La Caída del Comunismo en la Europa Oriental
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Simbolismo
Tras la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989, la insurrección popular derrocó a los gobiernos comunistas de toda Europa del Este. Algunos sostenían que el propio marxismo había sido desacreditado; los grafitis de una estatua de Marx y Engels en Dresde, en Alemania del Este, decía “No somos culpables”, una opinión compartida por muchos que veían la dictadura soviética como una perversión del marxismo.
Puntualización
Sin embargo, no todo el mundo estaba de acuerdo, y muchas estatuas de Marx y Engels, como las de Lenin, fueron derribadas y destrozadas.
La Caída del Comunismo en la Europa del Este
Escribiendo poco antes de las sublevaciones de 1989, Tim Garton Ash describió el proceso que estaba desarrollándose como una “refolución”, una mixtura singular de reforma y revolución, caracterizada por “un elemento fuerte y esencial de reforma voluntaria, sistemática, por iniciativa de una minoría esclarecida (pero apenas una minoría) de los partidos comunistas todavía dominantes”, implicando de forma crucial, “una retirada sin pre cedentes: la iniciativa de compartir el poder e incluso de renunciar al mismo enteramente, si perdiesen las elecciones”.
Ash estaba pensando en las mesas redondas donde se promovían acuerdos entre el régimen y la oposición en Polonia y Hungría. El cambio, no obstante, cuando llegó a Europa oriental, mostró que no era un proceso gradual cuidadosamente controlado desde arriba, sino que consistió en una serie de transformaciones abruptas, alimentadas por la rebelión popular en contra de los gobiernos. La reforma desde arriba y la movilización de masas desde abajo interactuaron para provocar, de un modo absolutamente inesperado y con extraordinaria rapidez, el abandono del monopolio del poder por los partidos estalinistas y su sustitución por gobiernos comprometidos con la implantación de regímenes parlamentarios liberales. La agitación en Europa oriental constituye un ejemplo notable del papel de los resultados no intencionales en la historia: los efectos de la acción de la “minoría esclarecida” de reformadores en los regímenes estalinistas sobrepasó, con creces, sus intenciones. Este resultado ayudó a empujar a Gorbachov y sus aliados hacia una posición cada vez más conservadora, en la cual la glasnost fue sustituida por un autoritarismo reciclado. (…)
La afirmación de Trotsky de que la sustitución de un sistema social por otro es necesariamente violenta, con el fin de argumentar que la URSS era aún bajo Stalin un Estado obrero de generado, ignoró la barbarie llevada adelante durante las transformaciones que ocurrieron luego de 1928. Tony Cliff, por ejemplo, describe la década de 1930 como una “guerra civil de la burocracia contra las masas, una guerra civil en la cual solo uno de los lados tenía armas y organización”. 33 Las revoluciones de 1989, por más abruptas y dramáticas que hayan sido, se destacaron por la ausencia de conflictos sociales y violencia en gran escala. El enfrentamiento entre manifestantes y policías en Alemania oriental y Checoslovaquia implicó un nivel de violencia semejante al alcanzado por los choques entre las fuerzas antimotines y los mineros en huelga en Gran Bretaña.Entre las Líneas En Hungría y Polonia incluso la movilización de masas brilló por su ausencia: cuarenta años de gobierno estalinista, mantenido por la fuerza en contra de los consejos de trabajadores de Budapest en 1956 y en contra de Solidaridad en 1981, caían en negociaciones entre los regímenes y aquellos a quienes dichos regímenes habían encerrado por largo tiempo en las prisiones. Sin duda, en parte esto ocurrió fruto de la negativa de la URSS a apoyar la represión de los movimientos democráticos en Europa oriental. Como observa Tim Garton Ash:
“Rumania fue la excepción que confirma la regla. No fue un accidente que en el Estado que por más tiempo se había mantenido independiente de Moscú, la resistencia de la seguridad armada de las autoridades constituidas fuese más feroz, sanguinaria y prolongada”.
Pero la sustitución de la doctrina Brezhnev por la doctrina Sinatra (“A mi manera”) –o sea, la forma en que el portavoz del Ministerio del Exterior soviético, Gennady Gerasimov, describió el modo como Gorbachov, de repente, sacudió la alfombra de buenos clientes como Honecker y Jakes– no consigue explicar el entusiasmo con que grandes sectores de la nomenklatura gobernante recibieron la apertura de Europa oriental al mercado. Para comprender este punto, debemos tomar en cuenta la naturaleza de este grupo, que Jacek Kuron y Karol Modzelewski llamaron la “burocracia política central”.
