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Características de los Instintos

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Características de los Instintos

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Instintos en Relación a Psicología

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] (Nota: esto es una continuación del texto sobre instintos que se haya en otra parte de esta plataforma online). El habitat físico es experimentado como algo discontinuo. La delimitación objetivadora de la realidad enriquece cuantitativamente los puntos o elementos de la referencia. El resultado de este proceso supone, junto a la disolución de los nexos físicos, la apertura del espacio y la capacidad de introducir una lejanía que permite la renuncia de lo inmediato.Entre las Líneas En el plano de la experiencia interna la apertura del espacio físico es correlativa de parejo fenómeno de dilatación de la intimidad. De ahí que el hombre no sólo sea capaz de renunciar a lo inmediato sensible, sino de instituirlo con las imágenes de la fantasía creadora. Se trata de un fenómeno específicamente humano e instintivo que el psicoanálisis (véase sobre el enfoque de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, el psicoanálisis en la filosofía, el modelo de psicoanálisis, la teoría del psicoanálisis, la psicología y la terapia psicoanalítica) ha designado con el término «sublimación», refiriéndolo, como es sabido, a las exigencias no satisfechas de la libido. G. Thiboh ha propuesto una interpretación de la naturaleza de este último hecho más acorde, sin duda, con la teoría general del comportamiento. La sublimación es como una especie de reflejo ascensional de los instintos hacia las fuentes inmateriales del ser humano. Los sencillos ritmos biológicos se integran en la dinámica abarcativa de un ser, cuya totalidad rebasa el plano de lo biológico. La sublimación así entendida va acompañada de un sentimiento de equilibrio y de plenitud, revelador de la liberación del sujeto respecto de las servidumbres y disonancias de las tendencias inferiores.
Frente al comportamiento animal, la conducta humana se despliega instintivamente en dos fases. La primera caracterizada por el predominio del impulso a la actividad; la segunda, por la satisfacción de la necesidad sentida. La patología de los instintos depende más del modo de satisfacer objetivamente la referida necesidad que de la intensidad y grado del impulso. Por otra parte, el comportamiento instintivo no resulta, casi nunca, del despliegue de un solo instintos De hecho, toda la instintividad opera de continuo, aun cuando lo que en un momento determinado aparece a los ojos del observador sea una integración resultante de la acción recíproca de todos ellos. El efecto inhibitorio que, p. ej., el miedo y el hambre producen sobre cualquier proceso instintivo, es del dominio común.
Junto al fenómeno anteriormente descrito ha de situarse en el hombre la plasticidad o capacidad de moldeamiento de los diferentes instintos Además y aun por encima de las necesidades biológicas se encuentra la propia y singular necesidad de ser, sin más. Se trata también de una realidad instintiva, o si se prefiere otra expresión de una tendencia que reuniendo los caracteres de lo instintivo lleva a los individuos singulares a alcanzar progresivamente su fin específico. Definida por López Ibor como «instinto de perfección», es el móvil que lleva al ser humano a completarse, a adquirir una forma exuberante y nítida al mismo tiempo.
3. Clasificación de los instintos. El reconocimiento de instintos singulares responde a la misma necesidad conceptual de definir lo instintivo en sí. Cuando los psicólogos médicos abordaron su estudio, partieron de la hipótesis del instintos único. Para el psicoanálisis (véase sobre el enfoque de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, el psicoanálisis en la filosofía, el modelo de psicoanálisis, la teoría del psicoanálisis, la psicología y la terapia psicoanalítica) era la libido entendida como fuente absoluta de toda concupiscencia.

Secuencia

Posteriormente, el propio Freud (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) agregó a la libido, limitada al instintos sexual, el instintos tanático o de muerte y los instintos del yo.Entre las Líneas En Adler (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) las tendencias fundamentales se derivan del instintos de «dominio». Jung (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), aunque sigue utilizando el término libido, lo hace con una significación más amplia. Los psicólogos anglosajones, más cerca de la dirección empírica y experimental, manejan hipótesis más politemáticas. McDougall, p. ej., describe hasta dieciocho i.
Fenomenológicamente, siempre que se trata de reducir los instintos a otros se llega a la conclusión de que la instintividad se ordena alrededor de dos direcciones o tendencias fundamentales: la conservación de lo vivo y la conservación o perpetuación de la especie. Una y otra significando la incoación o correlato biológico del egoísmo y el altruismo caracteriales. Alrededor de estas dos direcciones la conducta instintiva se despliega en una serie de manifestaciones específicamente diversificables según el estrato funcional de la economía biológica y la singular situación vital del individuo.
a) Instinto de conservación.Entre las Líneas En un primer nivel la instintividad se ordena al mantenimiento del status orgánico indispensable para la vida individual. Incluye la homeostasis o equilibrio del ser vivo con su entorno físico (véase en esta plataforma: FISIOLocíA) y el recambio material (véase en esta plataforma: NUTaiCIóN). Psicológicamente, además de los correspondientes fenómenos fisiológicos, las situaciones de stress o desequilibrio por cambios bruscos del medio o disminución de la capacidad vital son registradas como malestar más o menos intenso que puede llegar al sentimiento de alarma e incluso a trastornos de la conciencia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
b) El instinto nutricio es más polifacético y complejo, la carencia de sustancias alimenticias puede incidir en lo psíquico desde un simple malestar difuso a sensaciones localizadas en el tracto digestivo. El hambre y la sed como sentimientos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) sensoriales revelan así la doble vertiente psico-física del fenómeno, a la vez que permiten la posibilidad de regulaciones instintivas ajenas a lo meramente fisiológico.

