Apostolado
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Apostolado en Relación a Religión Cristiana
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] LITURGIA Y PASTORAL. Tanto el adjetivo apostólico como el sustantivo apostolado nos parecen hoy familiares. Especialmente se han utilizado en estos últimos tiempos, tanto en los documentos pontificios como en todos los movimientos de renovación de la Iglesia. Es apostólico, decimos, aquel que posee un gran espíritu pastoral o misionero. Se habla de apostolado bíblico, litúrgico, de la oración, del testimonio, de la palabra, etc. (véase en esta plataforma: I y II). Desde el punto de vista que interesa para la Liturgia y la Pastoral, el apostolado fundamental de la Iglesia tiene diversas formas o puede establecerse según unas ciertas etapas.
1. Apostolado directo. «Enviada por Dios a las gentes para ser `sacramento universal de salvación’, la Iglesia, por exigencia radical de su catolicidad, obediente al mandato de su Fundador, se esfuerza en anunciar el Evangelio a todos los hombres» (Vaticano II, Decr. Ad gentes, 1). El anuncio explícito de la llamada de Dios constituye el llamado apostolado directo. Podemos ver en él algunas etapas:
l) El apostolado de la palabra o ministerio profético. La palabra de Dios (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) es una realidad primordial en el cristiano (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fundamentalmente es dinámica, ya que siempre es eficaz, creadora. Tanto la primera creación como la segunda, constituida por Cristo y su Reino, son fruto de la palabra de Dios.
Pero la palabra de Dios, además de ser una acción, es al mismo tiempo una revelación dirigida a los hombres, para que en ellos se dé un acto personal de obediencia y se manifiesten unos contenidos vitales de verdad (véase en esta plataforma: REVELACIÓN II y iii). Dinámicamente la palabra de Dios inquieta, interpela, descubre; noéticamente ilumina, explicita, desarrolla. Así podemos hablar de diferentes etapas del apostolado de la palabra o del ministerio profético:
– La evangelización es la primera etapa de la comunicación del mensaje cristiano, en donde la palabra de Dios aparece dinámicamente como un acto que produce la fe de conversión. «El medio principal (de la evangelización y plantación de la Iglesia) es la predicación del Evangelio de Jesucristo, para cuyo anuncio envió el Señor a sus discípulos a todo el mundo» (Ad gentes, 6). Así como Cristo «fue enviado a evangelizar a los pobres, la Iglesia debe caminar, por moción del Espíritu Santo, por el mismo camino que Cristo llevó» (ib. 5). «A los no creyentes, la Iglesia proclama el mensaje de salvación para que todos los hombres conozcan al único Dios verdadero y a su enviado Jesucristo y se conviertan de sus pecados haciendo penitencia» (Vaticano II, Const. Sacrosanctum Concilium, 4) (véase en esta plataforma: MISIONES; MISIONOLOGÍA).
– La Catequesis (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) es la segunda etapa del ministerio profético, en donde la palabra de Dios aparece neeticamente como una iluminación que transforma el germen de la fe de conversión en madurez de fe. La catequesis, para ser permanentemente eficaz, sobre todo en el catecumenado (véase en esta plataforma: CATECúMENO), deberá ser constantemente misionera. Va dirigida a los convertidos de la comunidad cristiana y a los bautizados que necesitan robustecer el acto personal de fe. «A los creyentes (la Iglesia) les debe predicar continuamente la fe y la penitencia y debe prepararles además para los sacramentos y enseñarles a cumplir todo cuanto mandó Cristo» (Sacrosanctum concilium, 9). «Los que han recibido de Dios, por medio de la Iglesia, la fe en Cristo, sean admitidos con ceremonias religiosas al catecumenado, que no es una mera exposición de dogmas y preceptos, sino una formación y noviciado convenientemente prolongado de la vida cristiana, en la que los discípulos se unen con Cristo, su Maestro» (Ad gentes, 14). La catequesis inicia, pues, al convertido «en la vida de fe, de liturgia y de caridad del pueblo de Dios» (ib.).
– La homilía (véase en esta plataforma: PREDICACIÓN; HOMILÉTICA) es la tercera etapa del ministerio profético, en donde la palabra de Dios aparece sacralizada litúrgicamente, como una actualización, en la asamblea (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), de los hechos salvíficos, aunque velados por la palabra humana del celebrante. Consiste en «una proclamación de las maravillas obradas por Dios en la historia de salvación o misterio de Cristo» (Sacr. Concilio, 35); se inspira en los textos sagrados (ib. 52) y tiene en cuenta «el misterio que se celebra y las necesidades particulares de los oyentes» (Instr. Lit., 54). Para que la homilía mantenga a los miembros de la asamblea en continua madurez de fe y de caridad, deberá estar bañada de animación misionera y de explicitación catequética.
