Enrique Ahrens
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Enrique Ahrens
Nacido el 14 de julio de 1808 en Kniestedt (hoy en Salzgitter); fallecido el 2 de agosto de 1874 en Salzgitter), fue un filósofo jurídico alemán y el principal representante de la dirección filosófica jurídica que lleva su nombre.
Ahrens era el hijo del administrador de la finca Karl Heinrich Ahrens y su esposa Lucie Christiane Huth. Ahrens pasó sus años escolares en su ciudad natal y luego comenzó a estudiar en la Georg-August-Universität Göttingen, donde se unió a la fraternidad local en 1828.
Uno de sus profesores, el filósofo Karl Christian Friedrich Krause, se convirtió en su gran modelo a seguir. Ahrens habilitó con él en 1830 con su habilitación “De confoederatione germanica”. Debido a la explosividad política de este trabajo, Ahrens no podía esperar un puesto de servicio público; el Bundestag vio en Ahrens a un “agitador”.
Desde que Ahrens, junto con sus colegas, los abogados Johann Ernst Arminius von Rauschenplatt y Carl Wilhelm Theodor Schuster, desencadenaron la revolución de Göttingen en enero de 1831, la advertencia parecía casi profética. Como lo buscaba un cartel de “se busca”, Ahrens huyó junto con Rauschenplatt a Bruselas y luego a París. Allí se ganó la vida desde 1833 con conferencias y charlas sobre Die Deutsche Philosophie seit Kant. Sólo un año después aceptó una llamada a la Universidad de Bruselas como profesor asociado (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “associate” en derecho anglo-sajón, en inglés) de filosofía.
También de interés para Enrique Ahrens:- Filosofía y cine
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En el curso de los eventos políticos de la Revolución de Marzo, Ahrens pudo regresar a Alemania en 1848. De la novena circunscripción de Hannover en Holle fue elegido como miembro de la Asamblea Nacional de Frankfurt. Allí era miembro de la facción de Westendhall.
Otros Elementos
Además, trabajó en el comité para el borrador de la Constitución del Reich y en el Comité Constitucional del Gran Alemania.
Dos años más tarde Ahrens se convirtió en profesor de derecho filosófico y ciencias políticas en la Universidad Karl-Franzens-Universidad de Graz.Entre las Líneas En 1859 fue nombrado profesor de filosofía práctica y política en la Universidad de Leipzig. Como representante de la Universidad de Leipzig, fue miembro de la Primera Cámara del Parlamento del Estado de Sajonia en 1863/64.
Alrededor de 1873, el Prof. Ahrens renunció a todos sus cargos y se retiró a la vida privada. Se estableció de nuevo en Salzgitter y murió allí a la edad de 66 años el 2 de agosto de 1874.
Sobre la base de las tesis de su maestro Karl Christian Friedrich Krause, Ahrens trató de desarrollar una ley natural independiente, que trató de contrastar con la ley racional de la Ilustración. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Se le negó un efecto duradero de su obra, aunque ya en vida se hizo muy conocido en Francia, España y algunos países de América del Sur.
Autor: Henry Alemán
La Vida y Obras de Enrique Ahrens
Texto del Capítulo denominado “Noticia sobre la Vida y Obras de Enrique Ahrens”, que está al inicio de la Enciclopedia Jurídica del mismo autor (véase Notas a la Enciclopedia jurídica de Enrique Ahrens y Enciclopedia Jurídica Ahrens), publicado en dos volúmenes:
“Nació el ilustré pensador, que tan poderosamente ha contribuido con sus escritos a la incipiente renovación de la cultura española, el 14 de Julio de 1808 en Kniestedt, junto a Salzgitter (Hannover);y agregado desde muy joven a la Universidad de Groetinga, recibió allí la enseñanza, de Krause, comenzando en 1830 a consagrarse al magisterio como Privat docent en aquella escuela, cuya habilitación obtuvo mediante su tesis (acerca de la) confederacion germánica, en que abogaba por la institución de una Cámara de representantes para la Dieta. Sus ideas liberales le hicieron poco grato a los más de sus colegas; y los sucesos políticos que en Alemania correspondieron a la fundación de la monarquía de Orleans en Francia, le obligaron a emigrar a Bruselas, desde donde marchó a París, después de adquirido el perfecto dominio de la lengua francesa, que ha podido admirarse luego en aquellos de sus libros escritos en tan universal idioma.
