grandes señores35. Polibio siguiendo el relato del cartaginés
Massinisa en cuanto a Aníbal y a su compañero, Magón, cuenta que:
“… decíame que estos dos hombres, desde que pudieron sostener las
armas, habían mandado juntos, y que en España y en Italia tomaron muchas
ciudades (…)”
Y el Polibio pasa a dar un gráfico cuadro del poder que tenía Aníbal en la
asamblea de notables al relatar que en ocasión de debatir los artículos de la
propuesta para la paz del romano Scipión:
“… queriendo oponerse cierto senador a las condiciones propuestas y
habiendo comenzado a hablar, Aníbal se fue a él y le arrojó de la tribuna. (…)
Por lo cuál les suplicaba (-Aníbal-) no volviesen a deliberar ya más sobre el
asunto, sino que recibiesen con conformidad los artículos propuestos (…) El
consejo de Aníbal pareció acertado y (…) resolvió el Senado hacer la paz
con las dichas condiciones y despachó al momento sus embajadores (…)”.
Pese al tenor de la situación (para juzgar mejor la cual haría falta disponer
de otras fuentes) vemos que tras la protesta inicial de los senadores por la
reacción de Aníbal terminaron por acatar el “consejo” del presidente de la
asamblea que la dirigía por las buenas o las malas en la dirección que
consideraba acertada. Su posterior expulsión de Cartago pone de relieve los
mecanismos del sistema político.Entre las Líneas En su Historia Universal Polibio suministra más
datos sobre le comportamiento de algunos de los magistrados púnicos en el
ejercicio de su judicatura. Del general Asdrúbal (al que despreciaba) dice:
“… intimidó de tal modo a la multitud, que ejercía poder tan absoluto
como un tirano”.
Siguiendo la marcha de las cosas en Cartago, Polibio muestra que si bien
el sistema político que se había organizado en un principio estaba favorablemente
constituido, con el tiempo se degeneró deviniendo en un tipo de tiranía personal,
lo que hacía que tanto la institución como el sistema perdieran lustre frente al de
otras comunidades políticas del antiguo mundo mediterráneo.”
Recursos
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Bibliografía
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