Aristotélicos
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En este contexto, puede ser de interés lo siguiente: [1]
En la inmediata posteridad de Aristóteles se hace preciso distinguir entre la escuela peripatética, en sus dos periodos, y la tradición de comentaristas de sus escritos que sigue a la publicación de éstos. Ulteriormente y ya en el Occidente medieval, renacentista y moderno, se produce el fenómeno histórico del aristotelismo en sus diversas orientaciones y escuelas. La serie de comentarios que a partir del siglo I de nuestra Era se van sucediendo hasta el siglo XVII, sobre todo los de los siete primeros siglos, que constituyen una verdadera tradición ininterrumpida, son indispensables para el estudio de cualquier punto tratado por Aristóteles, pues recogen la hermenéutica más inmediata posible a las enseñanzas vivas del maestro. Son ya un fruto de la literatura académica y de la meticulosidad exegética del espíritu alejandrino. El primer comentador de esta tradición es Aspasio, a quien siguen Alejandro de Afrodisia, llamado el Exegeta, Porfirio (siglo III), autor de la Eisagogé, Dexipus (siglo IV), discípulo de Jámblico, Siriano (siglo V), Ammonio (siglo V), discípulo de Proclo y maestro de Simplicio, Filopón y Asclepio (los tres del siglo VI), David, cristiano como Filopón y como Elías, Olimpiodoro el Joven (siglo VI) y, por último, Esteban de Alejandría (siglo VII), profesor en la Universidad de Constantinopla. Ya en plena Edad Media prolongan esta labor Miguel de Éfeso (siglo XI), Psellos (siglo XI), Eustacio de Nicea (siglo XII), Pediásimos (siglos XII-XIII) y Sofonías (siglo XIV) en Oriente, mientras que en Occidente corre otra tradición paralela de comentaristas a partir de Boecio (siglo VI) con los musulmanes, los averroístas, Alberto de Bollstaedt, Tomás de Aquino, Bessarion (siglo XV) y Silvestre Mauro, S. J. (siglo XVII).
Algunos de los comentaristas antiguos pertenecían al Peripato. Todos los comentarios de los autores orientales antiguos han sido editados por la Real Academia de Prusia con aparato crítico en 23 tomos (31 vol.), dirigidos por G. Reimer (Berlín 1882-1909).
La escuela filosófica peripatética es constituida formalmente por Teofrasto en el 319 antes de la era común, cuatro años después de la muerte de Aristóteles, que no había dejado una escuela propiamente dicha, sino un escaso grupo de discípulos entre los cuales los que más destacaban eran Teofrasto y Eudemo de Rodas, que tendían a dispersarse (Eudemo concretamente se irá a su patria de origen llevándose parte de los manuscritos inéditos del maestro); por eso en nombre de éste decidirá Teofrasto dar forma a una escuela propiamente tal que dirigirá hasta el 287 y reunirá gran número de discípulos (según Diógenes Laercio contó unos dos mil en vida de Teofrasto). Le sucedieron en la dirección del Peripato, Estratón, Licón, Aristón, Critolao, Diodoro de Tiro, Erimneo, etc.
Teofrasto de Ereso, en la isla de Lesbos, se llamaba propiamente Tirtamo, mas el mismo Aristóteles le cambió el nombre a causa de su «elocuencia divina» en Theóphrastos (372-287); fue primero discípulo de Platón y después de Aristóteles y se pronunciaba contra los sacrificios cruentos, pues según él, todos los animales están emparentados.Entre las Líneas En la doctrina de Aristóteles encontró diversas aporías que, sin embargo, no le movieron a abandonarla, sino muy probablemente a modificarla insensiblemente mediante la acentuación de los rasgos y posibilidades empiristas (véase empirismo) que la misma contenía.
Consta por lo menos que introdujo en el Organon la teoría de los silogismos hipotéticos y que, juntamente con Estratón, según opinión de Windelband y de Zürcher, introdujo en la Metafísica un marcado matiz fisicalista e inició un movimiento erudito conservador, sistematizando escolásticamente el pensamiento del maestro. Sólo realizó avances en materia de crítica literaria y de observación natural, seguido por Aristóxeno y por el materialista Dicearco. Se han conservado de él dos grandes tratados de Botánica descriptiva y genética (Descripción de las plantas y De las causas de las plantas), otro gran tratado de Psicología, Los caracteres, numerosos fragmentos y diversos tratados menores: Del sentido, De las piedras, Del fuego, De los vientos, De los olores, Del sudor y Acerca de las cosas metafísicas.
