Prevención de la Violencia Política
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Implicaciones
Al intervenir en los (post)conflictos -ya sea en forma de operaciones de paz militares o civiles o como acción humanitaria- los actores nacionales, internacionales, regionales, transnacionales o no gubernamentales se enfrentan a muchas limitaciones:
- En primer lugar, los recursos militares o civiles de los actores suelen ser costosos y/o escasos.
- En segundo lugar, los actores humanitarios, de desarrollo y de seguridad suelen tener que comprometerse durante mucho más tiempo del previsto. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), por ejemplo, revela que la duración media de la presencia del CICR en los países que acogen sus diez mayores operaciones es de más de 36 años. Los conflictos prolongados son una fuente importante de sufrimiento humano y una causa de desplazamientos prolongados, migraciones y retrocesos en el desarrollo.
- En tercer lugar, algunos actores más que otros son selectivos en cuanto a dónde y cómo intervenir en situaciones de conflicto violento y siguen agendas políticas no necesariamente relacionadas con el conflicto. Esto puede poner en peligro a otros actores sobre el terreno. En cuarto lugar, algunos actores y estudiosos han criticado las intervenciones extranjeras por considerarlas medidas inadecuadas, ya que a menudo carecen de conocimientos suficientes sobre el conflicto en cuestión.
Por todas estas razones y otras más, algunos actores (inter)nacionales y transnacionales han introducido en la agenda ideas y normas relacionadas con la prevención de conflictos violentos y el mantenimiento de la paz. Algunos lo han hecho de forma más declarativa, mientras que otros han establecido capacidades institucionales y han dedicado recursos a dicho objetivo.
Pero, ¿qué se entiende exactamente por prevención de conflictos? ¿Y cómo se pueden poner en práctica estas ideas? Puede señalarse lo siguiente en relación a ello:
- En primer lugar, este breve debate presenta algunas impresiones que demuestran que estamos nombrando mal el fenómeno, que debería llamarse más exactamente prevención de conflictos violentos o prevención de la violencia política, y no prevención de conflictos.
- En segundo lugar, aunque a muchos actores les parece intuitivamente correcto querer una paz sostenible y evitar que se produzcan conflictos violentos (aunque no debemos olvidar que algunos actores se benefician de la violencia), la prevención puede entenderse de diferentes maneras.
Y los actores pueden comprometerse con la prevención y, al mismo tiempo, adoptar distintos enfoques. Ampliando el concepto a muchas actividades diferentes, cualquier interacción social que intente mantener o recrear relaciones pacíficas puede calificarse, por tanto, como un esfuerzo para prevenir la (re)aparición de conflictos violentos. Esto puede sobrecargar a cualquier actor. Dadas las diferentes ideas que rodean a la prevención de conflictos violentos, es importante que los actores definan claramente cuál es su objetivo principal. A fin de cuentas, puede que no necesitemos un nuevo concepto para salir de los silos organizativos, sino mecanismos eficaces de coordinación sobre el terreno para crear una estabilidad más duradera y, posiblemente, la paz.
Evolución normativa y prevención
Las ideas sobre cómo evitar que se produzcan conflictos violentos existen desde hace siglos, pero, desde el punto de vista normativo, muchos actores poderosos estaban preocupados por defender sus territorios o engrandecerlos y, por tanto, no se ocuparon de la diplomacia preventiva ni de la prevención de conflictos violentos. Sólo con los cambios normativos internacionales que comenzaron a más tardar después de la Segunda Guerra Mundial, con el desarrollo de tratados internacionales más sólidos (por ejemplo, definiendo los crímenes internacionales o argumentando cuándo es apropiado el uso de la fuerza), los actores nacionales e internacionales han incluido aspectos de la prevención de conflictos violentos en sus resoluciones y cartas.
