Características de la Economía
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Economía en Relación a Economía de Finales del Siglo XX
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] (Nota: esto es una continuación del texto sobre economía que se haya en otra parte de esta plataforma online).
Puntualización
Sin embargo, resultan unas definiciones frágiles, pues al dedicar su atención a las relaciones económicas entre individuos, a los intercambios y a los precios, excluyen del ámbito de la E. aquel pensar dedicado a interpretar los sistemas económicos en los cuales las razones de cambio tienen poca importancia o prevalecen razones sociales o extraeconómicas o los precios pierden su virulento significado (sistema con dirección central), con lo que, como se ha indicado al principio, resulta que el orden u organización económica nos influye en el propio concepto de la E. Tampoco nos dicen nada este tipo de definiciones acerca de los juicios valorativos a los que la E. necesita frecuentemente llegar, por la sencilla razón de que un mero sistema de ecuacions simultáneas no contiene en sí mismo ninguna norma, opinión ésta muy compartida, pero que ha dado pie a grandes convulsiones en el seno de la E. científica, y al nacimiento de distintas ramas dentro de ella, como se verá más adelante.
Una corriente más moderna de definiciones se encuentra en aquellos autores que no relacionan la E. con un tipo particular de actividad económica de los hombres, sino con un aspecto que lleva consigo toda actividad económica de los mismos: el de escasez y elección. Si bien antes ya se había sugerido esta vía conceptual, o se había puesto ya énfasis en la relación entre las categorías finesmedios, como hizo O. Spann (1878-1950) al decir que la E «es la representación general de medios para un fin», realmente fue en 1932 cuando el inglés L. Robbins (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) puso en boga su famosa definición: . «La Economía es la ciencia que estudia la conducta humana como una relación entre fines y medios limitados que tienen diversa aplicación».
El estudio de la conducta humana supone el de las acciones de los hombres; pero no toda la acción humana es objeto de la E. Esta es la razón por la cual se ha intentado distinguir entre ambos ámbitos de acciones. Así, el estudio de toda acción humana ha sido denominado Praxeología por L. von Mises, en contraposición a Cataláctica, denominación con la que el economista-filósofo rebautizó a la E. en cuanto «ciencia de los cambios o de los fenómenos del mercado», es decir, dentro de uno de los grupos de definiciones antes visto; la paternidad del nombre de Cataláctica se atribuye al arzobispo Whately (1787-1863) y con él se intenta dar un contenido objetivo a esa «ciencia de los cambios», disciplina científica esencialmente positiva, es decir, desprovista de todo juicio de valor. Este nuevo intento de denominación de la E., o reparto de ella entre Cataláctica y Praxeología, no ha tenido, sin embargo, demasiada fortuna.
Las acciones humanas estudiadas por la E. son aquellas que envuelven al individuo en una serie de elecciones: elección entre fines que no se pueden obtener coetáneamente (no sólo no se pueden alcanzar en el mismo momento, simultáneamente, sino tampoco en la misma cantidad); elección entre medios escasos para conseguir el (los) fin(es) elegido(s). Se trata, por tanto, de una conducta humana en la que el cálculo racional ha de intervenir forzosamente.
«En su actividad de elección, los individuos siguen en efecto ciertos criterios, ciertas normas, dictadas por la experiencia o sugeridas por su intuición o por su razonamiento. El estudio de estos criterios, de estas uniformidades, constituye precisamente el contenido de la Economía», escribe, dentro de esta línea, F. di Fenizio (Economía Política, 1949).
El prof. norteamericano P. A. Samuelson (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), en su famoso Curso de Economía moderna, describe la E. como «el estudio de la manera en que los hombres y la sociedad utilizan, haciendo uso o no del dinero, unos recursos productivos escasos para obtener distintos bienes y distribuirlos para su consumo presente o futuro entre las diversas personas y grupos que componen la sociedad»; a continuación, explica lo que no es la materia científica que intenta definir: no es e. doméstica, en el sentido de llevar la administración o las cuentas del hogar; tampoco se trata del campo comúnmente conocido por «negocios», por lo que no explica cómo hacerse millonario ni cómo administrar un negocio (véase en esta plataforma: EMPRESA), ni es pura ingeniería que estudia y explica cómo se fecunda el trigo, p. ej., Pero, sin embargo, ayuda al ama de casa, al hombre de negocios o al ingeniero en sus respectivos quehaceres, si éstos han aprendido a conocer y comprender los fenómenos económicos y las fuerzas individuales y sociales que hay tras ellos.
