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Caída del Telón de Acero

Europa y comercio

Este texto se ocupa de la caída del telón de acero en la Guerra Fría. El final del comunismo en Europa ha tendido a debatirse principalmente en el contexto de la ciencia política y la historia. En este texto también se evalúa las consecuencias culturales para Europa de la desaparición del bloque soviético. A lo largo de esta plataforma digital, se examina las nuevas narrativas sobre las identidades nacionales, individuales y europeas que han surgido en la literatura, el teatro y otros medios culturales, investiga el impacto de la reunificación del continente en el paisaje mental tanto de Europa Occidental como de Europa Oriental y Rusia, y explora las nuevas fronteras en forma de nacionalismo divisivo que han reaparecido desde la desaparición del Telón de Acero.

Comunismo en los Balcanes

Todos los Estados de los Balcanes han realizado importantes progresos económicos después de la Segunda Guerra Mundial. Los perjudiciales problemas de entreguerras asociados al subdesarrollo se redujeron mucho, excepto en algunas regiones como Albania y Macedonia. ¿Podemos decir que a los habitantes de los Estados socialistas les fue mejor o peor en comparación con Grecia, o con el Estado socialista no convencional, Yugoslavia? Medir la satisfacción popular sobre la base de las estadísticas económicas es cuestionable, especialmente teniendo en cuenta los acontecimientos de 1989. El descontento de los consumidores (medido con respecto al estándar de Occidente) desempeñó un papel visible en las revoluciones de 1989 en las zonas del norte de Europa del Este e incluso en Hungría; en los Balcanes sólo Grecia, con sus vínculos occidentales, escapó a la revolución en ese año. Pero otras cuestiones (de contenido político y no meramente económico) fueron igual de importantes en la mayoría de las revoluciones balcánicas. El cambio económico por sí solo no evitó los disturbios en la década de 1980, como tampoco lo hizo durante los períodos de actividad reformista en el siglo XIX. Las diferencias en los sistemas políticos de los Balcanes rara vez parecen traducirse en diferencias socioeconómicas que contrasten con las condiciones de los estados vecinos, al menos a corto plazo. Lo mismo podríamos decir de la situación de las mujeres. Grecia muestra pocos contrastes fuertes con sus vecinos socialistas, a pesar de los puntos de vista opuestos sobre el papel de la mujer que se encuentran en el pensamiento marxista frente al occidental. La modernización y la prosperidad general parecen ser las claves para acabar con los límites tradicionales de la mujer, ya sea bajo el socialismo o el capitalismo. Sólo en los Balcanes los antiguos comunistas mantuvieron el control del poder político en el periodo inmediatamente posterior a la revolución. Elementos arraigados en Solidaridad y en la Iglesia católica derrotaron a los comunistas polacos. La Carta 77 creó una alternativa en Checoslovaquia. Alemania del Este miró a Bonn y los antiguos líderes del Partido fueron juzgados por traición. Pero en los Estados balcánicos, los ex comunistas siguen siendo actores importantes en la política nacional, aunque muchos hayan optado por redefinirse como nacionalistas. La violencia generalizada durante las revoluciones de 1989 se limitó a dos Estados balcánicos: Rumanía y Yugoslavia. En las revoluciones del norte participaron manifestantes pacíficos, que establecieron regímenes pluralistas. En los Balcanes, la tolerancia y el pluralismo fueron escasos. Esto condujo a respuestas violentas a la disidencia y al conflicto étnico. Ambos parecen más bien ecos del pasado balcánico, que signos de progreso hacia un futuro mejor.

Caída del Comunismo en la Europa del Este

El papel fundamental de la nomenklatura en la gestión de la economía obligó a muchos de sus miembros a enfrentar la crisis cada vez mayor del modelo burocrático. Directores de em presas públicas y secretarios regionales se sentían impacientes ante las restricciones que les imponían ministerios industriales y planificadores centrales, y se resentían ante la interminable sustracción de trabajadores e insumos materiales resultante de la escasez endémica. Simultáneamente el creciente involucra miento de las economías del Este europeo con los mercados mundiales –a pesar del lento ritmo de la reforma económica, después de la caída de Khruschev y Dubcek, Polonia y Hungr ía, en especial, obtuvieron grandes préstamos de Occidente e hicieron esfuerzos para pagarlos con crecientes exportaciones generadoras de divisas– acostumbró a los gerentes a la cooperación con empresas occidentales. A pesar de los esfuerzos del régimen de Honecker para reducir el comercio con Occidente, a fin de evitar el tipo de crisis de endeudamiento experimentada por Polonia y Hungría en la década de 1980, 30% del comercio de Alemania oriental, en vísperas de la revolución, era realiza do con países de la OCDE. La necesidad de tecnología avanzada impuso un estímulo a los emprendimientos conjuntos con firmas de Occidente. Las revoluciones de 1989, por más abruptas y dramáticas que hayan sido, se destacaron por la ausencia de conflictos sociales y violencia en gran escala. El enfrentamiento entre manifestantes y policías en Alemania oriental y Checoslovaquia implicó un nivel de violencia semejante al alcanzado por los choques entre las fuerzas antimotines y los mineros en huelga en Gran Bretaña. En Hungría y Polonia incluso la movilización de masas brilló por su ausencia.

Revoluciones de los Países de Europa del Este

En un sentido, las revoluciones del Este europeo simplificaron inmensamente las cosas. No puede haber dudas ahora de que vivimos en un único sistema mundial (o global) unificado. La ilusión de que había un “tercio socialista del mundo”, de que un sistema socioeconómico pos-capitalista estaba en proceso de construcción, fue destruida, junto con la mayoría de los regímenes que supuestamente lo materializaban. El impacto de esta colosal obra de reacomodamiento extendió su influencia mucho más allá de Europa: partes substanciales de África y del Medio Oriente, donde el Estado estalinista de partido único proporcionaba un modelo político a regímenes que, frecuentemente, solo eran una mueca hipócrita de los ideales socialistas, fueron escenario de grandes protestas populares al final de la década de 1980. Las implicaciones del colapso del estalinismo, fueron mucho más allá. Las revoluciones del Este europeo aceleraron un proceso que ya se hallaba en desarrollo –la unificación de la política mundial. Numerosos factores promovían esa tendencia: la globalización del capital, la industrialización de partes del Tercer Mundo, grandes migraciones de los países pobres hacia los ricos y el desarrollo de redes de telecomunicaciones intercontinentales.

Membresía en Organizaciónes Internacionales en 1989

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