Documentos Bíblicos
Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs]
Consideraciones Jurídicas del Viejo Testamento
El lector de la Biblia en inglés entiende “ley” como las normas legales y los mandatos morales que se encuentran en el Pentateuco, como los Diez Mandamientos, los reglamentos agrícolas de Éxodo 22, las leyes sobre el sacrificio y la pureza en Levítico y los sermones del Deuteronomio. Es la “ley” en este sentido el tema central de este artículo.Entre las Líneas En este tema también considera la administración de la ley, ya sea por el rey, el sacerdote o los ancianos de la aldea.
Algunas informaciones complementarias: Biblia, normas legales, requerimientos morales, Pentateuco, Diez Mandamientos.
Algunos principios del derecho del viejo testamento pueden ser los siguientes:
- Pacto
- Lealtad a Dios
- Solidaridad familiar
- Protección de los pobres
- Principios de castigo
- Derecho y ética.
Autor: Black
Arqueología bíblica (Historia)
Arqueología bíblica, estudio científico de la arqueología, de los restos y hallazgos históricos relativos a las religiones judía y cristiana y, específicamente, de los hechos narrados y los lugares descritos en la Biblia. Los relatos de peregrinaciones cristianas fechadas aproximadamente en el siglo IV constituyeron la única fuente de información sobre yacimientos bíblicos hasta el siglo XIX, cuando comenzó la moderna investigación en Palestina.[1]
Arqueología bíblica: Actividad arqueologica en otras regiones (Historia)
Desde el siglo XIX se han llevado a cabo extensas investigaciones a lo largo de todo el Próximo Oriente, al igual que en Grecia e Italia, que han hecho que el mundo bíblico sea más amplio, vivo y real. Durante una serie de expediciones británicas a mediados del siglo XIX, el gran archivo fechado en el siglo VII a.C. del rey asirio Assurbanipal fue descubierto en el yacimiento de la antigua Nínive.Entre las Líneas En este archivo se encontraron tablillas con narraciones babilónicas acerca de la creación y del diluvio universal, un descubrimiento que sitúa los relatos bíblicos del Génesis bajo una luz completamente diferente. Documentos cuneiformes de la antigua Mari (en la actualidad Tell Hariri), en Siria occidental, han aclarado los orígenes de las profecías del Antiguo Testamento, la identificación de topónimos y el concepto del nomadismo tribal. Las tablillas de la antigua Nuzi (actualmente Yorgam Tepe), al norte de Irak, han ofrecido a los investigadores información relativa a costumbres legales del siglo XV a.C., que presentan paralelismos con la narrativa patriarcal. Cartas de los reyes de Canaán a sus señores egipcios, halladas en Tell el-Amarna, en Egipto, han arrojado luz sobre la situación política de Palestina unos cien años antes de la conquista israelita. Numerosos códigos legales procedentes de los archivos reales de los grandes monarcas asirios y babilonios han ofrecido semejanzas con los códigos legales del Antiguo Testamento.
Desde 1929 hasta el presente, las excavaciones francesas en Ra’s Samra (la antigua Ugarit), al oeste de Siria, han extraído cientos de tablillas correspondientes al periodo comprendido entre 1400 y 1200 a.C., escritas en ugarítico (véase Lenguas semíticas). Muchas de ellas tienen un carácter literario y narran las proezas de los dioses de la religión cananea, entre ellos el Dios de las tormentas, Baal, mencionado frecuentemente en el Antiguo Testamento.
Otros Elementos
Además, la poesía de Ugarit tiene estrechas afinidades con la bíblica (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Ambas comparten en gran medida el vocabulario, la estructura y el uso de figuras lingüísticas y otros recursos literarios.
