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Teorías de la Población

Teorías de la Población

Teorías de la Población en las Ciencias Sociales Latinoamericanas

El término «teoría de población» ha sido consignado ampliamente en diccionarios y enciclopedias diversos. Por ejemplo, se encuentra en la International Encyclopedia of the Social Sciences, la Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana, la Enciclopedia Británica, la Sowjetsystem und Democratische Geselleschaft, Bine Vergleichende Enzyclopiidie, que publican las Naciones Unidas, para no citar sino algunos de los más importantes.

En general, el término teoría ha sido percibido y utilizado de dos formas distintas. La primera de ellas, de connotación más bien liberal, hace referencia a un ideal supuesto (…) de los orígenes, existencia o los efectos derivados, a propósito de una situación determinada. La segunda, en cambio, de connotación más rigurosa, sé relaciona con la práctica científica y, más específicamente, con los medios de que dispone la ciencia para obtener el conocimiento de ciertos hechos particulares.

Considerada en esta segunda acepción, puede decirse que una teoría, en síntesis, busca reproducir por medio de conceptos, las relaciones entre los hechos a los que atiende, de tal manera que éstos puedan integrarse en un sistema de proposiciones lógicamente interrelacionadas.

Así pues, una teoría de la población, en particular, sería un sistema de proposiciones relacionadas entre sí lógicamente, mediante conceptos adecuados a tal propósito, y que tendría que dar cuenta de los hechos que integran el objeto de estudio de su interés (la población humana), reproduciéndolo teóricamente.

Sin embargo, en cuanto a la concepción de la población humana se refiere, han existido, históricamente, tanto ideas como teorías o, al menos aproximaciones a éstas.

En efecto, desde las épocas más remotas, hasta nuestros días, ha aparecido una vasta literatura en torno a problemáticas vinculadas, de una manera o de otra, a la dinámica de la población en general, en la cual llega a observarse, muchas veces, la sistematización de las ideas y las doctrinas prevalecientes acerca de la población, aunque en otras todavía persistan las meras alusiones a tal o cual aspecto de la misma.

Confucio y sus discípulos, por ejemplo, concebían la tesis según la cual el excesivo crecimiento de la población podría reducir, relativamente hablando, los recursos alimenticios y presionar sobre el nivel de vida de las masas, ocasionando así algunas dificultades en el aprovisionamiento y la subsistencia, Otros autores, por su lado, ponían de manifiesto la importancia de ciertos factores, tales como la alimentación, la edad para el matrimonio, etc., en cuanto a su influencia en las modificaciones observadas en el desarrollo de la población. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Desde una perspectiva que atendía más bien a las necesidades de defensa y de administración gubernamental, dos de los filósofos griegos más notables, Platón y Aristóteles, llegaron a hablar de un cierto optimum en la cifra de la población. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Asimismo, en la antigua legislación romana, se advierten algunas medidas relacionadas con el estado de la población y, más específicamente, con el crecimiento de ésta, que debía ser conducido de acuerdo con los objetivos del Estado.
En el período conocido como la «Edad Media», el aspecto moral cobró especial importancia en la formulación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). y realización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). de medidas que afectaban el desarrollo de la población, aunque de manera indirecta cuando, por ejemplo, se condenaban algunas prácticas comunes (aborto, infanticidio, etc.) y se ensalzaban ciertos principios morales, tales como la valoración que se hacía de la virginidad.Entre las Líneas En ese mismo período, y adelantándose no poco a su tiempo, el estudioso árabe Ibn Khaldoun pudo llegar a establecer y fundamentar dos tesis importantes:

1. La alta densidad de la población, en esa época, conducía a mejores niveles de vida, ya que sustanciaba una mejor y más amplia visión social del trabajo;
2. Los ciclos económicos iban acompañados por ciclos análogos en el crecimiento de la población (para una descripción más detallada de toda esta parte histórica, véase The Determinants and Consequences of Population Trends, 2 V. New York, United Nations, 1973, Chapter III: «Population Theory», pp. 3363).

Ahora bien, ya en la época moderna, los cuerpos de ideas que, a propósito de la dinámica de la población, han ido surgiendo y ganando un lugar dentro de los múltiples intentos por llegar a obtener el conocimiento de la misma, constituyen ya un paso adelante en la sistematización y en la capacidad de comprensión, en relación a las ideas aisladas antes descritas.