A la misma corriente se apunta R. Barre (Économie Politique, 1955), cuando dice: «La Economía política es la ciencia de la administración de los recursos escasos. Estudia las formas que adopta el comportamiento humano dentro de las posibilidades que ofrecen tales recursos, analiza y explica las modalidades según las cuales un individuo o una sociedad debe utilizar medios limitados para la satisfacción de deseos numerosos e ilimitados». Asimismo, O. Lange (Scope and Method of Economics, 1946) señalaba como objeto de la E. «el estudio de las formas de administrar los recursos escasos». Y E. Schneider (Einführung in die Wirtschaftstheorie, 1947), define el dominio de la Ciencia económica como «aquel sector de la actividad del hombre consistente en actos de disposición de medios escasos para la realización de fines humanos que resultan de necesidades y deseos».
Las definiciones montadas sobre los conceptos de escasez y elección superan los inconvenientes de aquéllas que se constituyen sobre la riqueza y sobre las causas del bienestar material, pues si bien es cierto que la escasez de bienes materiales es una de las limitaciones de la conducta, no es menos importante la escasez de tiempo y de los servicios de otras personas; luego, realmente la posición defendida por L. Robbins, después tan profusamente adoptada, supera los inconvenientes de los conceptos estrictos de riqueza y bienestar material. Por otra parte, se trata de unas definiciones, las construidas alrededor de E.=Ciencia, de la elección de los recursos escasos, que eluden los inconvenientes de las del tipo cambios y precios; evitan el tema del número de electores o el no menos importante de cómo se elige, y no dejan de lado la posibilidad de fijar normas para la utilización adecuada de medios encaminados a cubrir fines económicos, políticos o sociales.
Sin embargo, el tipo de definiciones de Robbins, Samuelson, Barre, Bresciani-Turroni, di Fenizio, Koopmans, Boulding, Schneider, Gide, Brandis, y tantísimos otros, adolecen de un formalismo tal que, como ha puesto de manifiesto P. Masse (Operational Research into Practice, 1958), aunque los fines respectivos son diferentes, parece obvio que se trata de t _n tipo de definición que se puede aplicar tanto a la E. como al arte militar. La misma investigación operativa, si bien en una técnica al servicio de la E., no es más que un conjunto de procedimientos matemáticos que permiten maximizar o minimizar el valor de una función-objetivo, tanto si éste es la destrucción de un establecimiento militar estratégico del enemigo, como si es la gestión de stocks, una partida de ajedrez o la tasa de crecimiento de una e.; por ello, como señala M. Godelier (Rationalité et irrationalité en Économie), una mejor utilización de los medios disponibles limitados, y de usos alternativos para conseguir unos fines deseados, tarea a la que se aplica la investigación operativa, no define mejor el problema económico que el arte militar o la teoría de la información.
Estas definiciones «formales» también presentan otros graves inconvenientes: el principal es el de que se basan en la ya señalada hipótesis de racionalidad, que aparece implícita en los razonamientos que acompañan a las definiciones citadas, cuando existe un cierto desacuerdo sobre el propio concepto de racionalidad humana, concepto amplio en el que se integra la racionalidad económica o principio económico del uso óptimo de los recursos escasos o E. en el segundo sentido que le hemos asignado al principio; por demás, las definiciones formales ignoran los problemas esenciales de adaptación de los medios a los fines y de éstos a aquéllos en la cambiante realidad socio-económica y política del mundo en que vivimos; como dijo hace más de 30 años C. Sutton (The Relation Between Economic Theory and Economic Policy, 1937): «La aceptación del punto de vista del profesor Robbins debe comportar el abandono de grandes trozos de la doctrina tradicional, especialmente en el campo de las finanzas públicas» (y en el de establecer criterios para la política económica).
A la conceptuación imperante entre la mayoría de los economistas occidentales le hace falta, en opinión de M. Godelier, tres condiciones: 1) que la E. se defina en términos reales y no en términos formales, en términos de estructura y no de comportamiento o conducta; 2) que la estructura específica de un sistema u orden económico determinado sea conocida o bien supuesta en este sentido, para que se pueda analizar la racionalidad del comportamiento de un sujeto económico en el seno del sistema u organización; 3) que sea dada y conocida una determinada estructura de necesidades de los miembros de la sociedad, es decir, que se parta de una determinada jerarquía de fines-objetivos.