Desde el punto de vista normativo, se sigue haciendo hincapié en las relaciones interestatales y en la gestión de la violencia política, más que en su prevención. La prevención de conflictos suele ser una idea tardía en los textos jurídicos. La ONU considera que el uso de la fuerza sólo está permitido en raras circunstancias de legítima defensa (Art. 51 de la Carta de la ONU). Por lo demás, “todos los miembros se abstendrán en sus relaciones internacionales de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas” (artículo 2 de la Carta de la ONU). En cambio, “todos los miembros arreglarán sus controversias internacionales por medios pacíficos de tal manera que no se pongan en peligro ni la paz y la seguridad internacionales ni la justicia” (artículo 2 de la Carta de la ONU). El Capítulo VI de la Carta de la ONU describe así las medidas que los Estados miembros pueden adoptar para resolver sus conflictos de forma pacífica: negociación, investigación, mediación, conciliación, arreglo judicial por arbitraje u otros medios pacíficos. Si estas medidas no tienen éxito y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU) determina que existe una amenaza para la paz, puede ordenar el uso de la fuerza contra la voluntad de un Estado miembro (Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas), incluyendo medidas como sanciones, embargos y la ruptura de relaciones diplomáticas (Art. 41 y Art. 42 de la Carta de las Naciones Unidas) y la intervención militar (Art. 43 48 de la Carta de las Naciones Unidas).
Las configuraciones intraestatales y la protección de los individuos/civiles han cobrado mayor protagonismo en los debates internacionales y transnacionales tras los numerosos y violentos conflictos intraestatales y desintegraciones políticas de la década de 1990. Muchos Estados han reaccionado ante estos conflictos pidiendo más orientación sobre cómo intervenir en los asuntos intraestatales. Uno de estos procesos ha dado lugar a la formulación y agrupación de un conjunto de normas existentes para formar la “responsabilidad de proteger”. Este conjunto de normas reconfirma el papel de los Estados y de las organizaciones dirigidas por el Estado en la prevención de la violencia política, protegiendo a los ciudadanos y reconstruyendo las instituciones sociales en aras de unas relaciones pacíficas. La protección de los civiles también se ha convertido en un importante pilar normativo. Sin embargo, estos desarrollos normativos no hacen tanto hincapié en la prevención como en la reducción de la violencia política y el establecimiento de la estabilidad tras el conflicto.
Implementación
A la hora de concebir una política de prevención de la violencia política, hay que tomar muchas decisiones conceptuales, normativas y operativas. Cuando observamos las organizaciones internacionales, así como sus mandatos y actividades, vemos que la “prevención de conflictos” o la “diplomacia preventiva” no son simples ideas, sino conceptos integrales que contienen, generan y sostienen muchos procesos, enfoques y etapas necesarios para evitar que la violencia política vuelva a surgir. Aunque muchas organizaciones internacionales han sido creadas para prevenir la reaparición de la violencia entre sus miembros y/o fuera de ellos, las políticas concretas a menudo se han formulado posteriormente. En la actualidad, la mayoría de las organizaciones internacionales con mandatos de comercio, desarrollo y seguridad no sólo han incluido el objetivo de mantener la paz entre sus miembros en sus tratados y declaraciones, sino que también han desarrollado estructuras y capacidades institucionales para ello. Sólo en la familia de la ONU, varias agencias se ven activas en este ámbito. Junto a ellos, las organizaciones regionales también se han propuesto asumir las cuestiones relacionadas con la prevención de la violencia política.
Estas organizaciones suelen entender la prevención de la violencia política desde sus silos burocráticos y políticos (Hofmann). Los actores organizativos que han estado trabajando en cuestiones que pueden enmarcarse en la “prevención de la violencia política” pero que, desde el punto de vista organizativo, podrían denominarse construcción de la paz, gestión de conflictos o paz sostenible, no quieren necesariamente ceder responsabilidades cuando hay que hacer operativo e implementar un “nuevo” concepto. Mencionaré brevemente algunas conceptualizaciones y actividades organizativas que entran dentro de la prevención de la violencia política para demostrar el solapamiento y las ambigüedades operativas. El esquema que se presenta a continuación debe entenderse de forma esquemática, ya que no da suficiente crédito a las actividades organizativas y a los cambios a lo largo del tiempo.
