Derecho Humano al Saneamiento del Agua
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Establecimiento de objetivos mundiales para el decenio de 1980
En Mar del Plata, los Estados se comprometieron a lograr el acceso universal al agua potable para 1990, así como a adoptar una serie de recomendaciones, entre ellas el mejoramiento de la reunión y evaluación de datos; la ordenación integrada de los recursos hídricos; el aumento de la participación pública; el fomento de la capacidad; la utilización de tecnologías apropiadas y de bajo costo; y la cooperación internacional (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua, 1977).
El Decenio Internacional del Agua Potable y del Saneamiento Ambiental
Para centrar la atención política en los objetivos de Mar del Plata, la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU, 1980, párr. 1) proclamó el período 1981-1990 como el Decenio Internacional del Agua Potable y del Saneamiento (Decenio IDWS), con el objetivo declarado de lograr “una mejora sustancial de la calidad y los niveles de los servicios de abastecimiento de agua potable y saneamiento para el año 1990”.Entre las Líneas En un informe de 1981, la Organización Mundial de la Salud (OMS, 1981, pág. 1) subrayó que “el Decenio representa una primera etapa esencial del programa mundial (o global) de salud para todos para el año 2000”, y señaló que “si durante el Decenio se utilizan las mismas normas de servicio y los mismos métodos de aplicación que se han utilizado en el pasado reciente, es posible que nunca se alcancen los objetivos” (págs. 2 y 3). (En este caso cabe suponer que el “pasado reciente” al que se refiere la OMS fue el decenio de 1960 y 1970). También se hizo especial hincapié en la importancia del mantenimiento, la calidad del agua, la administración financiera y los servicios de saneamiento (Organización Mundial de la Salud, 1981, pág. 3).
Lamentablemente, el asesoramiento de la OMS no fue bien atendido. Si bien un número importante de personas tuvieron acceso al agua potable durante el decenio del IDWS, el aumento de la población significó que la cobertura sólo se incrementó del 70% al 76% en las zonas en que se disponía de datos fiables (Gleick et al., 2011, págs. 233-240).Entre las Líneas En última instancia, esto significó que la comunidad mundial (o global) quedó muy lejos del objetivo del acceso universal. Mientras tanto, el objetivo de ampliar el acceso a los servicios de saneamiento se quedó aún más atrás.
Más allá del crecimiento demográfico, ha habido muchas explicaciones detalladas para este decepcionante resultado (Biswas, 1988, págs. 151-153; Gleick et al, 2011, págs. 233-240; O’Rourke, 1992; Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 1990; Organización Mundial de la Salud, 1986, 1991), pero entre las principales críticas figuran las opciones tecnológicas inapropiadas junto con un mantenimiento deficiente; la financiación (o financiamiento) inadecuada; y el hecho de que se adoptara un enfoque demasiado técnico para el desarrollo de los servicios de agua, saneamiento e higiene (WASH), con el resultado de que se descuidara la reforma social e institucional, así como la importancia de la participación de la comunidad.
El uso de tecnologías inapropiadas unido a un mantenimiento inadecuado
En Mar del Plata se hizo mucho hincapié en el desarrollo y la distribución de tecnología apropiada de bajo costo, debido al reconocimiento de que era la única manera de ampliar rápida y sostenidamente el acceso a los sectores pobres y desatendidos de la comunidad mundial (o global) (Naciones Unidas, 1977, págs. 35 a 38). Lamentablemente, incluso la tecnología de bajo costo, como la bomba manual, debe ser cuidadosamente seleccionada para satisfacer las necesidades de la comunidad, y las tasas de fracaso en el decenio de 1980 fueron altas (Arlosoroff y otros, 1987)3. Muchas comunidades carecían tanto de los conocimientos técnicos como de los medios económicos para mantener adecuadamente sus bombas manuales, y la fiabilidad de los nuevos servicios de agua se vio afectada como consecuencia de ello (Arlosoroff y otros, 1987, págs. 31 a 37; Biswas, 1988, pág. 153; Black, 1998, págs. 14 a 23).
Observación
Además de las opciones tecnológicas inapropiadas, este problema también se derivaba de las limitaciones financieras y de la falta de capacidad institucional local (O’Rourke, 1992, págs. 1935-1936). Mar del Plata había pedido la cooperación internacional en torno a la financiación (o financiamiento) y la tecnología del agua (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua, 1977, págs. 53-57), pero ésta resultó ser inadecuada en la práctica.