En 1945, en la antigua Nag-Hammadi, en el Alto Egipto, fueron encontrados en torno a 50 textos gnósticos en escritura (su redacción) copta. Podrían ser datados en el siglo IV d.C., pero el estudio de sus características y de su contenido mostró que eran traducciones de textos griegos quizás del siglo II, lo que los situaría entre las fuentes más antiguas para el cristianismo gnóstico. Estos textos han aportado información muy valiosa para comprender la evolución del cristianismo en Egipto, especialmente para sus variantes no ortodoxas. La colección completa de los textos de Nag-Hammadi fue publicada en inglés en 1977.
Desde 1964, un equipo italiano bajo la dirección de Paolo Matthiae ha sacado a la luz en la antigua Ebla (la actual Tell Mardij), en Siria, palacios reales, una monumental puerta de acceso a la ciudad, un recinto amurallado, templos y casas particulares. Desde 1974 a 1976, han aparecido cientos de tablillas y fragmentos de éstas, datadas en la edad del bronce antiguo (quizás en torno al 2500 a.C.). Las tablillas están escritas en escritura (su redacción) cuneiforme y representan dos lenguas. La primera es sumeria, cultura que debió ser la inventora de la escritura (su redacción) cuneiforme, y la segunda es semítica, la verdadera lengua de los eblitas y de muchos otros pueblos dispersos a lo largo y ancho del Oriente Próximo. Estos textos han arrojado nueva luz sobre el comercio y la cultura en la Siria del III milenio y han aportado información considerable sobre ambas lenguas en esta fase de su evolución. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Entre las Líneas En 1979 la estatua de un rey asirio fue hallada en Tell Fajariye, en la región del río Jabur, (Siria). La estatua, con una inscripción en asirio y en arameo y datada en torno al 1000 a.C., podría ser de un incalculable valor para los lingüistas, especialmente para los especialistas en arameo, ya que es una de las más largas y antiguas inscripciones en esa lengua. La existencia del texto paralelo en asirio realza aún más su valor. [2]
Consideraciones Jurídicas y/o Políticas
[rtbs name=”politicas”]La Biblia y la Censura
Biblia en Relación a Religión Cristiana
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] INSPIRACIÓN DIVINA DE LA BIBLIA. 1. Noción y existencia de la inspiración. 2. Criterios para reconocer la inspiración. 3. Fuentes documentales que ilustran la fe cristiana en la existencia de libros inspirados.
4. Naturaleza de la inspiración bíblica. 5. Desarrollo histórico de la doctrina sobre la naturaleza de la inspiración (a (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Antigüedad cristiana. Biblia Escolástica medieval. c. Santo Tomás de Aquino. d. La teoría de la causalidad instrumental. e. Noción de inspiración en S. Tomás. f. Cuestiones no tratadas en la doctrina tomista). 6. Síntesis doctrinal acerca de la naturaleza de la inspiración.
7. La inspiración activa. 8. La inspiración pasiva: a. Influjo divino en el intelecto. Biblia Influjo divino en la voluntad. c. Influjo inspirativo en las potencias ejecutivas. 9. La inspiración terminativa y extensión de la inspiración: a. Inspiración real. Biblia Inspiración verbal.
10. Nuevas cuestiones y perspectivas: a. La «tradicjón bíblica»: la Iglesia y la Biblia. Biblia La inspiración bíblica, conjunto de la inspiración pastoral, oratoria y escriturística. c. Inspiración y Tradición. d. Revelación e inspiración. 11. Otras cuestiones: a. El Espíritu Santo inspirador de la Escritura. Biblia Inspiración del ayudante o completadóres del hagiógrafo.
1. Noción y existencia de la inspiración. Pueden darse varias descripciones de la inspiración divina de la Sagrada Escritura, que siendo sustancialmente idénticas, subrayan uno u otro aspecto del tema o algunos de sus elementos constitutivos. Como una primera aproximación, podría decirse que la inspiración bíblica es un carisma sobrenatural, dado por Dios a ciertos hombres en el seno del Pueblo de Dios del A. y del Nuevo Testamento, para consignar por escrito, con validez general y pública, aquellos misterios de Dios y de su intervención en la historia de la salvación humana, que Dios ha querido que fuesen de ese modo entregados a su Iglesia, por causa de nuestra salud y santificación.