Pueden darse también definiciones materiales de la E. Una de ellas es la del Inst. de Economía de la Acad. de Ciencias de la URSS, que señala que «la Economía política es la ciencia del desarrollo de las relaciones sociales de producción, es decir, de las relaciones económicas entre los hombres, y esclarece las leyes que gobiernan la producción y la distribución de los bienes materiales de la sociedad humana, a lo largo de las diversas fases de su desarrollo»; junto a su claro enfoque de tipo histórico, resalta en este caso el énfasis que esta clase de definiciones ponen en el aspecto social de la producción. No es el aspecto técnico de la producción (que estudian la Física, la Química, la Mecánica, la Agronomía, etc.) el que constituye el objeto de estudio de la E., sino las «relaciones sociales de producción» o «relaciones económicas entre los hombres», en su interdependencia con las «fuerzas productivas» (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fuerzas productivas que en la E. marxista son el conjunto de medios de producción más el grado de cualificación y el nivel de experiencia de los hombres que se sirven de ellos; y que, junto a las relaciones de producción, forman, lo que se llama «modo de producción».
Una Conclusión
En conclusión, en este caso las fuerzas productivas son el aspecto técnico del modo de producción y constituyen el componente más dinámico del mismo, mientras que las relaciones sociales de producción «forman la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social», según palabras de Marx.
Detalles
Por último, otro elemento de esta definición, las leyes que gobiernan las relaciones sociales de producción y distribución de los bienes materiales, expresan el nexo causal que rige dichas relaciones de modo necesario, permanente y objetivo, independientemente de la voluntad de los hombres; al desaparecer las condiciones económicas que las sustentaban, se destruye la vigencia de dichas leyes, con lo que termina una fase del desarrollo de la sociedad, y se crean las condiciones para la aparición de otra nueva.
Después del amplio abanico de definiciones que acabamos de presentar lo que queda claro es que no existe ninguna definición exacta y última de la E. Es un lugar común que la E. se ocupa de los precios; de las cantidades producidas, distribuidas y consumidas de los bienes y servicios; de los salarios; del paro obrero; del interés; del comercio exterior; del tipo de cambio; y de tantos otros temas análogos. Empero, después del largo muestrario de definiciones señaladas y de la digresión anterior acerca de las variaciones semánticas de la E., no puede decirse que «el nombre no hace a la cosa», ni que la cosa sea la misma para todo el mundo. Esto es importante, pues según cual sea la etiqueta y según cual sea el concepto, tales serán las consecuencias que se deriven para el entendimiento y la influencia deliberada de los fenómenos económicos de la sociedad.
En este sentido, seguramente que, en mayor o menor grado, todas las denominaciones y todas las concepciones apuntadas son útiles para describir algún aspecto del mismo problema: las actividades económicas de los hombres, entendidas, como hace F. Perroux (L’Economie du XXe Siècle, 1961), como una suma de las desarrolladas por los seres humanos a la vez individuales y personales; y como una serie de actividades condicionadas por las presiones de, e insertas en los determinismos sociales.
De ahí que la E. no pueda librarse de las imposiciones y servidumbres que el hecho de ser ciencia (para un examen del concepto, véase que es la ciencia y que es una ciencia física), empírica y social, impone. Por ello, no puede haber comprensión seria y plenaria, ni interpretación justa del problema económico, ni, por tanto, definición adecuada de la E., hasta tanto los aspectos económicos de las relaciones humanas no sean analizados de conformidad al proceso social individual y global de toma de decisiones (políticas, económicas y sociales) de la que son parte integral. Dentro ya de la iniciación de esta nueva senda, cabe registrar la definición debida a G. Myrdal, según el cual «el cometido de la Ciencia económica consiste en observar y describir la realidad social empírica y en analizar y explicar relaciones causales entre hechos económicos»; o bien, como decía cuatro décadas antes J. N. Keynes (1890) «la Economía es la ciencia que trata de los fenómenos que surgen de las actividades de la humanidad en su vida social». Y a lo máximo a que puede aspirar es, en opinión de R. Lipsey «a reducir el porcentaje de incertidumbre que existe en problemas que nos conciernen; pero nunca podrá reducir esta incertidumbre a cero» (An Introduction to Positive Economics, 1963).
4. Entorno y desarrollo.Entre las Líneas En el tema de la acción y efecto de fijar con claridad la significación de una palabra o la naturaleza de una cosa, pueden adoptarse dos posturas completamente opuestas. Bajo un prisma que puede tildarse de histórico, se puede ver la definición de una ciencia como la cúspide del esfuerzo metodológico empeñado en aprehender el concepto de la misma; esta es la conocida posición de J. S. Mill (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), para quien la definición, «como la muralla de una ciudad, normalmente se erige no para servir de receptáculo a los edificios que pudieran surgir a continuación, sino para circunscribir un conjunto urbano ya existente».