Financiación inadecuada
La financiación (o financiamiento) inadecuada era una importante cuestión intersectorial y tenía consecuencias para la expansión, el mantenimiento, el rendimiento y la sostenibilidad, lo que a la postre se traducía en importantes (y evitables) costos de rehabilitación (Arlosoroff y otros, 1987, págs. 45 a 47; Biswas, 1988, pág. 151). Si bien la cuestión de la financiación (o financiamiento) de los servicios de abastecimiento de agua y saneamiento es compleja, el problema fundamental era que la mayoría de los presupuestos nacionales de agua sólo cubrían los gastos de funcionamiento cotidianos, dejando poco o nada para el mantenimiento o el desarrollo (Cardone & Fonseca, 2003, págs. 16-19). Esto crea un círculo vicioso, ya que las fugas en las tuberías aumentan los costes de funcionamiento debido a la pérdida de agua (lo que da lugar a “agua no facturada”). Un sistema que no puede permitirse el mantenimiento tampoco puede permitirse ampliar su infraestructura, dejando a grandes sectores de la población sin servicio de la red (Cardone & Fonseca, 2003, pág. 21; Winpenny, 2003, pág. 9).
Un enfoque demasiado técnico
Las recomendaciones de Mar del Plata se centraron en la necesidad de mejorar la gestión integrada de los recursos hídricos mediante la formulación de declaraciones y planes de política nacional sobre el agua, con objetivos y metas definidos y legislación de apoyo (Naciones Unidas, 1977, págs. 30 a 34).
Puntualización
Sin embargo, muchos países tardaron en adoptar declaraciones de política nacional sobre el agua, y los planes que se adoptaron tendían a ser excesivamente técnicos en su enfoque (Biswas, 1988, pág. 151). Esto significó que la gestión y la sostenibilidad de los recursos naturales, junto con las cuestiones de equidad, quedaron en gran medida fuera del programa, a pesar de su inclusión en las recomendaciones (Naciones Unidas, 1977, pág. 11). Las cuestiones conexas de creación de capacidad e investigación también recibieron muy poca atención (Organización Mundial de la Salud, 1991, párr. 7), a pesar de los compromisos de darles prioridad (Naciones Unidas, 1977, págs. 43 a 49).
Una víctima conexa de este énfasis técnico fue la necesidad de un cambio social, económico e institucional. Se trataba de una omisión importante, debido al papel fundamental de estas cuestiones estructurales en la configuración del acceso a los servicios de agua y saneamiento. Como destacó más tarde el PNUD (2006, pág. 173), el hecho es que el agua fluye hacia el poder, y los gobiernos asignan derechos a los grupos que tienen más influencia política o comercial. Si bien puede ayudar a ampliar el acceso físico a los servicios de agua, un enfoque técnico de necesidades básicas nunca abordará estas cuestiones estructurales que están en el centro de la arraigada desigualdad del agua en todo el mundo.
Participación de la comunidad
En relación con esta cuestión de la distribución de la energía y los recursos, las recomendaciones de Mar del Plata destacaron la importancia de aumentar la conciencia pública y la participación en la gestión de los recursos hídricos (Naciones Unidas, 1977, págs. 34 y 35). Esto fue un reflejo de una tendencia más amplia en el desarrollo durante los años setenta y ochenta, en los que los organismos de desarrollo adoptaron cada vez más técnicas de desarrollo participativo, incluso dentro del sector del agua (McGee, 2002, págs. 92-95; Razzaque, 2009, pág. 355). La teoría del desarrollo participativo empezó a informar la labor de varios organismos de las Naciones Unidas en el decenio de 1970 (Tandon, 2008, pág. 287), mientras que el Banco Mundial también empezó a adoptar procesos de desarrollo participativo (o “desarrollo impulsado por la comunidad”) en el decenio de 1980 (Mansuri & Rao, 2003; Paul, 1987).