De entre estos cuerpos de ideas, próximos ya a obtener un estatus teórico reconocido, descuellan dos que, contrapuestos el uno con el otro, han mantenido vigentes hasta ahora sus argumentaciones y tesis principales. De aquí que aunque no sean los únicos hagamos más énfasis en su descripción que en la de los demás.

l. El principio de población de Malthus (1789). Este sistema de ideas planteado en torno a problemas específicos de la teoría económica, y que fueron elaboradas como respuesta a ideas correspondientes de algunos «socialistas utópicos» de la época (Godwin, Condorcet, etc.), puede explicitarse como sigue: El propósito de Malthus en un principio consistía en averiguar lo que él mismo llamaba «causas que han impedido la evolución de la humanidad hacia la felicidad», pero debido a ciertas limitaciones por él manifestadas hubo de contentarse con estudiar los efectos que una «gran causa» (la tendencia de la población a crecer más rápidamente que los medios de subsistencia) provocaba sobre la sociedad, tanto en el pasado como en el presente, Esta gran causa que no era sino el resumen de algunas conjeturas infundadas, se basaba en el orden de consideraciones siguiente: es el instinto lo que conduce al hombre a reproducir su especie aunque, al mismo tiempo, es la «razón» la que le dicta mesura y le impone determinadas restricciones, sin las cuales la población carecería desmesuradamente, más allá de lo que le permitirían los medios de subsistencia.

Así Malthus llegaba a la conclusión de que «la población, cuando no se le ponen obstáculos, se duplica cada 25 años, esto es, que aumenta en proporción geométrica», mientras que los medios de subsistencia, aun bajo las circunstancias más favorables a la actividad humana, no podrían hacerse aumentar con mayor rapidez de la que supone una progresión aritmética» (Thomas R. Malthus, Ensayo sobre el principio de la población, México, F. C. E., 1951).
De manera que lo único que mantenía el equilibrio entre el crecimiento de la población y el crecimiento de los medios de subsistencia era la existencia de ciertos «frenos» que ejercían su acción constantemente sobre el aumento de la cifra de población y que Malthus clasificaba en ‘frenos preventivos» (abstención moral) y frenos positivos» (vicio y miseria); así, la suma de estos obstáculos constituía el «freno inmediato a la población» (examine más sobre todos estos aspectos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Finalmente, el reverendo Malthus argumentaba: que de aumentar notablemente la población se llegaría a una situación en la que la presencia de guerras, hambrunas, etc., ‘sería inevitable. Con esto, la población descendería nuevamente al nivel de las subsistencias y volvería una «relativa abundancia’ 9 que, al cabo de un tiempo, daría lugar: nuevamente a un aumento considerable de la población, con lo cual se repetiría de nuevo el ciclo. Son conocidas las críticas a que ha estado sujeta tal doctrina en todos y cada uno de sus enunciados, supuestos, etc. Dichas críticas comenzaron con David Ricardo, siguieron con Marx y Engels y todavía no terminan en la actualidad, pero, en resumen, se ha llegado a la conclusión de que el principio de la población no representa un sistema de proposiciones estructuradas científicamente y que, por lo tanto, no llega a la explicación del papel que el crecimiento de la población tiene al lado del desarrollo económico y social.

Puntualización

Sin embargo, la sola intención de relacionar el crecimiento de la población con el desarrollo global, algo dice en favor de Malthus, lo cual no significa claro está, que haya logrado algo más que eternas polémicas, continuamente reeditadas.

2. La superpoblación relativa y el ejército industrial de reserva. Casi cincuenta años más tarde, Marx y Engels no solamente sometieron a su implacable crítica las tesis malthusianas sino, además, comenzaron a desarrollar y a estructurar ideas propias acerca de la dinámica de la población. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Las primeras evidencias de ello se encuentran en La ideología alemana (1845-1846), la obra escrita conjuntamente, en la cual el crecimiento de la población se presenta como fundamental, en tanto creador de nuevas necesidades y, en la satisfacción de éstas, de nuevas relaciones sociales. Así, desde el principio, estos dos autores concibieron el crecimiento de la población como uno de los dos hechos vitales gracias a los cuales podía reproducirse la vida social, es decir, por un lado, la producción de medios de subsistencia (reproducción de la vida propia) y, por el otro, la procreación (producción de vida ajena). Esta idea, por lo demás persistirá hasta las últimas obras de Marx y, posteriormente, de Engels, como queda evidenciado en la obra de este último, Orígenes de la propiedad privada, la familia y el estado, aparecida varios años después de la muerte del primero.

