Editorial
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Editorial
A continuación se examinará el significado.
¿Cómo se define? Concepto de Editorial
Véase la definición de Editorial en el diccionario.
Características de Editorial
[rtbs name=”educacion-y-comunicacion”]Editorial (Periodismo) en Relación a Medios de Información
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] Género periodístico conocido también con los nombres de comentario, comentario editorial y artículo de fondo. Dícese e., porque con él suele expresarse el pensamiento de los editores; comentario, porque su función primordial es precisamente la de comentar un hecho o una noticia, y se dijo, en el siglo pasado, artículo de fondo por la profundidad supuesta en esta clase de trabajo periodístico. Sin pretensiones exhaustivas, podría ser definido el editorial como artículo periodístico, normalmente sin firma, que explica, valora e interpreta un hecho noticioso de especial trascendencia o relevante importancia, según una convicción de orden superior representativa de la postura ideológica del periódico.
Se ha dicho que si la noticia es el parte por escrito. el comentario es la interpretación de dicho parte. Comentar, pues, es interpretar.Si, Pero: Pero el comentario, además de interpretar un hecho dado, puede prever, a la vista de lo sucedido, lo que puede suceder. El comentarista es, en este caso, un detector de futureidad; contempla los hechos presentes como futuribles. Y adelanta posibles soluciones para problemas que están por venir, que se presienten como posibles o probables. Análogamente al médico, el comentarista diagnostica, pronostica y dicta el adecuado tratamiento para un fenómeno social. De donde podría decirse que el verdadero comentario editorial es el que no sólo valora o interpreta lo sucedido, sino que también prevé lo que puede pasar v dicta o sugiere lo que puede hacerse para evitar que acontezca lo que no debe suceder o, simplemente, para seguir, ante el futuro, una determinada línea de conducta.
Análisis diferencial. Concebido y definido el editorial como artículo, convendría -de modo análogo a como hemos hecho con la crónica (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general)-, resumir sus rasgos diferenciales, completando así la delimitación del concepto. Si nos fijamos en el estilo. hay que decir que es libre. Lo que significa que el editorialista no tiene por qué someterse a imperativos demasiado técnicos. No puede hablarse de módulos formales restrictivos.Entre las Líneas En esencia, al editorialista -corno tal articulista -se le pide que tenga algo que decir y que sepa decirlo de un modo periodístico. Importa, sin embargo, tener en cuenta el valor del primero v del último párrafos. «Cuando el comienzo es atinado -dice Dovifat-, agarra al lector y no lo suelta hasta el final». Raymond Aron -columnista de Le Figaro de París- afirma que un artículo periodístico contiene dos elementos esenciales: la primera y la última frase: «la primera tiene que despertar en el lector el deseo de leer hasta el final; la última debe quedar grabada en la memoria». Ahora bien, esta libertad estilística del editorialista no es una libertad absoluta, sino que está limitada por el tempo y el espacio periodísticos, y muy especialmente por la presencia del lector. Lo que significa, entre otras cosas, que el ensayismo de cejas altas no es muy recomendable en un periódico de gran tirada, de gran público; y también que el artículo periodístico, aun siendo profundo, debe ser captado, comprendido y asimilado sin demasiado esfuerzo por el lector. Es verdad que el articulista impone su estilo, pero el lector lo pide claro, sencillo, denso y significativo.
De lo dicho se deduce claramente que la forma del artículo editorial es también libre, salvo la necesaria sujeción a un tema de interés general. Todo es posible para el buen articulista que es dueño y señor de la forma, de su forma, de su técnica, de su modo de hacer. Por lo que se refiere al sentido y significación, al editorialista se le exige un conocimiento profundo del tema. «Hay que saber de lo que se está hablando», dice Aron. Porque, cuando se sabe todo lo que hay que saber de un problema cualquiera, el comentario fluye con espontaneidad, holgura y rapidez. Por su enfoque, el artículo editorial es de un sentido marcadamente expresionista. El impresionismo no es recomendable por lo que tiene de juicio fugaz.Entre las Líneas En el comentario se exige la expresión meditada y serena, el juicio reposado y desapasionado.
Protagonistas en el artículo editorial son los hechos comentados y el editorialista como intérprete de los mismos. Interesa conocer la ideología del periódico, su modo de concebir y enjuiciar la vida (su Weltanschauung), su opinión, en suma. Por ello, el cómo de las cosas, cómo se las ve y concibe, interesa aquí tanto o más que el puro y simple qué informativo.