La inspiración (i.) divina es, pues, el constitutivo necesario para que un libro forme parte de la Biblia (B.). La i. divina de un escrito es previa y necesaria para que ese escrito sea canónico, es decir, perteneciente a la Biblia (véase en esta plataforma: II). Metodológicamente, antes del estudio más hondo de la naturaleza de la i., es conveniente tratar de la cuestión previa de su existencia, es decir, de si existen libros inspirados, esto es, escritos no con las solas fuerzas humanas, sino mediante ese carisma sobrenatural que llamamos i.
Consta documentalmente que, al menos desde los últimos siglos del Antiguo Testamento, en el pueblo de Israel se había recibido una colección de libros con el nombre de libros santos o Escritura Sagrada (cfr. 1 Mach 12,9; 2 Mach 8,23).Entre las Líneas En tiempo de Jesús, los escribas (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) o doctores judíos reconocían pacífica y unánimemente un valor absoluto y sagrado a tales libros (véase en esta plataforma: 1, 2; II, A,i).Entre las Líneas En el uso litúrgico (ceremonias del Templo de Jerusalén y reuniones en las sinagogas) se leían, comentaban y veneraban tales libros, con inclusión de ritos purificatorios tras su lectura. Todo ello implica el reconocimiento de que tales libros tienen origen y carácter divinos.Entre las Líneas En cuanto a la tradición cristiana, ha sido unánime y constante, a través de toda la historia de la Iglesia, la confesión de la existencia de unos libros divinos y sagrados. La cadena de citaciones a este respecto sería casi interminable. Baste por ello aducir, a modo de ejemplo, un solo texto del Magisterio eclesiástico, a saber, uno de los cánones del Concilio Vaticano I: «si alguien no recibiere como sagrados y canónicos los libros de la Sagrada Escritura, íntegros, con todas sus partes, según recensionó el Santo Concilio Tridentino, o negare que tales libros han sido divinamente inspirados, sea anatema» (cfr. Denz.Sch. 3029). Ello implica que la aceptación de la i. y carácter divino de los libros que integran la Sagrada Escritura, es una cuestión de f e divina y católica, es decir, parte integrante del dogma católico (véase en esta plataforma: t. II, A).
Las declaraciones al respecto de la Tradición son tan constantes y numerosas, que nos eximimos de toda cita. Limitémonos a reproducir dos textos de la misma Sagrada Escritura: «Toda Escritura divinamente inspirada (theopneustos) es útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia» (2 Tim 3,16). «Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación particular, pues la profecía no ha sido proferida en los tiempos pasados por voluntad humana, antes bien, movidos por el Espíritu Santo, hablaron de parte de Dios los hombres» (2 Pet 1,2021).
2. Criterios para reconocer la inspiración. ¿Por qué medios, argumentos o criterios podemos establecer con certeza la existencia de tales libros inspirados? De lo que acabamos de decir surge espontáneamente la respuesta: en la multisecular y continua Tradición de la Iglesia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), instituida por Dios mismo, y por Él asistida, es donde consta indefectiblemente la fe en la existencia de tales libros.
La cuestión de los criterios de inspiración surgió históricamente a raíz de la reforma protestante (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Al no aceptar ésta el Magisterio de la Iglesia y al minimizar extremadamente el valor de la Sagrada Tradición (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), para quedarse con la Scriptura sola, interpretada según el libre examen (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), es como pudo plantearse el problema: ¿Cómo puede cada fiel estar seguro de encontrarse ante un escrito inspirado?
