Bienestar Mental
Este elemento es una expansión del contenido de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] En 2017, la Organización Mundial de la Salud (OMS) elaboró el Atlas de Salud Mental de la OMS con datos procedentes de cuestionarios completados por 177 de los 194 Estados miembros de la OMS (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2018) y utilizados para supervisar la elaboración y aplicación del Plan de Acción Integral de Salud Mental de la OMS para 2013-2020 (OMS, 2013).
En el Atlas de la OMS se informó de que el nivel de gasto público en salud mental en los países de ingresos bajos y medianos era bajo, y más del 80% de los fondos se destinaban a los hospitales de salud mental. La asignación de recursos humanos para los servicios de salud mental presenta una variación extrema entre los países de ingresos bajos y los de ingresos altos (de 1 en los países de ingresos bajos a 72 en los de ingresos altos), mientras que a nivel mundial, el número medio de trabajadores de salud mental es de 9 por cada 100.000 habitantes (OMS, 2018). El número de camas de salud mental por cada 100.000 habitantes es inferior a 8 en los países de ingresos bajos y medio-bajos, pero superior a 50 en los países de ingresos altos (OMS, 2018).Entre las Líneas En el sector de la promoción y prevención de la salud mental, sólo el 63% de los estados miembros de la OMS tienen un mínimo de dos programas multisectoriales de promoción y prevención de la salud mental en funcionamiento a nivel nacional, aunque el 72% de los estados miembros tienen una política o plan dedicado a la salud mental, y el 57% tienen una ley de salud mental independiente (OMS, 2018).
La OMS ha adoptado la posición de que la salud mental
es un estado de bienestar en el que cada individuo se da cuenta de que su propio potencial puede hacer frente a las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera, y es capaz de hacer una contribución a su comunidad.
(OMS, 2019)
Habida cuenta de la importancia que reviste la salud mental en los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas, por primera vez los dirigentes del mundo han reconocido que es probable que la promoción del bienestar en materia de salud mental, así como la prevención y el tratamiento del abuso de sustancias, tenga un efecto positivo en las comunidades y los países en que millones de personas necesitan una ayuda muy necesaria. El objetivo 3 del marco del SDG, por ejemplo, consiste en garantizar una vida sana y promover el bienestar de todos y a todas las edades.Entre las Líneas En la meta 3.4 se pide a los países que reduzcan en un tercio la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles, mediante la prevención, el tratamiento y la promoción de la salud mental y el bienestar para 2030. La meta 3.5 pide a los gobiernos que refuercen y aumenten los esfuerzos de prevención y tratamiento del abuso de sustancias, incluido el uso indebido de estupefacientes y el consumo de alcohol a niveles perjudiciales.
En 2007 The Lancet consolidó decenios de estudios y prácticas interdisciplinarias en una multitud de contextos y formuló un llamamiento a la acción a los interesados de todo el mundo para “ampliar los servicios destinados a las personas afectadas por trastornos mentales (incluidos los trastornos por consumo de sustancias, las autolesiones y la demencia)” (Patel y otros, 2018, pág. 1553). El llamamiento para mejorar los servicios de salud mental incluía la atención a las comunidades desfavorecidas que viven en países de ingresos bajos y medios, donde los derechos a la atención y la dignidad dejaban mucho margen de mejora. A medida que la Comisión de The Lancet reevaluaba el programa mundial (o global) de salud mental, diez años después, y teniendo en cuenta los SDG, la carga mundial (o global) de enfermedades relacionadas con los trastornos mentales “ha aumentado en todos los países en el contexto de las principales transiciones demográficas, ambientales y sociopolíticas” (Patel y otros, 2018, pág. 1553).
Se presenta la oportunidad de reconceptualizar un programa mundial (o global) de salud mental (a la luz de los objetivos estratégicos y el Plan de Acción Integral de Salud Mental de la OMS), basado en la protección de los derechos de las personas con discapacidades psicosociales, mediante la consolidación de las pruebas de diversas disciplinas científicas y la adopción de la tecnología digital omnipresente.