No obstante, a pesar de las raíces radicales de la teoría del desarrollo participativo (véase, por ejemplo, Cernea, 1985; Chambers, 1983; McGee, 2002, pág. 94), su aplicación temprana por parte de las Naciones Unidas y el Banco Mundial adoptó un enfoque más comedido y se centró en gran medida en la participación de los beneficiarios y el establecimiento de mecanismos consultivos.Entre las Líneas En parte debido al enfoque principalmente técnico que se está adoptando para el desarrollo del sector hídrico, incluso para los servicios de WASH, la participación comunitaria en el decenio de 1980 tendía a consistir principalmente en el intercambio de información o en la consulta y la distribución de los costos (Mansuri & Rao, 2003; O’Rourke, 1992, págs. 1931-1933; Paul, 1987). Esto significaba que la participación se entendía sobre todo como un instrumento instrumental a través del cual contribuir a los objetivos primarios de sostenibilidad y eficiencia financieras, más que como un objetivo importante en sí mismo.Entre las Líneas En consecuencia, la adopción de técnicas de desarrollo participativo tuvo poco o ningún impacto en la distribución fundamental del poder sobre la gestión o los recursos hídricos, limitando su capacidad para facilitar el cambio estructural.
Una cuestión estrechamente relacionada fue el enfoque adoptado en materia de derechos humanos. Aunque Mar del Plata había reconocido un derecho humano al agua, el propio Decenio Internacional para la Acción Mundial sobre el Agua carecía de un marco de derechos humanos. Esto limitaba el énfasis que se daba a la redistribución y a la participación y el empoderamiento de la comunidad. El enfoque más técnico y centrado en la eficiencia que se adoptó en su lugar contribuyó a sentar las bases del enfoque ideológico adoptado para la reforma de la gestión de los recursos hídricos en el decenio siguiente.
El desarrollo del sector WASH en el decenio de 1990
La Consulta Mundial sobre Agua Potable y Saneamiento para el decenio de 1990 trató de examinar los progresos realizados en el decenio de 1980 y de establecer el programa para el sector en el futuro (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 1990). Se examinaron a fondo las cuestiones de la gobernanza, las finanzas y la necesidad de adoptar un enfoque más integrado del agua, así como la importancia de lograr un cambio social e institucional.
Puntualización
Sin embargo, aunque la Declaración de Nueva Delhi resultante fijó un nuevo plazo de 2000 para lograr el acceso universal al agua potable, no hizo ninguna mención al derecho humano al agua. [rtbs name=”crisis-del-agua”] En su lugar, el agua y el saneamiento se describieron como “dos de las necesidades humanas más básicas” (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 1990).
Los Principios de Dublín
La Consulta Mundial sobre Agua Potable y Saneamiento para el decenio de 1990 fue seguida dos años más tarde por dos conferencias que establecieron dos programas muy diferentes para abordar el desafío del agua. [rtbs name=”crisis-del-agua”] El primero fue la Conferencia Internacional sobre el Agua y el Desarrollo Sostenible (la “Conferencia de Dublín”) (Naciones Unidas, 1992), en la que los expertos participantes acordaron cuatro principios rectores para orientar la “acción concertada… necesaria para invertir las tendencias actuales de consumo excesivo, contaminación y amenazas crecientes de sequías e inundaciones”. Esos principios eran: a) la sostenibilidad ambiental, b) la gobernanza participativa, c) la conciencia de género y d) el agua como bien económico. Si bien el derecho humano al agua también se reconocía en los Principios de Dublín, quedó enterrado en el texto explicativo del Principio 4 y se presentó como una razón clave (junto con la sostenibilidad) para reconocer el valor económico del agua. [rtbs name=”crisis-del-agua”] De hecho, fue este mensaje central de “el agua como bien económico” el que llegó a conocerse como “el Principio de Dublín”, con los derechos humanos, la sostenibilidad ambiental, la gobernanza participativa y la conciencia de género pasando a un segundo plano en la nueva ideología prominente.
La Conferencia de Dublín demostró ser muy influyente en la configuración de la política mundial (o global) de desarrollo del agua (incluidos los programas de agua, saneamiento e higiene), a pesar de que a ella asistió un grupo de expertos designados por los Estados en lugar de funcionarios.