Planteada así la cuestión, fuera de la Tradición y el Magisterio, los reformadores se vieron en la necesidad de buscar otros argumentos o criterios. Y adujeron principalmente tres clases de criterios: 1) Tomados de la índole de cada libro: sublimidad de su doctrina, «propensión hacia Cristo» (Lutero), unidad fundamental de su contenido.Si, Pero: Pero este criterio es muy impreciso y vago; existen otros muchos libros, que no han sido especialmente inspirados por Dios, y que, sin embargo, contienen doctrina admirable. 2) Criterios tomados de los sentimientos que la lectura produce en el lector o auditor del escrito. Evidentemente este criterio está sometido a todos los fáciles engaños de la apreciación subjetiva. 3) La gracia del Espíritu Santo en el lector: este criterio, propuesto especialmente por Calvino, supone que el Espíritu Santo hace ver a cada fiel, le da una luz o gracia, para que sepa si el pasaje que lee es o no inspirado por Dios. Es evidente que Dios puede comunicar tales gracias cuando quiera, pero otra cosa es que se ponga como necesaria en cada caso tal gracia especial de Dios; no consta en la Revelación que Dios actúe así de modo ordinario; tal posición calvinista implica además gran subjetivismo y falta de sentido de la misión de la Iglesia. No es, pues, válido tampoco este criterio como norma genérica. 4) Criterios tomados de la persona del autor del libro: se exigía que fuera Profeta para los libros del Antiguo Testamento y Apóstol para los del Nuevo Testamento Este criterio tiene amplios fundamentos históricos y doctrinales, pues, de hecho, la mayor parte de los autores del Nuevo Testamento fueron Apóstoles (excepto Marcos y Lucas) y buena parte de los del Antiguo Testamento fueron Profetas; pero se le opone que una parte de los hagiógrafos del A. y del Nuevo Testamento no fueron ni Profetas ni Apóstoles (en sentido estricto), es decir, el carisma inspirativo es distinto que el profético o el apostólico, aunque de hecho hayan confluido muchas veces en la misma persona.
Intentados, con resultados no convincentes, todos estos criterios, queda como conclusión que el único criterio válido, con carácter de universalidad, claridad e infalibilidad, es el testimonio público de Dios, conservado en la rica y multisecular Tradición (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) de la Iglesia, y formulado repetidas veces por el Magisterio (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) eclesiástico. La Iglesia ha reconocido como sagrados los libros de la Sagrada Escritura no tras investigaciones científicas, sino como manifestación y definición de la fe de ella misma, «porque, habiendo sido escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor, y como tales (libros inspirados) han sido entregados a la Iglesia» (Vaticano I, Denz.Sch. 3006).
La declaración de todos y cada uno de los libros que integran la Sagrada Escritura constituye el canon bíblico (véase en esta plataforma: II). El criterio de i. y el de canonicidad se identifican: como enseñó el Concilio Vaticano I, ese criterio es sencilla y claramente que la Iglesia los ha recibido como inspirados, sagrados y canónicos. Como explica H. Zimmermann (Los métodos históricocríticos en el Nuevo Testamento, Madrid 1969, 18) «la fijación de la canonicidad presupone que se da Iglesia antes de * existir los escritos neotestamentarios y que el canon del Nuevo Testamento se apoya por completo en la autoridad de la Iglesia…» (véase en esta plataforma: t. apartado 10).
Un argumento de conveniencia para ilustrar este criterio se apoya en que, siendo la Biblia el depósito inspirado de la revelación escrita al que todo cristiano ha de prestar un asentimiento de fe sobrenatural, no debe implicar unas arduas investigaciones por parte de cada fiel; sería hacer muy difícil la regla de fe o conjunto de verdades necesarias para la salvación.
En resumidas cuentas., la i. divina de todos y cada uno de los libros de la Sagrada Escritura nos consta, a cada fiel, por el Magisterio (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) de la Iglesia, que es de institución divina, y que enseña sencilla y claramente el contenido de la S. Tradición (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), la cual, a su vez, es el reflejo de la Revelación pública divina (véase en esta plataforma: REVELACIÓN II y III).