Indicaciones
En cambio, otros autores sostienen la conveniencia de contar con la definición como una herramienta, todo lo provisional que se quiera, pero sin la cual se pierde la aguja de marcar en la investigación futura.
En el caso de la E. se han visto ambas posturas. Y los resultados de las dos posiciones muestran bien a las claras que, en cualquier caso, la visión adoptada queda afectada por la concepción metodológica del economista y por su particular Weltanschauung o ideología, juicios valorativos en suma.
La E. se enraíza así con el resto de disciplinas que forman el conjunto o sistema de Ciencias sociales (véase en esta plataforma: CIENCIA VI). La autonomía de las Ciencias sociales con respecto a las de la Naturaleza ha dado lugar a la subdivisión, a su vez, en varias disciplinas. Sin entrar en el problema epistemológico de la unidad de las Ciencias sociales, defendida a ultranza por Comte (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), Marx (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) Durkheim (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), cabe señalar que el pluralismo en este terreno se justifica por razones metodológicas según la naturaleza específica del objeto de estudio y por necesidades de subdivisión del trabajo científico; de todas formas, la subdivisión de las Ciencias sociales ofrece grandes dificultades, por lo que cualquiera que sea la que se adopte tiene un carácter bastante artificial. Con esta advertencia puede aceptarse la siguiente clasificación, donde se ponen de manifiesto las relaciones más próximas de la E.: además de ésta la más desarrollada de las Ciencias sociales, científicamente hablando, se pueden señalar la Sociología (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general): la última, pero la más profunda; la Política (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general): la más antigua, desde un punto de vista cronológico; la Antropología social (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y la Psicología social (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general): ambas producto del renovado interés por estos temas en tiempos recientes. Es muy difícil que se puedan amontonar todos los infinitos problemas sociales bajo una rúbrica.
Pormenores
Por el contrario, teorías menos ambiciosas, pero metodológicamente mejor sustentadas sobre los precios, las relaciones obrero-patronales, los índices de natalidad, la conducta revolucionaria, la reacción comunitaria ante determinadas medidas legales, etc., son fácilmente posibles: así se justifica la subdivisión de cada rama del sistema de Ciencias sociales en otras disciplinas y especialidades, cuando no la mezcla de unas con otras (Sociología económica, E. social, Sociología política, Política económica, etc.), puesto que las distintas materias sociales no sólo son inseparables, sino que también son interminables.
En el terreno de la E. puede hablarse de microeconomía y macroeconomía (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). La primera hace referencia al estudio del sistema de precios y de los factores productivos en orden a la asignación de los recursos entre sus distintos usos, partiendo de las decisiones económicas de los particulares individualmente considerados o formando parte de pequeños grupos. Es una parte de la E. que tuvo gran predicamento en el último tercio del s. XIX y primero del presente, hasta que fue superada por la Macroeconomía, por obra de J. M. Keynes, The General Theory of Employment, Interest and Money, 1936. La Macroeconomía estudia las actividades económicas de los grandes grupos que expresa en magnitudes agregadas de empleo global, renta nacional, salarios medios, nivel general de precios, inversión total, etc., investigando su interrelación y comportamiento en orden a alcanzar el pleno empleo de todos los recursos y la óptima distribución del producto o renta lograda.
Precisamente por esta última razón también cabe hablar de E. positiva y E. normativa. La E. positiva (o Teoría Económica; v.) describe los hechos tal como son, si lo descubre; estamos en terreno positivo al afirmar que el precio de un bien X aumenta si la demanda crece, permaneciendo invariable el resto de cosas (oferta, salarios, etc.). La E. normativa (o Política Económica) nos dice si hay que variar (o no) las cosas para que los hechos no se produzcan (o para que sí sigan sucediendo) igual; en este caso, y con referencia al ejemplo anterior, cabría decir que hay que incrementar la oferta del bien X para que el precio del mismo no aumente ante la presión de una demanda superior.Entre las Líneas En terminología al uso, diremos que la E. positiva hace referencia a lo que es, al ser, mientras que la normativa se refiere a lo que debería ser, al deber ser. El problema reside en la necesidad de objetivación de la Ciencia económica, eliminando de la misma todo juicio de valor, con lo cual nos circunscribimos al dominio de lo positivo; e incluso se intenta una E. neutral.Si, Pero: Pero como la introducción de las valoraciones es un fenómeno inherente al desenvolvimiento de toda Ciencia social para que la misma tenga razón de ser, la E. positiva no puede ser aplicada a una realidad -la social- donde los juicios valorativos, dígase lo que se diga, asumen un papel preponderante; y de ahí nace el campo de lo normativo. Precisamente la relación entre normativa y sistema (forma, organización u orden) económico es total: éste forma la base de aquélla; según cuál sea el sistema económico tal será la norma económica que se aplicará (en una dictadura, p. ej., la escala de valoraciones imperante será la del dictador; en una sociedad esclavista, será la de los amos y no la de los esclavos; en una democracia, se supone que la escala de valoraciones de la mayoría se impondrá; etc.).