Tema del editorial es -según hemos dicho al principiotodo hecho noticioso de especial trascendencia o relevante importancia, todo aquello que despierta, casi inevitablemente, un juicio crítico. Se comenta lo comentable, lo que está pidiendo una interpretación pública, una valoración razonada. algo de lo que pueda desprenderse una lección de carácter general. No hay límites para el comentario: todo es tema. en arte y en periodismo. Sucede, sin embargo, que no todo lo que sucede se comenta por explicables razones de espacio y de tiempo. Por eso hay noticias a las que sólo se dedica una breve glosa, una nota interpretativa, lo que se dice un suelto. De lo dicho se deduce que el propósito del artículo editorial es eminentemente formativo. El comentarista es el catedrático del periódico, el profesor de inundología (si se nos permite la expresión); es el escritor en función de servicio público que escribe en nombre dei bien común, guiado por el noble deseo de conformar la pública opinión, según una ideología sinceramente sentida o consentida.
Fundamento. ¿Por qué se escriben e.? Sencillamente, porque se considera necesario v oportuno. Porque opinar y comentar es función esencialmente humana, propia de la naturaleza racional. Porque el hombre, además de inteligente, es un ser que piensa, que medita y adopta posiciones de acuerdo con su pensamiento. Comentar es hacer más nuestras las cosas, es imprimirles nuestro propio sello. Esto, desde el punto de vista de la psicología individual. Considerado el problema de enfoque colectivo o comunitario, se comenta porque editorialmente se estima que hay una serie de hechos o temas -todos los que se relacionan con la vida pública, nacional o internacionalque no pueden dejarse abandonados al arbitrio de la caprichosa o sentimental interpretación y que exigen una valoración justa y oportuna.
Fenomenología del editorial. El comentario es, en esencia, análisis y síntesis. Se plantea el tema, se le manipula (como el relojero, valga el ejemplo, manipula el reloj por componer), se le desmonta en piezas, se da el fallo o juicio crítico y se aporta la solución que se estima ponderada y oportuna. Descomposición, pues, y resumen: se descomponen las cosas al analizarlas, para recomponerlas luego nuevamente, remozadas y mejoradas. Análisis científico, por tanto, y síntesis filosófica.
Los autores exigen al comentarista- y por ente al comentario editorial-las siguientes cualidades, requisitos o condiciones:Agudeza crítica, para distinguir lo pasajero de lo trascendente (sólo los hechos de especial importancia requieren el comentario adecuado) (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Firmeza y convicción de juicio. (Cuando estemos seguros de algo -convencidos-, debemos intentar convencer a los demás, debemos dar nuestra opinión sinceramente. Convencer es vencer con ideas). Cultura, no simple erudición libresca (un hombre culto es un hombre cultivado). Serenidad, frente a la inestable impresionabilidad sensible o sentimental: luz, no ofuscación. Ponderación de criterio; aplomo moral, sentido común. Independencia de juicio y valentía para exponer nuestras ideas. Magisterio, es decir, dotes de maestro, para aclarar -explicar- las primeras consecuencias y últimos alcances del hecho que se comenta. Percepción de méritos o de irregularidades. Previsión de lo que no ha sucedido, pero que pudiera suceder, es decir, tener sentido histórico. Base filosófica para fundamentar la argumentación. Y, finalmente, decisión y rapidez porque el comentario periodístico no puede esperar mucho; está ligado a la vertiginosa sucesión de la actualidad (un escritor de reacciones lentas no vale para editorialista).
Clases o tipos de editoriales.Entre las Líneas En realidad, podría afirmarse que hay tantas clases de artículos editoriales como articulistas y temas que tratar.
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No obstante, los autores hablan de los siguientes tipos, que a continuación reseñamos: informativo, interpretativo, convincente e inductivo. Verdad es que el comentario inductivo engloba y resume a los demás, ya que para inducir al lector a adoptar una postura, es preciso convencer primero, haber interpretado y valorado juiciosamente el problema y haberlo expuesto sucinta y claramente. (Sin olvidar que un artículo editorial no puede ser un mero informe inflado, ni tampoco un modesto ensayito). Se habla también de editoriales que enseñan, atacan, defienden o elogian. Dovifat, p. ej., distingue los siguientes grupos: el editorial de lucha, el de toma de posición, el aclaratorio, el retrospectivo -que saca lecciones del pasado-, el que mira al porvenir y el de mera charla amena. Luis A. Romero habla del editorial expositivo, el crítico y el de refutación. Como trabajo fundamentalmente crítico, a nuestro juicio, podría hablarse de dos especies fundamentales de artículos editoriales: el constructivo y el destructivo.