Una Conclusión
En definitiva añade la homilía a los niveles proféticos anteriores una coordenada más: el misterio litúrgico que la comunidad cristiana celebra.
2) El apostolado litúrgico o ministerio de santificación. Después de la evangelización y de la catequesis, el Espíritu Santo «engendra para una nueva vida en el seno de la fuente bautismal a los que creen en Cristo y los congrega en el único pueblo de Dios» (Ad gentes, 15). La última etapa del apostolado total que comienza la evangelización, reside en suscitar una comunidad eucarística que, «nutrida cuidadosamente con la palabra de Dios, da testimonio de Cristo y, por fin, anda en la caridad y se inflama de espíritu apostólico» (ib.).
No hay apostolado cristiano verdadero si no se parte de la liturgia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), que es cumbre y fuente de la actividad eclesial (Sacr. Concilio, 10).Si, Pero: Pero «aunque la liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia, sin embargo se atenderá con diligencia a que las actividades pastorales estén debidamente unidas con la Sagrada Liturgia, y a su vez, que la actividad pastoral litúrgica se ejerza no como separada y en abstracto, sino íntimamente unida a las demás actividades pastorales» (Instr. Lit., 7).
El objetivo primordial del apostolado litúrgico es la participación de los fieles en el culto (véase en esta plataforma: PARTICIPACIÓN Iv), que debe ser plena, es decir, interior y exterior, por medio de actitudes, gestos, respuestas, oraciones y cantos; consciente, o sea fruto de una educación adecuada a base de una buena catequesis; y por último, activa, que equivale a que sea participación amorosa (cfr. Sacr. Concilio, 14).
El apostolado litúrgico se ocupa especialmente de formar la asamblea cultual, ya sea a nivel de la palabra de Dios en las celebraciones de la palabra (véase en esta plataforma: PALABRA III) o del Oficio Divino (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), ya sea en las celebraciones sacramentales (véase en esta plataforma: CELEBRACIÓN LITÚRGICA), dentro de las cuales la principal es la asamblea eucarística (véase en esta plataforma: ASAMBLEA LITúRGICA).
3) El apostolado en sentido estricto o solicitud pastoral. La pastoral caritativa o solicitud pastoral (véase en esta plataforma: PASTORAL, PRAXIS), teológicamente llamada ministerio hodegético (de odos, camino), consiste en hacer que la asamblea cristiana y cada uno de los miembros conviertan sus vidas en plenos signos de caridad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), como consecuencia de la palabra de fe recibida y de las acciones cultuales participadas. «Todo ejercicio de apostolado tiene su origen y su fuerza en la caridad», dice el Vaticano II en su Decreto sobre el apostolado de los seglares (n° 7). El objetivo del a., en sentido estricto, es el de realizar el mandamiento supremo de la ley que consiste en amar a Dios de todo corazón y al prójimo como a sí mismo (cfr. Mt 22, 37-40). El amor, plenamente realizado por Cristo, es el distintivo del cristiano. Por eso la Iglesia unió siempre el ágape (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) al sacrificio eucarístico.
La caridad de Cristo se realiza en la vida de la Iglesia cuando la comunidad cristiana es un signo de amor en su unidad: mediante la puesta en común de lag voluntades, mediante el ofrecimiento de los bienes privados para ayudar a los demás en sus necesidades, etc.; y también a través de un testimonio (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) de vida en el apostolado Este apostolado lo ejerce la Iglesia «por miembros de la ciudad terrena que tienen la vocación de formar en la propia historia del género humano la familia de los hijos de Dios» (Gaudium et spes, 40).Entre las Líneas En la sociedad, la Iglesia actúa apostólicamente como fermento y como alma de la sociedad dando un sentido más humano al hombre y a su historia. Ayuda, no sólo a cada hombre, garantizándole su dignidad personal y su libertad, sino a toda la sociedad humana, en especial respecto a su unidad (véase en esta plataforma: IGLESIA II, 2) y socialización (véase en esta plataforma: SOCIALIZACIÓN II). El apostolado no se puede, pues, ejercer aisladamente del mundo, descuidando las tareas temporales. El cono. Vaticano II (Gaudium et spes, 43) denuncia por eso «el divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos como uno de los más grandes errores de nuestra época».Si, Pero: Pero en definitiva, la Iglesia, es en el mundo un signo de salvación. Por eso, como madre, «exhorta a sus hijos a la purificación y renovación, a fin de que la señal de Cristo resplandezca con más claridad sobre la faz de la Iglesia» (Lumen gentium, 15).