Otros Elementos
Además, los dirigentes mundiales se reunieron en Nueva York el 23 de septiembre de 2019 para la Reunión de Alto Nivel sobre la Cobertura Sanitaria Universal, al margen de la Asamblea General de las Naciones Unidas, y en su declaración política se comprometieron a aplicar medidas para promover y mejorar la salud y el bienestar mentales como componente esencial de la cobertura sanitaria universal, abordando ámbitos como los servicios amplios e integrados para la prevención y el tratamiento de las afecciones de salud mental, en particular la prevención del suicidio, el uso indebido de sustancias y los determinantes sociales, en consonancia con el concepto de derechos humanos.
La Comisión de la Lancet proporcionó un programa de cuatro pilares para reformular la salud mental mundial (o global) a nivel de la población. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La Comisión informó de que
La salud mental es un bien público mundial (o global) y es pertinente para el desarrollo sostenible en todos los países, independientemente de su situación socioeconómica.
En segundo lugar, los problemas de salud mental existen a lo largo de un continuo que va desde el malestar leve y limitado en el tiempo hasta las condiciones crónicas, progresivas y gravemente discapacitantes. El enfoque binario del diagnóstico de los trastornos mentales, si bien es útil para la práctica clínica, no refleja con exactitud la diversidad y complejidad de las necesidades de salud mental de las personas o poblaciones.
En tercer lugar, la salud mental de cada individuo es el producto único de las influencias sociales y ambientales, en particular durante el curso temprano de la vida, que interactúan con los procesos genéticos, de desarrollo neurológico y psicológicos y afectan a las vías biológicas del cerebro.
Cuarto, la salud mental es un derecho humano fundamental para todas las personas que requiere un enfoque basado en los derechos para proteger el bienestar de las personas con trastornos mentales, las que corren el riesgo de tener una salud mental deficiente y un entorno propicio que promueva la salud mental para todos. (Patel y otros, 2018, pág. 1553)
Epidemiología y política pública mundial
Los trastornos mentales y por consumo de sustancias son responsables de aproximadamente el 8% de la carga de morbilidad mundial, y 700 millones de personas en todo el mundo son víctimas de causas prevenibles (Ferrari et al., 2014; Whiteford et al., 2013). El floreciente campo de la epidemiología psiquiátrica desde el decenio de 1990 y un examen sistemático de la prevalencia mundial (o global) de los trastornos mentales comunes proporcionaron estimaciones agregadas de la prevalencia de los trastornos mentales comunes en una población combinada de 829.673 participantes, en la que participaron 63 países. De ellos, 106 encuestas procedían de países de altos ingresos (HIC) y 68 encuestas de 37 países de ingresos bajos y medios (LMIC) (Steel et al., 2014).
A pesar de las limitaciones de los datos, como la presencia de heterogeneidad entre encuestas y muestras con estructuras de edad de la población subyacente potencialmente diferentes entre los HIC y los LMIC, los principales hallazgos dibujan un claro panorama de la epidemiología mundial (o global) de la salud mental (Steel et al., 2014).
Informaciones
Los datos indican que uno de cada cinco adultos (17,6%) experimentó un trastorno mental común en los 12 meses anteriores y casi el 30% a lo largo de su vida. Tanto en el HIC como en el LMIC, las mujeres corrían un mayor riesgo de sufrir un trastorno del estado de ánimo o de ansiedad.
Pormenores
Por el contrario, los hombres eran más propensos a experimentar el trastorno por consumo de alcohol u otras sustancias.
En lo que respecta a la prevalencia a lo largo de la vida, el HIC angloparlante tuvo una mayor prevalencia, del 39,7%, en comparación con otros contextos de HIC y LMIC. Esto puede deberse a que “la muestra anglófona incluye personas de mayor edad que han pasado por un período de riesgo más prolongado, en particular en comparación con las encuestas realizadas en los LMIC” (Steel et al., 2014, pág. 489).
Aunque estas cifras subestiman la carga real de la enfermedad debido a la complejidad universal del diagnóstico y la notificación de las enfermedades mentales sobre la base de una definición estrecha de la carga de la enfermedad que excluye el impacto que ésta tiene en las familias y la sociedad, se debe principalmente a la limitada y poco equitativa prestación mundial (o global) de servicios de salud mental (Gilbert, Patel, Farmer, & Lu, 2015).