(Se abre) entonces un nuevo período en la vida de Ahrens: ya comienza a influir en la cultura intelectual europea, primeramente, por sus artículos en la Revue encyclopedique (1831-34); después, y de un modo más íntimo, sistemático y profundo, por sus lecciones, dadas en París (1833), sobre la Historia de la Filosofía desde Kant, que obtienen grande éxito desde un principio; y en el año siguiente, Guizot, que a la sazón representaba en el Ministerio de
Instruccion pública de Francia las primitivas tendencias, un tanto expansivas, de la dinastía de Julio, le confió en París un curso de Filosofía, en el cual diese a conocer, con la autoridad que a su palabra prestaba, a más de su elevada inteligencia, esta honorífica misión, los principales resultados de las últimas evoluciones del pensamiento en Alemania, y con especialidad las doctrinas analíticas y psicológicas de Krause.
Debióse la iniciativa de este encargo al espíritu abierto y tolerante de Cousin y a su amor por los estudios superiores. Hoy, los tres hombres asociados para aquella noble empresa han desaparecido de nuestra sociedad: Cousin, el primero; Guizot, poco antes de Ahrens; éste, el último, despues de haber llegado todos a lograr grande autoridad é influjo muy diverso en naturaleza y carácter, y quizá en duración; pero a todas luces eminente.
En vista de los frutos de esta enseñanza, dispensada en la ambiciosa capital del mundo moderno por un extranjero de 26 años, (le dio) a elegir el ministro entre una cátedra de Facultad y una pensión para proseguir y completar durante algún tiempo sus estudios. Ahrens optó por esto último; pero fundada en 1834 la Universidad de Bruselas, é invitado para ingresar en su cuerpo docente como Profesor de Filosofía, aceptó este encargo al lado de su antiguo compañero Teodoro Schliephake (Profesor de Pedagogía en la Univ. de Heidelberg, fallecido en 1871), uno de los más distinguidos discípulos de Krause y que enseñaba en el nuevo instituto la Historia de la Filosofía.
Fecunda fué en verdad la resolución de Ahrens: porque en los diez y seis años (de 1834 a 1850) que duró su profesorado ‘en la corte de Bélgica, su influjo fue tal, que con razón se le estima como uno de los grandes fundadores de la cultura nacional de aquel pueblo: a ello contribuía la asidua concurrencia de sus principales hombres de Estado a las lecciones privadas y trato personal del ilustre maestro, en cuya comunicación esperaban hallar firme sentido para resolver sus dificultades políticas y sociales.
Ni sirvió menos para ello la participación que, mediante su critica y sus consejos, ejerciera en la vida pública (participación que ha acentuado allí más todavía su sucesor M. Tiberghien) y de que eran eco sus renombradas correspondencias a algunos diarios de Prusia: con todo lo que ayudaba generosamente a la constitución y asiento del nuevo liberal Estado.
El gran número de discípulos que formó en aquel país y al frente de los cuales descuellan el ya citado filósofo Tiberghien, actualmente Rector de la misma Universidad, y el historiador Laurent, Profesor en la de Gante, han contribuido a difundir en los más de los pueblos latinos un espíritu y sentido filosófico que, a lo menos en Bélgica, en Italia, en España y en buena parte de la América latina, ha sido de incalculable trascendencia en todos los órdenes.
Cierto que, en Francia, la elegante claridad de Ahrens y sus discípulos no ha valido igual influjo a sus doctrinas, abstracción hecha de pocos publicistas, aunque distinguidos; mas, ora sea por falta de flexibilidad y claridad (defectos que en todo caso mal podrían atribuirse a Ahrens), ora por un rigor en la indagación, hoy a lo menos excesivo para el espíritu francés, o por cualesquiera otras causas, a todos los grandes pensadores de la Alemania contemporánea, a Fichte, Schelling, Hegel, Krause, Herbart, Schopenhauer, ha cabido en este punto igual suerte.
Ninguno de ellos ha dejado profunda impresión entre nuestros vecinos; y el mismo Kant, que tal vez podria estimar alguien como excepción a esta regla, no les ha interesado, sino en cuanto puede dar pretexto, en el dualismo (aparente) de la razón pura y la práctica, para el sentido ecléctico, relativo y “combinista” que presta hoy a la filosofía francesa (en todas sus corrientes generales, sean cualesquiera su género y sentido) el sabor, más bien, de una conversación, ya discreta, elegante é ingeniosa, ya tierna, sentimental y elocuente, pero cuya superficialidad tiene aversión instintiva a las investigaciones demasiado rigorosas y profundas.
Entre nosotros, por el contrario, desde que apareció la primera edición del Curso de Psicología (1836-38) (Cours de Psychologie, fait Paris socas les auspices du gouvernément. 2 vol.—París, 1836 y 38. Se tradujo al holandés por M. Niewenhuis) y sobre todo el célebre Derecho natural (Cours de Droit naturel, de Phil. du Droit, fait d’aprés l’état actuel de cette science en Allentapae; ed.: 1 vol.—Bruselas, de 1839), la simpatía por Enrique Ahrens fue creciendo, así como su influjo, hasta alcanzar proporciones verdaderamente incalculables.
