Cientificismo
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Cientificismo en las Ciencias Sociales Latinoamericanas
Según el Vocabulario de Lalande, es un neologismo (originalmente con sentido peyorativo) que “designa la idea de que la ciencia hace conocer las cosas como ellas son, resuelve todos los problemas reales y es suficiente para satisfacer todas las necesidades legítimas de la inteligencia humana (menos radicalmente) la idea que el espíritu y los métodos científicos deben ser extendidos a todos los dominios de la vida intelectual y moral sin excepción” (André Lalande, ‘Vocabulaire. technique et critique de la Philosophie, Presses Universitaires de France, París, 1961, p. 960).
Para el cientificismo, pues, la ciencia (asociada a la técnica) debe sustituir (o controlar) a la vida intelectual, a la política, la filosofía y la ética.[rtbs name=”etica”]Ese culto a la ciencia experimental es un elemento común al cientificismo y a la doctrina ‘positivista de Augusto Comte y sus discípulos.
En las ciencias sociales se llama cientificismo (o positivista) a la tendencia a extender los métodos de investigación y el modelo epistemológico de las ciencias naturales a las ciencias del hombre. Su principal presuposición es la neutralidad ideológica del científico social y la posibilidad, en el terreno de las ciencias humanas, del mismo tipo de objetividad que en las ciencias experimentales. A. Comte escribía: “Entiendo por física social la ciencia que tiene por objeto propio el estudio de los fenómenos sociales, con el mismo espíritu que los fenómenos astronómicos, físicos, químicos y fisiológicos, es decir, como sometidos a leyes naturales invariables (Comte, “Considerations philosophiques sur la science et les savants”, in Politique d’A. Comte, Colin, París, 1965, p. 71). Según Comte esta “física social”, “sin admirar ni maldecir los hechos políticos” debe considerarlos únicamente como “objetos de observación” (Comte, Cours de philosophie positiviste, schneider frel’es ed., París, 1908, t. IV, p. 214).
La misma presuposición de neutralidad valorativa semejante a las ciencias naturales es afirmada por el sociólogo francés Emile Durkheim: El sociólogo debe ponerse en el estado de ánimo en el cual Se encuentran físicos, químicos, fisiólogos, cuando se lanzan en una región todavía inexplorada de su dominio científico. ” (Durkheim, Les regles de la méthode scientifique, Presses Universitaires de France, París, 1956, preface p. XIV).
En nuestros días el principal representante del cientificismo de corte positivista es la corriente “behaviorista” de Estados Unidos. Por ejemplo, según el sociólogo americano Georges Lundberg: “Considerando la sociología como una ciencia natural, estudiaremos la conducta social humana con el mismo espíritu objetivo con que un biólogo estudia un nido de abejas, una colonia de termitas, la organización y el funcionamiento de un organismo vivo. ” (G. Lundberg, C. Silvey, O. Larsen, Sociology, N. York, 1954, p. 5. qv, también B (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Berelson: “El fin último es comprender, explicar y prever el comportamiento humano en el mismo sentido en que los científicos comprenden, explican y prevén el comportamiento de fuerzas físicas o de factores biológicos.. “, B (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Berelson, “Introduction to the behavioral sciences”, in The Behavioral Sciences Today, N. York, 1963, p. 3).
En América Latina el cientificismo positivista jugó un papel importante en Brasil y sobre todo en México. a fines del siglo XIX. principios del siglo XX.