Mediante el uso del Sistema de notificación del acreedor, Gilbert y otros (2015) informaron de que las cantidades y modalidades de la asistencia para el desarrollo de la salud mental mundial (o global) (DAMH) en los países en desarrollo entre 2007 y 2013 aumentaron, pero siguieron siendo bajas tanto en términos absolutos como en términos proporcionales al total de la asistencia para el desarrollo o la salud. [rtbs name=”derecho-a-la-salud”] El promedio anual de la financiación (o financiamiento) de la DAMH proporcionada de 2007 a 2013 fue de 133,57 millones de dólares de los EE.UU., lo que representa menos del 1% de la financiación (o financiamiento) total de la asistencia para el desarrollo destinada a la salud. [rtbs name=”derecho-a-la-salud”] La salud mental no ha recibido una asistencia para el desarrollo significativa a pesar de que la atención de salud mental sostenible se ha integrado en los sistemas de salud existentes a un costo relativamente bajo (Gilbert y otros, 2015).
Una crítica fundamental de la política mundial (o global) es la interpretación que hacen los encargados de formular políticas, los planificadores y los investigadores de la brecha de tratamiento como referida enteramente a las intervenciones clínicas curativas que excluyen todas las modalidades eficaces de bienestar psicosocial (Pathare, Brazinova y Levav, 2018). Dado que el uso del término “tratamiento” suele dar prioridad a un enfoque biomédico de los trastornos de la salud mental y a las necesidades, a menudo desatendidas, de los niños y adolescentes con comorbilidad física y mortalidad temprana muy desatendidas, Pathare y otros (2018) propusieron un enfoque holístico en el continuo de la atención, denominado brecha en la atención de la salud mental. De ahí la Brecha en la atención de la salud mental = Brecha en el tratamiento (enfoque biomédico) + Brecha en la atención psicosocial + Brecha en la atención física (Pathare et al., 2018, pág. 464).
En un estudio sobre la prestación de tratamiento en el HIC (Australia, Canadá, Estados Unidos e Inglaterra) para reducir la prevalencia de trastornos mentales comunes, se determinó que “ninguno de los cuatro países tenía pruebas de una reducción de la prevalencia de trastornos o síntomas”.
Indicaciones
En cambio, “había indicios de cambios en sentido contrario en Australia, Inglaterra y los Estados Unidos” (Jorm, Patten, Brugha y Mojtabai, 2017). Este examen de Jorm y otros (2017) muestra que en el Canadá, los Estados Unidos y Australia el tratamiento no era de un nivel adecuado. Otro punto crítico fue que en Australia, Inglaterra y los Estados Unidos, el tratamiento era a menudo recibido por personas que no cumplían los criterios de diagnóstico (Jorm et al., 2017).
Definición de bienestar y bienestar mental
Un conjunto diverso de disciplinas científicas, como la psicología, la sociología y la economía, han contribuido a la tarea de definir el bienestar. La búsqueda de una definición se remonta a la época de Aristóteles. Él consideraba que la hedónica “‘la felicidad es un ideal vulgar’ y prefería el bienestar eudemónico como el estado último del potencial humano” (Ryan y Deci, 2001, en Hanc, McAndrew y Ucci, 2019, pág. 145). Un ejemplo práctico de trabajo interdisciplinario es la colaboración entre investigadores y profesionales de la Iniciativa de Bienestar Mental (MWI) del Global Wellness Institute, que ha dado lugar a un libro blanco, en el que se trazan las vías y pruebas del bienestar contemporáneo, así como las futuras consecuencias para la salud y el bienestar mental (Bodeker y otros, 2018).
El libro blanco del MWI titulado Mental Wellness: Caminos, evidencias y horizontes conceptualiza el bienestar en términos de un sentido general de bienestar en los aspectos físicos, sociales, ocupacionales, espirituales, financieros y ambientales de nuestras vidas. El proceso de mantener el bienestar mental es visto como algo que dura toda la vida e implica el desarrollo de las habilidades y el conocimiento para tomar decisiones conscientes acerca de vivir una vida saludable, con propósito y satisfactoria. Este proceso de toda la vida permite a los individuos realizar su potencial, hacer frente a las tensiones diarias, trabajar de forma productiva y contribuir de forma significativa a la familia, la comunidad y la sociedad.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
El bienestar mental puede “definirse como un activo o recurso que permite estados positivos de bienestar y proporciona a las personas la capacidad de alcanzar su pleno potencial” (Patel et al., 2018, pág. 1562). El reto de demarcar las diferencias entre el bienestar mental y el trastorno es tal que las personas podrían luchar contra los síntomas del trastorno mental pero al mismo tiempo también podrían mantener un grado de salud mental paralelo a sus expectativas de satisfacción en la vida, florecimiento y logro de su potencial. Según Patel y otros (2018), la asociación entre la salud mental y el trastorno no es lineal, aunque pueda parecer que existen en un continuo.