Sin embargo, aunque existen también numerosas referencias a la población, así en las obras fundamentales como en las numerosas cartas escritas por los autores (véase, por ejemplo, el Esbozo para una crítica de la economía política, de Engels, o Trabajo asalariado y capital, de Marx) no es sino en la obra máxima de Marx, El Capital, en donde encontramos las ideas más acabadas y los conceptos más rigurosamente establecidos en relación a la dinámica de la población. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Lo que sigue es una argumentación suscita de los mismos, en la que, fundamentalmente, se ha tomado en cuenta el cap. XXIII del Vol. 1, de dicha obra (trad. Wenceslao Roces, México, F. C. E., 1959).

En el proceso de producción capitalista, puede distinguirse un primer momento en el cual la plusvalía se convierte en capital y un segundo momento en el que el capital así obtenido se reinvierte para reproducir el proceso de producción y dar lugar a la creación de nueva plusvalía. A esta última operación le llama Marx «acumulación de capital».

Ahora bien, el capital en cuestión, puede ser visto a través de su «composición orgánica», definida tanto por la proporción de magnitud de valor en que se encuentran el capital constante y el capital variable, como por la de medios de producción empleados y cantidad de trabajo necesarios para su empleo. Si la composición el capital permanece constante, un incremento de capital significa un incremento proporcional de la demanda de fuerza de trabajo; en otras palabras, «la acumulación del capital supone, por tanto, un aumento del proletariado».

Si deja de considerarse constante la composición del capital, se haría evidente que todo progreso en la acumulación de capital iría acompañado por un aumento en la productividad social del trabajo, lo cual implicaría, a su vez, una modificación en la proporción entre la masa de medios de producción y la fuerza de trabajo absorbida por ellos, en la que, finalmente, disminuiría de magnitud ésta última respecto de los primeros, es decir, del factor subjetivo del proceso de trabajo, comparado con su factor objetivo».Entre las Líneas En este caso, el incremento de capital no hace sino disminuir la demanda dé trabajo respecto de su magnitud.

En resumen, la acumulación de capital, llevada a través de la productividad del trabajo, implica cambios Cualitativos en su composición, de manera que hace aumentar el capital constante a costa del capital variable, lo cual deviene una disminución relativa de la demanda de fuerza de trabajo. Las consecuencias derivadas de esta disminución las sufrirán en carne propia los obreros, por cuanto que el capital variable no es otra cosa que el fondo destinado al pago de sus salarios.

Ahora bien, la demanda de trabajo se regula tanto por la magnitud del capital como por el ritmo de crecimiento del mismo. Así, «cuando el capital variable desciende a un promedio de crecimiento inferior, a partir de ese momento la misma oferta de trabajo que hasta entonces era normal se vuelve anounal, sobreabundante, de modo que una fracción más o menos considerable de la clase asalariada que ha dejado de ser necesaria para la valorización del capital y perdido su razón de ser, resulta entonces superflua, supernumeraria. Como este juego sigue repitiéndose con la masa ascendente de la acumulación, ésta arrastra tras de sí una creciente superpoblación/’ Luego, el descenso relativo del capital variable puede mirarse como un aumento relativo de la población obrera que daría lugar a que se pensase en una ley de población correspondiente al régimen de producción capitalista, tal como lo hace Marx.

Finalmente, la existencia de una superpoblación relativa llega a hacerse indispensable para que la acumulación de capital pueda continuar. A partir de este momento, dicha superpoblación rentiva se convierte en un verdadero »ejército industrial de reserva» que, a la vez que brinda el material humano a los requerimientos propios de la acumulación, llega a influir en el mercado de fuerza de trabajo, deprimiendo los salarios.