3. Fuentes documentales que ilustran la fe cristiana en la existencia de libros inspirados. La presente cuestión se orienta a saber cuáles sean las fuentes documentales en las cuales la fe cristiana y el Magisterio de la Iglesia tienen unas razones de orden históricocrítico para fundamentar complementariamente la fe en la i. divina de la Biblia Sería imposible aquí recensionar las fuentes que ilustran la continua Tradición sobre la existencia de libros inspirados; forzosamente hemos de remitir a los grandes manuales y estudios específicos (véase en este texto de la plataforma la bibliografía correspondiente). La conclusión que de tal encuesta resulta, podemos resumirla así: toda la S. Tradición de la Iglesia, contenida en los testimonios literarios de los Santos Padres, en los documentos del Magisterio eclesiástico desde los orígenes hasta nuestros días, en los teólogos y expositores de la fe cristiana de todos los siglos, así como en algunos textos de la misma Sagrada Escritura, etc., es unánimemente concorde en tener como cierto el hecho de la i. divina de unos libros determinados. Este hecho consiste esencial y nuclearmente en que ciertos libros han sido escritos por un especial y divino impulso que llamamos inspiración, que es peculiar y exclusivo de la Sagrada Escritura
Tal inspiración (i.) constituye a dichos libros en sagrados y divinos, en el sentido de que no han sido escritos con las solas fuerzas humanas, sino que tienen a Dios como autor principal, a Él se debe principalmente el origen e iniciación de los mismos, siendo también los autores humanos o hagiógrafos verdaderos autores de tales libros, pero de modo secundario y dependiente de Dios. Finalmente, tales libros inspirados de tal manera contienen y son la Palabra de Dios (véase en esta plataforma: PALABRA II) escrita en favor de los hombres (causa nostrae salutis, según fórmula de la const. Dei Verbum del Concilio Vaticano II), que son fundamento perenne de la fe y de la doctrina cristiana.
4. Naturaleza de la inspiración bíblica. La teología cristiana, así como el Magisterio de la Iglesia, han ido precisando a lo largo de los siglos la naturaleza del factum inspirativo. De este modo, se ha ido acumulando un caudal de quaestiones en torno a la naturaleza de la i. bíblica que, a partir de la teología escolástica en el s. XIII, ha ido tomando la forma y la estructura de un verdadero tratado teológico dedicado a la explicación racional del hecho de la i.: análisis de sus elementos constitutivos, tanto por lo que mira a la i. como carisina (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) sobrenatural, como por lo que atañe a la participación humana en la redacción de los libros; «efectos» de la inspiración, alcance o extensión del carisma, etc., para pasar después a la síntesis teológica de tales análisis.Entre las Líneas En una palabra, nos toca ahora abordar la cuestión de la naturaleza o esencia de la i. divina de la Biblia.
Cuando hablamos de la i. bíblica, queremos significar un carisma divino por el que los autores del A. y del Nuevo Testamento concibieron y redactaron los escritos bíblicos. Este carisma, según la doctrina católica, consiste fundamentalmente en que tales libros no han sido escritos con las solas fuerzas humanas, sino bajo la i. de Dios, al cual tienen por autor principal, mientras tienen como autores secundarios a los hagiógrafos respectivos. También pertenece a la doctrina católica la afirmación de que las diversas facultades anímicas de los hagiógrafos, toda su personalidad, han recibido el influjo carismático, elevando el ejercicio de tales facultades de modo conveniente para que el hagiógrafo sea fiel y apto instrumento de la revelación divina escrita; así como la advertencia de que esa elevación de las facultades anímicas presupone la actividad real y auténticamente humana de las mismas, no su destrucción o abstracción, y finalmente que el influjo divino en los hagiógrafos continúa mientras se verifica la redacción del libro, cesando cuando el escrito está terminado.
A la fe católica, solamente pertenece per se la confesión o asentimiento del hecho de la i. en su expresión más sencilla y obvia: poco más o menos lo que se acaba de exponer.