Un estudio sobre la élite soviética informa que ella totalizaba (a inicios de la década de 1970) cerca de 227.000 personas, en cargos importantes o posiciones de nomenklatura, todos ellos titulares de significativos privilegios materiales –altos funciona rios del partido, de los ministerios, del Komsomol, de los sindi catos, de las fuerzas armadas, de la policía y del servicio diplomático; principales administradores de empresas públicas; e intelectuales de alto nivel (profesores universitarios, jefes de institutos de investigación, editores de diarios y revistas, etc.).
Otros numerosos estudios comprueban la dimensión que alcanzó la nomenklatura como organización administrativa: no solo quienes servían en los ministerios industriales y dirigían las empresas públicas, sino también quienes lo hacían en el aparato del partido, particularmente en las secretarías regionales (obkom), a las cuales cabían funciones importantes de coordinación económica y se ocupaban principalmente de la administración de la economía. El carácter de la burocracia política central en Europa oriental era básicamente el mismo.
El papel fundamental de la nomenklatura en la gestión de la economía obligó a muchos de sus miembros a enfrentar la crisis cada vez mayor del modelo burocrático. Directores de em presas públicas y secretarios regionales se sentían impacientes ante las restricciones que les imponían ministerios industriales y planificadores centrales, y se resentían ante la interminable sustracción de trabajadores e insumos materiales resultante de la escasez endémica. Simultáneamente el creciente involucra miento de las economías del Este europeo con los mercados mundiales –a pesar del lento ritmo de la reforma económica, después de la caída de Khruschev y Dubcek, Polonia y Hungr ía, en especial, obtuvieron grandes préstamos de Occidente e hicieron esfuerzos para pagarlos con crecientes exportaciones generadoras de divisas– acostumbró a los gerentes a la cooperación con empresas occidentales. A pesar de los esfuerzos del régimen de Honecker para reducir el comercio con Occidente, a fin de evitar el tipo de crisis de endeudamiento experimentada por Polonia y Hungría en la década de 1980, 30% del comercio de Alemania oriental, en vísperas de la revolución, era realiza do con países de la OCDE. La necesidad de tecnología avanzada impuso un estímulo a los emprendimientos conjuntos con firmas de Occidente: a mediados de Octubre de 1989, subía a 2.090 el número de esos emprendimientos registrados en la URSS, Hungría, Polonia, Checoslovaquia, Rumania y Bulgaria.
La experiencia de la crisis de sus propias economías, y de las ventajas resultantes de la internacionalización del capital, animó a los gerentes más exitosos –como, por ejemplo, los que dirigían Kombinate, el conglomerado de las 126 empresas industriales verticalmente organizadas que dominaban Alemania oriental– a pensar que su futuro estaría ligado al desmantela miento del sistema burocrático de mando y control y a una mayor integración con las multinacionales de Occidente.
El Financial Times, por ejemplo, informaba en Enero de 1990:
“Los gigantescos monopolios de propiedad estatal de Alemania oriental serán transformados en sociedades anónimas por acciones, con accionistas del Este y del Oeste, según el Sr (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fredrich Wokurka, directorgerente de Robotron, la mayor compañía de productos electró nicos del país, quien tiene algo que ver en esto… “si los mercados financieros internacionales se abren para la República Democrática Alemana, esto implicará también que esta se abrirá para ellos”, dijo el Sr. Wokurka al Financial Times. “No puede haber medias tintas”.
La entrevista continúa y Wokurka “miembro del partido como casi todos los gerentes de empresas estatales”, explica luego que su entusiasmo por la economía de mercado no era total mente nuevo […] Pero, hasta hace poco tiempo, esto era algo que él solo podía hablar en la privacidad de su hogar. Al igual que un buen número de otros directores de “Kombinate”, él se ponía como una fiera cuando leía artículos escritos por econo mistas de Alemania oriental que defendían “una tercera vía” para el país –entre el socialismo y el capitalismo.
Wokurka nada tenía de excepcional. La caída del Muro de Berlín fue seguida por una inundación de emprendimientos conjuntos negociados entre multinacionales de Alemania occidental y Kombinate de Alemania oriental –entre Volkswagen y Opel e IFAKombinat (para automóviles), entre Pilz y Robotron (para discos compactos), entre Zeiss y VEB Jena (para productos ópticos), y entre muchas otras.