Detalles

Las experiencias y observaciones son tan numerosas como demostrativas.

Detalles

Los animales comen habitualmente según proporciones específicas determinables. Kafka, psicólogo checo contemporáneo, estudió el comportamiento de las gallinas en este sentido, demostrando que el hambre y la saciedad están condicionadas tanto por necesidades intrínsecamente orgánicas como por factores externos de situación.Entre las Líneas En el hombre los condicionamientos son mucho más complicados. Los usos y costumbres, los hábitos, la cultura y las creencias no sólo intervienen en el modo de satisfacer las necesidades, sino que contribuyen a crearlas: se puede resistir el ayuno (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) o vivirlo positivamente como una virtud moral (huelgas por el hambre y huelgas de hambre). Mac Swiney, alcalde de Cork, ayunó voluntariamente durante 75 días que estuvo preso; es, según Grafe, el tiempo de ayuno más largo comprobado oficialmente.Entre las Líneas En lo relativo al instintos nutricio toda una teoría del arte culinario ha venido a integrarse en estilos de vida individuales y colectivos. El simple hecho de la metamorfosis que la alimentación ha sufrido en el curso de la historia acredita la constitutiva apertura de la vida humana.
c) La conservación se actúa, además, como instinto de defensa en situaciones de amenaza para la integridad del sujeto, de acuerdo con dos modalidades radicales: la inmovilización y la huida. La relación entre estos dos modos de defensa con el instintos o impulso primario a la actividad y su carácter reactivo ha motivado que la mayoría de los psicólogos los incluyan entre las especies de impulsos o tendencias comunes a los seres vivos en general (véase en esta plataforma: IMPULSOS). Debe anotarse, sin embargo, que la estructura psicológica de las llamadas por López Ibor reacciones de «sobrecogimiento y sobresalto» está relacionada con los sentimientos de angustia, miedo e inseguridad (véase en esta plataforma: ANGUSTIA; HISTERIA).
Como manifestaciones marginales del instintos de conservación, aun cuando en rigor tengan una significación más profunda y afín a los impulsos básicos, deben incluirse la agresividad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y las tendencias gregarias. La filiación instintiva de la agresividad ha surgido de la problemática planteada por Freud en la última de sus formulaciones doctrinales, al contraponer los instintos de vida (eros) y los instintos de muerte (thanatos). La finalidad destructiva de la agresividad revelaría la existencia de una propiedad general de lo instintivo ordenada a la reproducción de estados anteriores. Para Freud, el fin de la instintividad es el restablecimiento del equilibrio alterado por las tensiones creadas por los estímulos externos. Lo orgánico regresaría a lo inorgánico original; la actividad de la vida concluiría instintivamente en el reposo de la muerte. [rtbs name=”muerte”] [rtbs name=”pena-de-muerte”] [rtbs name=”pena-capital”] [rtbs name=”muerte”] La prueba de esta tesis se basó en la observación de la cualidad iterativa de los juegos infantiles y de ciertas manifestaciones patológicas (p. ej., los sueños angustiosos).