Pormenores
Por el contrario, las explicaciones teológicas, más o menos desarrolladas, del núcleo esencial constitutivo del hecho de la i. no pertenecen a la verdad de fe dogmática: caben pues diversos intentos explicativos, pero siempre que reflejen y respeten el hecho nuclear dogmático.Entre las Líneas En efecto, a lo largo de la historia se han dado explicaciones que implicaban una deformación sustancial del hecho de la i.; p. ej., las que reducían la intervención divina de tal modo que la Sagrada Escritura vendría a ser un puro producto del pensamiento humano; o por el contrario, las que de tal modo reducían la participación de los hagiógrafos, que éstos ya no actuaban como personas humanas sino como instrumentos irracionales (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Ambos extremos son incorrectos y los sistemas que los han propuesto, erróneos, incluso heréticos en cuanto impliquen la negación de los constitutivos esenciales de la naturaleza de la i. Por ello, el Magisterio de la Iglesia ha desautorizado o condenado, según la gravedad de los casos, algunas de esas explicaciones incorrectas.
5. Desarrollo histórico de la doctrina sobre la naturaleza de la inspiración: a. La antigüedad cristiana. El vocablo inspiración es un sustantivo abstracto (latín inspiratio, griego theopneustía) derivado del participio inspirado (inspiratus, theópneustós) empleado por San Pablo en la 2 Tim 3,16 (pása grafé theópneustos: «toda escritura divina inspirada»). Con el sustantivo inspiración (theopneustía) se designa hoy este carisma, pero en la antigüedad cristiana, generalmente, sólo indicaba un aspecto del mismo, el de la acción pneumatológica divina en la mente del hagiógrafo.Si, Pero: Pero el carisma tiene otros elementos constitutivos, como la participación del hagiógrafo en la operación literaria, su enmarcamiento en la vida de la Iglesia, etc. Teniendo en cuenta que la sistematización teológica de’ los diversos aspectos y elementos constitutivos de la i. se ha ido desarrollando en el decurso de los siglos, no es de extrañar que cuanto más nos remontamos a los orígenes cristianos, las descripciones sean menos desarrolladas y complejas, hasta quedarnos con exposiciones desnudas del núcleo esencial de la fe.
El contacto con la cultura helénica estimuló los primeros intentos cristianos de explicación de la realidad sobrenatural bíblica, y a veces proporcionó unas bases para la terminología. Los pensadores griegos habían ensayado antes una teorizacián de los fenómenos religiosos de los oráculos helenos (véase en esta plataforma: GRECIA VII); en general los autores (Plutarco, Platón, etc.) hablaban de posesión de los adivinos o mantes por el Dios; los mantes tenían sus visiones en estado de posesión divina (enthousiasmos), en medio de enajenación de los sentidos o locura divina (Theia manía); estas explicaciones tenían su motivación en los fenómenos extraños que se observaban en los adivinos en trance (véase en esta plataforma: ADIVINACIÓN I; ORÁCULO). Los escritores eclesiásticos antiguos, aunque formados culturalmente en el helenismo, se mantuvieron en posiciones muy sobrias, sin caer, por lo general, en los excesos de la filosofía de la religión griega; usaron una terminología parecida, pero cargándola de nuevos sentidos (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Así, el adjetivo theópneustos, aplicado a escritores sagrados, designaba un estado especial por el que se daba una inhabitación del Espíritu de Dios que los hacía aptos para manifestar algo por escrito, de parte de Dios, sin que ello supusiera estado de insania o locura divina ni enajenación de los sentidos (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). A su vez, aplicado theópneustos al libro sacro, indicaba que éste había sido escrito bajo esa acción inspirativa divina. El fenómeno sobrenatural de la inspiración, como el de la profecía (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) era, pues, explicado por la teología patrística como una actividad del Espíritu Santo en el hagiógrafo o profeta, pero sin entrar en complejos problemas psicológicos y teológicos.
Hasta Montano (ca. 150; v.) los escritores cristianos habían comparado frecuentemente al hagiógrafo o profeta con un instrumento músico: aquéllos proferían sus palabras al ser insuflados, inspirados, por el Espíritu Santo.