Negocios de este tipo –más espectaculares en Alemania oriental a causa de su economía relativamente avanzada y de su incorporación inminente a la República Federal– indican el carácter muy limitado de los cambios socioeconómicos que ocurrían en el Este europeo. Sectores importantes de la vieja clase dominante estaban abandonando el viejo sistema autár quico a cambio de la integración al capital internacional.
Chris Harman describió esto como “moverse hacia el costado” –o sea, cambiar una variante de capitalismo por otra, el capitalismo de estado por el capitalismo multinacional. Esto no implicaba la eliminación completa del Estado –de última, la intervención estatal continúa siendo un aspecto fundamental de las economía de Occidente– sino un proceso de reestructuración socioeconómica, que permitía a gran parte de la nomenklatura transformarse de apparatchiks en ejecutivos privados, sea de firmas de propiedad local o de subsidiarias de multinacionales occidentales.
La organización resultante implicaría grandes cambios en las estructuras económicas. Una entrevista concedida al Financial Times por el presidente del Consejo de Administración de Volkswagen, Karl Hahn, sugería que su emprendimiento con junto con IFAKombinat llevaría al desmantelamiento de hecho del cartel alemán oriental:
“Actualmente la industria automovilística de Alemania oriental se halla integrada verticalmente en un grado mucho más alto del que se observa en Occidente. IFA Kombinat realiza todo, desde el montaje del vehículo hasta virtualmente toda el sector de autopartes. “Esa situación implica el más alto grado de ineficiencia”, dice el Sr. Hahn.
En términos más generales, los esfuerzos realizados por las economías capitalistas de estado más exitosas, en el sentido de instalar dentro de sus fronteras todas las industrias requeridas para un desarrollo autárquico, les impidieron acceder a los beneficios de la división internacional del trabajo. De acuerdo con el Financial Times, Karl Zeiss Jena, una de las principales compañías de alta tecnología de la República Democrática Alemana, desarrolló un chip de 1 megabyte al costo de 14.000 millones de marcos (U$S 3.285 millones), siendo esta cifra mayor al 20% de las inversiones anuales totales de Alemania oriental […] Especialistas occidentales reconocieron la proeza, pero dijeron que Siemens, en Alemania occidental, consiguió rápidamente producir un gran volumen de esos mismos chips y los pudo usar en sus propios productos, con una inversión mucho menor. Alemania oriental podría haber salido mejor financieramente si hubiera comprado esos chips a un precio mucho más barato en el mercado mundial.
La transición del capitalismo de estado hacia el capitalismo multinacional exigía desmontar las múltiples estructuras organizacionales que fueron creadas para promover el desarrollo económico fuera del mercado mundial. Numerosos gerentes del Este europeo, no obstante, emergieron de ese proceso como beneficiarios, especialmente si, como es el caso de los jefes de Kombinate, lograban vincularse a alguno de los centros de poder de la economía mundial. Podía haber también gran des perdedores entre los gerentes menos calificados y ágiles, y tal vez, principalmente, para quienes integraran el aparato económico central del viejo sistema de mando y control burocrático. Toda la historia del capitalismo, es una historia de reestructuraciones, en las cuales son eliminados los miembros menos eficientes de la propia clase dominante.
Las décadas de 1970 y 1980, fueron de enorme convulsión en Occidente, fruto de la gran reorganización de las estructuras empresariales, como reacción a las recesiones globales, la competencia internacional más violenta y el crecimiento de la especulación financiera. Los cambios en el Este europeo, en numerosos aspectos, son una versión concentrada del mismo proceso, en la medida en que el último y más fuerte reducto del desarrollo económico autárquico, que fuera la norma global entre las décadas de 1930 y 1950, se abrió finalmente.