Puntualización

Sin embargo, el análisis de tales fenómenos en las situaciones clínicas en que aparecen con particular relevancia (en las obsesiones) demuestra que su verdadera significación instintiva consiste más en conservar que en destruir (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Frente a los sentimientos de amenaza surgidos de las alteraciones del estado de ánimo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) fundamental, el sujeto reacciona, a menudo, aplazando su decisión y sosteniéndose entretanto en una especie de compás de espera vital que cristaliza en la repetición de actos y vivencias. Hay, efectivamente, un impulso básico a la repetición, ordenado, no a la destrucción, sino a la economía biológica.Entre las Líneas En forma independiente, la agresividad puede ser destructora y alimentar ciertos modos de conocimiento que el propio psicoanálisis (véase sobre el enfoque de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, el psicoanálisis en la filosofía, el modelo de psicoanálisis, la teoría del psicoanálisis, la psicología y la terapia psicoanalítica) ha definido como instinto epistemológico. Pero, en ningún caso, ni la agresividad como tal ni la tendencia al conocimiento analítico tienen como finalidad la muerte.
La constitutiva dimensión social de los seres vivos en general y del hombre en particular aparece como una necesidad cuya satisfacción supone la correspondiente tendencia instintiva. Su forma más elemental puede calificarse como instinto gregario. La referida necesidad no pertenece a la esfera sexual. Más bien lo sexual debería, como veremos después, entenderse como una faceta de la sociabilidad. El ¡.gregario da lugar a las agrupaciones animales: bandadas de aves, enjambres de abejas, nubes de langostas, rebaños, etc.Entre las Líneas En la especie humana la tendencia se configura, al integrarse en los planos superiores del ser personal, en las variadas formas de agrupación que van desde la primordial «masa-tumulto» a los «públicos» configurados elementalmente en torno a situaciones e intereses pasajeros.
d) Instinto sexual. Ante todo ha de advertirse que psicológicamente la sexualidad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) es un hecho que rebasa el ámbito de lo instintivo. El que en las especies animales sexuadas lo sexual revista en su estructura y actuación los caracteres de la instintividad y que estos mismos caracteres puedan aislarse en el hombre, no demuestra sino que la sexualidad está ordenada primordialmente a la perpetuación de la vida.Entre las Líneas En éste, como en todos los demás i., se revela que el proceso intercalado entre la tendencia y el objeto o causa final es más largo y complicado en la especie humana. Esta complejidad es, en definitiva, la prueba más importante del «lujo» biológico de los instintos y de la radical apertura de la vida del hombre. La plasticidad y dependencia recíproca de todas las tendencias e impulsos básicos pueden alcanzar en la sexualidad humana formas tan extremadas y singulares que, de hecho, el instintos sexual resulta ser el más lábil y quebradizo de toda la economía. Ya en los animales puede advertirse que el correlato emocional de este instintos es, a menudo, menos violento que en otros, y si bien es cierto que la fuerza y la tiranía del mismo puede llegar a ser gravemente perturbadora, no lo es menos que la inferencia de la voluntad es capaz, al margen de la patología de inhibir su acción (es lo que sucede, p. ej., en la virtud de la castidad, v.). De otra parte, lo que la propia patología demuestra es que los aspectos extrafisiológicos del instintos sexual son mucho más importantes que los fisiológicos.
En la conducta sexual intervienen cuatro niveles de condiciona m¡ento: el fisiológico, el sensorial, el afectivo y el noético.
El nivel fisiológico es, sin duda, el regulador básico y naturalmente extraconsciente del proceso. Intervienen en el mismo factores genéticos, hormonales y gonadales (orgánicos), que inciden tanto en la puesta a punto del proceso como en la determinación individual del propio sexo. Los resultados de la castración por enfermedades, traumatismos o intervenciones quirúrgicas, las alteraciones morfológicas o funcionales del gran regulador neuroendocrino que es la hipófisis, así como el bloqueo de la conducción nerviosa en distintos niveles, demuestran que la lesión o aislamiento de los factores señalados no produce la anulación absoluta del apetito sexual, y ni siquiera incide en la trama instintiva, cuyas motivaciones fundamentales dependen tanto del impulso como de la voluntad refleja y del mundo de las imágenes y representaciones.
En el plano sensorial el ¡.comporta nuevas complejidades. Todavía está por esclarecer la existencia de una sensación sexual específica. La disociación incoada en el nivel fisiológico se hace aquí más patente. Un doble circuito nervioso aparece separando la erección o turgencia de los órganos genitales, del orgasmo o acmé funcional. Esta duplicidad viaria se mantiene en el cerebro medio, concretamente en el centro regulador dei tuber cinereum (véase en esta plataforma: CEREBRO), sometido además a la influencia de zonas corticales aún más diversificadas. Por otra parte, la experiencia natural muestra que toda sensación sexual va acompañada de otras sensaciones táctiles, de contacto, calor o frío. Cierto que los órganos genitales son, de ordinario, el punto de partida y de localización principal de la sensación considerada típica, pero fenomenológicamente una sensación distinta e irreductible a otras no existe. La llamada sensación sexual es un ejemplo típico de formalización conjuntada, posible en este caso, como en los llamados sentimientos sensoriales, por la presencia de una constelación afectiva peculiar.