En un examen de alcance realizado por Christmas y Khanlou (2018) sobre la definición de la capacidad de recuperación de los jóvenes, la salud mental se considera “un estado de bienestar en el que una persona se da cuenta de sus propias capacidades, puede hacer frente a las tensiones normales de la vida, puede trabajar de manera productiva y es capaz de hacer una contribución a su comunidad” (OMS, 2016). La noción de “tensiones normales de la vida” contrasta con la definición de resiliencia proporcionada por Tusaie, Puskar y Sereika (2007, citada en Christmas y Khanlou, 2018), en la que la buena salud mental o la resiliencia es la capacidad de adaptarse mejor de lo esperado ante una adversidad o un riesgo importantes. La ambigüedad de la definición puede llevar a una comprensión incompleta y a la incapacidad de medir el bienestar y la salud mental. La resiliencia es el proceso de aprovechar los recursos clave para mantener el bienestar.
Inflamación y salud mental
La inflamación podría ser un mecanismo común que subyace a las comorbilidades entre la depresión, la esquizofrenia, las enfermedades coronarias y la diabetes mellitus. Se ha descubierto que el azúcar, las grasas saturadas, las grasas trans, los carbohidratos refinados, las carnes rojas y el alcohol causan inflamación en el cuerpo, lo que a su vez se asocia con el dolor, el cáncer, la diabetes, la obesidad y la artritis. Los trastornos del estado de ánimo, como la depresión y la ansiedad, así como las afecciones más graves, como el autismo, la demencia e incluso la esquizofrenia, se han vinculado a la inflamación del cerebro (Danzter, O’Connor, Freund, Johnson y Kelley, 2008).
Los enfoques de bienestar que abordan la inflamación se centran principalmente en la dieta y los suplementos. Numerosos estudios han demostrado los potentes efectos antiinflamatorios de la cúrcuma, lo que a su vez explica que sea uno de los productos de venta más importantes en el mercado de los suplementos de bienestar (Zecha, 2017).
Detalles
Los alimentos antiinflamatorios incluyen frutas y verduras con alto contenido de antioxidantes y polifenoles.
El Dr (se puede analizar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Francesco Branca en la BBC (Branca, 2019) se refirió a la obesidad y la malnutrición como una carga para los países emergentes en los que el fracaso de los sistemas alimentarios es una nueva realidad, lo que aumenta los malos resultados en materia de salud mental, especialmente en el caso de los niños.
Otros Elementos
Además, The Lancet y la OMS señalan que esos sistemas alimentarios contribuyen a la psiquiatría nutricional y son fundamentales para la salud mental y el bienestar
Datos verificados por: Conrad y Mix
[rtbs name=”salud-publica-global”]
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Véase También
Enfermedad Mental, Psicología Clínica, Psicología Social, Salud del Consumidor, Salud Mental, Salud Pública, Bienestar, Triunfo de la agresividad, Felicidades mentales, Estado mental, Potencialidad humana, Plástica cerebral
▷ Esperamos que haya sido de utilidad. Si conoces a alguien que pueda estar interesado en este tema, por favor comparte con él/ella este contenido. Es la mejor forma de ayudar al Proyecto Lawi.
En un reciente artículo, los autores reúnen la perspectiva del curso de la vida (los primeros 1.000 días de vida) y los nuevos avances de la neurociencia, para reformular la salud y el bienestar mental en el contexto de la plasticidad del cerebro a lo largo de la vida adulta, y abordan la insuficiencia de atención en salud mental en el contexto del desarrollo de vías autodirigidas y basadas en la evidencia hacia el crecimiento y la resistencia en el bienestar mental.