Las Naciones Unidas
El lenguaje de las Naciones Unidas oscila entre la diplomacia preventiva, la prevención de conflictos y un programa para mantener la paz, conceptos estrechamente interrelacionados que, sin embargo, conllevan políticas diferentes. Estos diferentes conceptos tienen diferentes destinatarios dentro del sistema de la ONU, lo que crea problemas de límites conceptuales y responsabilidades de aplicación. La Agenda para la Paz exigía la investigación y el análisis -para identificar en la fase más temprana posible las circunstancias que podrían producir un conflicto grave- y la necesidad de una Diplomacia Preventiva para resolver los problemas más inmediatos prestando atención a las causas subyacentes del conflicto. El Informe del Secretario General sobre la Prevención de Conflictos Armados de 2001 (Asamblea General de las Naciones Unidas) pedía “una estrategia preventiva eficaz” que requiere “un enfoque global que abarque medidas políticas, diplomáticas, humanitarias, de derechos humanos, de desarrollo, institucionales y de otro tipo, a corto y largo plazo, adoptadas por la comunidad internacional, en cooperación con los agentes nacionales y regionales”. Y en una Declaración del Presidente del Consejo de Seguridad de enero de 2018 se lee “El Consejo de Seguridad recuerda además que una estrategia integral de prevención de conflictos debe incluir, entre otras cosas, la alerta temprana, el despliegue preventivo, la mediación, el mantenimiento de la paz, la no proliferación, las medidas de rendición de cuentas, así como la consolidación de la paz después de los conflictos, y reconoce que estos componentes son interdependientes, complementarios y no secuenciales.”
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, por ejemplo, se dedica menos a las innovaciones conceptuales que a la adaptación de nuevos conceptos a sus actividades ya en curso. Su forma de entender la prevención de conflictos está orientada a los fines. “El trabajo del PNUD en materia de prevención de conflictos promueve la cohesión social al empoderar a las naciones y comunidades para que sean inclusivas y resistentes a los choques externos e internos. Esto se hace apoyando y fortaleciendo las instituciones clave de gobernanza pertinentes” (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo).
Las Naciones Unidas y el Banco Mundial
Un informe interinstitucional entre el Banco Mundial y la ONU, Pathways for Peace – Inclusive Approaches to Preventing Violent Conflict (Caminos hacia la paz – Enfoques inclusivos para la prevención de conflictos), incluye muchas actividades y actores diferentes al considerar la prevención de conflictos. Se trata de uno de los primeros textos publicados por organizaciones internacionales que destacan que no sólo los Estados son responsables en la prevención de conflictos violentos. El informe hace hincapié en “las actividades destinadas a prevenir el estallido, la escalada, la continuación y la recurrencia de los conflictos, a abordar las causas profundas, a ayudar a las partes en conflicto a poner fin a las hostilidades, a garantizar la reconciliación nacional y a avanzar hacia la recuperación, la reconstrucción y el desarrollo” (Banco Mundial y Naciones Unidas 77). Como tal, está más orientado a las personas y aboga por un enfoque integrado y proactivo. Además, añade una dimensión más a la prevención de conflictos violentos (junto a la estructural y la operativa): la prevención sistémica.
La Unión Africana
Tras su creación en 2002, la Unión Africana creó una División de Prevención de Conflictos y Alerta Temprana cuyo mandato es
proporcionar asesoramiento oportuno sobre posibles conflictos y amenazas a la paz y la seguridad en África a los responsables de la toma de decisiones de la UA. La División se centra en la puesta en marcha de algunos aspectos de la Arquitectura de Paz y Seguridad de África (APSA), como el Sistema Continental de Alerta Temprana (CEWS), el Panel de Sabios (PoW) y el Programa de Fronteras de la UA (AUBP).
De este modo, la UA intenta incluir los Sistemas de Alerta Temprana de las organizaciones subregionales africanas (sobre la base de un Memorando de Entendimiento en 2008). Aunque todavía está construyendo estructuras que podrían utilizarse tanto para la diplomacia preventiva como para una prevención más amplia de los conflictos violentos, los expertos observan que actualmente, la atención de la UA se centra en la prevención de conflictos mediante iniciativas como los esfuerzos de diplomacia y la mediación.