Así es que, cuando, más tarde, el ilustre Sanz del Rio, obedeciendo al severo dictamen de su conciencia, no menos que al doble fin social de servir al progreso de la cultura nacional científica y de corresponder a la confianza con que, en una de sus fugaces inspiraciones de buen sentido y celo por la patria, le había comisionado en 1843 el Gobierno español para estudiar las nuevas direcciones de la Filosofía, llamó con sus primeros escritos la atención de nuestra juventud hacia la profunda evolución que en la historia del pensamiento moderno representa Krause, encontró bastante extendido el espíritu y crédito de Ahrens, por lo menos en todas las esferas culminantes de nuestra vida intelectual y política; siendo el Derecho natural ya por entonces en ellas respetado y que después ha venido a ser un factor esencial en la educacion de nuestros más importantes jurisconsultos y estadistas.
Verdad es que este libro cuyas ediciones son ya más de veinte, es opinión de sus más decididos censores que ha hecho época en la historia del Derecho: su fama solo es comparable a la del de Grocio y su influjo ha llegado a ser absolutamente preponderante, no ya entre los científicos, sino entre toda clase de personas, y aun entre los hombres de Estado de más diversas escuelas.
Es, sin duda alguna, la obra más popular del ilustre Profesor; y sus huellas se notan a primera vista en todas las posteriores, de la escuela naturalista y kantiana, como de la histórica o de la teológica, positivistas o espiritualistas, liberales o conservadoras.Entre las Líneas En España, no hay pensador, publicista ni político de alguna formalidad, sea cualquiera su sentido, que no conozca y estudie este bello libro, y que aun combatiéndolo quizá en mucho, no lo acepte en algo: a menudo, en harto más de lo que él mismo piensa.
La obra maestra de Ahrens se distingue principalmente, no solo por la elevación y riqueza de pensamiento, sino más aún por el tacto y prudencia conciliadora con que acomoda a nuestro tiempo todos los principios y las cuestiones más graves y profundas, y por la elegancia, nobleza y aun elocuencia de su lenguaje.
No hay, en verdad, tratado alguno de Filosofía del Derecho que pueda servir como él para despertar el pensamiento y difundir en los más amplios círculos la cultura jurídica y política, así como para presentar, de una manera sensible, un cuadro ordenado y comprensivo de los problemas cardinales de esta ciencia.
Jamás intentó Ahrens dar a las ediciones francesas de su obra (que son las traducidas en España) el valor de una investigación rigurosa; sino, ante todo, el de una doctrina construida para servir a la cultura general y aun, en cierta manera, como de propaganda.
Que tal fue su propósito, se desprende claramente de sus propias palabras (“La obra que ofrezco al público no es más que un resumen destinado a servir de Manual (libro de texto) para la enseñanza; si halla benévola acogida, me propongo publicar un libro más extenso sobre esta materia.”) en el Prefacio de la 1a edición). Desgraciadamente, la promesa que encierran estas últimas palabras no ha llegado a cumplirse; de sus dotes para emprender un trabajo de índole más severa, y por esto mismo destinado a un número muchísimo menor de personas, dan testimonio los desarrollos que con este superior carácter añadió en ciertos puntos a las ediciones alemanas de su mismo libro: ediciones, concebidas y ejecutadas con intencion más profunda.
Quien pretenda en vano hallar en la obra del eminente maestro lo que él no trató de que fuese, cúlpese a si propio; mas si la juzga según los fines que el autor se propusiera, dificil será le niegue haberlos conseguido.
No es menos importante su curso de Psicología, por más que entre nosotros, aunque muy conocido y estimado, desde un principio, por un corto círculo de personas, no ha llegado a verterse a nuestro idioma hasta época muy reciente (por D. Gabino Lizarraga, en 1873.-2 vol.—Madrid).
Este libro (la Enciclopedia), proyectado bajo un plan enteramente distinto que el de Tiberghien (Psychologie: la scienee de l’ame dares les limites de l’observation.—1a ed., 1862; 2. a id., 1863.—Bruselas.), ha sido ménos popular que él en nuestra patria, por haberse publicado en tiempos en que la cultura española, en punto a estudios psicológicos, se hallaba muchísimo más atrasada y circunscrita que en asuntos jurídicos, y sobre todo, políticos; así como por agotarse a poco la única edición que el autor hizo y no haberse traducido hasta hace muy poco al castellano: falta ésta, que no ha perjudicado tanto a la Psicología de Tiberghien, dada a luz cuando ya el conocimiento de la lengua francesa se había generalizado entre nosotros.