Indicaciones
En cambio, el programa más ambicioso establecido por los estados en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de 1992 (“Cumbre de Río”) tuvo menos impacto en la política mundial (o global) de desarrollo del agua. [rtbs name=”crisis-del-agua”] En la Cumbre de Río, los representantes de los Estados aceptaron el Programa 21, que hacía suya la resolución de la Conferencia sobre el Agua de Mar del Plata de que todas las personas tienen derecho a acceder al agua potable, e incluía una amplia gama de objetivos ambientales y sociales para el “desarrollo, la gestión y la utilización de los recursos hídricos” (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, 1992, cap. 18). A esto siguió una declaración en el Programa de Acción de la Conferencia Internacional de las Naciones Unidas sobre la Población y el Desarrollo de 1994 en la que los Estados afirmaron que todas las personas “tienen derecho a un nivel de vida adecuado para sí mismas y sus familias, lo que incluye… el agua y el saneamiento”.
A diferencia de los Principios de Dublín, el Programa 21 y el Programa de Acción se centraron particularmente en los valores sociales y ambientales del agua, incluido su papel crucial en la promoción de la salud, en lugar de caracterizar el agua como un “bien económico”.
Puntualización
Sin embargo, a pesar de los numerosos objetivos que se adoptaron a principios del decenio de 1990, el verdadero programa del decenio -en particular en lo que respecta a la financiación (o financiamiento) de los donantes y la condicionalidad de los préstamos- fue la ideología subyacente al Principio de Dublín, que promovió la adopción de políticas de libre mercado en materia de agua, incluida la liberalización de los servicios de abastecimiento de agua (la reducción de los controles gubernamentales), la participación del sector privado (PSP) y la recuperación total de los costos (un arreglo en virtud del cual los consumidores pagan el costo total del agua que consumen en lugar de depender de subsidios).
Buena gestión del agua
En última instancia, en el decenio de 1990 se produjo un marcado cambio en el enfoque mundial (o global) de los problemas que enfrentaba la gobernanza del sector de agua, saneamiento e higiene del sur mundial, informado por la ideología económica imperante del neoliberalismo del tiempo. Un ejemplo destacado de esta influencia fue el informe del Banco Mundial de 1993, en el que se subrayaba que “el agua es un recurso cada vez más escaso que requiere una cuidadosa gestión económica y ambiental” (pág. 9). Aunque el informe en su conjunto se centraba en el sector más amplio del desarrollo de los recursos hídricos, fue en este informe en el que el Banco Mundial (1993, pág. 126) expuso su programa para el desarrollo del sector del agua, el saneamiento y la higiene, haciendo hincapié en la privatización y la recuperación de los costos “tanto para garantizar la sostenibilidad financiera de los sistemas de abastecimiento de agua como para racionar la extracción de agua escasa”. A continuación, aclaró que “la recuperación de costos debe ser suficiente para pagar tanto las operaciones y el mantenimiento (O&M) como para obtener un rendimiento justo de la inversión de capital” (Banco Mundial, 1993, pág. 126).
El informe también estableció una hoja de ruta para fomentar la PSP en los sistemas urbanos de agua y saneamiento mediante “contratos de servicio, contratos de gestión, contratos de arrendamiento y contratos de concesión” (Banco Mundial, 1993, pág. 119). Al conjugar la PSP con la participación de la comunidad, incluida la larga historia de los sistemas de riego comunales y las asociaciones de usuarios de agua, el Banco Mundial (1993, pág. 100) sostuvo que este enfoque “puede introducir incentivos apropiados que proporcionen un sentido de responsabilidad en los sistemas de agua, mejoren la rendición de cuentas y la preocupación por las necesidades de los usuarios, limiten la interferencia política, aumenten la eficiencia y reduzcan la carga financiera de los gobiernos”.
Detalles
Por último, el Banco Mundial (1993, pág. 115) señaló que “[l]a resistencia continuará, pero una mayor participación del sector privado y de los usuarios ofrece un medio eficaz para descentralizar la gestión de los recursos hídricos y aumentar la responsabilidad de los usuarios en la gestión y financiación (o financiamiento) de los proyectos de recursos hídricos”.
Informadas por este nuevo enfoque, las reformas del sector WASH se centraron principalmente en la liberalización con la suposición de que ésta aumentaría automáticamente la inversión, la sostenibilidad financiera y la eficiencia, y que la transparencia, la rendición de cuentas y la participación seguirían naturalmente (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2006, págs. 88 a 93, 173; Banco Mundial, 1993, 2004). También se intentó ayudar a que la gestión del agua fuera más transparente, responsable y abierta a la participación de la comunidad mejorando la capacidad del regulador o, más comúnmente, estableciendo por primera vez una regulación independiente o autónoma.