El régimen del dictador mexicano Porfirio Díaz (1872-1911) tenía entre sus dirigentes un grupo de intelectuales conocidos como “los científicos”, que se inspiraban en el positivismo de A. Comte y en el darwinismo social de H. Spencer. Su representante más conocido, don Justo Sierra, secretario de Educación de Porfirio Díaz, escribía: “La palabra organización social no es metafórica; es la expresión de un hecho biológico: la Sociedad es un organismo en el sentido genuino de la palabra…Entre las Líneas En este organismo el órgano central es el Estado, y la tendencia actual consiste en dar a ese órgano [.. ] un poder mucho mayor en nombre de la ciencia (para un examen de la definición, véase que es la ciencia y que es una ciencia física o aplicada), que el que tuvieron los césares y los monarcas absolutos en hombre del pueblo por delegación del cielo. ” Q. Sierra, Obras Completas, tomo V, pp. 213-214, citado por A. Córdoba, La ideología de la revolución mexicana, ERA, 1973, p. 67).Entre las Líneas En nombre de la “ciencia de la sociedad” positivista, el grupo de los “científicos” va a rechazar la Constitución liberal de 1857 como “obra de mentes metafísicas” y como obstáculo a la instauración de un orden social y político fundado en datos científicos. (Cf. L. Zea, El positivismo en México, El Colegio de México, 1949, p. 256). [1]
Empiricismo y Cientificismo
Generalidades
Se designa con el nombre de empiricismo o, más corrientemente, con el de empirismo (véase) a aquel sistema filosófico que en el problema referente al origen y valor del conocimiento humano sostiene que la única fuente de conocimientos válidos es la experiencia sensible, la sensación y la percepción en sus diversas modalidades. El empirismo, por tanto, se refiere no solo al origen del conocimiento, sino también a su validez. Tan empirista (véase empirismo) es el que afirma que la única fuente de conocimiento es la experiencia cuanto el que sostiene que, habiendo otras fuentes de conocer, la única válida es la sensación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Se trata de un diferente matiz, psicológico o epistemológico que, por otra parte, suelen ir unidos. Si positivamente el empirismo (véase) se caracteriza por lo anteriormente indicado, admitir únicamente como origen de verdaderos conocimientos a la experiencia, negativamente se constituye por su oposición a aceptar a la razón como posible origen de conocimientos. El conocimiento racional es, en el mejor de los casos, reducido por este sistema a un conocimiento sensible de segundo grado, a una elaboración que la imaginación y la memoria verifican de las sensaciones, pero sin que dicha elaboración introduzca en ellos una modificación fundamental. Es decir, se niega el valor de la abstracción como tal. El concepto reducido a mera imagen general (Galton).
El cientificismo es aquella doctrina que hipervalora el valor de la ciencia despreciando la validez de la filosofía.
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Estas dos formas de pensar no tienen necesariamente que ir unidas; es concebible que haya empiristas (véase empirismo) no cientificistas –pensemos en Locke o Hume– y cientificistas no empiristas (véase empirismo) –caso de Einstein–.Si, Pero: Pero también es cierto el que, de hecho, generalmente uno y otro suelen ir indisolublemente unidos. Todo empirismo (véase) implica una radical desconfianza sobre el valor de la filosofía, especialmente de la metafísica, que, como filosofía primera o simpliciter, supone la más perfecta expresión de la misma. De otra parte, el pensar cientificista suele apoyarse de un modo primordial en la experiencia, desvirtuando, aunque se hable de él, la verdadera esencia del conocimiento racional.
Uno y otro movimiento doctrinal han sido muy extendidos entre los pensadores europeos. Prescindiendo de algunos brotes en la Grecia antigua, el empirismo (véase) es el sistema filosófico-epistemológico más caro a los pueblos anglosajones, desde Rogerio Bacon a Dewey. El cientificismo, por su parte, es la expresión más adecuada del espíritu positivista tan desarrollado desde el siglo XIX.
Empiricismo y Cientificismo en España
En la filosofía española, por el contrario, tanto el empiricismo como el cientificismo han tenido poca aceptación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La persistencia, más o menos floreciente según las épocas, pero siempre presente, de las directrices básicas del pensamiento tradicional, entendiendo por tal al aristotélico-tomista, han hecho que siempre, en líneas generales, haya habido en los filósofos hispánicos una recta apreciación del valor del conocimiento racional, en oposición al empirismo, y de la validez de la filosofía, en contradicción con el cientificismo.
Aviso
No obstante, es cierto que se pueden rastrear en la historia del pensamiento español algunos autores incardinados en uno u otro modo de pensar, con la característica fundamental de que no llegaron a constituir una tradición o escuela, sino que fueron brotes esporádicos sin continuidad alguna.
El empirismo (véase) y el cientificismo en el pensamiento medieval español
A semejanza de lo que acontece en los demás países, la filosofía hispánica medieval es totalmente opuesta al empirismo (véase) y al cientificismo. Al primero, por la influencia tanto de la filosofía agustiniana cuanto de la aristotélica, ambas alejadas, aunque por diversas razones, del empirismo. De otra parte, el escaso desarrollo de la ciencia positiva impedía la constitución de una forma de pensar cientificista.
No obstante, se puede señalar la existencia en España de una corriente de carácter nominalista en el siglo XV. Cierto es que el nominalismo no es un sistema totalmente coincidente con el empirismo, pero no lo es menos que un modo de pensar nominalista es campo abonado para el ulterior desarrollo del mismo. Modernamente se ha puesto de relieve que las tesis fundamentales del empirismo (véase) inglés de la época moderna están contenidas en embrión en los sistemas nominalistas de fines de la Edad Media. [rtbs name=”historia-medieval”]
El nominalismo se introduce en España, con el precedente de Guillermo Rubió en el siglo XIV, a fines de la decimoquinta centuria por obra de varios pensadores, entre los que destacan Jerónimo Pardo, Antonio y Luis Coronel, Agustín Pérez de Oliva, Juan Celaya y, especialmente, Gaspar Lax. Este, que fue profesor en la Sorbona y maestro de Luis Vives, escribió una serie de tratados de lógica en los que se deja advertir la influencia del nominalismo, por entonces tan imperante en el pensamiento europeo. De entre ellos destacan De syllogismus, De solubilibus et insolubilibus, Quaestiones in libros Perihermeneias et Posteriorum.