El significado social de las revoluciones de Europa oriental fue oscurecido por su aspecto más visible, el colapso de los Estados estalinistas de partido único. Una clase económicamente dominante, debe ser distinguida de la forma política específica a través de la cual consolida su cohesión y mantiene su dominio sobre la sociedad. La burguesía alemana permaneció sien do económicamente dominante durante todo el siglo, a pesar de los cambios en los regímenes políticos: el Segundo Reich casi absolutista, la República de Weimar parlamentaria, la dictadura nazi y, finalmente, la Bundesrepublik. La relación entre la clase dominante y el régimen político fue mucho más íntima durante el estalinismo; el propio nombre frecuentemente dado a esta clase refería al sistema de nomenklatura, a través del cual el liderazgo del partido hacía las nominaciones para los principales cargos. Aun así, el Estado de partido único proporcionaba un marco político mediante el cual la clase dominante de burócratas, gerentes, generales y miembros de la policía secreta ejercían su poder social. La diferencia entre partido y clase dominante quedó dramáticamente demostrada durante el auge de Solidaridad en 198081. Bajo la presión del levanta miento de la clase trabajadora, las estructuras de gobierno se quebraron y el propio partido se desintegró.Si, Pero: Pero el Estado no se desmoronó –en especial, los aparatos represivos del ejército y de los servicios de seguridad resistieron y proveyeron las estructuras de mando y los recursos coercitivos necesarios para montar el Golpe de Estado de diciembre de 1981. Uno de los aspectos notables de las revoluciones de 1989 fue lo poco en que afectaron al aparato represivo del Estado. Incluso, en algunos casos, los militares ayudaron a promover el cambio.Entre las Líneas En Polonia, el general Jaruzelski, arquitecto del golpe de 1981, y el ministro del interior, administrador en jefe de la ley marcial, general Kiszczak, desempañaron un papel crucial en las conversaciones con Solidaridad y en la formación del gobierno de coalición de Mazowiecki (bajo el cual continuaron ejerciendo sus cargos).Entre las Líneas En Rumania, la decisión de los jefes del ejército de apoyar el levantamiento popular contra un régimen cuyo carácter dinástico y personal, lo aisló del grueso de la propia nomen klatura, garantizó el éxito de la Revolución de Navidad. La Stasi, de Alemania oriental, fue la que sufrió mayor presión (aunque el Nuevo Forum de la oposición intentase defender sus instalaciones contra la furia popular); pero, en otros países, los viejos aparatos de seguridad –el StB en Checoslovaquia e incluso la Securitate rumana– continuaron funcionando bajo los nuevos gobiernos. Al contrario de lo que Perry Anderson decía requerirse para una revolución, el “aparato del viejo Estado” no fue “decisivamente eliminado” por el colapso del estalinismo.
La continuidad substancial de los aparatos centrales del poder del Estado y del personal de la propia clase dominante indica los límites de las revueltas políticas en Europa oriental. Ellas representan más un cambio de régimen político que un cambio de régimen social. Trotsky, trazó una importante distinción entre las “revoluciones sociales”, tales como las “que substituye ron el régimen feudal por el burgués”, y las “revoluciones políticas que, sin destruir los fundamentos económicos de la sociedad, barren con la vieja corteza dominante (1830 y 1848 en Francia, Febrero de 1917 en Rusia)”.
El creía que el derrocamiento del estalinismo por la gente equivaldría a una revolución de este tipo, y dejaría intactos los “fundamentos económicos” del Estado obrero establecido en Octubre de 1917, a pesar de su posterior degeneración burocrática. Los regímenes estalinistas de Europa oriental fueron, de hecho, derrocados por revoluciones políticas, pero no del tipo esperado por Trotsky. El modo capitalista de producción, cuya forma burocrática estatal capitalista fuera establecida en la URSS durante la contrarrevolución de Stalin de 192832, y ex tendida a Europa oriental luego de 1945, permaneció dominan te luego de las revoluciones de 1989. El logro de estas revoluciones constituyó en generar una reorganización política de la clase dominante, que permitiera a las economías del Este europeo una plena integración al mercado mundial (o global) y la reestructuración requerida para la transición del capitalismo de estado al capitalismo multinacional. (…)
Las enormes industrias del país (Rusia) estaban estrechamente integradas en las estructuras de una economía de mando y control burocrático. Agilizar dichas estructuras, para conseguir una elevación de la productividad que hiciera posible la participación en la división internacional del trabajo, requería una profunda desorganización de las mismas y esto socavaría el poder de una nomenklatura con 60 años de experiencia en la administración de una vastísima economía cerrada. La resistencia conservadora de la burocracia, por consiguiente, fue mucho más fuerte que en Europa oriental –y claro, no había ninguna potencia extranjera cuya retirada de apoyo pudiese quebrar la resistencia de esas estructuras, como la realidad que debieron enfrentar Honecker y Jakes a manos de Gorbachov.