Estilo. Hablar del estilo en el comentario resulta casi superfluo. Es de suponer que el editorialista es hombre conocedor de su oficio, sabedor de lo que trata. Es un especialista. Y como tal escritor especializado, es de suponer que no necesitará especiales lecciones de estilística periodística.
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No obstante, y porque es fácil dejarse llevar por la pendiente de la altisonancia o grandilocuencia, convendría recordar aquí que el artículo e., como todo trabajo periodístico, debe emplear un lenguaje claro y denso, sencillo y correcto, vivo y penetrante, variado y preciso. Ni rebuscado ni pedante: sin fraseologías ni barroquismos. Una cosa es hacer pensar y otra muy distinta forzar a desentrañar lo que decimos. Salvo el caso en que, por la especial delicadeza del tema, el articulista se vea obligado a decir entre líneas lo que no le sería permitido decir abierta y claramente.
Ya que no de estilo, sí podría hablarse del tono de los artículos editoriales. El estilo lo da el escritor, el tono lo presta el periódico en que se escribe. No tienen, no pueden tener, el mismo tono, los editoriales de un periódico gubernamental (o, en ocasiones, de la Administración Pública, si tiene competencia) que los de un órgano combativo o de la oposición. Y el tono también podrá ser combativo, humorístico, satírico, etc., pero siempre deberá ser respetuoso. La verdad no necesita de la hiriente acritud.
Misión del editorialista (el editorial y la opinión). Si concebimos al periódico como un medio informativo al par que un órgano de ideas o de opinión, tendremos que reconocer, con Dovifat, que la misión del periodista -y, por tanto, del editorialista- es la de «canalizar los acontecimientos diarios hacia una opinión más firme de acuerdo con la época, desviándolos de los juicios equívocos, precipitados, subjetivos y predominantemente sentimentales que inspira la opinión del momento».
«La hermosa misión -dice el autor citado- del periodista es la de llevar al lector, a través de una información correcta y concienzuda…, desde la opinión del día, pasajera y a menudo imprudente o tendenciosa, a juicios firmes y criterios bien fundados». De ahí la trascendencia de este género periodístico, la necesidad del mismo en un régimen democrático de libertad de prensa. Dígase lo que se quiera no puede concebirse un periódico serio sin página editorial. Hohenberg dice que unos 200 diarios norteamericanos no tienen página editorial. Ejemplo éste no ejemplar de un periodismo aséptico que nos reafirma en nuestra postura europea opinativa. Siempre, claro está, que los editoriales -y los editorialistas- sean probos, honestos, íntegros, objetivos, comunitarios, servidores del bien común, valientes para defender las propias convicciones y lo suficientemente flexibles para admitir la propia y posible falibilidad. [rbts name=”medios-de-informacion”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre editorial (periodismo) en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
J. HOHENBERG, El periodista profesional, México 1962, 27,468-470, 35; FRASER BOND, Introducción al periodismo, 2 ed. Buenos Aires 1959, 196-208; B. MOSTAzA, El periodismo, 2 ed. Barcelona 1955, 173-199; R. ARON, L’éditorialiste, en Problémes et techniques de presse, París 67-83; L. A. ROMERO, Curso práctico de periodismo, Buenos Aires 89 ss.; M. GRAÑA GONZÁLEZ, Ejercicios y orientaciones de periodismo, Madrid 1930, 223-272; F. GIL TOVAR, Introducción a las ciencias de la comunicación social, Bogotá 1967, 65-66; G. MARTÍN VIVALDI, Curso de Redacción, 4 ed. Madrid 1967, 367-378; R (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). FELL y G. MARTÍN VIVALDI, Apuntes de periodismo, cap. VII, Madrid 1967.
Recursos
Traducción de Editorial
Inglés: Publisher
Francés: Maison d’édition
Alemán: Verlag
Italiano: Casa editrice
Portugués: Editora
Polaco: Instytucja wydawnicza
Tesauro de Editorial
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Véase También
- Difusión de las publicaciones
- Industria editorial
- Casa editorial
- Editor
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