Detalles
Las explicaciones pneumáticas de Montano en la línea de la filosofía griega de la religión volvieron más cautos a los escritores patrísticos en el uso de la metáfora, matizándola de modo que no se suprimiese como había hecho Montano la participación humana en el acto inspirativo. Por este camino fueron preparando las ideas básicas para la teología de la i., a saber: la teoría de la causalidad instrumental, y la idea de Dios y el hombre verdaderos autores conjuntos, principal y secundario respectivamente, de los libros sagrados. Sería muy larga la relación de escritos que van desarrollando estas bases teólógicas; por no citar sino a los más importantes autores, podría mencionarse a S. Gregorio Magno (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), S. jerónimo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y S (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Agustín (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) en Occidente; y a S. Ireneo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), Eusebio de Cesarea (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y S. Juan Crisóstomo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) en Oriénte; a ellos habría que añadir algunos escritos eclesiásticos como los Statuta Ecclesiae antiqua (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
b. La escolástica medieval. La escolástica anterior al s. XIII hizo poco más. que recopilar y clasificar la herencia teológica de la antigüedad cristiana.Si, Pero: Pero en las primeras décadas del s. xill se observa un rapidísimo y fecundo desarrollo teológico sobre nuestro tema. Incluso, los estudios históricos recientes muestran cómo, aproximadamente de 1230 a 1270, la teología de la i. experimenta el mayor desarrollo de su historia, prescindiendo de los tiempos apostólicos. Nombres como Guillermo Altisiodorense (m. ca. 123136), Guillermo de Auvernia (m. 1249; v.), Felipe Grevio (m. 1236), Alejandro de Hales (m. 1245; v.), y sobre todo, S. Buenaventura (m. 1274; v.), S (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Alberto Magno (m. 1280; v.) y S. Tomás de Aquino (m. 1274; v.) van sumando sus esfuerzos hasta conseguir un tratado acerca de la profecía y la i., que es una verdadera obra maestra de especulación teológica (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Aquí nos vamos a referir especialmente a S. Tomás, porque 61 recoge toda la tradición teológica anterior y construye la gran síntesis, no superada en profundidad y extensión hasta los tiempos modernos.
c. Santo Tomás de Aquino. Como en general todos los escolásticos, Tomás de Aquino trató de lo que nosotros llamamos i. de la B., en sus tratados de prophetia. El Aquinate dejó dos completos: la quaestio 12, de Prophetia. de su obra Quaestiones disputatae de veritate (entre 1256 y 1259), y las quaestiones 171174 de la secundasecundde de la Summa Theologiae (entre 1270-1271) (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Además el cap. 154 del lib. III de la Summa contra gentes (hacia 1261-1264) constituye también un tratado, aunque más sucinto, sobre el tema.Entre las Líneas En muchos otros lugares, sobre todo en sus comentarios bíblicos, añade agudas observaciones. Se puede afirmar que S. Tomás hizo la síntesis armónica no sólo del legado de la tradición cristiana patrística y escolástica, sino también de las observaciones de la filosofía de la religión griega especialmente aristotélica y de los logros de los falásifa árabes y judíos medievales.Si, Pero: Pero S. Tomás supera a todos sus predecesores griegos, musulmanes, judíos y cristianos no. sólo por su más alta sistematización, sino también por la mayor claridad de pensamiento, precisión de expresiones y sobria profundidad teológica. Hay que advertir, sin embargo, que la mayoría de los problemas que se plantean en torno a la naturaleza de la profecía y de la i., habían sido ya propuestos por los Santos Padres, los filósofos griegos, los tratadistas musulmanes y judíos, y los escolásticos cristianos que le habían precedido.