Sin que entremos a examinar este interesantísimo, y en cierto modo enciclopédico tratado, permítasenos señalar las principales diferencias entre él y el de Tiberghien. Estas son:
- El de Tiberghien tiende a ser todo él puramente analítico y aun experimental; mientras que el de su maestro es predominantemente sintético y metafísico, sobre todo en la 2. a parte.
- El de Tiberghien se reduce a la Psicología pura, después de una breve consideración sobre las relaciones entre el alma y el cuerpo; Ahrens consagra todo el tomo 1 al estudio de estas cuestiones, en cuyo punto está quizá lo superior y más importante de la obra; siendo sumamente notable la lección 2a, que viene a ser un verdadero compendio de Filosofía de la Naturaleza, hecho principalmente bajo el sentido de Oken y Carus y no exento de cierta preocupación vitalista.
- Tiberghien se abstiene en general de toda consideracion trascendental y metafísica en que, solo como por excepcion y de paso, entra alguna que otra vez; Ahrens consagra más de la mitad del tomo II a bosquejar el camino propio, en su sentir, para llegar al conocimiento de Dios, y a exponer, despues de criticar las llamadas «pruebas» de su existencia, los principios más cardinales de la Metafísica y de la Teología racional.
- Ambos libros son más expositivos y doctrinales, que indagativos; esto es, contienen más bien un sistema de soluciones, que la dirección para inquirirlas; pero este carácter es mucho más visible en el de Ahrens.
- La Psicología, propiamente dicha, es extremadamente breve en éste (159 páginas, entre más de 600); prescindiendo, por tanto, de un sinnúmero de cuestiones que Tiberghien trata detenidamente, y muy en especial, de casi todas las que éste comprendeen la última parte de su tratado.
En vano llamaron a su seno al ilustre Profesor, en 1841, la Universidad de Leyden, y en 1843, la de Utrecht, centros florecientes de ciencia y cultura de aquel pueblo que había visto apartarse de su seno el nuevo reino belga, invocando la libertad religiosa.
Fué necesario que, a consecuencia del movimiento de 1848, su propio país le enviase como diputado al célebre Parlamento nacional de Fráncfort, para que consintiera en apartarse de su cátedra, ante deberes que, con más o menos acierto, juzgaba superiores.
Todos saben cuán corto tiempo pudo llenarlos, aunque no sin tomar parte en las graves tareas de aquel Congreso. Emigrado en 1849, a consecuencia de la disolución de éste y demás sucesos con ella conexionados, rehusó volver a su antigua Universidad; aceptando, en 1850, la cátedra que la de Graetz (Austria) le ofrecía para difundir sus principios jurídicos y políticos en la misma patria alemana, de cuyo seno no debía apartarse ya en lo sucesivo.
Allí permaneció hasta 1860, y este fue uno de los periodos más fecundos de su vida:
- Ya, en 1848, habia dado a luz, redactadas por él, las lecciones de Anfropologia psíquica de Krause;
- ahora, durante este tiempo, publicó la primera parte de su Doctrina orgánica del Estado,
- además de una refundición importantísima de su Derecho natural, enteramente adaptada, por el mayor rigor de la exposición, así como por su riqueza critica, a las condiciones de un público más exigente y severo.
En cuanto a la primera de estas obras, que desgraciadamente no ha concluido el autor, contiene:
- después de la introducción, un preliminar sobre las bases de la ciencia política (las ideas de la Humanidad y su destino, la sociedad, sus fuerzas, leyes y organismo), y una parte general, consagrada a exponer la naturaleza del Estado (su concepto, génesis y fin, con la historia de las ideas relativas a esta cuestión);
- la forma de realizar sus fines, sus medios, sus órganos (el poder, sus funciones y la soberanía);
- las condiciones y elementos físicos de su vida (territorio, raza y lengua);
- su organismo, según el de sus diversas comarcas;
- las leyes de su desarrollo y, por último,
- un resumen de los más importantes principios establecidos en todo el curso de la obra.
La importancia de ésta seria mucho mayor si el autor hubiese cumplido su primera idea, descendiendo a pormenores de aplicación, para los que, en la parte publicada, solo se hallan indicaciones muy generales; pues las últimas ediciones, francesa y alemana, de su Derecho natural, son hoy más completas, en lo que se refiere a estos problemas, que su Staatslehre, el cual, por otro concepto, ofrece algún mayor rigor en sus consideraciones.
Notable es el discurso publicado por apéndice a este libro, y con el cual su autor inauguró en 1850 su instalación en la cátedra de Filosofía general y del Derecho en Graetz, después de los dos años en que los trabajos del Parlamento de Francfort tuvieron interrumpida su enseñanza. Versa el discurso sobre el carácter y espíritu de esta, con respecto a la situación de Alemania y su cultura por entonces.