Simultáneamente, la enorme radicalización popular que recorrió la URSS a fines de la década de 1980, puso en riesgo tanto la posición de los conservadores como la de los reformadores. Los movimientos separatistas en la Transcaucasia y en las Repúblicas bálticas amenazaron con dividir a la URSS.
Informaciones
Los demócratas radicales de los Frentes Populares en la propia Federación Rusa estaban minando el control de los jefes de partido locales. Y peor todavía, había crisis económica. Las tentativas de anexar mecanismos de mercado en la economía de mando y control burocrático presentaba lo peor de dos mundos: las viejas estructuras se desgastaban sin que otras emergieran para substituirlas.Entre las Líneas En 1989, el PBI cayó.
Más Información
Las huelgas de los mineros en Julio y Agosto de aquel año insinuaron la amenaza de un Solidaridad soviético. Durante las huelgas en Siberia, un gerente de mina decía lo siguiente: “El pueblo no recibió lo que le fue prometido. Las personas nada tienen ya que perder, ni viviendas, ni alimentos, ni medios de esparcimiento”.
Las quejas económicas fácilmente podían adquirir dimensiones políticas. Los mineros que entraron en huelga en Vorkuta, en Noviembre de 1989, no sólo exigían aumentos de salarios o mejores condiciones de trabajo, sino la revocación del Artículo 6º de la Constitución soviética, que garantizaba el monopolio del poder político al Partido Comunista. Las propias revoluciones del Este europeo deben haber ocupado la mente del conjunto de la burocracia soviética, al contemplar el destino de Erich Honecker y Nicolae Ceausescu.
Difícilmente sorprende que, en esas circunstancias, el ala con servadora de la nomenklatura se volviese particularmente dogmática.Entre las Líneas En el plenario del Comité Central del PCUS, realizado en Febrero de 1990, se escucharon feroces ataques contra Gorbachov, destacándose el del embajador en Polonia, Vladimir Brovikov, que preguntó: “Dicen que el pueblo apoya la perestroika, pero ¿qué perestroika? ¿La que durante los pasa dos cinco años nos llevó a la crisis, la anarquía y la decadencia económica?”
El jefe del partido en Leningrado, Boris Gidaspov, pidió la formación de un Partido Comunista de Rusia separado, a fin de combatir el ascenso de los movimientos nacionalistas en la Transcaucasia y en la región báltica.53 Los conservadores dieron su apoyo a los grupos nacionalistas rusos de derecha -como el movimiento neofascista Panyat; y más importante todavía, apoyaron la red de clubes “militares patrióticos” para la juventud, liderados por veteranos de la guerra de Afganistán y favorecidos por el Comité Central del Komsomol, y también al Frente Unido de los Trabajadores de Rusia (OFT), que intentaba explotar el descontento genera do por las políticas económicas de Gorbachov.54 Aun así, los conservadores no rompieron con Gorbachov y, en realidad, votaron en el Pleno de Febrero de 1990 para quitar el Artículo 6º y terminar con el monopolio del partido: el único voto contra esta decisión venía Boris Yeltsin, pero porque dicha decisión no era para él suficiente. La votación fue recibida con euforia por Occidente; el Independent de Londres publicó la noticia bajo el título: “El fin del Estado comunista”. Esa reacción escondía las consideraciones reales implicadas en la revocación del Artículo 6º –la aceptación de que de hecho el sistema multipartidario estaba desarrollándose, y que se volvió apetitoso para los conservadores a causa del curso cada vez más autoritario seguido por el propio Gorbachov. (…)
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
La elección de Gorbachov, en Marzo de 1990, para el nuevo cargo de presidente ejecutivo, munido de extensos poderes de emergencia, era parte del mismo proceso. El Congreso de Diputados del Pueblo, y su órgano permanente, el Soviet Supremo, disfrutaban de una legitimidad mucho mayor que las viejas estructuras del partido, gracias a su origen en elecciones relativamente libres. Al estar asociado (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “associate” en derecho anglo-sajón, en inglés) personalmente cada vez más con un Estado parcialmente liberalizado, Gorbachov pudo adquirir mayor autoridad para sus políticas.