El Aquinate, además de otros temas secundarios, se plantea, en mi opinión, los siguientes seis grandes problemas: 1) ¿A qué potencia anímica pertenece de modo eminente el fenómeno profético e (inspirativo)? 2) ¿Tiene sentido como fenómeno natural, o su esencia es netamente sobrenatural? 3) ¿El carisma inspirativo es permanente en vida del profeta o hagiógrafo, o se da per modum actus. es decir, es transeúnte? 4) ¿Se requieren especiales disposiciones naturales en el sujeto? 5) ¿Cuáles son los elementos esenciales en el proceso del conocimiento profético? 6) ¿Admite grados la profecía (e inspiración)?
1) A la’primera pregunta responde que el carisma profético (e inspirativo) pertenece principalmente al conocimiento; tal posición le permite vertebrar el tratado de modo armónico, aunque en una perspectiva restringida, que dejará en penumbra otros aspectos. 2) Por lo que atañe al segundo problema, al abordar de pleno, ya en el De Veritate, el aprovechamiento y crítica de la doctrina arábigojudaica, hace una primera distinción entre profecía natural y sobrenatural; tal distinción, que tiene su precedente en S (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Alberto Magno, no había sido, sin embargo, estructurada con toda claridad antes de S. Tomás. Con esta distinción consigue dar solución a buen número de problemas no resueltos hasta entonces; de ese modo aprovecha la doctrina semítica para aplicarla al primer tipo de profecía e i. y precisar, completar o refutar algunas sentencias de los musulmanes y hebreos, referentes a la naturaleza de la profecía e i. propiamente dicha, como fenómeno netamente sobrenatural.Entre las Líneas En la Summa Theologiae, el Aquinatense podrá ya demostrar que la profecía propia y verdadera es sólo la sobrenatural.
Así construyó la primera teoría especulativa coherente sobre el modo de incidencia del lumen divinum en el proceso cognoscitivo de los profetas y escritores bíblicos. Con ello logró el Aquinatense una demostración, de perfecta factura teológica, acerca del origen sobrenatural del conocimiento proféticoinspirativo, y de la iniciativa divina en tales fenómenos religiosos. [rbts name=”religion-cristiana”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre biblia en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
Documentos de la Iglesia: CONO. VATICANO II, COnSt. dogmática Dei Verbum, sobre la divina Revelación (18 nov. 1965); Pío XII, Ene. Divino afflante Spiritu (30 sept. 1943), AAS 35 (1943) 297326; BENEDICTO XV, Ene. Spiritus Paraclitus (15 sept. 1920), AAS 12 (1920) 385422; S. Pío X, Ene. Pascendi, sobre el modernismo (8 sept. 1907), Denz.Sch. 34903491; íD, Decr. Lamentabili, de la S. C. del Santo Oficio, sobre los errores modernistas (3 jul. 1907); Denz.Sch. 34013466; LEóN XIII, Ene. Providentissimus Deus (18 nov. 1893), Denz.Sch. 32803294; Concilio VATICANO I, Const. dogmática Dei Filius (24 abr. 1870), Denz.Sch. 3006,3007,3029; S. MUÑOZ IGLESIAS, Documentos bíblicos, Madrid 1955.
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Véase También
- Censura
- la Familia Bowdler
Biblia
La Biblia
En el contexto del derecho religioso y eclesiástico, esta sección se ocupará de lo siguiente: La Biblia. Véase asimismo más sobre esta materia y algunas cuestiones conexas en esta plataforma. [rtbs name=”derecho-eclesiastico-y-canonico”] [rtbs name=”derecho-canonico”] [rtbs name=”derecho-religioso”]
Definición de Biblia
Véase una aproximación o concepto relativo a biblia en el diccionario.
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Véase También
- Derecho Eclesiástico
- Derecho Canónico
- Derecho Religioso
- Fuentes del Derecho Canónico
- Biblia
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Traducción al Inglés
Traducción al inglés de Biblia: Bible
Véase También
Bibliografía
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Notas y Referencias
- Información sobre arqueología bíblica de la Enciclopedia Encarta
- Información sobre arqueología bíblica actividad arqueologica en otras regiones de la Enciclopedia Encarta
Véase También
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