A poco, fue cuando Ahrens publicó su célebre Enciclopedia jurídica, a la que sirve esta noticia de premio. La importancia y el éxito de este libro han sido mayores que los del anterior y siguen a los del Derecho natural. Así es que se ha traducido al ruso, al polaco y al italiano; ha valido a su autor distinciones de algunos Gobiernos y la investidura de miembro honorario de la Facultad de Derecho de Viena. La introducción a la Enciclopedia se tradujo al francés y publicó por Chauffard (en una Revista) en Tolosa, por los años de 1866 a 67.
La parte de la Enciclopedia referente al Derecho político, y que contiene una ojeada crítica al estado y problemas capitales de este orden en nuestros tiempos, ha sido traducida al español y publicada en los Estudios jurídicos y políticos del autor de estas líneas.Entre las Líneas En cuanto a la versión italiana, única que hemos tenido ocasión de ver, está hecha (ciertamente con algún descuido) por Eisner y Mareughi y dada a luz en 1856 y 57.
Precede a este libro una breve Introducción; tras de ella, va un compendio (que tal puede llamarse) de Filosofía del Derecho, precioso y bastante completo, en medio de su brevedad; después de esta parte, una Historia general del Derecho, cuyo interés es tanto mayor, cuanto que es sabida la extraordinaria escasez de estos trabajos, hasta el punto de que solo uno o dos existen donde se comprenda el desarrollo jurídico en todos los pueblos que hasta hoy han sido autores y participes de la gran corriente de la civilización.
Por último, termina el libro con una exposición, verdadero modelo en su género, del Derecho positivo alemán, especialmente en lo tocante a la, esfera civil ó privada; en cuyo estudio, el sentido profundo que caracteriza a la escuela histórica en la concepción y explicación de las instituciones se halla realzado por un espíritu filosófico más libre, completo y elevado
que el de aquella.
Aun después de publicadas las Enciclopedias jurídicas de Pepere y Holtzendorff, conserva la de Ahrens tan inestimable mérito, que, en realidad, puede decirse no ha sido aventajada sino en ciertos pormenores históricos, mejor esclarecidos por trabajos más recientes; siendo todavía un modelo en su género, a pesar de la incoherencia que se revela en su plan, comno en el de todas las obras análogas publicadas hasta hoy.
Por muerte de Bulau, es llamado Ahrens (en 1863) a la Universidad de Leipzig como profesor de ciencias políticas; vacila, y habría permanecido en Graetz, si el Gobierno austriaco hubiese accedido á restablecer la Filosofía del Derecho en el programa obligatorio de los exámenes que han de sufrir los aspirantes a cargos en la Administración pública (Staatsprüfungen); pero, denegada esta exigencia, acepta la invitación de la ilustre Escuela y entra en el que podríamos llamar último periodo de su vida científica.
Catorce años ha ejercido allí su profesión y un influjo de que dan irrefragable testimonio sus cursos de Lógica, Introducción a la Filosofía, Enciclopedia de las Ciencias filosóficas, Derecho natural, Etica y Derecho político, asiduamente frecuentados por los hombres más distinguidos de Sajonia: su accion sobre el espíritu del Profesorado ha sido incalculable, logrando apartarlo de la Filosofía nihilista, cuyo progreso atajaron el saber y discreción del celoso maestro; colabora en el importantísimo Diccionario político de Welcker, obra de los más insignes filósofos y publicistas de todas las escuelas, y cuya Introducción, como puesto de honor y preferencia, se le confiar escribe la parte filosófica de la Enciclopedia de Holtzendorff, que, á pesar de la diversidad de sus opiniones científicas, no vacila en asegurarse el eminente concurso de aquel a quien la Alemania contemporánea proclama a una voz como primero entre sus filósofos del Derecho; publica la última refundición alemana de su Derecho natural y un notable trabajo sobre los extravíos del espíritu contemporáneo, su última obra, en la cual, contemplando la situación por todo extremo anárquica que se enseñorea del pensamiento en Alemania, y los progresos que, a favor de esa anarquía, van haciendo en el mundo «el materialismo y toda clase de supersticiones científicas» se pregunta por las causas de ese vicioso estado, igualmente visible en todos los órdenes de la vida y, después de caracterizarlas, expone su remedio.
Cuál sea éste, en su sentir, lo da suficientemente a conocer el titulo de la obra, y más aún el plan de sus partes, que son tres, a saber:
- Extravíos del espíritu moderno en Alemania;
- Influjo de la Filosofía en el desenvolvimiento intelectual y moral de las naciones;
- Reforma de la enseñanza, merced a un cultivo más fundamental de las ciencias concernientes a la vida intelectual y moral.