2. El apostolado indirecto. El apostolado directo, evidentemente, es religioso; su meta nunca es la civilización (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), sino el Reino de Dios (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
Puntualización
Sin embargo, el hombre realiza frecuentes acciones cuyo objetivo particular tiene un fin próximo, que cae dentro de la civilización. [rtbs name=”civilizacion-occidental”] [rtbs name=”renacimiento-de-la-civilizacion-occidental”] Pero en cuanto que estas acciones son realizadas con sentido cristiano o con una intencionalidad relacionada en última instancia con el Reino, constituyen una especie de apostolado indirecto. Naturalmente, este apostolado no precede rigurosa y temporalmente al apostolado directo, como si la humanización fuese un estadio rigurosamente previo a la evangelización. La naturaleza, a consecuencia del pecado, nunca puede perfeccionarse totalmente con el trabajo del hombre.
La misión de la Iglesia, tal como aparece en los documentos conciliares, comienza por «sentir a fondo los signos de los tiempos» (Lumen gentium, 4). La evangelización pide que la Iglesia tenga «ante sí al mundo, esto es, la familia humana con el conjunto universal de las realidades en las que ésta vive» (Gaudium et spes, 2).
El fin del apostolado indirecto, también llamado preevangelización, es abrir camino a un mundo cerrado a Cristo. Se dirige especialmente al pagano o paganizado que aún no se ha resuelto a ser cristiano, ni está interesado en el problema de la fe (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fundamentalmente este apostolado es antropocéntrico, es decir, parte de la situación humana real. El primer don de Dios no es en realidad la palabra explícita apostólica, sino las disposiciones necesarias para reconocerla a través de los signos cristianos que la acompañan. «La actividad misionera tiene también una conexión última con la misma naturaleza humana y con sus aspiraciones» (Ad gentes, 8). Los cristianos deben descubrir «las semillas de la Palabra» (ib. 11) que se contienen en las tradiciones nacionales y religiosas de los pueblos.
La tarea del apostolado indirecto está ligada estrechamente, aunque no se identifica, con un cierto estado de civilización. [rtbs name=”civilizacion-occidental”] [rtbs name=”renacimiento-de-la-civilizacion-occidental”] En muchos hombres que viven un nivel de vida inhumano hay condicionamientos mediatos que impiden, de un modo general, llegar a la fe explícita cristiana. Excepcionalmente no faltan hombres en situaciones sociales míseras que llegan a la aceptación de la fe, ya que en última instancia los condicionamientos decisivos son los inmediatos o personales. De ahí la importancia de promover un clima de verdad, unas exigencias de justicia, unas aperturas de libertad; se deben enjuiciar valientemente las estructuras que fomentan alineaciones humanas, las propagandas que violan las leyes elementales psicológicas y sociales. El cristianismo debe buscar en la civilización y en el progreso los auténticos valores humanos que están necesariamente en consonancia con el Evangelio.
Pero el arma evangélica cristiana no ha de consistir en competir con instituciones temporales humanas a base de instituciones temporales, ya que entonces no habría presencia desinteresada en lo humano, sino que se trabajaría impacientemente por un éxito inmediato, con la preocupación de prestigio. De este modo no se respetaría el tiempo adecuado de la evangelización y de la conversión. [rbts name=”religion-cristiana”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre apostolado en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
apostolado SEUMOIs, Apostolado. Estructura teológica, Estella 1968; VARIOS, Église et Apostolat, 2.a ed. París 1955; H. DuMERY, Las tres tentaciones del apostolado moderno, Madrid 1955; VARIOS, El apostolado, 2.a ed. Madrid 1961; F. KLOSTER-MANN, Das christliche Apostolat, Innsbruck 1962; R. GIRAULTR. TAMISIER, Las etapas del apostolado, Barcelona 1963; apostolado HAMmAN, Liturgia y apostolado, Barcelona 1967; J. B. CHAUTARD, El alma de todo apostolado, Madrid 1976.
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