Otros Elementos
Además, separándose del partido, y creando nuevos órganos estatales de decisión, como el Consejo Presidencial, estuvo en condiciones para enfrentar algunos de los obstáculos levantados contra las reformas por los miembros conservadores de la burocracia.Entre las Líneas En Noviembre de 1989, Leonid Abalkin, viceprimer ministro responsable por la reforma económica, hizo públicas propuestas para “la desnacionalización de la propiedad”, el ajuste gradual de los precios a los niveles del mercado mundial, la creación de un mercado financiero y monetario, y para el incentivo de las inversiones extranjeras.58 La implantación de estas medidas, no obstante, fue bloqueada por el primer ministro, Nikolai Ryzkov, que, en vez de esto propuso a principios de Diciembre, un paquete de medidas de emergencia que fortalecía el control del centro sobre las inversiones en las empresas, la formación de precios y el comercio exterior, y fijó el incremento de los precios oficiales hasta 1992.
Esta hostilidad hacia el avance del tipo de reestructuración em prendida en Europa oriental no refleja solo el poder de la burocracia en los ministerios industriales y en las agencias de planificación. Reformadores y conservadores por igual, tenían terror a la reacción de una población ya enfurecida con las privaciones económicas que acompañaban a la retórica de la perestroika, al despido a gran escala de trabajadores y los aumentos de precios. Una de las respuestas frente a esto, asumió la forma de lo que Boris Kagarlitsky llamó el “estalinismo de mercado”. El cita como ejemplo a los economistas Igor Klyamkin y Andrank Miganyan, quienes argumentaban que “la única mane ra de implementar una reforma económica liberal es la creación de un régimen fuerte, autoritario, capaz de reprimir eficazmente la resistencia de masas”.59 La ascensión de Gorbachov a la presidencia ejecutiva señaló su viraje hacia el desarrollo de tal estrategia. Su asesor personal, Nikolai Petrakov, nombrado en Febrero de 1990, defendió la creación de “una economía de mercado normal”, incluyendo la destrucción de los “supermonopolios soviéticos” de los ministerios industriales, una “drástica reducción en los programas de inversión del Estado”, elevación de los precios y congelación de los salarios. 60 Un econo mista que era parte del parlamento previó, en Abril de 1990, que el gobierno implementaría reformas que duplicarían los precios a inicios del siguiente año y acabarían con diez millones de empleos. 61 […]
De esa manera, Gorbachov asumió cada vez más el tipo de papel analizado por la teoría marxista clásica del bonapartismo –una figura que concentraba en sus manos un poder ejecutivo enorme, a medida que procuraba el equilibrio entre las principales fuerzas sociales y políticas, reformadores y conservadores, masas y burocracia. La oposición democrática radical, representada por el Grupo Interregional de Diputados, quedó impedida de desafiar eficazmente la dirección hacia la cual Gorbachov parecía estar llevando a la URSS, fruto de su propia aceptación de la ideología liberal. Por esto mismo, Yeltsin, llegado a la presidencia de la Federación Rusa en Mayo de 1990, renunció definitivamente a las manifestaciones hipócritas de respeto a la ideología marxista-leninista, declarando: “Apoyo la propiedad privada de los medios de producción y de la tierra”, y de mandando un “nuevo modelo” que incorpore “las realizaciones de la democracia occidental”.
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Fuente: Alex Callinicos, La Venganza de la Historia
Recursos
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Véase También
Cambio de régimen
Rebeliones de la Guerra Fría, Conflictos de 1989, Descomunicación, Bloque Oriental, Relaciones exteriores de la Unión Soviética, Política mundial, Olas revolucionarias, Cambio de milenio
Cumbre de Malta
Primavera Árabe
Revoluciones atlánticas
Tigre del Báltico
Desintegración de Yugoslavia
Tigre de Carpat
Movimiento democrático chino
Resistencia civil
Revoluciones de colores
Comunidad de Estados Independientes
Ampliación de la OTAN
Ampliación de la Unión Europea
Euromaidán
Historia de la solidaridad
Acontecimientos de enero
Juicio JBTZ
Revolución de los pantalones vaqueros
Revolución Naranja
Derrocamiento de Slobodan Milošević
Revolución del Poder Popular
Marea rosa
Acuerdo de la Mesa Redonda de Polonia
Doctrina Reagan
Revoluciones de 1820
Revoluciones de 1830
Revoluciones de 1848
Revoluciones de 1917-23
Revolución de las Rosas
Guerras de Yugoslavia
Celebraciones del Milenio
Caída del comunismo en Albania
Caída del comunismo en Rumanía
Protestas de la plaza de Tiananmén de 1989
Revolución democrática de Mongolia
Disolución de la Unión Soviética
Era post-Guerra Fría
Europa Oriental, Guerra Fría
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