Sin embargo, las manifestaciones de índole empirista (véase empirismo) sensu stricto no aparecen en España en esta época. Solamente cuando se da un florecer intenso de las ciencias positivas, ancladas en la experiencia y utilizando el método experimental, es por una hipervaloración de todos esos elementos, se puede engendrar una corriente empirista (véase empirismo) y, ahondando aún más, un cientificismo que desvirtúe el papel del pensar filosófico.Entre las Líneas En la Edad Media no [853] se produjeron estas circunstancias en ningún país europeo, pese a la vocación que hacia las ciencias positivas pudiera haber en un San Alberto Magno o un Rogerio Bacon. Menos aún en la filosofía hispánica, en la que no hubo ningún pensador consagrado a los estudios basados en el método experimental.
La Edad Moderna
Con la aparición del Renacimiento se van a originar en el pensamiento español algunos brotes de índole más o menos empirista. Los representantes más caracterizados en este sentido son Luis Vives, Juan Huarte de San Juan y Gómez Pereira.
En todos estos autores que hemos estudiado, no obstante, se puede hablar de un empirismo (véase) claro y manifiesto. Se dan en ellos, eso sí, afirmaciones de corte empirista (véase empirismo) o que solo tienen sentido dentro de una epistemología de tal naturaleza. Habrá que avanzar más en el tiempo para que se encuentren pensadores que defiendan expresamente las tesis empiristas (véase empirismo).
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Tal ocurre en el siglo XVIII. La influencia de Locke se dejó sentir en una serie de intelectuales que, despreciando la filosofía tradicional hispánica, se abrieron a influencias extranjeras. Por ello, a fines del siglo citado, el empirismo (véase) se abrió camino en círculos culturales que no se pueden, sin embargo, llamar estrictamente filosóficos. Como representantes de esta nueva corriente hay que citar a Meléndez Valdés y a Jovellanos; tanto uno como el otro no pueden ser denominados propiamente filósofos. Sus preocupaciones intelectuales se orientaban primordialmente hacia la literatura y la política. [rtbs name=”introduccion-a-la-politica”]Pero es indudable que en ellos se manifiesta la influencia del empirismo (véase) de Locke.Entre las Líneas En este sentido es bien significativa la carta que el primero escribió al segundo desde Salamanca (1776), en la que le decía: «Uno de los primeros libros que me pusieron en la mano y aprendí de memoria fue el de inglés doctísimo. Al Ensayo sobre el entendimiento humano debo y deberé toda mi vida lo poco que sepa discurrir».
C. La Edad Contemporánea. El siglo XIX y los primeros treinta años del XX han sido la época áurea del empirismo, en su modalidad positivista, y del cientificismo antifilosófico. De Comte a Le Dantec hay una manifiesta aversión hacia todo lo que trascienda la experiencia, en especial contra la metafísica en cuanto núcleo central de la filosofía.
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Como representante del positivismo podemos citar a Pi y Margall, hombre de vasta erudición, pero al que no se le puede llamar filósofo.
Secuencia
Posteriormente, en el siglo XX, es de destacar Eloy Luis y André, discípulo de Wundt en el laboratorio de psicología experimental montado por éste en Leipzig, que intentó difundir en España la filosofía alemana; muy influido por su maestro, escribió sus Elementos de psicología, en los que se observan tesis propias del positivismo psicofisiológico.
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Fuente: “Empiricismo y Cientificismo”, Enciclopedia de la Cultura Española, Editora Nacional, tomo 2, páginas 852-853.
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Notas y Referencias
- Michael Lowy (autor), adaptado y corregido (por Lawi) de los términos latinoamericanos que debían formar parte del Diccionario de Ciencias Sociales en español de la UNESCO, publicado en 1975 bajo la dirección de Salustiano del Campo y al amparo del Instituto de Estudios Políticos. Es el resultado de la postura crítica y disidente del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) frente al diccionario de la UNESCO y su respuesta con la obra colectiva “Términos latinoamericanos para el Diccionario de Ciencias Sociales”, publicada en 1976.
Véase También
Bibliografía
J. de Castro, Historia de la Filosofía española, Madrid 1898; Adolfo Bonilla y San Martín, Historia de la Filosofía española, Madrid 1908-1911; Marcial Solana, Historia de la Filosofía española, Madrid 1941; J. Iriarte, «La Filosofía española. Su concepto y valor», en Razón y Fe, núm. 130, Madrid 1944.
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