En el despliegue del instintos participa condicionándolo todo, y de modo eminente su expresión sensorial, el estrato afectivo, gracias al cual lo instintivo adquiere aquí, como en el instintos nutricio, cualidades psicológicas diferenciales. La entidad específica de lo sexual viene dada en el plano de la vivencia por los sentimientos eróticos, los cuales son dependientes, a su vez, dentro del circuito de la experiencia íntima, de la conciencia justamente el dinamismo de lo noético, como nivel condicionante de la instintividad, ha de entenderse como integrador de lo que en la tendencia -realidad no conscientees dado como principio de actividad.Entre las Líneas En rigor lo que llamamos instintos no tiene más que una realidad virtual que sólo puede conocerse en tanto se actúa en el ámbito de la vivencia o en el de las situaciones concretas.
Los sexólogos han señalado un aspecto de particular importancia y significación específica en el despliegue de este i.: la presencia de sentimientos de pudor. Spranger, psicólogo alemán, discípulo de W. Dilthey (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), relaciona el pudor sexual con el misterio de la vida. Es bien sabido que ni la llamada «educación sexual» (véase en esta plataforma: EDUCACIóN v) ni la adecuada y prudente ilustración sobre el sexo son capaces de evitar sus turbulencias ni sus requerimientos de pudor. Se trata de un fenómeno universal e innato. Havellock Ellis ha observado que entre las gentes no civilizadas los sentimientos de pudor son todavía más invencibles que entre las civilizadas. Es cierto que el pudor puede adquirir modos dependientes de los usos, tradición y experiencia, disminuir y aun desaparecer, pero en tales casos se trata de inhibiciones desencadenadas por tendencias contrarias o, en el caso del exhibicionismo, de condicionamientos psicopatológicos. Acerca de la naturaleza del pudor parece indudable que no se trata de una tendencia especial, sino de una exigencia de orden y moderación en el ejercicio, tanto de éste como de otros i.
Ya se ha indicado que el instintos gregario es distinto del sexual. La sexualidad influye positivamente en la configuración de los hechos sociales, pero ni la sociabilidad depende en exclusiva de aquélla ni la satisfacción del instintos sexual es exigencia indeclinable. La psicología diferencial de los sexos descansa en actitudes más profundas, respecto de las cuales lo específicamente sexual, tanto morfológica como funcionalmente, es sólo un aspecto parcial y transitorio.Entre las Líneas En todo caso, los elementos de cualquier estructura social son tan diversos en su condición biológica como polivalente es la demanda instintiva de los sujetos que constituyen el grupo.
4. Patología de los instintos.Entre las Líneas En general las perversiones instintivas responden a condicionamientos psicopatológicos. Las simples alteraciones cuantitativas están en relación con el humor afectivo (véase en esta plataforma: AFECTIVIDAD) y IOS estados de ánimo fundamentales. Se pierde el apetito cuando hay desgana o apatía para todo; igual ocurre con la sexualidad y los instintos de defensa. El ánimo exaltado puede también inhibir cualquier manifestación instintiva en favor de otras satisfacciones tendenciales.
En sentido estricto, las perversiones se dan con más frecuencia en el instintos nutricio y en el sexual que en otros; en el primero, son, de ordinario, más o menos tolerables. Hasta qué punto los gustos y caprichos en el comer han de ser considerados como alteraciones instintivas 0 como respuesta a necesidades específicas, es cuestión de límites imprecisos. Hay evidentemente fenómenos como la onicofagia (morderse las uñas) y la ingestión de cosas diversas (incluso excrementos) cuya causa está en trastornos psíquicos más o menos graves.
Las perversiones sexuales, si se excluyen los estados intermedios, dependientes de factores genéticos o malformaciones, parece deben relacionarse siempre con trastornos de la personalidad, efecto, a su vez, de alteraciones constitucionales o de los procesos de maduración psicológica. A menudo no son sino un síntoma aislado o precoz de enfermedades mentales severas (véase en esta plataforma: DEMENCIA; DEPRESIóN; ESQUIZOFRENIA). Así ocurre con la impotencia, la frigidez, el sadomasoquismo, la masturbación (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y la homosexualidad.
V. t.: IMPULSOS; TENDENCIAS; HOMBRE. [rbts name=”psicologia”]

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Recursos

Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre instintos en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Véase También

Bibliografía

L. BOLK, La humanización del hombre, «Rev. de Occidente», Madrid 1950; M. CRUz HERNÁNDEZ, Lecciones de Psicología, Madrid 1965; 1. DREVER, cit. por R (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). FLETCHER, en El instinto en el hombre, Buenos Aires 1962; R. JOLIVET, Psicología, Buenos Aires 1956; W. STERN, Psicología general, Buenos Aires 1957; 1. 1. VON UEXKÜLL, Theoretische Biologie, Berlín 1920 (trad. cast. Ideas biológicas para una concepción del mundo); íD, Cartas biológicas, «Rev. de Occidente», Madrid 1945; T. vox UEXKÜLL, El hombre y la naturaleza, Barcelona 1961; PH. LERSCH, La estructura de la personalidad, 3 ed. Barcelona 1964.

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