El éxito de este escrito fue tal, que el Gobierno sajón autorizó a su autor para fundar en la Universidad misma un Seminario Filosófico, especie de Escuela Normal para el Profesorado, y lo dotó con diez investigaciones académicas o pensiones (Stipendien) para otros tantos alumnos; inaugurándose esta institución en 1873.
Pero debilitada su antes robustísima salud desde algún tiempo, y comprendiendo la gravedad de su estado, se trasladó a su pueblo natal, donde dio su espíritu el 2 de Agosto de 1874, a los 66 años de edad y en el apogeo de una gloria é influjo, verdaderamente considerables en todo el mundo civilizado.
Era Enrique Ahrens de mediana estaturas, algo grueso, hombre agradable y de mundo, dotado de cuantos talentos, flexibilidad y atractivos exige la vida social. Aludiendo sin duda a estas cualidades, nativas en él, aunque desarrolladas y educadas especialmente durante su estancia en París y Bruselas, y poco frecuentes en sus compatriotas, solia decir de si propio que era «un espíritu francés, extraviado en un cuerpo alemán». Así se comprende su constante preferencia por la propagación y difusión del pensamiento en la más amplia esfera posible, fin, al cual, bien puede decirse que se hallan consagrados todos sus libros, sin menoscabo de la originalidad
y riqueza que en ellos muestra a veces.
Hijo de esa misma propensión era el proyecto de coronar su obra, publicando un tratado completo y enciclopédico de Filosofía, cuyas partes principales habrían sido la Psicología, la Lógica, la Metafísica y la Ética, incluyendo en esta última los primeros principios de la Ciencia política y social (Staats-und Gesellschaftslehre).
El tiempo le ha faltado para dar cima a esta empresa, una de las más gratas y fecundas que pueden inspirarse en el amor a la Humanidad: jamás le falte el agradecimiento de ésta y señaladamente el de pueblos, como España, en cuya cultura han penetrado, incorporándose a su espíritu y removiéndolo de secular pureza, los hermosos frutos de aquel privilegiado pensamiento.
Crítica sobre algunos pensamientos de Ahrens
Reparación Penal
Enrique Ahrens, en ninguno de sus libros ofrece una concepción satisfactoria, clara y precisa de la reparación penal, incurriendo en una vaga composición ecléctica entre los diversos fines que a ésta han asignado las principales teorías, sin referirlos a un principio que los rectifique y comprenda realmente, sino tomándolos tal cual se presentan por sus defensores. La reparación del “orden jurídico, por separado de la del delincuente, aparece como una abstracción muy semejante a la de la llamada “escuela absoluta”, pues el orden y estado del Derecho no es una entidad que pueda concebirse per se, prescindiendo de las personas que lo constituyen, por donde mal pudiera repararse, sin reparar “ipso facto” la lesión jurídica en todas éstas y, por tanto, en el delincuente.
En cuanto a la acción en pro del perjudicado, aunque otra cosa se piense en general todavía, para nada toca al derecho penal, sino a la reparación civil, que debe regirse por las leyes de este orden, y que no forma parte alguna de la pena.
Jefatura del Estado
Acentúa … más (Ahrens) su imperfecta concepción de la jefatura del Estado, coincidiendo casi con Hegel y, en general, con los que atribuyen a aquella magistratura la sanción, legislativa, en lugar del veto, que es la única función que en este respecto le corresponde.
Derecho y Utilidad
La relación entre el Derecho y la utilidad ha sido en parte planteada por el autor en las págs. 60 y siguientes de su tratado; pero ni allí …ni en su “Derecho Natural” la explica suficientemente. Esta relación es uno de los puntos hoy todavía menos aclarados en la actual Filosofía del Derecho, siendo muy de agradecer el esfuerzo con que, sin decaer un instante y en medio de la más cruda (y a veces injusta y aun torpísima) guerra, ha pugnado el utilitarismo en todos tiempos, desde Epicuro a Bentham y desde éste a Stuart Mill y a los positivistas contemporáneos, por establecer la afinidad esencial de ambos conceptos, dejando a un lado las tendencias eclécticas de Dameth …y otros pensadores de análogo sentido.