Estratón de Lámpsaco (ca. 340-268), acentúa la orientación física del Peripato, de modo que en lá Hélade prevalecerá este aspecto fisicalista y científico positivo, mientras que la tendencia metafísica arraigará en Asia Menor y en Siria y de allí pasará a los filósofos musulmanes, mientras que en Occidente dominará, hasta la recepción de la obra total de Aristóteles, el aspecto naturalista. Estratón rechaza el primer motor inmóvil, la teleología y la causalidad, y explica el proceso cósmico como los atomistas por el mero juego de fuerzas mecánicas. Rige el Peripato aproximadamente del 286 al 268 y se propone depurar a Aristóteles de todos los elementos platónicos; además niega el alma como principio vital. Fue maestro de Ptolomeo Filadelfo. Su discípulo, Aristarco de Samos, físico y astrónomo, parece anticiparse a Copérnico.Entre las Líneas En adelante esta especialización científica distinguirá a la Escuela de estoicos, epicúreos y platónicos que seguirán profesando una filosofía como saber conjunto.
Eudemo de Rodas, el más fiel de los discípulos de Aristóteles, según Simplicio (Phys, 411, 15), es autor de obras muy cualificadas de matemáticas y astronomía, hoy perdidas, aunque en la Ética acentúa más que Aristóteles el momento teológico.
Dicearco de Mesina (ca. 350-280), en Sicilia, abandona a su vez el sustancialismo del maestro, por lo menos en lo que se refiere al alma (cfr. Cicerón, Tusculanas, 1, 10, 21). También Aristóxeno de Tarento, célebre por sus conocimientos musicales, concebía el alma como la armonía de un instrumento músico. Critolao de Faselis, en Licia, sucedió a Aristón en la dirección de la escuela y participó en la célebre embajada filosófica de Atenas a Roma en el 155 a. C.
Andrónico de Rodas, cuyo apogeo tiene lugar hacia el 70 antes de la era común, undécimo sucesor de Aristóteles, fue el editor de las obras del maestro, a cuyo comentario se dedicarán los peripatéticos tardíos de tiempos del Imperio, el principal de los cuales es Alejandro de Afrodisia (ca. 198-211), que sigue igualmente una orientación empirista (véase empirismo) en su exposición de la doctrina aristotélica. Asegura la primacía del singular y niega que la forma sea anterior al compuesto. Afirma que la forma anímica se disuelve con el cuerpo, mas el conocimiento espiritual se salva gracias al noûs poieticós, ya explícito en el De anima de Aristóteles; recibe de Alejandro un valor decisivo para constituir la teoría clásica del conocimiento que se proyectará sobre el pensamiento musulmán y escolástico; pero este noûs no será individual, sino común a toda la humanidad, de modo que a pesar de su concepción materialista del hombre, éste es capaz de actividad espiritual gracias al influjo trascendental del noûs.
Una posición marginal en el Peripato antiguo ocupa Demetrio Falereo, que intervino en la creación de la biblioteca de Alejandría, y en el Peripato tardío Boeto de Sidón, Adrasto de Afrodisia, Galeno, contemporáneo de Alejandro de Afrodisia e introductor de la cuarta figura del silogismo, y el astrónomo Claudio Ptolomeo (m. 278 d. C.), autor del sistema ptolemaico.