Puede hablarse, también, en términos de E. pura y E. aplicada. La primera consiste, básicamente, en el análisis abstracto de los fenómenos económicos, esto es, prescindiendo de sus interrelaciones con los demás aspectos de la vida humana; la segunda, establece los conocimientos con miras prácticas. Mientras la E. pura tiene un carácter absolutamente especulativo, la E. aplicada es rabiosamente realista; mientras aquélla sólo se mueve en el campo hipotético, ésta lo hace en el de la problemática real, con intención de llegar a conclusiones para resolver las cuestiones prácticas y político-económicas.
En este orden de cosas, gracias al creciente proceso de formalización que ha sufrido la Ciencia económica, tanto en las regiones etéreas de la más pura abstracción como por la necesidad de transformar la compleja realidad en esquemas aprehensibles, ha sido posible el espectacular avance de la misma en estos últimos tiempos, por lo que el número de adeptos de la E. matemática es cada vez más numeroso y mayor la necesidad de poseer profundos conocimientos matemáticos para desonvolverse en el entendimiento de la E.
Por su parte, la E. estática se diferencia de la E. dinámica en que una considera estables los elementos básicos de la e. (necesidades, nivel tecnológico, población, etc.) y la otra no. El tratamiento del factor tiempo es más intensivo en la segunda que en la primera, pues en ésta no se elimina. La E. estática es de equilibrio; la E. Dinámica es de proceso.Entre las Líneas En la E. estática entra el factor tiempo a través de la senda de las expectativas, por la comparación de distintas situaciones de equilibrio (E. estática comparativa y E. estacionaria) y después del análisis dinámico de las condiciones de estabilidad. La E. dinámica se ha transformado, como es natural, puesto que los fenómenos económicos son de un movimiento íntimamente ligado al tiempo, en el centro de la investigación económica, en una triple vertiente: a) dinamización de la microeconomía y de la macroeconomía (E. dinámica pura o formal); b) fluctuaciones económicas y crecimiento, desarrollo y subdesarrollo económico (E. dinámica intrasistema); y c) comparación de la dinámica evolutiva de los diferentes sistemas económicos (E. dinámica intrasistema). La E. descriptiva, que estudia el desarrollo de procesos económicos concretos en lugares determinados, es otra categoría de la Ciencia económica, que se puede llamar Geografía económica. De la interacción del mapa del terreno económico (enumeración de hechos y situaciones) con el cuadro institucional en el que se desenvuelve, aparece una nueva disciplina, la Estructura económica (véase en esta plataforma: ESTRUCTURALISMO III). El estudio del desarrollo de procesos económicos concretos en tiempos determinados, corresponde a su vez a la Historia económica.
La E. cuantitativa hace referencia a la acumulación de datos y series y al análisis de información estadística en el campo económico; por esto se la llama, también, Estadística económica (véase en esta plataforma: ESTADÍSTICA II). La compilación funcional, geográfica e histórica de cantidades económicas, su interpretación, el ensamblaje de las mismas mediante modelos y la consecución de las teorías y leyes por las que se rigen, es misión del Análisis económico. Si éste trata «de cómo se comporta la gente en cualquier tiempo y cuáles son los efectos económicos que produce el comportarse de tal modo», la Sociología económica, a la que antes nos hemos referido, trata «de cómo la gente llega a comportarse como se comporta», en expresiones de J. A. Schumpeter (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Sectorialmente, aparecen a su vez y de modo respectivo de E. monetaria, exterior, regional, agrícola, laboral, de los transportes, etc.
En resumen, y utilizando el cuadro elaborado por Schumpeter, con ligeras adaptaciones, vista la evolución del sistema de Ciencias económicas 20 años después de la aportación de este genial economista, puede verse el Cuadro General de la E. que figura en la página precedente.
V. t.: POLÍTICA ECONÓMICA; TEORÍA ECONÓMICA. [rbts name=”economia”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
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Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre economía en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
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