La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático y el Foro Regional de la ASEAN
Los Estados miembros de la ONU del sureste y del este de Asia se inclinan por evitar el concepto de prevención de conflictos y hacen más bien hincapié en la creación de confianza y en la diplomacia preventiva consensuada y no coercitiva.4 La ASEAN, el Foro Regional de la ASEAN (o Asociación de Naciones del Sudeste Asiático; véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “ASEAN” en derecho internacional, en inglés) (ARF) y varios acuerdos ASEAN-Plus (como ASEAN (o Asociación de Naciones del Sudeste Asiático; véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “ASEAN” en derecho internacional, en inglés) + 8) son estructuras institucionales que se utilizan para estos fines. De acuerdo con el artículo 32 (c) de la Carta de la ASEAN, el presidente “garantizará una respuesta eficaz y oportuna a las cuestiones urgentes o a las situaciones de crisis que afecten a la ASEAN, lo que incluye la interposición de sus buenos oficios y otras disposiciones para abordar inmediatamente estas cuestiones”. En otras palabras, la diplomacia preventiva en el sudeste asiático se ha definido de forma restringida para minimizar el papel de quienes no pertenecen a la región y reforzar la firme doctrina de la ASEAN (o Asociación de Naciones del Sudeste Asiático; véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “ASEAN” en derecho internacional, en inglés) de no injerencia en los asuntos internos de los países miembros. Margina a otras instituciones multilaterales y excluye a las organizaciones no gubernamentales. La ARF define la diplomacia preventiva como cualquier acción diplomática o política emprendida por los Estados para prevenir disputas o conflictos que puedan amenazar la paz y la estabilidad regionales, para evitar que esas disputas se conviertan en enfrentamientos armados o para minimizar el impacto de esos conflictos en la región.
Así, estos son los principios clave de la diplomacia preventiva:
- utiliza métodos pacíficos como la negociación, la investigación, la mediación y la conciliación;
- no es coercitiva;
- es oportuna;
- requiere confianza;
- implica consultas y consenso;
- es voluntaria;
- se aplica a los conflictos directos entre Estados; y
- se lleva a cabo de acuerdo con el derecho internacional.
Un documento del ARF titulado “Concepto y Principios de la Diplomacia Preventiva” (DP) señala incluso que un acuerdo sobre la definición y, lo que es más importante, una comprensión común del concepto de DP y de los principios que rigen la práctica de la DP, sería útil para seguir avanzando en el desarrollo de la DP dentro del ARF la definición ha resultado ser controvertida.
Todavía no se ha institucionalizado ningún mecanismo completo y concreto para fomentar la diplomacia preventiva.
La Unión Europea
La UE puede considerarse una iniciativa de prevención de la violencia política en sí misma. Tras la Segunda Guerra Mundial, se creó para evitar conflictos en el futuro. Además, cuenta con muchos marcos institucionales y herramientas para participar en la prevención de la violencia política.
La acción exterior de la UE para la prevención de conflictos se basa, según el Servicio Europeo de Acción Exterior, en:
- La identificación temprana del riesgo de conflicto violento, y el cierre de la brecha para la acción temprana;
- La mejora de la comprensión de las situaciones de conflicto (causas profundas, actores y dinámica);
- La mejora de la identificación de la gama de opciones para la acción de la UE;
- La programación de la ayuda exterior sensible al conflicto;
- La mediación forma parte de la diplomacia preventiva de la UE sobre el terreno y es un componente de la caja de herramientas de prevención de conflictos y consolidación de la paz de la UE para los países en conflicto.
Los Estados miembros, y en particular los que operan en el África subsahariana bajo el paraguas de la UE, presionan a la UE para que proporcione asistencia militar como parte de sus políticas de prevención de la violencia. En otras palabras, la UE entiende y pone en práctica la prevención de la violencia política a través de las lentes diplomática, de desarrollo y de seguridad. Sin embargo, estos diferentes enfoques no están coordinados bajo un único paraguas institucional.
La prevención de la violencia política implica a muchos actores y la coordinación es difícil de conseguir, incluso si estos actores están todos ubicados en una misma organización internacional. Dentro de la UE, la prevención es responsabilidad de diferentes actores e instrumentos a través de las competencias de la acción exterior de la UE. La seguridad, el desarrollo y los derechos humanos pueden estar conceptualmente interrelacionados, pero esto no hace que se refuercen automáticamente entre sí. Para la UE, lo que esto significa en la práctica es que la prevención de la violencia política se sitúa en la Comisión, el Servicio Europeo de Acción Exterior y el Consejo, así como en los Estados miembros, mientras que las agendas de política exterior, seguridad, desarrollo y humanitaria se mantienen separadas. Además, dentro de la organización, estos montajes institucionales a menudo no sólo han respondido a “necesidades”, sino que también se han basado en lógicas institucionales y guerras territoriales. Hablar hoy de fragilidad y resiliencia, por ejemplo, es también una forma de devolverle a la Comisión Europea algo de terreno operativo.