Informaciones
Los defensores de este enfoque argumentaron, de forma bastante legítima, que las autoridades públicas de aguas habían tenido décadas para demostrar que eran capaces de gestionar los sistemas WASH y que, en general, habían fracasado.
La corporativización y la PSP
Una primera etapa común de estas reformas de la gobernanza del agua consistió en corporativizar las empresas de servicios de agua “delimitando” sus presupuestos para que estuvieran separadas de los presupuestos de otros departamentos gubernamentales y no pudieran ser subvencionadas o que sus beneficios se desviaran para otros fines (Banco Mundial, 2010, pág. 1). La idea general es que la delimitación permite reunir datos más precisos sobre el rendimiento de las empresas de abastecimiento de agua y los verdaderos costos de funcionamiento y mantenimiento para que los operadores puedan aumentar la eficiencia y fijar las tarifas a niveles financieramente sostenibles (Banco Mundial, 2010, págs. 1 y 2). El inconveniente es que esto puede servir para enmascarar la naturaleza intrínsecamente interconectada de la prestación de servicios públicos y crear la posibilidad de que se produzcan externalidades negativas, en particular en relación con la atención de la salud. [rtbs name=”derecho-a-la-salud”] Por ejemplo, si bien el aumento de las tarifas puede reducir el monto de los subsidios gubernamentales necesarios para prestar servicios de abastecimiento de agua y saneamiento, si no se presta suficiente apoyo a los hogares más pobres, puede obligar a las personas que no pueden permitirse comprar agua tratada a recurrir a fuentes naturales no tratadas, lo que puede provocar brotes de enfermedades (como el cólera) y crear importantes gastos de salud pública.
No obstante, la corporativización se alentó en buena parte porque facilitó la participación del sector privado, que se consideraba un medio para mejorar la eficiencia y asegurar la tan necesaria inversión (Banco Mundial, 1993). A raíz de estas expectativas, las instituciones financieras internacionales (IFI -como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y los bancos regionales de desarrollo-) presionaron a muchos gobiernos del Sur Global para que abrieran sus mercados de agua y saneamiento a las empresas privadas de agua.
El mecanismo más importante utilizado por las instituciones financieras internacionales para imponer la PSP a los gobiernos del Sur Global fue la condicionalidad de los préstamos (véase, por ejemplo, Wood, 2003, pág. 6).
Informaciones
Los donantes también ejercieron una influencia considerable en las políticas de los gobiernos del Sur Global, incluso cuando no se impusieron condicionalidades. Como señaló Oxfam, “para algunos de los países más pobres, la ayuda de los donantes equivale a la mitad del presupuesto nacional”. El asesoramiento de expertos externos, financiado por la ayuda, es muy influyente para determinar los tipos de reformas que adopta un gobierno” (Emmett, 2006, pág. 9). Si bien a veces ese asesoramiento entrañó instrucciones explícitas para privatizar los sistemas de abastecimiento de agua, también influyó en las políticas de manera más sutil al prescribir reformas del sector público más orientadas a crear un potencial futuro para la inversión del sector privado que a garantizar la viabilidad permanente del operador público (Moore y Urquhart, 2004, pág. 19; Wood, 2003, págs. 4, 9 y 10).
Como resultado de estos acontecimientos, el decenio de 1990 fue un período de impugnación en torno al agua, ya que el auge del Principio de Dublín dio lugar a una clara reticencia en muchos sectores a considerar el agua potable como un derecho humano. Si bien los objetivos mundiales fijados en el decenio de 1990 parecieron tener poca repercusión, en el decenio se observó un crecimiento significativo de la PSP en todo el Sur global, con 208 proyectos que llegaron a su fin financiero en 33 países (Banco Mundial, 2020). Y, como predijo el Banco Mundial, se encontró con una resistencia considerable.