De más está decir que, en la crítica del utilitarismo que ha hecho Ahrens en el tomo I de su (obra) “Derecho Natural”, con motivo especialmente de Bentham, no solo deja a un lado (en nuestro sentir) el principio más importante del sagaz publicista inglés, así como el punto exacto, a partir del cual se tuerce y yerra (lo mismo que todas las llamadas doctrinas “utilitarias “); sino que ha incurrido en una concepción sumamente errónea de la utilidad, dejándose arrastrar de ciertas vulgaridades y lugares comunes semejantes a aquellos que en este punto comete el malogrado Jouffroy en su “Cours de Droit Natural”: libro, cuyo sentido parece haber inspirado a Enrique Ahrens. Sólo así se comprende, por ejemplo, que haya podido considerar la utilidad como un principio variable, relativo y subjetivo, incapaz de servir de criterio, y afecto únicamente a todas las veleidades y egoísmos del capricho individual, incidiendo en el pecado toman al utilitarismo (que no ha podido librarse de él hasta hoy, a pesar de los ingeniosos esfuerzos de Bentham) y al ascetismo, ambos acordes en estimar la utilidad como cosa relativa y subjetiva, apartándose luego una de otra tendencia, en cuanto a apreciar como un mérito o como un vicio esta relatividad.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
De los principios que Enrique Ahrens con repetición expone en sus importantes y fecundos escritos, debía esperarse fundadamente una consideración de la utilidad harto diversa, ya en sí misma, mostrando su valor objetivo, real, independiente de la opinión y de la voluntad del sujeto, como criterio para juzgarlas, ya en sus relaciones con el Derecho, que no basta afirmar de un modo indefinido y vago.
Ciñéndonos a este último punto, si concebimos el Derecho como una relación de condicionalidad y de medio a fin, a nadie puede oscurecerse que “esta misma” relación es la de la utilidad, nombre que expresa la cualidad (real y objetiva) del medio y todo medio, como tal, esto es, en cuanto sirve para algo. La cuestión luego estará en decidir, en vista de semejante afirmación (que dudamos ver rechazada por pensador alguno), si el Derecho es “toda” la relación de medio a fin o únicamente “parte” de ella; o en otros términos, si es la utilidad, en todo su concepto y esfera, o dice solo una especie determinada de aquella. E ncuyo punto … puede concluirse:
- que el Derecho no abraza propia, directa e inmediatamente, sino aquellas utilidades que se hallan constituidas por un servicio personal (libre prestación de un medio), excluyendo, pues, todo otro género de utilidades, v. gr., las que presta la Naturaleza por sí misma;
- que, en virtud de los servicios o prestaciones, único objeto y contenido “inmediato” del Derecho, se enlaza éste interna y esencialmente a la utilidad toda, la cual, en cuanto y hasta donde puede incorporarse a un acto libre, entra en el Derecho también, “mediatamente”, a saber: mediante este acto. Lo cual equivale a afirmar que el Derecho es una esfera de la utilidad, orgánicamente enlazada con el todo de ésta.
Desenvolviendo este principio, puede hacerse justicia al par a la tendencia utilitaria, que con razón pretende ver en la utilidad un criterio de la vida, y conducta racional humana; y a la ascética o moralista, en cuanto condena con no menor razón que este criterio se tome de la
opinión y placer del sujeto. Aquí necesitamos limitarnos a estas indicaciones sobre un problema que espera todavía indagación y desarrollo rigorosos en la literatura científica de nuestro tiempo.
Producción
Ahrens sigue en esto una terminología vaga e impropia, aunque corriente. La actividad consagrada a la obtención de los bienes económicos es una rama de la actividad general productora, de la producción: por donde su designación con esta palabra, que significa
también la obtención de toda clase de bienes, resulta equívoca.
El verdadero nombre de la producción económica debería ser “industria”: voz que, si es cierto que en el uso coman se aplica por igual, ya a la producción económica en general, ya a la manufacturera, ya a ésta y la agrícola, etc., es solo “con error” (aunque error explicable por causas históricas), y debe reservarse para la primera de estas acepciones, según por otra parte indican todos aquellos economistas que, con indiscutible acierto, han intentado establecer el aspecto económico de todo fin social, o en otros términos, él carácter industrial de toda profesión (en una tan solo de sus relaciones, se entiende).
Este exacto sentido ha engendrado la inclusión en las más de las clasificaciones modernas de las industrias comprendidas v. gr., bajo la denominación de “morales”, “antropológicas”, “inmateriales”, “espirituales”, etc.
Tan luego como la práctica de un fin social se constituye en fuente de propiedad, entra de lleno (bajo este respecto) en la esfera económica, y reviste un carácter industrial, que en verdad nada menos que degrada ni mengua la dignidad de aquella función, por elevada que sea su jerarquía. A este movimiento obedecería la adopción del nombre “industria” para designar la producción económica, como tal, en general, en todos sus grados y esferas: “la industria del comerciante, del fabricante, del profesor, del sacerdote, del artesano, del criado, del funcionario del Estado, del agricultor, etc..