Por lo que toca a las sociedades «capitalistas dependientes», como las correspondientes a los países latinoamericanos, este marco conceptual tendría que reconocer, además de las contradicciones propias del capitalismo aquellas que le han sido asignadas en virtud de su relación con el mercado internacional, señalado, a su vez, por el progreso de las relaciones capitalistas a escala mundial. De esta manera, resultaría pertinente considerar ya no la etapa competitiva del desarrollo capitalista, sino la monopólica, ya no solamente un «ejército industrial de reserva», sino también la «masa marginal»; en una palabra, la fase imperialista por la que actualmente transcurre el desarrollo del capitalismo (ver, por ejemplo, José Nun, Superpoblación relativa, ejército industrial de reserva y masa marginal, «Revista Latinoamericana de Sociología», V. 5, Núm. 2, 1969, pp. 178235; Aníbal Quijano, «Redefinición de la dependencia y proceso de marginalización en América Latina», ABIIS, mimeografiado, 113 pp.; Ernesto Laclau (h), Modos de producción, sistemas económicos y población excedente, aproximación histórica a» los casos argentino y chileno, «Revista Latinoamericana de Sociología», V. 5, Núm. 2, 1969, pp. 276-315).

Para concluir, mencionemos que, dentro de la literatura propiamente demográfica, se han llegado a reconocer algunas otras «teorías», cuya formulación ha sido posterior tanto a la del principio de la población malthusiano como a la del discurso teórico marxista antes descrito.

De entre éstas, las más importantes parecen ser, por una parte, la de la 1 transición demográfica», que consistió en asociar al proceso de desarrollo de la población europea determinado tipo de crecimiento señalado, en un principio, por niveles altos de fecundidad y mortalidad, luego por una disminución importante en los niveles de mortalidad, seguida por la de los de fecundidad y, finalmente, por niveles bajos tanto de fecundidad como de mortalidad. Por otra parte, está la «teoría de las asociaciones biológicas», desarrollada por Lotki; hace uso de modelos matemáticos en su aproximación al estudio de la población humana, resultando útil sobre todo cuando se carece de datos completos.

Tal vez menos importantes en la actualidad, son las teorías cíclicas, así como las que tienen alguna deuda con la teoría» del optimum de población. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). De entre las primeras podemos citar las siguientes:

Gastón Bouthol: en toda Europa se observaban alzas y bajas en la cifra de población, como si ésta creciera por «olas» de 100 años de duración. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Otros Elementos

Además, se afirmaba, dichas olas eran consecutivas a las guerras civiles o extranjeras. Y esta situación la encontraba el autor en la misma Grecia antigua.

2. «Teoría» de Wilhem Abel: la única diferencia con la anterior es que el autor, en lugar de encontrar ciclos largos, los encuentra de más corta duración. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).
3. Raymond Pearl: a través de experimentos con moscas drosophilas, el autor encuentra que la población humana, al igual que la de moscas, crece según una curva logística.

4. Josiah Cox Russell: en pocas palabras, el autor sostiene que los fenómenos demográficos son los que producen las grandes transformaciones históricas; además, según él, los cambios de la población ocurren con un siglo o más de anticipación que los cambios históricos.

5. August Losch: se diferencia de la anterior en que en lugar de anteceder a las grandes transformaciones históricas, los cambios de la población anteceden y determinan a los grandes cambios económicos (véase, para más detalle, Witold Kula, Problemas y métodos de la historia económica, Barcelona, Ed.. Península, pp. 345-352). Como se ve, estas presuntas teorías pueden calificarse fácilmente de pandemografistas, de simplistas y de monistas, no llegando a constituir, en el sentido estricto, verdaderas teorías de la población. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Otros Elementos

Además, existen todavía algunas otras (como la de Landry) que, no obstante, no saldrían mejor libradas de una crítica rigurosa que se hiciera de la naturaleza de su estatus teórico. [1]

Recursos

Notas y Referencias

  1. Abelardo Hernández Millán (autor original), adaptado y corregido (por Lawi) de los términos latinoamericanos que debían formar parte del Diccionario de Ciencias Sociales en español de la UNESCO, publicado en 1975 bajo la dirección de Salustiano del Campo y al amparo del Instituto de Estudios Políticos. Es el resultado de la postura crítica y disidente del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) frente al diccionario de la UNESCO y su respuesta con la obra colectiva “Términos latinoamericanos para el Diccionario de Ciencias Sociales”, publicada en 1976.

Véase También

Bibliografía

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