El agua en el nuevo milenio
En los albores del nuevo milenio, dos enfoques del agua compitieron por la legitimidad. El primer enfoque era el que ahora se centraba principalmente en la eficiencia económica, la recuperación de costos y la PSP, que fue particularmente defendido por las IFI pero también apoyado por muchas organizaciones de desarrollo y programas de ayuda bilateral (Gutiérrez y otros, 2003; Banco Mundial, 2004). El sector privado del agua también se involucró en la promoción de su propio papel en el “suministro de agua para los pobres” (Russell, 2011; Winpenny, 2003), en particular a través del vehículo del Consejo Mundial del Agua, una organización establecida para “ayudar a las autoridades a desarrollar y gestionar los recursos hídricos, y… para llegar a toda la esfera política: gobiernos nacionales, parlamentarios y autoridades locales, así como a los organismos de las Naciones Unidas” (Consejo Mundial del Agua, 2017). El Consejo Mundial del Agua propuso que “[l]os actores rivales pueden . . proporcionar la principal fuente de inversión en infraestructura” (Cosgrove & Rijsberman, 2000, pág. 64). Mientras tanto, en los Foros Mundiales del Agua, de carácter trienal y dominados por el sector privado, todas las declaraciones ministeriales hasta 2012 ignoraron el derecho al agua o describieron el agua como una “necesidad humana “4.
El segundo enfoque -campus de varios organismos de las Naciones Unidas, muchas organizaciones no gubernamentales (ONG) y un número creciente de movimientos sociales- criticó el enfoque económico dominante y pidió uno que se centrara en la equidad, el cambio social y los derechos humanos (Clark, 2017, págs. 4-11). Estos críticos sostenían que las políticas WASH con orientación comercial no mejoran necesariamente la gestión y no abordan las cuestiones estructurales que impiden a tantas personas acceder a los servicios WASH (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2006). También se argumentó que el enfoque en la recuperación de costos y la PSP no respetaba los valores sociales del agua y servía, en cambio, para mercantilizar el agua y comprometer el acceso económico de los pobres. Por ejemplo, el PNUD (2006, pág. 97) advirtió que, dado que 729 millones de personas sin agua potable viven con menos de 2 dólares al día, “la recuperación total de los costos pondría la seguridad del agua fuera del alcance de millones de personas que actualmente carecen de acceso al agua”.
Fue en este controvertido espacio donde se adoptaron tanto los ODM (Asamblea General de las Naciones Unidas, 2001, págs. 55-58) como la Observación General Nº 15 sobre el derecho al agua (Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, 2002). Si bien el acceso equitativo y asequible al agua se incluyó por adelantado en la primera meta de la Declaración del Milenio (Asamblea General de las Naciones Unidas, 2000, párr. 19), el agua se deslizó silenciosamente en la agenda con la adopción de los ODM, que estructuraron las 18 metas originales en ocho grupos -o metas globales- y añadieron otros 48 indicadores (Asamblea General de las Naciones Unidas, 2001, págs. 55-58). Dentro de esta nueva estructura, las metas relativas al acceso al agua y al saneamiento quedaron subsumidas en el Objetivo 7, que se centraba en gran medida en la sostenibilidad ambiental.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Otros Elementos
Además, a diferencia del acceso universal prometido en Mar del Plata y en la Declaración de Delhi, la meta mundial (o global) se redujo a la mitad “la proporción de personas que no pueden acceder al agua potable o que no pueden costearlo” (Asamblea General de las Naciones Unidas, 2000, párr. 19). Como resultado, los ODM adoptaron en última instancia un enfoque minimalista y técnico del acceso al agua (Asamblea General de las Naciones Unidas, 2001, págs. 55-58). La justificación dada para este enfoque fue que era a la vez pragmático y mensurable, en aparente contraste con el enfoque más “aspiracional” basado en los derechos humanos (Vandemoortele, 2013, pág. 51).
Este enfoque contrastado basado en los derechos humanos estaba mejor representado por la Observación general Nº 15, en la que el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (2002) declaró que el derecho al agua puede estar implícito en el párrafo 1 del artículo 11 y en el párrafo 1 del artículo 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y garantiza el acceso de todos al “agua suficiente, salubre, aceptable, físicamente accesible y asequible para el uso personal y doméstico”. La Observación general Nº 15 marcó un punto de inflexión en el reconocimiento internacional del derecho humano al agua y, aunque la situación del derecho seguía sin estar resuelta, el enfoque comenzó a orientarse hacia cuestiones relativas al alcance y el contenido normativo del derecho. También se produjo un importante debate sobre las repercusiones del derecho para la PSP y la recuperación de costos, y sobre si el hecho de enmarcar el agua como un derecho humano protege adecuadamente todos sus valores ambientales y sociales.