A las preocupaciones espiritualistas y románticas, que dificultan la universal difusión de estos sanos principios, ayuda grandemente otra, no menos extendida entre muchos pensadores adictos a las nuevas ideas, a saber: que el fin económico constituye el único de la agricultura, la manufactura y el comercio. “En buen hora —viene a decirse— que todo fin y toda función social tengan un aspecto económico; pero lo principal en ellos es otra cosa: hasta el ‘punto de que cuando este aspecto es considerado como el fundamental, o en otros términos, cuando se elige y ejerce una de esas funciones sin tener en cuenta más que su retribución social, como medio de adquirir bienes de fortuna, la función se envilece y degrada.Entre las Líneas En el comercio, en las artes agrícolas, en las fabriles, que son los tres órdenes propia y directamente económicos, nada más justo, por el contrario, qué hacer de dicha consideración el objetivo de nuestra actividad.
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Ahora bien, nada autoriza a tomar este “hecho” como un “principio”. El comerciante que elige y practica su profesión, ya única, ya principalmente, por el lucro que le ha de reportar, procede absolutamente de la misma manera que aquel funcionario del Estado que pretende y desempeña su oficio por iguales motivos, o que el obrero, oscuro colaborador quizá de una creación de arte, cuya realización no le interesa; solo que no tiene tanta disculpa como éste, cuya condición inferior le priva de la luz y gula que con sus medios ha debido procurarse el primero.
Día llegará en que así se estimará universalmente; y ya algunos pensadores (v. gr., Azcárate, Adam Müller, y en parte —aunque poco— otros economistas de la escuela teológica) han entrevisto que la ganancia, el elemento industrial, no puede ni debe ser por sí el contenido sustantivo, el fin primero, el objetivo de la producción: con lo que implícitamente se niega la existencia de profesiones puramente económicas (“agricultura, industria y comercio”, según la clasificación vulgar).Si, Pero: Pero dista harto la sociedad presente de haber llegado a alcanzar en las profesiones así designadas la clara conciencia del fin que, independientemente de la retribución, cumplen en la vida, para servicio del destino humano.
Fuente: Francisco Giner
Bibliografía
Enrique Ahrens, Curso de Derecho Natural
Enrique Ahrens, Filosofía del Derecho
Cours de droit naturel. París en 1839
Teoría del estado orgánico sobre una base filosófico-antropológica (Viena 1850, su gran obra inacabada).
La doctrina política de Fichte en su importancia científica, cultural-histórica y nacional general: Discurso en la Celebración de Fichte en la Universidad de Leipzig. Veit, Leipzig 1862 urna:nbn:de:hbz:061:1-75330.
El derecho natural o la filosofía del derecho según el estado actual de esta ciencia en Alemania. 6ª edición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Viena 1870-1871 (2 volúmenes.)
Enciclopedia jurídica. Viena 1855-1857 (una presentación orgánica del derecho y la ciencia política).
De confoederatione Germanicae. Göttingen 1830 (habilitación).
Constantin von Wurzbach: Ahrens, Heinrich. En: Enciclopedia Biográfica del Imperio Austriaco. 22. parte. Corte Imperial-Real e Imprenta del Estado, Viena 1870, p. 460.
Wilhelm Haan: Heinrich Ahrens. En: Léxico del escritor sajón. Verlag de Robert Schaefer, Leipzig 1875, p. 3.
Hans Welzel: Ahrens, Heinrich. En: Nueva Biografía Alemana (NDB). Volumen 1, Duncker & Humblot, Berlín 1953, ISBN 3-428-00182-6, p. 113.
Helge Dvorak: Léxico biográfico de la Fraternidad Alemana. Volumen I: Políticos. Volumen 1: A-E. Invierno, Heidelberg 1996
Véase También
Notas a la Enciclopedia jurídica de Enrique Ahrens
Enciclopedia Jurídica Ahrens
Georg Friedrich Puchta
Escuela Historica del Derecho
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Esto sobre su vida quizás pueda interesar:
1830-31 Privatdozent der Rechte in Göttingen;
1831 en Bruselas;
1831-34 profesor de filosofía y psicología en París;
1834-abril de 1848 profesor de filosofía en Bruselas;
Abril de 1848-1850 en Salzgitter;
1850-60 o. Profesor de Filosofía y Derecho Filosófico y Ciencias Políticas en Graz; 1853-54 y 1858-59 también Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Graz
1860-74, ex profesor de filosofía práctica y ciencias políticas en Leipzig (1860, Hofrat; fundador y director del seminario filosófico);
desde los años 1840 colaborador de la “Allgemeine Preußische Staatszeitung” (Berlín) y de varias otras revistas, colaborador de la 2ª y 3ª edición del Staatslexikon de C. von Rotteck y C. Welcker y el Diccionario del Estado Alemán de J. C. Bluntschli y K. Brater;
Autor de numerosos escritos jurídicos y políticos (entre ellos, “Cours de droit naturel”, París 1839).
Me encantó este largo artículo. No he encontrado más bibliografía que la que aparece aquí, pero no se si todas esas obras están en español, o si no hay contenido en español y los libros son en alemán.