La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa
La OSCE se ve a sí misma como un “instrumento clave para la alerta temprana, la prevención y resolución de conflictos, la gestión de crisis y la rehabilitación post-conflicto” (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa). Una de sus principales herramientas para lograr la prevención de conflictos es su Centro de Prevención de Conflictos, que sirve como “punto focal de alerta temprana en toda la OSCE, facilita el diálogo, apoya la mediación y otros esfuerzos de prevención y resolución de conflictos”. Además, apoya las misiones sobre el terreno. Al igual que otras organizaciones, la alerta temprana es la piedra angular de la prevención de conflictos violentos y la organización está más orientada al proceso que al fin.
Como ilustra esta breve selección ecléctica de organizaciones internacionales, no todas las organizaciones internacionales entienden y actúan sobre la prevención de la violencia política de la misma manera. Además, no siempre se adaptan fácilmente a la ONU o a otros marcos regionales que también quieren intervenir en el mismo espacio geográfico. Por último, pero no menos importante, varían significativamente en su capacidad institucional en términos de herramientas y recursos. En resumen, la prevención de la violencia política se operativiza de forma diferente en las distintas organizaciones internacionales en función de sus estructuras organizativas y sus prioridades normativas (por ejemplo, la no injerencia, los derechos humanos, el desarrollo, la estabilidad); esto hace que la evaluación del éxito -que es difícil en cualquier caso- sea aún más difícil.
Datos verificados por: Thompson
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Perspectivas sobre la Prevención de la Violencia Internacional
El llamamiento, en su momento, a la prevención de la violencia del Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, fue tan oportuno como esencial para que unas sociedades armoniosas conduzcan a un mundo armonioso. La realidad es que el mundo avanza de cabeza exactamente en la dirección contraria. Antes de aventurarnos en vías correctivas para dar fuerza al llamamiento urgente, un estudio de las realidades sobre el terreno indica no sólo la extensión y profundidad de las atrocidades, el expolio y las privaciones, sino que tiende a confirmar que éstas han traspasado todos los límites humanitarios. Este documento se centra en las medidas que permiten vislumbrar la luz al final del túnel.
En la segunda década del siglo XXI, las amenazas al planeta se han magnificado hasta límites insospechados. Las preocupaciones más acuciantes pueden tabularse por orden de prioridad como la proliferación nuclear, el catastrófico declive de las extensiones prístinas que quedan en todo el mundo, el crecimiento demográfico hasta niveles muy superiores a la capacidad de carga del planeta, las pandemias, el calentamiento global y, por último, pero no por ello menos importante, los avances tecnológicos y genéticos que podrían alterar la naturaleza misma y la existencia independiente de nuestra especie. Aún no ha llegado el momento de abatirnos y tirar la toalla. De hecho, las respuestas -iniciativas factibles en plazos calculables- están al alcance de la mano para hacer un gran esfuerzo por invertir el declive planetario y dar a las generaciones futuras alguna esperanza de una existencia que no se aproxime a un infierno en la Tierra.
Las causas profundas de la agitación mundial
Aunque existen varias causas directas y asociadas del declive planetario, los dos factores más significativos son el capitalismo de mercado en pleno clamor y la falta de mecanismos de gobernanza mundial justos que puedan ser respetados por todos los países y pueblos. En un futuro previsible, el capitalismo de mercado está aquí para quedarse. En todo el mundo, tanto en los países ricos como en los pobres, el coeficiente de Gini, la medida de desigualdad más utilizada, sigue siendo para una gran mayoría de poblaciones más cercano a cero para los que no tienen nada. El crecimiento integrador apenas tiene lugar en la mayoría de los países, lo que conduce a una ruptura de la cohesión social de la sociedad.
En plena guerra fría, las manecillas del reloj del juicio final se acercaron mucho a la medianoche, denotando lo cerca que estaba la humanidad del borde del abismo. Una condición similar se ha desarrollado con la proliferación de las potencias nucleares y de las armas nucleares. Si nos atenemos a las tendencias actuales, el mundo ha emprendido el lento camino hacia la extinción definitiva de la humanidad y de la inmensa mayoría de las especies que cohabitan la tierra con los humanos. Las medidas correctoras que deberían haberse puesto en marcha hace varias décadas siguen debatiéndose interminablemente en los foros mundiales sin una aplicación significativa.