El derecho al agua en las Naciones Unidas
En 2006, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (CDH, 2006) resolvió solicitar a la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACDH) que preparara un informe sobre “el alcance y el contenido de las obligaciones de derechos humanos relacionadas con el acceso equitativo al agua potable y el saneamiento que imponen los instrumentos de derechos humanos” y que formulara conclusiones y recomendaciones. Al preparar su informe, el ACNUDH (2007, párr. 2) celebró amplias consultas con “los Estados, las organizaciones intergubernamentales, las instituciones nacionales de derechos humanos, las organizaciones no gubernamentales (ONG), los expertos y los representantes del sector privado” y examinó el marco jurídico internacional vigente. Reflexionando sobre esta amplia consulta, el ACNUDH (2007, párr. 65) formuló una serie de observaciones, entre ellas “la creciente importancia de esta cuestión para la comunidad internacional” (que se pone de manifiesto en “las referencias cada vez más frecuentes al agua potable en los instrumentos de derechos humanos” y “la inclusión del acceso al agua potable y el saneamiento entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio”) y que “un número cada vez mayor de Estados están reconociendo el agua potable como un derecho humano en sus constituciones, así como en la legislación nacional, mientras que los tribunales nacionales lo aplican como un derecho justiciable”. El ACNUDH (2007, párr. 67) también llegó a una serie de conclusiones sobre el alcance y el contenido del derecho al agua, entre ellas que era “necesario seguir desarrollando ciertos aspectos de las obligaciones de derechos humanos relacionadas con el acceso al agua potable y el saneamiento”, incluida la reglamentación del sector privado en el contexto del suministro privado de agua potable y saneamiento.
En última instancia, esta cuestión de la PSP y la cuestión conexa de la responsabilidad gubernamental (o, en ocasiones, de la Administración Pública, si tiene competencia) siguieron siendo las más polémicas. Esto fue particularmente evidente en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde 41 países se abstuvieron en la votación de la resolución de 2010 sobre el derecho humano al agua y al saneamiento (Asamblea General de las Naciones Unidas, 2010b), al tiempo que expresaron su preocupación por la falta de claridad de la resolución sobre las responsabilidades que el derecho al agua impondría a los gobiernos (Asamblea General de las Naciones Unidas, 2010a). También se puso de manifiesto en el Foro Mundial del Agua, que se celebra cada tres años, en particular en el cuarto en la Ciudad de México (2006) y en el quinto en Estambul (2009), en el que el grupo de presión de las empresas de agua trató de promover el valor de su papel en la realización de inversiones y el aumento de la eficiencia, mientras que la sociedad civil se congregó en el exterior para promover alternativas impulsadas por la comunidad.
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Aunque el informe de la Experta independiente hizo hincapié en las obligaciones permanentes de los Estados, independientemente de la delegación de la prestación de servicios, y en el derecho fundamental de las comunidades a participar en la gobernanza del agua (de Albuquerque, 2010a), tuvo importantes repercusiones tanto en la elaboración del contenido normativo del derecho al agua como en la voluntad de muchos Estados de reconocer el derecho sin reservas. Poco después de su publicación, el Consejo de Derechos Humanos aprobó una declaración en la que reconocía que el derecho humano al agua puede estar implícito en los artículos 11 y 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Consejo de Derechos Humanos, 2010). Para 2012, la corriente de opinión mundial (o global) había cambiado completamente, y los Estados hicieron varias declaraciones más en el CDH (2012), la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (2012, párr. 121) y el Sexto Foro Mundial del Agua (2012, párr. 8), todas ellas por consenso (lo que significa que, a diferencia de las declaraciones anteriores, ningún Estado se abstuvo o hizo declaraciones contrarias en los debates). Después de esto, la Asamblea General de las Naciones Unidas también aprobó otras dos resoluciones sobre el derecho al agua (en 2013 y 2015).
Datos verificados por: Conrad
[rtbs name=”salud-publica-global”]
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Véase También
Asequibilidad, Tarifas, Agua, Políticas en favor de los pobres, Escasez de agua, Derechos humanos, calidad del desarrollo
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