Aristotelismo medieval
La cultura islámica había tomado pronto un amplio contacto con la obra aristotélica, mientras el Occidente se hallaba dominado por el pensamiento neoplatónico (examine más sobre estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Boecio, con las traducciones latinas de algunos escritos del Estagirita a través del filtro de Alejandro de Afrodisia, llegó a constituir el foco de aristotelismo más poderoso de la Europa alto medieval, pero al sumergirse después en el caos racial político de comienzos de la Edad Media, su obra no tuvo sucesión inmediata, ni pudo tenerla. Los musulmanes de Oriente disponen primeramente de excelentes versiones sirias y del magisterio vivo de diversos pensadores sirio-cristianos (de la escuela nestoriana de Edesa y monofisita de Resaina, que se prestaron a colaborar con los invasores en contra de la ortodoxia bizantina) que fueron invitados a la corte de Bagdad, donde el califa Al-Ma´mun fundó en el 832 una escuela de traductores que no solo vertieron al árabe obras de Aristóteles, sino las de sus discípulos y comentaristas: Teofrasto, Alejandro, Temistio, Ammonio, Porfirio, Galeno e incluso Arquímedes e Hipócrates, fundamento de la ciencia y del prestigio médico de los árabes medievales en Occidente. La labor mediadora de la escuela de Bagdad desembocará tres siglos después en la de Traductores de Toledo y, mediante ella, en todo el Occidente, promoviendo la recepción de Aristóteles en la Facultad de Artes de París, con un sentido mucho más aristotélico que el sistema del mismo Ibn Rusd (Averroes), traductor y comentarista libre de los escritos de Aristóteles, a base de intuiciones personales o de oscura genealogía esencialmente influidas de neoplatonismo (cfr. L. Cencillo, Historia de los Sistemas,; íd, Conocimiento).Entre las Líneas En el mismo siglo XII, cuando la especulación filosófica declinaba en Bagdad y se fundaba la escuela de Toledo, comienza a madurar con Avempace, Abentofail y Averroes la filosofía en Córdoba.
La escuela de Toledo traduce, además de las principales obras del Estagirita y algunos escritos desconocidos hasta entonces en Occidente, los comentarios de Alejandro de Afrodisia, Filopón, el Liber de causis (resumen de la Stoiqueiosis Teologiké del neoplatónico Proclo) que influirá extraordinariamente sobre el último Santo Tomás confiriendo un matiz marcadamente neoplatónico a sus últimas obras, y cuya consecuencia será la actitud filosófica de Eckhard (el único discípulo ilustre de Aquinas en Alemania, por mediación de Guillermo de Moerbecke), fragmentos de Plotino y las traducciones directas de la Física, la Ética, los cuatro primeros libros de la Metafísica, el tratado Del alma y el IV De los meteoros, además de gran número de obras matemáticas, astronómicas y médicas griegas y árabes, y de las obras de Alkindi, Alfarabi, Algacel, la enciclopedia de Avicena y el Fons Vitae de Avicebrón.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
De raigambre aristotélica es la célebre disputa de los universales, suscitada por la Eisagogé de Porfirio y por el Comentario a las categorías de Boecio, en la que los dialécticos de la escuela de Abelardo (1079-1142), sobre todo su discípulo Roscelino de Compiègne (ca. 1050-1125), parecen haber sido más fieles a la tradición peripatética que sus adversarios los realistas (el más ilustre de los cuales es Guillermo de Champeaux [1070-1121]), influidos de neoplatonismo.
Informaciones
Los dialécticos habían sentado las bases para el aristotelismo endémico de la Facultad de Artes de París, en la que se enfrentarían, sin embargo, dos diversas tradiciones peripatéticas: la más pura, procedente de Abelardo y del influjo de la escuela de Toledo mediante Guillermo de Auvernia (m. 1249), Alfredo Anglico o de Sareshel (siglos XII-XIII), que marca el paso decisivo de la concepción platónica del alma a la aristotélica, y Alberto de Bollstaedt o Magno (autores todos ellos todavía en muchos puntos platonizantes), que desembocará en el aristotelismo tomista; y la más cargada de influjos extraños, la de los averroístas, que desde mediados del siglo XIII pontificaban en París presentando el aristotelismo en su versión averroísta como la expresión definitiva de toda filosofía y regla única e infalible para tratar toda cuestión de orden especulativo; este averroísmo latino neoplatonizante y radical fue sostenido por dos grandes pensadores, el flamenco Sigerio de Brabante y el sueco Boecio de Dacia, y a fines de siglo y comienzos del XIV el inglés Simón de Fabersham, autor de estudios lógicos, Gil de Orleáns, a quien se atribuyen unos comentarios a la Ética y André le Chapelain, autor de un tratado del amor cortesano (segunda parte del Roman de la Rose, obra de influjo decisivo en la mentalidad prerrenacentista).
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Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre aristotélicos en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Tomo 2, páginas 774-778, Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
Además de la citada en el texto, Supplementum Aristotelicum, 3 vol., Acad. de Ciencias de Berlín, 1885-1903; F. WEHRLI, Die Schule des Aristotes. Texte und Kommentare, 10 vol., Basilea 1948-60; F. VAN STEENBERGHEN, Aristote en Occident. Les origines de 1’aristotélisme parisien, Lovaina 1946; J. M (examine más sobre estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). BOCHENsKI, La logique de Théophraste, Friburgo 1947.
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