El cambio de paradigma
Aunque el mundo haya puesto en marcha mecanismos para mitigar los efectos de las calamidades naturales visitadas por la humanidad, todavía tiene que encontrar la manera de hacer frente a los desastres provocados por las políticas de individuos poderosos, ya estén al frente de los asuntos en algunos de los países más poderosos o sean oscuros actores no estatales. Las actuales políticas de las grandes potencias no favorecen la paz en el mundo. La continuidad de estas políticas amenaza con desmantelar el orden mundial existente y sumir al mundo en una angustia cada vez mayor, tanto para los seres humanos como para la salud del planeta. Siendo así, la cuestión más importante que tiene ante sí el mundo es poner en marcha mecanismos que puedan actuar como freno a la libertad sin trabas de la que gozan los dirigentes mundiales, más aún, cuando no están en consonancia con los deseos de la gran mayoría de los habitantes del planeta, incluida, en muchos casos, la opinión de la población de los países que se burlan de la opinión mundial.
El punto de partida sería examinar por qué las preocupaciones mundiales acuciantes se encuentran en el limbo, muchas de ellas durante varias décadas, cuando existe una necesidad ineludible de su resolución inmediata. Concebiblemente, la carencia más flagrante es la estructura de poder asimétrica, desigual y no representativa del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En la actualidad, éste es el único órgano que podría, si fuera más representativo, provocar un cambio radical en la forma de abordar las preocupaciones mundiales críticas. Antes de seguir adelante, es necesario aclarar que aquí no se hace hincapié en qué país o países deberían ser cooptados como miembros permanentes del Consejo de Seguridad. A lo que se hace referencia es a la ausencia percibida de representación de los pueblos del mundo. Es innegable que, a primera vista, 193 países son miembros de las Naciones Unidas. Pero, ¿representan a los “pueblos” del mundo? El hecho es que las delegaciones de muchos países en las Naciones Unidas sólo representan a sus gobiernos, no necesariamente las aspiraciones o preocupaciones de la población de sus países. En los países que no funcionan democráticamente, está representado el partido o la camarilla en el poder o la persona que ejerce el control dictatorial. En cuanto a las democracias, también en este caso la población en general no suele estar representada. En la mayoría de los casos, es el gobierno de turno el que está representado. Tal vez ni siquiera el gobierno, sino a menudo sólo el primer ministro o el presidente del país. Por lo tanto, la representación popular de un porcentaje muy elevado de la población mundial está ausente.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Los fuertes jefes de Estado impulsan sus propias agendas en el plano mundial sin decisiones colegiadas y, la mayoría de las veces, en contra de los deseos del pueblo. Por ejemplo, durante la invasión de Irak en 2003, mientras el resto del mundo observaba consternado, los principales actores fueron los Estados Unidos de América y algunas naciones europeas. Tomando el caso de importantes partidarios del Presidente de Estados Unidos en Europa, en particular el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y España, se calcula que casi el 80% de la población de estos países se oponía vehementemente a la intervención en Iraq. Sin embargo, estos dos países y muchos otros, haciendo caso omiso de la voluntad del pueblo siguieron adelante. Sus representantes en las Naciones Unidas fueron elegidos por sus respectivos primeros ministros para impulsar sus propias agendas, en lugar de hablar en nombre de sus electores en casa. En el caso de Estados Unidos, la elección del candidato del presidente George W. Bush para encabezar la delegación de Estados Unidos ante las Naciones Unidas resultó totalmente inaceptable para el pueblo estadounidense. La confirmación del Senado no se produjo. El presidente de Estados Unidos aprovechó un receso del Congreso para nombrar a su candidato, desoyendo por completo la voluntad de los estadounidenses y de sus representantes en el Capitolio. Se han citado algunos ejemplos. Podrían multiplicarse varias veces.
El remedio que podría transformar el modo de funcionamiento del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y conducir posiblemente a la resolución de varios problemas mundiales insolubles sería la representación directa parcial del pueblo. Un Consejo Mundial Nuclear y Medioambiental (CMN) propuesto serviría a este propósito. Este órgano de cinco miembros que representaría a los pueblos del mundo ocuparía su asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas como miembro permanente con derechos de veto a la par que los derechos de veto de los P5. La forma de selección de este órgano para que las mejores mentes encuentren representación en la CMN, así como su sustitución periódica, se ha detallado en el libro Equipoise del Tercer Milenio. Con esta representación se habría dado un paso importante para abordar de forma significativa cuestiones como el desarme nuclear, el calentamiento global, la destrucción del hábitat, la extinción de especies y el cambio climático con la urgencia que merecen. De este modo, el poder del pueblo podría ejercerse directamente en el máximo órgano decisorio del mundo. Los siguientes aspectos adicionales se consideran requisitos previos para cualquier avance significativo a escala planetaria:
Dilución de las soberanías nacionales en asuntos relacionados con la salud del planeta y de la raza humana
A partir de ahora, el interés nacional supremo debe ceder ante el interés planetario supremo. Evidentemente, debe ser aplicable por igual a los Estados grandes y pequeños, así como a los fuertes y débiles, sin diferenciación. La presencia de la CMN en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas salvaguardará el interés de los pequeños.
Negociación de protocolos globales
Una vez que las naciones hayan manifestado su adhesión a tratados globales penosamente negociados como el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares y otros tratados de naturaleza similar, debería existir una cláusula de no exclusión voluntaria en interés nacional, porque si quedara una incertidumbre incluso residual sobre ciertos países, muchos otros podrían sentir que también ellos tendrían que mantener todas las opciones abiertas, para mantener la pólvora seca, por así decirlo. Como ejemplo, el Tratado sobre la Limitación de los Sistemas de Misiles Antibalísticos firmado entre Estados Unidos y la Unión Soviética en 1972 siguió siendo el pilar de la estabilidad militar mundial incluso después de la desaparición de la Unión Soviética, hasta que el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, lo derogó unilateralmente, abriendo las compuertas a la militarización del espacio.
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Aquí es donde las más de 180 naciones que han abjurado de las armas nucleares pueden -y deben- dictar los términos. Es hora de llevar la voz cantante.
Tiempo prestado
El impulso dominante que recorre la humanidad hoy en día es el abrumador deseo de paz. Sin embargo, es la paz lo que elude al mundo. ¿No es un contrasentido? El hecho de que seamos incapaces de movilizar esta oleada a favor de la paz ya no puede utilizarse como excusa, echando la culpa a los belicistas. Llámelos como quiera: el complejo militar-industrial, los grupos de presión capitalistas, los partidarios del terror o cualquier otro grupo que se empeñe en hacer la guerra, instigarla o beneficiarse de ella. No importa cuántos grupos, grandes o pequeños, conocidos o desconocidos, se añadan a esta categoría, siguen sin sumar más de una fracción de un punto porcentual de la masa humana del planeta. Los movimientos, las entidades y, con suerte, los líderes que buscan la armonía mundial deben abordar esta paradoja.
Las grandes economías que empujan hacia un crecimiento muy elevado no parecen preocuparse por las generaciones futuras. El mundo se dirige hacia la destrucción planetaria aquí y ahora. China y la India siguen queriendo aumentos del producto interior bruto (PIB) de dos dígitos cuando la mayor parte de este crecimiento se basa en niveles de consumo energético más elevados basados en gran medida en las abundantes reservas de carbón, cuya combustión es la que más favorece el calentamiento global. De hecho, las consecuencias de un crecimiento muy elevado del PIB en el caso de los países con grandes poblaciones son tales que este crecimiento de dos dígitos puede calificarse de obsceno. China, como mayor productor mundial de automóviles, vio cómo sus ventas de turismos aumentaban un 47,5%, pasando de 5,7 millones de unidades en 2008 a 8,4 millones en 2009, en tan sólo un año. India registró un salto del 24,5% en las ventas de vehículos de pasajeros, pasando de 1,5 millones de unidades en 2009 a cerca de 1,9 millones de unidades en 2010 en el mercado nacional. Si esta tendencia, incitada por el resto del mundo a un mayor consumo para apuntalar la economía mundial, se mantuviera durante sólo 10 o 15 años más, estos dos países, sin contar siquiera a Estados Unidos, Brasil, Sudáfrica y Nigeria, serían capaces de incinerar el planeta con su abrasador ritmo de crecimiento, con la consiguiente destrucción medioambiental a una escala nunca vista antes en el planeta, mucho antes del próximo percance relacionado con la energía nuclear. Es hora de hacer balance. El tiempo no se agota para tomar decisiones críticas que ya deberían haberse tomado; ya se ha agotado. La raza humana corre ahora con el tiempo prestado.
Revisor de hechos: Wandy, 2017
[rtbs name=”derecho-humanitario”] [rtbs name=”accion-humanitaria”] [rtbs name=”historia-politica”]
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Notas y Referencias
Véase También
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